Alfred Rosenberg

La figura de Alfred Rosenberg fue una de las más confusas del Tercer Reich. Considerado equivocadamente como el filósofo del nacionalsocialismo debido a un error de interpretación en los Juicios de Nuremberg, lo cierto fue que su influencia ideológica fue mínima, aunque no así su responsabilidad como Ministro de los Territorios Ocupados en el Este.

Alfred Ernst Rosenberg nació un 12 de Enero de 1893 en Reval, Estonia, por aquel entonces parte del Imperio Ruso. Su padre fue un inmigrante de Letonia llamado Waldemar Rosenberg; mientras que su madre una nativa estonia de nombre Elfriede Rosenberg.

Cuando se inició la Primera Guerra Mundial en 1914 entre Rusia y Alemania, Rosenberg tuvo la suerte de no ser movilizado por el Ejército Ruso debido a su condición de estudiante universitario en el Instituto Politécnico de Riga. De hecho y durante esta fase de su vida contrajo matrimonio con una chica llamada Hilda Lessaman (enlace que su padre vio con malos ojos porque prefería verla casada con un hombre que hubiese terminado la carrera). Lamentablemente Rosenberg no pudo terminar sus estudios porque al año siguiente, en 1915, el Frente Oriental se derrumbó y el Ejército Alemán se presentó ante las fronteras de Estonia, por lo que Rosenberg y su mujer tuvieron que ser evacuados junto a miles de refugiados a la capital de Petrogrado. Una vez a salvo en la retaguardia, Hilda enfermó de tuberculosis en 1916, lo que obligó a Rosenberg a reunir dinero para viajar a Ucrania y afincarse en la ciudad de Yalta junto a las orillas del Mar Negro, un clima mucho más cálido que facilitó la curación su esposa.

Alfred Rosenberg con uniforme del NSDAP.

Al estallar la Revolución Rusa de Febrero de 1917, Rosenberg y Hilda se trasladaron a Moscú, donde éste pudo terminar la carrera de Arquitectura en la Alta Escuela Técnica y superar la tesis mediante una curiosa prueba consistente en la construcción de un horno crematorio. Sin embargo la alegría de la pareja duró poco cuando se produjo la Revolución Bolchevique de Octubre de 1917 y ambos se vieron obligados a regresar a Estonia que acababa de ser conquistada por el Ejército Alemán. Sería precisamente durante su nueva estancia en Riga cuando Rosenberg se sintió fascinado por la presencia de los soldados alemanes en su patria, a los que consideró exportadores de la civilización y se creyó su propaganda acerca de una Europa próspera dominada por el Segunda Reich. Fue así como sin dudarlo un instante, quiso formar parte de aquel proyecto y se presentó voluntario en el Ejército Imperial Alemán, aunque para frustración de sus aspiraciones, las autoridades militares le rechazaron debido a que no poseía la nacionalidad germana.

Terminada la Primera Guerra Mundial en 1918, Rosenberg tomó la decisión de exiliarse en Alemania tras el comienzo de la Guerra de Independencia de Estonia con la que no se sentía identificado. En primer lugar se alojó en la capital de Berlín para ampliar sus estudios y posteriormente se trasladó a Baviera. Allí comenzó a militar en grupos paramilitares ultranacionalistas que denunciaban las cláusulas abusivas del Tratado de Versalles y también a combatir en las calles contra los comunistas. Al año siguiente, en 1919, se unió a la Sociedad Thule por influencia de su amigo Dietrich Eckart, una organización patriótica, antisemita y de carácter ocultista.

Como consecuencia de la distancia que separaba a Alfred Rosenberg y a su esposa Hilda Lessaman, los dos acabaron por divorciarse en 1923. Una vez libre de su matrimonio en el extranjero, Rosenberg pudo volver a organizar su propia familia en Alemania con una mujer llamada Hedwig Kramer, con quién tras casarse en Baviera, fruto de la pareja nacería una hija a la que bautizaron con el nombre de Irene.

La vida de Rosenberg en Munich le llevó a perder el interés por la arquitectura y a interesarse cada vez más por la política, sobretodo en todo lo relacionado con la antropología y los estudios raciales. A raíz de esta nueva vocación se afilió al Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) con el carnet de miembro número 625, siendo uno de los pocos militantes en no ser de origen alemán y además el único báltico. Formando parte de esta organización, se unió a las escuadras de las SA con las que participó en el Putsch de Munich en 1923; aunque no tendría ocasión de conocer a su líder Adolf Hitler hasta 1929 después de coincidir con él en un acto durante la fundación de Liga Militante de la Cultura Alemana.

Los estudios raciales de Rosenberg avanzaron hasta convertirse en un valorado escritor sobre todo lo referente a la cuestión pangermanista y antisemita. A pesar de que su doctrina nunca formó parte oficial del nacionalsocialismo, sí ganó muchos adeptos al dotar a una facción del NSDAP de una filosofía centrada en la idea de la superioridad de los pueblos nórdicos y de las civilizaciones antiguas del Mar Mediterráneo y Oriente (India, Persia, Roma o Grecia), así como el odio hacia cristianismo, al cual llegó a comparar con el comunismo. Algunas de sus obras fueron La huella de los judíos a través de los tiempos, La inmoralidad del Tálmud, El delito de los Francmasones, El pantano o Peste en Rusia. También realizó numerosas investigaciones sobre el libro de los Protocolos de los Sabios de Sión y escribió artículos para el periódico Völkischer Beobachter. Sin embargo su obra más famosa fue sin duda El mito del siglo XX, un libro de 700 páginas que después del Mein Kampf fue considerado uno de los manuales del Tercer Reich por el sector más radical del NSDAP.

Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial el 1 de Septiembre de 1939, Rosenberg se sintió frustrado con el Pacto de No Agresión Germano-Soviético “Ribbentrop-Molotov”, al que consideró racialmente antinatural (algo que demostró su incapacidad diplomática y estratégica debido a que su enfado se debió a que el Führer nombró Ministro de Asuntos Exteriores a Joachim Von Ribbentrop y no a él como había estado esperando). A pesar de sus quejas, Hitler confió en Rosenberg cuando éste entabló contactos secretos con Vidkun Quisling, líder de la Unión Nacional (Nasjonal Samling) en Oslo, que facilitó a las tropas alemanas la posterior invasión de Noruega. También en 1940 fue Rosenberg el encargado de incautar obras de arte en Francia para trasladarlas al Tercer Reich, concretamente un total de 137 vagones con 4.174 cajones que contenían piezas de pintores como Paul Rubens, Harmenszoon Rembrand, Diego Velázquez, Estaban Murillo, Francisco de Goya, Antoine Watteau, Jean Fragonard, etcétera.

A ojos de otros miembros del NSDAP, Alfred Rosenberg fue siempre un sabio y un ideólogo, pero nunca un político hecho para administrar debido a su torpeza en la gestión. Curiosamente sus camaradas de partido pasaron de referirse a él como “Filósofo del Reich (Reichsphilosof)”, para bautizarle como “señor Casi” porque siempre esperaba recibir un nombramiento del Führer que nunca llegaba. Era “casi un político”, “casi un soldado”, “casi un periodista” e incluso “casi un filósofo” porque con frecuencia dejaba todo a medias. De hecho uno de sus mayores errores tuvo lugar durante una conferencia celebrada para periodistas extranjeros en la Calle Wilhelmstrasse de Berlín, tras asegurar que Suecia iba a unirse voluntariamente a la Escandinavia ocupada por el Tercer Reich, algo que a punto estuvo de causar un conflicto diplomático de no ser porque otro miembro del NSDAP le interrumpió y exclamó ante los presentes: “A título personal y no en nombre del Gobierno Alemán”.

Justo dos días antes de producirse la invasión de la Unión Soviética con la “Operación Barbarroja”, el 19 de Junio de 1941, Adolf Hitler nombró a Alfred Rosenberg jefe del Ministerio de los Territorios Orientales Ocupados (Ostministerium). Al día siguiente, el 20, sólo 24 horas antes del ataque, Rosenberg redactó un plan denominado Braunne Mappe con el que preveía alentar a las poblaciones ucranianas, bielorrúsas y bálticas a cometer pogromos contra los judíos, a las SS a ejecutar a los residentes de las zonas fronterizas y por último a agrupar a todas las comunidades hebreas en guetos. Sorprendentemente todas estas directrices se cumplieron porque a lo largo de 1941 los autóctonos ucranianos y lituanos asesinaron a miles de judíos en los pogromos de Vilna, Kaunas, Lvov, etcétera, siendo solamente 40.000 los aniquilados por las SS en Estonia, tierra natal de Rosenberg.

Sorprendentemente y a diferencia del resto de líderes del Tercer Reich, Rosenberg tuvo una visión mucho más estratégica de como llevar a cabo la guerra en el Frente del Este porque siempre propuso entenderse con las poblaciones nativas de Ucrania, Bielorrúsia, Lituania, Letonia y Estonia, con la intención de cerrar un “cordón territorial” en torno a Rusia. Incluso planteó a Hitler la necesidad de independizar Ucrania y convertirla en miembro del Eje, lo que equilibraría la situación demográfica con la Unión Soviética y además reduciría drásticamente el movimiento partisano a retaguardia. Desgraciadamente nadie le escuchó, lo que resultó fatal para el Tercer Reich porque tuvo que ocupar grandes recursos en otros menesteres que distrajeron al Ejército Alemán de su cometido principal. De hecho y a partir de estas diferencias con el Gabinete del NSDAP, Rosenberg presentó la dimisión de su cargo como Ministro de los Territorios Orientales Ocupados al Führer en Noviembre de 1943.

Durante el resto de la Segunda Guerra Mundial, Rosenberg pasó desapercibido tras retirarse a su casa de Sajonia. Desde la discreción dirigió la Fundación Rosenberg ubicada en Frankfurt con la que se dedicó a realizar estudios raciales y filosóficos. Simultáneamente intentó organizar una convención antisemita internacional en Cracovia con 402 delegados de diversas naciones del mundo, un proyecto que no pudo llevar a cabo por culpa del desembarco de Normandía que obligó a cancelar la ceremonia prevista para el 17 de Julio de 1944. A raíz de este último fracaso, Rosenberg cayó en una depresión y se dedicó a beber alcohol hasta emborracharse en incontables ocasiones.

Rosenberg en su celda de la Prisión de Nuremberg.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial sobre Europa el 9 de Mayo de 1945, Rosenberg fue ingresado en el Hospital de Marina de Flensburgo tras haber sufrido una rotura de clavícula. Curiosamente y mientras se encontraba recuperándose de su dolencia, el 28 de Mayo un grupo de soldados y tanques del Ejército Británico rodearon el centro hospitalario creyendo que en su interior se hallaba el Reichsführer de las SS, Heinrich Himmler. Lamentablemente cuando se dieron cuenta del error y ya habían hecho el ridículo entrando en el edificio, milagrosamente pudieron salvar el prestigio al encontrarse de casualidad con Rosenberg en una de las camas, a quién no dudaron en arrestar y llevar ante la justicia.

Los Juicios de Nuremberg celebrados entre 1945 y 1946 por el Tribunal Militar Internacional acusaron a Alfred Rosenberg, de 52 años de edad, de los cuatro cargos de Conspiración, Crímenes contra la Paz, Crímenes de Guerra y Crímenes contra la Humanidad. Defendido por el abogado Alfred Thoma, no se pudo probar su inocencia en ninguno de los casos, aunque al menos quedó clarificado que nunca fue el filósofo oficial del nacionalsocialismo porque su libro El Mito del Siglo XX apenas fue leído en Alemania por ser de lectura complicada lectura y aburrida (el mismo Goering reconoció no haber podido avanzar más allá de las primeras páginas porque según él todo el contenido era incomprensible, además de asegurar que las ideas plasmadas en su obra no representaban al Tercer Reich, sino únicamente la opinión personal del autor). A pesar de todo y de los esfuerzos por mostrarse inocente, el 1 de Octubre de 1946, los jueces declararon a Rosenberg culpable de todos los cargos y lo condenaron a morir en la horca.

A la 1:20 horas de la madrugada del 16 de Octubre de 1946, Alfred Rosenberg fue conducido al gimnasio de la Prisión de Nuremberg, donde tras subir al patíbulo y serle puesta la soga al cuello, volvió a demostrar su marcado carácter anticristiano al negarse a recibir la extrema unción por parte de los dos sacerdotes Henry Gerecke y Sixtus O’Connor. Acto seguido el verdugo abrió la trampilla y Rosenberg falleció al instante de fractura vertical. Curiosamente sus últimas palabras fueron: “El movimiento resurgirá de la catástrofe templado por el dolor”.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Alfred Rosenberg”, S.A.R.P.E. (1978), p.317-321
-http://en.wikipedia.org/wiki/Alfred_Rosenberg