Guerra Greco-Italiana

La invasión de la Italia Fascista al Reino de Grecia fue uno de los acontecimientos más importantes de la Segunda Guerra Mundial cuando abrió de manera inesperada un teatro de operaciones al sudoeste de Europa. Aquella agresión del Ejército Italiano que partió desde su protectorado en el Reino de Albania en dirección al Epiro, desató la conocida como Guerra Greco-Italiana que se desarrollaría con un desastre de las armas latinas y por tanto en la posterior intervención de Alemania, algo que acabó extendiendo el conflicto armado a los Balcanes.

Causas

La rivalidad entre Italia y Grecia databa desde la victoria en la Guerra Ítalo-Turca contra el Imperio Otomano cuando los italianos habían arrebatado en 1911 a los turcos las Islas del Dodecaneso que históricamente reclamaban los griegos según el concepto nacionalista de la «Gran Idea» o «Megali Idea». Al cabo de una década, ya en 1923 con Benito Mussolini al frente del Gobierno de Roma, las tropas italianas fueron las causantes de un incidente armado mediante el cual arrebataron a Grecia la Isla de Corfú (aunque posteriormente los latinos tuvieron que devolverla debido a presiones internacionales). A raíz de aquel fracaso diplomático en la década de los veinte, el Duce quiso resarcirse con la anexión italiana de la vecina Albania en 1939 y más tarde con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Como Benito Mussolini daba por hecho que Alemania obtendría la victoria contra el Imperio Británico tras la Batalla de Inglaterra y los continuos bombardeos sobre Londres, urgentemente la Italia Fascista precisaba de un glorioso triunfo con el que pudiera sentarse en la llamada «mesa de los vencedores». Al principio pensó en un avance sobre Egipto para arrebatar a los Aliados el Canal de Suez o en una invasión a Yugoslavia, pero por el momento ambas operaciones resultaban imposibles de cumplir a corto plazo por los siguientes motivos: la primera por las vacilaciones de los propios mandos del Ejército Italiano en África y la segunda porque se necesitaba la ayuda de Alemania (y los germanos no estaban dispuestos a violar la neutralidad de los Balcanes). Así fue como por simple descarte la única opción factible sobre la mesa se redujo a Grecia, con la cual precisamente la política internacional italiana liderada por el Ministro de Asuntos Exteriores Galeazzo Ciano se encaminó a provocar para tener la tan ansiada excusa de un «causus belli».

El Reino de Albania que se erigía como un «estado satélite» de Italia con bastante autonomía debido a que el Gobierno de Tiranna estaba al frente del Partido Fascista Albanés, por aquel entonces liderado por el Primer Ministro Shefqet Bej Verlaci, actuó como un elemento esencial de provocación hacia Grecia. De hecho los albaneses a diferencia de otros pueblos habían aceptado de buen grado a los italianos porque éstos respetaron sus instituciones, su lengua, su cultura y la religión islámica. Sin embargo esto era muy distinto al otro lado de la frontera, ya que sus vecinos griegos en la colindante provincia de Chamuria, donde vivían 80.000 albaneses y tan sólo 10.000 helenos, las autoridades se habían dedicado a perseguir a los musulmanes sobre los distritos de Yánina y Prévedsa, matando a uno de sus líderes el 10 de Agosto de 1940, en este caso el popular guerrillero nacionalista albanés Daut Hoxha que murió a manos de unos bandidos (lo que fue utilizado por la propaganda ítalo-albanesa para presentar a los griegos como asesinos). A toda esta campaña de desprestigio hacia Grecia se sumó el hecho de que se descubrieran barcos de la Marina Real Británica (Royal Navy) navegando por Salónica, algo que contribuyó a incrementar las presiones italianas porque ahora culparon a los helenos de estar violando discretamente su neutralidad en favor del Reino Unido.

A las 8:25 horas del 15 de Agosto de 1940, el submarino italiano Delfino accedió a la rada del Islote de Tinos y disparó un torpedo que impactó bajo la línea de flotación del crucero griego Elli mientras la tripulación se hallaba celebrando la fiesta de la Asunción de la Santísima Virgen María. La detonación alcanzó un depósito de combustible que prendió fuego a la estructura de la nave, por lo que rápidamente todo el buque se incendió y se hundió bajo el agua con un saldo de 8 fallecidos y otros 26 heridos. A pesar de que el motivo de esta acción era provocar a Grecia para que respondiera a una escalada de tensión que finalmente condujese al inicio de las hostilidades, contra todo lo previsto el Primer Ministro Ioannis Metaxas ordenó no responder a la provocación de la Italia Fascista.

Los acontecimientos parecieron ponerse en contra de Benito Mussolini para obtener su «causus belli» contra Grecia, bien por no encontrar el pretexto, bien porque Adolf Hitler desde Alemania le insistía en no tomar ninguna acción en los Balcanes que pudiese poner en peligro el flanco sur de Europa. A esto había que sumar que el Gobierno de Atenas no reaccionó a las diferentes provocaciones latinas, como el hecho de que se clausuraran los centros culturales helenos y las escuelas comunales griegas en las Islas del Dodecaneso. Las cosas sin embargo cambiaron cuando el 7 de Octubre las tropas del Ejército Alemán entraron en Rumanía para apoyar al nuevo Gobierno de Bucarest, por ese entonces al frente del pro-germano «Conducator» Ion Antonescu, con la única pretensión de hacerse con el control de puntos estratégicos y en especial de los pozos petrolíferos de Ploiesti. Como el espacio rumano estaba considerado una zona de influencia política y comercial de Italia, el Duce no sólo montó en cólera por la actitud traicionera del Führer, sino que como respuesta tomó la determinación irrevocable de invadir Grecia.

El 15 de Octubre de 1940 se convocó una reunión de mandos de las Fuerzas Armadas Italianas que estuvo presidida por Benito Mussolini y a la que asistieron el Ministro de Asuntos Exteriores Galeazzo Ciano, el mariscal Pietro Badoglio y el general Mario Roatta en calidad de jefes del Estado Mayor, el general Ubaldo Soddu como Subsecretario de Guerra, el diplomático Francesco Jacomoni como Lugarteniente Real y el general Sebastiano Visconti Prasti como jefe de la Comandancia de Albania. Según les comunicó el Duce, la invasión de Grecia era inminente y a pesar de las advertencias en contra de la mayoría, la operación siguió adelante sin saber que muy pronto aquella decisión cambiaría para siempre la Historia del Mar Mediterráneo.

A las 2:30 de la madrugada del 28 de Octubre de 1940, el embajador Emmanuelle Grazzi en Atenas, viajó hasta la residencia del Primer Ministro Ioannis Metaxas que se situaba en la ciudad de Kisfisiá. Después de que sus asesores le despertaran y rápidamente se ataviase con una bata de color rojo, el mandatario recibió al embajador, quién le comunicó que los griegos habían violado la neutralidad en incontables ocasiones y de que por tanto debían permitir en un plazo de tres horas el tránsito de las tropas italianas como una medida de precaución ante un eventual ataque del Reino Unido. En cuanto Ioannis Metaxas leyó el documento, al que sujetó con las manos temblorosas, entonces consiguió pronunciar de manera indignada lo siguiente: «Alors, c’est la Guerre (¡Entonces es la Guerra)». Acto seguido, en un arrebato de ira, fue cuando se plantó ante el diplomático italiano y negó hacer cualquier concesión tras expresar la palabra «¡Oxi!», el equivalente a «¡No!» en lengua griega, por lo que desde ese instante aquella fecha sería recordada en Grecia como el Día del No.

Plan de Italia

Bajo el nombre de «Plan Emergencia G» la invasión de a Grecia desde Albania se efectuaría del siguiente modo: el Cuerpo Chamuria del general Carlo Rossi avanzaría por el suroeste con la 23ª División de Infantería «Ferrara» hacia Ioannina, la 51ª División de Infantería «Siena» hacia Flialtes y la 131ª División Blindada Centauro hacia Kalibi con la misión de alcanzar Vijose y aislar la Cordillera del Epiro para caer sobre Tesalia; al mismo tiempo en que el XXVI Cuerpo del general Gabriele Masci se movería con la 49ª División de Montaña «Parma» y las 19ª y 29ª Divisiones de Infantería «Venezzia» y «Piemonte» para efectuar una pinza por Macedonia. Simultáneamente la 3ª División Alpina «Julia» del general Mario Girotti en el centro se apoderaría la región intermedia del Pindo y de la ciudad de Metsovo, mientras que la Agrupación del Litoral del general Carlo Rivolta descendería paralela a la costa del Mar Adriático con el 3º Regimiento de Granaderos de Cerdeña y los 6º y 7º Regimiento de Lanceros «Aosta» y «Milano» para hacerse con los puertos de Arta y Preveza. En reserva permanecería la 2ª División Alpina «Tridentina» a la espera de intervenir donde fuese necesario, igual que la 53ª División de Infantería «Arezzo» y los agentes ítalo-albaneses de la Guardia Real «Finanza» que fueron desplegados como elemento de cobertura en la frontera con Yugoslavia, más la 5ª División Alpina «Pusteria» y las 2ª, 7ª, 11ª, 22ª, 24ª, 37ª, 38ª, 47ª, 58ª y 59ª Divisiones de Infantería «Sforzesca», «Lupi di Toscana», «Brennero», «Cacciatori delle Alpi», «Pinerolo», «Módena», «Puglie», «Bari», «Legnano» y «Cagliari» al sur de la Península Italiana por si se proyectaba un desembarco en la Isla de Corfú. A tales agrupaciones el Reino de Albania contribuiría con guerrilleros en la retaguardia para sublevar a las minorías musulmanas contra los helenos, además de agregar al Ejército Italiano numerosas unidades compuestas por ultranacionalistas como algunas legiones de la Milicia Fascista Albanesa y los Batallones Voluntarios de Infantería Albaneses. Una vez lograda la conquista de las provincias de Chamuria y el Epiro hasta más allá del Río Árachthos, los italianos esperaban que Bulgaria se adhiriese a las potencias del Eje y atacara Salónica para recuperar los territorios perdidos en la Primera Guerra Mundial, lo que obligaría a los griegos a solicitar la paz al no poder luchar en dos frentes y por tanto dejar paso a las tropas italianas en dirección a Atenas (algo que demostraba la escasa noción de la realidad que padecían los generales del Estado Mayor de Roma).

Cañones y tropas del Ejército Italiano en el año 1940.

En un principio el Ejército Italiano desplegado en los Balcanes daba la impresión de ser una fuerza expedicionaria muy poderosa, aunque realmente aquella apariencia tan sólo lo era sobre el papel debido a que los aspectos negativos afloraban en todos los sentidos. El principal inconveniente radicaba en la capacidad de los puertos de Albania para acoger tanto número de tropas y material, y mucho menos las provisiones necesarias para mantener a tantos efectivos, ni siquiera los dos más grandes ubicados en Vlorë y Dürres. Sin embargo aquel no era el único problema porque las divisiones italianas no estaban completas debido a su estructura binaria de dos regimientos frente a la estructura ternaria de los griegos con tres, además de escasear la munición para la artillería y no ser aptos los tanques para operar sobre la complicada geografía de la Cordillera del Epiro. A estas dificultades también hubo que añadir que la suerte no acompañó debido a que únicamente 107 de los 1.750 camiones previstos llegaron a la frontera greco-albanesa, mientras que un convoy motorizado que debía haber sido enviado de urgencia a Albania se lo desvió por culpa de un error burocrático hacia la ciudad italiana de Turín.

La única ventaja de la Italia Fascista era la Fuerza Aérea Real Italiana (Regia Aeronautica) que en Albania desplegó al Comando Aéreo Albanés (Comando Aeronautica Albania) del general Ferruccio Ranza con 327 aviones entre los que había 175 bombarderos (73 Savoia SM-79 y Savoia SM-81, 60 CANTZ.1007, 23 CANTZ.506 y 19 Fiat Br.20 Cicogna), 132 cazas (107 Fiat CR.32, Fiat Cr.42 Falco y Fiat G.50 Freccia, más 25 Meridionali Ro.37) y 20 bombarderos en picado Stuka distribuidos en los Aeródromos de Tiranna, Vlorë, Durrës, Korçë, Berat y Gjirokastër, así como varios aeródromos auxiliares y pistas de emergencia con hierba, sin obviar las bases de las Islas del Dodecaneso y el sur de la Península Italiana como el Aeródromo de Bari y otros secundarios en la región de Puglia. También la Marina Real Italiana (Regia Marina) gozaba de superioridad con su base en el puerto de Tarento, en donde ancló a modo de apoyo la Fuerza Naval Especial (Forza Navale Speciale) del vicealmirante Vittorio Tur con once buques entre los que estaban los dos cruceros Bari y Taranto, dos destructores, cuatro cargueros y tres transportes,

Aproximadamente el Ejército Italiano reunió a 100.000 efectivos entre 95.000 italianos y 5.000 albaneses, más un material de 163 tanques, 686 cañones, 107 camiones, 327 aviones y 11 buques.

Ejército Griego

Grecia era a comienzos de la Segunda Guerra Mundial un país que poseía una fortaleza mucho mayor de la aparentada de cara a los demás contendientes, ya fuesen las potencias del Eje o de los Aliados. Al frente del Primer Ministro Ionannis Metaxas, quién bajo la complacencia del Rey Georgios II había impuesto un régimen fascista en la nación a imitación de Italia, pronto iba a enfrentarse en batalla a uno de sus hermanos ideológicos al que pretendía frenar en la misma Albania. De hecho el mismo día del ultimátum enviado por Benito Mussolini, el Gobierno de Atenas en lugar de plegarse a las exigencias italianas, aprobó por unanimidad organizar la resistencia contra el Imperio Italiano y concentró a miles de personas en la Plaza Sintagma al grito «¡No!».

Las Fuerzas Armadas Griegas no eran rivales para las mucho mejor Fuerzas Armadas Italianas, por lo que desde el principio el Estado Mayor (Genikó Epiteleío Stratoú) con sede en el Hotel Bretagne de Atenas y al mando del general Alexander Papagos, organizó una estrategia consistente en no retar a los italianos a campo abierto y orientar la campaña a una más eficaz «guerra de montaña» sobre la Cordillera del Epiro y el Macizo del Pindo, aprovechándose del entorno natural escarpado para retrasar su avance en los montes y tender emboscadas. Mientras las tropas de vanguardia contenían a los invasores dentro del denominado Plan IB (Italia-Bulgaria), el resto de mandos se encargarían de movilizar a las divisiones de otros distritos del país como el Peloponeso, Tesalia, Salónica, la Isla de Creta o las Islas Jónicas, cuyos efectivos al cabo de un tiempo lograrían superar en número a los atacantes y desequilibrar la balanza en contra el Ejército Italiano, al mismo tiempo en que también podrían reforzar la frontera noreste ante la posibilidad de eventual agresión del Ejército Búlgaro que sería paralizada en la «Línea Metaxas».

El Ejército Real Griego (Ellinikós Stratós) al frente el general Paraschos Melissinos había sido previsor en caso de una guerra con Italia porque desde el verano de 1940 se llamó a filas a todos los reservistas que habían hecho el servicio militar antes del 25 de Agosto de 1932, a los que además se les impartió un curso de instrucción intensiva de 45 días. De hecho en la cuestión defensiva los helenos se adelantaron también a los italianos porque en aquellas mismas fechas fortificaron la frontera con Albania mediante una línea de 250 kilómetros en avanzando estado de construcción que incluía trincheras, troneras cubiertas de hormigón, casamatas, zanjas anticarro y emplazamientos ocultos de cañones y morteros, la cual se dividía en tres segmentos: la primera entre la ciudad de Saranpodros y la costa del Mar Adriático, la segunda en el margen del Río Vojussa y la tercera en torno a Vostina, así como varios campos de minas de alta densidad entre Kalibaki y Arta.

Soldados del Ejército Griego.

Geográficamente la zona de operaciones de la frontera de Grecia con Albania tenía un sistema orográfico en el que dos tercios del suelo eran terreno abrupto o montañoso y solo un tercio valles o llanuras, las cuales se conectaban con las zonas sureñas de Macedonia Occidental y Tracia. Las unidades asignadas a este sector que estuvieron al mando del general Ioannis Pistikas fueron las siguientes: en la Cordillera del Epiro el Cuerpo A con las 2ª, 3ª, 4ª y 8ª Divisiones de Infantería, la División de Caballería, la 3ª Brigada de Infantería, el 39º Regimiento de Élite «Ezvones» y el Destacamento «Liuba»; en el Macizo del Pindo el Destacamento «Pindo» y el 51º Regimiento de Infantería; en Macedonia los Cuerpos B y C que incluían a las 1ª, 5ª, 6ª, 9ª, 10ª, 11ª, 13ª, 15ª y 17ª Divisiones de Infantería, y la 4ª Brigada de Infantería.

Curiosamente uno de los elementos en los que no destacaba el Ejército Griego era en los tanques debido a que el país tan sólo poseía catorce carros ligeros entre los que había diez viejos Renault NC, dos Vickers Mk y dos Vickers Carden-Lyod, aunque por el contrario los helenos disponían de excelentes escuadrones de caballería capaces de moverse con rapidez y agilidad sobre la complicada orografía del Epiro. De igual manera eran inferiores en aviación porque la Fuerza Aérea Real Griega (Ellinikí Vasilikí Aeroporía) del general Vasilios Tsarpalis tan desplegaba únicamente a 136 aviones entre 45 cazas (36 Potez 24 y 9 Bloch MB.151), 29 bombarderos (11 Blenheim, 10 Fairey Battle y 8 Potez 633), 50 aparatos de reconocimiento (17 Potez 25, 15 Henschel Hs 126, 9 Breguet 19 y 9 Avro Anson) y 12 hidroaviones Dornier Do 22 sobre los Aeródromos de Sede, Larissa, Dekeleia, Faleron, Eleusis, Nea Anchialos, Tatoi, Elefsnia, Creta y 45 campos auxiliares. De hecho para desequilibrar la balanza en el aire se tuvo que recurrir a Reino Unido que envió a la Fuerza Aérea Británica en Grecia (British Air Force in Greece o AOC) al mando del general John D’Albiac con otros 93 aviones entre 51 interceptores Gladiator, 23 bombarderos ligeros Blenheim, 13 bombarderos medios Wellington y seis torpederos Swordfish. Respecto a la diminuta Marina Real Griega (Vasilikón Nautikón) liderada por el vicealmirante Alexandros Sakellariou y el contraalmirante Epaminondas Kavadias, incluía a un total de 43 naves entre el acorazado Kilkis, el crucero Georgios Averof, diez destructores, trece torpederos, seis submarinos, ocho dragaminas y cuatro lanchas torpederas.

Aproximadamente el Ejército Griego reunió a 50.000 soldados, 550 piezas de artillería, 14 tanques, 136 aviones y 43 navíos.

Ataque a Grecia

A las 6:00 del amanecer del 28 de Octubre de 1940, miles de tropas del Ejército Italiano atravesaron la frontera del sur de Albania con el noroeste Grecia, algo que hicieron bajo un tímido bombardeo de artillería de escasa duración, al mismo tiempo en que los escasos guardias fronterizos huían de sus puestos o protagonizaban un par de tiroteos antes de ser reducidos por los invasores. Solamente los hombres de la 3ª División Alpina «Julia» y un Batallón de Voluntarios de Infantería Albanés consiguieron arrollar a un buen puñado de defensores griegos tras penetrar más de 7 de kilómetros en el dispositivo enemigo y hacer cumbre tanto en el Monte Grammos como en el Monte Stavors.

Desde el mismo tiempo en que las tropas del Ejército Italiano pusieron el pie en Grecia las cosas salieron mal debido a que las lluvias y la climatología de alta montaña anegaron los caminos y convirtieron las pistas de tránsito en lodazales, algo que impidió a la aviación italiana efectuar raids precisos sobre el Epiro, ya que los aparatos tan sólo lanzaron algunos bombardeos sobre unos pocos nudos ferroviarios, muelles y embalses, incluyendo una incursión sobre la carretera de Doliana a Elea que protagonizaron ocho trimotores Savoia SM.81. De hecho la única acción destacable en el aire fue el derribo de un caza griego Henschel Hs 126 a manos de dos biplanos de caza Fiar Cr.42 Falco, siendo el autor del abatimiento el teniente Mario Carincini.

La jornada del 29 el Cuerpo Chamuria atacó el distrito de Elea con un asalto de las 23ª y 51ª Divisiones de Infantería «Ferrara» y «Siena», la 131ª División Blindada Centauro y una legión de la Milicia Fascista Albanesa. Los defensores griegos que en la zona contaban con cien fortines y veinte nidos de ametralladora precedidos por 4,5 kilómetros de alambradas y campos de minas, retrasaron notablemente la marcha de los invasores, más aún cuando echaron abajo con explosivos el único puente sobre el Río Gormos. A raíz de este imprevisto y de la molesta agua-nieva que caía sobre su ropa, muchos italianos enfermaron en medio de los trabajos y tendidos de pontones por superar el cauce, el cual no sería superado hasta la noche del 29 al 30 después de que los latinos ocuparan las localidades de Dolina y Geroplatanos.

El clima y las formidables defensas del Ejército Griego frenaron el avance del Ejército Italiano en prácticamente todos los sectores, pues en algunos tramos el Río Kalamás aumentó hasta los 60 metros de ancho y 3 metros de profundidad, sin obviar con que las lluvias torrenciales causaron inundaciones y desbordamientos como le ocurrió al curso del Río Sarandoporos. A estas complicaciones se sumó el mal estado de las carreteras y los caminos serpenteantes entre las montañas, todo lo contrario a los griegos que constantemente recibían ayuda de la retaguardia gracias a miles de civiles y campesinos movilizados de forma voluntaria, entre ellos cientos de mujeres y niños, quienes contribuyeron a mantener en todo momento abastecidos a sus soldados con los alimentos de la región e incluso transportándoles municiones, ropa seca, medicamentos o arrastrando cañones y evacuando heridos.

Piezas de artillería del Ejército Italiano en el Epiro.

Las dificultades de operar en un entorno tan hostil como la Cordillera del Epiro o el Macizo del Pindo hicieron que los avances fueran mínimos a finales de Octubre, ya que solamente la 3ª División Alpina «Julia» fue la única que mantuvo una marcha más o menos intermitente en el Macizo del Pindo. Por ejemplo el día 30 los musulmanes del Batallón de Voluntarios de Infantería Albanés chocaron contra los soldados griegos y les derrotaron tras conquistar la localidad de Konitsa. A la jornada siguiente, el 31, las tropas alpinas abrieron brecha sobre las fortificaciones de la «Línea I Ba», concretamente entre las formaciones helenas del Destacamento «Pindo» y el 51º Regimiento de Infantería que se refugiaron en las alturas del Monte Smolikas de 2.637 metros, lo que permitió a los italianos tomar los enclaves de Lykorrahi, Kantziko, Samarina y Fourka.

A las 7:30 horas del 1 de Noviembre de 1940 tuvo lugar el primer contraataque del Ejército Griego que protagonizó por el flanco el Destacamento «Pindo», cuyas tropas descendieron desde los montes y cayeron por sorpresa contra una columna italiana a la que arrebataron los pueblos de Lykorrahi y Lantziko, haciendo 222 prisioneros latinos que se rindieron sin pelear y capturando 140 mulas de carga. Aquella derrota sin embargo no detuvo el avance de la 3ª División Alpina «Julia» que pese a haber sido cortada su retaguardia y peligrar toda su cadena logística con Albania, continuó hacia delante para apoderarse el día 2 de la pequeña ciudad de Distato.

El 2 de Noviembre el Cuerpo Chamuria reanudó el progreso atacando el Sector de Negrades, considerado por aquel entonces el punto más fortificado del área de Elea y por tanto de la Cordillera del Epio. Aunque durante la carga cuesta arriba la 23ª División de Infantería «Ferrara» sufrió a manos de las piezas de artillería griega emplazadas en las alturas, los italianos conquistaron la cima Monte Grambala. Lamentablemente al amanecer del 3, un grupo de tropas de élite griegas de los «Ezvones» contraatacaron mediante un audaz golpe y expulsaron a los latinos que volvieron a perder el control del Monte Grambala, encajando durante el proceso 26 bajas entre 20 muertos y 6 prisioneros. Fue en ese instante cuando intervinieron 50 tanques L3/35 y 80 motociclistas de élite «Bersaglieri» adscritos a la 131ª División Blindada «Centauro», quienes contra todo lo previsto volvieron a cosechar un nuevo fracaso porque los cañones ocultos de los helenos rechazaron a la columna acorazada, destruyendo a 8 tanquetas y dañando otros 6 carros.

Simultáneamente en el Macizo del Pindo las cosas se torcieron porque los helenos del Destacamento «Pindo» prosiguieron con sus contraataque locales sobre la cadena logística de la 3ª División Alpina «Julia», a la que a sus espaldas arrebató las poblaciones de Fourka y Samarina. Aquello sucedió justo en el momento en que los italianos alcanzaban su máximo límite de avance en el sector, ya que precisamente esa misma jornada conquistaron la ciudad de Vovoussa a 50 kilómetros de su punto de partida en Albania. No obstante aquel éxito tan sólo se disfrutó por un breve espacio de tiempo, pues tras comprender el general Mario Girotti que sus hombres corrían el riesgo de ser embolsados, el día 4 ordenó la retirada dejando a modo de cobertura una guarnición en la Cota 1609, por lo que nuevamente la ciudad de Vovoussa volvió a manos del Ejército Griego.

Más al sur el Cuerpo Chamuria salió de su estancamiento la misma jornada del 4 porque la 51ª División de Infantería «Siena» pudo romper brevemente el frente y acceder al área de Vrissela. Desgraciadamente no sucedió lo mismo con la 23ª División de Infantería «Ferrara» y la 131ª División Blindada «Centauro» que a las 10:00 horas del 5 de Noviembre efectuaron un asalto con las fuerzas de élite «Bersaglieri» en vanguardia para tratar de una vez por todas de superar la región de Elea, aunque sin resultados porque salvo por hacerse con el control de la cara norte del Monte Grambala, los italianos se estrellaron contra las defensas griegas en Goritsia y numerosos tanques resultaron destruidos en zanjas. De hecho la única unidad del Cuerpo Chamuria que siguió progresando fue la 51ª División de Infantería «Siena» que a las 15:00 horas tendió un puente de flotadores sobre el Río Kalamás y estableció una cabeza en la orilla opuesta tras un sangriento enfrentamiento con los helenos que provocaron 108 bajas a la unidad entre 23 muertos y 85 heridos, aunque a partir de entonces los italianos consiguieron expandirse sobre el lugar la jornada del 6 con la conquista de Thesprotia, Parapotamos y Riziani.

Bombardero Savoia Marchett SM.79 sobre Grecia.

Sorprendentemente mientras el Cuerpo Chamuria apenas se movía sobre la Cordillera del Epiro y la 3ª División Alpina «julia» se retiraba del Macizo del Pindo tras ceder a los griegos la Cota 1609, la Agrupación del Litoral se sumó a la ofensiva contra Grecia atacando por la costa del Mar Adriático. Contra todo lo imaginado y después de cruzar el Río Kalamás sin apenas oposición, el 6 de Noviembre la caballería de lanceros italianos arrebató a los griegos la ciudad de Igoumenitsa y el día 7 la de Moutos, al tiempo en que los granaderos de Cerdeña hacían lo propio con Plataria. De hecho la jornada del 9 los lanceros a caballo tomaron Margariti y el 10 ocuparon Paramithia, capturando en esta última dos camiones, dos autobuses y dos coches después de un vertiginoso avance de 30 kilómetros.

El éxito de la Agrupación del Litoral en la costa del Mar Adriático fue inútil por dos motivos: primero porque el Cuerpo Chamuria había empezado a retroceder sobre el Epiro en dirección a la frontera debido a la insoportable presión del Ejército Griego; y segundo porque la 3ª División Alpina «Julia» ya había retrocedido hasta Albania, salvo por la excepción de un contingente ítalo-albanés que se atrincheró en Konitsa. Ante esta nueva situación y a que para el 13 de Noviembre los italianos ya habían encajado 2.347 bajas, incluyendo 1.200 prisioneros, la Agrupación del Litoral tuvo que frenarse en seco tras haber estirado en exceso sus líneas y a que los griegos que tenían delante eran cada vez más numerosos, quienes en un plazo de 10 a 11 días se reforzaron con tropas de refresco que habían protagonizado marchas de 30 a 50 kilómetros por noche para evitar a la aviación (durante la luz diaria dormían en bosques, casas o establos) hasta concentrarse peligrosamente frente a los límites de conquista del Ejército Italiano.

Al mismo tiempo en que se desarrollaba la campaña terrestre entre el Ejército Italiano y el Ejército Griego, en el aire se dieron intensos combates por parte de la Fuerza Aérea Real Italiana y la Fuerza Aérea Real Griega. Por ejemplo la aviación italiana bombardeó intensamente el puerto de Salónica dañando algunas instalaciones y matando a 15 civiles e hiriendo a otros 20, pero también otros objetivos como las ciudades de Ioannina, Larisa, Florina, Patras, Doliana y la Isla de Corfú. Precisamente en una de estas incursiones el Ministro de Exteriores Galeazzo Ciano que tenía el rango de teniente coronel, participó increíblemente en la lucha pilotando un bombardero Savoia SM.79 Sparvieron con el que arrojó sus bombas sobre los muelles de Salónica y dañó por error un edificio consular repleto de refugiados de su propio bando, aunque por lo menos en el viaje de regreso pudo resarcirse porque sus hombres abatieron a dos cazas griegos. De igual manera la aviación helena, apoyada por algunos aviones de la Fuerza Aérea Real Británica protagonizaron sus propios raids sobre los principales enclaves de Albania como la capital de Tiranna o los puertos de Vlorë y Sarandë, así como contra ciudades del sur de Italia e incluso contra las refinerías y depósitos de carburante en Bari y Brindisi.

La desastrosa campaña planteada en Grecia generó una profunda división en el Estado Mayor de Roma y una dosis de realidad para Benito Mussolini, así como una cascada de dimisiones entre las que estuvo la del mariscal Pietro Badoglio que fue sustituido por el general Ugo Cavallero o la del comandante en jefe de las Islas del Dodecaneso, el cuadriunviro Cesare Maria de Vecchi. Debido a la grave crisis a la que se enfrentaba Italia en los Balcanes, el Duce tuvo que cancelar el desembarco sobre la Isla de Corfú y sacar del país a las 37ª y 47ª Divisiones de Infantería «Módena» y «Bari», más algunos elementos de élite «Bersaglieri» y unidades de la 5ª División Alpina «Pusteria» que fueron trasladadas a los puertos albaneses de Vlorë y Dürres. Gracias a la llegada urgente de todos estos refuerzos, los italianos sumaron 170.000 efectivos y 568 cañones en la frontera greco-albanesa para retomar la ofensiva. Sin embargo la medida venían demasiado tarde porque para ese entonces los griegos ya habían completado su movilización en la retaguardia y estaban perfectamente atrincherados entre el Pindo y el Epiro con casi el doble de fuerzas, aproximadamente 232.000 soldados, 556 cañones y 100.000 animales de carga.

Contraataque a Albania

A las 6:30 horas del 14 de Noviembre de 1940 el Ejército Griego inició la contraofensiva al noroeste de Grecia, haciendo retroceder a los italianos entre 1 y 3 kilómetros durante los primeros envites, a los que arrebataron las localidades de Ano Lavdani, Doliana y Mavrovouni. Los choques se desarrollaron de manera muy diferente dependiendo del sector, siendo los principiales los siguientes: en la Cordillera del Epiro arremetió el Cuerpo A del general Panagiotis Demestihas con la División de Caballería, las 2ª, 3ª, 4ª y 8ª Divisiones de Infantería, y el Destacamento «Liuba»; en el Macizo del Pindo el Cuerpo B del general Ioannis Pitsikas con las 1ª, 5ª y 6ª Divisiones de Infantería; y en Macedonia el Cuerpo C del general Georgios Tsokakoglou con las 9ª, 10ª, 11ª, 13ª, 15ª y 17ª Divisiones de Infantería.

Solamente un día después de la contraofensiva del Ejército Griego, el 15 de Noviembre, el Cuerpo B en el Macizo del Pindo ascendió el Monte Maria y recuperó las localidades de Lithari e Itia; mientras los jinetes de la División de Caballería del Cuerpo A profundizaban 3 kilómetros y arrebataban a los legionarios albaneses la pequeña ciudad de Konitsa. En el caso del Cuerpo C, la jornada del 16 las 9ª y 10ª Divisiones de Infantería atravesaron el Paso de Dardhë y la del 17 cargaron contra una cadena montañosa desde la que recibieron un nutrido fuego de morteros, por lo menos hasta que los helenos desalojaron a los italianos y aseguraron las dos cimas de la Cota 1700 y la Cota 1878.

Tropas griegas contraatacando hacia Albania.

A las 2:00 horas del 18 de Noviembre el Cuerpo C del Ejército Griego emprendió el ataque contra la Cresta Morava y Hoçisht, logrando coronar la primera colina con facilidad, pero no la segunda, pues cuando la primera oleada recibió un bombardeo de la artillería italiana, las tropas helenas de vanguardia entraron en pánico y retrocedieron a través de la niebla y las nubes bajas, por lo que nada más ser vistas por sus compañeros más atrás, éstos últimos creyeron que existía un peligro grave y huyeron despavoridos. A quesar de que los oficiales consiguieron restaurar el orden entre los soldados, se tuvo que posponer la operación y aplicar castigos que incluyeron el cese del general George Razis, el suicidio de un comandante y la ejecución de dos reclutas.

Después del fallido ataque hacia Hoçist, el Cuerpo C intentó provocar la ruptura por otro sector del frente el día 19, en concreto por el Valle de Korçë, donde en esta ocasión tuvo éxito porque los soldados helenos de la 9ª División de Infantería pasaron por encima de las defensas italianas en la Cota 1805 y accedieron por primera vez dentro de la frontera con Albania. De hecho algo más al sur en la jornada del 20, el Cuerpo B abrió una brecha de 20 kilómetros muy cerca de la demarcación greco-albanesa sobre el Valle de Osum, facilitando el 21 la liberación de las últimas ciudades regionales helenas, en concreto las de Leskovik y Ersekë. Afortunadamente para los italianos la situación no fue a peor porque en el último instante taponaron la brecha tras movilizar a tiempo a los agentes fronterizos ítalo-albaneses de la Guardia Real «Finanza», quienes hasta entonces habían estado desplegados frente a Yugoslavia. Lamentablemente los latinos no pudieron hacer nada contra las arremetidas del Cuerpo A porque durante aquellos días la División de Caballería se apropió del Puente de Bourazani sobre el Río Vijosë; la 2ª División de Infantería cruzó el Río Gormos y tomó los pueblos de Agios Kosmas, Aidonohori y Drimades; y la 8ª División de Infantería escaló la Cota 597, capturó la localidad de Vissani y apresó a numerosos prisioneros italianos en el Desfiladero de Hani Delvinaki. A estos desastres hubo que añadir el causado por un solitario bombardero griego Blenheim que durante una incursión soltó una bomba al azar cerca de Përmet, cuyos efectos fueron devastadores porque por mera casualidad el artefacto detonó en un polvorín de municiones que estalló en una gigantesca explosión con la consiguiente destrucción de un cuartel general, dos almacenes, diecisiete barracones y una oficina postal, así como 395 bajas italianas entre muertos y heridos.

La situación en la demarcación con Albania fue tan insostenible que la noche del 21 al 22 de Noviembre el XXVI Cuerpo Italiano comenzó la evacuación de la ciudad de Korçë ante la proximidad del Ejército Griego, volando los almacenes de municiones y cubriendo la huida un grupo de tanquetas que se marcharon a las 9:00 horas de la mañana. Los helenos que desconocían el repliegue del enemigo, se dedicaron durante la primera mitad de la jornada a conquistar con éxito la población de Drenovë, antes de que a las 17:45 horas de la tarde las tropas griegas entraran triunfales en Korçë, siendo recibidas con júbilo por parte de la población cristiana y con miradas de desconfianza por parte de la población musulmana. En cuanto en Atenas se supo la noticia de la caída de Korçë, una multitud se congregó ante el Estado Mayor del Hotel Bretagne para gritar «¡que salga Metaxas!!, algo a lo que el Primer Ministro Ioannis Metaxas accedió saliendo al balcón para saludar a las masas y celebrar con el pueblo lo que sin duda constituía una de las mayores victorias militares de Grecia.

A las 6:30 horas del 23 de Noviembre de 1940, un grupo naval de la Marina Real Griega que había zarpado de la Isla de Corfú, desembarcó por sorpresa a un regimiento de 195 soldados helenos que desde lanchas motoras fueron depositados en tierra junto las inmediaciones de Kato Aetos. Aunque su misión era bloquear la línea logística del enemigo, las tropas italianas del 3º Regimiento de Granaderos de Cerdeña interceptaron al contingente y lo rodearon entre Konispol y la costa del Mar Adriático. Como los helenos fueron incapaces de hacer frente a los latinos, la fuerza desembarcada terminó siendo aniquilada al completo tras escapar 46 hombres hacia las montañas, entre estos un oficial, ya que murieron o fueron hechos prisioneros 149 miembros de la expedición, estando entre las víctimas cuatro oficiales.

El mismo 23 de Noviembre en que fue destruida la fuerza desembarcada sobre Kato Aetos, las cosas les fueron mejor a los griegos en la Cordillera del Epiro porque los pontoneros del Cuerpo A tendieron un puente por el que las tropas helenas superaron el Río Menina y coronaron la Cota 861, antes de recuperar en la costa la ciudad de Igoumenitsa, donde se desató un incendio provocado por los últimos italianos en retirada que dejaron la urbe reducida a cenizas. De hecho a mitad de la jornada el Cuerpo A cruzó la frontera con Albania; como también hicieron en Macedonia los jinetes de la División de Caballería del Cuerpo C cuando al poco de dejar atrás la demarcación tomaron la localidad albanesa de Çarshovë. A partir de entonces muchas de las tropas albanesas que luchaban junto a los italianos huyeron o se disolvieron, como por ejemplo el Batallón «Tomor» que fue destruido a manos de las tropas de élite de los «Ezvones» con 1.920 bajas entre muertos, prisioneros o desertores, registrándose únicamente 120 supervivientes de los algo más de los 2.000 iniciales.

Batería de artillería antiaérea del Ejército Heleno en Grecia.

A partir de la última semana de Noviembre de 1940, las operaciones se concentraron fundamentalmente en torno a las áreas bajo responsabilidad de los Cuerpos B y C, especialmente sobre el nexo de conexión en el Desfiladero de Kakavia. Por ejemplo la 2ª División de Infantería del Cuerpo B que progresaba por el Valle de Drino tomó día 26 el pueblo de Poliçan y el 27 ascendió la Cota 900, asegurando de este modo el Desfiladero de Suhë y los accesos al Valle del Zagoria y el Alto Suhes. A no mucha distancia la 8ª División de Infantería encumbró el Monte Mourato; mientras que las jornadas del 28 y el 29 la 9ª División de Infantería del Cuerpo C se apoderó sucesivamente de la Cota 1434, la Cota 1548 y la Cota 1652. Algo más difícil fue desalojar a los italianos del Desfiladero de Kakavia, pues un grupo de «Bersaglieri» al mando del coronel Gioacchino Solinas se mantuvo firme en sus posiciones repeliendo todos los ataques griegos y causando a los helenos centenares de pérdidas, a veces peleando al cuerpo a cuerpo, por lo menos hasta que agotadas las municiones y provisiones los 50 latinos supervivientes se retiraron a finales de ese mes (habiendo sufrido 55 bajas entre 18 muertos y 37 heridos).

La jornada más victoriosa para el Ejército Griego fue la del 30 de Noviembre porque el Cuerpo A cruzó el Río Bistricë, la 1ª División de Infantería conquistó el pueblo de Ogren, la 11ª División de Infantería tomó las localidades de Qafë y Lires, y la 13ª División de Infantería aseguró el pico nevado de la Cota 1292. Algo peor le fue a un solitario regimiento del Cuerpo C que se lanzó al asalto contra el Monte Pogradec, ya que terminó siendo rechazado debido a la férrea oposición presentada por los italianos de la 29ª División de Infantería «Venezzia». Como las sucesivas cargas fracasaron en este último sector, el general Sotirios Motousis se trasladó a la zona y se dirigió a uno de sus oficiales al grito de «¡La bandera, tráiganla aquí!», por lo acto seguido sonó un toque de corneta y se izó la bandera del Reino de Grecia, cuya tela al viento insufló ánimos entre los helenos, quienes volvieron a arremeter cuesta arriba y desalojaron a los latinos, haciéndose a las 10:00 de la mañana con el Monte Pogradec y con el cercano Lago Ohrid.

El 1 de Diciembre de 1940 la ofensiva hacia el interior de Albania prosiguió imparable porque la División de Caballería del Cuerpo B tomó la localidad de Frashër y el 3 la de Përmet; sin obviar que ese mismo día la 8ª División de Infantería del Cuerpo A ocupó el pueblo de Bourato. Al mismo tiempo en el sector del Cuerpo C, la 17ª División de Infantería protagonizó una carga con la que sus aguerridos soldados primero escalaron un precipicio con cuerdas y luego se abalanzaron a la bayoneta contra unos sorprendidos italianos que se rindieron con 413 prisioneros, quienes acto seguido les cedieron el control del Macizo de Kamia a costa de encajar los helenos un total de 469 bajas entre 102 muertos y 367 heridos.

Como el Ejército Italiano era incapaz de contener la ofensiva del Ejército Griego, muchas unidades retrocedieron facilitando las cosas a los helenos cuando el 4 de Diciembre el Cuerpo C se apoderó de las cimas de la Cota 1642 y la Cota 1687, a la vez que la 2ª División de Infantería del Cuerpo A se hacía con Malëshovë y Hormovë; exactamente igual que hizo el día 5 la 3ª División de Infantería con las aldeas de Peca y Muzinë, así como los jinetes de la División de Caballería con Soropull. A la jornada siguiente del 6, el Cuerpo C coronó la Cota 1211 y la Cota 1532; aunque la gloria se la llevó el Cuerpo A porque la Destacamento «Liuba» se apropió de los enclaves de Sarandë y Mesopotam, al mismo tiempo en que la 8ª División de Infantería aseguraba la Cota 669 tras eliminar a 120 defensores italianos a costa de 100 fallecidos en sus filas. Al cabo de 48 horas, el 8, las 2ª y 4ª Divisiones de Infantería entraron triunfales en la estratégica ciudad de Girokastër, sin obviar con más tarde los jinetes y monturas de la División de Caballería ocuparon las localidades de Galina el 10 y Kresta el 13. Respecto al Cuerpo C que operaba más al noreste, la 10ª División de Infantería progresó con rapidez el 14 para terminar estableciendo una cabeza de puente al otro del Río Tomorrecës, además de tomar los días 16 y 18 los puntos fuertes de Kovançanj y Gouri Prer.

En el teatro de la costa del Mar Adriático las cosas también marcharon positivamente para el Ejército Griego, pues la 3ª División de Infantería protagonizó uno de los mayores avances en el Macizo de Mali Corjat, en donde 7 sostuvo fuertes combates contra la Agrupación del Litoral que costaron 400 bajas a los helenos; aunque el 19 de Diciembre las tropas de élite de los «Ezvones» acabaron coronando el Monte Giamit y el Monte Mali Varit tras hacer la asombrosa cifra de 950 prisioneros. Al mismo tiempo los griegos de dicha unidad cercaron a un batallón fascista de Camisas Negras en el Monte Malia Pathia, cuyos defensores organizaron una heroica resistencia hasta que se rindieron 706 escuadristas, entre ellos 29 oficiales, lo que a corto plazo permitió a los helenos asegurar el Macizo de Mali Corjat.

Mientras tanto en el sector de la 2ª División de Infantería del Cuerpo A se lanzó una ofensiva con las vistas puestas en controlar la carretera hacia el puerto de Vlorë, considerado uno de los puntos estratégicos clave para bloquear la ruta de suministros en Albania. Así fue como tras cruzar el Río Drino, los griegos se estrellaron contra las posiciones de la 23ª División de Infantería «Ferrara» entre la Cota 1381 y el Monte Bus Devrit, de donde tuvieron que retirarse con 250 bajas en sus filas. A raíz de este fiasco se optó por efectuar un rodeo por el Valle de Beçës que los italianos habían cometido la imprudencia de no vigilar, para acto seguido caer sobre el perímetro articulado entre la Cresta Mali Palciës, la Cota 1430 y el Reducto Nº38. Sin embargo el 21 de Diciembre las fuerzas latinas de las 23ª y 37ª Divisiones de Infantería «Ferrara» y «Módena» pasaron al contraataque y recuperaron la Cota 1430 y el Reducto Nº32, así como la Cresta Mali Palciës que volvió a ser reconquistada por los helenos el 22. De hecho ese día cayó en poder de los griegos la ciudad de Himarë en la costa del Mar Adriático, algo que insufló moral en los componentes del Cuerpo A, ya que para el 27 la 2ª División de Infantería arremetió contra el dispositivo y de nuevo se apoderó de la Cota 1430, exactamente igual que hicieron los helenos que subían por el litoral porque tras dejar atrás el Valle de Shüshicë se apropiaron de Kallarat y Bolenë.

Justo en el centro del dispositivo sobre Albania, la 15ª División de Infantería y elementos del Cuerpo B libraron uno de los combates más encarnizados sobre un arco de 3 kilómetros entre la Cota 1237 y la Cota 1292, cuyo eje hacía de nexo de unión entre la 3ª División Alpina «Julia» y la 47ª División de Infantería «Bari», aunque durante el ascenso los helenos fueron machados y repelidos de ambas posiciones a manos de las ametralladoras y los cañones que les artillería causaron 649 bajas. Como una carga frontal iba a ser imposible, en seguida se optó por aislar a las guarniciones italianas mediante un ataque de flanco de la 1ª División de Infantería que a 2 kilómetros del punto de partida tomó el pueblo de Riba, así como de la 11ª División de Infantería que se apropió de Dobrushë. Gracias a esta maniobra que confundió y sorprendió a los latinos, la 15ª División de Infantería consiguió conquistar la Cota 1237 y la Cota 1292, haciendo 600 prisioneros y capturando un lote de 18 piezas de artillería y 12 morteros.

El 29 de Diciembre nada parecía poder detener al Ejército Griego porque la 10ª División de Infantería del Cuerpo C escaló la Cota 1732 y tomó el pueblo de Duska; mientras que el 30 el Cuerpo A se apoderó del Monte Beikes y la importante ciudad de Nivica. Así fue como al comienzo del nuevo año 1941 las tropas helenas ya eran las dueñas de 80 kilómetros de terreno al sur Albania y las artífices de haber capturado 10.200 prisioneros al Ejército Italiano; aunque a partir de ese instante ambos bandos cavaron trincheras para recuperarse de las pérdidas sufridas y sobretodo porque la nieve, el frío y el viento cortante impidieron moverse a ninguno de los dos implicados en la Guerra Greco-Italiana.

Cañón de montaña del Ejército Griego en el Frente Albanés.

A las 6:30 horas del 8 de Enero de 1941 se reanudó la ofensiva del Ejército Griego cuando el Cuerpo C comenzó un intenso bombardeo de piezas de artillería al que siguió un asalto a las 7:30, en esta ocasión por parte de la 15ª División de Infantería que avanzó más de 1 kilómetro hasta conquistar el Monte Mali Topajanit a las 9:00 y el Monte Mali Hirochë por la tarde, provocando 1.155 bajas a los italianos entre 800 muertos y 355 prisioneros, a costa de 495 bajas helenas entre 200 muertos y 295 heridos. Al cabo de un día de marcha, a las 2:00 de la madrugada del 9, la misma unidad se apoderó del Monte Taroninë y de los pueblos de Sukë y Zhepovë; antes de que a las 9:00 de la mañana la vecina 1ª División de Infantería coronase el Monte Tolar.

El 10 de Enero de 1941 a las 7:30 horas las tropas italianas decretaron la evacuación de la estratégica ciudad de Këlcyrë que se completó tras el incendio de todas las casas y la voladura del único puente sobre el Río Deshniçës. A las tres horas de la partida de los latinos, sobre las 10:30, los griegos de la 1ª División de Infantería entraron triunfales en Këlcyrë, antes de emprender la persecución contra sus enemigos a los que al atardecer también acabaron arrebatándoles el Monte Groppa y el Monte Mali Brezhanit. A pesar de que los defensores italianos de la maltrecha 7ª División de Infantería «Lupi di Toscana» consiguieron restaurar la línea algo más atrás durante seis días, la jornada del 16 las fuerzas de la 15ª División de Infantería desbarataron el perímetro escalando el Monte Mali Tabajan y el Monte Çuka Fecit, además de provocar la fuga de dos regimientos latinos que huyeron despavoridos (solo 160 soldados resistieron hasta el final), algo que valió a la división ser bautizada por las demás como «Lepri di Toscana» o «liebres de la Toscana» en lugar de «Lupi di Toscana» o «Lobos de Toscana».

Repentinamente el 25 de Enero, el Ejército Italiano emprendió una contraofensiva de carácter local con la pretensión de recuperar la ciudad de Këlcyrë, logrando retomar el Monte Groppa y profundizar algunos kilómetros dentro del dispositivo enemigo, por lo menos hasta el 27 el impulso quedó frenado en seco debido a la incapacidad de los latinos por coronar las alturas del Monte Brezhanit. La peor parte se la llevó un grupo acorazado compuesto por 16 tanques M13/40 de la 131ª División Blindada «Centauro», pues seis de los carros fueron puestos fuera de combate, entre estos cuatro destruidos por la artillería, uno que cayó dentro de un hoyo y otro que se precipitó y se hundió en las aguas del Río Deshniçës, perdiendo la vida 18 de sus tripulantes. A las veinticuatro horas de este revés, el 29, los helenos se aprovecharon de la debilidad dejada por los italianos en el dispositivo, por lo que con rapidez pasaron al contraataque y en un audaz golpe de mano les arrebataron las alturas de la Cota 1293.

El 29 de Enero de 1941 tuvo lugar un suceso inesperado cuando el Primer Ministro Ioannis Metaxas que estaba conduciendo a su patria a la victoria contra Italia, tuvo la mala suerte de fallecer a causa de una infección de garganta que derivó en septicemia y le provocó la muerte. Inmediatamente después de correr la noticia que afectó a la moral de los soldados griegos en Albania, el Rey Georgios II nombró Primer Ministro a Alexandros Korizis, por ese entonces el director del Banco de Atenas, quién a diferencia de su antecesor no entendía de cuestiones militares, pero sí mantenía muy buenas relaciones con el Reino Unido del que Grecia precisaba ayuda para una eventual intervención en la Guerra Greco-Italiana (algo por el momento complicado porque Alemania era neutral y los helenos no deseaban que los germanos se sumaran a la campaña si los ingleses se inmiscuían demasiado en los Balcanes).

Las operaciones en Albania se paralizaron hasta un tiempo hasta que el 13 de Febrero de 1941 los soldados griegos de la 5ª División de Infantería del Cuerpo C arremetieron contra los defensores de la 2ª División de Infantería «Sforzesca» a los que expulsaron y arrebataron el Monte Arza di Mezzo, el Monte Arza di Sopra, la Cota 710 y la Cota 1178. Al día siguiente, el 14, los italianos contraatacaron y recuperaron tanto el Monte Arza di Sopra como la Cota 1178, aunque esta última fue reocupada por los helenos el 15 y perdida hasta que quedó en manos griegas de manera definitiva el 16, precisamente la misma jornada en que ocuparon Punta Nord después de haber causado 700 bajas a los latinos. Al cabo de 48 horas, el 18, los atacantes cruzaron el Río Zagoria para hacer 400 prisioneros italianos y los guerreros de élite «Ezvones» se hicieron con la Cota 1723 y el Monte Hormova, donde su pequeña guarnición compuesta por 88 soldados transalpinos se rindió sin combatir. Simultáneamente los veteranos de la 2ª División de Infantería del Cuerpo A escalaron la Cresta del Golico, coronaron la Cota 1192 y el 19 de Febrero entraron en la ciudad de Peshtan, apresando durante el proceso a otros 300 italianos que depusieron las armas.

Nuevamente a últimos de Febrero la ofensiva del Ejército Griego se detuvo en Albania, por lo menos hasta que la noche la 2 al 3 de Marzo la 17ª División de Infantería la reanudó mediante un contingente de soldados y zapadores que atravesaron las líneas enemigas y se hicieron fuertes en la Cota 370, por ese entonces protegida por una pequeña trinchera de 7 metros de largo y 2’80 metros de ancho, desde cuya cima batieron las posiciones italianas e incluso destruyeron una tanqueta L3/35. A los cuatro días de esta distracción a espaldas del frente, el 7 de Marzo, el grueso restante de la 17ª División de Infantería cargó contra una legión fascista de Camisas Negras que rodearon por la retaguardia y la rindieron con 1.000 prisioneros, quienes entregaron intactas las posiciones del Monte Mezhgoran y la Cota 1437. De forma paralela la 2ª División de Infantería se abalanzó sobre las tropas de montaña de la 3ª División Alpina «Julia», las cuales retrocedieron y cedieron el control de la Cota 739 y la Cota 1615 que capitularon con otros 200 cautivos; aunque por suerte los alpinos contraatacaron y recuperaron el dominio de ambas colinas la jornada del 8.

Ofensiva de Primavera

La situación en el Frente Albanés durante la Guerra Greco-Italiana fue un infierno para los dos bandos, ya no solo por la acción de enemigo, sino por las condiciones de operar en un entorno de alta montaña. Por ejemplo las temperaturas descendían a los -20ºC con más de un metro de nieve sobre el suelo; mientras los combatientes se protegían en trincheras insalubres llenas de barro o anegadas de agua, además de en tiendas de campaña que encima solían volar cuando los fuertes vientos desprendían las piquetas (en ocasiones algunos soldados se despeñaron por barrancos). A estas incomodidades había que añadir el peligro de las avalanchas de hielo en los picos, la ropa que siempre estaba húmeda con las consiguientes enfermedades respiratorias y reúmas, los múltiples casos de congelamiento de miembros, la inutilización constante de las armas que tenían que ser lubricadas con grasa anticongelante y la deficiente dieta de la tropa, ya que en el caso de los italianos la comida se traía a cuentagotas por las complicadas carreteras en forma herradura sobre la sierra, mientras que en el caso de los griegos se llevaba en animales de carga o a veces mediante paracaídas lanzados por la aviación que dejaron caer hasta 250 toneladas de «kouramanes» (sacos con hogazas de pan de harina de trigo).

Submarino griego Y-2 en el Mar Egeo.

A punto de finalizar el invierno de 1941, la Fuerza Aérea Real Italiana redobló los esfuerzos por minar la moral de los griegos aumentado sus bombarderos sobre Salónica, Larisa, Florina, Patras, etcétera, pero también contra la propia capital de Atenas con aparatos que despegaban desde las Islas del Dodecaneso. También se atacaron objetivos tácticos en la Albania ocupada por el Ejército Griego, como por ejemplo el Valle del Devoll; además de bases militares como el Aeródromo de Paramithia que fue ametrallado por 42 cazas Macchi MC.202 Folgore con la consiguiente destrucción de cuatro aviones helenos y un buen puñado de instalaciones. Curiosamente uno de los sucesos más trágicos ocurrió en la Isla de Corfú porque justo después de que una escuadrilla de aviones británicos arrojara regalos en paracaídas sobre la población civil, al poco de marcharse aparecieron bombarderos italianos que las baterías antiaéreas confundieron con ingleses y no les dispararon, por lo que uno de los trimotores tuvo vía libre para soltar cómodamente una bomba que entró por la ventana del Banco Nacional de Grecia y explosionó en un sótano matando a 18 personas e hiriendo 25 (el total de víctimas en el resto de la ciudad serían de 21 muertos y 30 heridos).

Al mismo tiempo en el Mar Adriático los seis submarinos Y-1, Y-2, Y-3, Y-4, Y-5 e Y-6 de la Marina Griega, más los dos sumergibles ingleses HMS Triton y HMS Regulus, acecharon la costa de Albania, hundiendo con torpedos a cinco buques italianos, concretamente dos transportes y a los tres cargueros Sardegna, Firenze y Antonietta. Sin embargo las acciones no les salieron rentables porque el destructor latino Anteras embistió y hundió al submarino heleno Y-3; sin obviar que las minas marinas en el Estrecho de Otranto echaron a pique a los dos submarinos británicos HMS Triton y HMS Regulus. Algo más de suerte tuvo la aviación anglo-griega bombardeando el puerto de Vlorë porque los torpederos Swordfish hundieron al destructor italiano Andromeda, al buque hospital Po y a tres mercantes; aunque pronto los latinos se vengaron porque el submarino Ambra torpedeó y echó a pique al crucero británico HMS Bonaventure que desapareció bajo el agua con 139 marineros muertos. También se efectuaron cañoneos a los litorales con los destructores helenos Psara y Spetsai que arrojaron 250 proyectiles contra posiciones albanesas; o los destructores italianos que destrozaron algunas instalaciones en Amorgos y las Islas Cícladas. A pesar de la insistencia de los bandos por acosar el tráfico mercante, los italianos desembarcaron en Albania un total de 487.089 militares y medio millón de toneladas de suministro, mientras los griegos trasladaron desde los archipiélagos a 80.000 hombres y 100.000 animales de ganado.

Con la llegada de la primavera de 1941, el deshielo y el aumento de las temperaturas en los Balcanes mejoraron las condiciones de los dos bandos implicados, especialmente en el caso del Ejército Italiano cuando Benito Mussolini prometió el lanzamiento de una contraofensiva ante una multitud en el Teatro Adriano de Roma. De hecho el propio Duce voló hasta Albania pilotando él mismo un trimotor Savoia SM.79 Sparviero para visitar a los soldados y entrevistarse con los mandos, con quienes elaboró la denomianda «Ofensiva de Primavera». Se trataba de una operación masiva sobre el Frente Albanés en el que participarían 400.000 tropas italianas y albanesas acompañadas de 65 tanques, 650 cañones y 900 camiones contra un Ejército Griego que por aquel entonces desplegaba a 300.000 efectivos, aunque la cifra real era de 550.000 (ya que 210.000 hombres se concentraban en la frontera norte por miedo a una inminente guerra con Bulgaria y 40.000 en las costas y las Islas Jónicas por si se producía un desembarco enemigo).

Entre las 7:00 y 7:30 horas de la mañana del 7 de Marzo de 1941, el Ejército Italiano emprendió la ofensiva en Albania bajo un fuego preliminar de 350 piezas de artillería y 18 morteros pesados, así como de oleadas de bombarderos de la aviación, cuyas detonaciones fueron contempladas por Benito Mussolini desde un puesto de mando cercano, quién decepcionado comprobó como la mayor parte de los 43.000 proyectiles arrojados y las bombas erraban sus blancos por culpa del escarpado terreno y los riscos montañosos. Ante este derroche inútil de municiones sobre un espacio de poco menos de 6 kilómetros, no fue extraño que salvo por la excepción de la 38ª División de Infantería «Puglie» que se apoderó de la Cota 717 en la comarca de Monasterio, el resto de unidades fracasaran como la 24ª División de Infantería «Pinerolo» frente a la Cota 1.060 o la 59ª División de Infantería «Cagliari» bajo las faldas del Monte Bregu i Rapit. De hecho la caballería griega se permitió el lujo de efectuar algunos contraataques de carácter local, como por ejemplo el que efectuaron los jinetes contra la 3ª División Alpina «Julia» cerca del curso fluvial del Río Vijosë.

Batería de mortero del Ejército Griego.

Durante los días siguientes de la «Ofensiva de Primavera» la 3ª División Alpina «Julia» coronó el Monte Spadarit al mediodía del 10, pero la perdieron poco después tras un contraataque de los griegos; exactamente igual que le sucedió a la 24ª División de Infantería «Pinerolo» en la Cota 731 la jornada del 11. De nada sirvió un bombardeo aéreo masivo de tres horas entre las 14:15 y 17:30 del 13 de Marzo sobre la Cota 731 porque a las 21:30 la 1ª División de Infantería Griega contuvo las arremetidas de los latinos; los cuales no cejaron en su empeño porque la jornada del 17 volvieron a cargar apoyados por tropas de élite «Arditi» y dos tanquetas M13/40 para ser nuevamente fueron frenados y repelidos con numerosas bajas.

La «Ofensiva de Primavera» en la que tantas esperanzas había depositado Benito Mussolini acabó en un estrepitoso fracaso y en otra humillación para un Ejército Italiano frente a las formidables unidades del Ejército Griego. A lo largo de la operación los italianos perdieron 12.000 soldados y no ganaron ni un solo palmo de terreno; mientras que los griegos defendieron formidablemente sus posiciones encajando 5.301 bajas entre 1.243 muertos, 4.016 heridos y 42 desaparecidos, siendo protagonista la 1ª División de Infantería de la mayor parte de los combates y por ende del triunfo, lo que le valió ser apodada «División de Hierro».

Conclusión

Después del fiasco de la «Ofensiva de Primavera» a finales de Marzo de 1941, tanto el Ejército Italiano como el Ejército Griego pasaron a una actitud completamente defensiva en el entorno montañoso de Albania. A pesar del ridículo manifiesto de Benito Mussolini, lo cierto era que los helenos estaban condenados a consumir la mayor parte de sus recursos y el cien por cien de sus municiones antes del verano, por lo que el tiempo claramente favorecía al Duce. Sin embargo Adolf Hitler no estaba dispuesto a esperar tantos meses debido a que necesitaba pacificar los Balcanes como paso previo a la invasión de la Unión Soviética dentro del marco de la «Operación Barbarroja», por lo que tanto Alemania como Bulgaria, en este caso dos naciones del Eje con intereses en la región, acordaron acudir en ayuda de los italianos y poner en marcha una «Guerra Relámpago» o «Blitzkrieg» que en Abril de 1941 se materializaría en la conquista de toda Grecia.

Los Aliados sufrieron 83.578 bajas entre 13.325 muertos, 42.485 heridos, 1.237 desaparecidos, 1.531 prisioneros y 25.000 congelados; más un material perdido de 87 aviones (52 griegos y 35 británicos) y 5 navíos hundidos entre 2 cruceros (1 griego y 1 británico) y 3 submarinos (2 británicos y 1 griego).

El Eje sufrió 102.034 bajas entre 13.755 muertos, 50.874 heridos, 3.914 desaparecidos, 21.153 prisioneros y 12.368 congelados; más un material perdido de 79 aviones derribados y el hundimiento de 10 buques entre 1 destructor, 1 buque hospital y 8 cargueros o transportes.

Las razones de la catastrófica campaña protagonizada por el Ejército Italiano al sureste de Europa entre el otoño de 1940 y la primavera de 1941 fueron varias: en primer lugar no se contó con la pésima climatología de lluvias que anegó los caminos e inmovilizó a la poderosa aviación; en segundo lugar no se planificó una gestión inteligente de los recursos a la hora de almacenarlos en los puertos de Albania; en tercer lugar no se tuvo en cuenta la orografía del terreno con picos y carreteras de alta montaña en muy mal estado; y en último lugar se subestimó la capacidad del Ejército Griego, desde su espíritu combativo a su rápida movilización, ya que Benito Mussolini jamás imaginó tener que enfrentarse a los helenos tras albergar la absurda creencia de que el Gobierno de Atenas negociaría con el Gobierno de Roma. A raíz de todo aquel cúmulo de despropósitos que terminaron en un completo desastre para las armas italianas, precipitó que se hiciera realidad uno de los mayores temores del Duce cuando Alemania tuvo que acudir en su ayuda e inmiscuirse en los Balcanes, por lo que una vez las tropas alemanas se apoderaron fugazmente de Grecia entre Abril y Mayo, la Italia Fascista se convirtió en un mero «actor secundario» de las potencias del Eje durante el resto de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Rodrigo García-Múñoz Vaquero, Grecia. La Última Victoria de la Blitzkrieg, HRM Ediciones (2017), p.31-260
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-David Solar, La II Guerra Mundial como nunca se la habían contado Volumen 4, «Fracaso militar fascista», la Aventura de la Historia (2009) p.46-47
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