Hans Langsdorf

El capitán Hans Langsdorf pasó a la Historia Naval del Tercer Reich por ser el comandante del acorazado de bolsillo Graf Spee. Convertido en héroe nacional tras su victoria en la Batalla del Río de la Plata, a los escasos días se convirtió en un personaje denostado por su patria tras ser víctima de uno de los mejores engaños organizados por el espionaje enemigo.

Hans Langsdorf nació un 20 de Marzo de 1898 en la Isla de Rugen, concretamente en un pequeño puerto pesquero junto a las orillas del Mar Báltico llamado Bergen. Hijo de Ludwing Langsdorf y Elisabeth Steinmetz, en cuanto nació su hermano Reinhard, la familia se trasladó a vivir a Düsseldorf, donde los niños recibieron una eduación basada en los valores del patriotismo y en la religión luterana.

Casualmente la primera vez que Langsdorf se sintió atraído por el mar fue cuando se convirtió en vecino del almirante Maxilimian Von Spee, quién posteriormente sería el artífice de la victoria en la Batalla de Coronel durante la Primera Guerra Mundial. Sería a partir de las experiencias relatadas por este personaje, al que siempre saludaba desde el porche con respeto y admiración, el motivo que llevó a Langsdorf a enrolarse en la Academia Naval de Kiel en 1912 (con la oposición de sus padres que preferían que hubiera escogido la carrera de sacerdote o juez).

Capitán Hans Langsdorf.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Langsdorf embarcó como artillero en el acorazado Grosser Kurfurst de la Marina Imperial Alemana (Kaiserlischemarine). A bordo de esta embarcación Langsdord fue ascendido a teniente en 1915 y participó en la Batalla de Jutlandia de 1916, tras la cual fue premiado con la Cruz de Hierro. A partir de entonces sus méritos irían en aumento porque fue nombrado comandante de dragaminas, un oficio que desempeñaría hasta el final de la contienda en 1918 e incluso en la Marina de la República de Weimar (Reichsmarine) hasta 1922.

Fuera del ámbito de la Marina Alemana, en 1923 Hans Langsdorf se enamoró y se casó con una chica llamada Ruth Hager. Al año siguiente y fruto de este matrimonio, en 1924, nacería su primer hijo Johen Langsdorf, al que siguió Klauschen y una niña de nombre Ingrid.

La carrera de Hans Langsdorf fue meteórica a partir de 1925 cuando fue trasladado al Ministerio de Defensa en Berlín, donde trabajó en oficinas como responsable de coordinación entre el Ejército de Tierra y Armada. Gracias a su dedicación, en 1926 se le permitió dejar provisionalmente el Ministerio de Defensa para dedicarse a cursar estudios en la organización naval moderna; mientras que en 1927 se le nombró comandante de lanchas torpederas; antes de ser ascendido a capitán de corbeta en 1930. Nuevamente en 1931 regresó al Ministerio de Defensa, hasta que tras la llegada al poder de Adolf Hitler y la fundación del Tercer Reich en 1933, fue enviado como representante del Ministerio Naval en el Ministerio del Interior. Tras dos años de trabajo en este cargo, en 1935 se le ascendió al grado de capitán de fragata; aunque en 1936 abandonó su puesto durante un tiempo tras la muerte de su hijo Klauschen a los siete años de edad. Solamente el ofrecimiento del mando de un acorazado le hizo cambiar de parecer y volver al servicio, sobretodo cuando descubrió que se trataba del Graf Spee, el mismo que llevaba el nombre de su antiguo vecino y héroe nacional Maxilimian Von Spee.

Oficialmente el primer bautismo de fuego de Hans Langsdorff al mando del Graf Spee y sus 1.000 tripulantes tuvo lugar durante la Guerra Civil Española en 1937. Como responsable de este cometido asignado por la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) y el Comité de No Intervención, Langsdorf navegó alrededor de las costas de España sin sufrir incidentes hasta su regreso a Alemania en 1938.

La noche del 21 de Agosto de 1939 el Graf Spee al mando de Hans Langsdorf zarpó del puerto de Wilhelmshaven en Alemania y se adentró en el Mar del Norte. Al cabo de trece días, el 3 de Septiembre, justo coincidiendo con la declaración de hostilidades de Gran Bretaña que dio inicio a la Segunda Guerra Mundial, a Langsdorf le fue transmitida la orden escrita del Führer de convertir el Graf Spee en un buque corsario con el que atacar el tráfico mercante del Imperio Británico. Así fue como entre Septiembre y Diciembre de 1939, el acorazado de Langsdorff navegó por el Océano Atlántico y el Océano Índico hundiendo a los nueve mercantes ingleses SS Clement, SS Newton Beach, SS Ashela, SS Huntsman, SS Travanion, SS Africa Shell, SS Doric Star, SS Tairoa y SS Streonshalh. Curiosamente y durante esta cacería, Langsdorf demostró un aspecto totalmente humanitario porque antes de destruir los buques enemigos, apresó con vida a las tripulaciones y las alojó cómodamente en camarotes de Graf Spee, llegando incluso a hacer amistad con algunos de los reclusos como por ejemplo el capitán Patrick Dove del carguero SS Africa Shell.

El 13 de Septiembre de 1939 el acorazado Graf Spee del capitán Hans Langsdorf fue interceptado por los tres cruceros británicos HMS Exeter, HMS Ajax y HMNSZ Achilles, dando lugar a la Batalla del Río de Plata que se libró cerca de las costas de Argentina y Uruguay. A pesar de que el Graf Spee se encontraba en una inferioridad numérica absoluta, Langsdorf optó por concentrarse en cañonear al buque mayor, el HMS Exeter, al cual dejó fuera de combate medio chamuscado y le obligó a emprender la retirada. Acto seguido el navío concentró sus baterías en los cruceros ligeros HMS Ajax y HMS Achilles, a los que también castigó, antes de que el Graf Spee recibiese varios impactos que le dejaron 36 muertos, lo que llevó a Langsdorf a ocultar el buque con una columna de humo y variar el rumbo hacia el neutral Uruguay.

Cuando el acorazado Graf Spee repostó en el puerto de Montevideo en Uruguay, Langsdorf comenzó una serie de negociaciones diplomáticas con el Gobierno Uruguayo mientras la Marina Real Británica (Royal Navy) bloqueaba el Estuario de la Plata con los tres cruceros HMS Cumberland, HMS Ajax y al HMNSZ Achilles, ninguno de los tres rivales para enfrentarse al buque alemán. Sin embargo y a pesar de no correr ningún peligro, el espionaje británico que operaba en Latinoamérica hizo creer a Langsdorf que a la salida de Montevideo había una enorme escuadra británica. Una vez picó el anzuelo y después de acaparar toda la atención de la prensa mundial en su persona, Hansdorf navegó hasta la salida del Estuario de la Plata y ordenó a su tripulación abandonar el buque, justo antes de colocar explosivos y hacer saltar al Graf Spee por los aires que fue envuelto por una gran explosión y se hundió bajo la agua.

Inmediatamente al hundimiento del Graf Spee, el capitán Hans Langsdorf entró en Argentina y se alojó en el Hotel City de Buenos Aires. Cuando se enteró por la prensa de que había destruido a su propio buque sin motivo (la escuadra británica estaba condenada a una derrota segura y jamás hubo riesgo de que el acorazado fuese apresado), se sintió tan abatido que escribió una carta de despedida a su familia y otra a Adolf Hitler pidiendo disculpas por lo ocurrido. Acto seguido, la noche del 19 al 20 de Diciembre de 1939, Langsdorf sacó su pistola y se suicidó de un disparo en la cabeza.

La muerte de Hans Langsdorf y el engaño del que fue víctima por parte del Imperio Británico, pasaron a convertir su figura en un héroe tras su victoria en la Batalla del Río de la Plata, a un incompetente por haber hundido el Graf Spee. No pensaron lo mismo todos los prisioneros que había capturado durante su cacería en el Océano Atlántico (y que había concedido la libertad en Montevideo), ya que lo consideraron una persona humanitaria, tal y como declaró en su honor el capitán inglés Patrick Dove con las siguientes palabras: “Fui prisionero de un caballero”.

 

Bibliografía:

Antonio Guerrero, Graf Spee y la Batalla del Río de la Plata: El capitán de navío Hans Langsdorf, Revista Serga Nº37 (2005), p.2-6
http://en.wikipedia.org/wiki/Hans_Langsdorff