Erich Von Manstein

El general Erich Von Manstein fue uno de los más brillantes militares del Ejército Alemán (Wehrmacht) durante la Segunda Guerra Mundial. Autor de la conquista de Francia en 1940 y de muchas otras victorias durante la “Operación Barbarroja” y en el Frente Oriental de la Unión Soviética, se convertiría en uno de los máximos maestros del “arte de la guerra” de todo el siglo XX.

Mariscal alemán Erich Von Manstein.

Erich Von Lewinski nació el 24 de Noviembre de 1887 en Berlín, por aquel entonces en la Alemania del Segundo Reich. Su padre fue el general de artillería Eduard Von Lewinski y su madre Helene Von Sperling, ambos de la Casa Borchwicz que mezclaba ancestros originarios de Polonia, Prusia y Rusia. Una vez muertos sus progenitores a temprana edad, Manstein sería adoptado por su tío, el general Georg Von Manstein de quién tomaría orgulloso su apellido porque por su linaje habían pasado hasta 12 generales diferentes, entre ellos Albrecht Gustav Von Manstein (héroe de la Guerra Franco-Prusiana de 1870-1871) y Paul Von Hindenburg (futuro vencedor de la Batalla de Tannenberg en 1914 y Presidente de Alemania de 1925 a 1934).

Desde muy pequeño Von Manstein fue educado en las costumbres castrenses y en la religión católica tras su ingreso en el Liceo Imperial de Estrasburgo, donde estudió de 1894 a 1899, hasta que en 1900 se incorporó al Cuerpo de Cadetes de Plön, aprobando los exámenes posteriores con los que accedió al Colegio Militar de Gross Lichterfeldte en 1906. Sería precisamente en este centro, en cuyas instalaciones demostraría grandes dotes militares sacando unas notas excelentes, lo que le favoreció ser ascendido a teniente en 1907 dentro del 3º Regimiento de la Guardia Imperial Prusiana.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en Agosto de 1914, Von Manstein participó en la invasión de Bélgica como parte del 2º Regimiento de Reserva de Guardias Imperiales, distinguiéndose especialmente en la conquista de Namur. Al cabo de un mes, en Septiembre, fue trasladado al Frente Oriental junto al VIII Ejército de su tío, el general Paul Von Hindenburg, donde entre finales de 1914 e inicios de 1915 combatió en la Batalla de los Lagos Masurianos, avanzó sobre la Alta Silesia, irrumpió en Polonia y entró triunfalmente en la capital de Varsovia, siendo ascendido por sus acciones durante este período al rango de capitán. Al año siguiente, en 1916, Von Manstein estuvo presente en la Batalla del Somme en Francia y en 1917 en la Batalla de Riga sobre Estonia; antes de que en 1918 fuese miembro del Estado Mayor de la 213ª División de Infantería que luchó en la Batalla de Reims hasta que se produjo la derrota de Alemania.

Terminada la Gran Guerra en 1918, Von Manstein fue enviado a la Fuerza Defensiva Fronteriza de Breslau y posteriormente elegido como unos de los 4.000 oficiales autorizados por las cláusulas del Tratado de Versalles para constituir el Ejército de la República de Weimar (Reichswehr). Al mismo tiempo en que todo esto sucedía, el capitán aprovechó sus grandes ratos de tiempo libre para formar una familia y casarse con una mujer llamada Jutta Sibylle Von Loesch, a quién curiosamente pidió matrimonio tres días después de conocerse y con la que tendría tres hijos: Gisela, Gero y Rüdiger.

General Erich Von Manstein estudiando los mapas de operaciones junto a su Estado Mayor.

Cuando Adolf Hitler alcanzó en 1933, Von Manstein apoyó la decisión de su tío Paul Von Hindenburg (por aquel entonces Presidente de la República de Weimar) de ceder la Cancillería al Führer. Sin embargo a su muerte por enfermedad en 1934 y el acceso inmediato a la Presidencia por parte de Hitler que llevó al poder al Partido Nacionalista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP), Von Manstein criticó a dicho movimiento por considerarlo excesivamente revolucionario y agresivo de cara al exterior. A pesar de sus quejas, fue ascendido al rango de general en 1936 y nombrado “Primer Intendente” gracias a sus modernas teorías acorazadas con los tanques y que diseñó el boceto del poderoso cañón autopropulsado Stug. Sin embargo cuando Von Manstein denunció abiertamente la anexión del Tercer Reich a Checoslovaquia en 1938, el Alto Mando Alemán (OKW) decidió enviarlo a un destino más discreto, concretamente a la 18ª División de Infantería destacada en Liegnitz. Aquel “exilio forzoso”, tal y como lo consideró irónicamente Von Manstein, pronto finalizó porque al año siguiente, en 1939, el general fue nuevamente llamado a filas para formar parte del Estado Mayor del Grupo de Ejércitos Sur estacionado en Silesia que debía comenzar la invasión de Polonia.

Al iniciarse la campaña de Polonia y por tanto el comienzo de la Segunda Guerra Mundial el 1 de Septiembre de 1939, Von Manstein dirigió al Grupo de Ejércitos Sur cruzando la frontera de Silesia con Pomerania. Sobre dicho sector descubrió el potencial de la “Guerra Relámpago” o “Blitzkrieg” consistente en la ruptura del frente mediante la arremetida de columnas de tanques actuado de forma independiente de la infantería, al mismo tiempo en que se aprovechaba la velocidad y el eficaz apoyo de la artillería y la aviación. Gracias a aquella doctrina elaborada por su amigo el general Heinz Guderian, los blindados Panzer de Von Manstein arrollaron al Ejército Polaco en Pomerania, cruzaron el Río Vístula y destruyeron a varias divisiones enemigas entre Lodz y Cracovia antes de concluir la operación con la conquista total de Polonia.

A causa del mero azar el general Von Manstein se convertiría en uno de los militares más importantes de la Segunda Guerra Mundial por ser el autor del plan de invasión para invadir Francia y los países de Europa Occidental. Todo ocurrió a principios de 1940 cuando después de haber estado realizando tareas de entrenamiento para el XXXIX Cuerpo en Pomerania, fue invitado a una comida en la Cancillería de Berlín en la que iba a estar presente el mismo Hitler. De esta manera, una vez comenzada la reunión, Von Manstein fue el único general que se atrevió a criticar el llamado “Plan Amarillo” basado en una copia del “Plan Schlieffen” que ya había fracasado en la Primera Guerra Mundial (cruzar Francia a través de Bélgica para evitar el perímetro defensivo de la “Línea Maginot” en Alsasia y Lorena). Fue entonces cuando el Führer, sintiendo curiosidad por escuchar otra alternativa, convocó a Von Manstein a su estudio privado para que le detallara su punto de vista. Así pues, Von Manstein propuso a Hitler el “Plan Golpe de Hoz” consistente en invadir primero Holanda con la finalidad de atraer a las fuerzas francesas y británicas hacia Bélgica; para a continuación desencadenar una gran ofensiva próxima a Luxemburgo sobre el Bosque de las Ardenas y avanzar hacia los puertos del Mar del Norte con la finalidad de rodear en una maniobra envolvente a las 49 divisiones del Ejército Aliado. Maravillado por la originalidad de la estrategia, el Führer canceló el “Plan Amarillo” y autorizó el “Plan Golpe de Hoz”.

El 10 de Mayo de 1940, el Ejército Alemán comenzó la invasión de Holanda, Bélgica y Luxemburgo siguiendo las líneas maestras de Von Manstein. Sorprendentemente y tal como se había previsto, los Aliados picaron el anzuelo porque el Ejército Francés y el Cuerpo Expedicionario Británico enviaron sus fuerzas hacia Bélgica para ayudar a un Ejército Holandés que de antemano estaba condenado porque repentinamente los Países Bajos capitularon el 14 de Mayo. De este modo, una vez los contingentes anglo-franceses se desplegaron en el corazón de Bélgica; las columnas de tanques Panzer rompieron el frente por el Sedán y las Ardenas, cruzaron la frontera gala por el Río Mosa y tras realizar una maniobra envolvente en Abbeville, propiciaron la rendición del Ejército Belga y dejaron embolsados en Flandes a medio millón de hombres, el equivalente a 70 divisiones que fueron destruidas, salvo por los 300.000 soldados evacuados desde el puerto de Dunkerque hacia el Reino Unido. Cosechada esta victoria, a continuación Von Manstein volvió sus fuerzas acorazadas hacia el suroeste convergiendo sobre París y las costas del Océano Atlántico hasta los Pirineos. Gracias a esta maniobra, el general Von Manstein fue ascendido a mariscal de campo, antes de que los Aliados se rindieran con más de 2 millones y medio de bajas y toda Europa Occidental quedara bajo el control del Tercer Reich.

Von Manstein inspeccionando la primera línea del frente en Rusia.

Hasta la invasión de la Unión Soviética conocida bajo el nombre “Operación Barbarroja”, el general Von Manstein no volvería a participar en ninguna campaña sobre Europa. Al mando en esta ocasión del LVI Cuerpo Panzer que se integró dentro del Grupo de Ejércitos Norte al frente del general Ritter Von Leeb, sus tropas cruzaron la frontera con Bielorrúsia y Lituania el 22 de Junio de 1941. Desde entonces y con una velocidad pasmosa, los blindados de Von Manstein desbordaron a los soldados del Ejército Rojo en el Río Dvina, Daugavpils y Luga, así como en la Batalla de Raseiniai donde destruyeron a 704 tanques sin apenas pérdidas propias. De hecho durante los meses siguientes de verano, Von Manstein avanzó por Lituania, Letonia, Estonia y Rusia Occidental, derrotando a las tropas soviéticas hasta asediar Leningrado y converger sobre Demyansk, capturando a decenas de miles de prisioneros en una espectacular “Blitzkrieg”.

Crimea fue el siguiente destino de Von Manstein en el otoño de 1941 tras tomar el mando del XI Ejército Alemán, una fuerza dependiente del Grupo de Ejército Sur que cooperaba con el III Ejército Rumano después de que Rumanía también hubiese entrado en la contienda al lado de Alemania. Durante esta fase de la campaña, el objetivo de Von Manstein consistió en conquistar la Península de Crimea atravesando la Fosa Tártara y el Istmo de Perekop hacia Yalta y Feodosia, aunque rechazando los continuos y molestos desembarcos soviéticos que desde el Mar Negro acosaban la retaguardia y la Península de Kerch. Así fue como aquel territorio se convirtió en la peor pesadilla de Von Manstein porque después de casi ocho meses de asedio al puerto de Sevastopol, sus tropas apenas avanzaron por culpa de los poderosos fortines de hormigón que defendían los soldados del Ejército Rojo. Incapaz de salir de aquella posición estática, Von Manstein tuvo la ingeniosa idea de recurrir a la artillería pesada por ferrocarril, empleando a los trenes artillados Leopold, Bertha y Dora, e incluso el gigantesco mortero Thor de 600 milímetros que redujeron a escombros una por una las distintas fortalezas y búnkers del enemigo. De este modo, una vez disueltas las defensas soviéticas por los cañones de gran calibre y la aviación, Von Manstein dirigió a los soldados alemanes y rumanos hacia los muelles hasta conquistar definitivamente Sevastopol el 1 de Julio de 1942 después de haber causado a los soviéticos unas 350.000 bajas.

Ocupada la Península de Crimea, Von Manstein fue requerido en otoño de 1942 por el Grupo de Ejércitos Norte que asediaba la ciudad de Leningrado con la finalidad de frenar una ofensiva soviética en Sinyavino, la cual frustró provocando al Ejército Rojo cerca de 113.000 bajas. Sin embargo menos suerte tuvo tras ser llamado por el Grupo de Ejércitos Sur para liberar al VI Ejército Alemán embolsado durante la Batalla de Stalingrado, ya que la “Operación Tormenta de Invierno” terminó en fracaso a finales de Diciembre de 1942 cuando Von Manstein fue rechazado y no fue capaz de alcanzar la ciudad por culpa de la tenaz resistencia del Ejército Rojo y el frío invierno polar que causó estragos entre las tropas germano-rumanas bajo su mando. No obstante y pese a estos reveses, al menos la contraofensiva de Von Manstein sirvió para evacuar a las 45 divisiones del Grupo de Ejércitos A que por aquel entonces peleaban en el Cáucaso y pudieron encontrar refugio en Ucrania.

Tanques Tiger siendo inspeccionados por Von Manstein.

A comienzos de 1943, Von Manstein intentó resarcirse de la derrota en la Batalla de Stalingrado tras saber que los soldados atrapados en la bolsa habían muerto diciendo “Manstein vendrá…, Manstein vendrá…”. Así pues, el mariscal inició la reconquista del territorio perdido volviendo a tomar el control de la cuenca del Donets y venciendo al Ejército Rojo en la Batalla de Kharkov, al que con unos medios muy inferiores causó 207.000 bajas y la destrucción de 615 de sus tanques. Sin embargo el triunfo fue efímero porque durante la “Operación Ciudadela” en el verano, también conocida como la Batalla de Kursk, sus más de de 900.000 soldados y 3.000 blindados que irrumpieron en Rusia Occidental y Prokhorovka chocando contra 1.300.000 soviéticos y 7.000 tanques, a los cuales provocaron unas bajas mucho mayores de 254.000 hombres y 6.064 carros frente a 198.000 pérdidas propias con 760 carros, no fue suficiente para retomar la iniciativa en el Frente Oriental, sobretodo después de la decisión de Hitler de pasar a la defensiva tras recibir noticias acerca de la invasión de Italia.

La Unión Soviética demostró ser muy superior en recursos al Tercer Reich desde el verano de 1943, por lo que Von Manstein intentó a toda costa mantener sus posiciones en el Frente Oriental protegiendo la orilla izquierda del Río Dniéper con 1 millón de efectivos germano-rumanos que resistieron en una especie de “línea elástica” las continuas embestidas de 2 millones de soldados soviéticos a los que provocó más de 1 millón de bajas. Sin embargo y pese a tantos los refuerzos, la carencia de combustible y la falta de avituallamiento forzaron a su retirada en Diciembre de 1943, perdiendo durante los combates la vital capital de Kíev. Afortunadamente la buena gestión de Von Manstein durante repliegue, permitió que más de medio millón de hombres fuesen evacuados, incluyendo una gran parte de los sitiados en la “Bolsa de Korsun-Cherkassy” a comienzos de 1944.

La furia de Hitler ante la poca fe en la victoria de Von Manstein, así como sus continuos cuestionamientos por la dirección de las operaciones bélicas en el Cuartel de Obersalzberg, condujeron a que el 30 de Marzo de 1944 el Führer le premiase con la condecoración de la Cruz de Caballero con Hojas de Roble y Espadas, antes de que le anunciara su jubilación anticipada. Aquella noticia no sorprendió a Von Manstein, sobretodo tras saber que su sustituto iba a ser el general nacionalsocialista llamado Walther Model, alguien que prefería decir lo que el Führer quería oír. Así pues y a sabiendas de que el Eje iba a perder la guerra, Von Manstein regresó a Alemania.

Durante el resto de la Segunda Guerra Mundial, Von Manstein se alojó con su familia en una casa de la Baja Baviera, donde pudo redactar sus memorias tituladas Victorias Frustradas (Verlorene Siege). En dicha vivienda permaneció bajo la vigilancia de los agentes de la Gestapo, hasta que el Ejército Rojo se aproximó a su hogar en 1945. Ante esta amenaza y temiendo caer prisionero de los rusos, el mariscal huyó hacia Alemania Occidental, atravesando primero Pomerania y luego la capital Berlín hasta rendirse al Ejército Británico en Heiligenhafen a inicios de Mayo de 1945.

Erich Von Manstein.

Cautivo de los Aliados al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Von Manstein fue encerrado en el campo de prisioneros de Lüneburg, siendo posteriormente procesado en el Palacio de Justicia de Nuremberg por no haber evitado que las tropas alemanas bajo su mando hubieran cometido crímenes durante la campaña de Crimea (curiosamente fue defendido por oficiales británicos licenciados en Derecho y contrarios a su castigo). A raíz de tales acusaciones, se le condenó en 1950 a doce años de cárcel pese a ser inocente de los cargos que se le imputaron. Afortunadamente el viejo mariscal solo cumplió tres años de prisión porque el 7 de Mayo de 1953 y después de haber recibido la Corte Penal Internacional intensas presiones por parte del Presidente Konrad Adenauer de Alemania, así como del Primer Ministro Winston Churchill del Reino Unido, e incluso del periodista e historiador militar Basil Liddell Hart, Von Manstein fue puesto en libertad sin cargos en plena Guerra Fría.

Al ser puesto en libertad, Von Manstein tuvo la oportunidad de hablar ante el Parlamento Federal (Bundestag) de la República Federal Alemana para reorganizar de nuevo el Ejército Alemán de postguerra, ahora como miembro de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Así fue como pronto recuperó su antiguo puesto de general y elaboró planes defensivos para proteger al país ante un posible ataque por parte de la República Democrática Alemana que estaba bajo el tutelaje de la URSS. Al mismo tiempo, también ayudó al periodista británico Liddell Hart a elaborar su gran enciclopedia sobre la Segunda Guerra Mundial y a escribir unas segundas memorias tituladas La Vida de un Soldado (Aus einem Soldaten) que publicó en 1958.

A la edad de 85 años y tras sufrir un ataque cerebrovascular, Erich Von Manstein falleció la noche del 9 de Junio de 1973. Como agradecimiento por sus servicios prestados, Alemania celebró un funeral de Estado por todo lo alto como si el viejo mariscal fuese uno de los grandes héroes de la Antigüedad.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8, “Erich Von Manstein”, S.A.R.P.E. (1978), p.224-226
-Mario Loizu, Clío Biografías. Líderes Militares, II Guerra Mundial, “Erich Von Manstein. El Planificador Brillante”, Revista Clío Biografías 4 (2015), p.24-28
-http://en.wikipedia.org/wiki/Erich_von_Manstein