Bajo el nombre de «Operación Chariot», a inicios del año 1942 los comandos del Reino Unido protagonizaron una de las misiones de infiltración más audaces y sorprendentes de la Segunda Guerra Mundial. Se trató de un episodio conocido como el Raid de Saint-Nazarie, consistente en un desembarco de fuerzas especiales en una de las bases navales más importantes de la Kriegsmarine, la cual consiguieron dejar fuera de combate durante toda la contienda, pero a un coste muy brutal debido a que la totalidad del contingente acabaría siendo aniquilado por las tropas del Eje.
Operación Chariot
Cuando el Tercer Reich invadió Francia en el verano de 1940, la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) adquirió importantes puertos en la costa atlántica desde donde acechar las rutas marítimas de los convoyes que viajaban al Reino Unido. Entre las bases más importantes estuvo a la de Saint-Nazarie, una ciudad portuaria de 50.000 habitantes en el Estuario del Río Loira que albergaba búnkers de hormigón para proteger a un gran número de submarinos y el llamado «Dique de Normandía», subdividido en el Dique de Saint-Nazarie y en el Dique de Penhouetm con capacidad suficiente para acoger cruceros pesados y buques de gran tamaño como el acorazado Tirpitz, por lo que prácticamente desde el inicio de la contienda los Aliados buscaron su neutralización.
La idea de neutralizar el puerto de Saint-Nazarie provino del almirante Roger Keyes en 1941, cuando propuso enviar a un grupo de comandos para volar las esclusas, una acción que sin duda inutilizaría durante un tiempo la base de submarinos y privaría al acorazado alemán Tirpitz, por ese entonces anclado en Noruega, de una excelente base con la que atacar el corazón del Océano Atlántico. A pesar de que la propuesta fue rechazada por considerarse demasiado arriesgada y sin apenas garantías de éxito, las cosas cambiaron en 1942 con su sustituto, en este caso el almirante Lord Louis Mounbatten, quién dio luz verde a realizar un ataque sobre dicho enclave bajo el nombre de «Operación Chariot».
La «Operación Chariot» o «Carruaje» estaría al cargo del Comando Nº2 y la Marina Real Británica (Royal Navy) con un total de 630 efectivos entre 265 comandos y 365 miembros del personal naval, los cuales serían trasladados hasta el objetivo por 18 navíos entre los que estaban los tres destructores HMS Campbeltown, HMS Tynedale y HMS Atherstone, el submarino HMS Sturgeon, las dos lanchas torpederas HMS MTB-74 y HMS MTB-314, y las doce lanchas motoras HMS ML-156, HMS ML-177 HMS ML-192, HMS ML-262, HMS ML-267, HMS ML-268, HMS ML-306, HMS ML-307, HMS ML-443, HMS ML-446, HMS ML-447 y HMS ML-457. El plan consistía en desembarcar a un primer grupo liderado por el coronel Augustus Newman entre el faro y los muelles viejos con la finalidad de volar la Esclusa Sur; así como a un segundo grupo al frente del capitán Robert Ryder que neutralizaría la esclusa principal, también conocida como «Forme Écluse». En el caso de esta última se tendría que embestir la compuerta principal sacrificando al destructor HMS Campbeltown, al que se le suprimieron dos chimeneas para aparentar ser alemán y se le quitó el cañón de proa para instalarse uno de doce libras y ocho piezas antiaéreas Oerlikon, además de dotarse a la nave de cemento bajo la quilla para quedara incrustado en el fondo, además de unas cargas explosivas de espoleta retardada que horas después de la operación volarían todo el entorno.
El Eje reunía en Saint-Nazarie a un total de 6.000 efectivos entre 5.000 soldados y 1.000 artilleros bajo el mando del comandante naval Karl-Conrad Mecke, la mayoría pertenecientes a elementos sueltos de la 333ª División de Infantería. A nivel material se encontraban tres navíos en los muelles, en concreto el destructor Jaguar, el minador Sperrbrecher Nº37 y un remolcador armado con un cañón Flak 88; mientras a modo de defensa había emplazadas 28 piezas costeras de entre 280 y 75 milímetros adscritas al 280º Batallón de Artillería Naval, más 43 cañones antiaéreos de entre 88 y 20 milímetros agregados a la 22ª Brigada Naval Antiaérea.
Raid a Saint-Nazarie
A las 14:00 horas del mediodía del 26 de Marzo las lanchas destinadas a la «Operación Chariot» zarparon del puerto de Falmouth bajo la escolta de un grupo de cazas Spitfire que dieron la vuelta al atardecer cuando la pequeña escuadra se unió en alta mar a los destructores HMS Campbeltown, HMS Tynedale y HMS Atherstone, así como a los torpederos y al submarino HMS Sturgeon. Curiosamente en torno a las 19:00 horas del anochecer, el submarino alemán U-593 avistó a los británicos no muy lejos de la costa de Francia, aunque como no pudo atacarles debido a que el destructor HMS Tynedale le ahuyentó disparando su cañón a 4.600 metros de distancia, algo que no evitó al sumergible transmitir la posición del enemigo a los mandos de Saint-Nazarie con el siguiente mensaje: «6:20, tres destructores, diez lanchas motoras, 46º, 52′ N, 5º, 48′ Ruta Oeste».
Caída la noche, a las 22:15 horas, la escuadra británica accedió al Estuario del Río Loira precedida por el submarino HMS Sturgeon que guió a los barcos hasta las cercanías de Saint-Nazarie. Al cabo de un buen rato, a las 23:30, un total de 60 aviones atacaron la ciudad para generar confusión, haciéndolo 35 bimotores Whitley cerca de «Forme Écluse» y 25 Wellington en las proximidades del Dique de Penhouet. Sin embargo como por aquel entonces había nubes bajas a 1.800 metros de altitud que dificultaron el tiro de los pilotos e hicieron que las bombas cayesen desperdigadas, sin obviar con que las armas antiaéreas abatieron a uno de los Whitley, el comandante de navío Karl-Conrad Mecke sospechó de toda aquella chapuza y por no no dudó en poner a la guarnición en estado de máxima alerta.
A la 1:20 horas de la madrugada del jueves 27 de Marzo, el destructor HMS Campbeltown enfiló hacia la «Forme Écluse» a una velocidad de 5 nudos, accediendo al canal unos metros hacia dentro junto a la lancha torpedera HMS MTB-314. Aunque los alemanes enfocaron con los reflectores ambos barcos y les dieron el alto con un disparo de advertencia, el marinero Seymour Pike, quién conocía muy bien el lenguaje de signos germanos, les transmitió mediante haces de luz de una lámpara «Aldis» un mensaje, cuyo contenido indicaba que eran amigos y que en aquellos instantes se encontraban llevando a cabo una misión secreta. Como las autoridades portuarias no se lo creyeron, exigieron el lanzamiento de bengala reglamentaria, algo que hizo el capitán Robert Ryder con una señal roja que lamentablemente no correspondía con la esperada por los defensores, por lo que sospechando de que ante sí tenían al enemigo, las tropas germanas dispararon todo su arsenal contra los intrusos a la 1:28.
La descarga de balas y proyectiles sobre la HMS Campbeltown fue descomunal porque en seguida destrozaron la proa del destructor y le volaron su cañón delantero, acabando con la vida de los servidores, sin obviar con numerosos comandos fueron acribillados por hallarse apelotonados en la cubierta, mientras otros saltaban a la desesperada por la borda. Tampoco lo pasaron mejor las lanchas torpederas HMS MTB-74 y HMT-314 que fueron alcanzadas e incendiadas, hundiéndose en medio del canal junto a otras lanchas motoras y embarcaciones menores. No obstante y pese a las dificultades, el HMS Campbeltown consiguió recorrer los 200 metros que lo separaban de la esclusa, a la que embistió violentamente depositando por encima parte de su quilla, además de romper una red antitorpedos a la 1:34, justo en el instante en que se abrían las válvulas que dejaron atascada a la nave en medio del pasillo acuático y se activaban las cargas con espoletas (previstas para detonar al cabo de ocho horas).
A la 1:40 horas comenzó el desembarco del contingente al mando del coronel Augustus Newman entre el faro y los muelles viejos, en donde los comandos encontraron una fuerte resistencia por parte de los tiradores y los servidores de las armas antiaéreas, por lo menos hasta el sargento George Haines emplazó un mortero de 51 milímetros con el que castigó a los defensores, logrando entonces sus compañeros abrirse paso por las instalaciones y alcanzar la esclusa sur. Allí volaron con explosivos y hundieron dos remolcadores amarrados en un embarcadero, pero fueron incapaces de cumplir la misión, sobretodo cuando un alemán mató con la punta de la bayoneta al oficial Bill Pritchard, por ese entonces el jefe de los equipos de demolición, quién fue vengado por el teniente Philip Waldon cuando abatió con una ráfaga al germano. Lamentablemente para su sustituto provisional, el cabo Ian MacLagen, fue incapaz de moverse y tuvo que retroceder con sus fuerzas hasta el puente giratorio para unirse en las esquinas de los edificios al resto de hombres del coronel Newman.
Bastante mejor fueron las cosas a los comandos del HMS Campbeltown en la «Forme Écluse» porque finalmente consiguieron desembarcar en tierra y a base de granadas destruir las baterías de artillería que rodeaban la instalación, antes de que un equipo de demoliciones liderado por el teniente Stuart Chant colocase cargas explosivas en la cabina de bombeo y la hiciera saltar por los aires, haciendo que toda la maquinaria se desplomara sobre la superficie del canal. Al poco tiempo un segundo equipo encabezado por el sargento Francis Carr acopló otras doce cargas de 8 kilogramos de dinamita con las que pulverizó las máquinas de maniobra de la esclusa y abrió un boquete en el Dique de Penhouet por el que entraron infinidad de toneladas de agua.
Cumplida la misión sobre la «Forme Écluse», la huida para los comandos fue una odisea porque los escasos supervivientes se encontraron con que nueve de las lanchas motoras estaban ardiendo a causa del fuego y la gasolina derramada en el agua. A pesar de todo consiguieron poner en marcha a cuatro de las embarcaciones, siendo la primera en salir la del sargento George Haines con 30 hombres a bordo, pero entonces una granada alemana la hundió con la consiguiente muerte de 27 soldados. La segunda en intentarlo fue la del subteniente Michel Wynn a la que un proyectil de grueso calibre impactó y echó a pique con otros doce tripulantes fallecidos en el interior. Algo más de suerte tuvieron la tercera y la cuarta lanchas que escaparon a mar abierto, entre estas la comandada por el capitán Robert Ryder que pese a resultar dañada por un disparo de artillería, la débil explosión tan sólo arrebató la vida al marinero William Savage.
La suerte de los más de 200 comandos que todavía se encontraban en los muelles fue la de rendirse tras ofrecer una fiera resistencia, aunque muchos trataron de escapar alcanzando la ciudad o los campos de los alrededores, en donde serían apresados por las patrullas alemanas. Algunos consiguieron abordar una lancha que fue interceptada y hundida por el torpedero alemán Jaguar, mientras que el capitán Stephen Beattie se escondió en el interior de un pesquero hasta que fue descubierto y arrestado por marineros de la Kriegsmarine. Respecto a la escuadra que marchaba en dirección a Inglaterra con los pocos supervivientes, a las 6:30 horas del amanecer fue atacada por aviones de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe), lo que a su vez propició la intervención de la Fuerza Aérea Real Británica (RAF), enzarzándose ambas aviaciones en un duelo que culminó con el derribo de dos bombarderos germanos Junkers Ju 88 y un cazabombardero inglés Beaufighter.
Conclusión
A la noche siguiente del la «Operación Chariot», el 28 de Marzo, la Batalla de Saint-Nazarie aparentemente había concluido con la captura de todos los comandos y el inicio de algunos interrogatorios por parte del Servicio de Información, siendo los primeros en ser preguntados el capitán Stephen Beattie y el subteniente Michel Wynn. Sin embargo, justo en el instante en que los interrogadores intentaban sonsacarles alguna pista, a las 22:00 horas, las cargas de espoleta retardada del destructor HMS Campbeltown estallaron mientras permanecía incrustado en la «Forme Écluse», haciendo que la compuerta reventara y una onda expansiva matara a 360 soldados alemanes y operarios que había a bordo o trabajando en los alrededores. La devastación causada por la gigantesca explosión, a la que sumaron dos torpedos que detonaron a destiempo el 1 de Marzo, hicieron que el agua se derramase sobre el canal y que la base de Saint-Nazarie quedase inoperativa durante todo el resto de la Segunda Guerra Mundial.
Los Aliados sufrieron 384 bajas entre 169 muertos y 215 prisioneros; así como el hundimiento de once navíos entre el destructor HMS Campbeltown, las dos lanchas torpederas HMS MTB-74 y HMT-314, y ocho lanchas del modelo ML; además de resultar derribados dos aviones sumando un bombardero Whitley y un cazabombardero Beaufighter.
El Eje sufrió 360 muertos, el hundimiento de dos remolcadores y el derribo de dos aviones del modelo Junkers Ju 88.
El resultado de la «Operación Chariot» fue un éxito porque pese a que no se cumplieron todos los objetivos previstos por los Aliados, la embestida suicida del destructor HMS Campbeltown provocó la destrucción total de «Forme Écluse», algo que causó algunos retrasos en la campaña submarina y al mismo tiempo impidió a los alemanes llevar al acorazado Tirpitz a Saint-Nazarie. A pesar de este triunfo, la victoria implicó la aniquilación casi total del grupo de comandos desembarcados, lo que convirtió a esta acción de una las más terribles para las fuerzas especiales en la Segunda Guerra Mundial.
Bibliografía:
-T.W. Willans, Así fue la Segunda Guerra Mundial Volumen 35, «Operación CHariot, la Incursión sobre Saint-Nazarie», Noguer (1972), p.33-37
-https://en.wikipedia.org/wiki/St_Nazaire_Raid


