Unidades Coreanas

De todas las colonias que dispuso Japón en la Segunda Guerra Mundial, la Península de Corea fue indudablemente la más importante de todas. Sometidos los coreanos a la contradicción de servir a una patria que había ejercido duras represiones contra ellos, muchos fueron los que mostraron una lealtad fuera de lo común combatiendo dentro de las filas del Ejército Imperial Japonés.

Colonización

Corea ofrecía muchas ventajas que el Japón del siglo XIX carecía: un régimen pluvial constante que irrigaba sus praderas (el 88% de estas cultivables), minas de carbón, yacimientos minerales de hierro y sobretodo un espacio fértil muy amplio en el que asentar a la población japonesa en aumento. Ante estas características geográficas tan beneficiosas, Japón fue inmiscuyéndose en los asuntos coreanos primero con la firma de acuerdos comerciales en el Tratado de Gangwha en 1876, luego con la intervención de la Marina Imperial Japonsa a Seúl en 1882 (como consecuencia del asesinato de 13 ciudadanos) con las que se obligó a la Dinastía Joseon a pagar indemnizaciones en el Trato de Chemulpo, y finalmente con la Revuelta de Tonghak en 1894 que llevó al Ejército Imperial Japonés a desembarcar 8.000 soldados en el país. Sin embargo sería la Guerra Ruso-Japonesa de 1904 a 1905 y la cotundente derrota militar de Rusia, la que facilitó la definitiva invasión y anexión de Japón a Corea en 1910.

Bandera de la Corea Japonesa.

Desde el primer momento en que los japoneses pusieron pie en Corea, cualquier vestigio de identidad nacional fue suprimido a costa de una violenta colonización. A la explotación económica de sus recursos naturales y mineros, le siguió el establecimiento de 170.000 colonos japoneses que arrebataron el 98% de la tierra cultivable a los coreanos. Pronto la península se convirtió en un lugar de difícil convivencia y foco de constantes revueltas fallidas contra los japoneses que normalmente terminaron en masacre. Sin embargo la presencia de Japón en Corea no sólo implicó cosas negativas, también algunas positivas, ya que los japoneses fueron los responsables de modernizar la península como nunca antes nadie lo había hecho con infraestructuras occidentales de última generación en forma de industrias, ferrocarriles, hospitales, escuelas, puentes, etcétera.

Una de las principales políticas que desarrolló Japón en la Península Coreana fue la niponización de la cultura y la sociedad, intentando poco a poco ir apartando a las tradiciones coreanas por las japonesas, incluyendo su lengua que fue siendo sustituida progresivamente por la coreana. Aquello lógicamente acabó en un levantamiento popular en 1919 conocido como “Primer Movimiento de Marzo” que terminó en una fuerte represión por parte de los japoneses. No obstante las protestas y la inestabilidad en Corea fueron tal, que a partir de 1920 Japón se mostró más laxo con la población nativa autorizando la participación asamblearia de ciertas élites coreanas en la administración y permitiendo el uso del idioma coreano, además de legalizar la publicación de varios periódicos y la apertura de dos escuelas privadas en dicha lengua. Desde entonces la presencia japonesa se fue suavizando, sobretodo en 1927 con la fundación de un partido nacionalista coreano llamado Nueva Sociedad de Corea (Singanhoe) que Tokyo controlaba desde la sombra y sujetaba a sus intereses.

Guerra Sino-Japonesa

Cuando se produjo la invasión a Manchuria en 1931, Japón volvió a mostrar mano dura con Corea prohibiendo a la población hablar en su lengua, forzando a cambiar los nombres de las personas por otros japoneses y vetando la religión budista coreana en favor de la religión shintoísta nipona. Aquello significó un nuevo estallido de revueltas y la aparición de grupos guerrilleros clandestinos como el Partido Comunista Coreano y diversas sociedad secretas, una de las cuales llegó a atentar sin éxito contra el propio Emperador Hiro-Hito. A las restricciones anteriores, se sumó el incremento de la explotación industrial y agrícola con motivo del inicio de la Segunda Guerra Sino-Japonesa en 1937. Fue en este momento cuando un gran sector de la población coreana fue obligada a vivir bajo un régimen cercano a la esclavitud en el que casi 2.400.000 personas fueron desplazadas a Japón como mano de obra barata y miles de mujeres coreanas, las llamadas “eianbu”, enviadas al frente y convertidas a la fuerza en prostitutas de los soldados japoneses.

Soldados coreanos del Ejército Imperial Japonés en Seúl.

No obstante y a pesar de la brutal represión a Corea, muchos fueron los coreanos que siguieron confiando en que Japón rebajaría su actitud hacia ellos, sobretodo desde que los japoneses comenzaron a ceder estados autónomos tutelados en Asia como Manchukuo o Mongolia Interior. Así pues muchos nativos apoyaron la causa bélica nipona como hizo Ho Yong (Hinatsu Eitarô en japonés) al estrenar la película Tú y yo (Kimi to Boku) que resaltaba la amistad entre japoneses y coreanos, además de ciertas organizaciones como la Sociedad Dchindan dedicada al estudio de la civilización coreana o el Grupo de Salvación Coreano (Hanguo jiuguotuan) que con base en China promocionaba la ocupación nipona. Esta actitud favorable ayudó a que Japón disminuyese su política tan punitiva en la Península Coreana, aprobando para ello la Orden Educacional para Corea (Chosen Kyôiku Rei) que igualaba los currículums entre japoneses y coreanos; además de legalizar el periódico en lengua coreana Chosun Ibo; y permitir el libre alistamiento por parte de la población masculina en el Ejército Imperial Japonés dentro de una unidad mixta coreano-nipona llamada Fuerza Especial Gando.

Fuera del ámbito territorial de Corea, Manchukuo fue mucho más tolerante con los coreanos residentes en su patria que no el Imperio Japonés. De hecho el Ejército Imperial Manchú aprovechó el odio de estos inmigrantes hacia el comunismo para crear el 15 de Diciembre de 1938 el Destacamento Coreano de Infantería de Apoyo (Chien Tao Tui). Esta unidad formada por 1.400 voluntarios coreanos al mando del Príncipe Yi-Un, constó de dos compañías de infantería y una batería de morteros. Inicialmente fue utilizada como fuerza policial de ámbito urbano-rural en Manchuria y más tarde como una guarnición militar desplegada al norte de la provincia china de Hubei, donde sufriría 400 deserciones antes de ser finalmente aniquilada por la guerrilla maoísta de los chinos.

Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial el Ejército Imperial Japonés incrementó sus filas enormemente con reclutas coreanos de poco más de 3.000 efectivos iniciales a casi 300.000 soldados. Una gran parte de estos combatió contra los partisanos del Partido Comunista Chino y los soldados del Kuomintang a lo largo de escenarios como Manchuria, Jiandao o Hubei. Curiosamente algunos de los coreanos que participaron en el Ejército Imperial Japonés serían personalidades importantes de la futura Corea del Sur en la postguerra como el Primer Ministro Chung Il-Kwon o el general Paik-Sun-Yup.

La propia Corea fue también lugar de enfrentamientos desde que los Aliados en Washington reconocieron al Gobierno Provisional de la República Coreana en el exilio bajo el liderazgo del Presidente Kim Gu, desde donde se fue alimentando a la guerrilla local en contra de los ocupantes japoneses. Precisamente en suelo patrio nació el Ejército de Liberación Coreano al mando del general Ji Cheong-Cheon que obligó a muchos coreanos en el Ejército Imperial Japonés a enfrentarse a sus propios compatriotas. Pero también el bloque comunista asiático de Mao Tse-Tung reconoció simultáneamente a otro gobierno de corte marxista representado por los partisanos del Ejército Voluntario Coreano que operaron en la península primero al mando del oficial Kim tu-Bong, luego de Mu Chông y más tarde de Kim Il Sung, futuro “Líder” de Corea del Norte durante la Guerra Fría.

Muchos coreanos contratados como guardias por el Ejército Imperial Japonés fueron los que custodiaron la terrorífica red de campos de concentración a lo largo de todo el Imperio Nipón sobre Asia y el Océano Pacífico. Este tipo de funcionarios, armados desde armas de fuego a cañas de bambú, se mostraron en ocasiones más brutales y crueles que los mismos japoneses con los reos a la hora de aplicar torturas. La Unidad 731 de Manchuria fue uno de los destinos de los guardias coreanos, aunque también estuvieron presentes en las obras del “Ferrocarril de la Muerte” de Birmania, en las Islas Marinas e incluso en las Filipinas, donde algunos de ellos maltrataron a prisioneros estadounidenses durante la “Marcha de la Muerte” de Bataán. Tras la contienda 148 coreanos serían juzgados por crímenes de guerra y 23 de ellos ejecutados.

Columna de tropas coreanas al servicio del Ejército Imperial Japonés.

Cuando la conflagración mundial se extendió al Frente del Pacífico, miles de coreanos en el Ejército Imperial Japonés fueron distribuidos por todo el Imperio Nipón para frenar la ofensiva de Estados Unidos. Solamente en la Batalla de Tarawa, un total de 2.000 coreanos resistieron sobre una diminuta isla desde el 20 hasta el 23 de Abril de 1943 a los marines norteamericanos, a los que provocaron cientos de muertos a costa de ser completamente aniquilada la guarnición, salvo 29 soldados que optaron por rendirse. Otros miles de coreanos cayeron en la campaña de las Islas Marshall sobre los archipiélagos de Eniwetok, Kwajalein y Roi-Namur a principios de 1944, siendo capturados 163 de ellos por los estadounidenses. Sin embargo durante la Batalla de Tinian en el verano de ese mismo año, la moral estaban tan baja, que los 5.000 coreanos presentes en la isla desertaron en su mayoría, muchos de ellos cogidos más tarde por los japoneses y ejecutados por traición. No obstante, lo más sorprendente de esta cooperación coreano-nipona, fueron los escasos coreanos que se convirtieron en “kamikazes” y que estrellaron sus aviones contra navíos norteamericanos en la Batalla de Okinawa.

A finales de la Segunda Guerra Mundial en Agosto de 1945, la Unión Soviética invadió Corea por el norte y Estados Unidos desembarcó sus tropas en el sur. Los últimos coreanos del Ejército Imperial Japonés perderían la vida luchando contra el Ejército Rojo en Manchuria, la Isla de Sajalín y al norte de la propia Corea, antes de que producirse la paz definitiva el 2 de Septiembre de 1945.

Terminada la Segunda Guerra Mundial, el panorama futuro de Corea se presentó oscuro debido a su división entre la zona de ocupación estadounidense y la soviética, con sendas independencias en 1948 en forma de la República de Corea (Corea del Sur) y la República Popular de Corea (Corea del Norte). La fractura terminó en el famoso conflicto conocido como la Guerra de Corea entre 1950 y 1953 que implicó a casi todas las potencias del mundo de un lado y otro del Telón de Acero para terminar en una situación de estancamiento sin solución que se prolongaría décadas sobre el Paralelo 38º. Sin embargo y a pesar de que las consecuencias inmediatas a la expulsión japonesa fueron indudablemente negativas, la modernización aplicada por Japón en la colonia durante casi 40 años ayudó a que Corea se convirtiese a finales del siglo XX en una importante potencia económica, industrial y tecnológica del Sudeste Asiático.

 

Bibliografía:

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-Linda Karen Miller, Japanese Colonialism in Korea 1910-1945: A Document-Based Essay Exercise, “The Japanese Occupation of Korea 1910-1945”, Korea Society (2000), p.331
-Philip Jowett, Rays of the Rising Sun. Armed Forces of Japan’s Asian Allies 1931-1945. Volume 1. China and Manchukuo, “Chien Tao Tui. Korean Support Infantry Detachmen”, Helion & Company, (2004), p.34-35