Alfred Jodl

El general Alfred Jodl fue uno de los militares más influyentes en las decisiones de Adolf Hitler entre 1939 y 1944. Al frente del Estado Mayor Alemán durante la Segunda Guerra Mundial, sería llevado a los Juicios de Nuremberg y condenado a muerte por crímenes a lo largo de la contienda.

Alfred Jodl nació el 10 de Mayo de 1890 en la ciudad de Würzburg, muy cerca del Río Main en Alemania. Procedente de una familia en la que toda su estirpe habían sido sacerdotes o abogados, su padre Alfred Josef Baumgärtler rompió la tradición para convertirse en oficial de caballería del Ejército Alemán; algo que hizo muy poco antes de casarse con su madre, Therese Baumgärter.

Imitando a su padre y a su hermano mayor, este último el general Ferdinand Jodl, Alfred comenzó su carrera militar en la Escuela de Cadetes de Munich, en donde se convirtió en todo un experto del cuerpo de ingenieros en 1908 y posteriormente se cambió a la rama de artillería en 1910. Cuando al cabo de cuatro años estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, Jodl participó en la Batalla de Flandes y sirvió al mando de una batería de cañones en las trincheras del Frente Occidental hasta 1916. Al año siguiente, en 1917, fue transferido al Estado Mayor del Oeste, donde se desenvolvió muy bien interpretando los planos y mapas de las grandes ofensivas, una experiencia que le aportó valiosos conocimientos militares de cara el futuro.

General Alfred Jodl.

Terminada la Gran Guerra en 1918 con la derrota de Alemania, Jodl fue uno de los muchos militares que se sintieron traicionados contra aquellos que habían firmado el Tratado de Versalles, convirtiéndose él mismo en un auténtico defensor de la “Teoría de la puñalada por la espalda” que echaba la culpa de la mala situación del país a comunistas, masones y judíos. Así fue como primero se enroló en el Ejército de la República de Weimar (Reichswehr) y más tarde apoyó, aunque sin afiliarse, al Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP) que dirigía Adolf Hitler. De hecho aquella simpatía por los nacionalsocialistas facilitó a Jodl que con tras el ascenso del Führer al poder y la proclamación del Tercer Reich en 1933, fuese inmediatamente nombrado general y miembro del Estado Mayor del recién constituido Ejército Alemán (Wehrmacht).

A nivel familiar Alfred Jodl se casó una mujer aristócrata de Suabia llamada Irma Gräfin Von Bullion, con quién compartió gran parte de su vida durante décadas hasta que para su desgracia falleció a causa de una pulmonía. Tras superar la trágica pérdida de su esposa, Jodl volvió a casarse con una mujer amiga de su familia llamada Luise Von Benda, cuyo matrimonio perduró hasta el final de sus días.

Rápidamente el general Alfred Jodl se fue haciendo muy popular entre los círculos militares en torno al Führer, algo que llevó al mismo Hitler a designarle su consejero personal en cuestiones bélicas, cargo que jamás ocupó ningún otro general. Así fue como ostentando este nuevo puesto y al mismo tiempo estando al mando de la 44ª División de Infantería, contribuyó a diseñar la anexión de Austria y la disolución de Checoslovaquia primero con la ocupación de los Sudetes y luego con la de Chequia, lo que le valió ser elegido miembro del Alto Mando Alemán (OKW) el 27 de Agosto de 1939.

Iniciada la invasión de Polonia que propició el comienzo de la Segunda Guerra Mundial el 1 de Septiembre de 1939, el general Alfred Jodl fue uno de los máximos planificadores de la campaña. Al año siguiente, en 1940, Jodl formó un trinomio perfecto dentro del Alto Mando Alemán junto a los generales Wilhelm Keitel y Walter Warlimont, con los que diseñó el ataque y conquista de Noruega y Dinamarca; y también de Grecia y Yugoslavia en 1941. Aquel mismo año gestionó la “Operación Barbarroja” contra la Unión Soviética que durante los siguientes meses transcurrió con una imparable expansión sobre Ucrania, Bielorrusia, los Países Bálticos y Rusia Occidental, hasta que cometió la torpeza de adular a Hitler cuando decidió desviar al Grupo de Ejércitos Centro hacia Kíev y no proseguir su camino contra la capital, un grave error que más tarde culminaría con la derrota alemana ante la Batalla de Moscú. A partir de entonces el general cambió de actitud porque desde 1942 jamás tuvo reparos en explicar a Hitler los inconvenientes de cada campaña, tal y como hizo en la “Operación Azul” contra el Cáucaso que concluyó en el desastre de la Batalla de Stalingrado y en un arrebato de ira al Führer durante cual acusó a Jodl de insubordinación (afortunadamente sin efecto alguno).

No siempre Jodl aplicó las reglas de la guerra cuando fue responsable de las operaciones militares sobre Europa. Su acción más polémica fue el maltrato otorgado a los prisioneros soviéticos porque millones fallecieron al inicio de la invasión a la URSS debido a las marchas forzadas o a la esclavitud en los campos de trabajo, así como la directriz de fusilar a todos los comisarios del Ejército Rojo. También las acciones antipartisanas en Rusia y Ucrania resultaron terribles para la población civil porque se destruyeron aldeas, se ejecutaron civiles y se bloquearon los alimentos a la ciudad de Leningrado para generar una hambruna. Fuera del Frente Oriental en 1944 Jodl fue el responsable del vaciamiento de habitantes al norte de Noruega para evitar que cayesen en manos de la URSS (las condiciones de evacuación forzosa fueron pésimas) y también fue el que emitió la orden con la que se ejecutó a 50 pilotos británicos que acababan de escaparse del campo de prisioneros de Sagan en Alemania.

Durante toda la Segunda Guerra Mundial el general Alfred Jodl continuó diseñando los planes y ofensivas que se le ocurrían a Hitler. Curiosamente en el desembarco de Normandía el 6 de Junio de 1944, él mismo fue uno de los principales causantes de que el “Día-D” triunfase porque se negó a despertar al Führer de su siesta y por tanto a impedir que se emitiese la orden de trasladar los tanques hacia las playas cuando perfectamente podrían haber expulsado a los Aliados. Al mes siguiente, el 20 de Julio de 1944, Jodl resultó herido durante el Atentado en la Guarida del Lobo en Rastenburg después de que el oficial Claus Von Stauffenberg colocase una maleta bomba bajo la mesa con la finalidad fallida de matar a Hitler, aunque por suerte tanto él como el Führer estuvieron en perfectas condiciones de continuar con sus trabajo.

El 29 de Abril de 1945 el general Alfred Jodl envió su último informe militar a Hitler que por aquel entonces se encontraba bajo el búnker de la Cancillería de Berlín (sin saber que al día siguiente, el 30, se suicidaría). Una vez muerto el Führer, el Gobierno Provisional de Flensburgo dirigido por el almirante Karl Doenitz nombró a Jodl miembro del Estado Mayor, por lo que al cabo de una semana, el 7 de Mayo de 1945, él en persona viajó hasta Francia para firmar con los Aliados el Armisticio de Reims que implicó la capitulación incondicional de Alemania.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en Europa, las tropas del Ejército Británico disolvieron el Gobierno Provisional de Flensburgo y arrestaron al general Jodl el 22 de Mayo de 1945. Tan sólo cinco meses después, en Octubre de aquel año, fue sentado en el banquillo durante los Juicios de Nuremberg acusado de los cuatro cargos de: 1) conspiración para una guerra de agresión; 2) crímenes contra la paz; 3) crímenes de guerra; y 4) crímenes contra la Humanidad. Durante las sesiones que se prolongaron hasta bien entrado el año 1946, la fiscalía probó su responsabilidad en las invasiones Checoslovaquia, Noruega, Grecia, Yugoslavia y la Unión Soviética, además del brutal trato a los prisioneros de guerra; aunque su abogado, Franz Exner, consiguió exhonerarle del fusilamiento de siete soldados británicos en Noruega el 16 de Septiembre de 1942 (algo que él nunca tuvo nada que ver). Finalmente el 1 de Octubre de 1946, los jueces del Tribunal de Nuremberg consideraron a Jodl culpable de todos los cargos y le condenaron a muerte en la horca.

Mientras el general Alfred Jodl esperaba el cumplimiento de la sentencia en la Prisión de Nuremberg, su esposa Luise Von Benda escribió al antiguo Primer Ministro del Reino Unido, Winston Churchill, para que intercediese por él sin éxito. Simultáneamente el general de la Fuerza Expedicionaria Aliada en Europa, Dwith Eisenhower (futuro Presidente de Estados Unidos), también intentó influir en el tribunal que para le perdonasen la vida sin lograr nada a cambio porque el propio Jodl expresó su deseo de morir tras sentirse profundamente arrepentido de sus crímenes (tampoco le concedieron que se le modificase la ejecución en la horca por un pelotón de fusilamiento).

La madrugada del 16 de Octubre de 1946, Alfred Jodl fue ahorcado en el patio de la Prisión de Nuremberg. Sus últimas palabras fueron: “¡Te saludo, Alemania mía!”.

 

Bibliografía:

Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Alfred Jodl”, S.A.R.P.E. (1978), p.186-190
http://en.wikipedia.org/wiki/Alfred_Jodl