Los kamikazes fueron el arma definitiva de Japón cuando en los momentos de máxima desesperación entre los años 1944 y 1945, miles de pilotos voluntarios tomaron la decisión de sacrificar su vida para intentar cambiar el curso de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que las tácticas suicidas consistentes en estrellar aviones contra los portaaviones y otros buques de la Flota Estadounidense no modificaron el curso de la Guerra del Pacífico, sí que infligieron grandes pérdidas humanas y materiales a los Aliados, además de ocasionarles una fuerte conmoción psíquica a la hora de enfrentarse a los japoneses, los cuales acabaron escribiendo algunos de los episodios más valientes y épicos en las páginas de Historia del Imperio del Sol Naciente.
Origen
La crítica situación de Japón a partir del verano de 1944 con el desgaste experimentado durante las ofensivas en China y la India, así como la pérdida de las Islas Marianas y el hundimiento de tres portaaviones en la desastrosa Batalla del Mar de Filipinas, dejaron patente que la contienda estaba más que perdida para el Imperio del Sol Naciente. Ante este sombrío panorama los altos mandos imperiales buscaron alternativas desesperadas para revertir el curso de la Segunda Guerra Mundial, siendo una de estas la posibilidad de emplear pilotos suicidas que estrellasen sus aviones contra los barcos de la Flota Estadounidense.
Antes de los kamikazes no existían precedentes de inmolación de aviadores en la Guerra del Pacífico, ni tampoco en ningún otro conflicto, aunque sí la idea cuando fue introducida por Benito Mussolini en 1935 durante la Segunda Guerra Ítalo-Etíope, cuando ante el riesgo de un estallido de hostilidades entre la Italia Fascista y Gran Bretaña, el Duce planteó la creación del Cuerpo de Aparatos Suicidas. Esta unidad pretendía buscar voluntarios entre los Camisas Negras para colisionar sus aviones contra los buques de la Marina Real Británica desplegados en el Mar Rojo, quienes a cambio de dicho sacrifico sus familias serían recompensadas económicamente de por vida y al héroe se le erigiría una estatua en su pueblo o ciudad natal (obviamente al final todo se descartó tras la neutralidad de Inglaterra).
Con la Segunda Guerra Mundial en marcha sobre Europa y Asia se produjeron algunos ataques suicidas, pero siempre fruto de la desesperación cuando el piloto había sido alcanzado y no tenía posibilidades de sobrevivir, o en todo caso embistiendo a otro aparato como hacían los soviéticos mediante las tácticas «Tarán». Curiosamente la primera vez que la prensa en Japón citó el término kamikaze asociado a un aviador lo hizo con la figura del oficial búlgaro Dimitar Spisarevsky (por ese entonces Bulgaria era miembro del Eje), quién tras ser haber sido alcanzado su caza Messerschmitt Bf 109 en los cielos de la capital de Sofia, se autoinmoló al estrellarse y derribar a un bombardero norteamericano B-24 Liberator.
La idea definitiva de aplicar tácticas suicidas en la Guerra del Pacífico fue del vicealmirante Takijiro Ônishi al cargo de la I Flota Aérea, quién junto al comandante Asaiki Tamai del 201º Grupo Aéreo y el capitán Rikehei Inoguchi, los tres llegaron a la conclusión de que para resolver la crisis militar que se estaba viviendo en 1944 era necesario crear el Cuerpo de Ataque Especial, más conocido como «Tokkôtai» (Tokubetsu Kogeki Tai). El planteamiento de esta unidad era buscar un piloto que por voluntad propia se sacrificara por su país empotrándose con un avión cargado de explosivos contra las partes más vulnerables de un barco enemigo, especialmente contra los ascensores de cubierta y torre de mando de un portaaviones, bien lanzándose en picado desde una altura de entre 5.500 y 6.500 metros, o bien a ras del agua para evitar a los radares y acto seguido enfilar hacia el objetivo tras un suave ascenso de 3.000 metros.
Normalmente las armas más utilizadas por los kamikazes fueron aviones, especialmente el mítico interceptor Zero conocido como «Caza Samurái», pero también Yokosuka D4Y, torpederos Nakajima B5N y bombarderos en picado Aichi D3A Val, e incluso bombarderos medios Mitsubishi G4M, Mitsibishi Ki-21, Mitsubishi Ki-67 o Yokosuka P1 Y1. De igual forma se fabricaron 852 unidades de misiles tripulados a rección Okha o «Flor de Cerezo», además de minisubmarinos Kaiten con 1.500 kilogramos de TNT, lanchas explosivas «Shinyo» o «Maru-Ni» y buzos-mina «Fukuyuru».
El Cuartel General Imperial de Tokyo y los altos cargos del Estado Mayor, incluyendo el Primer Ministro Koiso Kuniaki, quedaron maravillados con los aviadores suicidas, ya conocidos como «kamikazes», pero no tanto el Emperador Hiro-Hito a sabiendas de que los pilotos encontrarían una muerte segura. A pesar de las dudas el monarca fue convencido tras asegurarle sus subalternos de con aquella medida se ahorrarían vidas, pues según los cálculos con cada piloto muerto se hundiría un barco y por tanto en unos meses se podría culminar con la aniquilación de la Flota Estadounidense. Así lo aclaró el vicealmirante Takijiro Ônishi en su discurso del 17 de Octubre de 1944 cuando afirmó lo siguiente: «Nuestro único medio de detener al enemigo es estrellar nuestros cazas Zero, portadores de bombas de 250 kilos, contra las cubiertas de vuelo de sus portaaviones».
Visión Filosófica
La inspiración histórica de los kamikazes, en idioma japonés «divinidad» (kami) y «viento» (kaze), se sostuvo en el milagro que se produjo cuando el Imperio Mongol del Emperador Kublai Khan trató de invadir Japón en dos ocasiones durante los años 1274 y 1281 del Período Kamakura, pero en ambas campañas las flotas mongolas fueron hundidas por un inesperado tifón que se desató sobre el Estrecho de Tsushima, según la leyenda por intervención de Amaterasu, la Diosa del Sol, quién levantó el «Viento Divino» o «Kamikaze» (en algunas denominaciones «Shimpu»). A este pensamiento popular también se sumó el hecho de que los ancestros de la Dinastía Yamato a la que pertenecía el Emperador Hiro-Hito, eran descendientes mismos de Amaterasu desde hacía más de 2.000 años, algo que sin duda justificaba el acto de sacrificar la propia vida con tal de preservar y garantizar la supervivencia del Imperio Japonés.
A nivel filosófico el mismo acto mismo del kamikaze estaba estrechamente ligado a la religión mayoritaria de Japón, en este caso el culto shintoísta del Estado, ya que según el punto de vista de esta creencia el espíritu del piloto inmolado, el «kami», viajaría al Santuario de Yasukuni en Tokyo (templo levantado por el Emperador Meiji para acoger a los patriotas caídos en cualquier guerra), en donde el fallecido moraría y recibiría los máximos honores por parte de sus familiares y de toda la nación. Respecto a los millones de personas que seguían el budismo, se justificó el suicidio afirmando que como el aviador estaba sacrificando su vida por el bien de la comunidad, le resultaría sencillo alcanzar la plena iluminación del «nirvana»; mientras que aquellos que eran cristianos, se convencieron de que podrían acceder al paraíso en compañía de Jesucristo y el Padre si llevaban en su avión un ejemplar de la Bíblia.
Los rituales de los japoneses antes de las acciones kamikaze fueron diversos y variaron según el momento, aunque el más común era recitar una oración y luego brindar con el jefe de escuadrón ingiriendo un cuenco de sake o vino de arroz durante una ceremonia conocida como «Mizu Sakazuki». Los atuendos de los aviadores era un pañuelo anudado a la cabeza llamado «hachimaki» con un frontal del disco solar «hinomaru» (a veces también el círculo brillante «kyokujitsuki» de la Marina Imperial Japonesa), así como telas con el dibujo de un crisantemo o nombres inscritos de diferentes espíritus, linajes familiares o personajes históricos como el famoso samurái Kusunoki Masashige que vivió entre los años 1294 y 1336. Esta vestimenta solía estar acompañada de una katana, una pistola del modelo Nambu, una bufanda, un trozo de arroz con tofu y un cinturón «Senninbari» que diseñaban a propósito las madres de los suicidas (quienes como recuerdo de sus hijos recibían un poema en un papel, un mechón de sus cabellos y sus uñas cortadas). La última fase del ritual se reservaba para el mismo instante de la muerte cuando justo antes de estrellar el aparato contra un objetivo enemigo el piloto gritaba «¡Banzai, Banzai, Banzai…!».
El perfil de cualquier kamikaze usualmente estaba constituido por jóvenes de 25 a 35 años (en algunos casos adolescentes de 17 años) que eran miembros de la Fuerza Aérea Imperial Japonesa, la mayoría pilotos licenciados o recién salidos de las escuelas de vuelo, aunque pronto acabaron reclutándose cadetes e incluso voluntarios de las universidades. A todos ellos les unía un ideal ultranacionalista, un fuerte patriotismo, la lectura del código samurái del Bushido y la lealtad al Emperador y al Clan Yamato, así como un poderoso sentimiento de pertenencia a su familia y a la comunidad, algo muy arraigado en la sociedad japonesa que se conocía como «Yamatodashi».
La sensación de estar muriendo en favor del colectivo y por Japón fue clasificado con el término de «Rippanashi», ya que cualquier voluntario podía tomar el camino del autosacrificio independientemente de su clase social, nivel cultural o creencia religiosa, ya se fuese shintoísta, budista o cristiano. Sin embargo un número elevado de los jóvenes kamikazes se caracterizaron por su alto nivel intelectual, una elevada capacidad crítica, estar licenciados en varios idiomas, poseer grados de estudios superiores y ser unos magníficos conocedores de la política nacional e internacional, además de haber entre ellos un buen puñado de ingenieros, abogados, economistas, escritores, filólogos, etcétera… A pesar de todo para determinar la probada lealtad de un piloto suicida los mandos solían efectuar una especie de «cuestionario kamikaze»; sin obviar con que a individuos muy concretos se les prohibió llevar a cabo el ritual suicida, como por ejemplo los que fuesen primogénitos o hijos únicos para no romper la estirpe familiar, aunque a veces ocurrieron casos sorprendentes como el de una madre que escribió a los superiores de su hijo para que le autorizasen estrellar su aparato. También se vetó el acceso a mecánicos, navegantes o expertos en otras aptitudes técnicas, muy necesarios a aquellas alturas del conflicto; así como a los «ases de cazas», como les sucedió a los oficiales Hiroyoshi Nishizawa o Naoshi Kanno que fueron descartados. El caso más sorprendente fue el del instructor de vuelo Hajime Fujî, quién como padre de una familia numerosa tan sólo fue admitido al «Tokkôtai» cuando su esposa Fukuko se suicidó en un río tras asesinar ahogando sus dos hijas de uno y tres años, Chieko y Kazuko.
A lo largo del conflicto hubo un reducido número de kamikazes que a diferencia de la inmensa mayoría no marchó del todo voluntario a las misiones suicidas, entre estos algunos jóvenes que sabían de antemano que la guerra estaba perdida, pero que por una simple cuestión de orgullo no querían manchar su reputación ni el honor de sus familias. De hecho en algunas ocasiones había mandos desalmados que en su búsqueda de aspirantes formulaban la pregunta trampa de «¿quién no se ofrece voluntario?», lo que forzaba a todos los presentes a enrolarse para no quedar en evidencia ante los demás. Eso mismo quedó patente en algunas hojas de enrolamiento para servir en el «Tokkôtai» en las que se leía lo siguiente: ¿Quiere unirse a la Unidad de Ataque Especial? A) Deseo fervientemente unirme; B) Sí; C) No. También se registraron casos de aviadores a los que se apuntó en la lista de suicidas sin su permiso, como le ocurrió al piloto Kuroda Kenjiro; e incluso algunos que fueron degradados y castigados a combatir como infantes en el frente, como le pasó a Ryô Yamada.
Curiosamente hubo algunos kamikazes que regresaron con vida de sus misiones y experimentaron represalias por parte de las autoridades, tal y como le sucedió a Kenichiro Ônuki cuando tras ser alcanzado por las balas de un caza norteamericano durante un encuentro sobre el Océano Pacífico, perdió la dirección de vuelo y no tuvo más remedio que aterrizar en una isla cercana para reparar su avión. Sin embargo en cuanto tomó tierra los soldados japoneses le acusaron de cobarde y sin juicio previo le encerraron en una prisión, donde sufrió torturas y vejaciones hasta su liberación posterior al término de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose de este modo Ônuki en el único «kamikaze superviviente».
Campaña de las Filipinas
El 17 de Octubre de 1944 se conformó el primer escuadrón del «Tokkôtai» bajo el nombre provisional de Cuerpo Especial de Asalto por Impacto, el cual contaba con 41 pilotos y 26 cazas Zero A6M5 equipados con bombas de 250 kilogramos, así como un número menor de aparatos de otras formaciones que se articularon en las Escuadrillas «Yamato», «Shikishima», «Ashahi» y «Yamazakura». La mayoría de estos aviones se concentraron sbre Luzón en el Aeródromo de Mabalacat, en donde el vicealmirante Takijiro Ônishi en compañía del capitán Asaichi Tamai, el oficial Rikihei Inoguchi y el teniente Masanobu Ibusuki, pronunció ante las tripulaciones el siguiente discurso: Ya no somos lo suficientemente poderosos para enfrentarnos al enemigo en combates aéreos y no nos queda otra salida que impedir el despegue de los aviones americanos. Por tanto hay que inutilizar las pistas de los portaaviones, aunque sólo sea durante una semana. Pienso que el único modo de alcanzar nuestro objetivo es cargar los aviones de caza con bombas de 250 kilogramos y estrellarlos contra el objetivo. ¿Qué piensan ustedes de ello?.
Oficialmente el 20 de Octubre de 1944 se produjo la primera acción kamikaze de la Historia en los días previos a la Batalla del Golfo de Leyte, cuando un bombardero bimotor Mitsubishi G4M impactó y hundió al remolcador estadounidense USS Sonoma, al mismo tiempo en que un solitario caza Zero se estrellaba y echaba a pique al transporte de tropas USS LCI-1.065. Como los norteamericanos pensaron que todo se había tratado de choques accidentales decidieron no tomar ninguna medida, por lo que al día siguiente, el 21, un bombardero en picado Mitsubishi Ki-51 colisionó contra el mástil del crucero australiano HMAS Australia, desparramando combustible ardiendo por toda la cubierta que mató a 32 tripulantes entre nueve oficiales y 23 marineros, incluyendo al capitán Emile Dechaineux.
A las 7:40 del 25 de Octubre el «Tokkôtai» se estrenó sobre una flota de portaaviones en las Filipinas cuando el sargento Keîchi Ueno inmoló su aparato contra el USS Santee, al que ocasionó daños graves y mató a dieciséis tripulantes; antes de que un segundo avión dejara completamente fuera de servicio al USS Petrof Bay tras abrirle un boquete de 3 metros entre la cubierta de vuelo y el hangar. Lo peor no obstante le ocurrió al USS Saint-Lô después de que un caza Zero a los mandos del piloto Yukio Seki le sobrevolara por encima y atrajese el fuego de las armas antiaéreas, las cuales le averiaron porque dejó tras de sí una estela de humo, algo que tranquilizó a los artilleros al pensar que el peligro había pasado. Sin embargo justo en ese instante el interceptor dio media vuelta y de nuevo enfiló hacia la nave para acto seguido desprenderse de la bomba de 250 kilogramos y empotrar el morro sobre la pista, ocasionando una inmensa explosión que extendió gasolina y fuego por toda la cubierta. El potente estallido prendió el combustible y las municiones dentro de las bodegas, por lo que el USS Saint-Lô se fue a pique con la consiguiente muerte de 114 marineros y heridas en otros 300, convirtiéndose de este modo en el primer portaaviones hundido en la Segunda Guerra Mundial.

El portaaviones USS Saint-Lo siendo alcanzado de lleno por un kamikaze durante la Batalla del Golfo de Leyte.
Los informes de los supervivientes del USS Saint-Lô definieron al aparato estrellado como «Devil Diver» o «Avión Diablo», pensando que se había tratado de un suicido forzoso como consecuencia de que los artilleros habían dañado con anterioridad al Zero. Sin embargo pronto descubrieron que aquello no era así porque al día siguiente, el 26 de Octubre, un caza del mismo modelo se estampó contra la pista del portaaviones USS Suwannee, destruyendo sobre la pista a varios torpederos Avenger e infligiendo a la tripulación un total de 310 bajas entre 123 muertos y 187 heridos. Al cabo de tres días, el 29, una acción similar repitieron trece bombarderos en picado japoneses Aichi D3A Val sobre un grupo de portaaviones estadounidenses a los que ocasionaron los siguientes efectos: al USS Intrepid le fue destruido su montaje de cañones antiaéreos de 20 milímetros con doce artilleros fallecidos; al USS Belleau Wood le incendiaron la plataforma con 92 miembros del personal chamuscados; y al USS Franklin le destrozaron 33 aparatos embarcados en cubierta, acabando con la vida de 56 hombres e hiriendo a otros 69.
A inicios de Noviembre los Aliados eran conscientes de la existencia de los kamikazes, aunque durante la primera fase del mes el «Tokkôtai» redujo sus acciones en las Filipinas, ya que los japoneses tan sólo hundieron el día 1 al destructor USS Abner Read con veinticuatro muertos a bordo, además de dañar a seis barcos de transporte de clase «Liberty» y de manera leve al portaaviones USS Lexington II. Curiosamente el 20 se produjo un ataque con un mini-submarino suicida del modelo Kaiten cuando el marinero que tripulaba el torpedo bajo el agua chocó por debajo de su línea de flotación con el petrolero USS Mississinewa, al que hundió en medio de la rada de Ulithi con la consiguiente muerte de 63 de sus marineros.
El 25 de Noviembre los kamikazes ocasionaron daños a los tres portaaviones USS Hancock, USS Cabot y USS Essex, estos dos últimos con 62 y quince fallecidos respectivamente; mientras que el 27 lanzaron un gran ataque con once cazas Nakajima Ki-43. El resultado de la acción comenzó con daños al acorazado USS Colorado que encajó 91 bajas entre 19 muertos y 72 heridos; aunque al poco tiempo un solitario interceptor nipón derribó con sus ametralladoras a un bimotor norteamericano P-38 Lightning, el cual poco después cambió de rumbo para empotrarse y hundir al cazasubmarinos USS SC-744. Dos días más tarde, el 29, otra formación de Nakajima Ki-43 arremetieron contra la Flota Estadounidense, acabando con la vida de 30 marineros del acorazado USS Maryland tras colisionar uno de los aparatos sobre las Torre A y la Torre B, sin obviar con que otros aviones causaron graves averías a los dos destructores USS Aulick y USS Saffley. Al cabo de cinco de cinco jornadas de estos sucesos, el 5 de Diciembre, una escuadra que navegaba por el Golfo de Leyte recibió un nuevo asalto del «Tokkôtai» que acabó con el hundimiento del transporte de tropas USS LSM-20 y dejó muy tocados al USS LSM-23 y al destructor USS Drayton.
Las incursiones sobre la Bahía de Ormoc fueron una de las más letales llevadas a cabo por los kamikazes cuando el 7 de Diciembre una escuadrilla de nueve bimotores Kawasaki Ki-45 hundieron a los dos destructores norteamericanos USS Mahan II y USS Ward, además de echar a pique al barco de transporte USS LSM-318 y al buque de reparaciones USS Little, este último desapareciendo bajo el agua con 36 hombres (incluido el capitán), sin obviar con que también dañaron al destructor USS Lamson III. A los tres días, el 10, los aparatos del «Tokkôtai» aparecieron de nuevo sobre Ormoc para averiar seriamente al destructor USS Hughes y hundir dos barcos, entre estos un carguero de tipo «Liberty» y a la patrullera USS PT-323, cuya tripulación encajó dos muertos y once heridos. Al día siguiente, el 11, los aviones suicidas interceptaron sobre el Estrecho de Surigao a otra escuadra enemiga sobre la que se precipitaron y hundieron al destructor USS Reid, el cual se partió en dos y se sumergió para llevarse consigo las vidas de 103 miembros de la tripulación.
Al iniciarse los desembarcos de los Aliados en la Isla de Mindoro los japoneses trataron de impedirlo con el envío de kamikazes que entre el 12 y el 13 de Diciembre dañaron a los destructores USS Caldwell y USS Haraden, así como al crucero ligero USS Nashville que se retiró con un cuarto de bajas entre sus tripulantes tras perder la vida de 133 hombres y resultar heridos 190, contabilizándose entre las víctimas mortales el general William Dunckel. A los dos días de este episodio, el 15, dos bimotores Kawasaki Ki-48 colisionaron y hundieron a dos lanchas anfibias LST; mientras que el 17 y 18 un par de bombarderos ligeros Mitsubishi Ki-51 se inmolaron para echar a pique a la patrullera USS PT-300 y averiar a la PT-75 que se retiró con un muerto y un herido.
La última fase del año 1944 estuvo repleta de ataques del «Tokkôtai» en las Filipinas, como el del 22 de Diciembre en que los pilotos suicidas hundieron dos lanchas de desembarco en la Isla de Mindoro, o el del 28 que acabó con el hundimiento del carguero SS John Burke, cuya tripulación de 68 hombres falleció al completo sin registrarse supervivientes. A las cuarenta y ocho horas de estas incursiones, a las 15:30 del día 30, otro grupo de aviones dañaron a los dos destructores USS Gransevoort y USS Pringle, además de echar a pique tanto al petrolero USS Porcupine y al buque de reparaciones USS Orestes.
El primer ataque del «Tokkôtai» en el año 1945 tuvo lugar el 4 de Enero cuando un caza procedente de la Isla de Luzón atacó a la Flota Estadounidense anclada en el corazón de las Filipinas, empotrándose y desintegrando las municiones del carguero militar SS Lewis Dyche, el cual acabó por hundirse con 71 marineros fallecidos. A los pocos minutos un bimotor nipón Kawasaki Ki-45 también se estrelló sobre la cubierta de vuelo del portaaviones USS Ommaney Bay, justo antes de soltar dos bombas que perforaron su banda de estribor y perforaron el casco, prendiendo la gasolina y detonando los torpedos almacenados, por lo que finalmente la nave se hundió pereciendo a bordo 91 tripulantes.
A la jornada siguiente, el 5 de Enero, un escuadrón de dieciséis kamikazes infligieron daños leves en el portaaviones USS Manila Bay y en el destructor USS Stafford, además de causar dos fallecidos al destructor australiano HMAS Arunta, así como un muerto y 59 heridos en el crucero ligero USS Louisville. Veinticuatro horas más tarde, el 6, un aparato colisionó en el puente de mando del acorazado USS New Mexico para acabar con la vida de 30 hombres y herir a 87, contabilizándose entre las víctimas mortales el capitán Robert Fleming y el general británico Herbert Lumsden, este último representante del Primer Ministro Winston Churchill ante el general Douglas MacArthur. Los restantes aviones también dañaron al acorazado USS California que encajó 44 marineros muertos y 155 heridos, al crucero ligero USS Columbia al que dejaron fuera de servicio la Torre Número 4, a los destructores USS Allen Sumner y USS Walke que sumaron una docena de fallecidos (entre ellos el capitán George Davis), y por segunda vez al crucero USS Louisville que se retiró con 36 muertos, incluyendo al vicealmirante Theodore Chandler. La peor parte sin embargo se la llevaron los dos únicos buques hundidos durante la operación del «Tokkôtai» que fueron dragaminas USS Long a manos de un caza Zero y poco después el transporte de alta velocidad USS Brooks.
El 7 de Enero de 1945 los kamikazes atacaron el Golfo de Lingayen para hundir al dragaminas USS Palmer; mientras que el 8 hicieron lo propio con una lancha de transporte LST, además de dañar al portaaviones USS Kitkun Bay, al transporte australiano HMAS Westralia y al transporte norteamericano USS Callaway, encajando este último 29 fallecidos en el impacto. Al día siguiente, el 9, justo cuando comenzaba el desembarco de los Aliados en la Isla de Luzón, los pilotos del «Tokkôtai» causaron 24 muertos en el crucero USS Columbia y obligaron a retirarse por averías al crucero pesado australiano HMAS Australia. A estos ataques se sumaron la jornada del 10 las incursiones de las lanchas suicidas del modelo «Maru-Ni», cuyos tripulantes enfilaron sus respectivas proas hacia la escuadra enemiga para acabar hundiendo a cinco embarcaciones de tropas (a costa se perdieron 45 lanchas de este tipo). De hecho de manera simultánea un grupo de aviones se precipitó sobre la Flota Estadounidense, pero con escaso resultado porque el destructor USS LeRay Wilson sufrió daños menores con seis muertos y siete heridos; aunque al mismo tiempo el transporte armado USS DuPage quedó fuera de combate con 35 fallecidos y 136 heridos.
Los días 12 y 13 de Enero tuvieron lugar los últimos ataques del Tokkôtai» en las Filipinas que se resolvieron con averías graves en el portaaviones USS Salamaua, en los dos cargueros SS Elmira Victory y SS Otis Skinner, y en los destructores USS Gilligan y USS Richard Suesens, estos últimos con doce muertos y once heridos respectivamente. Sin embargo el peor impacto de un avión suicida se lo llevó el transporte SS Kyke Johnson, pues como el aparato atravesó el casco de parte a parte, perecieron a bordo nada menos que 128 soldados del Ejército Estadounidense que iban a participar en la invasión de Luzón.
Al concluir la campaña del «Tokkôtai» en las Filipinas a finales de Enero de 1945, un número de aproximadamente 480 aviones kamikazes se perdieron en las operaciones, entre estos 378 suicidas y 102 de escolta, de los cuales el 34% alcanzaron sus objetivos con 121 impactos (en comparación al 5% de éxito de los ataques con bombas o torpedos convencionales). El resultado de estas acciones fue de 27 barcos estadounidenses hundidos sumando a los dos portaaviones USS Saint-Lô y USS Ommaney Bay; los cuatro destructores USS Abner Read, USS Mahan II, USS Ward y USS Reid; los dos dragaminas USS Long y USS Palmer; el cazasubmarinos USS SC-744: las dos patrulleras USS PT-123 y USS PT-300; los cuatro cargueros SS John Burke, SS Lewis Dyche, USS Brooks y USS William Ladd; los dos petroleros USS Mississinewa y USS Porcupine; el remolcador USS Sonoma; los dos buques de reparaciones USS Little y USS Orestes; y los siete transportes USS LSM-20, USS LSM-318, USS LST-432, USS LST-738, USS LST-460, USS LST-749 y USS LCI-1.065. De la misma manera 46 navíos sufrieron daños de diversa consideración entre los que estaban los diecisiete portaaviones portaaviones USS Santee, USS Petrof Bay, USS Suwannee, USS Intrepid, USS Belleau Wood, USS Franklin, USS Lexington II, USS Hancock, USS Cabot, USS Essex, USS Manila Bay, USS Kitkun Bay, USS Salamaua, USS Kalinin Bay, USS White Plains, USS Marcus Island y USS Savo Island; los tres acorazados USS Colorado, USS New Mexico y USS California; los cuatro cruceros HMAS Australia, USS Columbia, USS Louisville y USS Nashville; los catorce destructores USS Aulick, USS Saffley, USS Drayton, USS Lamson II, USS Hughes, USS Gransevoort, USS Pringle, USS Stafford, USS Allen Sumner, USS Walke, USS LeRay Wilson, USS Gilligan, USS Richard Suesens y HMAS Arunta; la patrullera USS PT-75; los seis cargueros SS Elmira Victory, SS Otis Skinner, SS Kyle Johnson, USS Callaway, USS DuPage y HMAS Westralia; y el transporte USS LSM-23.
«Banzai» en Iwo Jima, Formosa y Ulithi
A finales de Enero de 1945 los Estados Unidos acecharon la Isla de Formosa, por lo que rápidamente el «Tokkôtai» organizó en Taiwán a la Escuadrilla «Nîtaka» con seis cazas Yokosuka D4Y y un puñado de interceptores Zero. La única acción de esta unidad fue un ataque el 21 de Enero que dejó muy averiado al destructor norteamericano USS Maddox, así como gravemente dañado al portaaviones USS Ticonderoga cuando un avión cargado con una bomba atravesó el hangar y causó un incendio, acabando con la vida de 143 tripulantes y ocasionando heridas en otros 202.
Cuando en Febrero de 1945 comenzó la Batalla de Iwo Jima con un desembarco en la isla del Cuerpo de Marines, el vicealmirante Kimpei Teraoka que estaba al cargo de varias unidades aéreas en Japón, creó para la ocasión a la Escuadrilla «Mitate» bajo el mando del teniente Hiroshi Murakawa. La formación reunió el 19 de Febrero a un número suficiente de torpederos Nakajima B6N y cazas de los modelos Zero o Yokosuka D4Y, los cuales volaron hacia la Isla de Hachijô Shima el 21, cuyo aeródromo situado en las Islas Ryûkyû se hallaba muy próximo al área de alcance de la Flota Estadounidense.
El mismo 21 de Febrero de 1945 un bombardero Mitsubishi G4M apareció sobre la Isla de Iwo Jima y empotró su morro contra el portaaviones norteamericano USS Bismarck Sea, penetrando los restos del aparato por la banda de estribor e incendiando el ascensor trasero; al mismo tiempo en que un caza se estampaba contra la estructura, estropeando el sistema contraincendios y provocando una explosión de los aviones estacionados en el hangar, por ese entonces rellenos de carburante. El estallido de los aeroplanos y los torpedos del almacén generó la zozobra de la nave y el posterior hundimiento del USS Bismarck Sea que desapareció bajo el agua con 318 tripulantes.
Otros cinco kamikazes que tomaron parte en la Batalla de Iwo Jima se estrellaron sobre la cubierta del portaaviones USS Saratoga que milagrosamente sobrevivió al castigo, aunque con 143 fallecidos a bordo y completamente fuera de combate debido a que los daños le impidieron participar en el resto de la Segunda Guerra Mundial. De la misma manera un torpedero Nakajima B51 impactó y ocasionó 17 muertos al dragaminas USS Keokuk; mientras que otros dos aviones causaron daños ligeros en el portaaviones USS Lunga Point y en la barcaza de transporte LST-477.
Curiosamente el ataque de mayor radio de acción del «Tokkôtai» tuvo lugar durante la «Operación Tan» sobre la Isla de Ulithi en las Islas Marshall, la cual estuvo protagonizada por la Escuadrilla «Azusa» con aviones de largo alcance Yokosuka P1Y. El viaje hacia la Micronesia se efectuó el 11 de Marzo de 1945 desde Kanoya, pero a causa de averías o accidentes durante una peligrosa ruta de 2.500 kilómetros, tan sólo uno de los bimotores llegó al objetivo, en donde se estrelló y causó considerables daños al portaaviones USS Randolph, ocasionándole 26 muertos y 126 heridos.
Batalla de Okinawa
Cuando Estados Unidos proyectó la «Operación Iceberg» para invadir las Islas Ryûkyû, los japoneses reunieron a más de 1.000 pilotos suicidas, aviones y cohetes a reacción Okha dentro del Escuadrón «Crisantemo Flotante» o «Kikusui», el cual se hallaba desplegado en la Isla de Kyûshû bajo el mando del vicealmirante Matome Ugaki. La mayor parte de los aviadores por aquel entonces carecían de experiencia en combate y tampoco poseían horas de vuelo suficientes en su historial, lo que sumado a la falta de aparatos debido a que muchos eran destruidos por la aviación enemiga en sus propios aeródromos, ocasionaría numerosas dificultades a la «Tokkôtai». A estas complicaciones había que añadir que los norteamericanos habían mejorado sus sistemas defensivos enviando escuadras de destructores por delante del grueso de la flota, todos equipados con radares de alerta temprana, sin obviar con que contaban con nuevos dispositivos que cubrían el cielo mediante pantallas de baterías antiaéreas, además de disponer de grandes concentraciones de cazas de interceptación Corsair y Hellcat.
Antes de comenzar la Batalla de Okinawa que daría inicio a la campaña de las Islas Ryûkyû, el 19 de Marzo de 1945 un solitario caza Zero avistó a la flota de invasión y se precipitó hacia la escuadra enemiga, siendo perseguido por ocho interceptores Corsair que lo acabaron derribando antes de efectuar el ataque suicida sobre el portaaviones pesado USS Franklin. No obstante y contra todo lo previsto en el último instante el piloto nipón pudo soltar dos bombas que penetraron la cubierta de vuelo, haciendo estallar a los aviones que se encontraban aparcados y recién cargados de combustible, lo que provocó una serie de explosiones en cadena que mataron a 724 tripulantes y dejaron heridos a otros 265. La fuerte escora de la nave y los daños encajados fueron tan inmensos que los técnicos declararon irreparable al portaaviones, por lo que finalmente el USS Franklin fue dado de baja y desguazado al terminar la Segunda Guerra Mundial.
Los kamikazes continuaron acosando a la Flota Estadounidense mientras se estrechaba el cerco en torno a las Islas Ryûkyû, como ocurrió el 20 de Marzo cuando un caza Yokosuka D4Y mató a doce marineros e hirió a otros veintiuno tras impactar contra el destructor USS Halsey Powell. Lo mismo le ocurrió el 26 al acorazado USS Nevada tras recibir la colisión de un viejo caza Nakajima Ki-27 que provocó un centenar de bajas entre los artilleros de las dotaciones antiaéreas y destruyó la Torre Número 3, sin obviar con que esa misma jornada recibieron daños leves el destructor USS Kimberly y el carguero USS Gilmer, este último con un fallecido y tres heridos.
Bajo el nombre de «Operación Kikusui» un buen puñado de kamikazes respondieron a los desembarcos de Estados Unidos en Okinawa el 1 de Abril de 1945, dejando fuera de combate al carguero militar USS Hindsale con dieciséis fallecidos y hundiendo a la barcaza USS LST-884, a bordo de la cual perecieron veinte soldados y otros veintiún resultaron heridos. También dañaron al transporte USS Alpine con 19 muertos, al minador USS Adams y al portaaviones británico HMS Indefatigable que sufrió la muerte de 21 tripulantes y heridas en otros 27, siendo este el primer choque suicida contra un buque de la Marina Real Británica (Royal Navy). A la jornada siguiente, el 2, los japoneses causarían a los norteamericanos nada menos que 536 bajas entre 134 fallecidos y 402 heridos, justo antes de infligir averías al portaaviones USS Wake Island y al carguero USS Achernar, además de incendiar y echar a pique al transporte rápido USS Dickerson.
A las 15:00 horas de la tarde del 6 de Abril tuvo lugar uno de los ataques kamikazes más exitosos de la Batalla de Okinawa en los que participaron 355 aviones del Escuadrón «Crisantemo Flotante», ya que en una sola jornada acabarían para siempre con cinco destructores y un dragaminas de la Flota Estadounidense. La primera oleada compuesta por torpederos Nakajima B6N hundieron al destructor USS Bush tras reventarle la sala de máquinas y al destructor USS Cohoun tras partirle la quilla en dos secciones, además de echar a pique al dragaminas USS Emmons y dañar al gemelo USS Rodman. Al poco tiempo, en torno a las 16:00 horas, una segunda oleada de aparatos suicidas dejaron fuera de combate a los destructores USS Leutze, USS Newcombe, USS Witter y USS Morris (los cuatro declarados irreparables y por tanto perdidos), además de hundir al transporte USS LST-477 y a los cargueros SS Hoobs Victory y SS Logan Victory, e incluso averiar de gravedad al dragaminas USS Defence y al portaaviones británico HMS Illustrious, el cual se retiró con desperfectos en sus planchas de acero y dos de sus aviones embarcados reducidos a cenizas.

Caza Zero en vuelo rasante sobre el mar para suicidarse contra la línea de flotación del acorazado USS Missouri.
El 7 de Abril el «Tokkôtai» lanzó nuevos ataques kamikazes algo más moderadamente porque los aparatos dañaron al portaaviones USS Hancock, al acorazado USS Maryland y a los destructores USS Samuel Miles y USS Kidd, a este último destrozando su sala de calderas en la que fallecieron 38 marineros. El caso más curioso fue el de un caza Zero que se estampó de costado contra la cintura del acorazado USS Missouri, ya que el piloto llamado Setsuo Ishino salió despedido de la cabina y murió en cubierta, en donde el capitán William Callaghan ordenó organizar un funeral militar para el subteniente nipón sin vida, a cuyo cuerpo cubrieron con una bandera del Sol Naciente y le despidieron con una guardia de honor mediante el toque funerario de corneta «Tap».
Los misiles Ohka o «Flor de Cerezo» entraron en acción con éxito el 12 de Abril cuando el pilotado por el teniente Saburo Doi consiguió picar en vertical desde una altura de 6.000 metros a 800 kilómetros por hora y atravesar la sala de máquinas del destructor USS Mannert Abele, al que partió en dos trozos y hundió con la consiguiente muerte de 79 tripulantes. Al mismo tiempo en una cuadrícula marítima situada entre las Islas de Ie Shima y Kerama Retto que era conocida por los norteamericanos como «Barranco de los Kamikazes», los japoneses iniciaron sus mortíferas incursiones con las que volaron la popa del minador USS Lindsey tras prender las municiones de 127 milímetros, matar a 52 marineros y herir a otros 60, aunque en el último instante el barco fue salvado gracias a que el capitán Thomas Chambers ordenó reducir la presión del agua. De la misma manera los nipones hundieron al transporte USS LSC-33 y dañaron a los destructores USS Zellars, USS Whitehirst y USS Sigsbee, éste alcanzado por un Zero que dejó 22 fallecidos y 74 heridos; sin obviar con que un torpedero Nakajima B61 se empotró contra el acorazado USS Tennesse para acabar con la vida de 22 hombres y herir a 27.
Aproximadamente 500 kamikazes y escoltas del «Tokkôkai» acecharon la Flota Estadounidense el 16 de Abril, impactando cinco aviones contra el destructor USS Laffey que de manera milagrosamente se mantuvo a flote con 31 muertos y heridos. También se salvaron con algunos daños los destructores USS Bryant, USS Hobson y USS Bowers, encajando este último 48 fallecidos; así como los transportes USS LCS-51 y USS LCS-116 con una docena de marineros sin vida; o el portaaviones USS Intrepid al que los japoneses destrozaron los hangares y la cubierta de vuelo con la consiguiente muerte de diez operarios y la destrucción 40 aviones aparcados de los modelos Corsair y Hellcat. La peor parte sin embargo se la llevaron los destructores USS y Harding USS Pringle que fueron hundidos por los nipones, en el caso de este último partido por la mitad a la altura de la quilla con el fallecimiento de 61 miembros del personal.
Con el inicio de la jornada el 22 de Abril los kamikazes hundieron al dragaminas USS Swallow y al transporte de tropas USS LCS-15, además de rozar un aparato suicida las cargas de profundidad del destructor USS Isherwood que detonaron y mataron a 42 marineros. Al cabo de cinco días, el 27, los pilotos del «Tokkôtai» averiaron de consideración al destructor USS Ralph Talbot y al carguero USS Rathburn, además de prender las municiones y echar a pique al mercante militar SS Canadian Victory cuando descargaba soldados en las playas de Higushi. Veinticuatro horas más tarde, el 28, los japoneses dañaron a dos buques hospitales de la siguiente modo: un monomotor Nakajima Ki-27 abrió un boquete de 10 metros en el USS Pinkney para acabar con la vida de 38 pacientes; mientras que un segundo aparato del mismo modelo se estrelló en el quirófano del USS Comfort, masacrando a treinta enfermos y miembros del personal médico, entre ellos seis enfermeras. De hecho al día siguiente, a las 16:57 horas del 29, los nipones aplastaron al torre de mando del destructor USS Hazelwood que se retiró con 46 fallecidos a bordo, incluyendo el capitán y varios oficiales; además de hundir con la implacable colisión de un interceptor Zero al destructor USS Haggard que se sumergió con una decena de hombres.
Al empezar el mes de Mayo de 1945 el «Tokkôtai» dejó fuera de juego al minador USS Terror que encajó la muerte de 48 marineros y más de un centenar de heridos durante la jornada del 1, sin obviar con que también recibió considerables daños el carguero SS Hall Young. A las cuarenta y ocho horas, el 3, se puso en marcha la «Operación Kukusui» que ocasionó a los norteamericanos las siguientes pérdidas: un aparato japonés voló la quilla y hundió al destructor USS Little con 30 tripulantes fallecidos; un segundo interceptor nipón destruyó al minador USS Aaron Ward que sería dado de baja con más de 100 muertos o heridos; un tercero envió al fondo del mar al transporte USS LSM-195; y un cuarto averió al dragaminas USS Macomb.
La segunda fase de la «Operación Kukusui» se lanzó el 4 de Mayo con resultados igual de devastadores porque cazas Kawasaki Ki-61 hundieron a los transportes USS LSM-190 y USS LSM-194, al mismo tiempo en que tres hidroaviones Kawanishi E7K echaban a pique al destructor USS Morrison, el cual fue envuelto por una explosión en la que murieron 150 tripulantes. Al poco tiempo un avión consiguió chocar contra la popa del destructor USS Luce, causando una detonación en las cargas de profundidad que provocaron el hundimiento de la nave en poco menos de 30 segundos con el consiguiente fallecimiento de 149 miembros del personal y 94 heridos. De la misma manera un caza Nakajima Ki-43 mató a 51 marineros en el crucero USS Birmingham, un Nakajima Ki-48 pilotado por el cabo Kanichi Horimoto causó desperfectos en el destructor USS Ingraham, un Zero averió al portaaviones inglés HMS Indefatigable y un caza interceptor del mismo modelo abrió un boquete de siete metros en el portaaviones británico HMS Formidable, liquidando a nueve personas y destruyendo una decena de aviones embarcados. Algo más de éxito tuvo un Kawasaki Ki-45 a los mandos del cabo Saburo Mizhokoshi, pues tras estrellar su bimotor dejó fuera de combate para siempre y sin posibilidad de reparación al portaaviones norteamericano USS Sangamon.
Algunos de los últimos aparatos que tomaron parte en la «Operación Kukusui» se precipitaron contra la Flota Aliada anclada ante la Isla de Kerama Retto la jornada del 9 de Mayo de 1945, cuando uno de los aviones soltó una bomba de 250 kilogramos antes de estamparse en el portaaviones inglés HMS Victorious, matando durante el impacto a cinco operarios británicos y rompiendo el ascensor del hangar; al mismo tiempo en que un solitario bombardero en picado Aichi D3A Val deformaba la superestructura del destructor norteamericano USS England, acabando con la vida de 35 hombres e hiriendo a otros 27. No obstante el peor golpe del ataque se lo llevó el destructor USS Oberrender después de que un monomotor le perforase la cubierta del lado de estribor, ya el buque quedó inservible y tuvo que ser hundido por el propio personal de marinería algunos meses más tarde.
El 11 de Mayo de 1945 fue uno de los días más importantes del «Tokkôtai» en la Batalla de Okinawa porque los nipones pusieron en el aire a unos 250 aviones suicidas y de escolta, de los que 40 serían abatidos antes de alcanzar sus objetivos por los cazas estadounidenses Corsair y Hellcat. A pesar de las pantallas antiaéreas un aparato dejó fuera de combate para siempre al destructor USS Evans, mientras que un misil tripulado Okha destruyó por completo al destructor gemelo USS Hugh Handley, pereciendo 60 marineros a bordo de ambos buques que fueron considerados irrecuperables. Acto seguido dos cazas Zero pilotados por el subteniente Seizô Yasunuri y el alférez Kiyoshi Ogawa aprovecharon una capa de nubes de 600 metros para empotrarse por sorpresa contra el portaaviones USS Bunker Hill, uno sobre la pista y otro junto a la isla, en donde pulverizaron 48 aviones aparcados cargados de carburante y municiones, por lo que se sucedieron una serie de explosiones que causaron la pérdida total de la nave (clasificada como inoperativa) con 701 bajas humanas entre 396 muertos (incluyendo 22 pilotos asfixiados en la sala de mapas), 264 heridos y 41 desaparecidos.
Al día siguiente, el 12 de Mayo, un kamikaze apareció sobre Hagushi y se estrelló sobre el acorazado USS New Mexico al que infligió 54 marineros fallecidos y otros 119 con heridas; mientras que el 14, un caza Zero pilotado por el teniente Shunsuke Tomiyasu colisionó contra la cubierta del portaaviones USS Enterprise, descascarillando el ascensor que se elevó 120 metros de altura con la consiguiente muerte de catorce personas. A las veinticuatro horas, el 15, un Nakajima Ki-44 Shôki destruyó las dos torres del destructor USS Douglas Fox, un Kawasaki Ki-61 generó desperfectos en el carguero USS Chase y un tercer avión mató a catorce tripulantes en el destructor USS Thatcher, sin obviar que un cuarto monomotor hundió al transporte de tanques USS LST-808.
Los días 24 y 25 de Mayo de 1945 el «Tokkôtai» cosechó incontables triunfos porque hundieron o destruyeron sin posibilidad de reparación a los dos minadores USS Spectacle y USS Butler, al carguero rápido USS Bates y al transporte USS LSM-135, además de dañar al mercante USS Ropper y al destructor USS Stormes, este último tras arrancarle parte de la quilla cuando un avión detonó los montantes de torpedos y las municiones de 127 milímetros. De hecho esa jornada un bimotor Yokosuka P1Y que intentó realizar un choque suicida contra el destructor USS Callaghan se precipitó sobre la superficie del mar a causa de un fallo de maniobrabilidad, en cuya superficie murieron el oficial Suichi Koyama y el subteniente Minato Yoshima, pero no el teniente Kaoru Hasegawa que se convirtió en el único kamikaze capturado con vida de la Segunda Guerra Mundial (el cual acabaría teniendo a mistad con militares estadounidenses durante la posguerra).
El 26 de Mayo los pilotos del Tokkôtai» destruyeron en su totalidad al cazasubmarinos USS Force y al minador USS Forrest; mientras que el 27 un grupo de Kawasaki Ki-61 averiaron la dirección del destructor USS Braine, no sin antes arrojar a varios marineros que cayeron al agua para enfrentarse a golpes de remo con los tiburones, de los que 66 perecieron en la superficie y otros 78 resultaron heridos. Al mismo tiempo un caza Mitsubishi Ki-51 dañaba al buque hidrográfico USS Dutton con otros 19 fallecidos y 46 heridos, siendo el autor el aviador Yukio Araki que era menor de edad con tan sólo 17 años (los cuales acababa de cumplir hacía dos meses). Veinticuatro horas más tarde, el 28, un bimotor Kawasaki Ki-45 se estampó contra la banda de babor del destructor USS Drexler, provocando que la nave volteara y se diera la vuelta hasta hundirse con 158 hombres aplastados o ahogados en su interior. Algo parecido le ocurrió el 29 al destructor USS Shubrick cerca de las playas de Hagushi, pues un aparato detonó las cargas de profundidad con una bomba de 250 kilogramos adosada a la panza, ocasionado 32 muertos y el hecho de que fuera dado de baja para siempre.
Con la llegada de Junio de 1945 las incursiones del «Tokkôtai» menguaron porque el día 5 tan sólo causaron un incendio en el acorazado USS Mississippi con un marinero fallecido y volatilizaron al hidroavión del crucero USS Louisville con ocho fallecidos. A la jornada próxima, el 6, un aparato destruyó en su totalidad al minador USS William Ditter; mientras que el 10 una pareja de Nakajima Ki-27 hundieron al destructor USS William Porter y al transporte USS LCS-122; sin obviar con que el 16 un torpedero Nakajima B6N echó a pique al destructor USS Twiggs. Al cabo de una semana, los días 21 y 22, un bimotor Mitsubishi que se estampó contra la tercera cubierta del portahidroaviones USS Curtiss ocasionó un total de 41 muertos y 28 heridos, además de otro aeroplano infligir cuatro fallecidos por metralla al destructor USS Halloran. No obstante el peor castigo fue para el destructor USS Barry y el transporte USS LSM-59 que acabaron hundidos por las acciones de los kamikazes, así como también el USS LST-534 que embarrancó a 4 metros de la playa de la Isla de Okinawa, en donde fue desintegrada con tres muertos a bordo tras la colisión de un caza Zero.

Kamikaze japonés abatido en el mar por las baterías americanas de crucero de la Flota Estadounidense.
Al concluir la Batalla de Okinawa las salidas protagonizadas por el «Tokkôtai» fueron de 1.900 a lo largo de diversas misiones, en las cuales se lograron 181 blancos claros y 95 impactos parciales (el equivalente al 23% y 12% respectivamente de los aviones utilizados). Los kamikazes hundieron o destruyeron sobre las Islas Ryûkyû a un total de 48 navíos con 4.900 muertos y 4.800 heridos entre los que estuvieron los tres portaaviones USS Franklin, USS Sangamon y USS Bunker Hill; los veintitrés destructores USS Bush, USS Cohoun, USS Leutze, USS Newcombe, USS Witter, USS Morris, USS Mannert Abele, USS Hardin, USS Pringle, USS Haggard, USS Little, USS Morrison, USS Luce, USS Oberrender, USS Evans, USS Hugh Handley, USS Spectacle, USS Butler, USS Drexler, USS Shubrick, USS William Porter, USS Twiggs y USS Barry; los tres minadores USS Aaron Ward, USS Forrest y USS William Ditter; los dos dragaminas USS Emmons y USS Swallow; el cazasubmarinos USS Force; los cuatro cargueros USS Dickerson, USS Bates, SS Hoobs Victory y SS Logan Victory; y los doce transportes USS LSC-33, USS LCS-15, USS LCS-122, USS LSM-59, USS LSM-135, USS LSM-190, USS LSM-194, USS LSM-195, USS LST-477, USS LST-534, USS LST-808 y USS LST-884. De la misma manera dañaron a 198 barcos, de los que 66 exigieron una retirada dilatada en el tiempo, entre estos los quince portaaviones USS Enterprise, USS Wake Island, USS Hancock, USS Intrepid, USS Ticonderoga, USS Randolph, USS Essex, USS Kitkun Bay, USS Bennington, USS Kadashan Bay, USS Natoma Island, HMS Indefatigable, HMS Illustrious, USS Formidable y HMS Victorious; los siete acorazados USS Nevada, USS Maryland, USS Missouri, USS Tennesse, USS New Mexico, USS Mississippi y USS West Virginia; los dos cruceros USS Birmingham y USS Loisville; los veintiséis destructores USS Halsey Powell, USS Kimberly, USS Samuel Miles, USS Kidd, USS Zellars, USS Whitehirst, USS Sigsbee, USS Laffey, USS Bryant, USS Hobson, USS Bowers, USS Isherwood, USS Ralph Talbot, USS Hazelwood, USS Ingraham, USS England, USS Thatcher, USS Braine, USS Stormes, USS Halloran, USS Jeffers y USS Stanlay; los tres minadores USS Adams, USS Lindsey y USS Douglas Fox; los tres dragaminas USS Rodman, USS Defence y USS Macomb; el portahidroaviones USS Curtiss; los ocho cargueros USS Gilmer, USS Hindsale, USS Alpine, USS Achernar, USS Chase, USS Ropper, SS Canadian Victory y SS Hall Young; los dos transportes USS LCS-51 y USS LCS-116; los dos buques hospital USS Pinkney y USS Comfort; y el buque hidrográfico USS Dutton.
Últimas Operaciones
A partir del verano de 1945 los kamikazes no sólo se emplearon contra los buques de la Flota Aliada, sino también contra los grandes bombarderos estadounidenses B-29 que se dedicaban a bombardear el territorio metropolitano de Japón. Así lo hicieron los pilotos de la Escuadrilla «Shinten» de Tokyo, quienes derribaron algunos cuatrimotores mediante impactos suicidas contra el fuselaje o cortándoles las hélices con el filo de las alas. Curiosamente la Fuerza Aérea Imperial Manchú, adscrita al «Estado títere» de Manchukuo, también utilizó en algunos casos las tácticas del «Tokkôtai», bendecidas por el Emperador Pu-Yi que despedía a los aviadores en el Salón del Trono de Hsinking, tal y como por ejemplo hizo un caza Nakajima B-29 cuando colisionó y abatió a una de las enormes «fortalezas volantes» al sur de Manchuria.
Simultáneamente en el Océano Pacífico los ataques kamikazes prosiguieron dentro de la «Operación Ketsu-Go» destinada a defender el propio Japón de la inminente invasión que los Aliados tenían prevista bajo la denominación de «Operación Downfall». La misión de mayor importancia en este periodo la protagonizó el 19 de Julio un mini-submarino suicida «Kaiten» que al norte de las Filipinas impactó y partió en dos trozos al destructor estadounidense USS Underhill, el cual acabó por hundirse cerca de Cabo Engaño con 112 fallecidos a bordo, incluyendo el capitán Robert Newcomb.
Las operaciones del «Tokkôkai» se trasladaron el 26 de Julio de 1945 al Estrecho de Malaca cuando bombarderos en picado Mitsubishi Ki-51 atacaron a la Marina Real Británica, todos pertenecientes al Escuadrón «Shichieshi Shôdô» bajo el mando del sargento mayor Isao Tokunaga. Algunos de estos aparatos dañaron levemente con un impacto en el costado de estribor al crucero pesado HMS Sussex, mientras que otro colisionó y hundió al minador inglés HMS Vestal que desapareció bajo el agua con veinte muertos (aquel fue el único barco del Reino Unido echado a pique por los kamikazes y el último de esta nacionalidad perdido en la Segunda Guerra Mundial).
El 29 de Julio de 1945 seis biplanos de entrenamiento Yokosuka K5Y1 atacaron a la Flota Estadounidense anclada en la Isla de Okinawa, cuatro de los cuales fueron derribados por el fuego antiaéreo temprano, pero no dos de los pilotos que burlaron el radar gracias a que sus viejos aparatos estaban construidos parcialmente en madera. El primer biplano se estrelló con escaso efecto en el destructor USS Cassin Young; mientras que el otro se incrustó en el destructor USS Callaghan, estallando junto a un depósito de municiones anexo a la sala de máquinas que provocó un enorme estallido y el posterior hundimiento del buque con 47 fallecidos a bordo.
Otros ataques del «Tokkôtai» se registraron el 30 de Julio cuando un biplano Yokosuka K5Y1 colisionó y mató a un marinero en el transporte rápido USS Horace Bass; pero también el 6 de Agosto, el mismo día en que se lanzó la bomba atómica de Nagasaki, pues en esta ocasión un bombardero en picado Aichi D3A Val se empotró sobre el destructor USS Borie, al que ocasionó 48 muertos y 66 heridos. Al cabo de una semana, el 13, un solitario monomotor acabó con la vida de 21 tripulantes e hirió a 89 mediante un choque suicida contra el barco de carga USS La Grace; sin obviar con que el 15 de Agosto, la misma jornada en que el Emperador Hiro-Hito anunció la capitulación de Japón, un total de once bombarderos en picado Yokosuka D4Y decidieron desobedecer al monarca e inmolarse en una misión final, aunque ninguno de los aeroplanos alcanzó sus objetivos en la Isla de Okinawa, pues todos fueron abatidos antes de alcanzar los barcos estadounidenses, incluyendo el avión a los mandos del vicealmirante Matome Ugaki y el alférez Akiyoshi Endo que se estrelló en las playas de Iheyajima.
A las veinticuatro horas del anuncio de la rendición de Japón, el 16 de Agosto, el creador del «Tokkôtai», el vicealmirante Takijiro Ônishi, redactó una carta en la que pidió disculpas a las familias de los pilotos que habían perdido la vida y acto seguido se suicidó rajándose el vientre mediante el ritual del «sepukku». A pesar de todo todavía se registró un último ataque kamikaze durante la campaña de las Islas Kuriles el 18 de Agosto de 1945, cuando tres torpederos Nakajima B6N sobrevolaron los 10 kilómetros de ancho del Estrecho Kuriliano entre la Isla de Shumshu y la Península de Kamchatka, donde dos fueron abatidos cerca del remolcador ruso Nº525, pero uno se empotró contra el casco del minador KT-152, al que hundió con varias víctimas mortales a bordo (aquel fue el único barco de la Unión Soviética hundido por este método).
Balance
Al terminar la Segunda Guerra Mundial el 2 de Septiembre de 1945, el Imperio Japonés disponía de 9.000 aviones de diversos tipos, de los que el Estado Mayor Imperial tenía previstos emplear entre 3.000 y 5.000 aparatos repartidos en 600 escuadrillas para precipitarse contra la Flota Estadounidense. Las pérdidas hasta entonces habían sido de 3.912 pilotos suicidas, sumando 2.525 de la Marina Imperial y 1.387 de la aviación del Ejército Imperial, los cuales tan sólo registraron una media de impactos del 18% contra los buques del bando de los Aliados.
Las pérdidas sufridas por los Aliados a manos del «Tokkôtai» fueron enormes y mucho mayores que las bajas provocadas por los ataques con bombas o torpedos convencionales, sin obviar el nocivo impacto psicológico que generó entre las tripulaciones. Los muertos a manos de los kamikazes fueron de 7.587 víctimas mortales (7.490 estadounidenses, 56 británicos y 41 australianos) y más de 10.000 heridos, además de registrarse la pérdida total de 80 navíos entre hundimientos, destrucciones o ser declarados irreparables, entre los que hubo seis portaaviones, veintinueve destructores, cinco minadores, cuatro dragaminas, dos cazasubmarinos, dos patrulleras, dos petroleros, ocho cargueros, diecinueve transportes, un remolcador y dos buques de reparación, sin obviar con que fueron dañados otros 373 barcos de diversos tipos.
Pérdidas Navales Totales (por kamikazes):
-6 portaaviones: USS Saint-Lô, USS Ommaney Bay, USS Bismarck Sea, USS Franklin, USS Sangamon y USS Bunker Hill.
-29 destructores: USS Abner Read, USS Mahan II, USS Ward, USS Reid, USS Bush, USS Cohoun, USS Leutze, USS Newcombe, USS Witter, USS Morris, USS Mannert Abele, USS Hardin, USS Pringle, USS Haggard, USS Little, USS Morrison, USS Luce, USS Oberrender, USS Evans, USS Hugh Handley, USS Spectacle, USS Butler, USS Drexler, USS Shubrick, USS William Porter, USS Twiggs, USS Barry, USS Underhill y USS Callaghan.
-5 minadores: USS Aaron Ward, USS Forrest, USS William Ditter, HMS Vestal (británico) y KT-152 (soviético).
-4 dragaminas: USS Long, USS Palmer, USS Emmons y USS Swallow.
-2 cazasubmarinos: USS Force y USS SC-744.
-2 patrulleras: USS PT-123 y USS PT-300.
-2 petroleros: USS Mississinewa y USS Porcupine.
-8 cargueros: SS John Burke, SS Lewis Dyche, USS Brooks, USS William Ladd, USS Dickerson, USS Bates, SS Hoobs Victory y SS Logan Victory.
-19 transportes: USS LSC-33, USS LCS-15, USS LCS-122, USS LCI-1.065, USS LSM-20, USS LSM-59, USS LSM-135, USS LSM-190, USS LSM-194, USS LSM-195, USS LSM-318, USS LST-432, USS LST-460, USS LST-477, USS LST-534, USS LST-738, USS LST-749, USS LST-808 y USS LST-884.
-1 remolcador: USS Sonoma.
-2 buques de reparaciones: USS Little y USS Orestes.
El «Tokkôtai» no fue el arma definitiva que salvó a Japón de su inminente ocaso ante los Aliados, pues a pesar de las grandes pérdidas infligidas en buques a sus oponentes, las cuales fueron mucho mayores que cualquier otra táctica anterior, no sirvieron para revertir el inmenso poder industrial de Estados Unidos. Sin embargo su sacrificio no sería olvidado porque todos los pilotos fallecidos pasaron a tener su nombre inscrito en el Santuario de Yasukuni, sin obviar con que 1966 unos 500 fueron condecorados a título póstumo y en 1974 se les homenajeó con la apertura de un museo Kagoshima, pasando desde ese entonces a formar parte del folklore popular del Imperio Japonés y a ser recordados como uno de los guerreros más bravos y valientes de la Historia.
Bibliografía:
-Antonio Salmerón Labrado, Tokkôtai, Unidad de Ataque Especial, HRM Ediciones (2025), p.27-152
-Javier Rodríguez-Ventosa, Kamikazes, la baza desesperada de Japón, Revista Historia y Vida, Nº417 (2002), p.78-85
-Manuel Florentín, Kamikazes. Vosotros ya sois Dioses, Revista La Aventura de la Historia Nº202 (2015), p.58-63
-Lawrence Rees, El Holocausto Asiático, «Fin de la Partida», Crítica (2009), p.164-175
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «La Epopeya de los Kamikaze», S.A.R.P.E. (1978), p.1.897-1.911










