Operación Grenade

A principios de 1945 los Estados Unidos dejaron de mantener una posición defensiva en el Frente Occidental y pasaron a la ofensiva aprovechando el reciente descalabro del Ejército Alemán en la Batalla de las Ardenas. La ejecución del plan recibió el nombre de «Operación Grenade», un ataque de grandes proporciones que se coordinaría con las fuerzas de la Commonwealth en la «Operación Veritable», para primero conseguir un desbordamiento de las últimas fortificaciones de la «Línea Sigfrido» y a continuación procederse a la invasión del Tercer Reich con las vistas puestas en las industrias del Ruhr.

Planes de los Aliados

Justo después de la Batalla de las Ardenas, el general Dwith Eisenhower que era el responsable de la Fuerza Expedicionaria Aliada en Europa, escogió al XXIº Grupo de Ejércitos bajo el mando del mariscal Bernard Montgomery para proceder a la invasión de Alemania. La gran ofensiva se ejecutaría en dos alas del siguiente modo: el I Ejército Canadiense del general Henry Crearar y el II Ejército Británico del general Miles Dempsey atacarían el norte desde la frontera con Holanda en la denominada «Operación Veritable», mientras que el IX Ejército Estadounidense del general Bill Simpson atacaría al sur desde la demarcación con Bélgica en la bautizada como «Operación Grenade».

La «Operación Veritable comenzó el 8 de Febrero de 1945 con el avance del I Ejército Canadiense sobre el Bosque de Reichswald y con una arremetida del II Ejército Británico sobre el Río Maas, tan sólo 48 horas antes de la «Operación Grenade» que estaba prevista para la jornada 10. No obstante y contra todo lo esperado, la noche del 9 al 10 los alemanes abrieron las válvulas de la Presa de Schwammenauel que desbordaron el Río Roer y dejaron inundadas vastas hectáreas que hicieron imposible poner en marcha la ofensiva del XI Ejército Estadounidense, por lo que la misión se tuvo que retrasar casi dos semanas, fijándose como fecha límite el 23 de Febrero (la jornada anterior, el 22, se completó la «Operación Veritable»).

El IX Ejército Estadounidense reunió a 380.000 soldados, 1.400 tanques, 2.070 cañones y 375 aviones que se desplegaron del siguiente modo: el XVI Cuerpo del general Raymond McLain con la 8ª División Blindada y las 35ª y 79ª Divisiones de Infantería; el XII Cuerpo del general Alvan Guillem con la 5ª División Blindada y las 84ª y 102ª Divisiones de Infantería; el XIX Cuerpo del general Raymond McLain con la 2ª División Blindada y las 29ª, 30ª y 83ª Divisiones de Infantería; y el VII Cuerpo del general James Lawton Collins con las 8ª y 104ª Divisiones de Infantería, este último adscrito al I Ejército Estadounidense del general Courtney Hodges.

Plan de Alemania

La zona sobre la que recaería la potencia de la «Operación Grenade» se hallaba defendida por el Grupo de Ejércitos B al mando del veterano mariscal Walter Model, considerado por muchos como un maestro defensivo que había recibido el apodo de «Bombero de Hitler». Lamentablemente la agrupación se encontraba en exceso debilitada, pues el XV Ejército del general Gustav Von Zangen que absorbería parte de la ofensiva del IX Ejército Estadounidense poseía divisiones muy bisoñas y con las plantillas incompletas, las cuales se habían rellenado de manera improvisada con los jóvenes y ancianos de la Milicia Popular del «Volkssturm», cuya única ventaja consistía en las sólidas fortificaciones de la «Línea Sigfrido» y en las aguas desbordadas del Río Roer.

El XV Ejército Alemán reunió a 54.000 soldados y 180 tanques repartidos sobre el LVIII Cuerpo Panzer del general Walther Krueger y el LXXXI Cuerpo del general Friedrich Koechling.

Fase I = Linnich

A las 2:45 horas de la noche del 23 de Febrero de 1945 comenzó la «Operación Grenade» cuando 1.500 piezas de artillería del IX Ejército Estadounidense castigaron las posiciones del XV Ejército Alemán durante 45 minutos, hasta aproximadamente las 3:30 de la madrugada. Acto seguido las tropas norteamericanas del 1º Batallón de Infantería (adscrito a la 84ª División de Infantería) cruzaron el Río Roer a bordo de botes con remo; mientras que los soldados del 3º Batallón de Infantería hacían lo propio desde el flanco derecho de la ciudad de Linnich (su base de partida). A pesar de que tiradores ocultos entre la vegetación y varios morteros emplazados en un estadio de carreras abrieron fuego contra los estadounidenses, e incluso les lanzaron un infructuoso contraataque desde la orilla exterior que ocasionó numerosas bajas a los invasores, finalmente los 1º y 3º Batallones de Infantería se hicieron fuertes entre las dunas y matorrales que cubrían las orillas del Río Roer.

Justo antes del amanecer, en torno las 6:45 horas, la 104ª División de Infantería empezó a cruzar el Río Roer al sur de Linnich con botes de remo y barcazas LVT (iguales a las que habían participado en el desembarco de Normandía). Aunque los norteamericanos liberaron pantallas de humo con granadas que cayeron en el litoral opuesto, los alemanes respondieron con contundencia y hundieron varias embarcaciones con certeros impactos de proyectiles de mortero. Sin embargo en cuanto los estadounidenses pisaron la orilla contraria, consiguieron superar las defensas que todavía disparaban contra las barcazas y silenciaron cuatro nidos de ametralladoras con bazookas. Una vez asentados en el arenal, las piezas de artillería emplazadas en la Fortaleza de Citadel, un castillo del siglo XVI próximo al pueblo de Jülich, comenzaron a descargar un demoledor volumen de fuego sobre la concentración de tropas norteamericanas. A raíz de esta nueva amenaza, los aviones estadounidenses arrojaron bombas de 450 kilogramos sobre dicho enclave, lo que permitió a los soldados de la 104ª División de Infantería abrirse paso a tiros, a fogonazos de lanzallamas o arrojando mochilas cargadas de explosivos por los huecos, hasta apoderarse finalmente de la Fortaleza de Citadel y también de la localidad de Jülich.

Al mediodía de aquel 23 de Febrero, elementos de la 84ª División de Infantería despejaron de enemigos una charca artificial de agua y posteriormente limpiaron unas «posiciones erizo» de tropas germanas, haciéndose durante el trayecto con el pueblo de Rurich. Completada esta fase del avance, los flancos derechos de la unidad conquistaron la localidad de Baal, aunque al caer la noche los norteamericanos vieron interrumpido su progreso como consecuencia de un campo de minas; siendo hasta entonces el cómputo global de pérdidas entre las filas del IX Ejército Estadounidense de 1.066 bajas entre 152 muertos y 913 heridos.

Fase II = Dueren

Al día siguiente de haberse instalado el XII Cuerpo al otro lado del Río Roer junto a Linnich, el 24 de Febrero, el XIX Cuerpo inició la ofensiva con sus miras puestas en la ciudad de Dueren. Así fue como tras un potente bombardeo de artillería que cubrió de neblina las posiciones germanas, la 102ª División de Infantería pudo cruzar el sector asignado del Río Roer a bordo de barcazas blindadas LVT que depositaron a ingenieros en la orilla contraria, los cuales lograron establecer una cabeza de puente. Simultáneamente la 8ª División de Infantería que cubría su ala derecha no tuvo tanta suerte porque como las embarcaciones eran de madera o simplemente botes hinchables, los soldados alemanes hundieron a varias barcazas y mataron a numerosos estadounidenses (encima la 104ª División de Infantería que estaba a su lado no pudo socorrer a sus compañeros porque sufrió un breve contraataque de granaderos germanos).

Soldados a bordo de camiones del IX Ejército Estadounidenses entrando en Dueren.

La situación de la 8ª División de Infantería fue crítica a última hora de la tarde porque los defensores alemanes al otro lado del Río Roer levantaron una pantalla de fuego artificial que dificultó a la artillería norteamericana batir sus posiciones. De hecho al anochecer, los estadounidenses intentaron cruzar nuevamente el curso fluvial sin éxito porque los germanos iluminaron la zona con bengalas y las ametralladoras instaladas en los bancos de arena hundieron algunos botes y mataron a un buen puñado de soldados enemigos (los que alcanzaron la orilla opuesta encima murieron congelados durante la madrugada debido a que su ropa mojada en pleno invierno les hizo fallecer de hipotermia).

Como consecuencia de los dos fracasos de la 8ª División de Infantería por superar el curso del Río Roer, el general Miles Dempsey del IX Ejército, ordenó a sus fuerzas no realizar más intentos debido a las grandes pérdidas sufridas y a que los alemanes eran muy fuertes en ese punto. Sin embargo lo peor de todo aquella nefasta jornada fue que los estadounidenses del XIX Cuerpo sumaron 382 bajas entre 66 muertos, 280 heridos y 35 desaparecidos, unas cifras inasumibles para una unidad que tan siquiera se había aproximado a Dueren.

Fase IIII = Eiffel

A pesar de que el LXXXI Cuerpo Alemán había mantenido muy bien sus posiciones en el Río Roer, el general Gustav Von Zangen que lideraba al XV Ejército cometió el error de infravalorar a sus oponentes pensando que debían estar muy debilitados, por lo que contra todo pronóstico extrajo a un gran número de fuerzas atrincheradas entre Linnich y Dueren para atender otros sectores de la «Línea Sigfrido». Aquella decisión que redujo al mínimo la vigilancia en el curso fluvial, fue aprovechada por el XVI Cuerpo Estadounidense cuando en la mañana del 25 de Febrero cruzó el Río Roer sin encontrar prácticamente oposición, antes de profundizar hacia el distrito comarcal de Eiffel y tomar tanto la ciudad de Hilfarth como su puente, cortando con ello en dos al XVI Cuerpo Alemán y aislando a las 35ª y 79ª Divisiones de Infantería Alemanas.

Veinticuatro horas después del inesperado cruce del Río Roer y el establecimiento de una enorme cabeza de puente en Eiffel, el 26 de Febrero, las 84ª y 102ª Divisiones de Infantería que hasta ese momento habían permanecido empantanadas junto a Linnich, pudieron salir de su estancamiento y aplastar las defensas alemanas en la orilla contraria, además de recibir el apoyo de tanques Sherman prestados por la 5ª División Blindada con los que pudieron ocupar la ciudad de Erklenz. A partir de entonces se produjo el colapso de toda la línea del frente sostenida por el XV Ejército Alemán, pues entre las jornadas del 27 y 28 de Febrero el XIX Cuerpo protagonizó un avance espectacular sobre las verdes campiñas de Eiffel, rechazando varios contraataques de tanques Panzer y alcanzando la orilla oriental del Río Erft.

Conclusión

Con el IX Ejército Estadounidense en las orillas del Río Erft, los Aliados pudieron hacerse con el control de todo el Valle del Roer y limpiar completamente de fuerzas enemigas la comarca de Eiffel. Atrás quedaron miles de tropas alemanas que fueron rodeadas y embolsadas por las formaciones acorazadas norteamericanas, las cuales no tuvieron más opciones que resignarse a ser aniquiladas o rendirse, como hicieron millares de jóvenes y ancianos de la Milicia Popular del «Volkssturm».

Alemania sufrió 45.739 bajas entre 16.000 muertos, heridos o desaparecidos, más 29.739 prisioneros.

Estados Unidos sufrió 7.478 bajas entre 1.330 muertos y 6.148 heridos o desaparecidos.

El desastre mayúsculo encajado por el del Grupo de Ejércitos B no evitó que en cuanto el mariscal Walter Model suplicó a Adolf Hitler la posibilidad replegar a los restos del XV Ejército Alemán para proteger la vital cuenca industrial del Rühr, el Führer se negó en rotundo alegando su habitual mantra de «resistir hasta el último hombre», en este caso en el Río Erft. A raíz de aquella absurda decisión, en conjunción con el éxito de las fuerzas de la Commonwealth en la «Operación Vertiable» que apenas tardarían en enlazar con las del IX Ejército Estadounidense de la «Operación Grenade», en cuestión de semanas se produciría el colapso definitivo del Frente Occidental y por ende se aceleraría el final de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

 

Bibliografía:

-Ken Ford, The Rhineland 1945, the last killing ground in the West, «Operation Grenade», Osprey Publishing (2000), p.51-66
-David Solar, La Caída de los Dioses, «Capítulo 9: La muralla de los Nibelungos», la Esfera de los Libros (2005), p.373-376
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «Paz separada o guerra perdida», S.A.R.P.E. (1978), p.2.118