Maxwell Taylor

Maxwell Davenport Taylor, también conocido como “Max”, nació el 26 de Agosto de 1906 en Keytesville, una ciudad en Missouri en Estados Unidos. Este joven que muy pronto se convertiría en militar, sería uno de los máximos responsables de las operaciones aerotransportadas de Norteamérica en la Segunda Guerra Mundial y también un destacado miembro del Estado Mayor durante la Guerra Fría.

General americano Maxwell Taylor.

Atraído por el mundo militar, Taylor se graduó en la Academia de West Point en 1922 con el rango de teniente. Inmediatamente a su promoción, fue trasladado al arma de ingenieros en las Islas Hawaii, donde en 1926 se casó con una chica llamada Lydia Gardner. Experto en idiomas, estudió diversas lenguas como el español, francés y japonés; algo que le otorgó el privilegio de servir como capitán agregado en las embajadas norteamericanas de París, Tokyo y Pekín entre 1927 y 1937. Precisamente su buen conocimiento del español, facilitó a Taylor, ya con el rango de general, desempeñar labores diplomáticas en numerosos países de Lationamérica para garantizar su neutralidad tras iniciarse en 1939 la Segunda Guerra Mundial entre Alemania y Gran Bretaña.

Hasta bien entrada la Segunda Guerra Mundial para Estados Unidos en 1943, Taylor no obtuvo el mando de la famosa 82ª División Aerotransportada destacada en Túnez, a cuyos paracaidistas entrenó minuciosamente a lo largo de 1942 y 1943, incluyéndose él mismo que también tuvo que aprender a saltar en paracaídas. Completada la instrucción, la 82ª División Aerotransportada demostró su poderío saltando la noche del 9 al 10 de Julio de 1943 en la llamada “Operación Husky”, una misión durante la cual los paracaidistas liderados por Taylor tomaron tierra cerca de Ponte Olivo, consiguiendo cortar la carretera que iba de Gela a Siracusa y logrando desbaratar todos los contraataques de las tropas del Ejército Italiano hasta que fueron relevados el 14 de Julio.

Bajo el más absoluto secreto, el 7 de Septiembre de 1943 el general Maxwell Taylor llevó a cabo una inspección secreta a Roma después de que el Reino de Italia anunciase su intención de cambiarse al bando de los Aliados y solicitase ayuda para derrotar a la guarnición del Ejército Alemán presente en la capital mediante un salto paracaidista de los norteamericanos. Así fue como Taylor, vestido de paisano junto al coronel Tudor Gardiner, desembarcaron a bordo de una lancha estadounidense sobre las playas del Lazio, siendo a continuación trasladados a la corbeta italiana Ibis que los condujo a la costa de Gaeta. Una vez en su destino, los guardias italianos les entregaron uniformes norteamericanos sucios para aparentar ser prisioneros de guerra, incluso les propinaron varios empujones delante de unos soldados alemanes que pasaron por delante de ellos con la finalidad de mantener la farsa. Acto seguido marcharon a través de la Vía Appia hacia Roma en una ambulancia, haciendo increíblemente un recorrido turístico por la Vía XX Settembre y la Colina del Quirinal ante la mirada de unas tropas alemanas que no sospecharon nada. Finalmente a las 21:00 horas, los italianos les alojaron en el Palazzo Caprara del general Luigi Marchesti, quién les ofreció una suculenta cena compuesta por consomé, chuletas de ternera con guarnición, fruta fresca, crêpes suzette y vino. Terminado el banquete e impaciente por el retraso, Taylor exigió ver al responsable de las fuerzas armadas porque en menos de 24 horas supuestamente 150 aviones debían lanzar 2.000 paracaidistas sobre Roma. Fue entonces cuando los anfitriones accedieron a llevarlos al chalet del mariscal Pietro Badoglio, donde los italianos, con escasas ganas de seguir luchando en el conflicto, mintieron a Taylor diciendo que todos los aeropuertos estaban controlados por los alemanes, incluyendo las baterías antiaéreas y las 17.500 toneladas de gasolina de los depósitos de Mezzocamino y Valleranello. Por supuesto Taylor no se creyó la mentira, pero entendiendo el riesgo que suponía confiar en los italianos (lección que también había aprendido de sus enemigos alemanes), prefirió suspender el salto y dejar el problema a los latinos. De este modo pues, en lugar de llevar a cabo la operación sobre Roma, Taylor saltó la noche del 14 de Septiembre con 4.000 paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada junto a las cabezas de playa del Río Sele en Salerno durante la “Operación Avalanche”, cuyas tropas destruyeron hasta 30 tanques alemanes y consiguieron levantar el sitio que el Ejército Alemán acababa de ejercer contra el Ejército Estadounidense.

El general paracaidista Maxwell Taylor a punto de subirse al avión para saltar durante una operación durante la Segunda Guerra Mundial.

Con el desembarco de Normandía el 6 de Junio de 1944 sobre Francia, Taylor tomó el mando de la 101ª División Aerotransportada que el Día-D saltó sometida al fuego de las baterías antiaéreas enemigas (la cual derribó numerosos aviones y mató a numerosos paracaidistas) sobre un triángulo entre la Península de Contentín, Carentán y el Río Douve. Igual de sangrienta resultó la “Operación Market-Garden” en Septiembre de 1944, cuando miles de paracaidistas al mando de Taylor fueron derrotados por las tropas alemanas en la invasión de Holanda después de haber saltado entre las ciudades de Eindhoven y Veghel. No obstante y pese a este último revés, Taylor pudo resarcirse de su fracaso mediante una increíble hazaña durante la Batalla de las Ardenas en Bélgica, después de que la 101ª División Aerotransportada quedara embolsada en el pueblo de Bastogne, en donde a lo largo de varias semanas resistió un duro asedio por parte del Ejército Alemán hasta que finalmente fue rescatada por el III Ejército Blindado Estadounidense del general George Patton.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial en 1945, Taylor fue nombrado superintendente de la Academia Militar de West Point hasta 1949. También participó en la Guerra de Corea durante 1953 como parte del Estado Mayor de Estados Unidos y Corea del Sur que en aquellos instantes se enfrentaban a los comunistas de Corea del Norte en torno al Paralelo 38º. De hecho y gracias a la experiencia adquirida en Asia, Taylor fue elegido comandante en jefe de las tropas de Naciones Unidas (ONU) en el Extremo Oriente hasta 1957.

Taylor decidió retirarse de la vida militar en 1959, por lo menos hasta que el Presidente John Kennedy decidió en 1961 volver a reclamar de sus servicios nombrándole consejero militar. Así fue como Taylor asesoró al Ejército Estadounidense ante los nuevos retos de la Guerra Fría, llegando a mantener muy buenas relaciones con la familia Kennedy, incluyendo con el senador Robert Kennedy (hermando del Presidente), quién bautizó a su hijo con el nombre de Matthew Maxwell Taylor Kennedy en honor al general.

Al iniciarse las hostilidades entre Vietnam del Norte y Vietnam del Sur que posteriormente derivarían en la Guerra de Vietnam, Taylor tuvo el encargo expreso del Presidente Johm Kennedy de desplegar los primeros 8.000 soldados del Ejército Estadounidense en el Sudeste Asiático. Precisamente Taylor contribuyó en 1963 al asesinato del Presidente de Vietnam del Sur, Ngo Dinh Diem, para colocar en su lugar al general Duong Van Minh, un militar más fácil de controlar por Washington. Al poco tiempo, el Presidente Lyndon Johnson eligió a Taylor embajador de Vietnam del Sur en Saigón, cargo que desempeñó hasta el 30 de Julio de 1965 cuando la Guerra de Vietnam se recrudeció entre el Estados Unidos y los comunistas del Vietcong.

De regreso a Estados Unidos, Taylor trabajó como director de la Junta Asesora de Inteligencia Exterior hasta 1969. Durante ese tiempo también ostentó el mando del Instituto de Análisis de Defensa para evaluar posibles situaciones de ataque ante un eventual conflicto armado y nuclear contra la Unión Soviética.

El 19 de Abril de 1987, el general Maxwell Taylor murió a la edad de 85 años en Washington. Sus restos fueron enterrados en el Cementerio Nacional de Arlington, donde desde entonces reposó uno de los organizadores más populares de las fuerzas aerotransportadas de Norteamérica.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Maxwell Taylor”, S.A.R.P.E. (1978), p.355
-http://en.wikipedia.org/wiki/Maxwell_D._Taylor