Marina Brasileña

Brasil tuvo que lidiar con una guerra naval sin restricciones a lo largo de la Segunda Guerra Mundial. Básicamente desde 1942 hasta 1945, la Marina Brasileña demostraría su eficacia durante las diversas escoltas en las travesías de los convoyas y algunas escaramuzas marítimas contra la amenaza de los buques del Eje tanto sus costas como en aguas de ultramar.

Al estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939, Brasil tenía muy claro que si un día intervenía en el conflicto, lo haría a favor de los Aliados con motivo de su situación marítima en el Océano Atlántico y América del Sur. Estados Unidos, país neutral que en secreto apoyaba a Inglaterra en su lucha contra Alemania, aprobó a principios de 1941 la Ley de Préstamos y Arriendos para la venta de material bélico, de la que Brasil se benefició como miembro del Hemisferio Sur con un crédito de 200 millones de dólares y la creación el 24 de Julio de la Comisión Militar Americano-Brasileña.

Acorazado Sâo Paulo, el buque más poderoso de la Marina Brasileña.

Justo antes de desatarse la guerra marítima entre el Eje y los Aliados, la Marina Brasileña (Marinha do Brasil) contaba con una fuerza naval muy pequeña y escasamente eficiente para cubrir sus costas. Sus dos barcos más poderosos eran los acorazados Sâo Paulo y Minas Geraes, ambos aún con tecnología de la Primera Guerra Mundial, que al menos tenían la ventaja de estar armados con cuatro torretas de tres cañones cada una entre los 209 y 305 milímetros. A estas naves les seguían en tamaño y calidad de fuego los cruceros Bahia y Rio Grande do Sul, así como buques pequeños y anticuados entre los que se contabilizaban los destructores Piaui, Mato Grosso, Rio Gran do Norte, Paraiba, Catarina y Para; o las corbetas Carioca, Cananéia, Camocim, Cabedelo, Caravelas y Camaquâ. Respecto al resto de los navíos, todos eran de una importancia secundaria como el submarino Humaytá de origen italiano, el buque auxiliar Vital de Oliveira, los dos barcos hidrográficos Rio Branco y Jaceguai, el remolcador Laurindo Pitta y el cañonero fluvial Paraguassú destinado al Río Amazonas.

El miedo de la Marina Brasileña a la hora de proteger a sus navíos mercantes, todavía neutrales, se originó el 1 de Julio de 1941 después de que un submarino alemán retuviera con disparos de cañón al carguero Siqueira Campos junto a Cabo Verde (a pesar de que a continuación le dejó marchar tras una exhaustiva inspección). Otro incidente similar ocurrió en el Mar Mediterráneo cuando un avión alemán ametralló accidentalmente al mercante brasileño Taubaté, matando a un marinero a bordo. Estos hechos que preocuparon tanto a Brasil hicieron que la Marina Brasileña comprase a Gran Bretaña seis barcos de pesca que estaban construyéndose en los astilleros de Laje de Río de Janeiro, a los que reconvirtieron en las corbetas de batalla Vidal de Negreiros, Matias de Albuquerque, Felipe Camarâo, Henrique Dias, Fernandes Vieira y Barreto de Menezes.

Corbetas brasileñas en un puerto de Brasil.

Cuando se produjo el ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de Diciembre de 1941, Brasil como nación dentro de la esfera de la Doctrina Monroe de Estados Unidos, tuvo que abrir el paso desde Enero de 1942 a los primeros barcos de la Flota Estadounidense que al mando del almirante Jonas Ingram comenzaron a repostar en la base de Recife. Sin embargo y como represalia por esta colaboración de Brasil con Estados Unidos, los submarinos alemanes recibieron orden de hundir cualquier barco brasileño que apoyase el esfuerzo de guerra norteamericano. De esta manera fue como el 16 de Febrero, un sumergible alemán torpedeó al mercante brasileño Buarque, incidente que se repitió durante las semanas siguientes mediante ataques con torpedos a los cargueros Olinda, Cabedelo, Arabutâ, Cairu, Comandante Lira, Gonçalves Dias, Alegrete, Pedrinhas, Tamandaré, Barbacena y Piave. Ante esta reacción alemana, Brasil respondió firmando el 23 de Mayo un acuerdo militar con Estados Unidos a través de dos comisiones mixtas que tuvieron su sede en Washington y Río de Janeiro. Sólo dos semanas más tarde, el 5 de Junio, se creó en Recife el Comando Naval de Pernambuco, más tarde denominado Fuerza Naval del Noreste (Força Naval do Noroeste) al mando del contralmirante Alfredo Carlos Soares Dutra. No obstante y pese a tales amenazas, los submarinos alemanes no se amedrentaron porque entre los días 15 y 19 de Agosto lanzaron una serie de incursiones contra el sector marítimo de Foz do Rio Real en donde hundieron 6 barcos, entre ellos los mercantes Baependi, Araraquara, Aníbal, Benévolo, Itagiba y Arará, más el yate Jacira, lo que dejó un saldo de 607 marineros muertos, muchos de ellos soldados que estaban siendo trasladados hacia el norte. A raíz este suceso, Brasil no pudo permanecer neutral por más tiempo y el 31 de Agosto declaró la guerra a Alemania, Italia y Japón.

Al entrar Brasil en la Segunda Guerra Mundial formando parte del bando de los Aliados, el país disponía de la costa más extensa de América después de los Estados Unidos. Desgraciadamente la Marina Brasileña era muy reducida y encima la mayor de sus buques habían sido construidos en torno a la década de 1910, por lo que carecían de capacidad de combate en superficie y encima de ninguna defensa antisubmarina. Ante esta situación que impedía cubrir todo el litoral brasileño y proteger las líneas de convoyes en el Atlántico Sur, el Presidente Getúlio Vargas acordó con el Gobierno de Washington la compra de una notoria cantidad de barcos adaptados a la guerra antisubmarina moderna y a la autorización para entrenar personal naval en Miami, además de la apertura del Centro de Instrucción de Guerra Submarina (CIGAS) y del Centro de de Instrucción de Tácticas Antisubmarinas (CITAS).

El 24 de Septiembre de 1942 la Flota Estadounidense (US Navy) entregó primeros barcos a la Marina Brasileña en el puerto de Natal. Se trataba de los dos cazasubmarinos de Clase G llamados Guaporé y Gurupi, ambos equipados con sistemas avanzados del radar ASW, morteros tipo K y cargas de profundidad de 300 libras. Al mismo tiempo se transfirió tecnología moderna a los cruceros Bahia y Rio Grande do Sul, a los que se instaló sonares para alertar de sumergibles; además de otorgarse entre finales de 1942 y principios de 1943 en Miami a ocho navíos más que incluyeron los cazasubmarinos de Clase J bautizados como Javari, Jutaí, Juruá, Jurena, Jaraguâo, Jaguaribe, Jacuí y Jundiaí. Una vez puestos en servicios todos estos buques, las naves fueron organizadas a lo largo de la costa brasileña en tres grupos de escolta que se repartieron de la siguiente manera: el 1º Grupo del capitán José Luís de Araújo Goiano formaba con los Javari, Jutaí y Juruá; el 2º Grupo del capitán Joâo Faria de Lima con los Jaraguâo y Jaguaribe; y el 3º Grupo del capitán Arthur Oscar Saldanha da Gama con los Jurena, Jacuí y Jundiaí.

Sumergible Humaytá de origen italiano, el único submarino de la Marina Brasileña.

Avanzado el año 1943, el Estado Mayor de la Marina Brasileña comprendió que los diez barcos entregados anteriormente no iban a ser suficientes para las misiones requeridas debido al gran número de escoltas y operaciones a desempeñar, razón por la cual la División Pan-Americana del almirante Oscar Spears autorizó la venta de nuevo material naval a Brasil. Así fue como la Flota Estadounidense entregó a la Marina Brasileña seis nuevos cazasubmarinos de Clase G llamados Guaíba, Gurupá, Guajará, Goiana, Grajaú, Graúna. Sin embargo, no todos los nuevos buques adquiridos por Brasil fueron importados del extranjero, ya que el país también produjo los suyos propios en sus astilleros como sucedió con los destructores Marcílio Dias, Mariz e Barros y Greenhalg botados el 29 de Noviembre en Río de Janeiro por la Compañía Ilha das Cobras. A pesar de todo, el número continuó sin ser suficiente y por dicha razón a comienzos de 1944 la Marina Brasileña tuvo que comprar de Estados Unidos nuevas unidades entre las que estuvieron los ocho destructores de escolta equipados con sonar y radar Bertioga, Beberibe, Bracuí, Baurú, Baependi, Benevente, Babitonga y Bocaina.

Aproximadamente un total de 55 navíos conformaron la Marina Brasileña en la Segunda Guerra Mundial. Según su tipología, la clasificación fue la siguientes: dos acorazados, dos cruceros, diecisiete destructores, dieciséis cazasubmarinos, doce corbetas, un submarino, un cañonero fluvial, un buque auxiliar, un remolcador y dos buques buques hidrográficos.

Marina Brasileña:
Acorazado Sâo Paulo
Acorazado Minas Geraes
Crucero Bahia
Crucero Rio Grande do Sul
Destructor Piaui
Destructor Mato Grosso
Destructor Rio Grande do Norte
Destructor Paraiba
Destructor Catarina
Destructor Para
Destructor Marcílio Dias
Destructor Mariz e Barros
Destructor Greenhalg
Destructor Bertioga
Destructor Beberibe
Destructor Bracuí
Destructor Baurú
Destructor Baependi
Destructor Benevente
Destructor Babitonga
Destructor Bocaina
Cazasubmarinos Guaporé
Cazasubmarinos Gurupi
Cazasubmarinos Javari
Cazasubmarinos Jutaí
Cazasubmarinos Juruá
Cazasubmarinos Jurena
Cazasubmarinos Jaraguâo
Cazasubmarinos Jaguaribe
Cazasubmarinos Jacuí
Cazasubmarinos Jundiaí
Cazasubmarinos Guaíba
Cazasubmarinos Gurupá
Cazasubmarinos Guajará
Cazasubmarinos Goiana
Cazasubmarinos Grajaú
Cazasubmarinos Graúna
Corbeta Carioca
Corbeta Cananéia
Corbeta Camocim
Corbeta Cabedelo
Corbeta Caravelas
Corbeta Camaquâ
Corbeta Vidal de Negreiros
Corbeta Matias de Albuquerque
Corbeta Felipe Camarâo
Corbeta Henrique Dias
Corbeta Fernandes Vieira
Corbeta Barreto de Menezes
Submarino Humaytá
Cañonero Fluvial Paraguassú
Buque Auxiliar Vital de Oliveira
Remolcador Laurindo Pitta
Buque Hidrográfico Rio Branco
Buque Hidrográfico Jaceguai

Durante la Segunda Guerra Mundial, la misión de la Marina Brasileña fue la de escoltar a los convoyes procedentes del Atlántico Sur hasta el Mar del Caribe, en cuyas aguas la Flota Estadounidense se hacía cargo del resto del trayecto. De entre dichos convoyes, el más importante y vulnerable era el que partía de Trinidad, haciendo escala en puertos intermedios como Río de Janeiro o Recife, para a continuación seguir hacia el norte a lo largo de una ruta en la que protegieron a más de 3.000 mercantes. Habitualmente la formación que la Marina Brasileña adoptaba para este tipo de labores era el despliegue de 7 barcos de guerra que se situaban en un círculo alrededor de un convoy compuesto de 40 a 60 mercantes mientras iban navegando en zigzag manteniendo una distancia de 4.000 metros. Mediante este método, la Marina Brasileña escoltó a 3.164 buques (1.587 estadounidenses y 1.577 brasileños) durante 575 misiones y 600.000 millas náuticas, además de participar en 654 operaciones de salvamento sobre el mar y encajar unas pérdidas materiales de tan sólo el 1%.

Otra misión de la Marina Brasileña en la Segunda Guerra Mundial fue la de transportar a los 25.700 soldados de la Fuerza Expedicionaria Brasileña (FEB) hacia Europa, haciendo una ruta que partía desde Brasil, para continuar en el Atlántico Central, atravesar el Estrecho de Gibraltar, acceder al Mar Mediterráneo y desembarcar en Italia, en donde las tropas brasileñas combatían al Ejército Alemán y al Ejército Italiano. De hecho, el primer trayecto hacia la Península Itálica lo realizó en el verano de 1944 mediante un convoy militar escoltado por los destructores Marcílio Dias, Mariz e Barros y Greenhalg, que como el resto que vinieron después, todos completaron sin sufrir incidente alguno.

Crucero brasileño Bahia, hundido en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.

Inevitablemente a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, algunos barcos de la Marina Brasileña resultaron hundidos en acción. Por ejemplo el 19 de Junio de 1944, el submarino alemán U-861 torpedeó al buque auxiliar Vital de Oliveira al que echó a pique provocando la muerte de 99 marineros. Al cabo de un mes, el 21 de Julio de 1944, la corbeta Camaquâ se volcó por culpa del fuerte oleaje y se hundió con 33 tripulantes cerca de Recife. Sin embargo la mayor tragedia tuvo lugar el 4 de Julio de 1945 durante unas maniobras que la Marina Brasileña llevaba a cabo antes de acudir al Océano Pacífico y sumarse al bloqueo naval sobre el Japón, cuando el crucero brasileño Bahía fue alcanzado accidentalmente por fuego amigo y en tan solo tres minutos se hundió llevándose la vida 336 marineros.

Terminada la Segunda Guerra Mundial el 2 de Septiembre de 1945, la Marina Brasileña sufrió la pérdida de tres navíos entre un crucero, una corbeta y un buque auxiliar, así como la muerte de 468 marineros. Hasta entonces, la escuadra también había logrado algunos récords navales históricos que se resumieron del siguiente modo: el cazasubmarinos Guaporé fue el barco que más tiempo permaneció en el mar con una cifra de 427 días; la corbeta Caravela fue la nave que participó en más operaciones con un total de 77 misiones; y el destructor Baurú fue el único buque en sobrevivir al desguace y convertirse en un museo flotante dentro del puerto de Río de Janeiro.

 

Bibliografía:

-Ramón Prendes, Convoyes del Atlántico Sur: La Marina Brasileña en la 2ª Guerra Mundial, Revista FAM Historia Militar (2013), p.49-59
-http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_ships_of_the_Brazilian_Navy