Inicio de la Campaña del Mar Mediterráneo

 

Bajo la frase de <<¡Vencer y venceré!>> desde el Palacio Venezia de Roma, Benito Mussolini arrastró a Italia hacia la Segunda Guerra Mundial contra Gran Bretaña y Francia. En este conflicto que debía durar cuestión de semanas y en el que Italia no estaba preparada, la flota italiana se vería obligada a luchar en largas operaciones sobre un extenso frente naval que se conocería como la Campaña del Mar Mediterráneo.

Regia Marina (Real Marina Italiana)

La Real Marina Italiana (Regia Marina), llegó a la Segunda Guerra Mundial mucho más que anticuada. No por falta de medios, sino por la ausencia de previsión de Mussolini y la incompetencia de los altos mandos que se pasaron los 10 años anteriores de paz improvisando en lugar de trabajando respecto a la cuestión naval. Y es que ni siquiera se planteó que fuera a haber una guerra con Gran Bretaña en el futuro, así que todos los esfuerzos y fondos fueron a parar a la idea de crear una marina exclusivamente preparada ante una eventual guerra con Francia.

Aunque todas las marinas importantes de las grandes potencias estaban experimentando con el portaaviones, al que veían como el arma definitiva que en el futuro sustituiría al acorazado, en Italia los estrategas dormían en este sentido. Según Mussolini, Italia era un inmenso portaaviones en medio del Mar Mediterráneo, por lo que no eran necesarios al poder operar aparatos desde allí. Tras esta errónea decisión pasaron los años, centrándose exclusivamente la Regia Marina en la modernizaión de acorazados, cruceros y destructores. Sin embargo cuando los italianos se dieron cuenta de su desacierto, iniciaron la construcción de los portaaviones Roma e Imperio, pero para entonces ya era demasiado tarde.

Justo antes de entrar en la Segunda Guerra Mundial, Italia tenía los 6 acorazados Littorio, Vittorio Veneto, Cavour, Cesare, Caio Dulio y Andrea Doria. Entre los 22 cruceros de todas las clases, de los que había 7 pesados y 15 ligeros, los más destacados eran precisamente los pesados Bolzano, Zara, Fiume, Gorizia y Pola; y los ligeros Giussano, Barbiano, Colleoni, Bande Nere, Bari, Tarento y San Giorgio. Había también 94 destructores, 117 submarinos, 65 lanchas de asalto MAS, 16 cañoneros y 33 torpederos. La Regia Marina comprendía un total de 579 unidades navales de 620.000 toneladas, siendo 353 unidades de combate y 226 naves auxiliares como dragaminas, remolcadores, buques escuela…

Los 2.492 aviones con que contaba Italia en el Mar Mediterráneo eran una fuerza aérea considerable, pero una vez más la política lo estropeó todo cuando el Duce decidió separar a la Regia Marina y a la Regia Aeronautica en dos cuerpos independientes el uno del otro, por lo que ni buques ni aviones se coordinarían a la hora de las operaciones navales, las cuales apenas existirían porque tampoco se preparó a los aparatos de la rama aérea para llevar torpedos o se entrenó a las tripulaciones para realizar acciones antibuque. Esto último fue curioso porque Mussolini había ordenado anteriormente no construir portaaviones alegando que la Península Italiana ejercería la función de estos, sin embargo con esta última decisión tampoco se hizo nada en lo referente a la fuerza aérea estacionada en tierra.

La tecnología de la flota italiana sufría un retraso absoluto en comparación con las fuerzas navales de las otras potencias del mundo: Reino Unido, Japón, Estados Unidos o Alemania. En este aspecto entraban los submarinos, lentos y de poca fiabilidad, la mayoría de ellos sin modernizar desde la Primera Guerra Mundial. Las operaciones submarinas que serían clave en el Mediterráneo, hacían de ese mar una pesadilla para las tripulaciones de sumergibles al no tener donde esconderse apenas debido a las aguas poco profundas y a que la velocidad de inmersión era muy lenta, lo que convertía a estos navíos mucho más fiables en el Océano Atlántico que no allí.

Quizá el mayor inconveniente de todos los habidos en la Regia Marina era la ausencia del radar, una carencia que hacía navegar a los barcos completamente a ciegas en un mar hostil donde los británicos sabrían a todo momento donde se hallarían ellos. Además ningún buque ni submarino italiano estaba equipado con el radiotelémetro “Dete”, que despistaba al radar británico, algo que ya poseían los alemanes de la Kriegsmarine y que no quisieron compartir con sus compañeros.

Por último estaba el problema del combustible. Italia únicamente poseía 1.800.000 toneladas de crudo, lo justo para un año de guerra. El resto se lo había de suministrar Rumanía, un país aliado del Duce, aunque durante el conflicto daría prioridad más a la venta sobre los alemanes que no a los italianos, lo que provocaría una elevada escasez de gasolina.

Con todos estos problemas Italia se sumergía en la Segunda Guerra Mundial hacia una campaña naval sin límites y sangrienta. Mussolini no había tenido en cuenta la mayor parte de los inconvenientes porque pensaba que Reino Unido sería derrotado rápidamente por Alemania. Lo que no sabía es que el Tercer Reich tenía la intención de alargar la guerra atacando a otros países como la Unión Soviética sin antes derrotar a los ingleses. Demasiadas aventuras para las que Italia ni de lejos estaba lista.

Royal Navy y Flota Francesa

Desde que la Armada Invencible de España fuera derrotada en 1588, la Armada Británica había tenido mucha suerte. A ese triunfo le siguieron otros como las victorias contra la Armada Francesa de Abukir (1798) y Traffalgar (1805), que configuraron a Reino Unido como la primera potencia naval en el mundo y por tanto colonial. Aquella suerte se esfumó en la Batalla de Jutlandia durante la Primera Guerra Mundial en 1916, donde la flota británica ante la alemana cosechó más pérdidas que su enemigo. Sería un veterano de esta batalla, el comandante Ernle Chatfield, el que durante la postguerra modernizaría una parte importante de la Armada para evitar otra Jutlandia: la Marina Real Mediterránea (Royal Navy Mediterranean Fleet).

Entre la Primera y Segunda Guerra Mundial la Royal Navy del Mediterráneo incorporó una gran modernización. El radar en primer lugar permitía visualizar a submarinos y buques enemigos durante el día y la noche. Las tripulaciones, mucho más entrenadas que las italianas debido a la tradición naval inglesa, se las adiestró profesionalmente en los enfrentamientos nocturnos donde la flota italiana estaba totalmente desprotegida. Las bases repartidas por todo el Mar Mediterráneo daban a los ingleses una ventaja estratégica muy superior con Gibraltar, Egipto, Malta y Chipre. Además, gracias a los pozos petrolíferos de Oriente Próximo el combustible no escaseaba en ningún momento.

La Real Marina Británica (Royal Navy) tenía desplegados en el Mar Mediterráneo a los dos portaaviones HMS Ark Royal y HMS Ilustious; más a los 5 acorazados HMS Warpsite, HMS Malaya, HMS Royal Sovereign, HMS Ramillies y HMS Resolution. La Flota de Guerra Francesa por su parte contaba con los otros 5 acorazados Lorraine, Provence, Bretagne, Dunkerque y Strasbourg, más el portaaviones Béarn. Entre ambas marinas aliadas había además 22 cruceros de batalla, 92 destructores, 45 submarinos y 2.367 aviones.

Desastre naval italano en las primeras 24 horas

Puede decirse, aunque parezca asombroso, que Italia perdió la Segunda Guerra Mundial desde el instante en que Benito Mussolini declaró la guerra a Reino Unido el mismo 10 de Junio de 1940.

Cuando llegaron las notificaciones de guerra a los embajadores de Gran Bretaña y Francia, Italia no advirtió con anterioridad de nada a su marina mercante repartida por todo el globo terráqueo. Así que cuando se supo el “causus belli”, la guerra encontró de sorpresa a todos los barcos, que desprotegidos, quedaron a merced de los enemigos.

Durante las primeras horas de guerra, la Royal Navy apresó a 1.200.000 toneladas de navíos y cargueros italianos en las primeras 24 horas, lo que equivalía al 35% del tonelaje total de la marina mercante italiana. Todos estos buques fueron capturados en alta mar o secuestrados en los puertos de países beligerantes o neutrales mientras repostaban. Además, los británicos en el Canal de Suez y el Mar Rojo confiscaron varios cargueros militares con importante material armamentístico que viajaban hacia la colonia de Eritrea.

Esta catástrofe naval condenó a Italia al aislamiento y a una cuenta atrás para su superviviencia en sólamente el primer día de guerra.

Hundimiento del crucero HMS Calypso

Un total de 55 submarinos italianos habían tomado posiciones días antes de las hotilidades, repartiéndose por todo el Mar Mediterráneo y el Mar Rojo. Su objetivo: acechar a las presas.

Crucero británico HMS Calypso, primer buque británico hundido por Italia en la Segunda Guerra Mundial.

Acabado el primer día de guerra, el 11 de Junio, Italia tuvo su primera pérdida naval. Ocurrió junto a la costa de Tobruk en Libia, después de que los dos cruceros británicos HMS Gloucester y HMS Liverpool, se lanzaran contra las patrulleras Palmaiola, Lante y Berta, resultando hundida esta última.

Dos días después de entrar Italia en la Segunda Guerra Mundial, el 12 de Junio de 1940, navegaba en una oscura noche cerca de Creta el submarino italiano Bagnolini al mando del capitán Franco Tosini. Tras una jornada aburrida, aparecieron a lo lejos cuatro siluetas de destructores hacia el sumergible. Lo más lógico hubiera sido escapar o introducirse bajo el agua, pero Tosini con buena predicción se quedó quieto a la espera de que pasaran de largo sin que le vieran, cosa que sucedió. Entonces tras los destructores aparecieron presas más apatecibles: dos cruceros de batalla. Sin dudarlo Tosini anunció a la tripulación del Bagnolini que cargaran torpedos y dispararan. Sólamente salió un torpedo que sin ningún contratiempo alcanzó al crucero británico HMS Calypso de 4.200 toneladas. El artefacto causó una explosión entre el puente y la chimenea de proa, lo que provocó su lento hundimiento por zozobara. Hundido el crucero HMS Calypso, 39 marineros británicos murieron. Aquel fue el primer crucero inglés hundido de los 19 que se irían a pique a lo largo de toda la campaña del Mar Mediterráneo durante la Segunda Guerra Mundial.

Encuentos de sumergibles

Batallas entre submarinos caracterizarían la primera etapa de la campaña del Mar Mediterráneo. Durante los primeros días cada país tendría sus propios éxitos y pérdias entre sumergibles. Gran Bretaña fue la primera en perder un submarino cuando el 13 de Junio de 1940, el destructor italiano Strale localizó y hundió en el Golfo de Tarento al sumergible HMS Odín en el que murió toda su tripulación de 55 personas.

El 16 de Junio resultó hundido el primer submarino francés llamado Morse por una mina italiana, además de también otro sumergible británico de nombre HMS Grampus que fue enviado al fondo del mar con 59 muertos por un torpedeamiento conjunto de los torpederos italianos Clio y Circe en el Golfo de Siracusa.

Oficialmente el primer submarino italiano hundido de la Segunda Guerra Mundial fue el Provana, víctima de una colisión con la proa del cañonero francés La Curieuse cerca de Orán en Argelia. Tal fue el impacto que el sumergible se partió en dos sobre la superfície y cada porción se hundió por separado mientras todos los 58 tripulantes morían gritando. Para el cañonero francés La Curieuse tampoco fue agradable el golpe, pues se quedó sin proa y tuvo que escapar a Orán muy dañado, quedando poco después fuera de combate.

Durante el resto de Junio las acciones navales de submarinos siguieron sucediéndose. El día 19 el destructor italiano Turbina hundió al submarino británico HMS Orpheus junto a las costas de Tobruk en Libia. Un día más tarde, el 20, a 30 millas también de Tobruk, el submarino inglés HMS Parthian torpedeó y envió a pique al submarino italiano Diamante. Cerca de la costa de Famagusta en Chipre, el día 27, las baterías costeras británicas dañaron al submarino Liuzzi que emergió a la superficie y se rindió, aunque justo antes de entregarse los marineros que bajaron en botes, el capitán Lorenzo Bezzi se quedó en su interior para hundirlo con sus propias manos, sucidándose para ello.

Epopeya del Espero

El Espero era un destructor italiano comandado por el capitán Enrico Baroni, que junto con sus compañeros Ostro y Zeffiro, transportaban material bélico al Norte de África: 10 cañones antitanque, 162 soldados y 120 toneladas de municiones cada uno de los tres destructores.

Cerca de la Isla de Zakintos, a 50 millas más o menos, los tres destructores se toparon de casualidad con un convoy británico que transportaba material a Alejandría, el cual estaba compuesto por cinco cruceros: los británicos HMS Orion, HMS Neptune, HMS Liverpool y HMS Gloucester, más el australiano HMAS Sidney. Había más buques como el portaaviones HMS Eagle o los dos acorazados HMS Ramillies y HMS Royal Sovereign, pero sólo los cinco cruceros citados anteriormente se lanzaron a la persecución de los italianos en cuanto los localizaron.

Destructor italiano Espero que protagonizó una de las mejores epopeyas de la Regia Marina Italiana.

A las 18:30 horas de la tarde del 28 de Junio de 1940 comenzó la batalla. Desde el principio los italianos estuvieron en desventaja debido a que iban sobrecargados de material, situación que acercó considerablemente a los cruceros británicos. Entonces viendo que la vida era insalvable, el capitán Baroni retrasó al Espero en último lugar para que los cañones enemigos se centraran en él y no en sus compañeros Ostro y Zeffiro, lanzando antes por la borda los cañones y las municiones. De este modo comenzó una sangrienta batalla desigual entre un minúsculo destructor con 4 cañones de 120 milímetros contra 5 cruceros que sumaban 48 cañones de 152 milímetros. Asombrosamente el pequeño destructor italiano se defendió 2 horas y 10 minutos, tiempo suficiente para que sus amigos escaparan. A las 20:40 horas el crucero australiano HMAS Sidney hundió definitivamente al Espero, que incluso mientras se sumergía siguió disparando sus cañones hasta el final.

En la tragedia del Espero murieron 180 marineros y soldados. Fueron recogidos por los australianos 47 supervivientes del agua, a otros seis se les dió un bote con remos y comida hasta que fueron salvados días más tarde. El capitán Baroni pereció en el naufrágio, otorgándosele a título póstumo la Medalla de Oro al Valor. No fue una pérdida severa para la Regia Marina, pero la epopeya de resistir más de 2 horas contra una fuerza tan abrumadora convirtió al Espero en un mito de la tradición naval italiana.

Submarinos y destructores

El 29 de Junio fue un día negro para el arma submarina italiana, pues fueron hundidos tres submarinos: el Rubino por un avión británico que le lanzó dos bombas que impactaron de lleno muriendo toda la tripulación; el Argonauta por navíos ingleses cerca de Tobruk en el que también parecieron todos los tripulantes; y el Uebi Scebeli tras ser asaltado por tres destructores enemigos que lo hundieron, aunque no hubo muertos, pues todos los marineros lograron salir del sumergible. Ese día también los británicos perdieron un buque, el destructor HMS Escort de 1.350 toneladas que se hundió tras ser torpedeado por el submarino italiano Marconi sufriendo 2 muertos.

Para Julio la actvidad sería menor en el Mediterráneo. No muy lejos de Augusta, el torpedero italiano Albatros hundió al submarino británico HMS Phoenix el 16 de Julio. Un bombardeo sobre Tobruk el 20 de Julio de aviones Swordfish armados con torpedos que despegaron del portaaviones HMS Eagle, hundieron a los dos destructores italianos Nembo y Ostro, además de al carguero Sereno.

Coincidiendo con el 1 de Agosto de 1940, justo cuando el escenario europeo cambiaba al iniciarse la Batalla de Inglaterra, el destructor italiano Vivaldi localizó y hundió al submarino inglés HMS Oswald al que provocó 3 muertos.

Conclusión

La primera etapa de la Campaña del Mar Mediterráneo terminó cuando con el inicio de la Batalla de Inglaterra, que centraba todos los esfuerzos británicos y del Eje en Londres, lejos de Italia, la atención se trasladó de lugar.

Gran Bretaña y Francia cosecharon la pérdida de 8 buques: 1 crucero de batalla, 1 destructor y 6 submarinos, de los cuales 5 eran británicos y uno francés.

Italia padeció la pérdida de 6 submarinos, 3 destructores, 1 patrullera y 1 carguero.

Hasta ese momento las pérdidas habían sido muy elevadas por ambos lados. Fue aquella experiencia la que caracterizaría las futuras batallas navales y operaciones submarinas en el Mar Mediterráneo, aguas que se teñirían de sangre.

Pérdidas de Reino Unido – Francia:
1 Crucero de batalla
1 Destructor
6 Submarinos (5 británicos / 1 francés)

Pérdidas de Italia:
6 Submarinos
3 Destructores
1 Patrullera
1 Carguero

 

Bibliografía:

Luis de la Sierra, La Guerra Naval en el Mediterráneo, Editorial Juventud (2005), p.16-48