Batalla del Atlántico (1939)

La Batalla del Atlántico que se libró desde el 3 de Septiembre de 1939 al 8 de Mayo de 1945 constituyó la campaña más larga de la Segunda Guerra Mundial que confrontó a las flotas del Eje contra las de los Aliados. Curiosamente la primera fase de este conflicto acuático a escala global se caracterizó por algunas acciones de los submarinos y los corsarios del Tercer Reich, todavía muy limitados por culpa del Plan Z, pero muy eficaces a la hora de acabar con numerosos navíos militares y buques mercantes que trataban de abastecer el Reino Unido.

Plan de Alemania

Originalmente el boceto de la Batalla del Atlántico se gestó en la Primera Guerra Mundial de 1914 a 1918 cuando la Marina Imperial Alemana (Kaiserlischemarine) llevó a cabo una campaña submarina sin restricciones contra el tráfico mercante de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos y demás países del bando de la Entente. A pesar de que el Segundo Reich fracasó en su objetivo de doblegar a Inglaterra, la denominada «guerra económica» estuvo a punto de estrangular por hambre al pueblo británico y por tanto de decantar la contienda en favor de los Imperios Centrales. Este hecho facilitó que al concluir el conflicto y firmarse el Tratado de Versalles en 1919, los vencedores prohibieran a Alemania disponer de submarinos por miedo a que en el futuro pudiesen suponer una nueva amenaza para los intereses del Imperio Británico.

A lo largo de la existencia de la República de Weimar las autoridades aceptaron cumplir lo estipulado en el Tratado de Versalles, por lo menos hasta que en 1932 el Presidente Paul Von Hindenburg tomó la determinación de esquivar en secreto algunas de las cláusulas cuando a partir de 1932 emprendió la construcción de unos diminutos submarinos de 250 toneladas ante el temor de una próxima guerra en Europa. La situación todavía mejoró más a partir de la victoria electoral de Adolf Hitler y la proclamación del Tercer Reich en 1933, pues el Führer consiguió rebajar las exigencias del documento tras negociar con Inglaterra la creación de una armada que no superase las 184.000 toneladas brutas, la cual fue bautizada con el nombre de Marina de Guerra Alemana, la Kriegsmarine.

La doctrina de la Kriegsmarine durante la «Era de Entreguerras» consistía en la vieja de idea de ganar la superioridad en el mar mediante una batalla decisiva que librarían los grandes acorazados al estilo del siglo XIX, en especial siguiendo el modelo de la victoria de Japón sobre Rusia en la Batalla de Tsushima durante la Guerra Ruso-Japonesa de 1905. Sin embargo como con el paso del tiempo quedó demostrado que la inferioridad numérica alemana haría inviable esta táctica, en su lugar se optó por dejar de construir los costosos acorazados y concentrarse en los más baratos y escurridizos submarinos, los cuales debían jugar un papel esencial a la hora de interrumpir las rutas comerciales del país enemigo, constreñir su economía y por tanto forzarle a sentarse en la mesa de negociación. A pesar de que ambas doctrinas tuvieron adeptos y detractores, finalmente se llegó a una solución intermedia cuando Adolf Hitler trató de establecer cierto consenso con la aprobación del Planz Z, creando para ello una flota de superficie de tamaño medio bajo el mando del almirante Erich Raeder y otra más grande de submarinos al frente del almirante Karl Doenitz.

Submarino U-Boote de la Kriegsmarine.

El Plan Z era un proyecto muy ambicioso teniendo en cuenta que el Tercer Reich orientaba la mayor parte de sus esfuerzos en dotar de recursos al Ejército Alemán (Heer) y a la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe), en ambos casos siempre en detrimento de la Kriegsmarine. Los cálculos más inmediatos preveían tener listos para la siguiente década de 1940 un total de seis acorazados, entre los que estaban los viejos Scharnhorst y Gneisenau de la Primera Guerra Mundial, los más modernos Scharnhorst y Gneisenau, y los mucho más grandes Bismarck y Tirpitz que superaban las 50.000 tonadas. A estos buques había que añadir los tres cruceros pesados Hipper, Blücher y Prinz Eugen; los siete cruceros ligeros Seydlitz, Emden, Köln, Königsberg, Leipzig, Karlsruhe y Nürnberg; los tres cruceros rápidos o «acorazados de bolsillo» Graf Spee, Deutschland y Admiral Scheer; una veintena de destructores; y el poortaviones Zeppelin (que no estaría lista para el inicio del conflicto).

Hasta Septiembre de 1935 la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) no empezó a dotarse de sus primeros seis submarinos bautizados como «U-Boote», por ese entonces de 250 toneladas cada uno, tras la botadura de los U-1, U-2, U-3, U-4, U-5 y U-6, cuyas tripulaciones comenzaron su instrucción en la Escuela de Defensa Submarina y realizaron prácticas muy exitosas en el Mar Báltico, disparando torpedos con mecanismo de percusión y espoleta magnética. Como los resultados cosechados en las maniobras fueron tan positivos, el 28 de Septiembre de aquel mismo año entraron en servicio los U-7, U-8 y U-9, los cuales sumados a los seis anteriores, constituyeron la Flotilla Submarina «Weddigen». A estos sumergibles seguirían en Diciembre los U-10, U-11, U-12, U-13 y U-14; mientras que a comienzos de 1936 los U-15, U-16, U-16 y U-18, llegando a estar listas para el año 1939 un total de 63 unidad que variaron con tamaños de 500 a 850 toneladas.

Construcciones de Submarinos (1935-1939):
-Año 1935————14 Submarinos
-Año 1936————21 Submarinos
-Año 1937————1 Submarino
-Año 1938————9 Submarinos
-Año 1939————18 Submarinos
-Total——————-63 Submarinos

Justo momentos previos a la Segunda Guerra Mundial en Agosto de 1939, la Marina de Guerra Alemana poseía en servicio a un total de 137 navíos de línea entre 7 acorazados, 10 cruceros, 22 destructores, 10 corbetas, 25 torpederos y 63 submarinos, sin contar a decenas de guardacostas, buques camuflados y lanchas torpederas «Schnellboote». Las cifras quedaron muy lejos del Plan Z que preveía 14 acorazados (seis de 50.000 toneladas y ocho de 20.000 toneladas), cuatro portaaviones de 20.000 toneladas (uno casi completado), numerosos cruceros ligeros y 233 submarinos.

Kriegsmarine (1939):
-7 Acorazados (2 pesados y 5 de bolsillo)
-10 Cruceros (3 pesados y 7 ligeros)
-22 Destructores
-63 Submarinos
-10 Corbetas
-25 Torpederos
-Total = 115 Buques

Plan Z:
-1ª Fase = 6 Acorazados de 50.000 toneladas
-2ª Fase = 8 Acorazados de 20.000 toneladas
-3ª Fase = 4 Portaaviones de 20.000 toneladas
-4ª Fase = Numerosos Cruceros Ligeros
-5ª Fase = 233 Submarinos

Plan de Gran Bretaña

Reino Unido pretendió reducir el riesgo de los submarinos mediante el uso de la diplomacia desde el mismo final de la Primera Guerra Mundial, ya que para mitigar cualquier posible acoso a su tráfico mercante lo primero que los ingleses hicieron fue tratar de mitigar las aspiraciones navales del Tercer Reich. Así lo hicieron los británicos a través del Tratado Naval Anglo-Alemán que en 1935 limitó el tonelaje de la Kriegsmarine, así como posteriormente con la firma del Convenio sobre Submarinos de Londres en 1936. Sin embargo toda esta serie de acuerdos y pactos no fue más que una mera formalidad debido a que ningún contendiente cumpliría con las normas establecidas, algo que irremediablemente conduciría a las Islas Británicas a una de las mayores crisis marítimas de su Historia.

La subsistencia del Imperio Británico se basaba en que 2.500 mercantes estuviesen operativos a diario viajando de un lado a otro del archipiélago, los dominios coloniales o países de la Commonwealth, algo que implicaba mantener en constante navegación a una inmensa escuadra articulada en la Marina Real Británica, la Royal Navy, por ese entonces la más grande del mundo (pese a que sería superada durante la contienda por las flotas de Estados Unidos y Japón). Sin embargo la posesión de esta enorme cantidad de buques de línea suponía dispersarlos por todas las cuadrículas del mapa al tener que cubrir inmensas millas náuticas en el Océano Atlántico, el Océano Pacífico, el Océano Índico, el Mar Mediterráneo, el Mar del Caribe, el Mar Rojo, el Golfo Pérsico y los Océanos Glaciales Ártico y Antártico, lo que obligaba a muchos cargueros a viajar desprotegidos y convertirse en un blanco perfecto para los sumergibles del Eje.

El Almirantazgo en Londres estuvo tomando medidas desde la «Era de Entreguerras» ante la posibilidad de tener enfrentarse a una guerra comercial impuesta por los submarinos de la Kriegsmarine, tal y como apostó el equipo liderado por el Vizconde James Stanhope y al iniciarse la contienda la oficina liderada por el político conservador Winston Churchill. Curiosamente las iniciativas más importantes consistieron en dotar a las costas de una amplia red de instalaciones portuarias con bases de destructores e hidroaviones que se encargó de gestionar el Comité Defensivo de Avistamiento Submarino (Shipping Defence Advisory Commite); así como la invención de un aparato de ondas sonoras bautizado como ASDIC que se instaló a bordo de numerosos buques, cuyas pantallas de radar permitían detectar a eventuales U-Boote.

La Marina Real Británica poseía justo antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial a un total de 294 buques entre los que había 6 portaaviones, 17 acorazados, 46 cruceros, 168 destructores y 57 submarinos. La mayor parte de esta fuerza naval se concentraba en Gran Bretaña como parte de la Flota Metropolitana (Home Fleet), cuyas unidades de gran tamaño se basaban sobre un perímetro alrededor de Escocia, las Islas Shetlland y las Islas Orcadas para proyectar su poder hacia Noruega y las costas de Alemania; sin obviar las bases de submarinos en Dundee y Blyth; así como otras escuadras desplegadas en Rosyth, la Desembocadura del Río Humber y Nore en el Estuario del Río Támesis que negaban el acceso alemán al Mar del Norte; sin obviar las flotillas estacionadas en Plymouth con salida al Océano Atlántico y las de Portland, Portsmouth y Southampton en el Canal de la Mancha.

Royal Navy (1939):
-6 Portaaviones
-17 Acorazados
-46 Cruceros
-168 Destructores
-57 Submarinos
-Total = 294 Buques

Guerra en el Atlántico

Bastantes semanas antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial sobre Europa en Agosto de 1939, la cual se iniciaría el 1 de Septiembre con la invasión de Alemania a Polonia, la Kriegsmarine recibió una orden directa de Adolf Hitler para distribuir de la manera más sigilosa posible una serie de navíos en torno a las Islas Británicas y varios puntos del Océano Atlántico. Así fue como se hicieron a la mar varias decenas de submarinos y los tres «acorazados de bolsillo» Graf Spee, Deustschland y Admiral Scheer, los cuales serían los encargados de atacar cualquier buque enemigo una vez se rompiesen las relaciones diplomáticas entre los Gobiernos de Londres y Berlín.

Oficialmente a las 21:00 horas de la noche del 3 Septiembre de 1939, exactamente el mismo día en que Gran Bretaña declaró la guerra a Alemania, se inició la Batalla del Atlántico cuando el submarino alemán U-30 al mando del capitán Fritz Julius localizó al transatlántico británico SS Athenia, por ese entonces con 1.103 pasajeros, entre ellos 300 civiles estadounidenses, navegando desde el Reino Unido hacia el puerto Nueva York. Como el navío poseía una capa de pintura negra el sumergible lo confundió con un buque de línea de la Royal Navy, por lo que disparó dos torpedos que impactaron bajo la línea de flotación y provocaron un lento escoramiento hasta que finalmente se fue a pique con la consiguiente muerte de 112 personas (84 ingleses y 28 estadounidenses) y la pérdida de 13.465 toneladas brutas, constituyendo aquella acción el primer barco hundido de la Segunda Guerra Mundial.

Hundimiento del barco de pasajeros británico SS Athenia.

Como represalia por el hundimiento del transatlántico SS Athenia, al día siguiente, el 4 de Septiembre, un total de 29 bombarderos Wellington y Handley Page de la Fuerza Aérea Real Británica (Royal Air Force o RAF) realizaron el primer ataque sobre Alemania mediante una incursión a la base naval de Wilhelmshaven que tenía como objetivo hundir o dañar al «acorazado de bolsillo» Admiral Scheer y al crucero ligero Emden. Sin embargo como el almirante Erich Raeder tuvo el atino de ser previsor respecto a un posible raid, unas horas antes ordenó que sus buques se retiraran hacia la seguridad del Mar Báltico, por lo que que en cuanto se presentaron los aviones británicos fueron emboscados por las piezas de artillería antiaérea del puerto, cuyas dotaciones derribaron a cinco de los aparatos e impidieron que no se produjese blanco alguno contra unidades de la Kriegsmarine.

La segunda victoria de la Kriegsmarine se materializó el 5 de Septiembre de 1939 cuando el submarino alemán U-48 hundió al mercante británico SS Royal Sceptre, algo que causó una profunda preocupación entre los responsables del Almirantazgo en Londres. Aquel alarmismo justificado propició que el día 7 se aprobara un decreto oficial mediante el cual se ordenaba a los cargueros organizarse en convoyes para minimizar posibles daños en caso de ataque; al mismo tiempo en que instaba a una cooperación internacional con las otras seis flotas de los demás países del bando de los Aliados, entre las que se incluían las escuadras de Francia, Canadá, Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y Polonia.

El 11 de Septiembre de 1939 la Royal Navy fue víctima de un incidente causado por el miedo psicológico a los U-Boote, ya que tras una confusión el submarino inglés HMS Triton torpedeó y hundió por error al sumergible HMS Oxley con 51 marineros fallecidos (sólo dos salvaron la vida). A los tres días del suceso, el 14, el submarino germano U-39 falló varios de sus torpederos contra el portaaviones HMS Ark Royal que navegaba cerca de Irlanda, por lo que en seguida fue avistado por un grupo de destructores de escolta que lo interceptaron y lo echaron a pique con 44 muertos a bordo, convirtiéndose desde ese instante en el primer sumergible alemán hundido en la Segunda Guerra Mundial.

A mediados de Septiembre de 1939 los hidroaviones de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) se unieron a la Batalla del Atlántico para dedicarse a instalar minas magnéticas acústicas con las que hundieron a un total de seis mercantes ingleses en el Estuario del Río Támesis. Gracias a esta táctica los grandes navíos de línea se vieron forzados a tomar rutas alternativas para evitar los artefactos acuáticos, algo que condujo al portaaviones británico HMS Corageus a ofrecer un blanco perfecto cuando se disponía a salir del Canal de la Mancha, ya que el 17 de Septiembre el submarino alemán U-29 al mando del capitán Otto Schuhart torpedó a la nave y la hundió, ocasionado la muerte a 518 tripulantes (aquel fue el primer portaaviones echado a pique en la Segunda Guerra Mundial).

Las expectativas de la Kriegsmarine a inicios de Octubre de 1939 estaban siendo muy positivas porque a costa de haber perdido un sólo sumergible, el U-39, los alemanes hundieron a 41 buques enemigos, entre estos el portaaviones HMS Corageous. Sin embargo la mayor gesta tendría lugar la noche del 13 al 14 cuando el submarino alemán U-37 al mando del capitán de fragata Günther Prien, consiguió realizar una increíble hazaña a la hora de infiltrarse en la base naval de Scapa Flow sobre las Islas Orcadas, donde disparó varios torpedos con los que hundió al acorazado británico HMS Royal Oak que desapareció bajo el agua con 883 tripulantes fallecidos, además de dañar al acorazado HMS Repulse.

A medida que avanzaba el otoño de 1939 los destructores, minadores y torpederos de la Kriegsmarine se dedicaron a plantar grandes campos de minas en varios puntos clave del Mar del Norte con las que hundieron 115 mercantes británicos que totalizaron las 394.533 toneladas, la mayoría tendidos ante Loch Ewe, Clyde, Liverpool, Swansa, Bristol, Foreland, Invegordon, Dundee, Firth of Forth, Blyth, Newcastle, Hartleppol, Inner Dowsing, Newark, Cross Sand, Lowestoft, Orfordness, Dungeness, Cromarty, Great Yarmouth, Hoofden, Nordhinder, Flamborought y las Islas Orcadas. También aquel mismo mes los submarinos alemanes echaron a pique a otros 34 mercantes con 168.140 toneladas brutas; mientras que en Noviembre a 28 cargueros más con 74.623 toneladas.

El mes de Noviembre también fue muy perjudicial para la Royal Navy, pues las minas submarinas de la Kriegsmarine dejaron fuera de combate al acorazado HMS Nelson en Loch Ewe, al crucero pesado HMS Belfast en Firth of Forth y al destructor HMS Kelly en el Estuario del Támesis. De la misma forma resultaron hundidos por causas similares el destructor HMS Blanche con dos fallecidos la jornada del 16, así como el destructor HMS Gipsy con veinte muertos el día 21, por lo para evitar nuevos incidentes las autoridades tuvieron que cerrar durante un largo período de tiempo los accesos al puerto de Liverpool (perjudicando con ello a la economía inglesa).

A medida que se intensificó la Batalla del Atlántico ni los Aliados ni el Eje cumplieron las leyes del mar establecidas por el Derecho Internacional, pues ambos bandos optaron por arriesgar lo menos posible las vidas de sus tripulaciones y al mismo daño causar el máximo daño a sus oponentes, saltándose para ello las normas que habían acordado décadas antes en el Convenio de La Haya de 1899. Los submarinos alemanes por ejemplo torpedearon cargueros solitarios sin seguir el protocolo consistente en abordar la nave, investigarla, capturar la tripulación y posteriormente hundirla (salvo que estuviera escoltada por buques de guerra), ya que en caso de proceder según la ley marítima se arriesgaban a ser interceptados y destruidos por destructores de superficie o aviones enemigos. Los británicos por el contrario incumplieron muchas más cláusulas como el bloqueo al Mar del Norte para interrumpir el comercio con los puertos de Alemania, la instalación de cañones o radares en mercantes civiles, el minado de aguas internacionales como sucedió con las 5.000 minas submarinas plantadas en el Paso de Calais (bajo legislación de Bélgica) y la incautación de tres transatlánticos para ser convertidos transportes militares, uno de los cuales fue requisado en el puerto de Freetown sobre Sierra Leona, otro en el de Kingston sobre Jamaica y el último en el de Halifax sobre Canadá.

Crucero neozelandés HMNSZ Achilles en la Batalla del Río de la Plata.

La mayor epopeya durante los inicios de la Batalla del Atlántico fue la protagonizada por el «acorazado de bolsillo» alemán Graf Spee cuando a lo largo y ancho de diferentes latitudes echó a pique a nueve mercantes británicos entre los que estuvieron los SS Clement, SS Newton Beach, SS Ashela, SS Huntsman, SS Trevanion, SS Africa Shell, SS Doric Star, SS Tairoa y SS Streonshalh. Al poco de aproximarse la nave a Argentina los británicos movilizaron en las Islas Malvinas a la Fuerza G que incluía al crucero pesado HMS Exeter, al crucero ligero HMS Ajax y al crucero ligero neozelandés HMNSZ Achilles, los cuales se enfrentaron al Graf Spee durante la conocida como Batalla del Río de Plata que se libró el 13 de Diciembre de 1939. A pesar de que el buque germano salió airoso del encuentro tras dejar fuera de combate al HMS Exeter, el capitán Hans Langsdorff que lo comandaba cometió la imprudencia de marchar al neutral Uruguay y refugiarse en el puerto de Montevideo. A partir de entonces el Reino Unido desplegó a su diplomacia y espías para hacer creer a los alemanes que a la salida del Estuario del Río de la Plata había grandes unidades de la Royal Navy, las cuales aguardaban el momento exacto para abalanzarse sobre el «acorazado de bolsillo» (cuando solamente estaban los dañados HMS Ajax y HMNSZ Achilles, más el recién llegado crucero HMS Cumberland). Curiosamente los germanos fueron víctimas de este tipo de rumores y falsas informaciones, por lo que la jornada del 17, los marineros colocaron cargas de dinamita y hicieron volar el Graf Spee, provocando su inmediato hundimiento a escasa distancia de la costa uruguaya, aunque por suerte sin víctimas debido a que la tripulación fue evacuada con anterioridad (tan sólo el capitán Hans Langsdorff se suicidaría el día 20).

Durante la fase final de la Batalla del Atlántico en el año 1939, la Kriegsmarine activó como corsarios a otros buques de superficie que imitaron al Graf Spee, como por ejemplo el crucero rápido Deutschland que echó a pique a dos cargueros ingleses y el acorazado Scharnhorst que hundió al crucero camuflado británico HMS Rawalpindi, pereciendo en su interior 238 tripulantes. Al mismo tiempo los submarinos alemanes despacharon a 37 mercantes con 100.413 toneladas, por lo que la Royal Navy trató de evitar a los sumergibles aprovechando los bancos de niebla, algo que demostró ser imprudente debido a que se produjo una colisión accidental que causó daños graves en el acorazado HMS Barham y el hundimiento del destructor HMS Duchess con 137 fallecidos.

Resultado

Al finalizar el año 1939 las bajas sufridas por los Aliados en la Batalla del Atlántico fueron muy elevadas en comparación a las del Eje, aunque por el momento eran asumibles debido al escaso número de submarinos que Alemania podía desplegar (la tendencia cambiaría de forma drástica en favor de los germanos a partir de 1940). A nivel de tonelaje las pérdidas encajadas por británicos, franceses u otros países de la Commonwealth fueron de 1.170.242 toneladas, exactamente 314 mercantes con 1.096.518 toneladas (199 con 701.985 toneladas a manos de submarinos o buques y 115 con 394.533 toneladas a manos de minas, accidentes, etcétera) y 7 navíos de guerra con 73.724 toneladas.

Los Aliados sufrieron 321 buques hundidos (1 portaaviones, 1 acorazado, 1 crucero, 3 destructores, 1 submarino y 314 mercantes), además resultar 7 navíos dañados (2 acorazados, 4 cruceros y 1 destructor).

Alemania sufrió 15 buques hundidos (1 crucero y 14 submarinos).

Concluida la I Fase de la Batalla del Atlántico (habría un total de siete hasta 1945), el resultado fue muy positivo para Alemania debido a que sus corsarios y submarinos ocasionaron pérdidas gigantescas a los Aliados a costa de muy pocas bajas propias, exactamente un ratio favorable de 30 a 1. Esto generó un impacto muy negativo sobre la economía en las Islas Británicas debido a que el gabinete del Primer Ministro Neville Chamberlein se vio obligado a reducir las raciones de alimentos, a recortar las materias primas y a disminuir la calidad de vida de la población civil, generando una profunda miseria que se prolongaría gran parte de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Karl Doenitz, Diez Años y Veinte Días, Altaya (1958), p.47-158
-Editores de Time-Folio-Books, El III Reich y Hitler, «Guerra en alta mar. El precario debú de una flota incompleta», Time-Folio-Books (2009), p.5-49
-Peter Kemp, La Guerra en el Mar, Así fue la Segunda Guerra Mundial Volumen 17, Noguer (1972), p.337-345
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 1. El camino hacia el desastre, XVII La Batalla del Atlántico, Planeta DeAgostini (1959) p. 447-457
-Carlos Caranci, La II Guerra Mundial como nunca se la habían contado Volumen 4, «U-Boote Armas Submarinas», la Aventura de la Historia (2009) p.18-20
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «Se inicia la Batalla del Atlántico», S.A.R.P.E. (1978), p.39
-José Ángel Martos, Guerra en los mares, Revista Muy Historia Nº45 (2013), p.20-21
Michael Epkenhans, La Estrategia Alemana y el Programa de Construcción Naval, Revista Desperta Ferro Nº12 La Batalla del Atlántico (2015), p.6-12