George Patton

“Viejo sangre y agallas (Old Blood and Guts)” como le apodaban, el general George Patton se convirtió en uno de los más brillantes militares de la Segunda Guerra Mundial y en el mejor comandante de los Estados Unidos del siglo XX. Artífice de haber machado a las fuerzas del Eje en África, Sicilia y Europa, los alemanes e italianos le llegaron a temer más a él que a cualquier otro.

General George Patton.

George Smith Patton Jr. nació el 11 de Noviembre de 1885 en el Rancho Lake Vineyard de San Gabriel en California, Estados Unidos. Hijo de Georges Smith Patton y Ruth Wilson, la genética de Patton, como si de un preludio se tratase, venía de una antigua tradición militar en muchos de sus antepasados. Por ejemplo un abuelo lejano fue Hugh Mercer, quién durante la Guerra de Independencia Americana en la Batalla de Princeton de 1777 comandó a un grupo de rebeldes contra los británicos hasta encontrar la muerte. Otros héroes en su familia se curtieron en el Ejército Confederado a lo largo de la Guerra de Secesión como George Smith Patton que lideró y murió como parte del 22º Regimiento de Virginia durante la Batalla de Winchester y Waller Tezewell Patton caído en la Batalla de Gettysburg.

A diferencia de otros niños y como consecuencia de su dislexia infantil que le dificultó aprender a leer y escribir, Patton estudió mediante un tutor particular en casa hasta la edad de 11 años, edad en la por fin fue enviado a la Escuela de Stephen Clark de Pasadena donde pasaría su adolescencia. En el colegio siempre destacó en materias como la Historia y en conocimientos sobre grandes estrategas como Escipión el Africano, Julio César, Aníbal Barca, Juana de Arco, Napoleón Bonaparte o John Mosby, además de convertirse en un aficionado de los héroes greco-latinos en obras como la La Iliada y La Odisea, y volverse en un auténtico experto en montar a caballo.

Desde muy joven Patton quiso ser militar y por eso en 1902 no dudó en escribir a un miembro del Senado, Thomas Bard, para ingresar en la Academia Militar de Estados Unidos. Lamentablemente durante el examen de admisión su nota fue tan baja en matemáticas que pudo acceder, por lo que tuvo que probar suerte en el Instituto Militar de Virginia. Una vez ingresado en dicho centro, Patton rápidamente destacó como cadete, ya fuese en los estudios o en su férrea disciplina. Su increíble currículum le llevó a ser elegido en 1904 para estudiar en la prestigiosa Academia Militar de West Point, donde demostró ser un excelentísimo alumno y gran luchador de esgrima, jugador de polo y de fútbol, sufriendo en este último deporte tres roturas de nariz y una flebitis. Sin embargo su mejor puntuación hasta la fecha fue graduarse el primero de su promoción en 1909 con el grado de segundo teniente de caballería.

Casualmente, durante unas vacaciones de verano en Isla Catalina, Patton conoció a la que sería el amor de su vida, Beatrice Banning Ayer, hija del rico industrial de Bostón Frederick Ayer. Los dos se casaron el 26 de Mayo de 1910 en la Granja Beverly de Massachusetts. Del matriminio nacieron dos hijas y un hijo en el siguiente orden: Beatrice Smith, Ruth Ellen y George Patton IV.

Juegos Olímpicos de 1912 en Estocolmo. Patton luchando a la esgrima.

Una de las primeras aventuras al extranjero de Patton fue participar en los Juegos Olímpicos de 1912 en Estocolmo, Suecia. Durante la prueba en el país escandinavo compitió en varios deportes dentro de un grupo de 42 contrincantes haciendo las siguientes calificaciones: 3º en equitación, 9º en esgrima, 15º en los 4.000 metros lisos y 21º en el tiro al blanco con pistola. También formando parte del Ejército Estadounidense logró otros premios deportivos, como ser nombrado Maestro de Espada (Master of the Sword) e inventar del sable M1913.

Por sus buenos resultados deportivos en Estocolmo, Patton fue seleccionado para los Juegos Olímpicos de México de 1916. Sin embargo, tras suspenderse el evento a causa de la Revolución Mexicana de Pancho Villa, el teniente pisaría este país por un motivo bien distinto, en este caso como parte de una intervención militar estadounidense. Bajo el mando del general John Pershing, Patton participó en la expedición a México dentro del 13º Regimiento de Caballería para acabar con los comunistas mexicanos de Pancho Villa y castigarlos tras su asalto y muertes de civiles en Columbia. Su primer bautismo de fuego tuvo lugar el 14 de Mayo de 1916, cuando al mando de un grupo de diez soldados del 6º Regimiento de Infantería montados en tres coches, asaltó una posición enemiga acabando Patton a tiro de su pistola Colt con dos guerrilleros mexicanos, uno de ellos Julio Cárdenas, el guardia personal de Pancho Villa. Como autorecompensa por la victoria, Patton grabó dos muescas en su pistola de márfil, unas señales que irían aumentado a lo largo de su vida. De hecho, cuando el general Pershing supo de la hazaña de Patton exclamó: “¡Tenemos un verdadero bandido en nuestras filas!”.

Tanque Renault FT francés al mando de Patton durante la Primera Guerra Mundial.

Cuando Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial contra Alemania, Patton desembarcó en Francia en Junio de 1917 como parte de la Fuerza Expedicionaria Americana (American Expeditionary Force) del general John Pershing con el rango de comandante de los nuevos carros de combate. Precisamente de los tanques, un arma casi desconocida hasta ese momento, Patton había sido un firme defensor como medio de sustitución al caballo. Por ese motivo se le otorgó el mando de las futuras tripulaciones de los carros de combate en París, donde pudo observar los blindados Renault FT del Ejército Francés en la Batalla de Cambrai como invitado de honor. Durante meses estuvo preparando a 500 tripulantes para manejar los Renault FT que Francia le prestó, siendo el único norteamericano en saber conducirlos antes de la llegada de los primeros voluntarios. Una vez las fuerzas acorazadas estuvieron listas en Agosto de 1918 bajo la denominación de 304ª Brigada Blindada, Patton lanzó a sus carros al combate durante la Batalla de Saint-Mihiel, escenario en el que se desenvolvieron con éxito, lo mismo que sucedió más tarde en la ofensiva del Meusse-Argonne. Sin embargo en esta última batalla, Patton fue gravemente herido el 25 de Septiembre por los alemanes cuando él y un sargento cometieron la locura de intentar tomar una colina en solitario sin ayuda de nadie.

Recuperado de sus heridas y obtenido el Corazón Púrpura, Patton regresó a la vida cuartelera en Estados Unidos como capitán instructor del Campo Meade de Maryland en 1919. Todos los reclutas que estuvieron bajo su mando recordaron a Patton como un jefe infinitamente estricto y amante de la férrea disciplina que no toleraba el más mínimo fallo, más propio de la cultura castrense prusiana que no de la más democrática estadounidense. De hecho Patton a diferencia de muchos militares norteamericanos, se vanagloriaba como hacían los oficiales ingleses de su origen aristocrático y obligaba a los soldados a dirigirse a él como tal. Ante dicho panorama, la mayoría de los reclutas que convivieron con él definieron a Patton como un “tirano asqueroso”. No obstante y a pesar de las críticas, Patton era el mejor y así lo fue demostrando durante la “Era de Entreguerras”.

Caballería estadounidense con Patton a la cabeza durante la Época de Entreguerras.

Durante algunos años Patton siguió impartiendo clases por diferentes cuarteles, entre estos el Fuerte Myer en 1920 y la Escuela de Caballería del Fuerte Riley de 1922 a 1923. Aquel mismo año Patton saltó a la fama tras rescatar del agua a unos niños que se estaban ahogando cuando disfrutaba de unas vacaciones en un yate de lujo en Salem. Casi inmediatamente al mismo tiempo también salvó a una mujer de ser raptada por tres hombres tras amenazarlos con su pistola. Dos años después, en 1925, fue destinado a la División Hawaiina en los cuarteles de Honolulú de las Islas Hawaii, siendo el responsable de supervisar las defensas de las islas a las que calificó de pobres e ineficaces sin que nadie le hiciese caso (su advertencia se haría realidad casi dos décadas después con el ataque japonés a Pearl Harbor). Sin embargo Patton continuó su carrera desarrollando conceptos para la guerra mecanizada en la Oficina del Estado Mayor de Caballería de Washington, trabajo que desempeñó de 1927 a 1931 defendiendo la tesis sobre un arma blindada independiente de la infantería. Al año siguiente, en 1932, lideró a 600 tropas junto al general Douglas MacArthur contra los manifestantes del “Bonus Army”, veteranos de la Gran Guerra que pedían cobrar sus pensiones, una tarea de la que Patton se sintió disgustado al tener que usar las bayonetas y gases lacrimógenos contra antiguos camaradas en la Avenida Pennsylvania. Pero a pesar de sus quejas por lo sucedido, Patton fue ascendido a teniente coronel en 1934 y tomó el mando de la División Hawaiina en 1935. La rotura de una pierna en 1937 le apartó por un tiempo de la vida militar, hasta que tras recuperarse en 1938, obtuvo el mando como general del 5º Regimiento de Caballería en Texas.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial en Europa en 1939, Patton fue llamado inmediatamente por el III Ejército Estadounidense para sumarse al arma acorazada ante un eventual probable conflicto contra el Eje. El 4 de Abril de 1941 Patton fue puesto al frente de la 2ª División Blindada que por aquel entonces contaba con más de 1.000 tanques. No mucho tiempo después, cuando Estados Unidos entró en la contienda tras el ataque de Japón a Pearl Harbor, Patton dirigió magistralmente las maniobras de entrenamiento a lo largo de 1942 para las tripulaciones de blindados en el Valle Imperial de California. Terminado el adiestramiento, Patton y sus hombres estuvieron listos para marchar al frente. Estas fueron las palabras del general: “El objetivo no es morir por vuestro país, sino que el enemigo muera por el suyo”.

Por fin el 7 de Noviembre de 1942, Patton, uno de los pocos generales que adoraba la guerra como si se tratase de un regalo divino, entró en acción al mando de la 2ª División Blindada sobre el África Occidental Francesa durante la “Operación Torch”, por aquel entonces bajo la tutela de la Francia de Vichy. Impaciente por entrar en combate a bordo del crucero USS Augusta, el arrojadizo general cometió el error de ordenar al buque abrir fuego contra la costa de Marruecos, lo que provocó la contestación de las baterías costeras vichystas que se cobraron con sus disparos el hundimiento de algunas barcazas. Pocos minutos después, entre las 8:00 y las 9:00, las 33.000 tropas de Patton desembarcaron entre Mehdia y Fedala a 25 kilómetros de la capital de Casablanca. Durante unas horas los vichystas franceses resistieron a los americanos, hasta que Patton rompió las defensas, entró con sus blindados en Casablanca y puso Marruecos bajo control estadounidense.

George Patton como general de las fuerzas estadounidense sobre África. En la fotografía observa sentado a sus columnas de tanques en Túnez.

Mientras Patton organizaba a sus fuerzas blindadas en Marruecos a principios de 1942, el Ejército Estadounidense en Túnez fue humillantemente vencido en la Batalla del Paso de Kasserine por los ejércitos de Alemania e Italia agrupados en el Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel. Como consecuencia de esta derrota, el general Llyod Fredenhall fue destituido del mando del II Cuerpo Estadounidense el 7 de Marzo de 1943 por el general Patton, en quién el jefe de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas, Dwith Eisenhower, depositó mucha confianza. Contra todo pronóstico y en inferioridad táctica, Patton se convirtió en el primer general estadounidense en vencer al Afrika Korps en campaña, exactamente durante la Batalla del Guettara, encuentro en el que los ítalo-germanos fueron expulsados del centro de Túnez con 6.000 bajas y la pérdida de 40 tanques a costa de 5.000 bajas norteamericanas y la destrucción de 55 tanques. Este enfrentamiento no dejó de ser meritorio porque Patton contaba con una serie de tanques escasamente blindados como los Sherman y Stuart, mientras que los alemanes disfrutaban en sus filas de los poderosos Panzer III, Panzer IV y el temido Tiger con su cañón de 88 milímetros. Tras los sucesos del Guettara, Patton se convirtió en el nuevo “Zorro del Desierto” después de Rommel, avanzando a través de las dunas del Desierto del Sáhara con impresionante rapidez e incluso sobrevolando la arena con su avión personal Stimson Voyager. Su misión en África concluyó tras la “Operación Vulcan” con la toma del puerto de Bon el 13 de Mayo de 1943, acción que puso fin a la campaña de Túnez y que hizo creerse a Patton ser descendiente del mismo Aníbal Barca tras visitar el antiguo campo de Batalla de Zama donde el general cartaginés fue derrotado por el romano Escipión el Africano en el año 202 a.C.

Patton de camino hacia Messina según el cartel tras él, conversa con el teniente Lyle Bernard en el pueblo de Brolo, Sicilia.

Sicilia fue invadida por los Aliados el 10 de Julio de 1943 durante la “Operación Husky”, estando Patton al mando del VII Ejército Estadounidense que desembarcó a lo largo de 80 kilómetros al sur de la isla con el objetivo de tomar Gela. Durante casi tres días Patton dirigió a sus hombres en la Batalla de Gela, enfrentándose a un contraataque de los robustos tanques Tiger a los que milagrosamente logró poner en retirada o destruir. Su amigo Omar Nelson Bradley, general del II Cuerpo Estadounidense, formó un dúo táctico con Patton muy compacto e incapaz de ser detenido por el enemigo. Sin embargo Patton tenía un rival, el mariscal Bernard Montgomery del VIII Ejército Británico, a quién le habían asignado la misión de llegar al puerto de Messina, algo de lo que no estaba en condiciones de cumplir porque los ingleses fueron frenados en seco por los italianos sobre el sector de Catania. Montogomery y Patton eran dos generales destinados a llevarse mal, ya que el mariscal inglés era precavido, refinado e inseguro; mientras que Patton era ansioso, arrojadizo y agresivo, lo que sin duda le convertía en el más fuerte. Por esa razón y a pesar de que Patton solicitase atacar hacia Palermo para rodear a los alemanes, su superior en el puesto de mando, el general inglés Harold Alexander, le denegó la propuesta con tal de no generar fricciones entre los dos ejércitos. No obstante el 17 de Julio, cansado de estar de brazos cruzados, Patton lanzó un ultimátum a Alexander: “General, le pido que me quite las esposas y me dé la orden de que el VII Ejército avance hacia el norte, tome Palermo y corte en dos al enemigo”. Finalmente Alexander accedió y Patton voló hacia Palermo, ocupando el puerto el 22 de Julio y haciendo 44.000 prisioneros italianos. Pero la cosa no quedó ahí, pues inmediatamente reinició la marcha y corrió por la costa oriental de Sicilia en una carrera con Montgomery hacia el Estrecho de Messina. Sorprendentemente el 17 de Agosto los tanques de Patton entraron triunfales en la ciudad sin encontrar resistencia, exactamente unas horas antes de que lo hiciesen los blindados de Montgomery. Aquel fue uno de los días más felices de Patton, no sólo por haber puesto en ridículo a su odiado Montgomery, sino porque gracias a él Estados Unidos se puso por delante de Gran Bretaña en efectividad y prestigio militar en la guerra europea contra el Eje.

Todo parecía ir viento en popa en la carrera militar de Patton tras convertirse en el general más aclamado de los Aliados, hasta que un incidente de lo más estúpido estuvo a punto de costarle su trayectoria y prestigio. Ocurrió durante la campaña de Sicilia, cuando Patton visitó un hospital repleto de heridos cerca de Troina, instalación en la que estuvo charlando y animando a unos pacientes con heridas terriblemente dolorosas. Justo antes de marcharse, se encontró en la salida con un soldado sentado sobre una caja que le pareció sospechoso. La conversación entre ambos se desarrolló de la siguiente manera: “¿qué te sucede muchacho?” (Patton); “nada, sólo que no lo soporto” (chico); “¿el qué no soportas?” (Patton); “no soporto que nadie me dispare” (chico); “¿quieres decir que estás aquí para evitar cumplir con tu deber?” (Patton). Furioso con aquel soldado, Patton le gritó, le acusó de ser un cobarde y le abofeteó sobre el caso con su guante. Los reproches surtieron efecto porque el soldado se envalentonó, salió del hospital, empuñó un arma y se presentó en el frente en donde por fin combatió sin miedo. El incidente podía haberse quedado ahí, pero de alguna manera llegó a los oídos de Eisenhower, quién evitando entrar en polémicas hizo a Patton pedir perdón al soldado, a los testigos del personal del hospital y a sus comandantes de división. No obstante el periodista Drew Pearson se enteró de lo sucedido y a través de la radio lo comentó a la opinión pública. El escándalo fue tal que en Estados Unidos muchos periódicos pidieron la dimisión de Patton y en Washington un senador solicitó que se le sometiese a un consejo de guerra, incluso hubo miles de padres y madres de los soldados en el Ejército Estadounidense que realmente se creyeron que los oficiales estaban maltratando a sus hijos. Ante aquellas absurdas exageraciones, Eisenhower inhabilitó a Patton de su rango de general durante el período de un año. Aquel castigo a Patton fue uno de los errores estratégicos más grandes cometidos por los Aliados y un enorme favor al Tercer Reich, ya que cuando se produjo la invasión de Italia en la cual él debía formar parte, todos los generales que pasaron por allí fueron unos incompetentes que cosecharon una derrota tras otra y dejaron el frente de la bota italiana estancado casi hasta el final de la guerra.

Guillermito, el fiel perro de Patton, jugando con su amo.

A lo largo de casi un año, Patton estuvo inactivo en Gran Bretaña ofreciendo conferencias y entrevistas, no sin continuar siendo polémico en sus declaraciones anticomunistas hacia la Unión Soviética, por aquel entonces aliada de Estados Unidos. En algunas ocasiones presidió determinados actos, como por ejemplo en Córcega, visitando a las autoridades de la Francia Libre tras recuperar la isla. No obstante su actividad favorita era pasear a su perro “Guillermito”, nombre en honor al Príncipe Guillermo. Sin embargo y a pesar de que Patton pudiese parecer un general desaprovechado por mantenerlo aburrido en la retaguardia, lo cierto era que Eisenhower ocultaba un as en la manga. Durante la primera mitad de 1944 Patton fue puesto al mando de un ejército acorazado inexistente en Inglaterra que increíblemente se equipaba con tanques de goma hinchables. Aquello hizo creer a los alemanes que Patton iba a ser el encargado de llevar a cabo la invasión de Europa, por lo que trasladaron gran parte de sus reservas hacia el Paso de Calais. El señuelo de Patton codificado como “Operación Fortitude” funcionó porque el Día D se desarrolló en Normandía, un sector escasamente guarnecido por el cual los Aliados pudieron avanzar hacia el interior de Francia. Consumado el engaño que Eisenhower había planeado con Patton y tras cumplir éste su año de condena, por fin ya estuvo listo para regresar al frente.

Tras un largo período de inactividad, Patton regresó a primera línea del Frente Occidental al mando del III Ejército Estadounidense en Normandía, estando por aquel entonces bajo la tutela del XII Grupo de Ejércitos del general Omar Bradley, su viejo amigo en África y Sicilia que ahora se encontraba por encima de él. Nada más llegar al frente, Patton rompió las líneas alemanas por Avranches, aisló a un importante núcleo de tropas germanas en Bretaña y neutralizó la base naval de Brest. Tras dar media vuelta con sus tanques hacia Normandía en un episodio conocido como la “Operación Cobra”, dejó embolsados a 60.000 alemanes en la Batalla de Falasise que terminaron por rendirse. Aquella fue la victoria más impresionante de Patton hasta la fecha y una vez más humilló a Montgomery, a quién tuvo que rescatar de su estancamiento durante la Batalla de Caen. Según relató el propio Patton durante la campaña acerca del gran espíritu combativo de sus hombres: “son unos hijos de perra al mando del mayor hijo de perra” (refiriéndose a él mismo).

Dado el punto final a la campaña de Normandía, Patton sin pedir consejo a sus superiores se lanzó con ambición hacia la frontera alemana. Sin embargo a la altura de Verdún, sus tanques se quedaron sin gasolina porque precisamente Eisenhower y Bradley le boicotearon para que no cometiese una locura suicida. Colérico por lo sucedido, Patton acusó a los mandos de favorecer a Montgomery a su costa, algo que de nuevo causó polémica. Entre las cosas que llegó a decirles estuvo lo siguiente: “Si me hubieras dejado seguir adelante habría terminado la guerra. En díez días llegaba al Rin”. Pero se hubo de conformar con Lorena, penetrando en dicha provincia franco-alemana y tomando el 23 de Noviembre tras dos meses de intensísima lucha la inexpugnable Fortaleza de Metz.

Pintura de Patton idealizado durante la Batalla las Ardenas en uniforme invernal y delante de sus tanques Sherman.

Repentinamente y sin nadie esperarlo, en Diciembre de 1944 el Ejército Alemán (Wehrmacht) lanzó su última gran ofensiva de la guerra en las Ardenas, rompiendo el Frente Occidental por Bélgica y Luxemburgo, destruyendo varias divisiones aliadas y poniendo al Ejército Estadounidense en retirada tras dejar embolsada en Bastogne a la 101ª División Aerotransportada. Con pocas esperanzas de salvar la situación, Eisenhower recurrió a Patton, el único que podía cambiar las cosas. Cuando le preguntó cuantas semanas tardaría en partir, ya que antes tenía que reorganizar a sus fuerzas en retirada, una tarea muy difícil, Patton le contestó para su estupefacción: “¡Ahora!”. Y ahora fue ahora, ya que en menos de 24 horas Patton salió con sus tanques rumbo a las Ardenas. Frente a él lo tenía todo en su contra: la superior mecanización de las fuerzas germanas, la ventisca de nieve que impedía salir al apoyo aéreo y uno de los mejores militares alemanes dirigiendo a sus oponentes, el mariscal Gerd Von Rundest. El avance fue complicadísimo, ya que las tormentas de nieve dejaron a Patton sin visibilidad en el terreno y las emboscadas alemanas a través de los bosques le provocaron bastantes bajas. Por si fuera poco los suministros no llegaban a tiempo y los soldados tuvieron que avanzar durante casi uno o dos días sin descansar ni apenas comer. Aquella era la primera vez que Patton se encontró en dificultades y al borde de una derrota. Fue entonces cuando el intrépido general, un ferviente religioso cristiano, acudió a su capellán James O’Neill, a quién le ordenó rezar a Dios para que en menos de 24 horas las nubes se despejasen. Sorprendentemente al día siguiente las nubes habían desaparecido y el Sol se presentó en el cielo, lo que le valió al capellán O’Neill ser condecorado por Patton por sus buenas relaciones con Dios. Con el cielo despejado, los blindados de Patton reanudaron la marcha y los aviones cayeron sobre las posiciones alemanas rociándolas de bombas. Por fin, a las 16:50 del 26 de Diciembre, Patton entró con sus carros en Bastogne, liberando del asedio a los paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada. Ante tal hazaña bélica, Patton calificó a su ejército como “el mejor del mundo”.

Nada más comenzar el año 1945, Bradley ordenó a Patton que atrincherase al III Ejército a la defensiva sobre la “Línea Sigfrido”, la poderosa fortificación que separaba Alemania de Bélgica. Pero como Patton detestaba la inmovilidad recomendó a su amigo que sería más útil tomando la estratégica ciudad de Tréveris, algo a lo que Bradley se negó alegando que para ello eran necesarias como mínimo cuatro divisiones. Sin embargo Patton hizo caso omiso y se lanzó a por Tréveris, conquistando la ciudad con sólo dos divisiones. Cuando llamó al puesto de mando para relatar lo sucedido explicó: “He tomado Tréveris con dos divisiones, ¿qué hago?, ¿se la devuelvo a los alemanes?”.

Fotografía izquierda: Patton con los generales americanos Dwith Eisenhower y Omar Bradley. Fotografía derecha: Patton con el mariscal británico Bernard Montgomery.

Alemania fue el siguiente destino de Patton, quién con su III Ejército atravesó la “Línea Sigfrido” y expandió a sus divisiones por el Palatinado, Eiffel, Alsacia y el Sarre. Como fichas de dominó las importantes ciudades de Trier, Coblenza, Bingen, Worms, Mainz, Kaiserslauten y Ludwigshafen cayeron en su poder. También el 22 de Marzo, Patton fue el primer general en cruzar el Río Rin mediante un puente improvisado que ordenó a sus ingenieros construir, dejando atrás a 37.000 alemanes aislados. Una vez llegó a la otra orilla escribió a Bradley mofándose: “Brad, díselo a todos. Quiero que todo el mundo sepa que el III Ejército ha pasado el Rin antes que Montgomery”. Durante el recorrido Patton obtuvo uno de sus mayores triunfos al capturar 82.000 prisioneros germanos a costa de 1.043 bajas propias. Pero lo mejor ocurrió en Abril de 1945, cuando las vanguardias de Patton convergieron sobre la cuenca industrial del Ruhr embolsando a 400.000 soldados alemanes que se rindieron apenas sin combatir. Aquella impresionante victoria obtenida por Patton en el Ruhr, le convirtió en el general aliado con más enemigos capturados dentro de una batalla en la Segunda Guerra Mundial.

La última carrera de Patton fue su fugaz avance de 50 kilómetros diarios hacia el Río Elba y Baviera, conquistando 84.860 kilómetros cuadrados de territorio alemán y provocando al Ejército Alemán (Wehrmacht) un total de 20.100 muertos, 47.700 heridos y 653.140 prisioneros; a costa únicamente de 2.102 muertos americanos, 7.954 heridos y 1.591 desaparecidos. A continuación el III Ejército de Patton penetró en Checoslovaquia, tomó la parte occidental de Bohemia y conquistó tras una breve batalla el 6 de Mayo la ciudad de Pilsen. No se le dejó invadir la capital de Praga, ya que Washington acordó con Moscú que sería el Ejército Rojo quién se encargase de la ciudad, decisión que motivó a Patton a señalar a ciertas altas esferas militares de tener infiltrados comunistas. Justo en ese momento, desde su llegada a África hasta su parada en Pilsen, las fuerzas de Patton a lo largo de todo el conflicto habían conquistado 210.000 kilómetros cuadrados de terreno enemigo.

Tanque Sherman con Patton caminando delante en un pueblo de Alemania.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial en Europa en Junio de 1945, Patton solicitó a Eisenhower que le enviase al Frente del Pacífico para combatir contra los japoneses. Sin embargo los mandos se negaron a concederle tal deseo, ya que le pusieron a la cabeza del Gobierno de Baviera. Durante su estancia en tierras bávaras, Patton autorizó a que en algunas localidades se mantuvieran en el puesto antiguos cargos del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP), ya que según él ellos eran quienes mejor conocían la situación de su país y los más fiables en la lucha que estaba por venir contra el comunismo. Precisamente por sus declaraciones públicas en contra de la Unión Soviética, e incluso tras una pelea verbal con el mariscal ruso Georgui Zhukov, así como otras polémicas en las que calificó a los judíos como “más bajos que los animales” y a los Partidos Demócrata y Republicano de Estados Unidos como “iguales que los nazis”, Patton fue destituido del mando por Eisenhower el 7 de Octubre de 1945.

Relevado del liderazgo del III Ejército, Patton se dedicó a realizar un viaje turístico durante unos días por Europa visitando ciudades como París, Rennes, Chartres, Reims, Verdún, Metz, Bruselas y Estocolmo. Fue entonces cuando Eisenhower solicitó de sus servicios una vez más, otorgándole el mando del XV Ejército, una fuerza secundaria dedicada a supervisar la “desnazificación” de Alemania. Sintiéndose humillado por ese puesto que terminó aceptando, Patton escribió a su esposa la intención de jubilarse antes de que llegase la Navidad.

Inesperadamente el 9 de Diciembre de 1945, cuando a bordo de su jeep Patton acudía a cazar con el general Horbart Gay, sufrió un choque accidental con un camión conducido por el sargento Robert Thompson, que le provocó unas fracturas muy graves en el cuello. Paralizado y sin poder moverse, fue trasladado a un hospital de Heidelberg e ingresado con daños irreparables en la espina dorsal. Durante casi dos semanas, Patton estuvo sufriendo intensos dolores acompañado de su familia que se trasladó desde Estados Unidos para no dejarle sólo. A pesar de que a veces aparentaba encontrarse mejor, los médicos no pudieron hacer nada por salvarle la vida después de encontrarle un edema pulmonar que empeoró su salud.

Finalmente, a las 18:00 horas del 21 de Diciembre de 1945, Patton murió de un ataque al corazón. Su último deseo fue ser enterrado en el campo de batalla junto a sus hombres, motivo por el cual, su cuerpo fue inmediatamente trasladado al Cementerio de Hamm en Luxemburgo, localidad que un año antes había sido uno de los lugares donde Patton había combatido durante su contraofensiva en las Ardenas.

Actor George Scott en la película Patton de 1970.

Extrovertido y polémico hasta el final, con incontables muescas en su pistola de marfil y convencido de haber encarnado a héroes míticos en vidas pasadas, George Patton pasaría a la Historia por ser el mejor de los generales aliados durante la Segunda Guerra Mundial y posiblemente también el más brillante militar de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “George Patton”, S.A.R.P.E. (1978), p.266-270
-Juan Antonio Guerrero y Gemma Lluch, Cine Bélico. Patton, “El extravagante general George S.Patton”, Planeta Deagostini (2004), p.5-8
-Mario Loizu, Clío Biografías. Líderes Militares, II Guerra Mundial, “George Smith Patton Jr”, Revista Clío Biografías 4 (2015), p.40-43
https://en.wikipedia.org/wiki/George_S._Patton