Incursión al Estuario del Támesis

 

Coincidiendo con la entrada de Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial el 3 de Septiembre de 1939, el Estuario del Támesis se convirtió en uno de los objetivos prioritarios de Alemania. A las inscursiones de los sigilosos submarinos y los reconocimientos aéreos, se sumaron las minas temibles magnetoacústicas que durante el primer mes de la contienda causaron una gran psicosis entre el Almirantazgo Británico.

Preludio

El Estuario del Río Támesis constituía la salida marítima más transitada de Inglaterra por su conexión entre las industrias navales de Londres y la salida hacia el Canal de la Mancha, paso previo para acceder al Océano Atlántico y al Mar del Norte. Sin duda alguna una posición estratégica de este calibre hizo que desde el inicio mismo de la contienda, los alemanes comenzasen a desplazar sus fuerzas hacia dicho sector.

Tanto la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) como la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) convirtieron al Estuario del Támeis en el foco de sus futuros ataques. Para ello los submarinos U-Boat al mando del almirante Karl Doenitz tomaron posiciones en los alrededores de las Islas Británicas; mientras que los aviones alemanes se concentraron en los puertos germanos del Mar del Norte. Sin embargo el arma secreta de Berlín durante aquellas tempranas fechas del conflicto fue la mina magnetoacústica, un artefacto en forma de bomba convencional que debía ser lanzado en paracaídas desde hidroaviones para que una vez cerca de la superficie, la tela se abriese y la carga se sumergiese hasta el fondo a la espera de que la proa de un buque navegase en las proximidades para explosionar y hundirlo.

Minado del Támesis

Muy escasos días después de haberse desatado las hostilidades entre Alemania y Reino Unido el 3 de Septiembre de 1939, inesperadamente un mercante británico que navegó junto a una mina electromagnética depositada en el fondo del Estuario del Támesis explosionó en mil pedazos y se hundió. Sin saber los ingleses que había sucedido, varias jornadas más tarde un segundo mercante saltó por los aires para a continuación desaparecer bajo las aguas.

Inmediatamente a los primeros incidentes, el Almirantazgo comenzó a investigar que había sucedido con los dos mercantes destruidos. Según los informes presentados por los expertos, las eventuales causas de las explosiones no habían sido producidas por torpedos disparados desde submarinos, tampoco minas flotantes, ni siquiera bombarderos; por lo que el Almirantazgo empezó a barajar la posibilidad de estarse enfrentado a un nueva arma alemana. Precisamente eso mismo sospecharon los analistas británicos cuando una de las minas electromagnéticas impactó y dañó gravemente al acorazado HMS Nelson.

Hundimiento del portaaviones británico HMS Corageous en el Canal de la Mancha.

Mientras los británicos desesperados investigaban que era lo que estaba sucediendo, se dictaminaron una serie de normas para encontrar al culpable de las explosiones. Por ejemplo se ordenó a la Fuerza Aérea Real Británica (Royal Air Force o RAF) mantener constantes patrullas sobre el Támesis; al mismo tiempo que los buques de línea de la Marina Real Británica (Royal Navy) aguardarían a la salida del Támesis a la espera de ofrecer escolta a los solitarios convoyes. Sin embargo esta decisión constituyó un completo error en el despliegue de las grandes unidades de superficie porque quedaron completamente expuestas y vulnerables a los disparos de los submarinos. De hecho eso mismo sucedió el 17 de Septiembre de 1939 cuando el submarino alemán U-27 al mando del capitán Otto Schuhart lanzó cuatro torpedos contra el portaaviones británico HMS Corageous que se escoró y se hundió llevándose la vida de 518 marineros.

Numerosos problemas fueron causando las minas magnetoacústicas especialmente a partir de Noviembre de 1939 porque hundieron a otros cuatro mercantes más. También el día 13 de aquel mes, un artefacto de este tipo hundió al destructor inglés HMS Blanche provocando la muerte de 2 tripulantes; mientras que el 21 hundieron al destructor HMS Gipsy con 20 marineros que perecieron en su interior.

Conclusión

Por fin el 22 de Noviembre de 1939 un avión de reconocimiento británico descubrió a un hidroavión alemán arrojando unos extraños objetos luminosos sobre las aguas del Estuario del Támesis. Rápidamente los analistas recogieron la muestra y descubrieron la mina magnetoacústica diseñada por el Tercer Reich que hasta ese momento tantos quebraderos de cabeza había costado al Almirantazgo. Gracias a este hallazgo, se pudieron tomar las medidas necesarias para evitar este tipo de artefactos, lo que favoreció que los alemanes dejasen de minar el Estuario del Támesis y por tanto hacer más transitables los fondos del estrecho.

Gran Bretaña sufrió la pérdida de 9 navíos entre los que hubo 1 portaaviones (HMS Corageous), 2 destructores (HMS Blanche y HMS Gipsy) y 6 mercantes; así como daños en 1 acorazado (HMS Nelson) y muerte de unos 600 marineros.

Resuelto el problema de las minas magnetoacústicas, Alemania no consiguió el efecto deseado de interrumpir el tráfico en el Estuario del Támeisis, pero obtuvo doble ventaja en otros aspectos como el terror descontrolado dentro del propio Almirantazgo a raíz de unos simples artefactos; como haber hundido un portaaviones pesado en el primer mes del conflicto. Así fue como este tipo de inventos que con el tiempo se irían mejorando, obligaron a los científicos a innovar y contrainnovar dependiendo del bando elegido y el momento, algo que sin duda anunció que la Segunda Guerra Mundial iba a ser una “Guerra Tecnólogica”.

 

Bibliografía:

Antonio Semino, Crónica militar y política de la IIGM. “Entran en acción los navíos corsarios de Hitler”, Biblioteca Alcar (1978), p.68-72