George Patton

“Viejo sangre y agallas (Old Blood and Guts)” fue el apodo que recibió el general George Patton durante la Segunda Guerra Mundial. Considerado el mejor militar de Estados Unidos en el siglo XX, se distinguió por aplastar contundentemente a las fuerzas germano-italianas del Eje sobre los teatros de operaciones de África, Sicilia y Europa Occidental, así como por convertirse en el más carismático líder táctico del bando de los Aliados.

General George Patton.

George Smith Patton Jr. nació el 11 de Noviembre de 1885 en el Rancho Lake Vineyard de San Gabriel en California. Hijo de Georges Smith Patton y Ruth Wilson, la genética de Patton procedía de una vieja tradición militar en muchos de sus antepasados, como por ejemplo su abuelo lejano Hugh Mercer, quién durante la Guerra de Independencia Americana en la Batalla de Princeton de 1777 comandó a un grupo de rebeldes hasta encontrar la muerte contra el Ejército Británico. También durante la Guerra de Secesión, miembros de su familia fueron importantes miembros del Ejército Confederado, como George Smith Patton que lideró el 22º Regimiento de Virginia y murió durante la Batalla de Winchester, o Waller Tezewell Patton caído en la Batalla de Gettysburg.

A diferencia de otros niños, Pattón sufrió de una dislexia infantil que le dificultó aprender a leer y escribir, por lo que tuvo que estudiar con un tutor particular en casa hasta la edad de 11 años, cuando por fin fue enviado a la Escuela de Stephen Clark de Pasadena donde pasaría su adolescencia. Durante su vida escolar deslumbró en materias como la historia y en conocimientos sobre grandes estrategas como Escipión el Africano, Julio César, Aníbal Barca, Juana de Arco, Napoleón Bonaparte o John Mosby, además de convertirse en un aficionado de los héroes greco-latinos en obras como la La Iliada y La Odisea, y volverse en un auténtico experto en varios deportes como montar a caballo.

Desde muy joven Patton aspiró a ser militar y por eso en 1902 no dudó en escribir a un miembro del Senado, Thomas Bard, para ingresar en la Academia Militar de Estados Unidos. Lamentablemente durante el examen de admisión su nota fue tan baja en matemáticas que no pudo acceder, por lo que tuvo que probar suerte en el Instituto Militar de Virginia. Una vez consiguió ingresar en dicha institución, Patton rápidamente destacó como cadete, ya fuese en los estudios o en su férrea disciplina. De hecho y gracias a su increíble currículum en 1904 fue admitido en la prestigiosa Academia Militar de West Point, donde demostró ser un excelentísimo alumno y gran luchador de esgrima, jugador de polo y de fútbol, sufriendo en este último deporte tres roturas de nariz y una flebitis. Sin embargo su mejor puntuación hasta la fecha la obtuvo al graduarse el primero de su promoción con el grado de segundo teniente de caballería en 1907.

Casualmente, durante unas vacaciones de verano en Isla Catalina, Patton conoció a la que sería el amor de su vida, Beatrice Banning Ayer, hija del rico industrial de Bostón Frederick Ayer. Los dos se casaron el 26 de Mayo de 1910 en la Granja Beverly de Massachusetts. Fruto del matrimonio nacieron dos hijas y un hijo en el siguiente orden: Beatrice Smith, Ruth Ellen y George Patton IV.

Juegos Olímpicos de 1912 en Estocolmo. Patton luchando a la esgrima.

Entre las primeras aventuras de Patton en el extranjero estuvo su participación en los Juegos Olímpicos de 1912 que se celebraron en Estocolmo. Durante la su estancia en Suecia, compitió en varios deportes dentro de un grupo de 42 contrincantes, logrando las siguientes calificaciones: 3º en equitación, 9º en esgrima, 15º en los 4.000 metros lisos y 21º en el tiro al blanco con pistola. Simultáneamente y formando parte del Ejército Estadounidense consiguió otros premios deportivos como ser nombrado Maestro de Espada (Master of the Sword) e inventar el sable M1913.

Gracias a los buenos resultados deportivos de Estocolmo, Patton fue seleccionado para los Juegos Olímpicos de México de 1916, por lo menos hasta que el evento fue cancelado como consecuencia de la Revolución Mexicana del líder guerrillero Pancho Villa. Fue entonces cuando el teniente pisaría este mismo país por un motivo bien distinto, ya que lo hizo como parte de una intervención militar del Ejército Estadounidense dentro del 13º Regimiento de Caballería al mando del general John Pershing que pretendía acabar con los comunistas mexicanos como venganza por la incursión y el asesinato de civiles en Columbia. De este modo, como miembro de la llamada “Expedición a México”, su primer bautismo de fuego tuvo lugar el 14 de Mayo de 1916, cuando al mando de un grupo de diez soldados del 6º Regimiento de Infantería montados en tres coches, asaltó una posición enemiga acabando a tiro de su pistola Colt con dos guerrilleros mexicanos, uno de ellos Julio Cárdenas, el guardia personal de Pancho Villa. Sorprendentemente y autorecompensa por dicha victoria, Patton grabó dos muescas en su pistola de marfil, unas señales que irían aumentado a lo largo de su vida. De hecho, cuando el general Pershing supo de la hazaña de Patton no dudó en anunciar: “¡Tenemos un verdadero bandido en nuestras filas!”.

Tanque Renault FT francés al mando de Patton durante la Primera Guerra Mundial.

Al entrar Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial contra Alemania, Patton desembarcó en Francia en Junio de 1917 como parte de la Fuerza Expedicionaria Americana (American Expeditionary Force) del general John Pershing con el rango de comandante de los nuevos carros de combate. Precisamente de los tanques, un arma casi desconocida hasta ese momento, Patton había sido un firme defensor como medio de sustitución al caballo. Por ese motivo se le otorgó el mando de las futuras tripulaciones de los blindados en París, donde como invitado de honor pudo observar a los Renault FT del Ejército Francés en la Batalla de Cambrai. A partir de entonces y durante los meses siguientes, estuvo preparando a 500 tripulantes para manejar los Renault FT prestados por Francia, siendo el único oficial norteamericano en saber conducirlos antes de la llegada de los primeros voluntarios. Así pues, una vez las fuerzas acorazadas estuvieron listas en Agosto de 1918 bajo la denominación de 304ª Brigada Blindada, Patton lanzó a sus carros hacia el enemigo durante la Batalla de Saint-Mihiel, escenario en el que se desenvolvieron con éxito, lo mismo que sucedió más tarde durante la ofensiva del Meusse-Argonne. Sin embargo en esta última acción, Patton fue gravemente herido el 25 de Septiembre por los alemanes cuando él y un sargento cometieron la locura de intentar tomar una colina en solitario sin ayuda de nadie (al cabo de un mes concluiría la Gran Guerra).

Recuperado de sus heridas y obtenido el Corazón Púrpura al término de la Primera Guerra Mundial, Patton regresó a la vida cuartelera en Estados Unidos como capitán instructor del Campo Meade de Maryland en 1919. En este recinto, todos los reclutas que estuvieron bajo su mando recordaron a Patton como un jefe infinitamente estricto y amante de la férrea disciplina que no toleraba el más mínimo fallo, más propio de la cultura castrense prusiana que no de la más democrática estadounidense. De hecho Patton y a diferencia de muchos militares norteamericanos, se vanagloriaba como hacían los oficiales ingleses de su origen aristocrático y obligaba a los soldados a dirigirse a él como tal. Ante dicho trato, la mayoría de los reclutas que convivieron con él definieron a Patton como un “tirano asqueroso”. No obstante y a pesar de las críticas, Patton era el mejor y así lo fue demostrando durante la “Era de Entreguerras”.

Caballería estadounidense con Patton a la cabeza durante la “Era de Entreguerras”.

Durante la “Era de Entreguerras”, Patton impartió clases en diferentes cuarteles de Estados Unidos, entre estos el Fuerte Myer en 1920 y la Escuela de Caballería del Fuerte Riley de 1922 a 1923. Como curiosidad aquel mismo año, su nombre saltaría a la fama tras rescatar del agua a unos niños que se estaban ahogando cuando disfrutaba de unas vacaciones en un yate de lujo anclado en Salem; además de salvar la vida a una mujer que estaba siendo raptada por tres hombres después de amenazarlos valientemente a punta de su pistola (la prensa difundió ambos hechos).

A partir de 1925, Patton fue destinado a la División Hawaiiana en los cuarteles de Honolulú de las Islas Hawaii, siendo el responsable de supervisar las defensas de las islas a las que calificó de pobres e ineficaces sin que nadie le hiciese caso (su advertencia se haría realidad casi dos décadas después con el ataque japonés a Pearl Harbor). Sin embargo Patton continuó su carrera desarrollando conceptos para la guerra mecanizada en la Oficina del Estado Mayor de Caballería de Washington, trabajo que desempeñó de 1927 a 1931 defendiendo la tesis sobre un arma blindada independiente de la infantería. Al año siguiente, en 1932, lideró junto al general Douglas MacArthur a un contingente de 600 tropas contra los manifestantes del “Bonus Army”, la mayoría veteranos de la Gran Guerra que pedían cobrar sus pensiones (una tarea por la que Patton se sintió disgustado tras verse obligado a usar bayonetas y gases lacrimógenos contra antiguos camaradas en la Avenida Pennsylvania). No obstante y pese a sus quejas por lo sucedido, Patton fue ascendido a teniente coronel en 1934 y tomó el mando de la División Hawaiina en 1935. La rotura de una pierna en 1937 le apartó por un tiempo de la vida militar, hasta que tras recuperarse en 1938, obtuvo el mando como general del 5º Regimiento de Caballería en Texas.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa en 1939, Patton fue llamado inmediatamente por el III Ejército Estadounidense para organizar el arma acorazada ante un eventual conflicto contra las potencias del Eje. Así fue como el 4 de Abril de 1941, el general fue puesto al mando de la 2ª División Blindada que por aquel entonces contaba con más de 1.000 tanques. Al frente de esta agrupación, se enteró de la entrada de Estados Unidos en la contienda tras el ataque de Japón a Pearl Harbor el 7 de Diciembre de 1941, por lo que inmediatamente y desde 1942 preparó a sus tropas dirigiendo unas maniobras de entrenamiento destinadas especialmente a las tripulaciones de blindados que se ejercitaron en el Valle Imperial de California. Terminada dicha instrucción, las palabras de Patton a sus hombres fueron las siguientes: “El objetivo no es morir por vuestro país, sino que el enemigo muera por el suyo”.

El 7 de Noviembre de 1942, George Patton fue elegido para liderar la 2ª División Blindada durante la “Operación Torch” contra el África Occidental Francesa en Marruecos, que por aquel entonces estaba bajo la tutela de la Francia de Vichy y por tanto del Eje. Impaciente por entrar en combate mientras esperaba a bordo del crucero USS Augusta, el arrojadizo general cometió el error de ordenar al buque abrir fuego contra la costa marroquí, lo que provocó la contestación de las baterías costeras del Ejército Vichysta que con sus disparos hundieron algunas barcazas y mataron unos pocos estadounidenses. Al cabo de unos minutos de este incidente, entre las 8:00 y las 9:00 de la mañana, las 33.000 tropas de Patton desembarcaron entre Mehdia y Fedala, donde durante varias horas los vichystas franceses resistieron a los norteamericanos, hasta que Patton rompió los 25 kilómetros de las defensas enemigas, entró con sus blindados en Casablanca y puso Marruecos bajo control de Estados Unidos.

George Patton, como general de las fuerzas estadounidense sobre África. En la fotografía observa sentado a sus columnas de tanques en Túnez.

A finales de 1942, el Ejército Estadounidense en Túnez fue vencido en la Batalla del Paso de Kasserine por los ejércitos de Alemania e Italia agrupados en el Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel. Como consecuencia de esta derrota, el responsable de la tragedia que era el general Llyod Fredenhall, fue destituido del mando del II Cuerpo Estadounidense por el mucho más prometedor general Patton, a quién Dwith Eisenhower, jefe de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas, confió la misión el 7 de Marzo de 1943. Contra todo pronóstico y en inferioridad táctica, Patton se convirtió en el primer general del Ejército Estadounidense en vencer al Afrika Korps durante la Batalla del Guettara, donde los ítalo-germanos fueron expulsados del centro de Túnez con 6.000 bajas y la pérdida de 40 tanques a costa de 5.000 bajas propias y la destrucción de 55 tanques (lo que no dejó de ser meritorio porque los blindados norteamericanos eran del modelo Sherman y Stuart, ambos escasamente acorazados, mientras que los alemanes disfrutaron en sus filas de los poderosos Panzer III, Panzer IV y el temido Tiger con su cañón de 88 milímetros). A raíz de los sucesos de la Batalla del Guettara, Patton se convirtió en el nuevo “Zorro del Desierto” después de Rommel, avanzando a través de las dunas del Desierto del Sáhara con impresionante rapidez e incluso sobrevolando la arena con su avión personal Stimson Voyager. De este modo y después de una serie de victorias en la Cordillera del Atlas, su misión concluyó en la “Operación Vulcan” tras la toma del puerto de Bon el 13 de Mayo de 1943, acción que puso fin a la campaña de Túnez y por la que él mismo creyó ser descendiente del mismo Aníbal Barca cuando visitó el antiguo campo de Batalla de Zama (el lugar en que el cartaginés fue derrotado por el general Escipión el Africano enviado por Roma en el año 202 a.C.).

Patton de camino hacia Messina conversa con el teniente Lyle Bernard en el pueblo de Brolo, Sicilia.

Cuando Sicilia fue invadida por los Aliados el 10 de Julio de 1943 durante la “Operación Husky”, Patton estuvo al mando del VII Ejército Estadounidense que desembarcó a lo largo de 80 kilómetros al sur de la isla con el objetivo de tomar Gela. Durante casi tres días, Patton dirigió a sus hombres durante los combates en la ciudad y rechazó un contraataque de tanques Tiger, contando con la ayuda del general y amigo Omar Nelson Bradley que lideraba el II Cuerpo Estadounidense (con quién formó un dúo táctico formidable). Al mismo tiempo, a Patton le surgió un rival encarnado por el mariscal Bernard Montgomery del VIII Ejército Británico, a quién le habían asignado la misión de conquistar el puerto de Messina, algo que no estaba en condiciones de cumplir porque las tropas inglesas fueron detenidas en seco por el Ejército Italiano sobre el sector de Catania. A partir de ese instante surgió una enemistad profunda, ya que Montgomery y Patton eran dos militares destinados a llevarse mal, pues el mariscal inglés era precavido, refinado e inseguro; mientras que Patton era ansioso, arrojadizo y agresivo, lo que sin duda le convertía en el más fuerte. Por dicha razón, Patton no dudó en solicitar lanzar una ofensiva hacia Palermo para rodear al Ejército Ítalo-Ameán desde el oeste, una propuesta a que su superior, el general inglés Harold Alexander, le denegó para evitar fricciones entre ambos ejércitos. No obstante y cansado de permanecer de brazos cruzados en Gela, Patton lanzó el siguiente ultimátum a Alexander: “General, le pido que me quite las esposas y me dé la orden de que el VII Ejército avance hacia el norte, tome Palermo y corte en dos al enemigo”. Finalmente Alexander no tuvo más remedio que aceptar y Patton voló hacia Palermo, ocupando el puerto el 22 de Julio y haciendo 44.000 prisioneros al Ejército Italiano, no sin antes girar hacia el este y marchar por la costa norte de Sicilia en una carrera contra Montgomery hacia el Estrecho de Messina. De este modo, el 17 de Agosto, los tanques de Patton entraron triunfales en el puerto de Messina sin encontrar resistencia, exactamente unas horas antes de que lo hiciesen los blindados de Montgomery. Cosechado el triunfo, aquella victoria fue uno de los momentos más felices de la vida de Patton, no sólo por haber puesto en ridículo a Montgomery, sino porque gracias a él Estados Unidos se puso por delante de Gran Bretaña en prestigio militar dentro del bando de los Aliados.

Como consecuencia de la conquista de Sicilia, George Patton se convirtió en el general más aclamado por los Aliados Occidentales, hasta que un incidente de lo más estúpido estuvo a punto de costarle su trayectoria y también su prestigio. Todo ocurrió durante una de las fases de la campaña de Sicilia, cuando Patton visitó un hospital repleto de heridos cerca de Troina, en cuyas instalaciones estuvo charlando y animando a unos pacientes con heridas terriblemente dolorosas. Justo antes de marcharse, se encontró en la salida con un soldado sentado sobre una caja que le pareció sospechoso. La conversación entre ambos se desarrolló de la siguiente manera: “¿qué te sucede muchacho?” (Patton); “nada, sólo que no lo soporto” (chico); “¿el qué no soportas?” (Patton); “no soporto que nadie me dispare” (chico); “¿quieres decir que estás aquí para evitar cumplir con tu deber?” (Patton). Furioso con aquel soldado, Patton le gritó, le acusó de ser un cobarde y le abofeteó sobre el casco con su guante. Los reproches surtieron efecto porque el soldado se envalentonó, salió del hospital, empuñó un arma y se presentó en el frente, donde combatió con valentía. Curiosamente el incidente podía haberse quedado ahí, pero de alguna manera llegó a los oídos del general Dwith Eisenhower, quién evitando generar una polémica, obligó a Patton a pedir perdón al soldado, a los testigos del personal del hospital y a sus comandantes de división. No obstante el periodista Drew Pearson se enteró de lo sucedido y a través de la radio lo comentó a la opinión pública. El escándalo fue tal que en Estados Unidos muchos periódicos pidieron la dimisión de Patton y en Washington un senador solicitó que se le sometiese a un consejo de guerra, incluso hubo miles de padres y madres de los soldados en el Ejército Estadounidense que realmente se creyeron que los oficiales estaban maltratando a sus hijos. Ante aquellas absurdas exageraciones, Eisenhower inhabilitó a Patton de su rango de general durante el período de un año. Aquel castigo, fue uno de los mayores errores estratégicos cometidos por los Aliados y un enorme favor al Tercer Reich, ya que cuando se produjo la invasión de Italia que el propio Patton tendría que haber liderado, todos los generales que participaron en la campaña fueron unos incompetentes que cosecharon una derrota tras otra y dejaron el frente de la Península Itálica estancado casi hasta el final de la contienda en Europa.

Guillermito, el fiel perro de Patton, jugando con su amo.

Entre finales de 1943 e inicios de 1944, Patton permaneció inactivo en Gran Bretaña ofreciendo conferencias y entrevistas, no sin continuar siendo polémico en sus declaraciones anticomunistas hacia la Unión Soviética, por aquel entonces un socio de Estados Unidos, o su actitud hacia la Francia Libre durante un acto que presidió en Córcega. Sin embargo su actividad favorita era pasear a su perro “Guillermito”, nombre en honor al Príncipe Guillermo, que no dudaba en lucir y presentar a todos los eventos de cara a la opinión pública. Mientras tanto el general Dwith Eisenhower, a sabiendas de que tener a Pattón inactivo era un error, decidió guardarse un “as en la manga” porque durante la primera mitad de 1944 lo puso al mando de un ejército acorazado inexistente en Inglaterra, formado por tanques de goma hinchables, que hicieron creer a los alemanes que el arrojadizo general iba a ser el encargado de llevar a cabo la invasión de Europa a través del Paso de Calais. El señuelo de Patton, codificado como “Operación Fortitude”, funcionó porque el Día D se desarrolló en Normandía, un sector escasamente guarnecido por el que los Aliados pudieron avanzar hacia el interior de Francia. Consumado el engaño y después de haberse cumplido casi un año del castigo, Eisenhower volvió a llamar al servicio a Patton.

En el verano de 1944, el general George Patton Patton fue enviado al Frente Occidental al mando del III Ejército Estadounidense en Normandía, estando por aquel entonces bajo la tutela del XII Grupo de Ejércitos del general Omar Bradley, su viejo amigo en África y Sicilia (ahora por encima de él en el escalafón). En cuanto Patton tomó el control de sus tropas, rompió las líneas del Ejército Alemán por Avranches, aisló a un importante núcleo de tropas germanas en Bretaña y neutralizó la base naval de Brest. Acto seguido dio media vuelta con sus tanques hacia Normandía en un episodio conocido como la “Operación Cobra”, dejando embolsados a 60.000 alemanes en la Batalla de Falasise que terminaron por rendirse a los Aliados. Curiosamente aquella fue la victoria más impresionante de Patton hasta la fecha, además de humillar otra vez Montgomery, a quién tuvo que rescatar de su estancamiento durante la Batalla de Caen. A raíz de estos hechos, el propio Patton elogió el gran espíritu combativo de sus hombres con las siguientes palabras: “son unos hijos de perra al mando del mayor hijo de perra” (refiriéndose a él mismo).

Concluida la campaña de Normandía, el general George Patton avanzó sin permiso hacia la frontera del Tercer Reich hasta que a la altura de Verdún sus tanques se quedaron sin gasolina porque precisamente los generales Dwith Eisenhower y Omar Bradley le boicotearon (para que no cometiese una locura suicida). Colérico por lo sucedido, Patton acusó a los mandos de favorecer al mariscal Bernanrd Montgomery a su costa, algo que de nuevo causó polémica porque según él mismo manifestó: “Si me hubiérais dejado seguir adelante habría terminado la guerra. En diez días llegaba al Rin”. Pero se hubo de conformar con Lorena, penetrando en dicha provincia franco-alemana y tomando el 23 de Noviembre, después de dos meses de intensísima lucha en los bosques, la inexpugnable Fortaleza de Metz.

Pintura de Patton idealizado durante la Batalla las Ardenas en uniforme invernal y delante de sus tanques Sherman.

En Diciembre de 1944, el Ejército Alemán lanzó su última gran ofensiva en un acontecimiento conocido como la Batalla de las Ardenas, rompiendo el Frente Occidental por Bélgica y Luxemburgo, y destruyendo varias divisiones enemigas tras poner en fuga al Ejército Estadounidense y dejar embolsada en Bastogne a la 101ª División Aerotransportada. Con pocas esperanzas de salvar la situación, Eisenhower recurrió a Patton, el único que podía cambiar las cosas. Cuando le preguntó cuantas semanas tardaría en partir, ya que antes tenía que reorganizar a sus fuerzas en retirada, Patton le contestó ante su más completa estupefacción: “¡Ahora!”. Y eso ocurrió porque de manera inmediata las fuerzas acorazadas de Patton partieron hacia las Ardenas pese a tenerlo todo en su contra: la superior mecanización de las fuerzas germanas, la ventisca de nieve que impedía al apoyo aéreo y uno de los mejores militares alemanes dirigiendo a sus oponentes, el mariscal Gerd Von Rundest. El avance fue complicadísimo, ya que las tormentas de nieve dejaron a Patton sin visibilidad en el terreno y las emboscadas alemanas a través de los bosques le provocaron bastantes bajas. Por si fuera poco los suministros no llegaban a tiempo y los soldados tuvieron que progresar durante dos días sin descansar ni apenas comer. Sin duda alguna aquella fue la primera vez que Patton se encontró en serias dificultades y estuvo al borde real de una derrota, hasta que el general, que era un ferviente religioso cristiano, se le ocurrió acudir a su capellán James O’Neill, a quién le ordenó rezar a Dios para que en menos de veinticuatro horas las nubes se despejasen. Sorprendentemente al día siguiente amaneció totalmente soleado (lo que le valió al capellán O’Neill ser condecorado por sus buenas relaciones con Dios), por lo que a continuación los blindados reanudaron la marcha y los aviones cayeron sobre las posiciones alemanas rociándolas de bombas. Así fue como a las 16:50 del 26 de Diciembre, Patton entró con sus carros en Bastogne, liberando del asedio a los paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada. A raíz de esta impresionante hazaña bélica, el mismo Patton calificó a su ejército como “el mejor del mundo”.

A comienzos del año 1945, el general Omar Bradley ordenó a George Patton que atrincherase al III Ejército a la defensiva sobre la “Línea Sigfrido”, la poderosa fortificación que separaba Alemania de Bélgica. No obstante y como Patton detestaba la inmovilidad recomendó a su amigo que sería más útil tomando la estratégica ciudad de Tréveris, algo a lo que Bradley se negó alegando que para ello eran necesarias como mínimo cuatro divisiones. Sin embargo Patton hizo caso omiso y se lanzó a por Tréveris, conquistando la ciudad con sólo dos divisiones. Cuando llamó al puesto de mando para relatar lo sucedido explicó: “He tomado Tréveris con dos divisiones, ¿qué hago?, ¿se la devuelvo a los alemanes?”.

Fotografía izquierda: Patton con los generales americanos Dwith Eisenhower y Omar Bradley. Fotografía derecha: Patton con el mariscal británico Bernard Montgomery.

Alemania fue el siguiente destino de Patton, quién con su III Ejército atravesó la “Línea Sigfrido” y expandió a sus divisiones sobre el Palatinado, Eiffel, Alsacia y el Sarre. Como fichas de dominó, las importantes ciudades de Trier, Coblenza, Bingen, Worms, Mainz, Kaiserslauten y Ludwigshafen cayeron en su poder; mientras que el 22 de Marzo, fue el primer general aliado en cruzar el Río Rin mediante un puente improvisado que ordenó a sus ingenieros construir, dejando atrás a 37.000 soldados alemanes aislados. De hecho, una vez alcanzó la otra orilla, escribió a su amigo Bradley mofándose: “Brad, díselo a todos. Quiero que todo el mundo sepa que el III Ejército ha pasado el Rin antes que Montgomery”. Cosechado el triunfo y durante su recorrido posterior, Patton obtuvo otro de sus mayores logros al capturar 82.000 prisioneros germanos a costa de 1.043 bajas propias. Sin embargo, lo mejor ocurrió en Abril de 1945, cuando sus vanguardias convergieron sobre la cuenca industrial del Ruhr embolsando a 400.000 soldados alemanes que se rindieron apenas sin combatir. Aquella impresionante victoria en el Ruhr, convirtió a Patton en el general aliado con más enemigos capturados dentro de una batalla en la Segunda Guerra Mundial.

La última carrera de Patton fue su fugaz avance de 50 kilómetros diarios hacia el Río Elba y Baviera, conquistando 84.860 kilómetros cuadrados de territorio alemán y provocando al Ejército Alemán un total de 20.100 muertos, 47.700 heridos y 653.140 prisioneros; a costa únicamente de 2.102 muertos norteamericanos, 7.954 heridos y 1.591 desaparecidos. A continuación el III Ejército de Patton penetró en Checoslovaquia, ocupó la parte occidental de Bohemia y conquistó tras una breve batalla la ciudad de Pilsen el 6 de Mayo. Lamentablemente no se le dejó invadir la capital de Praga, ya que el Gobierno de Washington acordó con el Kremlin de Moscú que el Ejército Rojo sería el encargado de invadir la metrópoli, una decisión que condujo a Patton a acusar de la existencia de infiltrados comunistas en las altas esferas militares del Estado Mayor. No obstante y pese a este intento frustrado de ir Praga, el general podía sentirse orgulloso porque desde su llegada a África hasta su parada en Pilsen, sus fuerzas habían conquistado 210.000 kilómetros cuadrados de terreno enemigo.

Tanque Sherman con Patton caminando en un pueblo de Alemania.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial en Europa en Junio de 1945, Patton solicitó a Eisenhower que le enviase al Frente del Pacífico para combatir contra el Imperio Japonés. Sin embargo, los mandos se negaron a concederle tal deseo, ya que le pusieron a la cabeza provisional del Gobierno de Baviera. Durante su estancia en tierras bávaras, Patton autorizó a que en ciertas localidades se mantuvieran en el puesto antiguos cargos del Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP), ya que según el general, los antiguos gobernadores “gauleiter” eran quienes mejor conocían la situación de su país y los más fiables en la lucha que estaba por venir contra el comunismo. Precisamente por sus declaraciones públicas en contra de la Unión Soviética, e incluso tras una pelea verbal con el mariscal ruso Georgui Zhukov, así como otras polémicas en las que calificó a los judíos como “más bajos que los animales” y a los Partidos Demócrata y Republicano de Estados Unidos como “iguales que los nazis”, Patton fue destituido del mando por Eisenhower el 7 de Octubre de 1945.

Relevado del liderazgo del III Ejército, Patton se dedicó a realizar un viaje turístico durante unos días por Europa visitando ciudades como París, Rennes, Chartres, Reims, Verdún, Metz, Bruselas y Estocolmo. Fue entonces cuando Eisenhower solicitó de sus servicios una vez más, otorgándole el mando del XV Ejército, una fuerza secundaria dedicada a supervisar la “desnazificación” de Alemania. Sintiéndose humillado por ese puesto que terminó aceptando, Patton escribió a su esposa la intención de jubilarse antes de que llegase la Navidad.

Inesperadamente el 9 de Diciembre de 1945, cuando Patton viajaba a bordo de su jeep junto al general Horbart Gay, sufrió un choque accidental con un camión conducido por el sargento Robert Thompson, que le provocó una serie de fracturas muy graves en el cuello. Completamente paralizado y sin poder moverse, fue trasladado al Hospital de Heidelberg e ingresado con daños irreparables en la espina dorsal según el diagnóstico de los doctores. Desde entonces y a lo largo de casi dos semanas, Patton estuvo sufriendo intensos dolores acompañado de su familia que se trasladó desde Estados Unidos para no dejarle sólo, además de recibir varios tratamientos que en ningún caso le hicieron efecto. Curiosamente y pesar de que a veces aparentó encontrarse mejor, los médicos no pudieron hacer nada por salvarle la vida después de encontrarle un edema pulmonar que empeoró su salud.

Actor George Scott en la película Patton de 1970.

A las 18:00 horas del 21 de Diciembre de 1945, Patton falleció de un ataque al corazón. Su último deseo fue ser enterrado en el campo de batalla junto a sus hombres, motivo por el cual fue trasladado al Cementerio de Hamm en Luxemburgo, un pueblo que un año antes había sido testigo de la arremetida acorazada de Patton durante su contraofensiva en la Batalla de las Ardenas. Así fue, como extrovertido y polémico hasta el final, con incontables muescas en su pistola de marfil y convencido de haber encarnado a héroes míticos en vidas pasadas, George Patton pasaría a la Historia por ser el mejor de los generales del bando de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial y también el más brillante de los Estados Unidos de Norteamérica.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “George Patton”, S.A.R.P.E. (1978), p.266-270
-Juan Antonio Guerrero y Gemma Lluch, Cine Bélico. Patton, “El extravagante general George S.Patton”, Planeta Deagostini (2004), p.5-8
-Mario Loizu, Clío Biografías. Líderes Militares, II Guerra Mundial, “George Smith Patton Jr”, Revista Clío Biografías 4 (2015), p.40-43
https://en.wikipedia.org/wiki/George_S._Patton