Gerd Von Rundest

La Segunda Guerra Mundial dejó una serie de militares que por sus méritos en el campo de batalla se aproximaron a la máxima excelencia. En el caso de Alemania, el mariscal Gerd Von Rundest, junto a otros grandes como Erwin Rommel y Erich Von Manstein, también ostentó el título de estar entre los más brillantes estrategas del siglo XX.

Karl Gerd Von Rundest nació el 12 de Diciembre de 1875 en Ascherleblen, una región de Alemania situada en el Reino de Prusia. Su familia procedía de la estirpe noble de los Uradel e incluso de antepasados del Rey Federico el Grande, cuyo origen se remontaba al siglo XII; siendo su padre, Gerd Arnold Konrad, un veterano oficial de caballería durante la Guerra Franco-Prusiana de 1870 a 1871, mientras que su madre, Adelheid Fischer, una ferviente religiosa protestante de ascendencia francesa.

Gerd Von Rundest.

Siguiendo la tradición militar y monárquica, Rundest desde muy joven ingresó en la Escuela de Cadetes de Dientz en Coblenza, antes de graduarse en la Academia de Lichterfelde de Berlín y unirse en 1892 al 83º Regimiento de Infantería de Kassel. Justo un año después, en 1893, fue ascendido a teniente en el Colegio Militar de Hannover, donde destacó por sus buenas notas, su maestría como jinete y su alto nivel de lenguas como el inglés y francés. Gracias a todos esos méritos, en 1903 fue aceptado en la prestigiosa Academia Militar de Berlín, siendo posteriormente ascendido al rango de capitán.

Fuera de la vida militar, Rundest fue una persona muy entregado a su familia. Se casó con Luise Von Goetz, a la que llamaba cariñosamente “Bila”. Fruto de esta unión, se consolidó un matrimonio feliz del que solamente nació un hijo único llamado Hans Von Rundest y que al igual que su padre, también seguiría la carrera militar en el Ejército Alemán.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Rundest formó parte de la 22ª División de Infantería que cruzó la frontera con Bélgica, aunque no tuvo ocasión de entrar en combate debido a que su unidad fue destinada a la reserva. No sería hasta Diciembre de 1916, cuando Rundest encontró la oportunidad de luchar, en esta ocasión contra las tropas del Ejército Ruso sobre el Frente Oriental de los Cárpatos en Polonia. Al año siguiente, en 1917, operó en las zonas ocupadas de Rusia Occidental hasta el estallido de la Revolución Bolchevique; antes de ser desplegado en el Frente Occidental de Alsacia en 1918, donde fue condecorado con la Cruz de Hierro y la medalla Pour le Merite.

Finalizada la Gran Guerra en 1918, Rundest tuvo la suerte de ser uno de los 100.000 militares admitidos en el Ejército de la República de Weimar (Reichswehr), cuyos artículos prohibían haber más de 4.000 oficiales entre sus filas siguiendo las cláusulas del Tratado de Versalles. No obstante y a pese al odio de muchos militares respecto de la situación, Rundest se negó a sumarse al sector más reaccionario de las fuerzas armadas, como dejó patente cuando rechazó unirse al “Putsch de Kapp” en Stüttgart liderado por el general Walter Von Lüttwitz para derrocar al Gobierno del Canciller Friedrich Ebert. Así fue como Rundest se dedicó durante los años posteriores a su carrera militar y exclusivamente a estudiar a grandes generales alemanes del pasado como Helmuth Von Moltke o Claus Von Clausewitz. Precisamente a causa de sus méritos personales, ascendió a general en 1926, recibiendo en 1928 el mando de la 2ª División de Caballería de Breslau y en 1932 el liderazgo de la 3ª División de Infantería de Berlín.

Jamás Rundest fue admirador de Adolf Hitler cuando en 1933 llegó al poder y fundó el Tercer Reich. Como no deseaba inmiscuirse en más aventuras tal y como demostró declinando el ofrecimiento de un complot organizado por el general Ludwig Von Beck para derrocar al Führer, en 1938 abandonó el servicio activo para dedicarse enteramente a su familia. Sin embargo y como Hitler sabía que era un gran general, apenas tardó en fijarse en él para la Segunda Guerra Mundial que en secreto estaba gestando. Fue de este modo, como a mediados de 1939, el Führer ofreció a Rundest, por aquel entonces con 63 años de edad, preparar y participar en la campaña de Polonia, una misión que pese a inquietarle, finalmente terminó aceptando por el simple hecho de cumplir con su deber como soldado.

El 1 de Septiembre de 1939, el general Gerd Von Rundest puso en marcha la invasión de Polonia bajo el nombre de “Operación Fall Weiss (Caso Blanco)” con un total de 886.000 soldados del Grupo de Ejércitos Sur. Nada más partir desde Silesia y Eslovaquia con este enorme contingente, en escasos días Rundest avanzó rápidamente por territorio enemigo, siendo especialista en conformar movimientos de tenaza en torno a sus oponentes empleando una excelente coordinación entre las fuerzas de tanques y aviación. Sus éxitos fueron impresionantes, ya que dejó embolsadas a innumerables divisiones del Ejército Polaco junto al Río Vístula y despejó el camino hacia la capital de Varsovia; además de ayudar a las tropas soviéticas del Ejército Rojo a tomar al asalto a la Fortaleza de Brest-Litovsk. Una vez concluida la campaña con la conquista total de Polonia, Rundest se convirtió en uno de los mayores expertos de la “Guerra Relámpago” o “Blitzkrieg” gracias a las ideas recopiladas de su fundador, el general Heinz Guderian, con quién tuvo el honor de hacer amistad y coordinar futuras acciones militares.

Al frente del Grupo de Ejércitos A, el 10 de Mayo de 1940 las tropas del general Gerd Von Rundest comenzaron la invasión de Europa Occidental ocupando Holanda en tan sólo cuatro días y Bélgica en un plazo de dos semanas, lo que atrajo al Ejército Francés y al Cuerpo Expedicionario Británico hacia una trampa que se cerró en el Sedán, dejando embolsados a más de 1 millón de soldados anglo-franceses. A pesar de que la mayor parte de las tropas inglesas fueron evacuadas del puerto de Dunkerque, cientos de miles de franceses y 40.000 británicos cayeron prisioneros del Ejército Alemán. Acto seguido, las vanguardias de tanques Panzer del Grupo de Ejércitos A de Rundest, se desplazaron hacia el sur hasta que se produjo la total destrucción del Ejército Francés y la rendición de Francia que desde ese momento pasaría a quedar bajo dominio del Tercer Reich. Como premio por aquella asombrosa victoria en el Frente Occidental, Rundest fue ascendido a mariscal de campo el 19 de Julio de 1940.

La invasión de la Unión Soviética fue la campaña más ambiciosa en la que tomaría parte el mariscal Gerd Rundest. Totalmente contrario a la Directiva Nº21 que fijaba la “Operación Barbarroja”, Rundest fue uno de los pocos militares en advertirle a Hitler y al resto de sus generales aduladores, que tarde o temprano la misión acabaría en un completo desastre. Lamentablemente y aunque nadie escuchó sus palabras, terminó aceptando el reto a sabiendas del riesgo y fue puesto al mando del multinacional Grupo de Ejércitos Sur compuesto por 1 millón de soldados de los VI, XI y XVII Ejércitos Alemanes y el I Grupo Panzer (I Panzergruppe); además del Ejército Rumano, el Cuerpo Móvil Húngaro, el Ejército Eslovaco y el Cuerpo Expedicionario Italiano.

Al iniciarse la “Operación Barbarroja” el 22 de Junio de 1941, el Grupo de Ejércitos Sur del mariscal Von Rundest cruzó la frontera de la Unión Soviética a través de los Cárpatos en Ucrania, avanzando muy velozmente sobre territorio enemigo porque las columnas de tanques Panzer, seguidas por la infantería germano-rumana, ocuparon Besarabia, Bukovina y Dniepropetrovsk, superando el Río Dniéper y liquidando a dos ejércitos rusos a los que provocaron 100.000 bajas en la Bolsa de Umán. Sin embargo, la mayor victoria de Rundest fue el cerco a la Bolsa de Kíev que terminó con la conquista de la capital de Ucrania tras un saldo 800.000 soldados soviéticos muertos o prisioneros, y siendo destruidas 22 divisiones del Ejército Rojo, un triunfo sin precedentes que fue considerado como el más exitoso movimiento en pinza de la Historia Militar.

Con la decisión de Hitler de modificar la “Operación Barbarroja” y optar por librar en último lugar la Batalla de Moscú, a la cual consideró un objetivo de importancia secundaria, Rundest le recriminó duramente por las consecuencias fatales que podría acarrear en el futuro. A pesar de todo, el general continuó con su impecable labor ocupando Ucrania, la Península de Crimea, Kharkov y el importante enclave de Rostov. Desgraciadamente toda esta suerte cambió con la llegada del invierno y el estancamiento del Ejército Alemán a causa del barro y la nieve, lo que llevó a Rundest a proponer al Führer una retirada provisional a la línea de Minsk a la espera de la primavera. No obstante y contra todo lo esperado, Hitler se enfadó tanto al escuchar la palabra “retirada”, que montó en cólera y gritó de manera humillante a su general, por lo que éste último, sintiéndose frustrado por sus diferencias con él, presentó su dimisión que inmediatamente fue aceptada por el Führer.

Entre 1942 y 1943 el mariscal Gerd Von Rundest vivió apartado del servicio militar, intentando recuperar sus salud a raíz de los dos infartos sufridos por el estrés acumulado durante la campaña en la Unión Soviética. Lamentablemente a lo largo de esta fase de la contienda, se cumplieron todos los males augurios de los que había intentado prevenir a Hitler con las continuas retirada en el Frente Oriental y con la presión de los Aliados Occidentales tras la entrada en la contienda de Estados Unidos.

General Gerd Von Rundest inspeccionando el frente.

Viendo que iba a ser necesario un milagro, Hitler decidió salvar sus diferencias con Rundest y en 1944 le pidió amablemente que volviese al servicio activo, ofreciéndole el puesto de comandante supremo del Frente Occidental, algo a lo que el mariscal accedió siguiendo su instinto de soldado. De nuevo en el trabajo, Rundest fue el encargado de organizar las defensas pertinentes para la invasión que los anglo-estadounidenses preparaban sobre Francia, colaborando en ello junto al mariscal Erwin Rommel, con quién tuvo ciertos roces debido a que mantenían diversas opiniones sobre la zona del desembarco. Precisamente Rundest defendía que la invasión había de ser repelida mediante fuerzas acorazadas dispersas en la retaguardia que posteriormente acudirían a las playas; mientras que Rommel prefería mantener a los Panzer en las costas para actuar inmediatamente. En esta ocasión el equivocado fue Rundest porque al tener producirse el desembarco de Normandía el 6 de Junio de 1944, los tanques estaban tan lejos del litoral que no pudieron llegar a tiempo para impedir que los norteamericanos consolidasen una cabeza de puente en Francia.

Roto el Frente Occidental sobre Normandía en el verano de 1944, el mariscal Rundest apenas pudo hacer nada para contener a la avalancha de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas dirigidas por el general Dwith Eisenhower que acabaron arrollando al Ejército Alemán en la Batalla de Falaise y posteriormente liberando París. Fue en este contexto cuando con motivo del colapso, Rundest pronunció una sus frases más famosas después de que el jefe del Estado Mayor, el general Wilhelm Keitel, le preguntase: “¿entonces qué debemos hacer?”; a lo que el mariscal respondió: “¡Haga la paz, imbécil”. Curiosamente aquel acto de rebeldía supuso su inmediata destitución.

En otoño de 1944, el mariscal Gerd Von Rundest nuevamente fue llamado por Hitler para tomar el mando del Frente Occidental durante la Batalla de las Ardenas, algo a lo que el mariscal accedió afirmando: “Con tantos jóvenes luchando, el más viejo de los soldados alemanes no puede quedarse en casa”. Como de costumbre, el mazazo inicial de la “Guerra Relámpago” o “Blitzkrieg” desarrollada magistralmente por Rundest fue contundente porque los alemanes volatilizaron las defensas enemigas, destruyeron más de tres divisiones al Ejército Estadounidense y abrieron importantes cuñas en Le Gleize y Saint Vith. No obstante y diferencia de lo ocurrido en 1940, el Ejército Alemán no tenía reservas ni combustible, por lo que la ofensiva fue detenida primero por la resistencia de unos paracaidistas en Bastogne y luego con la contraofensiva del III Ejército Blindado del general George Patton, lo que forzó la retirada de las tropas alemanas y la derrota total de Rundest a comienzos de 1945.

Oficialmente, la definitiva dimisión de Rundest se produjo tras la Batalla de las Ardenas a inicios de 1945. A partir de entonces, jubilado y desde su casa, contempló la destrucción del Tercer Reich que desapareció en Mayo de 1945. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial sobre Europa, el mariscal se rindió junto a su hijo, el general Hans Von Rundest, a las tropas del Ejército Estadounidense en Luxemburgo, con quienes colaboraron en la identificación de aquellos otros generales que no se hubiesen presentado a los centros de detención.

La estancia de Rundest en prisión fue breve por dos motivos: primero por sus 73 años de edad, así como su artritis y cáncer de garganta; y segundo porque no había perpetrado crímenes de guerra durante la contienda. Respecto a esto último, Rundest se había sentido defraudado en más de una ocasión por haber sido testigo de matanzas cometidas por otros generales en el Frente Oriental durante la “Operación Barbarroja”. Tan afectado se sintió por aquello, que voluntariamente decidió actuar como testigo en los Juicios de Nuremberg contra los generales Wilhelm Keitel y Alfred Jodl, quienes posteriormente fueron declarados culpables y ahorcados.

A comienzos de la postguerra, la vida fue muy dura tanto para Rundest como para su familia que por aquel entonces residía en la ciudad de Celle. Como consecuencia de la ruina de Alemania, todos sus miembros se encontraban sin dinero, su esposa Bila estaba enferma y él encima era un anciano sin fuerzas. A pesar de estas penalidades, el historiador militar británico Basil Liddle Hart, junto con el antiguo general alemán Günther Blumentrich, le aportaron dinero para sobrevivir hasta que finalmente el Gobierno de la República Federal Alemana accedió a prestarle su pensión de guerra.

La década de 1950 supuso una mejora en la vida del mariscal Gerd Von Rundest cuando comenzó a ayudar a numerosos historiadores para relatar en sus obras y enciclopedias la Segunda Guerra Mundial. Entre estos especialistas estuvieron su amigo Basil Liddle Hart o al director de cine Leo Carrol, a quién asesoró para filmar la película Rommel: El Zorro del Desierto que fue estrenada en 1952.

El 24 de Febrero de 1953, mariscal Gerd Von Rundest falleció de un ataque al corazón en Hannover. Hasta la fecha, la figura de este militar se había ganado el elogio de sus oponentes como el mismo general Dwith Eisenhower había llegado a afirmar con las siguientes palabras: “Hemos considerado siempre al feldmariscal Von Rundest como el más hábil comandante alemán”.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Karl Gerd Von Rundest”, S.A.R.P.E. (1978), p.322-324
-Javier García Cuerpo, Clío Biografías. Líderes Militares, II Guerra Mundial, “Gerd Von Rundstedt”, Revista Clío Biografías 4 (2015), p.30-33
-http://en.wikipedia.org/wiki/Gerd_von_Rundstedt