“Grandes Atrocidades de la Segunda Guerra Mundial” de Jesús Hernández

Normalmente cada vez que sale al mercado un libro sobre crímenes de la Segunda Guerra Mundial, en el 99% de las ocasiones se suelen abordar los mismos sucesos una y otra vez, narrados de distinta manera. Afortunadamente hoy podemos decir que ha surgido una excepción en la historiografía española con la nueva obra de Jesús Hernández, titulada Grandes Atrocidades de la Segunda Guerra Mundial que ha publicado la editorial Almuzara.

Jesús Hernández, por todos conocidos en aquello relacionado con el conflicto de 1939 a 1945, nos ha vuelta a sorprender por la originalidad de sus temas. En esta ocasión nos sumerge en una oleada de matanzas y genocidios cometidos por los tres ban4dos confrontados (Eje, Komintern y Aliados) que son totalmente desconocidos y a veces perpetrados por protagonistas de los que nadie había oído hablar. Esto no es raro en Jesús, ya que fue a través de una de sus obras, Las 50 Grandes Masacres de la Historia publicada por Tempus en 2009, gracias a la cual aprendí que la primera limpieza étnica de la guerra no la cometieron los nazis, sino los polacos el 3 de Septiembre de 1939 durante el Pogromo de Bromberg. También nos dejó a todos perplejos con Eso no estaba en mi libro de la Segunda Guerra Mundial que salió con Almuzara en 2017 y que nos apartó una visión de la contienda hasta entonces muy diferente de la historiografía más conservadora.

El comienzo del libro, como ya podemos intuir al ver la portada del mismo, nos acerca al inicio del horror, la “zona zero” de los espantos de la Segunda Guerra Mundial que curiosamente tuvo lugar dos años antes del estallido de las hostilidades en Europa. Me refiero a la Masacre de Nankíng de 1937. En este capítulo, el autor aborda cronológicamente y punto por punto los sucesos desde el avance japonés hacia la capital de lo que fue la República de China, la huida de los civiles y militares, la entrada en la ciudad y la orgía de sangre que se produjo a continuación, primero con los soldados que se habían rendido y a continuación con los civiles a los que se torturó o con las mujeres que fueron violadas hasta alcanzarse la cifra de 300.000 asesinatos, todo ello con testimonios recogidos de los supervivientes. Aunque para mi gusto este episodio personalmente no me supo a mucho porque recientemente acababa de leer la monumental obra de Iris Chang, La Violación de Nankíng, he de reconocer a Jesús que su manera de resumirlo es una lectura muy recomendable, y hasta diría obligatoria, para aquellos que quieran iniciarse en estudiar este crimen (y lo digo con fundamento que he tenido ocasión de estar en las fosas comunes de Nankíng e investigar con expertos sobre el terreno lo ocurrido en el invierno de 1937-38).

El siguiente capítulo nos lleva al fatídico Septiembre de 1939, fecha por todos conocida. Sin embargo y contra lo que viene siendo habitual, Jesús no se va a detener en los ya bien sabidos abusos de los alemanes contra los polacos o la violencia antisemita de la campaña. No, nos va a hablar de un crimen completamente desconocido que consistió en la deportación de cientos de miles de ciudadanos polacos de la zona oriental del país hacia los gulags de Siberia por parte de la temible NKVD, uno de los trasvases de población más terribles cometidos por Stalin que costó la muerte a decenas de miles de personas y la pérdida de libertad a más de un millón.

Por supuesto tampoco podía falta el Holocausto, aunque por fortuna Jesús no se va a detener en Auschwitz o las deportaciones que a día de hoy son episodios que ya se hacen demasiado repetitivos. En esta ocasión nos hablará de la Masacre de Babi-Yar, el mayor fusilamiento en masa del Frente del Este cometido por los pelotones SS de “Einstazgruppen” a las afueras de Kév. A continuación nos relatará una atrocidad aún más extraña e inexplicable dentro de la Shoah que fueron las Masacres de Radzilow y Jedwabne, ambas perpetradas por campesinos polacos contra sus vecinos judíos de toda la vida, a los que humillaron públicamente, lincharon y asesinaron de manera de cruel.

No obstante y si hay un capítulo a mi modo de ver brillante que aborda la obra de Jesús, ese es sin duda el Genocidio de Volhynia, para mí uno de los sucesos más injustamente olvidados de la Segunda Guerra Mundial. Para los que no conozcan este acontecimiento, decir que se trató de una limpieza étnica que cometieron los milicianos del Ejército Insurgente Ucraniano y civiles radicalizados, contra el campesinado polaco de Volhynia, Podolia y otras zonas de Galitzia, a veces con la destrucción entera de aldeas y con asesinatos en los que se emplearon métodos bastante sádicos hacia las víctimas. Al mismo tiempo, también la población polaca respondió a estas masacres, realizando una limpieza étnica contra los ucranianos en mucho menor grado, lo que recuerda a la Guerras Yugoslavas de la década de los 90. La brutalidad desatada en este conflicto surgido de las tensiones interraciales que estaban latentes desde hacía centurias, influiría en las operaciones bélicas del Frente del Este, ya que tanto alemanes como soviéticos intentaron aprovecharse de las luchas intestinas para influir y sacar rédito, lo que todavía complicó más el rompecabezas étnico.

Otro crimen que Jesús nos da a conocer fue el Incendio de Kaibakh, el llamado “Orodour Checheno” que tuvo lugar el 27 de Febrero de 1944 cuando las tropas soviéticas del Ejército Rojo que estaban llevando a cabo las deportaciones en Chechenia, irrumpieron en el pueblo montañoso de Kaibakh, en donde 702 aldeanos fueron encerrados en un establo y quemados vivos, entre ellos muchos niños. Y muchos más ejemplos como este podríamos continuar hablando de la obra de Jesús, como la reclusión de los ciudadanos japoneses en Estados Unidos, así como en otros países americanos como Brasil, México o Canadá. También de la Masacre de Kathyn, que pese a ser muy conocida, se vuelve a tocar porque el autor nos descubre una historia con nombres y apellidos que por primera vez ve la luz. Y qué decir de otros sucesos igual de desconocidos como los “campos de Eisenhower” al terminar la guerra, o la polémica Masacre de Biscari cuando el Ejército Estadounidense mató a más de setenta prisioneros italianos durante la campaña de Sicilia en 1943, esta última a día de hoy sin esclarecerse.

Quizá sólo le pongo un pequeño fallo a uno de los episodios del libro, concretamente al referido “Bibliocausto” que aborda la quema de libros durante la contienda, ya que el autor sólo se centra en Europa, dejando de lado las grandes quemas históricas que hubo en Asia, especialmente en China por acción de los japoneses y en el propio Japón a manos de los B-29, la cual con una sencilla consulta a podría haber aportado material interesante. Aún así, el capítulo esta muy bien porque desarrolla nación a nación europea la destrucción de libros muy valiosos a lo largo de todo el conflicto.

Todas estas atrocidades y muchas más son las que nos da a conocer la obra de Jesús Hernández. Un libro muy recomendable que deberían tener en su biblioteca todos aquellos apasionados de los asuntos poco tratados de la Segunda Guerra Mundial.

Rubén Villamor.