Andrew Cunningham

El almirante Andrew Cunningham fue uno de los marinos más famosos del bando de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Al frente de la Marina Real Británica (Royal Navy) en el Mar Mediterráneo, cosechó numerosos reveses navales frente a la Italia Fascista, antes de contribuir decisivamente a la victoria total de Gran Bretaña sobre este teatro de operaciones.

Andrew Browne Cunningham nació el 7 de Enero de 1883 en la ciudad de Bishops Waltham, situada en el condado de Hampshire en Gran Bretaña. Su padre fue un profesor de anatomía del Colegio Trinidad (Trinity College) de Dublín llamado Daniel Cunningham; mientras que su madre un ama de casa de nombre Elisabeth Browne. Curiosamente su hermano menor, Alan Cunningham, se convertiría en general del Ejército Británico y combatiría junto a su lado desde tierra en la Segunda Guerra Mundial.

Andrew Cunningham.

Nunca entre las particularidades de la familia Cunningham estuvo la vocación militar para que los dos hermanos Andrew y Alan optaran por servir en las Fuerzas Armadas de la Corona Británica. De hecho a raíz de una broma del padre de Andrew, el señor Daniel Cunningham, acerca de que su hijo iba a ser marino (porque se habían trasladado a vivir cerca del mar), este último relató a sus progenitores sus verdaderas intenciones y para sorpresa de todos se enroló en la Marina Real Británica (Royal Navy) siendo menor edad. Así fue como contra todo lo esperado aprobó el examen de ingreso en la Escuela Naval de Preparación de Stubbington, superando a continuación todas las pruebas con una nota excelente, especialmente las matemáticas, antes de ser admitido con tan sólo 14 años a bordo del buque escuela HMS Britannia.

Oficialmente el primer bautismo de fuego de Cunningham tuvo lugar durante la Guerra de los Bóers de Sudáfrica en 1900 cuando sirviendo en el crucero HMS Doris, apoyó desde el agua el desembarco anfibio de la Brigada de Infantería Naval primero en Ciudad del Cabo y luego en Pretoria. A raíz de esta experiencia pudo ampliar su aprendizaje en el crucero HMS Diadem y ascender posteriormente a subteniente en el acorazado HMS Implacable, además de adquirir nuevos conocimientos realizando un breve curso de lanchas torpederas con las navegó en el Mar Mediterráneo.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Cunningham fue ascendido a capitán y puesto al mando mando del destructor HMS Scorpion. Al frente de este navío su primera misión consistió en perseguir a los acorazados alemanes Goeben y Breslau sobre el Mar Mediterráneo hasta que estos últimos salieron de su campo de visión tras refugiarse en Constantinopla una vez Turquía entró en la contienda al lado de Alemania. Desde entonces y durante el resto del conflicto Cunningham tomaría parte en la escuadra de escolta durante la Batalla de Gallípoli sobre el Estrecho de los Dardanelos entre 1915 y 1916; y en tareas de patrulla antisubmarina sobre el Mar Mediterráneo entre 1917 y 1918. Terminada la Gran Guerra en 1918, Cunningham fue inmediatamente trasladado al mar Báltico al mando del destructor HMS Seafire para cañonear al Ejército Rojo de la Rusia Soviética y proporcionar apoyo naval al Ejército Blanco dentro del contexto de la Guerra Civil Rusa, al Ejército Polaco en la Guerra Polaco-Soviética y al Ejército Letón en la Guerra de Independencia de Letonia.

Fuera del ámbito de la Marina Real Británica, en 1929 Andrew Cunningham contrajo matrimonio con una chica llamada Nona Byatt con la que nunca llegó a tener hijos. De hecho y en referencia a su familia, Cunningham declaró públicamente: “Debo considerarme bígamo, porque además de mi legítima mujer, tengo también otro amor, mi barco. Y confieso que generalmente paso más tiempo con éste que con aquélla”.

Durante la “Era de Entreguerras” la carrera de Cunningham fue en ascenso porque fue nombrado comandante de la 6ª Flotilla de Destructores y posteriormente elegido nuevo capitán del acorazado HMS Rodeney. Desde entonces su trayectoria como marino sería imparable porque en 1936 obtuvo el rango de vicealmirante, en 1937 se le confió el mando de todos los destructores en el Mediterráneo y en 1938 de todos los cruceros de línea anclados entre Egipto, la Isla de Malta y Gibraltar. Precisamente durante esta etapa de su vida se hizo tan querido entre sus hombres que los marineros le apodaron con las siglas “ABC” en honor a las iniciales de su nombre y apellidos.

Con la entrada de la Italia Fascista en la Segunda Guerra Mundial en 1940, Andrew Cunningham, fue ascendido a almirante y nombrado comandante en jefe de toda la Marina Real Británica en el Mar Mediterráneo (Royal Mediterranean Fleet). Entre sus primeras medidas estuvo la de desarmar a todos los buques de la Marina Francesa sobre los puertos de Alejandría y Egipto tras producirse la adhesión de la Francia de Vichy a las potencias del Eje, además de organizar la defensa de la Isla de Malta que fue sometida a los bombardeos de la aviación italiana y gestionar la fluidez del tráfico mercante entre el Estrecho de Gibraltar y el Canal de Suez. También Cunningham fue el artífice de una incursión al puerto de Tobruk en Libia y del empate técnico contra la Marina Real Italiana (Regia Marina) en la Batalla de Punta Stilo.

El 11 de Noviembre de 1940 la Marina Real Británica del Mediterráneo al frente del almirante Andrew Cunningham protagonizó la primera victoria contra Italia cuando torpederos Swordfish procedentes del portaaviones HMS Illustrious atacaron la base naval de Tarento y hundieron al acorazado italiano Conte di Cavour, además de provocar daños menores en otros buques de guerra y mercantes. Sin embargo el mayor triunfo de Cunningham no se produciría hasta el 28 de Marzo de 1941 durante la Batalla del Cabo Matapán, después de que los navíos británicos se aprovechasen de sus equipos de localización nocturna por radar para hundir a los tres cruceros pesados italianos Pola, Zara y Fiume sin ninguna pérdida propia.

Las cosas cambiaron para Cunningham cuando la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) y la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) fueron desplegadas en el Mar Mediterráneo. Por ejemplo durante la evacuación del Ejército Británico de Grecia y Creta, la escuadra de Cunningham perdió los tres cruceros HMS Gloucester, HMS Fiji y HMS Calcutta, más seis destructores; además de ser posteriormente dañado el portaaviones HMS Illustruios en el puerto de La Valetta en Malta; y hundidos a manos de submarinos alemanes el portaaviones HMS Ark Royal y el acorazado HMS Barham (el propio almirante fue testigo esta última tragedia a bordo del acorazado HMS Queen Elisabeth).

Almirante Andrew Cunningham en su despacho del Almirantazgo.

Inesperadamente el 18 de Diciembre de 1941 fueron llevados tres buzos italianos ante la presencia del almirante Andrew Cunningham que acababan de ser capturados en la rada del puerto de Alejandría donde anclaba el grueso de la Marina Real Británica del Mediterráneo. Tras hablar durante unos instantes con su líder, el oficial Luigi Durano de la Xª Flotilla MAS, Cunningham ordenó encerrar a estos hombres en las bodegas de los buques con la esperanza de amedrentarlos y hacerles hablar acerca de posibles cargas explosivas que hubieran colocado bajo las quillas. De nada sirvió porque Luigi Durano reveló la verdad tan sólo 10 minutos antes de la detonación, por lo que rápidamente todo el puerto fue evacuado. Fue así como la dinamita causó una tremenda explosión (el propio Cunningham salió despedido unos metros del puente de mando por la onda expansiva aunque sin heridas) mediante la que resultaron hundidos los acorazados HMS Valiant y HMS Queen Elisabeth, más un petrolero y daños en otros navíos.

El Raid de Alejandría dejó completamente desarbolada a la Marina Real Británica del Mediterráneo, por lo que Cunningham tuvo que confiar en buques menores para recuperar la iniciativa. Desgraciadamente para el almirante, todo el año 1942 estuvo en una situación de desventaja porque durante las 1ª y 2ª Batallas de Sirte le fueron hundidos los cruceros HMS Neptune y HMS Naiad; y durante la “Operación Pedestal” para abastecer la Isla de Malta perdió el portaaviones HMS Eagle, a los dos cruceros HMS Cairo y HMS Manchester, a un destructor y nueve cargueros.

Solamente la presencia de la Flota Estadounidense (US Navy) que fue desplegada tras la invasión de Marruecos y Argelia, por aquel entonces colonias de la Francia de Vichy, durante la “Operación Torch”, revirtió la situación de Cunningham en el Mar Mediterráneo primeramente causando estragos a la Flota Francesa y luego arrinconando a la Marina Real Italiana en los puertos de Sicilia, Cerdeña y La Spezia. De hecho un gran número de mercantes y destructores italianos fueron hundidos en la campaña de Túnez, siendo Cunningham artífice de las siguientes palabras: “Hundid, quemad y destruid. Que no pase nadie”.

Ganada la iniciativa en el Mar Mediterráneo, el almirante Cunningham lideró a su escuadra proporcionando apoyo naval en los desembarcos en Sicilia durante “Operación Husky”, en los de Calabria durante la “Operación Baytown” y en los de Salerno durante la “Operación Avalanche”. A continuación fue elegido representante naval de Inglaterra durante la Conferencia de Teherán junto al Primer Ministro Winston Churchill; además de ser nombrado Primer Lord del Almirantazgo, exactamente el mismo rango que ostentó el almirante Horatio Nelson durante la Batalla de Traffalgar de 1805. Acto seguido, Cunningham tuvo un importante papel en la planificación marítima del desembarco de Normandía en 1944, además de acudir a las Conferencias de Yalta y Postdam. Finalmente en 1945 fue escogido como nuevo almirante de la Marina Británica del Pacífico (British Pacific Fleet), al frente de la cual realizó las últimas acciones bélicas contra la Marina Imperial Japonesa en el Sudeste Asiático.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, el almirante Andrew Cunningham dejó el cargo de Primer Lord del Almirantazgo y en 1946 abandonó su carrera en la Marina Real Británica. A pesar de que su marcha por cuestiones de edad al principio fue un trauma para él, pronto pudo adaptarse a la vida civil tras ser nombrado rector de la Universidad de Edimburgo y obtener la Presidencia del Instituto de Ingenieros Navales. Durante este tiempo también pronunció algún discurso para el Gabinete del Primer Ministro Clement Atlee en la Cámara de los Lores de Londres, denunciando la reducción del presupuesto naval y la desmantelación de la escuadra inglesa (curiosamente advirtió que tal cosa precipitaría la caída del Imperio Británico, algo que precisamente sucedió).

Los últimos años del almirante Andrew Cunningham transcurrieron con total tranquilidad en una casita en el campo, donde se dedicó al cultivo de rosas y a la crianza de perros de raza cocker. También encontró tiempo para escribir su propia autobiografía en una obra a la que tituló Odisea de un Marinero (A Sailor’s Odyssey).

Repentinamente el 12 de Junio de 1966, cuando el almirante Andrew Cunningham se encontraba a bordo de un taxi realizando un trayecto desde el Almirantazgo hasta la Estación Victoria, falleció de muerte súbita en la parte trasera del vehículo a la edad de 80 años. Desde entonces y en boca de muchos de los marineros que sirvieron bajo su mando, sería recordado como el “Nelson de los tiempos modernos”.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Andrew Cunningham”, S.A.R.P.E. (1978), p.67-70
-http://en.wikipedia.org/wiki/Andrew_Cunningham