Rodolfo Graziani

El general Rodolfo Graziani fue la excepción entre los militares gestados por el Ejército Italiano en la Segunda Guerra Mundia. Autor de la supresión de la “Revuelta Sannusi” en Libia durante la “Era de Entreguerras”, sería uno de los responsables de la debacle de las Fuerzas Armadas Italianas entre 1940 y 1942, pero al mismo tiempo artífice de numerosas hazañas bélicas durante la efímera República de Saló de 1943 a 1945.

Mariscal Rodolfo Graziani.

Rodolfo Graziani nació el 11 de Agosto de 1882 en Filettino, una localidad de la provincia de Frosinone en Italia. Procedente de una familia oriunda del pueblo vecino de Affile, su infancia no fue fácil porque las tierras de sus progenitores apenas producían para mantener a sus nueve hijos, lo que obligó a Graziani, siendo todavía un niño, a caminar todos los días 8 kilómetros de ida y vuelta hacia el colegio llevando a cuestas una pesada cartera y un par de zapatos que compartía con todos sus hermanos. Superada la escuela elemental, acudió a cursar la secundaria en una localidad mucho más lejos ubicada en Subiaco, precisamente el mismo seminario al que habían ido su padre y su abuelo. Sería en Subiaco donde Graziani despertó su amor por África y el mundo militar, ya que sus profesores solían relatar las gestas del Ejército Real Italiano (Regio Esersito) en Eritrea y Somalia como las de Adua y la Bahía de Assad.

Siendo en un joven soñador, Graziani reveló a su familia su deseo de ser militar, algo a lo que se padre se opuso, ya que sólo tenía dinero para pagar la escuela de cadetes durante los dos primeros años. Triste por la negativa de su familia, en 1902 Graziani entró en la Facultad de Derecho con la idea de convertirse en abogado. Afortunadamente para él, la inesperada llamada a filas del Ejército Real Italiano a los jóvenes patriotas tras el repentino recrudecimiento de las guerras coloniales, salvó a Graziani de llevar una vida aburrida en lo civil y de inmediato se enroló sin dudarlo.

La situación económica de Graziani en el Ejército Real Italiano fue igual de complicada porque al principio tuvo que recurrir a fondos de la seguridad pública y al mismo tiempo renunciar a comer ciertos días a la semana para poder seguir estudiando en lo que verdaderamente le apasionaba. Primeramente realizó un curso para oficiales en el 94º Regimiento de Infantería de Roma y luego entró en la Academia Militar de Módena. Desgraciadamente como el dinero en su bolsillo era prácticamente inexistente y Graziani necesitaba ascender cuanto antes para evitar su expulsión por no pagar, no le quedó más remedio que presentarse a un examen muy complicado (sólo pasaban los nueve primeros candidatos de 350), cuyo resultado fue el de obtener la tercera mejor nota con un nivel de sobresaliente. Aquel aprobado que sin duda fue milagroso, le valió el ascenso que tan ansiosamente buscaba y un salario digno para costearse el resto de su carrera.

Resueltos los problemas de Graziani en 1903 con su nombramiento de oficial, pudo atender otras preocupaciones más cotidianas como buscar pareja y formar una familia. Así fue como ése mismo año se casó con Inés Chionetti, una hermosa chica morena y amiga de la adolescencia, con quién tendría una hija a la que bautizaron con el nombre de Wanda.

Ostentando el rango de oficial del Ejército Real Italino, Graziani dirigió en 1904 una pequeña sección en el 92º Regimiento de Infantería de Viterbo y en 1906 otra en el prestigioso 1º Regimiento de Granaderos de Roma. Finalmente en 1908, cumplió uno de sus mayores deseos de ir a África y participar en las conquistas coloniales del naciente Imperio Italiano, siendo desplegado en un acuartelamiento de Eritrea, donde aprendió la lengua árabe y tigriña, esta última un dialecto etíope. Sin embargo no todos los momentos en la sabana africana fueron agradables porque en dos ocasiones estuvo a punto de morir tras sufrir la mordedura de una serpiente venenosa y posteriormente contraer la malaria. Una vez recuperado de sus dolencias, Graziani marchó a Libia para tomar parte en la Guerra Ítalo-Turca de 1912 contra Turquía, durante la cual se distinguió en combate contra los otomanos antes de ser ascendido por méritos propios al grado de teniente.

Oficial Graziani durante las campañas coloniales de Somalia, la Guerra Ítalo-Turca y la Primera Guerra Mundial.

Al entrar Italia en la Primera Guerra Mundial contra Austria-Hungría en 1915, Graziani obtuvo el mando del 1º Regimiento de Granaderos que por aquel entonces formaba parte del III Ejército Italiano del Duque de Filiberto de Saboya-Aosta en el Frente de los Alpes. Sobre este escenario de alta montaña, nieve, bosques y desfiladeros, combatió contra el Ejército Austro-Húngaro en las Batallas del Río Isonzo, donde por sus logros fue ascendido a coronel en 1918 y condecorado con la Medalla al Valor.

Terminada la Gran Guerra en 1918, Graziani expresó su deseo de volver a África contra la negativa de sus superiores que consideraban mejor enviarle a otro destino. Así fue como lideró al 61º Regimiento de Infantería desplegado en Macedonia, del que se esperaba entrase en cualquier momento en combate contra los enemigos de Italia en la zona encarnados por Albania y el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (posteriormente Yugoslavia), aunque tras tres meses de inactividad y rebajarse la tensión internacional en los Balcanes, el propio Graziani solició pasar a la reserva debido a que no soportaba una vida tan tranquila y despreocupada.

Reconvertido en un civil a inicios de 1919, Graziani accedió al mundo del comercio y realizó una serie de negocios sobre diversos países de la Eurasia. Básicamente se dedicó a la compraventa de alfombras orientales, algunas verdaderas y otras imitaciones falsas, a las que aumentaba o disminuía el precio según las circunstancia. De hecho durante esta fase de su vida hizo una considerable cifra de dinero viajando por el Cáucaso, Rusia y Turquía.

Al volver a Italia en el verano de 1921, Graziani se presentó en el Ministerio de la Guerra, donde las autoridades no encontraron ningún puesto para él debido a que las campañas bélicas habían finalizado. Ante este oscuro panorama, Graziani marchó frustrado al paro, sin trabajo y apenas sin dinero tras haber gastado gran parte de los beneficios en la venta de alfombras. Desde entonces y durante los meses siguientes, Graziani visitó periódicamente el Ministerio de la Guerra, dando paseos por los largos pasillos, a la espera de que alguien conocido le ofreciese una tarea digna de su rango. Milagrosamente una tarde de Octubre de 1921, un viejo amigo suyo se le encontró como de costumbre en medio pasillo, por lo que nada más salir de su oficina le preguntó: “¿Siempre dispuesto a volver? ¿qué dirías si te mandásemos a Libia?”.

General Graziani en la campaña de Libia.

Libia estaba sumergida en la “Revuelta Sanussi” que había iniciado el líder religioso Omar Mukhtar con un grupo guerrillero de libios que hasta ese momento habían vencido y aniquilado a todas las guarniciones del Ejército Italiano que infructuosamente intentaban colonizar la región del Fezzan situada en pleno Desierto del Sáhara. A pesar de que la situación que encontró el coronel Rodolfo Graziani no era nada satisfactoria (el propio Conde Giuseppe Volpi que lo había hecho llamar era pesimista), desde el principio se desentendió de todos los métodos de sus antecesores consistentes en lanzar grandes masas de hombres sobre territorios inhóspitos; e introdujo una serie de innovaciones centradas exclusivamente en efectuar pequeñas escaramuzas y golpes de mano con reducidos contingentes, algo que aseguraba las líneas de abastecimiento de las caravanas italianas por rutas más seguras y al mismo tiempo noqueaba las del enemigo. Gracias a esta táctica venció a la Tribu Sanussi en Gefara, Gebel o Ghibla, además de asegurar la frontera de Túnez entre Zuara y Trípoli con sólo 2.500 tropas coloniales “askaris”. Poco después Graziani reanudó las ofensivas tomando Jefren el 31 de Octubre de 1922; mientras que para 1923 se apoderó de Garian, Tarhuna y Orfella sin disparar un sólo tiro; lo mismo que en 1924 hizo en Sirte, Mizda y Gadames. Durante los años siguientes Graziani adoptó medidas todavía más extremas como extender una inmensa alambrada entre Libia y Egipto para evitar el contrabando de armas y confinar a un importante sector de la población sanussi en campos de concentración para evitar que los guerrilleros se infiltrasen entre los habitantes libios. A mediados de 1929 Graziani controlaba gran parte de Tripolitania, Gebel y el 27 de Marzo de 1930 inició el ataque a Cirenaica mediante un desembarco en Bengasi. Sin embargo su gesta más impresionante fue realizar una marcha de más de 900 kilómetros desde el Mar Mediterráneo hasta el Oasis de Kufra a través del Desierto del Sáhara, una de las mayores proezas logísticas militares del siglo XX. A raíz de tales triunfos, la “Revuelta Sanussi” fue finalmente aplastada en 1931 y conquistada toda la colonia de Libia, antes de ser Omar Mukhtar capturado y ahorcado por la caballería indígena de la Tribu Savari el 16 de Septiembre. Como recompensa a esta impresionante victoria, el Duce Benito Mussolini ascendió a Graziani a general de división y le otorgó el título de “Condottiero”, así como la denominación de “Nuevo Escipión el Africano”.

Al comenzar la Guerra Ítalo-Etíope entre Italia y Etiopía en 1935, el general Rodolfo Graziani fue nombrado Gobernador de Somalia. Al mando del Frente Sudoriental desplegado en el Desierto de Ogadén, las tropas de Graziani avanzaron hacia Gherlogubi y Harrarino hasta que a mitad del trayecto se detuvieron cuando el general interpretó correctamente que antes de proseguir era necesario construir una larga vía de suministros, algo que llevó a cabo tendiendo una carretera asfaltada entre Gapredarre y Mogadiscio, lo que permitió a sus columnas unir la línea del frente entre el Canal de Doria y el Canal de Daua Parma, además de aumentar sus reservas con voluntarios árabes y somalís, e incluso fomentar las revueltas de las bandas dubats en contra de los etíopes. Como consecuencia de estas acertadas precauciones, en Enero de 1936 Graziani lanzó su gran ofensiva aplastando al Ejército Etíope del Ras Destà sobre Neghalli-Dolo y empujando a las tropas enemigas hasta la frontera con Kenya; mientras tres de sus alas convergían tras la retaguardia de sus oponentes ocupando Giggia el 6 de Mayo, Harrar el 8 y el Ferrocarril de Dire Daua el 9. Una vez conquistada Etiopía tras la caída de la capital de Addis Abeba a manos del contingente del general Pietro Badoglio, nuevamente desde Roma premiaron a Graziani con un ascenso a mariscal de campo y con el título de Virrey de Etiopía.

Tropas coloniales italianas de Camisas Negras siendo inspeccionadas por el general Rodolfo Graziani en Etiopía.

Concluida la ocupación de Etiopía en 1936, la situación distaba lejos de ser pacífica debido a los grupos guerrilleros que operaban en distintas zonas del país y por tanto se tuvo que recurrir nuevamente a Graziani. Así fue como el mariscal se dedicó durante un año a combatir a los insurgentes, empleando algunos métodos brutales como el lanzamiento desde aviones de gases venenosos sobre las bandas rebeldes, así como la deportación de todos aquellos sospechosos a campos de internamiento como se hizo con el Ras Immirù e incluso el fusilamiento de ciertos líderes como el Ras Destà. Cuando el 19 de Febrero de 1937, unos infiltrados etíopes irrumpieron en el Palacio Imperial del Ghebí donde se celebraba una fiesta en honor del jefe tribal Abuna Kyrillos e hicieron explosionar siete bombas, una de las cuales hirió con esquirlas a Graziani y a los dos periodistas Mario Appelius y Ciro Poggiali, a continuación se desarrolló un tiroteo de tres horas que acabó con la muerte de los atacantes. Sin embargo y como represalia ante el miedo de sufrir otro atentado, Graziani ordenó una represión muy dura ejecutando a 3.000 guerrilleros en cautividad, fusilando a 425 monjes del Convento de Debrà Libanòs y enviando a 100.000 sospechosos al campo de concentración de Danane. Gracias a tales medidas, finalmente en 1937 Graziani pacificó Etiopía e inició una fase de desarrollo de infraestructuras que facilitaría el despegue económico de la colonia y sus habitantes.

Nuevamente en Febrero de 1938 Graziani decidió pasar un tiempo en la reserva para disfrutar de un período vacacional en Italia y alojarse en su ciudad natal, Filettino, a la que rebautizaron con el nombre de “Filettino Graziani” en su honor. Al poco tiempo intentó acceder al Senado de Roma sin éxito porque para ser senador se requerían 60 años de edad y él contaba con 56, por lo que tuvo que resignarse y mientras tanto trasladarse a Somalia para cuidar una pequeña granja agrícola que adquirió en la capital de Mogadiscio. Al año siguiente, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en Septiembre de 1939, Mussolini reclamó de los servicios de Graziani en Italia tras nombrarle jefe del Estado Mayor del Ejército Italiano. A pesar de que desde su nueva posición Graziani advirtió de que las fuerzas armadas no estaban preparadas para sumergirse en un conflicto bélico y de que lo más prudente era permanecer neutral, el Duce decidió no seguir los consejos de su mariscal y entonces el 10 de Junio de 1940 la Italia Fascista entró en la contienda junto a Alemania tras declarar hostilidades a Gran Bretaña.

Año 1938. Visita oficial de Graziani a Campionara acompañado por delegados fascistas.

África en la Segunda Guerra Mundial también fue el destino de Graziani tras ser elegido Gobernador General de Libia en sustitución del mariscal Italo Balbo que falleció en un accidente aéreo sobre Tobruk el 28 de Junio de 1940. Al frente de un poderoso contingente sahariano del Ejército Italiano, en Septiembre de 1940 atravesó la frontera con Egipto con la misión de avanzar directamente hacia El Cairo, hasta que inesperadamente Mussolini le ordenó detenerse (cuando seguir hubiese sido lo más acertado y no atrincherarse en pleno Desierto del Sáhara donde las posiciones eran extremadamente vulnerables). Ante esta interrupción de la campaña, Graziani tuvo que conformarse con una victoria de escasa importancia sobre el Ejército Británico en la Batalla de Sidi Barrini, durante la cual causó a los ingleses 50 muertos y la destrucción de 22 tanques, 11 vehículos blindados, 4 camiones y 6 aviones.

Inesperadamente el 9 de Diciembre de 1940, los temores del mariscal Rodolfo Graziani se hicieron realidad cuando el Ejército Británico con 36.000 soldados al mando del general Archibald Wavell, pusieron en marcha la “Operación Compass” contra un Ejército Italiano de 250.000 soldados, pero con unas guarniciones muy dispersas como consecuencia de la absurda decisión de Benito Mussolini acerca de atrincherarse en posiciones muy alejadas de sus bases logísticas. Apenas sin capacidad de maniobrar y moverse de sus defensas estáticas, las tropas italianas fueron derrotadas en Sidi Barrani y expulsadas de Egipto, antes de que los británicos irrumpiesen en Libia ocupando y rindiendo una a una las plazas de Cirenaica que incluyeron el Paso de Halfaya, Sollum, Bardia, Tobruk y Derna, además de aniquilar a un gran número de efectivos en la Batalla de Beda Fomm. Aquella campaña que concluyó con una colosal derrota el 9 de Febrero de 1941, costó a Graziani 115.000 bajas y la destrucción de 400 tanques, 1.292 cañones y 330 aviones (a costa de 2.016 bajas inglesas y la destrucción de 100 tanques, 4 vehículos blindados, 2 cañones y 15 aviones), aunque sin duda la catástrofe no fue culpa del mariscal, sino del despliegue ordenado por el Duce en contra de su criterio militar.

Graziani como Gobernador de Libia en 1940.

Como consecuencia del desastre en la “Operación Compass”, el 25 de Marzo de 1941 Benito Mussolini destituyó a Graziani por el general Italo Gariboldi. La injusticia de tal decisión, todavía fue más humillante para el mariscal porque se abrió una investigación por lo sucedido que dirigió Tharon de Revel, aunque por suerte finalmente se decidió no procesarle debido a que no se encontró ninguna responsabilidad directa. Libre de cargos, Graziani se retiró de la vida militar para disfrutar del retiro en una finca de la localidad de Piani di Arcinazzo sobre la región del Lazio, donde se dedicó a su esposa Inés, su hija Wanda y su perro de raza etíope llamado Quoncit.

Cuando se firmó el Armisticio de Italia con los Aliados el 8 de Septiembre de 1943, Graziani intentó escapar del país mediante la ayuda del Príncipe Humberto de Saboya después de que el Ejército Alemán (Wehrmacht) comenzase la invasión de la Península Italiana. No obstante y arrepintiéndose en el último instante al sentir que traicionaba a su patria, Graziani decidió permanecer en Italia y apostar el 23 de Septiembre de 1943 por la recién instaurada República de Saló que dirigió el mismo Benito Mussolini tras recuperar el poder y declarar su lealtad al Eje.

Benito Mussolini con Graziani. El mariscal juró fidelidad al Duce en la República de Saló hasta el final.

A finales de 1943, el mariscal Rodolfo Graziani fue ascendido a Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas Italianas y por tanto cabeza del Ejército Nacional Republicano (Esersito Nazionale Repubblicano), la Fuerza Aérea Nacional Republicana (Aeronautica Nazionale Repubblicana) y la Marina Nacional Republicana (Marina Nazionale Repubblicana). Al frente de tales agrupaciones en el Ministerio de Defensa, tuvo que organizar un ejército partiendo desde cero autorizando una serie de medidas consistentes en negociar la liberación de numerosos militares prisioneros en los campos de concentración del Tercer Reich, en decretar una amnistía a 7.000 miembros del Cuerpo de Carabineros que habían participado anteriormente en el derrocamiento del fascismo y en aprobar unas duras ordenanzas que preveían el fusilamiento de todos aquellos acusados de deserción, cobardía o traición. A raíz de tales iniciativas, fueron creadas la 1ª División de Bersaglieris “Italia”, la 2ª División Blindada “Littorio”, la 3ª División de Infantería de Marina “San Marco”, la 4ª División Alpina “Monte Rosa”, las Brigadas Negras, la Xª Flotilla MAS, la División SS de Granaderos “Italianische”, el Regimiento Paracaidista “Nembo”, la Guardia Nacional Republicana y el Servicio Auxiliar Femenino, entre otras unidades, lo que constituyó todo un éxito para Graziani porque en tiempo récord erigió un ejército inexistente hasta convertirlo en una poderosa fuerza militar de más de 500.000 efectivos.

La Segunda Guerra Mundial estuvo en contra de la República de Saló desde el inicio de su existencia, aunque durante los años 1943 y 1945 el mariscal Rodolfo Graziani lideró magistralmente al Ejército Nacional Republicano durante la contienda contra los Aliados, a los cuales dejó prácticamente clavados sobre el terreno y les provocó unas bajas muy superiores a las suyas propias. Entre algunas de las gestas de Graziani estuvo emboscar a fuerzas de la Commonwealth en la Batalla de Montecassino, a interrumpir el avance hacia Nettuno de las columnas acorazadas durante la Batalla de Anzio, y a provocar una humillante derrota al Ejército Estadounidense durante la Batalla de Garfagnana que costó a los norteamericanos en Lucca más de 1.300 bajas entre 1.000 muertos y 300 prisioneros. Simultáneamente Graziani dirigió grandes operaciones contra los partisanos comunistas en los Montes Apeninos, el Piemonte, los Alpes y Lombardía, así como golpes de mano, redadas y emboscadas, a veces acompañadas de crímenes por parte de los dos bandos que rebajaron la reputación del mariscal. De igual forma Graziani dirigió la defensa de la “Línea Gótica” que abarcaba Italia desde el Mar Mediterráneo hasta el Mar Adriático frente a unos efectivos muy superiores de tropas estadounidenses, británicas, sudafricanas, canadienses, australianas, neozelandesas, indias, francesas libres, polacas, griegas y brasileñas; además de proteger la frontera oriental de Istria con Yugoslavia de las incursiones realizadas por los guerrilleros de Josip Tito. Incluso en una fecha tan tardía como Abril de 1945, Graziani supervisó la campaña del Río Po durante la cual generó numerosos problemas a los Aliados.

El 26 de Abril de 1945, el mariscal Rodolfo Graziani que por aquel entonces comandaba a las últimas unidades del Ejército Nacional Republicano durante la retirada del Lago Como, se reunió en un chalet de Ticino con el general alemán de las SS, Karl Wolf, quién le informó que el Ejército Alemán iba a proceder a abandonar Italia. A sabiendas de que continuar la lucha en solitario iba a ser imposible, contactó con el general Raffaele Cadorna, un antiguo compañero que se había pasado al bando de los Aliados, para hacerle llegar un mensaje a través del Arzobispo de Milán, Ildefonso Schüster, acerca de que tenía intención de rendir a sus hombres al Ejército Estadounidense para evitar hacerlo a los partisanos que seguramente tomarían represalias. Afortunadamente los Aliados se mostraron interesados en colaborar y por ello enviaron al capitán Emilio Daddario que sacó a Graziani del Lago Como sin ser descubierto (curiosamente los líderes guerrilleros Sandro Pertini y Corrado Bonfantini habían dado orden de capturarlo y fusilarlo), antes de ocultarle como un falso reo en la Prisión de San Vittore, hasta que al cabo de dos días, el 29 de Abril, fue entregado en Brescia al VI Cuerpo Estadounidense del general Willis Crittenberg. Transcurridas 24 horas de su rendición, el 30 de Abril de 1945 fue llevado en avión a Florencia, donde públicamente comunicó deponer las armas a todas las unidades del Ejército Nacional Republicano.

Mariscal italiano Rodolfo Graziani junto al general alemán Karl Wolf, pasa revista a los voluntarios voluntarios de la 29ª División SS de Granaderos “Italien”.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial en 1945, Graziani fue trasladado por el Ejército Estadounidense a Argel en el Norte de África, donde fue internado en el Campo Nº211 con el número de prisionero de guerra “AA-253402”. Su estancia en Argelia fue de un año hasta que el 16 de Febrero de 1946 se le devolvió a Italia para ser encerrado la Prisión de Procida a la espera de juicio. Sin embargo y antes de que comenzaran los procesos, Graziani sufrió un ataque de apendicitis muy grave por el que a punto estuvo de perder la vida, motivo por el cual hubo de ser ingresado en el Hospital Elena de Saboya de Nápoles, siendo curiosamente transportado a dicho centro sanitario primeramente a bordo de una lancha torpedera y luego en una ambulancia escoltada por dos motoristas, una camioneta de policía y un camión con treinta carabineros. Una vez se recuperó de su salud, Graziani fue trasladado a la Fortaleza Boccea de Roma para ser sometido al Tribunal Criminal Especial. No obstante y a lo largo de las 79 sesiones que duró el juicio, en Febrero de 1949 los magistrados se declararon incompetentes para juzgar unos hechos dentro de la jurisdicción del Ejército Italiano, por lo que el caso fue transmitido al Tribunal Supremo Militar y en concreto al general Emanuele Bernardo di Pralormo. Así fue como el 23 de Febrero de 1950 comenzó un nuevo juicio que se prolongó 35 sesiones hasta que se decretó una sentencia final de “culpable” en los cargos de haber colaborado con el invasor alemán (algo falso porque Graziani se había amparado en la legalidad fascista de la época). Debido a esta irregularidad y a que precisamente ya había cumplido una breve pena de cárcel desde la detención por los Aliados en Argelia, los 19 años de prisión a que le sentenciaron fueron reducidos a tan sólo 4 meses, que además los cumplió en el Hospital de Celio debido a su precaria salud, antes de salir en libertad y quedar libre de todos los cargos el 29 de Agosto de 1950.

De vuelta a la vida civil, Graziani disfrutó de su familia en una casa rural de Arcinazzo, aunque de vez en cuando visitaba a sus dos hermanas Lavania y Lidia en el pueblo de Affile. Durante esta cómoda jubilación en medio de la naturaleza, aprovechó su tiempo libre para escribir y publicar sus memorias a las que tituló He defendido la Patria (Ho difeso la Patria), así como otros dos libros llamados África Septentrional 1940-1941 y Libia Irredenta. También decidió probar suerte en política afiliándose al Movimiento Social Italiano (MSI), cuya organización procedía del extinto Partido Nacional Fascista (PNF) del difunto Benito Mussolini. Sería precisamente durante su militancia en esta agrupación que le nombró “Presidente Honorario”, cuando llenó salones con miles de personas que acudían a escuchar sus discursos y viejas gestas de guerra, como por ejemplo hizo en 1954 tras celebrarse el multitudinario Congreso de Viareggio.

Multitudinario funeral de Rodolfo Graziani en Affile.

El 11 de Enero de 1955, a las edad de 72 años, la vida de Rodolfo Graziani se apagó para siempre de forma natural. A su funeral en Roma acudieron miles de personas que desfilaron durante horas detrás del féretro para decirle su último adiós. Posteriormente, ya en el año 2012, se erigiría un monumento conmemorativo a su figura en Affile con las palabras “Patria” y “Honor”.

Italia en la Segunda Guerra Mundial no brilló ni por sus generales, ni tampoco por sus mandos ni oficiales. Solamente el mariscal Rodolfo Graziani fue una excepción, porque ya fuese en la colonización de Libia y Etiopía, como también en la Batalla de Sidi Barrani o en la defensa de la República de Saló contra unas fuerzas muy superiores en número y calidad, destacó como uno de los militares audaces del Ejército Italiano durante el siglo XX.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Rodolfo Grazziani”, S.A.R.P.E. (1978), p.125-136
-http://en.wikipedia.org/wiki/Rodolfo_Graziani