Origen de las SS

Las SS o Allgemeine-SS lideradas por el Reichsführer Heinrich Himmler constituyeron el principal brazo político-militar del Tercer Reich y el cuerpo de élite de Adolf Hitler entre los años 1933 y 1945. A pesar de que en sus orígenes fue una milicia de asalto vinculada a la seguridad del Partido Nacionalsocialista, cuando el Führer alcanzó el poder se convirtió en una especie de «Estado dentro del Estado» y en un aparato de control que se encargó de ejercer labores policiales en toda Europa durante el período de la Segunda Guerra Mundial.

«Stosstruppen» en la Gran Guerra

Cuando la Primera Guerra Mundial se estancó en el Frente Occidental tras la Batalla del Marne en Septiembre de 1914, en seguida el conflicto bélico se transformó en una «guerra de posiciones» con una interminable línea de trincheras que se extendió desde el Mar del Norte hasta la frontera con la neutral Suiza. Como ninguno de los dos bandos fue capaz de encontrar un punto de ruptura sobre el rival debido a la carnicería que suponía realizar cualquier tipo de asalto frontal, los altos mandos militares del Segundo Reich buscaron una solución a este problema mediante la formación unos destacamentos especiales que se harían popularmente conocidos por el nombre de «Stosstruppen».

«Stosstruppen» del Ejército Alemán en el Frente Occidental.

Originariamente la idea de crear los «Stosstruppen» fue del teniente coronel Max Bauer, quién a partir del Arma de Ingenieros del VIII Cuerpo organizó una unidad especial orientada a los asaltos rápidos y sigilosos sobre trincheras enemigas que fue bautizada como Destacamento «Clasow» (Sturmabteilung «Clasow»). El adiestramiento de tres meses de duración estuvo al cargo del capitán Willy Erst Rohr, el cual instruyó a los aspirantes en el empleo de fusiles, pistolas y cuchillos, pero también en otro tipo de armas más sofisticadas como lanzallamas, ametralladoras, morteros e incluso un cañones de origen ruso Geschütz de 76’2 milímetros. Al concluir la formación los voluntarios quedaron distribuidos en pelotones de diez fusileros expertos en infiltrarse en las líneas del oponente o cruzar la «tierra de nadie», quienes a su vez se articularon en tres grupos más pequeños que fueron clasificados según la siguiente función: el primer soldado acecharía con un objeto cortante o punzante, el segundo llevaría granadas en una mochila y el tercero sorprendería a los guardias con cuchillos y bayonetas. Una vez concluido el proceso de selección y entrenamiento, los elegidos pasaban a formar parte del Destacamento de Asalto «Rohr» (Sturmabteilung «Rohr») y a ostentar el título de «Tropas de Asalto» o «Stosstruppen», además de recibir su característico emblema consistente una cabeza de la muerte con tibias cruzadas llamadas «Totenkopf».

A las 5:26 horas del 12 de Octubre de 1915, el Destacamento de Asalto «Rohr» protagonizó su primer bautismo de fuego sobre los Vosgos cuando una de sus avanzadillas incendió con seis lanzallamas un pequeño reducto del Ejército Francés. A continuación los tiradores aislados facilitaron el trabajo del resto de los miembros los «Stosstruppen», quienes despejaron la trinchera enemiga arrojando granadas sobre los puestos de ametralladoras e incluso levantando un parapeto en la posición tomada con la que rechazaron un contraataque de los soldados galos. A raíz de este éxito en 1916 el Destacamento de Asalto «Rohr» fue enviado a la Batalla de Verdún, donde los veteranos tomaron una línea enemiga y eliminaron todos los nidos de armas automáticas en torno al pueblo de Fleury, aunque debido al gran cúmulo de bajas sufridas durante las semanas posteriores los «Stosstruppen» fueron retirados del Frente Occidental.

«Stosstruppen» del Ejército Austro-Húngaro en la Batalla del Río Isonzo.

Coincidiendo con el nombramiento del mariscal Paul Von Hindenburg y del general Erich Luddendorff como responsables del Frente Occidental, ambos mandos autorizaron a fecha de 23 de Octubre de 1916 la creación de un batallón de «Stosstruppen» para cada ejército que se encontrase desplegado sobre Francia y Bélgica. Así fue como el Destacamento de Asalto «Rohr» se amplió al Batallón de Asalto «Rohr» (Sturmbataillon «Rohr»), el cual a su vez se expandió en los organigramas de cada agrupación a otros Batallones de Asalto (Sturmbataillon), cuyos miembros no siempre permanecían de manera indefinida en los «Stosstruppen», sino que iban rotando cada cierto tiempo con veteranos de diferentes unidades, preferiblemente de las filas de los Cazadores (Jäger).

Austria-Hungría copió el modelo de los «Stosstruppen» a causa de los buenos resultados que estaban cosechando en el Ejército Alemán, por lo que el Gobierno de Viena contrató a una serie de asesores alemanes que instruyeron a 420 voluntarios austro-húngaros en el Campamento de Beuville, entre los que hubo 120 oficiales y 300 soldados. Al poco de acabar el adiestramiento los compatientes de élite se expandieron dentro de las filas del Ejército Austro-Húngaro, siendo sus principales zonas de operaciones el Frente Oriental en Galitzia y el Frente Italiano durante las Batallas del Río Isonzo. De la misma forma el Imperio Otomano adoptó su propia unidad de «Stosstruppen», en este caso con ayuda de oficiales germanos que supervisaron a estas tropas integradas dentro de la Agrupación Turca «Yildirim» durante las campañas de la Península del Sinaí y Palestina.

A partir de 1917, los Aliados modificaron la configuración de sus trincheras basándose en una primera línea débil seguida por otras sucesivamente más fortificadas, lo que anuló de manera irremediable la capacidad de los «Stosstruppen» para aprovechar el factor sorpresa en los asaltos. Por suerte el coronel Georg Bruchmüller encontró una solución a este inconveniente cuando tuvo la idea de emplear un bombardeo rápido de la artillería contra la posición enemiga, seguido inmediatamente por un asalto de «Stosstruppen» tras la explosión del último proyectil, momento en que se iniciaría una barrera de fuego sobre la segunda. Pero este desarrolló táctico no fue lo único que experimentó la unidad, sino también material, ya que los soldados se beneficiaron de nuevos cascos mimetizados, palas largas, granadas de disco y por primera vez subfusiles de ráfagas cortas Bergmann MP-18, incluso en ocasiones armaduras de 12 kilogramos de peso como si estuviesen en la Edad Media.

«Stosstruppen» del Ejército Turco en Palestina.

A partir de 1917 la calidad de los «Stosstruppen» mejoró mucho más tras la adopción de un equipo moderno que incluyó subfusiles de ráfagas cortas Bergmann MP-18, cascos mimetizados, palas largas, granadas de disco y en ocasiones armaduras de 12 kilogramos de peso como si estuviesen en la Edad Media. Al mismo tiempo fueron capaces de superar las nuevas configuraciones de trincheras de la Entente, en este caso conformadas por una primera línea y varios escalones a retaguardia, gracias a la táctica de bombardeos de artillería precisos y cortos que desarrolló el coronel Georg Bruchmüller, ya que al estallido del último proyectil y al inicio de la siguiente barrera artillera, los combatientes alemanes se infiltraban en el perímetro enemigo para desbordarlo, tal y como hicieron un grupo de ellos bajo el mando del general Oskar Von Hutier a la hora de ocupar la capital de Letonia durante la Batalla de Riga. Algo parecido consiguieron los «Stosstruppen» aquel 1917 cuando retomaron el terreno perdido a los tanques del Ejército Británico en la Batalla de Cambrai, así como los soldados de élite del Ejército Austro-Húngaro tras arrolar las posiciones defensivas del Ejército Italiano durante la Batalla de Capporetto.

Gracias a los triunfos logrados por los «Stosstruppen», el general alemán Erich Luddendorff tuvo la idea de ir convirtiendo de manera gradual y progresiva a todas las divisiones del Ejército Alemán en “Divisiones Stosstruppen”. A pesar de que por falta de medios y equipo nunca se pudo cumplir el programa previsto por el Estado Mayor Imperial, al comenzar la «Ofensiva de Primavera» sobre el Frente Occidental, varios miles de «Stosstruppen» se abalanzaron sobre las posiciones de la Entente e incluso el 21 de Marzo de 1918 abrieron una brecha en el V Ejército Británico sobre Picardía. A estos éxitos les siguieron otros similares contra el Ejército Francés y el Ejército Estadounidense en Amiens y Reims, aunque por ese entonces la situación de Alemania era tan crítica que fue imposible revertir los acontecimientos y el país no tuvo más remedio que capitular en Noviembre durante el Armisticio de Amiens.

Cuerpos Libres «Freikorps»

Con la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y las duras cláusulas del Tratado de Versalles que la nación tuvo que firmar con los vencedores del bando la Entente, de repente la recién instaurada República de Weimar que acababa de tomar las riendas tras la abdicación del Káiser Guillermo II, no tardó en experimentar una profunda crisis social que derivó en acontecimientos como el Motín de Kiel o la denominada Revolución Alemana. A partir de entonces el país entró en un estallido de violencia cuando la izquierda radical de la Liga Espartaquista dirigida por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg trató de exportar la Revolución Bolchevique a Berlín y otras ciudades del país mediante protestas, huelgas e incluso ataques contra las autoridades del Ejército Republicano (Reichswehr). Ante esta situación de caos y agitación incontrolable el Canciller Friedrich Ebert del Partido Social-Demócrata no tuvo más remedio que poner orden utilizando a las milicias urbanas más conservadoras o de derecha, muchas de las cuales procedían de los «Stosstruppen», como fue el caso de los Cascos de Acero «Stahlhelm», la «Reichskriegsflagge», la «Jungdeutscher Orden», la «Organisation Rossbach» o los mucho más famosos Freikorps.

Los Freikorps, también conocidos como «Cuerpos Libres» o «Cuerpos Francos», fueron una serie de milicias civiles dotadas de armamento que se nutrieron a partir de muchos oficiales y veteranos de aquellos «Stosstruppen» que se habían batido en la Primera Guerra Mundial. Estas unidades trataron de imitar a los Cuerpos Voluntarios o «Freiwilligenkorps» que el extinto Reino de Prusia había convocado en determinados periodos de crisis como la Guerra de los Siete Años o las Guerras Napoleónicas, cuyos milicianos se habían hecho muy populares por lucir en su simbología las cabezas de la muerte con las tibias cruzadas «Totenkopf». Básicamente consistió en un ejército no-oficial conformado por 400.000 efectivos que se repartieron en los contingentes siguientes: Freikorps «Rossbach», Freikorps «Von Epp», el Freikorps «Paulssen», Freikorps «Lützow», Freikorps «Von Armin», Freikorps «Tüllman», Freikors «Hacketau», Freikorps «Hülsen», Freikorps «Hassfurther», Freikorps «Lauterbach», Freikorps «Lichtschlag», Freikorps «Schulz», Freikorps «Schwarze Jäger», Freikorps «Dohna», Freikorps «Horadam», Freikorps «Hauenstein», Freikorps «Von Pettersdorff», Freikorps «Manis», Freikorps «Von Chappuis», Freikorps «Hübner», Freikorps «Von Aulock», Freikorps «Von Velsen», Freikorps «Hessische» y Freikorps Bávaro «Oberland».

Tropas del Freikorps Von Epp entrando en Munich.

El bautismo de fuego de los Freikorps tuvo lugar durante la Revolución Espartaquista que lideraron varios grupos de izquierda radical y el Partido Comunista Alemán (KPD), a los que se unieron los marineros amotinados de la División de Marina Popular (Volksmarinedivsion) para hacerse con el control parcial de Berlín. Gracias a la rápida respuesta del Canciller Friedrich Ebert que movilizó al Ejército Gubernamental y a los Cuerpos Libres, los ex-combatientes de las «Stosstruppen» irrumpieron en la ciudad para librar un sangriento combate en calles y encrucijadas, logrando aplastar a los revolucionarios de la Liga Espartaquista y al mismo tiempo cometiendo numerosos crímenes que culminaron en el asesinato de los líderes Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht.

Con el estallido de la Guerra Civil Alemana en 1919 que libraron los partidarios del Gobierno de la República de Weimar y los revolucionarios del Ejército Rojo Alemán, los Freikorps optaron por forjar una alianza antinatural con el gabinete del Partido Social-Demócrata para impedir que el bolchevismo se implantara en Alemania. Así fue como los veteranos «Stosstruppen» combatieron a los revolucionarios de extrema izquierda sobre la vasta geografía del país, protagonizando una serie de choques muy virulentos sobre Bremen, Turingia, Hannover, Sajonia y el Ruhr que entre 1919 y 1920 acabaron en victoria para los «Cuerpos Libres», exactamente igual que sucedió a la hora de precipitar el derrumbe de la efímera República Soviética de Baviera y en aniquilar a los últimos bolcheviques durante la Batalla de Dachau.

Soldados del Freikorps acompañados por un tanque Mark I británico capturado en la Gran Guerra, en cuya superficie puede verse las calavera «Totenkopf» de las «Stosstruppen».

Otra de las funciones de los Freikorps fueron las campañas exteriores sobre el Europa del Este con la finalidad de mantener bajo control ciertos territorios habitados por germano-parlantes o «volksdeutsche», los cuales acababan de quedar dentro de la esfera de influencia de los Países Bálticos surgidos tras la disolución del Imperio Ruso. Por ejemplo durante la Guerra de Independencia de Estonia y la Guerra de Independencia de Letonia, más de 20.000 voluntarios del Freikorps Báltico del general Rüdiger Von der Goltz, más tarde fue rebautizado como «División de Hierro», arrebataron la capital de Riga al Ejército Letón y fundaron el Ducado del Báltico Unido. Lamentablemente estos antiguos Stosstruppen fueron derrotados por el Ejército Estonio en la Batalla de Cêsis y se vieron obligados a cruzar la frontera con Lituania, en donde también resultaron vencidos por el Ejército Lituano en la Batalla de Radviliskis dentro del contexto de la Guerra de Independencia de Lituania. Algo más de suerte tuvieron los Freikorps en la Guerra de Posnania contra Polonia porque tras la victoria germana sobre el Ejército Polaco en la Batalla de Annaberg, los alemanes pudieron seguir conservando amplias zonas de Silesia y Pomerania; exactamente igual que ocurrió con el Freikorps «Sudetenland» que se apoderó de los Sudetes en Checoslovaquia, aunque las posteriores cláusulas del Tratado de Versalles obligaron a devolver la región a las autoridades del Gobierno de Praga.

Concluida la Guerra Civil Alemana en torno a 1920 los Freikorps se convirtieron en una fuerza de seguridad esencial para mantener el orden y controlar los continuos brotes revolucionarios que se fueron sucediendo con menor intensidad dentro de la República de Weimar. Curiosamente algunos de los voluntarios que durante este período pasaron por sus filas acabarían siendo figuras importantes del futuro Tercer Reich como fue el caso Heinrich Himmler, Martin Bormann, Sepp Dietrich, Wilhelm Keitel, Albrecht Kesselring, Oskar Von Nidermayer, Reinhard Heydrich, Hans Frank o Karl Wolf. Sin embargo el que más destacó fue Adolf Hitler, quién tras haber servido en el Ejército Rojo Bávaro fue indultado y admitido en el Freikorps «Von Epp» de Munich que por ese entonces dirigía el general Franz Ritter Von Epp, por lo menos hasta que el cabo austríaco abandonó la unidad para dedicarse a la política e ingresar en el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP).

SA y «Putsch de Munich»

Cuando Adolf Hitler comenzó a pronunciar sus discursos en la Cervecería Hofbräuhaus de Munich a partir del año 1920, muchos de los miembros de los Freikorps quedaron hipnotizados ante la oratoria de aquel político que no tardó en hacerse con el control del Partido Nacionalsocialista y a quienes muchos empezaron a referirse con el título de «Guía» o «Führer». Algunos de sus más fieles seguidores fueron numerosos cuadros de mando de las milicias, como por ejemplo Ernst Röhm que ostentaba la jefatura de la Bandera del Freikorps Munichense o «Reichskriegsflaffe» sobre la provincia Baviera, quién no dudó en ofrecer al cabo austríaco los servicios de sus hombres para que actuasen como una fuerza paramilitar armada del NSDAP.

Las SA haciendo una demostración de fuerza en una ciudad de Alemania.

La unión entre la Bandera del Freikorps Munichense y el Partido Nacionalsocialista propició el nacimiento de la milicia de los «Camisas Pardas», bautizada como ese nombre en honor a sus uniformes marrones y brazales rojos que lucían el emblema de la esvástica, cuyos miembros se organizaron dentro de una especie de escuadrones de asalto con carácter temporal que se autodenominaron «Zeitfreiwilligen». La función de estos destacamentos consistió en hacerse con el control de las calles mediante reyertas urbanas contra los radicales de izquierda y al mismo tiempo salvaguardar la seguridad de los mítines del NSDAP ejerciendo de escolta al propio Adolf Hitler. De hecho los guardias más leales a éste último se agruparon en la Guardia de Sala (Saalchutz), por lo menos hasta que en 1921 la organización fue disuelta como consecuencia del gran número de afiliados, por lo que a partir de entonces se tuvieron que ampliar las plantillas para acabar dando forma a las SA o «Sturmbteilung», las cuales tuvieron su inspiración en los «Stosstruppen» de la Primera Guerra Mundial.

A finales de 1922 el Partido Nacionalsocialista liderado por Adolf Hitler se acabó apropiando de las SA que operaban en Baviera y en la mayor parte de Alemania, pero también de otras milicias patrióticas y por supuesto de muchos de los Freikorps. A pesar de todo como existían incontables rivalidades internas y personalidades que no aprobaban algunas de las políticas del NSDAP, el Führer erigió su propia guardia personal de confianza a la que bautizó con el término de «Stabswache», cuyos miembros actuaron de manera independiente a las SA y los Freikorps, los cuales pasaron de ser una docena de individuos que operaban en el Bar Torbräu a algo más de un centenar bajo el mando del capitán Julius Schreck.

Las SA jurando bandera.

El 9 de Noviembre de 1923 tuvo lugar el «Putsch de Munich» cuando el Partido Nacionalsocialista, las SA, los Freikorps y una pequeña guarnición del Ejército Republicano (Reichswehr) dirigida por el general Erich Luddendorff, de repente perpetraron en golpe de Estado en Baviera con la misión de impulsar una «Revolución Nacionalsocialista» que debía expandirse al resto de Alemania y precipitar el derrumbe de la República de Weimar. Así fue como las milicias del Freikorps y las SA cortaron las principales calles de Munich, al mismo tiempo en que la «Stabswache» tomaba la Avenida Hall Feldherrnhale y los cuadros del NSDAP arrestaban a todo el Gobierno Bávaro reunido en la Cervecería «Bürgerbräukeller». Las cosas sin embargo cambiaron en cuanto los nacionalsocialistas avanzaron agarrados del brazo los unos de los otros hacia el cordón de seguridad levantado por los soldados gubernamentales a la altura de la Avenida Hall Felherrnhale, pues éstos últimos abrieron fuego y cargaron contra ellos, hiriendo al propio Hitler que fue arrestado y aplastando de manera inmediata toda la rebelión que acabó con el encarcelamiento de varios sus líderes y la disolución de los Freikorps (aunque no de las SA).

Nacimiento de las SS

Con la puesta en libertad de Adolf Hitler de la Prisión de Landsberg en 1924, el Führer comprendió que necesitaba una escolta personal mucho más leal que la anterior «Stabswache» y por tanto disolvió esta última para crear en su lugar el «Schutzkommando» con un puñado de veteranos de los «Freikorps» y de los «Stosstruppen» de la Gran Guerra. La organización paramilitar fue otra vez puesta al mando del capitán Julius Schreck, quién la rebautizó con el nombre de «Sturmstaffel», aunque más tarde el aviador Hermann Göering recomendó modificar el término por el de «Schutzstaffel», el cual hacía honor a una escuadrilla aérea de la Primera Guerra Mundial, cuya abreviación pasaría a la Historia con las siglas de SS e incluso con el título de Orden Negra.

Según las directrices de las SS, los candidatos a la organización inicialmente se escogieron enviando circulares a los distintos grupos regionales del NSDAP para que escogiesen a un determinado número de voluntarios con los siguientes requisitos: varones entre los 25 y 35 años, estar registrados policialmente como residentes locales, tener dos padrinos que amparasen la afiliación, poseer unas buenas condiciones físicas (fuertes, sanos, carentes de enfermedades…) y demostrar una elevada disciplina. Al poco de ser admitidos en el cuerpo los nuevos escuadristas pasaron a integrarse en secciones o «Zehnerstaffeln» de once efectivos contando a un jefe local y diez milicianos, quienes se caracterizaron por vestir un uniforme de color negro adornado por el brazalete rojo de la esvástica y por lucir una gorra con el distintivo de la calavera «Totenkopf» que evocaba a los «Stosstruppen» de la Gran Guerra.

Soldados SS del «Stabswache» en sus inicios como guardia del NSDAP.

El primer bautismo de fuego de las SS tuvo lugar en Chemnitz a finales de 1925 cuando 50 escuadristas de la ciudad y de otros grupos próximos a Dresde, Zwickau y Plauen, escoltaron a una serie de altos cargos del NSDAP a pronunciar un discurso justo en el corazón de un barrio obrero en el que la mayoría de sus habitantes votaban al Partido Comunista Alemán. A pesar de que varios centenares de paramilitares del Frente Rojo (Roter Frontkämpfer) trataron de boicotear el mitin organizando un asalto con cuchillos y barras de hierro, los miembros de las SS se defendieron con eficacia y disciplina, rechazando a todos sus oponentes y propinando una paliza a sus militantes, algo que no sólo les permitió hacerse con el control de las calles de Chemnitz, sino también de numerosas localidades de Sajonia.

A partir de Abril de 1926 las SS ampliaron sus efectivos a un total de 1.000 combatientes distribuidos en nada menos que en 75 agrupaciones «Schutzstaffeln» por toda Alemania, estando coordinados por el Mando SS (SS-Oberleitung) que ostentó Julius Schreck, por lo menos hasta que se convirtió en el escolta y chófer personal de Adolf Hitler, siendo desde entonces sustituido por Josef Berchtold que introdujo la figura de «Líder SS» o «Reichsführer». Aquel título con carácter honorífico lo conservó hasta Marzo de 1927 tras ceder el liderazgo a Erhard Heiden, quién acapararía el puesto hasta el 6 de Enero de 1929 cuando de forma definitiva asumió la jefatura Heinrich Himmler.

Guardias de las SS controlan a las masas en un acto oficial del NSDAP.

Con Heinrich Himmler al frente de las SS, la organización fue completamente remodelada y ampliada con miles de efectivos al poco de que el Reichsführer mantuviese una entrevista con el propio Adolf Hitler, a quién le convenció de convertir a las «Schutzstaffel» en el principal brazo armado del Partido Nacionalsocialista e ir desplazando poco a poco a las SA lideradas por el general Ernst Röhm, cuyos Camisas Pardas actuaban de manera incontrolada y no dejaban de ocasionar problemas de orden público a las autoridades de la República de Weimar. Así fue como se comenzó a admitir a jóvenes de 18 de años (la edad inicial había sido 25) con la condición de que se pagasen su propio uniforme y equipamiento, además de introducirse una especie de cultura ritual encargada de custodiar la tradición pangermánica y preservar la pureza racial mediante exámenes técnicos, campamentos en la naturaleza y pruebas deportivas. A raíz de estas iniciativas la organización creció de manera exponencial desde 1930 gracias a una intensa campaña propagandística en forma de panfletos y artículos en el periódico Völkischer Beobachter, sin obviar con el Führer otorgó a la Orden Negra el honor de custodiar la «Blutfahne» (la bandera que había sido manchada con sangre durante el «Putsch de Munich» y que era el principal emblema del NSDAP).

Inesperadamente el 1 de Abril de 1931 algunos líderes de las SA intentaron expresar su descontento hacia Adolf Hitler y hacerse con el control del Partido Nacionalsocialista durante la Revuelta de Stennes, conocida con en ese nombre en honor a su principal impulsor Walter Stennes. Así fue como cientos de Camisas Pardas ocuparon las sedes de Brandeburgo, Hesse, Pomerania, Meckelemburgo y Silesia, así como la oficina del periódico Der Angriff que dirigía Joseph Goebbles, aunque en seguida los amotinados se encontraron con una gran oposición de los militantes y en especial de los miembros de las SS. De hecho como los disciplinados guardias de la Orden Negra se mantuvieron fieles al Führer en la capital de Berlín, el resto de los sublevados que estaban en la conspiración no se atrevieron a dar el paso en las demás regiones y por tanto el golpe fracasó en toda Alemania. La solución entonces fue procederse a la expulsión de Walter Stennes y acordar una reconciliación más o menos forzada entre ambas facciones, la cual años más tarde se traduciría en una rivalidad irreconciliable entre las SS y las SA.

A principios de 1932 las SS contaban con más de 50.000 miembros en sus filas, exactamente 900 oficiales y 49.100 escuadristas distribuidos en 40 jefaturas regionales o «Standarten», las cuales a su vez su repartían en pequeñas brigadas (SS-Brigade). A pesar de que el número todavía distaba mucho del millón de efectivos de las SA, al menos fueron suficientes para enfrentarse a los 130.000 milicianos del Frente Rojo contra los que habían sufrido algunos fallecidos en atentados y peleas callejeras, tratando de contrarrestar el creciente poder urbano del Partido Comunista Alemán. De hecho la voluminosa demostración de fuerza de las SS y las SA fue suficiente para que el Gobierno del Canciller Franz Von Papen se sintiese presionado de anular un proyecto de ley con el que se tenía previsto prohibir los uniformes políticos, algo que sin duda hubiera ocasionado un duro golpe a la imagen del NSDAP.

Reichsführer Heinrich Himmler pasando revista a las SS.

El eslogan que las SS adoptaron a partir de 1932 fue el «Die Kampfzeit war die beste Zeit» o «Los mejores días de combate», ya que durante aquel año registraron el mayor número de pérdidas a la hora de enfrentarse a sus adversarios políticos, pues un total de trece miembros de la Orden Negra perdieron la vida y otro centenar resultaron heridos a manos de los milicianos del Frente Rojo. Aquel sacrificio sin embargo pronto generó sus frutos debido a que durante la campaña electoral de Enero de 1933 el NSDAP apenas fue molestado gracias a la eficiente labor de seguridad ejercida por las «Schutzstaffel», contribuyendo con ello a que Adolf Hitler ganara los comicios y se convirtiera en Canciller de Alemania.

Las SS y el Tercer Reich

Cuando el 27 de Febrero de 1933 se produjo el incendio del Parlamento Alemán (Reichstag), la Cancillería emitió la jornada del 29 un decreto mediante el que se otorgaba poderes policiales tanto a las SA como a las SS, a las que además se las equipó con armamento procedente del Ejército Republicano (Reichswehr). A partir de ese instante las escuadras de la Orden Negra dirigidas por Heinrich Himmler emprendieron una serie de arrestos sistemáticos contra los opositores de derechas e izquierdas, apalearon a todos los que ofrecieron resistencia e incluso asesinaron de forma discreta a los elementos considerados más peligrosos, sin obviar con que perpetraron cuantiosos ataques a la comunidad judía y boicots a sus comercios. Como en cuestión de semanas las cárceles y las prisiones estuvieron saturadas de militantes de partidos conservadores, del Partido Social-Demócrata y del Partido Comunista Alemán, las «Schutzstaffel» no tuvieron más remedio que inauguar el campo de concentración de Dachau a las afueras de Munich, en donde albergaron a millares de prisioneros políticos, así como más tarde el de Sachsenshausen cerca de Berlín y el de Buchenwald próximo a Weimar, los cuales pasaron a estar gestionados por la Oficina de las Cabezas de la Muerte o «Totenkopfverbände».

Juramente de las SS ante Adolf Hitler en Nuremberg.

Mientras las SS y las SA desmantelaban la antigua República de Weimar, la brecha entre ambas se volvió insalvable porque mientras que el general Ernst Röhm defendía la tesis de una «segunda revolución nacionalsocialista» con un programa más amplio en lo económico y social, Heinrich Himmler por el contrario prefería mantener el orden vigente del Führer para llevar a cabo un proceso revolucionario más tranquilo que evitase una eventual reacción de la oficialidad conservadora del Ejército Alemán, cuyos mandos veían al nacionalsocialismo como una especie «comunismo disfrazado». De hecho durante aquellos meses de tensa rivalidad los miembros de las Orden Negra no dudaron en referirse a los Camisas Pardas con el apodo de «filetes (fleishschnitten)», pues a su criterio eran «pardos por fuera y rojos por dentro». Esta evidente confrontación y la amenaza que suponían los 2 millones de paramilitares que componían las SA, por ese entonces superando veinte veces el tamaño del Ejército Alemán, obligó a Adolf Hitler a tomar la decisión de purgar sus filas y ganarse su entera lealtad durante un acontecimiento que sería conocido como la Noche de los Cuchillos Largos.

La Noche de los Cuchillos Largos tuvo lugar entre el 28 y el 30 de Junio de 1934 cuando las SS efectuaron una serie de redadas sorpresa contra los líderes de las SA y todos aquellos rivales susceptibles de cometer traición dentro de las filas de la NSDAP. La mayor parte de los arrestos o asesinatos se perpetraron de noche y de manera espontánea, logrando purgar a todos los cuadros de mando de los Camisas Pardas, además de resultar muerto a tiros en una celda el líder Ernst Röhm y ejecutados los capitanes Karl Enst y Edmund Heines. Del mismo modo las escuadras de la Orden Negra aprovecharon la ocasión para acabar con la vida de los generales Kurt Von Schleicher y Ferdinand Von Bredow, ambos militares disidentes del Ejército Alemán, pero también para liquidar al antiguo líder nacionalsocialista Gregor Strasser, a Erich Klausener que dirigía el Partido Acción Católica y al gobernador bávaro Gustav Von Kah, a quién destrozaron la cabeza a porrazos en el campo de concentración de Dachau. Una vez concluida la operación con más de 300 ejecuciones y el sometimiento de las SA que pasaron a depender de Vikor Lutze (hombre leal al Führer), las «Schutzstaffel» se convirtieron desde ese instante en la organización más poderosa de Alemania.

Formación de estandartes de la Allgemeine-SS.

Oficialmente el 20 de Julio de 1934 las SS fueron reclasificadas por Adolf Hitler como la Allgemeine-SS o «Generalato SS», estando conformada en aquellos instantes por 200.000 escuadristas que se convirtieron en el pilar de la seguridad dentro de Alemania. Así fue como la Orden Negra pasó de ser una pequeña organización de una decena de hombres a otra con cientos de millares que no sólo se convirtió en la principal policía armada del Tercer Reich, sino que además sus integrantes pasarían a ejercer el control de la retaguardia en Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Robin Lumsden, Historia Secreta de las SS, «Orígenes y primera etapa», la Esfera de los Libros (2005), p.13-44
-Editores de Time-Folio-Books, Hitler y el III Reich, las SS, «Capítulo 1 ¡El futuro nos pertenece!», Time-Folio-Books (2008) p.11-37