Dmitri Pavlov

Dmitri Grigorievich Pavlov nació el 23 de Octubre de 1897 en Kostroma, por aquel entonces una fría ciudad en el corazón del Imperio Ruso. Este ciudadano eslavo, destinado a convertirse en general, participaría en casi todos los conflictos en los que se involucró Rusia durante la primera mitad del siglo XX hasta convertirse en víctima del estalinismo en la Segunda Guerra Mundial.

Pavlov inició su carrera militar en 1915 alistándose durante la Primera Guerra Mundial en el Ejército Ruso y luchando contra los Imperios Centrales en el Frente Oriental. Simpatizante de la Revolución Bolchevique de 1917, Pavlov se sumó al Ejército Rojo organizado por Vladimir Lenin, por lo que desde 1919 combatió contra el Ejército Blanco hasta el fin de la Guerra Civil Rusa y la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1922.

General soviético Dmitri Pavlov.

Gracias a sus logros en la Guerra Civil Rusa, Pavlov fue admitido en la Academia Militar de Frunze en 1928, donde alcanzó el rango de general. Milagrosamente sobrevivió a la “Gran Purga” iniciada por Iósif Stalin contra los mandos del Ejército Rojo, lo que le favoreció ser elegido por las autoridades para dirigir a un grupo acorazado soviético que marchó a España para combatir en la Guerra Civil Española. Así fue, como en favor del bando de la Segunda República que luchaba contra la España Nacional, Pavlov participó en la Batalla del Río Jarama de 1937, contribuyendo a la victoria comunista sobre las tropas nacionales que en aquellos momentos apoyaban voluntarios de la Italia Fascista, lo que le valió ser condecorado en Moscú con el título de “Héroe de la Unión Soviética” y nombrado jefe de las fuerzas acorazadas y motorizadas.

De vuelta a Rusia, el general Dmitri Pavlov fue enviado a la frontera de Corea para combatir a Japón durante el Incidente del Lago Khasan en 1938 que terminó en tablas para ambos bandos. No sería hasta la Guerra del Khalkin-Gol de 1939 que libraron la URSS y Mongolia Exterior contra Japón y Manchukuo, cuando nuevamente volvió a demostrar sus dotes tácticas arrollando las líneas del Ejército Imperial Japonés. Desgraciadamente no pudo decir lo mismo de la Guerra de Invierno contra Finlandia entre 1939 y 1940, porque durante el conflicto los contingentes de Pavlov sufrieron una enorme cantidad de bajas tanto por culpa del Ejército Finlandés como de las gélidas temperaturas del Ártico.

Cuando Alemania desencadenó la “Operación Barbarroja” invadiendo la Unión Soviética el 22 de Junio de 1941, Pavlov se encontraba al frente del Ejército Rojo en Bielorrúsia. Como el ataque se realizó completamente por sorpresa y la capacidad defensiva en aquellos momentos era nula, las fuerzas de Pavlov fueron arrolladas por una avalancha de tanques, aviones en picado Stukas y por el grueso de tropas regulares más profesionales del mundo. Incapaz de frenar aquella pesadilla bélica, los soviéticos se rindieron o perecieron a millones y el material del Ejército Rojo fue reducido a cenizas en todos los sectores. No obstante y pese a los malos resultados, el peor desastre cosechado por Pavlov tuvo lugar durante el cierre de la Bolsa de Bialystock que forzó a la rendición de 150.000 soldados soviéticos; así como la pérdida de Minsk, capital de Bielorrúsia, en la que causaron baja 417.790 tropas y fueron destruidos 4.799 tanques, 9.427 cañones y 1.669 aviones.

La catastrófica derrota sufrida por el Ejército Rojo en Bielorrúsia, llevó a Iósif Stalin a cesar del mando al general Dmitri Pavlov y acto seguido a arrestarle tras señalarle de incompetente. De este modo y tras ser acusado y condenado a pena de muerte por un tribunal, Pavlov en compañía de otros generales también calificados de “cobardes”, fue ejecutado ante un pelotón de fusilamiento en Moscú el 22 de Julio de 1941.

Curiosamente jamás Pavlov tuvo culpa alguna de la ocurrido en la gran derrota de Minsk a inicios de la “Operación Barbarroja”, ya que si el general soviético no reaccionó, fue precisamente porque Stalin no dio órdenes de hacerlo hasta transcurridas tres semanas de la invasión. Así pues, fue Iósif Stalin el verdadero responsable del desastre, motivo por el cual mandó ejecutar a Pavlov y por tanto desviar al mismo tiempo las miradas acusatorias hacia su persona por todo lo sucedido. Afortunadamente dos décadas más tarde, una vez desaparecido el estalinismo, las nuevas autoridades de la Unión Soviética reconocieron la inocencia de Pavlov y lo exoneraron póstumamente de culpa en 1956.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Dmitri. G.Pavlov”, S.A.R.P.E. (1978), p.276
-http://es.wikipedia.org/wiki/Dmitri_Pavlov