Harold Alexander

El general Harold Alexander fue uno de los máximos responsables del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial tanto en el Sudeste Asiático y como en el teatro de operaciones del Mar Mediterráneo. Sobre dichos escenarios cosecharía graves reveses en Birmania y la Batalla de Montecassino, aunque al final se erigiría como el vencedor de la campaña de Italia.

Harold Rupert Leofric George Alexander nació el 10 de Diciembre de 1891 en Tyrone, un condado del Ulster en Irlanda, por aquel entonces parte del Imperio Británico. Procedente de una familia con orígenes nobles, su padre fue el Conde James Alexander IV de Caledón y su madre la Condesa Elisabeth Graham-Toler.

Siguiendo la tradición de la Casa Caledón, desde muy pequeño Harold Alexander fue educado en los más estrictos valores tradicionales, monárquicos y patrióticos tanto por su familia como por sus maestros del Colegio de Harrows. Al cumplir la mayoría de edad se alistó en el Ejército Británico como estudiante de la prestigiosa Real Academia de Sandhurst, antes de acceder en 1911 con tan sólo 20 años en el Regimiento de Caballería de los Guardias Irlandeses ostentando el rango de subteniente.

General Harold Alexander.

Iniciada la Primera Guerra Mundial en 1914, Alexander marchó como oficial del Cuerpo Expedicionario Británico a Francia, en donde recibió su primer bautismo de fuego durante la Batalla de Yprés. Al año siguiente, en 1915, participó en la Batalla de Loos combatiendo contra el Ejército Alemán; mientras que en 1917 peleó en la Batalla de Passchendaele y la Batalla de Cambrai, siendo herido hasta en dos ocasiones. Gracias a sus méritos, Alexander fue ascendiendo hasta obtener cinco recomendaciones en los boletines, además de recibir condecoraciones como la Cruz Militar, la Legión de Honor y la Orden del Servicio Distinguido.

Terminada la Gran Guerra con el triunfo del Reino Unido en 1918, Alexander fue enviado como parte de la Misión Militar Británica al norte de Rusia para combatir en la Guerra Civil Rusa contra la Rusia Soviética. Precisamente en 1920 obtuvo al mando de una unidad del Ejército Blanco y durante la Guerra de Independencia de Letonia lideró un destacamento de voluntarios alemanes de los Cuerpos Libres “Freikorps” que ayudaron al Ejército Letón a luchar contra el comunismo. De hecho y entre los éxitos más famosos de Alexander durante la contienda estuvo la victoria contra el Ejército Rojo en la Batalla de Latgalia, contribuyendo de este modo a la expulsión de los bolcheviques de Letonia y los Países Bálticos.

Nuevamente durante la Guerra Greco-Turca de 1922 entre Turquía y la Grecia apoyada por Inglaterra, Alexander fue enviado a Constantinopla para participar en la Crisis de Chanak antes de que se produjera la evacuación del Ejército Británico del Bósforo. Aquel mismo año Alexander regresó a Gran Bretaña para realizar una brillante carrera militar que le haría ir subiendo puestos en el escalafón hasta ser ascendido en 1934 a general de brigada a la edad de 43 años, además de ser nombrado profesor de cadetes en el Colegio de Defensa Imperial.

Fuera del ámbito militar Harold Alexander creó su propia familia casándose con una mujer llamada Margarete Bingham. Fruto de este matrimonio nacerían dos hijos a los que bautizaron con los nombres de Shane y Brian.

Con el surgimiento del sentimiento nacionalista en la India, entre 1934 y 1935 el general Harold Alexander fue enviado a la “Joya de la Corona” para ponerse al mando de la Brigada de Infantería “Nowshera” compuesta por tropas coloniales. Al frente de esta unidad combatió en la frontera noroeste contra los brotes independentistas de las regiones situadas entre Loe y Agra, además de aplastar la sublevación de la Tribu Mohmand, lo que le valió en 1938 ser ascendido a general de división con tan sólo 47 años de edad y premiado con la Orden de la Estrella de las Indias. Sin embargo y a pesar de sus incuestionables éxitos militares, muchos oficiales cuestionaron los métodos de Alexander porque durante las operaciones que llevó a cabo bajo la denominación de “campañas de pacificación”, tuvieron lugar incontables crímenes en forma represión de aldeas y ejecuciones de numerosos habitantes.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial entre Reino Unido y la Alemania Nacionalsocialista, el general Harold Alexander fue puesto al mando de la 1ª División de Infantería Británica que en 1939 fue desplegada sobre el Frente Occidental de Francia. Al año siguiente, en cuanto el Ejército Alemán invadió Bélgica y los tanques Panzer rompieron las líneas del Ejército Francés por el Sedán gracias a la “Guerra Relámpago” o “Blitzkrieg”, la 1ª División de Infantería Británica fue expulsada de sus posiciones y embolsada, hasta que el Alexander junto al resto de supervivientes de su unidad fue sacado vía marítima a través del Canal de la Mancha durante la evacuación de Dunkerque.

Al entrar Japón en la Segunda Guerra Mundial desatando la Guerra del Pacífico contra Gran Bretaña en 1941, el general Harold Alexander fue enviado a la India para contribuir junto al general William Slim a contener la invasión del Ejército Imperial Japonés en Birmania. Desgraciadamente la reacción del Ejército Británico fue tardía porque Thailandia que acababa de alinearse a las potencias del Eje, permitió el paso de tropas japonesas hacia el interior de la colonia mientras el Ejército Thailandés ocupaba los Estados Shan. Así fue como la capital de Rangún resultó fácilmente ocupada y toda Birmania conquistada hasta incluso penetrar los japoneses en las provincias indias de Assam y Astracán tras haber provocado más de 13.000 bajas a los Aliados, lo que sin duda supuso la mayor derrota cosechada por Alexander hasta la fecha.

Como consecuencia del fracaso en Birmania, el general Alexander fue trasladado a Palestina por orden directa del Primer Ministro Winston Churchill y ascendido a comandante en jefe de todo el Mando de Oriente Medio en Agosto de 1942. Al frente de esta gigantesca agrupación, su primera medida fue ubicar el Estado Mayor en Egipto para frenar la amenaza de las tropas ítalo-alemanas del Afrika Korps que lideradas por el mariscal Erwin Rommel estaban a punto de avanzar hacia el Delta del Río Nilo. Lamentablemente la situación del Norte de África era peor que en el Sudeste Asiático porque la desmoralización imperaba por doquier y encima la insubordinación de los soldados se había convertido en algo habitual. Fue entonces cuando Alexander tuvo que imponer disciplina entre la tropa e incluso obligar bajo la amenaza de castigo a realizar el saludo militar de los soldados hacia sus superiores (hasta tuvo que llamar varias veces la atención al general Bernard Montgomery que lideraba el VIII Ejército Británico para que no mostrase tanta desidia ante su presencia). Gracias a todas estas medidas y la planificación de la contraofensiva prevista para Octubre de 1942, finalmente Alexander contribuyó de manera decisiva a la victoria del Reino Unido durante la Batalla de El-Alamein que expulsó al Afrika Korps de Egipto, arrebató a los italianos la colonia de Libia y aniquiló a las fuerzas ítalo-germanas sobre Túnez en Mayo de 1943.

A mediados de 1943 el general Harold Alexander fue nombrado “Vizconde de Túnez” por su victoria contra el Eje en el Norte de África. Simultáneamente participó en la Conferencia de Casablanca junto al Presidente Franklin Delano Roosevelt de Estados Unidos, el Primer Ministro Winston Churchill de Gran Bretaña y el general Charles De Gaulle de la Francia Libre para fijar la próxima estrategia a decidir. Así fue como Alexander gestionó la invasión de la Isla de Sicilia durante la “Operación Husky”, cooperando en la planificación con los generales norteamericanos George Patton y Omar Nelson Bradley, con quienes además de entablar una gran amistad, formó un equipo perfecto porque en tan sólo 38 días las tropas alemanas e italianas fueron expulsadas del territorio insular.

Mientras el general Harold Alexander preparaba la invasión de Italia, al mismo tiempo estableció una serie de contactos con el general italiano Giuseppe Castellano, quién en nombre del Rey Víctor Manuel III de la Casa Saboya, pretendía unirse a la causa de los Aliados y traicionar al Eje tal y como demostró al firmar secretamente el Armisticio de Cassibile. Lamentablemente la mala gestión y la escasa comunicación con los mandos italianos llevaron al desastre porque tras anunciarse la capitulación de Italia el 9 de Septiembre de 1943, el Ejército Alemán ocupó rápidamente la Península Italiana y simultáneamente los Aliados pusieron en marcha la “Operación Avalanche” desembarcando en Salerno, donde fueron fácilmente detenidos por las tropas alemanas que les provocaron una gran cantidad de bajas. Precisamente el propio Alexander que fue de los primeros militares británicos en pisar la Península Italiana, sólo pudo salir del estancamiento gracias a un segundo desembarco del VIII Ejército Británico sobre Tarento durante la “Operación Slapstick” que permitió a los Aliados consolidar una cabeza territorial al sur de Italia.

La campaña de Italia acabó por arruinar el prestigio del general Alexander, no por su falta de astucia, sino porque los Gobiernos de Londres y Washington le obligaron a ocupar un país casi inexpugnable de una geografía estrecha y cargada de montañas que era muy difícil de atravesar. Nombrado comandante en jede del Mando del Mediterráneo, Alexander fracasó a la hora de asaltar la “Línea Gustav” que defendían el Ejército Alemán y el Ejército Italiano de la República de Saló, siendo detenido más de cinco meses en lo que se conoció como la Batalla de Montecassino, un monte sobre cuya cima se atrincheraron una serie paracaidistas alemanes en las ruinas de la Abadía de Montecassino, los cuales rechazaron todos los ataques organizados por ejércitos de 27 nacionalidades y además consiguieron que el Vaticano reprobara al general irlandés por la destrucción del edificio histórico. Aquella cruenta operación que costó más de 55.000 bajas y la aniquilación de cinco divisiones, llevó al Primer Ministro Winston Churchill a reprocharle lo ocurrido, lo que forzó a Alexander a idear un desembarco al sur de Roma que pasaría a la posteridad con el nombre de la Batalla de Anzio y que concluyó con otro desastroso resultado de 33.000 bajas.

Al producirse la entrada de los Aliados en Roma el 4 de Junio de 1944, la “Línea Gustav” fue finalmente superada por el genera Alexander, quién nada más presentarse en la capital, acudió al Vaticano para ser recibido en una audiencia con el Papa Pío XII. A continuación viajó a Inglaterra para ser invitado a la residencia del Rey Jorge VI, donde tras hospedarse una semana, entabló muy buena relación con el monarca que llegó a regalarle una bañera de goma fabricada a partir de un globo cautivo hinchable.

De regreso a Italia a mediados de 1944, Alexander recibió la misión de acabar con la República de Saló de Benito Mussolini atravesando la “Línea Gótica” que dividía horizontalmente el país en dos mitades desde la costa del Mar Tirreno hasta el litoral del Mar Adriático. Nuevamente durante varios meses, los Aliados volvieron a chocar con una resistencia ítalo-alemana fanática que les dejó clavados sobre el terreno y les provocó un gigantesco número de bajas, algo que en parte fue culpa del propio Alexander debido a que no contó con la coordinación efectiva de los partisanos italianos cuando cometió el error de transmitir por radio el siguiente mensaje: “La nieve nos impide aprovisionarnos, disolved las unidades, esperad a primavera”. Solamente el colapso del Tercer Reich en Marzo de 1945 y la ofensiva sobre el Río Po, facilitó a las fuerzas de Alexander a proseguir con su avance hacia Milán y aceptar el 29 de Abril la capitulación incondicional tanto del Ejército Alemán como del Ejército Italiano en Caserta.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, el general Harold Alexander fue nombrado Gobernador General de Canadá gracias a su perfecto conocimiento del idioma francés. Así fue como desde 1946 en adelante trabajó intensamente en su nuevo destino, llegando a recorrer más de 294.500 kilómetros sobre todo el país con la intención de darse a conocer entre los ciudadanos, incluyendo la región francófona de Quebec. De hecho y por si algo le admiraron los canadienses fue por las presiones ejercidas sobre Londres para que finalmente en 1949 el Imperio Británico cediese la colonia de Terranova al mismo Canadá.

Hasta 1952 Harold Alexander se mantuvo al cargo del Gobernador General del Canadá, cuando después de ocho años regresó a Gran Bretaña para presentar la publicación de su libro Las Memorias de Alexander, 1940-1945. Al año siguiente, en 1953, fue nombrado Ministro de Defensa del Reino Unido y al mismo tiempo designado segundo comandante en jefe de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) por detrás del general estadounidense Omar Nelson Bradley.

Oficialmente en 1954, el general Harold Alexander se jubiló del Ejército Británico, aunque en 1959 recibiría por parte del Gobierno la condecoración de la Orden del Mérito. A partir de 1960, Alexander se retiró de forma definitiva junto a su familia a un terreno privado a las afueras de Londres conocido como la “Finca de los Ruiseñores”, donde dedicó sus últimos años a diversas aficiones como la pintura y el cuidado de flores.

El 16 de Junio de 1969, el general Harold Alexander falleció en Slought a la edad de 77 años. Según los periódicos del día siguiente, el 17 de Junio, los titulares le definieron con las siguientes palabras: “el mejor producto de la tradición inglesa del soldado-caballero”.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Harold Alexander”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.1-17
-http://en.wikipedia.org/wiki/Harold_Alexander,_1st_Earl_Alexander_of_Tunis