Pietro Badoglio

El mariscal Pietro Badoglio fue el personaje de las “dos caras” más representativo de la Segunda Guerra Mundial. Declarado seguidor leal del fascismo y principal promotor de la conquista de Etiopía, terminó por volverse contra las potencias del Eje y propinar un desastroso golpe de Estado en Italia que históricamente le valió el apodo de “traidor”.

Mariscal Pietro Badoglio en la Segunda Guerra Mundial.

Pietro Badoglio nació un 28 de Septiembre de 1871 en Astigiano, una localidad de la provincia del Piamonte en Italia. Procedente de una familia de clase alta, su padre fue un rico terrateniente llamado Mario Badoglio, mientras que su madre una acaudalada burguesa de nombre Antonietta Pitarelli.

La infancia de Badoglio estuvo muy influida por el patriotismo y el militarismo de su familia, por lo que desde muy joven se convirtió en un leal monárquico de la Casa Saboya que en aquellos momentos encabezaba el Rey Víctor Manuel III. Nada más licenciarse en el Liceo de Asti al final de su adolescencia, Badoglio ingresó en la Academia Militar de Turín, de donde se graduó con el rango de subteniente de artillería en 1890. Seis años más tarde y después de alcanzar el empleo de oficial en 1896, recibió su primer bautismo de fuego en las guerras coloniales que el Ejército Real Italiano (Regio Esercito) mantenía en el África Oriental, concretamente peleando contra las tribus rebeldes que operaban en Eritrea.

Fuera de la vida militar y tras regresar a Italia, Badoglio formó una familia cuando se enamoró de Sofia Valania, hija de un coronel de granaderos llamado Ferdinando Valania, con la que se casó en Roma el 26 de Octubre de 1904. Fruto del matrimonio nacieron cuatro hijos (tres chicos y una chica) a los que bautizaron como Mario, Francesco, Paolo y María.

Con el inicio de la Guerra Ítalo-Turca entre Italia y el Imperio Otomano en 1912, Badoglio que por aquel entonces se encontraba ostentando la dirección de la Escuela de Guerra de Roma, fue enviado inmediatamente a Libia para tomar partido en la contienda. Una vez en el Norte de África, su presencia fue decisiva durante la victoria italiana en la Batalla de Zanzur, lo que le valió ser ascendido al empleo de comandante. Al frente de su nuevo rango, fue puesto al mando del II Ejército Italiano que en una campaña relámpago sobre Libia ocupó las localidades de Kûk, Vodice, Monte Santo y Kobilek.

Al entrar Italia en la Primera Guerra Mundial contra Austria-Hungría en 1915, Badoglio fue asignado a la jefatura del IV Cuerpo en los Alpes. Su primera acción se desarrolló de forma exitosa porque dirigiendo a una columna de cinco batallones de infantería y dos compañías de ingenieros minadores, ocupó una cabeza de puente en Sabotino y abrió una ruta directa hacia la estratégica plaza de Goritzia. Lamentablemente la reputación de Badoglio caería posteriormente por los suelos durante la Batalla de Caporetto cuando el ala izquierda del IV Cuerpo situada entre el Río Isonzo y Monte Nero, fue arrollada el 24 de Octubre de 1917 por destacamentos alemanes y austro-húngaros que rompieron el frente sobre Tolmino y propiciaron una colosal catástrofe al Ejército Italiano. De hecho una parte de la responsabilidad en la derrota fue de Badoglio básicamente tres motivos: en primer lugar tres de sus cuatro divisiones fueron situadas en el lugar más vulnerable del dispositivo defensivo; en segundo lugar prohibió a la artillería abrir fuego si previamente no era con una orden suya (por lo que como las líneas fueron cortadas, al transmitirse la orden los artilleros jamás recibieron el mensaje y no dispararon); y en tercer lugar porque estableció su cuartel general en Kosi, una localidad junto al Valle de Judrio que se encontraba muy alejada de primera línea y que le incapacitó tener una visión real de la situación, además de hacer correr la voz entre algunos de sus hombres que le acusaron de ser un “cobarde”. No obstante y a pesar de su pésima actuación en la Batalla de Caporetto, Badoglio no solamente se convirtió en el único general en no ser depurado de sus responsabilidades, sino que además fue elegido subjefe del Estado Mayor junto el general Armando Díaz. Al año siguiente, en 1918, tomó parte en la ofensiva del Río Piave y en la reconquista de Vittorio Véneto; e incluso se le confió el mando de la Fuerza Expedicionaria Italiana que debía invadir Alemania atravesando Austria (aunque el fin de la contienda se lo impidió). Precisamente justo al concluir la Gran Guerra en Noviembre de 1918, Badoglio en persona dirigió las negociaciones de capitulación con los Imperios Centrales representados por el general austríaco Viktor Weber durante el Armisticio de Villa Giusti.

Rey Víctor Manuel III con el general Pietro Badoglio pasan revista a las tropas italianas durante la Primera Guerra Mundial.

Terminada la Primera Guerra Mundial en 1918, Badoglio se convirtió en una de las figuras militares más destacadas del Ejército Real Italiano porque primeramente fue elegido Senador del Reino y más tarde comisario extraordinario de la Venecia Julia. También en 1919 fue nombrado jefe del Estado Mayor y en 1920 agregado militar extraordinario en Estados Unidos y Rumanía. Simultáneamente apoyó de una forma muy activa la aventura de Gabrielle D’Annunzio a Yugoslavia que desató la Crisis de Fiume, por lo menos hasta que el Rey Víctor Manuel III ordenó abandonar la empresa y restituir el “statuo quo” en los Balcanes.

Con el surgimiento del fascismo en Italia, el general Pietro Badoglio que rechazaba el ideal revolucionario fascista por ser más partidario de una monarquía de carácter conservador, realizó declaraciones bastante duras en contra de Benito Mussolini. Precisamente propuso al Primer Ministro Luigi Facta disolver a los miembros del Partido Nacional Fascista (PNF) empleando la fuerza bruta con los Carabineros y el Ejército Real Italiano, plan que fue desestimado por el Rey Víctor Manuel III para evitar un inútil derramamiento de sangre. Así pues, cuando se desarrolló la Marcha sobre Roma el 22 de Octubre de 1922, los Camisas Negras entraron en la capital desfilando sobre las calles al grito de “¡Abajo Badoglio!”.

A pesar de la enemistad personal entre Benito Mussolini, recién proclamado Duce, y el general Pietro Badoglio, ambos en 1923 pusieron fin a su rivalidad en aras del bien común. Desde entonces los dos tuvieron una actitud de respeto el uno por el otro, llegando tanto Badoglio a simpatizar con el fascismo, como Mussolini a considerar al general como un héroe de la Gran Guerra e incluso a poner a algunos Camisas Negras bajo sus órdenes. De hecho en 1924 el Duce nombró a Badoglio embajador en Brasil, en 1925 le ascendió a jefe de Estado Mayor General y en 1926 le concedió el título honorífico de mariscal “maresciallo”.

La Guerra Sanussi que el Ejército Italiano al mando del general Rodolfo Graziani inició para pacificar la colonia de Libia sobre la región sur del Fezzan, fue el nuevo destino del mariscal Pietro Badoglio en 1926. Al frente de la dirección de todas las operaciones militares, Badoglio contribuyó decisivamente a la organización de las tropas italianas que avanzando desde Cirenaica y Tripolitania, descendieron hacia el sur y acabaron conquistando toda Libia en 1932, aplastando a la guerrilla de la Tribu Sanussi y ejecutando a su líder Omar Mukhtar. Como recompensa por esta campaña, Badoglio fue nombrado Gobernador de la Libia Italiana y colmado de honores con el título nobiliario de Marqués del Sabotino y del Collar de l’Anunziata.

Benito Mussolini acompañado por Pietro Badoglio, a quién la propaganda fascista le convirtió en héroe nacional.

Al producirse la invasión de Italia a Etiopía en el contexto de la Guerra Ítalo-Etíope, el mariscal Pietro Badoglio obtuvo el mando de todo el Ejército Real Italiano el 16 de Noviembre de 1935 tras el cese del general Emilio De Bono como consecuencia de los malos resultados cosechados. Gozando de plena libertad de acción tal y como Badoglio solicitó a Roma, las nuevas medidas introducidas por el mariscal incluyeron una mejora de la logística en retaguardia, la consolidación de las zonas conquistadas y la traída de refuerzos desde el continente. Una vez se lanzó a la ofensiva, las tropas italianas vencieron al Ejército Etíope en diversos choques como Endertà, Scirè, Ascianghi, Tembien, Amba Aradam, y Shire; aunque en algunas ocasiones Badoglio tuvo que emplear armas químicas ilegales y gases que ordenó lanzar desde aviones tanto contra los soldados como contra aldeas que mataron a muchos civiles. A pesar de estos métodos, nadie le pidió explicaciones y Badoglio continuó con las operaciones aniquilando al Ejército Etíope durante la decisiva Batalla de Maitschew, lo que forzó al Emperador Haile Selassie a marchar al exilio. Así fue como la tarde del 5 de Mayo de 1936, Badoglio entró triunfal con sus hombres en la capital de Addis Abeba. Terminada la Guerra Ítalo-Etíope con la conquista total de Etiopía, Badoglio fue nombrado Duque de Addis Abeba, se le concedió un régimen económico especial, se le regaló un chalet en Roma y se le otorgó la Presidencia del Consejo Nacional de Investigaciones.

Cuando Italia entró en la Segunda Guerra Mundial junto al Eje el 10 de Junio de 1940, Badoglio era contrario a sumergirse en el conflicto, aunque justificó su apoyo diciendo: “Un soldado nunca presenta la dimisión; un soldado combate”. De hecho en los primeros días de la contienda acompañó a Benito Mussolini durante sus visitas de inspección a las unidades del Ejército Real Italiano que combatían en la Batalla de los Alpes, antes de que Francia anunciara la capitulación y entregase a Italia las provincias de Niza y Saboya. Algunos meses más tarde, en Octubre de 1940, Badoglio dirigió las operaciones durante la Guerra Ítalo-Griega después de que el Ejército Real Italiano basado en Albania invadiese Grecia, una campaña que resultó un desastre porque los italianos fueron vencidos y perseguidos durante el frío invierno hasta el territorio albanés, lo que forzó la dimisión del mariscal el 4 de Diciembre, que fue reemplazado por el general Ugo Cavallero.

Durante la Segunda Guerra Mundial entre 1941 y 1942, Badoglio permaneció en la sombra, viendo como la situación de Italia se desmoronaba a mediados con la pérdida del Imperio Africano y la rendición del Ejército Real Italiano en la Batalla de Stalingrado y en la campaña de Túnez. Fue entonces cuando inesperadamente el 16 de Julio de 1943, coincidiendo con la invasión de Estados Unidos y Gran Bretaña a Sicilia, el Rey Víctor Manuel III convocó a Badoglio a una audiencia privada en el Palacio Real, donde le comentó su intención de destituir a Mussolini y derrocar al fascismo. Precisamente durante aquella reunión preguntó a Badoglio si deseaba ser el sustituto del Duce, un ofrecimiento al que el mariscal accedió, además de atraer a la conspiración a otros generales entre los que estuvieron Vittorio Ambrosio, Giuseppe Castellano y el Duque Pietro Acquarone.

Oficialmente el 24 de Julio de 1943 Benito Mussolini fue depuesto como Duce por el Gran Consejo Fascista y posteriormente arrestado tras su visita al Rey Víctor Manuel III en el Palacio Real. Inmediatamente a su detención, Pietro Badoglio tomó el mando de la Jefatura del Gobierno y se hizo con las riendas del Reino de Italia. Aparentemente hasta aquel instante todo había sido fácil, aunque a partir de este punto a Badoglio se le planteó un problema esencial consistente en buscar la manera de expulsar a los fascistas de la administración, firmar la paz con los Aliados y mantener contento al Tercer Reich para evitar que el Ejército Alemán que circulaba por Italia no tomase represalias. Así fue como en primer lugar cometió el error de leer una proclama por radio anunciando el fin del fascismo, un comunicado al que siguió una serie de asaltos contra las sedes del Partido Nacional Fascista y una oleada de violencia y detenciones arbitrarias que tardó horas en ser controlada por los Carabineros, lo que evidentemente generó falsas esperanzas en los Aliados Occidentales y al mismo tiempo preocupación en Alemania. Sin embargo y en un acto de contradicción absoluta, Badoglio también aseguró continuar al lado del Tercer Reich en la contienda con la frase de “¡la guerra continúa!”.

Bajo el nombre de los “45 Días del Gobierno de Badoglio”, el Reino de Italia vivió una de las gestiones más cargadas de improvisación en toda su existencia. A pesar de que en los primeros días Badoglio causó la impresión de que iba a restituir la democracia anulada en 1922, en su lugar instauró una administración militarista y autoritaria centrada en la figura de la institución monárquica, sin ni tan siquiera tener un modelo ideológico ni una idea de clara de qué hacer como consecuencia de una total carencia de visión de futuro. Sorprendentemente peor resultado obtuvo de cara a las relaciones exteriores porque mientras Badoglio se reunía con los generales del Tercer Reich encabezados por el mariscal Albrecht Kesselring para consular la marcha de las operaciones militares sobre el teatro del Mar Mediterráneo; en secreto también contactó con los Aliados Occidentales a través del general Giuseppe Castellano en Portugal. Este juego a dos bandas fue tan mal llevado que Badoglio solamente consiguió ganarse las justificadas sospechas de los alemanes y generar una escasa credibilidad por parte de estadounidenses y británicos que jamás se fiaron de él.

Rey Víctor Manuel III y Pietro Badoglio, ambos responsables del derrocamiento del fascismo y del posterior desastre del Armisticio.

Al producirse el Armisticio Ítalo-Aliado el 8 de Septiembre de 1943, la gestión tanto del mariscal Pietro Badoglio y como del Rey Víctor Manuel III fue pésima y catastrófica. De hecho y como el doble juego de Badoglio logró que ni Estados Unidos ni Gran Bretaña confiaran en el Gobierno Italiano, los Aliados Occidentales anunciaron por radio la capitulación de Italia sin molestarse en avisar previamente a sus nuevos socios. Al enterarse Badoglio de la noticia, se sintió tan aterrado por la situación que ante todos sus mandos expresó: “¡Estamos perdidos!”. Tuvieron que transcurrir unos minutos, hasta que sin saber qué hacer, lo único que se le ocurrió fue calmarse y marchase a dormir en torno a las 10:00 horas sin tomar ninguna medida de prevención ante el inmediato desembarco que los Aliados iban realizar sobre en Salerno y Tarento, ni tampoco contra la imprevisible reacción alemana que seguramente sería contundente. Así fue como cerca de medianoche, Badoglio fue despertado justo en el momento en que las tropas del Ejército Alemán comenzaron a ocupar Italia y a hacer prisioneras a todas las guarniciones del Ejército Real Italiano. Mientras se combatía en Roma, en la madrugada del 9 de Septiembre, el mariscal Badoglio, junto a todos los miembros de la Casa Saboya, huyeron de la capital para ponerse a salvo, abandonando de ese modo a todos sus soldados y compatriotas a los que no dieron ninguna explicación. Con rapidez los vehículos se encaminaron por la Vía Nazionale hasta los Abruzzos, siendo parados varias veces en el trayecto por controles alemanes, que por fortuna en ningún momento reconocieron ni al mariscal ni al monarca. Al amanecer se alojaron durante un día en el Castillo Crecchio, hasta que finalmente el 10 de Septiembre, los fugitivos fueron evacuados desde el puerto de Pescara a bordo de la corbeta Bayoneta. Ni siquiera a la hora de subir al barco preservaron el honor, ya que en un lamentable espectáculo de cobardía, se pelearon por ver quién embarcaba primero. Afortunadamente al final todos consiguieron escapar cuando la corbeta Bayoneta desembarcó a Badoglio y sus inquilinos en el puerto de Brindisi que controlaban los Aliados.

Ocupada la mitad norte de Italia por el Tercer Reich y la mitad sur por los Aliados, Badoglio asumió la pesada carga de firmar el Armisticio de Malta que incluyó una capitulación incondicional de su patria ante Estados Unidos, Gran Bretaña, la Unión Soviética y la Commonwealth el 29 de Septiembre de 1943. Inmediatamente el Reino de Italia organizó un Gobierno Provisional que lideró el mismo Badoglio, quién el 23 de Octubre aconsejó al Rey Víctor Manuel III abdicar en favor de su hijo, el Príncipe Umberto de Saboya, algo a lo que el monarca se negó rotundamente. Aquel nuevo fracaso de Badoglio a la hora de dar un giro a la imagen de la monarquía resultó fatal para su causa, porque ya muy dañada de por sí, cayó en el más absoluto desprestigio; mientras que en el resto del país, la renovación como Duce de Benito Mussolini y la reinstauración del fascismo al frente de la República de Saló, generó ilusiones y esperanzas en contra de los que llamaban “traidores”.

La Guerra Civil Italiana que estalló entre la Italia Cobeligerante de Pietro Badoglio en favor de los Aliados, contra la República de Saló de Benito Mussolini en favor del Eje, fue uno de los episodios más tristes de Italia en el siglo XX porque decenas de miles de italianos se matarían entre sí, centenares de ciudades quedarían arrasadas y múltiples crímenes cometidos por ambos bandos dejarían una estela de terror. De hecho y de no ser por la ayuda de Estados Unidos y Gran Bretaña, Badoglio no hubiese logrado nada en el plano militar porque cuando llamó a filas a voluntarios para engrosar el recién constituido Ejército Cobeligerante Italiano, solamente se presentaron 20.000 soldados; una cifra ridícula en comparación al Ejército Nacional Republicano de la República de Saló dirigido por su viejo amigo de Libia, el mariscal Rodolfo Graziani, quién reclutó más de 700.000 hombres (una amplia diferencia a favor de los fascistas de 35 a 1). Ante esta limitación en el ámbito de unas fuerzas armadas tan reducidas, en Abril de 1944 Badoglio se ocupó del Ministerio de Concentración Democrática de Salerno, en donde pactó con diversos movimientos políticos tanto de derechas como de izquierdas, entre estos el Partido Comunista Italiano (PCI) que erigió una guerrilla de más de 100.000 partisanos en la retaguardia del Eje, lo que de nuevo significó otra humillación para el mariscal tras comprobar como su peso político y militar cada día era menor. Finalmente y tras producirse la conquista de Roma por los Aliados el 4 de Junio de 1944, Badoglio decidió que su labor había concluido y entonces dimitió de todas sus funciones para jubilarse y disfrutar de su vejez.

Badoglio como jefe de la Italia Cobeligerante, se entrevista sobre un navío aliado anclado en Sicilia con el general estadounidense Dwith Eisenhower y con el general británico Harold Alexander, ambos responsables del escenario del Mar Mediterráneo.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, Badoglio se convirtió en un personaje molesto dentro de una Italia dividida socialmente entre vencedores y vencidos. En primer lugar los fascistas lo veían como un traidor, los comunistas como un fascista que por mero oportunismo se había cambiado de bando, y el resto de la población como un cobarde que por su mala gestión había convertido a Italia en un campo de batalla de la Segunda Guerra Mundial y encima había azuzado los odios hasta provocar la Guerra Civil Italiana. Ante tales motivos, Badoglio se recluyó en su residencia de Villa Grazzano situada en el pueblo de Monferrato, donde pasaría desapercibido el resto de su vida, a pesar de que en muy contadas ocasiones concedió entrevistas a historiadores o periodistas, entre ellos al escritor Vanna Vailati que elaboró un libro llamado Badoglio habla. De hecho, también el viejo mariscal redactó su propia autobiografía para intentar justificar sus actitudes en una obra que llevó el título de Italia en la Segunda Guerra Mundial.

A las 14:00 horas del mediodía del 30 de Octubre de 1956, como de costumbre Badoglio se levantó en su hogar de Villa Grazzano de Monferrato para recibir la visita de su nuera, la Duquesa Giuliana, viuda de su hijo Mario Badoglio, que venía con sus nietos Gian Luigi de diez años y Alessandro de seis años. A buscarlos en coche a la Estación de Aasti envió al brigada Roberto Pagamonci y al mecánico Vincenzo Sabastiani. Aproximadamente hasta las 16:00 sus familiares no llegaron a casa, cuadrándose el pequeño Alessandro nada más ver a su abuelo. Jamás podría imaginar que aquella sería la última vez que disfrutaría de sus seres queridos cuando se despidió de ellos a media tarde. Justo después, a las 19:30, tomó su cena habitual consistente en fruta cocida y leche, mientras que a las 22:00 fue atendido por la monja Sor María y por su criada Augusta Pellegrinetti, antes de quedarse dormido sobre la cama. Inesperadamente a las 23:00 se despertó con una crisis de asma que le dificultó respirar y le dejó el cuerpo paralizado. Rápidamente vino un médico que le puso dos inyecciones, una intravenosa y otra intramuscular. Sin embargo Badoglio sabía que apenas le quedaban unos minutos de vida. Transcurrida la medianoche del 30 al 31 de Octubre expresó: “Esta vez sí que me voy”. Diez minutos más tarde la vida del mariscal Pietro Badoglio se apagó para siempre.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Pietro Badoglio”, S.A.R.P.E. (1978), p.22-28
-Salvatore Francia, Italia. El Golpe de Estado del 25 de Julio de 1943, Revista Serga Nº56 (2009), p.44-51
-http://it.wikipedia.org/wiki/Pietro_Badoglio