Albrecht Kesselring

 

Kesselring fue uno de los militares alemanes más brillantes de la Segunda Guerra Mundial. Responsable del Mar Mediterráneo durante la primera mitad del conflicto y encargado de la espartana defensa de Italia en la otra mitad; el mariscal convirtió el viejo “Marenostrum” en una pesadilla para los Aliados.

Albert Konrad Kesselring, también apodado como a “Albrecht” o “Alfred”, nació un 30 de Noviembre de 1885 en la ciudad de Markstedt en Baviera, Alemania. Procedente de una familia que se remontaba a una estirpe de la Baja Austria, concretamente del linaje de los Chezelrinc datado del año 1600, su padre fue un profesor de escuela y concejal de Ayuntamiento llamado Carl Adolf Kesselring, mientras que su madre un ama de casa llamada Rosina Kesselring.

Haciendo caso omiso a la tradición pacifista de su familia, Albrecht Kesselring decidió convertirse en militar. Tras acabar el colegio en la Escuela Cristiana de Bayreuth en 1904, Kesselring ingresó en el Ejército Alemán en 1906 como cadete a oficial dentro del 2º Regimiento de Artillería a Pie Bávaro. Fue acuartelado primero en Metz y luego estudió en la Escuela de Ingenieros de Artillería de Munich, practicando la observación desde globos hinchables, lo que le permitió ascender a teniente con 22 años.

Albrecht Kesselring con el uniforme de la Luftwaffe.

Mientras Kesselring iba convirtiéndose en un prometedor oficial, tuvo tiempo para enamorarse y contraer matrimonio en 1910 con una chica llamada Louise Anna Pauline, con quién pasó una romántica luna de miel en Italia, país por el que ambos sentían una gran pasión. Fruto de esta pareja únicamente hubo hijo, en este caso adoptado, al que pusieron de nombre Reiner Kesselring.

Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Kesselring fue enviado al Frente Occidental de Alsacia dentro del 1º Regimiento de Artillería a Pie Bávaro. Fue ascendido a capitán el 19 de Mayo de 1916 y poco después dentro del 3º Regimiento de Artillería a Pie Bávaro combatió contra los franceses en la Batalla de Arras, obteniendo la Cruz de Hierro de 1ª y 2ª Clase. Para 1917 formó parte del Estado Mayor en el Frente Oriental de Rusia, llegando a luchar contra los rusos como parte de la 1ª División de Infantería Bávara “Landwehr”. Finalmente durante el último año del conflicto en 1918, Kesselring volvió al Frente Occidental para pelear dentro del II Cuerpo Bávaro hasta el fin de las hostilidades.

Nada más acabar la Gran Guerra, Kesselring se sintió profundamente triste por las injustas cláusulas del Tratado de Versalles firmado en 1919, por lo que tomó el mando de una milicia ultranacionalista de los Cuerpos Francos (Freikorps), desde la cual combatió a los grupos comunistas revolucionarios que estaban sembrando el caos en Alemania. Poco después, entre 1919 y 1922, trabajó como oficial del Ejército de la República de Weimar (Reichswehr), al mando de una batería del 24º Regimiento. A continuación desempeñaría funciones en el Departamento de Entrenamiento Militar en Berlín, lideraría la VIII Región de Munich y también viajaría a la Unión Soviética para realizar maniobras militares secretas fuera de los ojos de los observadores franco-británicos del Tratado de Versalles.

Cuando Adolf Hitler llegó al poder en Alemania en 1933, las nuevas autoridades nacionalsocialistas propusieron a Kesselring formar parte en los servicios administrativos de la recién inaugurada Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe), algo a lo que él se negó debido a su predilección por el arma de artillería. Sin embargo pronto fue respondido que la petición no era realmente un ofrecimiento sino una orden, por lo que al final hubo de aceptar. De esa manera fue como Kesselring aprendió a volar aviones con 48 años de edad, adquiriendo en un tiempo récord unos conocimientos excepcionales sobre la rama militar del aire y volando por simple afición tres o cuatro veces por semana. El propio Hermann Goering, jefe de la Luftwaffe, se sintió encantado con la nueva adquisición y le ascendió a coronel el 1 de Octubre de 1933, a general en 1935 y le otorgó en 1936 una flota aérea en la frontera oriental alemana, además de la jefatura del Estado Mayor del Aire. Lo más destacado de Kesselring en la Luftwaffe fue la remodelación de este cuerpo gracias a que tenía una visión muy especial del conjunto tierra-aire tras haber servido anteriormente en la artillería, convirtiendo a todos los aviones de la fuerza aérea en unas máquinas adaptadas para al nuevo tipo de guerra que estaba por venir, básicamente como elemento de apoyo a la infantería y los tanques con la finalidad de romper el frente en los momentos clave.

Toda la Luftwaffe que previamente había estado Kesselring preparando, obtuvo un éxito arrollador en la campaña de Polonia de 1939 cuando empezó la Segunda Guerra Mundial, ya fuese aplastando a la aviación polaca en el aire o a su infantería en el suelo, además de bombardear Varsovia en donde dejó 1.200 civiles muertos. El mismo triunfo se repitió en Holanda, Bélgica y Francia, pulverizando los aviones de la 2ª Flota Aérea (II Luftflotte) de Kesselring a los ejércitos franceses, belgas, holandeses y al Cuerpo Expedicionario Británico en Dunkerque, a pesar de que la Luftwaffe cometió un crimen de guerra tras bombardear la ciudad neerlandesa de Rotterdam matando a 850 personas y destruyendo 25.000 viviendas. Tales éxitos favorecieron a Kesselring ser ascendido a mariscal del aire.

Cuando empezó la Batalla de Inglaterra en el verano de 1940, durante la fase inicial la 2ª Flota Aérea de Kesselring barrió a la Real Fuerza Aérea Británica (Royal Air Force o RAF), hundió incontables barcos en el Canal de la Mancha y acabó con numerosos aeródromos. Sin embargo cometió el error de bombardear a la población civil de Londres, Coventry, Southampton, Plymouth, Belfast, Glasgow, etcétera, destruyendo dichas ciudades en las cuales perdieron la vida 60.000 civiles británicos, suceso que no sólo constituyó un crimen de guerra, sino que además permitió recuperarse a la RAF y arremeter contra la Luftwaffe, lo que supuso el fin del intento de un desembarco por parte del Tercer Reich a las Islas Británicas. También durante la “Operación Barbarroja” de 1941, Kesselring estuvo al mando de la 2ª Flota Aérea al iniciarse la invasión de la Unión Soviética, logrando destruir en los primeros meses a 2.500 aviones rusos, 165 tanques, 2.136 vehículos y 194 cañones sobre Minsk, Smolensk y Vyazma. Incluso todavía Kesselring tuvo tiempo de participar en la “Operación Tifón” para conquistar Moscú, aunque antes de que avanzase la campaña fue retirado del Frente Oriental.

Albrecht Kesselring con el bastón de mariscal acompañado de Herman Goering, líder de la Luftwaffe.

A finales de Noviembre de 1941, Kesselring fue nombrado comandante en jefe del Frente del Mediterráneo, siendo su teatro de operaciones el “Marenostrum”, el Norte de África, los Balcanes y el sur de Francia. Su presencia nada más tomar el mando fue un éxito, pues durante la primera mitad de 1942 sus aviones neutralizaron la Isla de Malta; permitieron al mariscal Erwin Rommel reconquistar Libia y Egipto con el Afrika Korps; y provocaron elevadas pérdidas a la Real Marina Británica (Royal Navy) y a sus mercantes. Sin embargo para cuando se produjo el colapso de la Luftwaffe, Kesselring no tuvo la culpa, ya que fue el propio Hitler quién descartó la idea de invadir Malta para avanzar hacia el Río Nilo, lo que supuso la derrota del Afrika Korps en la Batalla de El-Alemein y el inmediato desembarco de las tropas de Estados Unidos en Marruecos y Argelia. Simultáneamente en Túnez y por seguir una vez más las órdenes de Hitler, Kesselring fue el responsable de cosechar una catástrofe sin precedentes tras perder la elevada cifra de 500 aviones intentando suministrar sin éxito al mermado Afrika Korps.

Junto con Rommel, Kesselring sospechó de la evidente traición de Italia después de que el Rey Víctor Manuel III cesara a Benito Mussolini y los italianos mostrasen un cinismo descarado, sobretodo cuando el mariscal Pietro Badoglio saludó a ambos militares con el brazo derecho en alto (precisamente quién había acabado con el fascismo unos días atrás). Mientras tanto los Aliados habían desembarcado en Sicilia durante la “Operación Husky”, lo que haciendo temer a Kesselring una rendición por parte italiana que dejase copadas a las tropas alemanas, el mariscal ordenó abandonar la isla y fortificarse en la Italia Meridional. Así fue como Kesselring y Rommel prepararon un plan para desarmar al Ejército Real Italiano en cuanto decidiera sublevarse, una operación que aparentemente se vislumbraba difícil debido a que únicamente había seis divisiones alemanas, cuatro en Roma y dos en los Alpes, para hacer frente a treinta y cinco divisiones enemigas, veinte aliadas y quince italianas.

Transmitido el comunicado de la rendición de Italia la noche del 8 al 9 de Septiembre de 1943, las fuerzas de Kesselring que desde hacía semanas estaban preparadas, inmediatamente neutralizaron al Ejército Real Italiano y ocuparon Roma después de aprovecharse del escaso espíritu combativo de los italianos, a los que prometieron dejarles en libertad si entregaban todas sus armas, un ofrecimiento al que la inmensa mayoría accedieron. Simultáneamente el error de los Aliados al no desembarcar cerca de Roma y sí hacerlo más al sur en Salerno, Calabria y Tarento, permitió a Kesselring trasladar cómodamente todas sus reservas, incluyendo las dos divisiones de Rommel situadas en el Paso del Brennero. Gracias a esta acción, Kesselring no sólo recuperó más de la mitad de Italia, sino que la zona bajo su control siguió mostrándose a nivel político y militar fiel al Eje tras el rescate de Benito Mussolini y la reinstauración del fascismo en forma de la nueva República de Saló.

Desde mediados de 1943, Kesselring fue el único mariscal alemán que más triunfos consiguió dentro de una guerra que fue desfavorable al Eje. Sabiamente se aprovechó de la geografía italiana plagada de montañas, valles, ríos, rocas y pueblos, para aferrarse encarnizadamente al terreno. Sobre la “Línea Gustav” entre los Ríos Sangro, Rápido y Garigliano, frenó durante más de medio año a los Aliados en la Abadía de Montecassino tras causarles más de 50.000 bajas. Simultáneamente dejó atrapados a los anglo-americanos desembarcados en Anzio a quienes provocó otras 30.000 bajas. Incluso después de la caída de Roma el 4 de Junio de 1944, unos kilómetros más arribá paralizó de nuevo a los Aliados en la “Línea Gótica” situada entre los Apeninos, Toscana y Emilia-Romaña, donde permanecerían estancados todo el resto de la Segunda Guerra Mundial sin poder avanzar mientras consumían recursos y se incrementaban enormemente sus muertos y heridos.

A nivel personal, Kesselring fue también un mariscal muy particular. No le gustaba fumar, tampoco el cine, el teatro ni los salones de baile. Le encantaba beber café y vino, además de saborear la comida italiana. Precisamente como responsable de la ocupación de Italia sentía mucho respeto por el pueblo italiano, país que en el pasado había visitado con su esposa durante su la luna de miel. De hecho solía pasarse los ratos libres escribiendo a su mujer sobre el viaje que harían a Italia cuando acabase la guerra. Tanto cariño sentía Kesselring hacia los italianos que personalmente tuvo que intervenir para evitar ciertos crímenes de las SS, como por ejemplo reducir el número de personas fusiladas por el incontrolable comandante Herbert Kappler durante la Masacre de las Fosas Ardeatinas. También protegió el patrimonio artístico de Roma, Florencia, Siena u Orvieto, lo que sin duda fue todo un gesto de respeto hacia la rica cultura italiana.

Kesselring junto a un avión y pilotos tras la toma de Roma en 1943.

Desmoronándose el Tercer Reich en todos los teatros de operaciones, el 23 de Marzo de 1945 Hitler cesó a Kesselring como responsable del Frente del Mediterráneo para nombrarle comandante en jefe del Frente Occidental, campaña que ya de por sí estaba perdida porque las tropas de Estados Unidos habían roto el margen de protección del Río Rin tras la captura del Puente de Remagen. Así pues, apenas sin fuerzas con las que resistir en una geografía llana y por tanto nada favorable a las tácticas defensivas de Kesselring, rápidamente los británicos penetraron hasta Dinamarca y los norteamericanos dirigidos por el general George Patton alcanzaron Checoslovaquia. Incapaz de rechazar tales ofensivas, lo único que pudo hacer el atormentado mariscal fue mantener a duras penas la línea del frente entre el sector central del Río Elba y las montañas de Austria. Allí resistió hasta que le informaron del suicidio de Hitler y de la capitulación de Alemania. Fue entonces cuando Kesselring se rindió el 9 de Mayo de 1945 en Salzburg, Austria, entregándose al general Maxwell Taylor de la 101ª División Aerotransportada Estadounidense, quién le ofreció un trato muy amable y caballeroso.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Kesselring fue arrestado y llevado a juicio por crímenes de guerra en la ciudad de Verona. Básicamente sus acusaciones se basaron en el bombardeo de la población civil cuando estuvo al mando de la 2ª Flota Aérea de la Luftwaffe y en el abuso de algunas tropas alemanas hacia los civiles cuando ocuparon Italia. Respecto al caso de los bombardeos sobre Varsovia, Kesselring se defendió alegando que nunca había querido matar mujeres o niños; en el de Rotterdam que no había tenido conocimiento de la rendición holandesa antes del ataque; y en el de los raids sobre Inglaterra que los incendios cubrieron los objetivos, por lo cual las bombas cayeron de manera accidental sobre los civiles. Ante tales declaraciones difíciles de sostener, el 10 de Febrero de 1947 Kesselring fue condenado a muerte, aunque el 4 de Julio del mismo año se le conmutó la sentencia por la cadena perpetua gracias a las presiones de antiguos enemigos como el Primer Ministro inglés Winston Churchill o el general Harold Alexander. Permanecería en la cárcel durante unos cinco años, entreteniéndose mediante la pega de sacos de papel con cola para entretenerse. Por suerte para él, el 23 de Octubre de 1952, Kesselring fue indultado y puesto en libertad.

De regreso a Alemania, Kesselring se reunió con su esposa Louise en la ciudad de Wiesse para dedicarse a su familia en su nueva vida de jubilado. Durante aquellos años obtuvo la presidencia de la Asociación de Veteranos del Afrika Korps y poco después de la “Luftwaffering”, un grupo de aviadores retirados. Similar cargo ostentó dentro de un grupo cultural de extrema derecha conocido como los Cascos de Acero (Stahlhem), cuyas ramas se extendieron por Alemania y Austria. Simultáneamente fue un férreo defensor de la Comunidad de Defensa Europea ante la necesidad de equilibrar los poderes respecto a la Unión Soviética durante la Guerra Fría.

Además de su vida política en las asociaciones de veteranos, también se dedicó a escribir sus experiencias en dos obras muy importantes para entender el pasado conflicto. Se trató de Soldado hasta el último día (Soldat bis zum letzen Tag) y Pensamientos sobre la Segunda Guerra Mundial (Gedanken zum zweiten Weltkrieg). Desgraciadamente el 26 de Enero de 1957 falleció su esposa Louise Pauline, suceso que le hizo abandonar todos sus proyectos tras empeorar seriamente su salud.

Inesperadamente el 16 de Julio de 1960 y como consecuencia de un cáncer de garganta, Albrecht Kesselring murió a la edad de 75 de años.

Fallecido el siempre batallador mariscal Kesselring, su funeral en Wiesse fue multitudinario porque acudieron miles de personas y veteranos que circularon por delante de un ataúd de bronce, en donde permanecía vestido con el uniforme azul de la Luftwaffe, el bastón de mariscal entre las manos y la Cruz de Caballero con Espadas sobre el pecho. A la cabeza del féretro fue su hijo adoptivo, Reiner Kesselring, seguido por el antiguo Canciller Franz Von Papen, el general de las SS Sepp Dietrich, el embajador Rudolf Rahn, el almirante Karl Doenitz, el general Joachim Peiper y el militar jubilado Otto Remer, mientras todos cantaban orgullosos el himno de los Cascos de Acero conocido como Yo tenía un Camarada (Ich hatt’einen Kameraden). A continuación fue enterrado junto a su esposa Louise Pauline. Sobre su lápida únicamente figuró el nombre, fecha y rango.

 

Bibliografía:

Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. Volumen 8. “Albert Kesselring”, S.A.R.P.E. (1978), p.198-203

Javier García de Gabriola, Clío Biografías. Líderes Militares, II Guerra Mundial, “Albert Kesselring. El General Optimista”, Revista Clío Biografías 4 (2015), p.50-55

http://en.wikipedia.org/wiki/Albert_Kesselring