Unidades Taiwanesas “Takasago”

Taiwán, también conocida como Formosa, fue el primer territorio extranjero que adquirió Japón en su carrera colonial como potencia imperialista. Lo hizo en 1895 como consecuencia de su victoria en la Primera Guerra Sino-Japonesa y permanecería bajo su control durante casi un siglo, siendo la mayoría de los taiwaneses leales al Imperio Japonés hasta 1945 y distinguiéndose especialmente en la Segunda Guerra Mundial.

Colonización

Formosa era una isla que se componía de dos etnias mayoritarias. Una era la han, formada básicamente por chinos emigrados del continente; y la otra la austronesia, constituida por nueve tribus diferentes entre las que había amis, tayal, paiwan, bunun, tsou, puyuma, rukai, saisyat y yami. Fueron curiosamente los austronesios con sus nueve tribus las que aceptaron de buen grado la colonización de Japón, mostrando una increíble adaptación de amistad hacia ellos y no dudando en “japonizarse” obteniendo la ciudadanía nipona. Contrariamente los chinos han en ningún momento expresaron sus simpatías hacia los colonizadores y como era de preveer los japoneses tuvieron un trato más desigualitario hacia ellos.

Desde el primer momento en que Japón colonizó Taiwán, inició una “japonización” del territorio. Por primera vez en la isla se introdujo la educación obligatoria y gratuita para todos que alcanzó al 87’7% de la población, la cual empezaba para los niños a los 4 años de edad con la enseñanza de asignaturas básicas como las matemáticas y materias enfocadas al mundo de vida local como la horticultura y botánica. El japonés se convirtió en idioma oficial, de hecho las nuevas generaciones austronesias lo adoptaron como propio, aunque sin perder el suyo porque mantuvieron en todo momento las costumbres de sus tribus. Todos los cultos de lealtad al Emperador fueron igualmente introducidos, así como el ritual a la figura del jefe del Estado. Algo que se puso de moda también fue el bautizo de niños con nombres japoneses, así como otros estilos de vida, moda y costumbres niponas que fueron importadas desde el archipiélago.

Cuando estalló la Segunda Guerra Sino-Japonesa en 1937, los austronesios reclutados en Taiwán por el Ejército Imperial Japonés fueron bastante escasos en comparación con otros combatientes. Las zonas de operaciones en donde estuvieron destinados fueron Manchuria y el centro de China. También un puñado de austronesios pelearon contra la Unión Soviética durante la Guerra del Khalkin-Gol de 1939, siendo algunos de ellos capturados por los rusos y enviados a los gulags de Siberia por un período de 5 años.

Segunda Guerra Mundial

Todo cambió a partir de 1942 cuando la Guerra del Pacífico contra los Estados Unidos alcanzó todos los mares. En Taiwán se reclutaron un total de ocho cuerpos formados por austronesios dentro de las fuerzas armadas, aunque otros fueron integrados en la Marina Imperial Japonesa y como auxiliares de aviación. La mayoría de estos voluntarios se mostraron deseosos de morir su patria, siendo todos inflamados por el “Yamatodamashi” (Alma del pueblo Yamato) o “Nipponseishin” (Espíritu Japonés). El periódico Riban no Tomo (Amigos de la Administración Aborigen) fue decisivo a la hora de animar el alistamiento anunciando un salario de 45 Yen. El total de taiwaneses reclutados fueron 8.000 combatientes de un total de 200.000 habitantes, aunque el número de oficiales fue bastante escaso. Como los soldados eran todos de origen austronesio, los más fiables y leales a Tokyo, se los bautizó con el nombre de “Takasago”.

Taiwaneses del Ejército Imperial Japonés en formación.

Nueva Guinea fue el principal escenario al que fueron enviados los austronesios de Taiwán en 1943. Como la selva allí era parecida a la de Formosa, los austronesios demostraron ser mejores que los japoneses en experiencia a la hora de adaptarse a el jungla, en detectar los movimientos de los enemigos y en la audición sensitiva. Los japoneses sintieron mucho respeto hacia ellos por ser obedientes a las órdenes y disciplinados, tanto, que pasaron de emplearlos en tareas auxiliares de suministro para convertirlos en combatientes de primera línea como fusileros. Ni a los australianos ni a los estadounidenses les hizo gracia enfrentarse a los aguerridos taiwaneses que más de una vez les provocaron numerosos dolores de cabeza. Tal era la lealtad de los austronesios al Eje, que en una ocasión el soldado Attol Taukin, impaciente ante la escasez de tinta e incomunicado por culpa del enemigo, se hizo un corte en el dedo y escribió una carta con su sangre para informar a otro destacamento.14 No obstante el coste en vidas humanas fue enorme, pues por ejemplo de los 800 soldados del 7th Batallón Taiwanés, perdieron la vida casi 700.

No todas las acciones de los taiwaneses o “takasago” fueron moralmente justificables durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos trabajaron como centinelas en los campos de concentración japoneses, siendo su comportamiento en ocasiones bastante cruel con los prisioneros como ocurrió en Sandakán, recinto en que el número de guardias taiwaneses superó al de los nipones. En otra ocasión también practicaron casos de canibalismo en el frente, como por ejemplo sucedió en Nueva Guinea donde tras ejecutar a un prisionero de guerra australiano se lo comieron debido a la falta extrema de calorías a la que estaban sometidos por culpa del bloqueo naval.

“Takasagos” en la jungla.

Otros teatros bélicos a los que se destinaron taiwaneses fueron las batallas en las Islas Salomón, Moratai o el infierno selvático de Rabaul. Además de combatir, estos voluntarios ejercieron a veces labores de ocupación como en Timor Oriental, en donde obligaron a los timorenses a cumplir con las entregas de sus productos agrícolas. También 60 taiwaneses, de los cuales 15 eran oficiales y 60 pilotos, fueron encuadrados entre 1944 y 1945 como miembros de la Escuadrilla de Ataque “Kaoru” para ser utilizados como kamikazes contra los buques de la Flota Estadounidense (US Navy) en la Batalla del Golfo de Leyte.

Postguerra

Al escuchar la palabras del Emperador Hiro-Hito por radio proclamando la rendición de Japón el 15 de Agosto de 1945, el trauma para los taiwaneses fue demoledor. Todos ellos sabían que con el fin de la Segunda Guerra Mundial el 2 de Septiembre de 1945 su futuro sería negro e incierto porque los Aliados Occidentales pasarían ocupar su territorio.

China se anexionó Taiwán según lo acordado en los tratados de paz firmados por los Aliados en 1946. En ese momento empezó la venganza de los chinos de etnia han contra los austronesios colaboracionistas de los japoneses. Primeramente fueron víctimas de las campañas de represión “anti-hanjian” que el Kuomintang de Chiang Kai-Shek descargó contra los austronesios, ya fuese encarcelándoles, despidiéndoles del trabajo o privándoles de sus derechos civiles. Pero lo peor de todo fue que se les prohibió hablar en su lengua materna, el japonés, como muchos habían aprendido desde niños, obligándoles a todos a estudiar forzosamente el chino mandarín. Por si fuera poco la humillación presente, las autoridades también les obligaron a cambiar su propio nombre por otro del idioma chino. Con toda esta opresión, los austronesios pasaron casi a convertirse en extranjeros dentro de su propio país.

Lo más triste de la postguerra para los austronesios de Taiwán fue que Japón se desentendió completamente de ellos tras ser presionado por los Aliados a retirarles la nacionalidad japonesa. Por culpa de esta normativa ningún austronesio pudo abandonar un Taiwán que realmente ya no era su patria y regresar a Japón. Tampoco cobraron de Tokyo las pensiones de guerra al no ser considerados japoneses, algo injusto, pues a la hora de enviarles al frente durante la guerra no encontraron ningún impedimento en sí reconocerles la nacionalidad como tal.

Caso Nakamura

Algo asombroso sucedió a finales de 1974 cuando en la Isla de Morotai fue descubierto un viejo soldado del Ejército Imperial Japonés que había permanecido en las montañas más de treinta años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, aguardando fanáticamente en su puesto de combate con la imagen del Emperador Hiro-Hito a la que veneraba diariamente. Esto no era nada raro porque pasaba habitualmente en muchas islas del Pacífico, sin embargo en esta ocasión se dio una particularidad, ya que el soldado no era japonés, sino taiwanés austronesio de la tribu ami. Su nombre era Nakamura Akio y tenía 57 años después de haberse alistado a los 25 en tiempos de guerra. Cuando volvió a Taiwán se alojó en Hualian, su tierra natal. No obstante su desilusión fue desalentadora porque él había nacido cuando la isla era japonesa y ahora era de China, algo que él no alcanzaba a entender. Sin pensar las autoridades en el estrés postraumático de su situación, se le obligó a renunciar a su nombre japonés de Nakamura por el chino de Lee Kuang-Huei. Pero Nakamura tampoco hablaba el idioma chino, ya que su idioma desde niño había sido el japonés. Ni siquiera el Gobierno de Japón se acordó de él como había hecho con muchos otros soldados encontrados en el Pacífico. Triste y sin ganas de vivir, Nakamura murió de cáncer cuatro años después de su retorno debido a las bebidas alcohólicas y al tabaco, aunque más bien la causa de su muerte fue un lento suicidio ante un mundo que no comprendía y le había dado la espalda.

El caso de Nakamura sólo fue un ejemplo más de los muchos que hicieron colmar el vaso entre todos aquellos excombatientes austronesios rechazados por las políticas xenófobas de Taiwán y al mismo tiempo no reconocidos por Japón. En 1977 por fin surgió un grupo de protesta en la Universidad de Meiji, Japón, liderado por el profesor Shigeki Miyazaki, padre de un antiguo teniente taiwanés durante la guerra. Gracias a que la organización cobró fuerza y se extendió a Taiwán, el Gobierno de Japón se encontró en un aprieto diplomático. Ante las presiones sufridas hacia el Parlamento (Dieta), en 1988 el Gabinete no tuvo más remedio que donar 2.000.000 Yen de dinero a los antiguos combatientes como compensación.18 No obstante muchos no lo encontraron suficiente porque antes que el dinero preferían la nacionalidad japonesa y su reconocimiento justo como excombatientes. Tras intensos debates en la Dieta de más de 200 sesiones, finalmente Japón accedió a sus exigencias en 1996. Los veteranos taiwaneses recuperaron sus pagas atrasadas y el honor como veteranos les fue restituido.

 

Bibliografía:

-Chih-Huei Huang, The Yamatodashi of the Takasago Volunteers of Taiwan, Harumi Befu and Sylvie Guichard-Anguis Editorial (2001), p.221-225
-https://en.wikipedia.org/wiki/Takasago_Volunteers
-http://www.taiwan-panorama.com/en/show_issue.php?id=199938803078E.TXT&table=3&cur_page=1&distype=text