Rudolf Hess

De todos los grandes líderes del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial, sin duda Rudolf Hess fue uno de los más misteriosos tanto por sus intenciones como por su extraño comportamiento. Secretario General del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes y mano derecha política de Adolf Hitler, protagonizó un incomprensible vuelo hasta Inglaterra que condujo a su captura y a su posterior proceso en los Juicios de Nuremberg, cuyo tribunal le condenó a una larga cadena perpetua hasta su polémica muerte en el Cárcel de Spandau en 1987.

Pintura de Rudolf Hess con uniforme del NSDAP.

Rudolf Walther Richard Hess nació el 26 de Abril de 1894 en Ibrahimieh, una localidad al este del puerto de Alejandría en Egipto. Ostentando una doble nacionalidad germano-egicpia, su padre fue Fritz Hess, un excelente comerciante de vinos procedente de Baviera que había triunfado en el negocio del alcohol a lo largo y ancho del Norte de África; mientras que su madre Clara Hess, era una inglesa de origen griego que además dio a luz a otros dos hijos menores llamados Alfred y Margaret.

Desde muy pequeño, Hess fue educado con tutores particulares en Egipto, antes de ser enviado a la Escuela Protestante de Alejandría entre 1900 y 1908. En esta misma fecha, su familia se trasladó a Alemania, concretamente a la ciudad de Bad Godesberg, donde Hess se integró rápidamente en la sociedad germana, destacando sobretodo en sus estudios de ciencias y matemáticas. Al cabo de un tiempo, en 1911 viajó a Suiza para ingresar en la Escuela Superior de Comercio de Neuchätel (por deseo expreso de su padre que tenía la ilusión de que siguiera sus pasos como mercader), por lo que al año siguiente, en 1912, comenzó a trabajar como aprendiz de comercio en Hamburgo.

Al comenzar la Primera Guerra Mundial en 1914, Hess se alistó voluntario en la 16ª Agrupación de la Reserva Bávara del famoso Regimiento de Infantería “List”, en cuyas filas acababa de enrolarse un joven todavía desconocido llamado Adolf Hitler. Inmediatamente a su rápida instrucción militar, Hess fue enviado a Francia para tomar partido en el cruce del Río Somme y en la posterior retirada que se produjo tras la Batalla de Flandes, dejando totalmente estancado el Frente Occidental en lo que se denominó como “guerra de trincheras”. Así fue como en 1915 combatió contra el Ejército Francés en la Batalla de Arras y en la Batalla de Artois, así como en 1916 contra el Ejército Británico en la Batalla del Somme, donde el 12 de Junio resultó herido cerca del pueblo de Thiaumont por dos fragmentos de metralla que se incrustaron en su brazo y pierna respectivamente. Como premio al valor demostrado durante esta última campaña, Hess fue recompensado con la condecoración de la Cruz de Hierro y ascendido a oficial del regimiento, por lo que una vez se recuperó de su salud, fue trasladado hacia el Frente Oriental para combatir durante la invasión de Rumanía. Lamentablemente durante una de las acciones contra el Ejército Rumano, Hess fue herido por segunda vez, lo que obligó a su evacuación a uno de los hospitales militares situados en Hungría. Sería entonces cuando a finales de 1917 y después de haberse curado, Hess se alistó en la Fuerza Aérea Imperial Alemana e inició un curso para aprender a manejar un avión Fokker D.VII, graduándose en 1918 como piloto del Escuadrón de Caza “Jasta 11” (en el que servían el mítico “Barón Rojo” Manfred Von Richthofen y Hermann Goering), aunque como consecuencia del final de la Gran Guerra, no tuvo ocasión de recibir su bautismo de fuego tras saberse la noticia acerca de la derrota de Alemania.

Hess en la Primera Guerra Mundial junto a su avión Fokker D.VII, con el que nunca llegó a combatir.

Terminada la Gran Guerra con la disolución del Segundo Reich, Hess se sintió frustrado como la mayoría de alemanes por las draconianas condiciones del Tratado de Versalles. A raíz de esta indignación, ingresó en una serie de movimientos ultranacionalistas como la Sociedad Thule conformada por ocultistas, antes de cambiarse al antisemita Grupo “Völkisch” y posteriormente a las milicias del Freikorps de Baviera durante la breve Guerra Civil Alemana de 1919. Una vez concluidas las hostilidades contra los comunistas de la extinta República Soviética de Baviera, Hess regresó a la vida civil para estudiar junto a su compañero Hermann Goering en la Facultad de Economía de la Universidad de Munich, donde curiosamente conoció a Karl Hausfoher, otro teórico nacionalista que le aficionó a la geopolítica y a la astrología. Curiosamente al año siguiente, en 1920, Hess, Goering y Hausfoher acudieron a un mítin de una cervecería en el que hablaba un tal Adolf Hitler, quién en mitad de su discurso fue interrumpido por unos alborotadores comunistas cuando éstos entraron en el local y entablaron una pelea tavernaria con las milicias de las SA. Durante este enfrentamiento, una jarra de cerveza impactó y se rompió en medio de la cara de Hess, dejándole una cicatriz en el rostro que le acompañaría el resto de su vida. Sorprendentemente y a pesar de esta experiencia tan negativa, Hess quedó tan maravillado por las palabras de Hitler, que sin dudarlo un instante se afilió al Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) con el número 17 en su carnet y al mismo tiempo como combatiente de las SA.

Al producirse el “Putsch de Munich” de 1923 mediante el cual el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes intentó derrocar a la República de Weimar, Hess tuvo que huir cuando las tropas del Ejército Republicano (Reichswehr) frustraron el golpe de Estado y arrestaron a Hitler. La fuga que se produjo pedaleando en una bicicleta durante varios kilómetros, le llevó a ocultarse primero en la casa de Karl Hausfoher, antes de coger su coche y refugiarse al otro lado de la frontera en Austria. No obstante y en cuanto tuvo constancia de que numerosos miembros del NSDAP estaban siendo detenidos, se sintió tan culpable de haberlos abandonado que regresó a Alemania y se entregó a las autoridades. Según él dictamen de los tribunales, los jueces le condenaron a dieciocho meses de cárcel en la Prisión de Landsberg, donde compartió celda con Hitler. De hecho durante su estancia en el centro penitenciario, Hess ayudó al Führer a mecanografiar su libro autobiográfico de Mi Lucha (Mein Kampf) que le haría tan popularmente famoso a nivel mundial.

Adolf Hitler con Rudolf Hess.

El 30 de Diciembre de 1924, Hess fue liberado de la Prisión de Landsberg gracias a su buena conducta (tan sólo diez días antes que Hitler que había salido el 20 de Diciembre). Una vez en el exterior, el Führer le nombró su secretario personal en 1925 y le contrató con un salario mensual de 500 marcos. A raíz de esta obediencia ciega a Hitler que le valió ser apodado por sus compañeros como “Fräulein Hess” o “Señora Hess”, pronto fue subiendo en el escalafón con su elección como diputado por el Parlamento Alemán (Reichstag) o en 1932 su designación como jefe de la Comisión Central del NSDAP. De hecho en 1933, coincidiendo con la llegada al poder de Hitler a la Cancillería del Tercer Reich, Hess se postuló como el segundo hombre más poderoso del país. Precisamente esta posición se fue afianzando en 1934 con su ingreso en las SS bajo el rango de general o “obergruppenführer”, además de su nombramiento como encargado de la organización de los eventos de los “Días del Partido” en Nuremberg y de su ascenso a Secretario General del NSDAP.

Fuera de la vida política y a nivel familiar, Rudolf Hess contrajo matrimonio con una chica llamada Lise Pröhl, una estudiante de la Universidad de Munich que formaba parte de la Sección Femenina del NSDAP. Fruto de este matrimonio, nació solamente un hijo varón al que bautizaron como Wolf Rüdiger, quién curiosamente tuvo como padrino a Hitler.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial sobre Europa en 1939, Hess fue nombrado cabeza del Consejo de Ministros para la Defensa. Junto a su compañero Hermann Goering, Hess se convirtió en el hombre más influyente para Hitler y en el segundo candidato a la sucesión. Precisamente fue él, quién convenció al Führer para que evitase tener dos frentes abiertos, instándole a asegurar la retaguardia en el oeste conquistando Francia, Bélgica y Holanda, para a continuación poder invadir la Unión Soviética y expandir la raza germánica hacia oriente en el llamado “espacio vital” o “Lebensraum”.

Inesperadamente el 10 de Mayo de 1941, obsesionado Rudol Hess por conseguir una paz con Inglaterra, decidió poner en marcha un plan con el que pretendía viajar al Reino Unido y convencer al Gobierno Británico de poner fin a la Segunda Guerra Mundial. A pesar de lo demencial de la idea (Hess comenzaba a padecer una enfermedad mental que no le dejaba ver las cosas con claridad), decidió seguir adelante con el proyecto porque tras almorzar aquella mañana con Alfred Rosenberg y después de echarse una siesta al mediodía y visitar a su familia por la tarde, a las 17:45 se presentó en el Aeródromo de Augsburgo y tomó los mandos de un cazabombardero Messerschmitt Bf 110 (curiosamente se lo había puesto a disposición el ingeniero Willy Messerschmitt), con el que despegó y puso rumbo hacia el Mar del Norte. Así fue como sobrevoló el litoral de Holanda, donde después de interceptar las rutas de navegación procedentes de los radiofaros de Dinamarca, encaró su aparato hacia Reino Unido.

Restos originales del fuselaje del avión Messerschmitt Bf 110, con el que Rudolf Hess se estrelló en Escocia el 10 de Mayo de 1941, oficialmente para entrevistarse con el Duque de Hamilton, aunque las verdaderas razones de su viaje jamás fueron aclalaradas, posiblemente porque implicaban a miembros del Gobierno de Londres. (Fotografía sacada por el equipo Eurasia1945 en el Imperial War Museum de Londres el sábado 28 de Julio del año 2007).

A las 22:00 horas del 10 de Mayo de 1941, el caza Messerschmitt Bf 110 que pilotaba Rudolf Hess, alcanzó las costas de Escocia y sobrevoló el espacio aéreo inglés hasta que tras agotar el combustible, saltó en paracaídas cerca de Glasgow tomando tierra en Eaglesham (donde supuestamente pretendía contactar con George Alexander, el Duque de Hamilton, para entregar una oferta de paz al Gobierno del Primer Ministro Winston Churchill). De nada sirvió aquella locura porque un campesino que lo vio caer lo llevó hasta una guarnición militar del Ejército Británico, cuyos soldados quedaron estupefactos al ver aparecer al Secretario General del NSDAP. Hecho prisionero, Hess recibió la visita del Duque de Hamilton, quién negó tener ninguna relación diplomática con el cautivo, salvo ser un viejo conocido en tiempos de paz. Así fue como concluyó la aventura de Hess que acto seguido fue recluido en la Torre de Londres; mientras en Alemania el propio Hitler montaba en cólera por lo ocurrido y obligaba a todos los periódicos amanecer con unos titulares que afirmasen que el Secretario General del NSDAP se había vuelto loco (algo que en parte era cierto tal y como descubrieron sus carceleros británicos durante su cautiverio entre 1941 y 1945).

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, Hess fue trasladado desde la Torre de Londres en Inglaterra hasta la Prisión de Nuremberg en Alemania. Durante su estancia en Gran Bretaña, su salud mental se había deteriorado mucho porque constantemente escuchaba voces inexistentes, creía ver conspiraciones judías por todas partes, e incluso, según advirtió aterrado a sus propios carceleros, dijo tener pruebas de que algunos personajes importantes como el Primer Ministro Winston Churchill, el Ministro de Exteriores Galeazzo Ciano de Italia y el Rey Miguel I de Rumanía, se encontraban bajo la influencia de poderes mentales masónicos que controlaban sus cabezas. A pesar de estar en tales condiciones psíquicas, Hess fue sentado en el banquillo durante los Juicios de Nuremberg (su bancada se ubicó entre Hermann Goering y Joachim Von Ribbentrop), aunque a lo largo de las sesiones estuvo totalmente ausente como si la cosa no fuera con él, llegando a leer revistas delante de los jueces o hacer juegos con las manos, incluso a reírse y soltar carcajadas repentinamente, algo que llegó a desesperar a su abogado Gunther Von Rohrscheidt. Afortunadamente, como durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial estuvo encarcelado en el Reino Unido, no pudo tomar partido ni en los Crímenes de Guerra ni en los Crímenes contra la Humanidad como el Holocausto (iniciado posteriormente a su captura), por lo que la fiscalía sólo pudo imputarle los Crímenes contra la Paz (y en estos últimos no contra todas las naciones, sino sólo contra Polonia, Noruega, Dinamarca, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Grecia y Yugoslavia). La sentencia que finalmente se emitió el 1 de Octubre de 1946, condenó a éste cadena perpetua. Sorprendentemente Hess, que por entonces sufría déficit de atención, pensó que lo acababan de condenar a muerte. De hecho, tendría que esperar a que su cabeza volviese un poco en sí durante unos minutos, para enterarse de que se había salvado de morir con la siguiente frase: “Pues no me esperaba algo así. Ahora que tengo tiempo, querría leer Tsushima, la novela de Frank Tiess sobre la guerra naval ruso-japonesa, pues creo que es muy interesante”.

Rudolf Hess en la habitación de su celda de la Cárcel de Spandau en 1985. Dos años más tarde fallecería.

La Cárcel de Spandau a las afueras de Berlín, fue el centro penitenciario en el que Rudolf Hess permaneció recluido con el número 7 de prisionero y alojado en la celda número 13. Junto a Karl Doenitz, Erich Raeder, Konstantin Von Neurath, Baldur Von Schirach y Albert Speer, disfrutó de llevar una estancia en compañía hasta que los dos últimos fueron liberados el 30 de Septiembre de 1966. Desde entonces se convirtió en el único reo nacionalsocialista con vida en Alemania porque ni las solicitudes de libertad expuestas por su familia, ni siquiera del mismo Canciller Konrad Adenauer, surgieron efecto porque siempre fueron denegadas por las autoridades del Reino Unido y la Unión Soviética, algo que condujo a grupos de extrema derecha y desde la década de 1970 a la moda de los “skin-heads” a convocar constantemente manifestaciones y movilizaciones a las afueras de los muros de la prisión. De hecho y pese a que su salud se deterioraba por momentos, desde 1979 disfrutó de algunos momentos lúcidos que le permitieron volverse en un ávido lector (devoraba dos libros al día) e instruirse en historia, lingüística, ingeniería, geografía, pintura y música. Desgraciadamente, a mediados de la década de 1980, Hess perdió completamente la memoria y se convirtió en un ser sin identidad ni modales éticos, que comía el rancho de la prisión en el suelo y sin utilizar los cubiertos, metiendo la cabeza en el plato como si fuese un animal.

A los 93 años de edad, el 17 de Agosto de 1987, finalmente Rudolf Hess falleció en la celda número 13 de la Cárcel de Spandau. Según la primera autopsia, la causa de la defunción había sido por estrangulamiento tras haberse ahorcado él mismo en su habitación; aunque los segundos forenses, afirmaron que había sido asesinado por asfixia, exactamente igual que el médico que le visitó 40 minutos después de tener lugar el sucedo e incluso la propia familia Hess. Independientemente de lo ocurrido, su extraño vuelo a Escocia en 1941 y las irregularidades a la hora de su muerte en 1987, convirtieron incuestionablemente a Rudolf Hess en uno de los personajes más misteriosos y polémicos del Tercer Reich.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Rudolf Hess”, S.A.R.P.E. (1978), p.140-143
-http://en.wikipedia.org/wiki/Rudolf_Hess