Desembarco en Salerno, Tarento y Calabria

Los desembarcos al sur de la Península Italiana marcaron un antes y un después en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial al sur de Europa. La “Operación Baytown” sobre Calabria, la “Operación Slaptisk” sobre Tarento y la “Operación Avalanche” sobre Salerno, propiciaron la capitulación del Reino Italia pero al mismo tiempo la invasión del Tercer Reich al resto del país, lo que abriría un nuevo frente bélico para los Aliados Occidentales dentro del marco de la campaña del Mar Mediterráneo.

Plan Aliado

Durante la Conferencia de Casablanca celebrada en Marruecos en 1943 por el Presidente Franklin Delano Roosevelt de Estados Unidos y el Primer Ministro Winston Churchill del Reino Unido, los dos mandatarios acordaron abrir el “segundo frente” reclamado por Iósif Stalin para aliviar la presión que las potencias del Eje ejercían sobre la Unión Soviética. Aunque el líder norteamericano era partidario de invadir Francia, el premier británico prefería hacerlo en Italia alegando los dos siguientes motivos: en primer lugar los italianos estaban desmoralizados y deseosos de terminar la guerra tras el derrocamiento de Benito Mussolini y el régimen fascista tras el golpe de Estado prerpetrado por el Rey Víctor Manuel III y el mariscal Pietro Badoglio; y en segundo lugar desde la Península Italiana los occidentales podrían coordinarse con los partisanos en Yugoslavia que contaban con unidades de tamaño división con las que se podía contar para futuros desembarcos en los Balcanes.

Nada más producirse la conquista de la Isla de Sicilia a finales de Agosto de 1943 durante la conocida como “Operación Husky”, los Gobiernos de Washington y Londres, entendiendo lo cercana que estaban las costas de Italia a través del Estrecho de Messsina, finalmente se decantaron por invadir la Península Italiana. Así fue como en Argelia el Primer Ministro Winston Churchill convocó al general Sir Alan Brooke que coordinaba las fuerzas anglo-estadounidenses en el Mar Mediterráneo, al general Dwith Eisenhower que liderada la Fuerza Expedicionaria Aliada, al mariscal Harold Alexander responsable del Próximo Oriente, al general Arthur Tedder de la Fuerza Aérea Real Británica (Royal Air Force o RAF) y al almirante Andrew Cunningham de la Flota Real Británica del Mediterráneo (Royal Mediterranean Fleet), quienes acordaron llevar a cabo la agresión de la Bota Italiana en tres fases denominadas “Baytown”, “Avalanche” y Slaptisk”.

Según el cometido de los Aliados dependiendo de la operación, las unidades implicadas y la fecha para su inicio, las tres operaciones previstas para la invasión del sur de Italia se efectuarían de la siguiente manera:
-1) Operación Baytown: Prevista para el 3 de Septiembre de 1943, exactamente seis días antes de las otras dos, su misión era desembarcar en Calabria y asegurar la ruta marítima a través del Estrecho de Messina con Siclia. El VIII Ejército Británico del mariscal Bernard Montgomery sería el encargado de la invasión con el XIII Cuerpo Británico del general Miles Dempsey que poseía a la 1ª División de Infantería Canadiense del general Guy Simonds y a la 5ª División de Infantería del general Gerard Bucknall.
-2) Operación Avalanche: Se trataba del grueso principal que desembarcaría en Salerno la jornada del 9 de Septiembre de 1943. La fuerza era el V Ejército Estadounidense del general Mark Clark repartido en el X Cuerpo Británico del general Richard McCreery con la 46ª División de Infantería del general John Hawkesworth y la 56ª División de Infantería del general Douglas Graham; más el VI Cuerpo Estadounidense del general Ernest Dawley con la 3ª División de Infantería del general Lucien Truscott, la 34ª División de Infantería del general Charles Ryder, la 36ª División de Infantería “Texas” del general Fred Walker, la 45ª División de Infantería del general Troy Houston Middleton, la 82ª División Aerotransportada del general Matthew Ridway y la 7ª División Blindada del General George Erskine.
-3) Operación Slaptisk: Constituía el último un desembarco en el Golfo de Tarento que se produciría a los pocos minutos de la “Operación Avalanche” en Salerno. Los protagonistas de la acción serían las fuerzas del 12º Escuadrón de Cruceros Británico del vicealmirante Arthrur power que transportarían vía marítima desde Sicilia a la 1ª División Aerotransportada del general George Hopkinson para enlazar con el XIII Cuerpo Británico de la “Operación Baytown” que supuestamente en aquellos instantes subiría desde Calabria.

Ejército Aliado:
VIII Ejército Británico
·XIII Cuerpo Británico
-1ª División de Infantería Canadiense
-5ª División de Infantería
V Ejército Estadonidense
·X Cuerpo Británico
-46ª División de Infantería
-56ª División de Infantería
·VI Cuerpo Estadounidense
-3ª División de Infantería
-34ª División de Infantería
-36ª División de Infantería “Texas”
-45ª División de Infantería
-82ª División Aerotransportada
-7ª División Blindada
12º Escuadrón de Cruceros Británico
-1ª División Aerotransportada

Aproximadamente los Aliados reunieron 189.000 soldados, 3.127 aviones y 309 navíos entre los que había 7 portaaviones, 4 acorazados, 3 cruceros, 65 destructores, 20 cargueros y 210 transportes (120 del tipo LST y 90 del tipo LCT).

Plan del Eje

Desde el derrocamiento de Benito Mussolini a manos del Rey Víctor Manuel III, era obvio que el Gobierno Provisional del mariscal Pietro Badoglio había entrado en negociaciones secretas para capitular ante los Aliados. Adolf Hitler que ya había imaginado una traición de este calibre, decidió adelantarse a los acontecimientos trasladando a grandes concentraciones de tropas a Italia bajo el pretexto de que veían a ayudar al país transalpino en su lucha contra los invasores occidentales; para mientras tanto ir afianzando posiciones y fortificando las costas al sur de la Península Italiana de cara al inevitable enfrentamiento con Estados Unidos y el Imperio Británico.

El Grupo de Ejércitos C del mariscal Albert Kesselring era el encargado de defender el sur de Italia mediante un total de 75.000 soldados, de los cuales 45.000 estaban atrincherados por detrás de las playas de Salerno y 30.000 de Tarento sobre colinas, búnkers, blocaos, trincheras, nidos de ametralladora y emplazamientos de artillería ocupados por el X Ejército Alemán del general Heinrich Vietinghoff que incluía al LXXXVI Cuerpo Panzer del general Traugott Herr con la 1ª División Paracaidista del general Richard Heidrich, la 26ª División Panzer del general Smilo Freiherr Von Lüttwitz y la 29ª División Panzergrenadier del general Walter Fries, más al XIV Cuerpo Panzer del general Hermann Balck con la División Panzer “Hermann Goering” del general Paul Conrath, la 15ª División Panzergrenadier del general Eberhard Rodt y la 16ª División Panzer del general Rudolf Sieckenius. A estas unidades había que añadir sobre Calabria a las 25.000 tropas desplegadas por el Ejército Real Italiano del general Vittorio Ambrosio con la 31ª División de Infantería “Calabria” del general Riccardo Pentimalli y la 184ª División Paracaidista “Nembo” del general Enrico Frattini.

Aproximadamente el Eje reunió a un total de 100.000 soldados entre 75.000 alemanes y 25.000 italianos, más 722 aviones.

Grupo de Ejércitos C:
X Ejército Alemán
·LXXVI Cuerpo Panzer Alemán
-1ª División Paracaidista
-26ª División Panzer
-29ª División Panzergrenadier
·XIV Cuerpo Panzer Alemán
-División Hermann Goering
-15ª División Panzergrenadier
-16ª División Panzer
Ejército Real Italiano
-31ª División de Infantería “Calabria”
-184ª División Paracaidista

Desembarco en Calabria

A las 4:30 horas del 3 de Septiembre de 1943, coincidiendo con el cuarto aniversario de la entrada de Gran Bretaña en la Segunda Guerra Mundial, una escuadra de la Marina Real Británica (Royal Navy) que incluía cuatro acorazados y varios destructores de escolta, comenzaron a bombardear la punta sudoccidental de la Península Italiana en los alrededores de Regio Calabria, a los que muy pronto se unieron aviones de ataque a tierra y piezas de artillería de largo alcance emplazadas en Sicilia. Mientras el fuego preliminar obligaba a los civiles a buscar refugio y a los soldados italianos a ocultarse en sus atrincheramientos, una flotilla de 300 barcazas cargadas con soldados ingleses y canadienses atravesaron los escasos 3 kilómetros de agua que separaban el Estrecho de Messina.

Las tropas anglo-canadienses del VIII Ejército Británico que desembarcaron a las afueras de Regio Calabria al amanecer de aquel 3 de Septiembre, fueron las primeras unidades de los Aliados Occidentales en pisar Europa desde la retirada de la Fuerza Expedicionaria Británica de Dunkerque en Junio de 1940, perdiéndose únicamente durante la operación anfibia una barcaza que se hundió tras colisionar con rocas sumergidas. Contra todo lo esperado, en cuanto las escasas formaciones italianas contemplaron el gran número de soldados enemigos, se rindieron en masa y se entregaron a las tropas de la Commonwealht. Lógicamente ante esta actitud tan cobarde de sus socios latinos, los germanos optaron por la prudencia y por lo tanto sus dos únicas formaciones en la zona, en concreto los elementos de la 26ª División Panzer y la 29ª División Panzergrenadier, se replegaron hacia el sector de Salerno no sin antes destruir con explosivos y dinamita el mayor número de instalaciones posibles, nudos ferroviarios y puentes, además de colocar cientos de obstáculos y plantar minas para retrasar el avance del enemigo.

Crucero pesado norteamericano USS Philadelfia escoltado por un destructor se moviliza en el Mar Mediterráneo para atacar la Península Itálica.

Avanzada la mañana del 3 de Septiembre, las vanguardias de la 1ª División de Infantería Canadiense y a la 5ª División de Infantería Británica sostuvieron una serie de breves tiroteos contra los soldados italianos de la 31ª División de Infantería “Calabria”, quienes tras una efímera resistencia, capitularon para ceder a los invasores y sus comandos el control de las localidades de Catona, San Giovanni, Bagnera y Melito. Algo más complicado fue el asalto al Macizo de Aspromonte, donde las tropas italianas de la 184ª División Paracaidista “Nembo” se aprovecharon del entorno natural compuesto por riscos y matorrales para tender una emboscada a las fuerzas anglo-canadienses, a las cuales provocaron algunas bajas entre muertos y heridos, paralizando el progreso de los Aliados en el sector.

No muchas horas después del inicio de la “Operación Baytown”, las columnas inglesas y canadienses del VIII Ejército Británico entreron triunfales en el puerto de Calabria que no solo se rindió sin presentar batalla, sino que encima los civiles calabreses les recibieron en un ambiente alegre y de festividad. Inmediatamente después de la caída de la ciudad, pronto la 1ª División de Infantería Canadiense se apoderó al asalto del Macizo de Aspromonte y expulsó a los defensores italianos de la 184ª División Paracaidista “Nembo”. Sin embargo a partir de aquel punto la campaña entró en una fase de estancamiento porque los zapadores ítalo-germanos habían bloqueado todos los caminos y boicoteado las ya impracticables carreteras, por lo que la mayor parte de las unidades anglo-canadienses tuvieron que ser empleadas en la retirada de obstáculos y en tareas de desescombro.

Coincidiendo con la “Operación Baytown” en Calabria, la tarde del 3 de Septiembre la Flota Aliada zarpó de los muelles de Trípoli en Libia con el X Cuerpo Británico, del dique de Orán en Argelia con el VI Cuerpo Estadounidense y de los puertos de Alejandría en Egipto y de La Valetta en Malta con el 12º Escuadrón de Cruceros. A los dos días de la travesía sobre el Mar Mediterráneo, el 5 de Septiembre, algunas embarcaciones rápidas se adelantaron al grueso principal y desembarcaron en Calabria a la 160º Compañía de Construcción Ferroviaria, cuyos ingenieros contribuyeron a despejar los rocas y pasos de montaña entre Palmi y Reggio como paso previo a la “Operación Slapstick” sobre el Golfo de Tarento.

Tropas británicas desembarcando en Calabria durante la “Operación Baytown”.

La jornada del 7 de Septiembre de 1943, unidades de apoyo de la Flota Aliada fueron avistadas por 180 aviones de la Fuerza Aérea Alemana que bombardearon el puerto de Bizerta en Túnez con escasos resultados porque las bombas solo generaron daños en algunas de las instalaciones. Sin embargo y pese a la fallida incursión en el Norte de África, el plan había sido descubierto por el Eje, ya que al anochecer fue interceptada el grueso de la escuadra enemiga cerca de Vibo Valencia al sur de Italia, donde un avión alemán atacó a los barcos soltando un torpedo que impactó y hundió a la lancha torpedera británica HMS MTB Nº.77.

Veinticuatro horas después, el 8 de Septiembre, la Flota Aliada echó el ancla frente al Golfo de Nápoles, justo cuando el mariscal Pietro Badoglio, siguiendo instrucciones del Rey Víctor Manuel III, anunció por radio a las 19:45 horas de la tarde la capitulación de Italia y la existencia del Armisticio de Cassibile recién firmado con los Aliados. Inmediatamente a la difusión de la noticia, los soldados y tripulaciones embarcadas a bordo de la escuadra estallaron en gritos de jolgorio y alegría, celebrándolo por todo lo alto con tragos de sus cantimploras y hasta brindando con whisky. Aunque los oficiales intentaron poner orden desde megafonía, tardaron bastante en explicar a sus hombres que la guerra no había acabado, pues los alemanes dominaban la costa y tendrían que enfrentarse a ellos, algo que hizo decaer de golpe la moral con efectos devastadores para su psicología de cara al inminente comienzo de la “Operación Avalanche”.

Desembarco en Salerno

A las 20:00 horas del 8 de Septiembre de 1943, un submarino situado en el Golfo de Salerno señalizó con luces a la Flota Aliada para que accediese a la bahía, al mismo tiempo en que los dragaminas retiraban los últimos obstáculos y ejercían de guías al resto de embarcaciones a través de la oscuridad. Alrededor de la medianoche, un grupo de comandos de los Marines Reales Británicos “Royal Marines” se aproximaron a la costa a bordo de lanchas torpederas y desembarcaron en el Islote de Ventonete situado entre el Golfo de Gaeta y el Delta del Río Volturno. Bajo la máxima discreción los ingleses desarmaron a los escasos guardias alemanes tras un breve tiroteo y tomaron el diminuto territorio insular, incluyendo la única estación de radar del Ejército Alemán.

A las 2:00 horas de la madrugada del 9 de Septiembre, un conglomerado de lanchas de desembarco y transportes anfibios DUKW, iniciaron la travesía de 5 millas náuticas sobre el Golfo de Salerno. Lamentablemente antes ni tan siquiera de acercarse al litoral, un avión de reconocimiento de la Fuerza Aérea Alemana avistó a las embarcaciones cargadas de tropas, por lo que inmediatamente informó a las guarniciones en la costa que dispararon sus baterías navales y piezas de artillería descargando una gran cantidad de proyectiles y granadas de diversos calibres. Acto seguido los cruceros y destructores respondieron al fuego, iluminando totalmente la noche con tiros y bengalas, algo que dejó desprotegidas a las barcazas porque algunas fueron alcanzadas y hundidas.

Después de una hora de intercambio de disparos entre la Flota Aliada y la guarnición de Salerno, a las 3:10 un grupo de norteamericanos adscritos al Comando de “Rangers” liderado por el oficial William Barby, desembarcaron en la Playa de Mariori para asegurar con facilidad la única carretera en las inmediaciones y tomar el vital Paso de Chiunzi. Al cabo de veinte minutos, a las 3:30 horas, un segundo grupo de comandos británicos al mando del oficial Robert Laycock fueron depositados en una playa cercana, aunque en esta ocasión no tuvieron tan suerte como los estadounidenses porque recibieron un bombardeo de morteros y tiros de fusilería que les dejaron completamente inmóviles en el sector de Viteri Sul Mare.

Oficialmente a las 4:00 de la madrugada comenzó la “Operación Avalanche” cuando las barcazas se deslizaron sobre la orilla y bajaron sus rampas sobre las playas de Salerno, desembarcando primero a las tropas de la 46ª División de Infantería y posteriormente al resto del X Cuerpo Británico. A pesar de que en el litoral apenas hubo resistencia por parte de los alemanes porque los invasores se apoderaron de las vertientes norte y sur, en cuanto avanzaron unos metros hacia el interior bajo el apoyo de las baterías de la Flota Aliada, las fuerza inglesas fueron inmediatamente castigadas y frenadas en seco por la guarnición germana atrincherada en el cercano Aeródromo de Montecorvino.

Contingente de tropas estadounidenses con sus fusiles al hombro desembarca en Salerno en la primera mañana de la “Operacón Avalancha”.

Simultáneamente se procedió al desembarco en Salerno del VI Cuerpo Estadounidense, siendo la 36ª División de Infantería “Texas” la primera unidad procedente de Norteamérica en pisar la Península Italiana. Lamentablemente a los pocos minutos de poner el pie en la arena, una bengala iluminó el entorno justo en el instante en que las barcazas estaban descargando material, por lo que inmediatamente cayó sobre los invasores una lluvia de cohetes y proyectiles de artillería. Durante el infierno desatado, decenas de lanchas de desembarco ardieron con hombres en su interior y otras se hundieron en el agua, mientras decenas de soldados fueron despedazados en la orilla por las detonaciones o acribillados por las ametralladoras instaladas en las colinas circundantes que provocaron una auténtica matanza.

A partir del estancamiento en las playas de Salerno, la Fuerza Aárea Alemana aprovechó las favorables circunstancias para atacar desde el aire a la Flota Aliada con cazabombarderos bimotores Messerschmitt Bf 110 y bombarderos en picado Stuka. A pesar de que los portaaviones hicieron despegar a sus cazas embarcados para proteger a los buques que se dirigían a la costa, algunas barcazas fueron ametralladas a ras del agua y echadas a pique; además de resultar hundidos con bombas otros dos navíos, en concreto la barcaza británica LCT-579 y el remolcador norteamericano USS Nauset con 18 marineros muertos.

No mucho antes del amanecer del 9 de Septiembre, las bajas de las tropas estadounidenses se fueron multiplicando sobre Salerno, especialmente en torno al sector del Río Sele. Sin embargo la situación mejoró bastante con la entrada en acción de los cazabombarderos P-51 Mustang, ya que gracias a su elevada velocidad y a la precisión de los impactos, destruyeron un gran número de puestos defensivos alemanes. A raíz de esta ayuda desde el aire, los soldados atrapados en la orilla pudieron flanquear una de las colinas del Río Sele y alcanzar la vía de ferrocarril próxima, lo que abrió una brecha en el dispositivo germano con la cual el VI Cuerpo Estadounidense avanzó hacia el interior.

Desembarco en Tarento

Al amanecer del 9 de Septiembre de 1943, los navíos de la Flota Real Británica del Mediterráneo entraron en el Golfo de Tarento. A bordo de las barcazas escoltadas por destructores y dragaminas iban los soldados de la 1ª División Aerotransportada, cuyos hombres se encontraban algo desmotivados con sus mandos por no haberlos escogido para saltar desde aviones y en su lugar embarcarlos a bordo de buques. La travesía transcurrió sin incidentes porque los dos acorazados ingleses HMS King George V y HMS Howe, más los cinco cruceros HMS Aurora, HMS Dido, HMS Penélope, HMS Sirius y el norteamericano USS Boise, intimidaron a los dos acorazados italianos Andrea Caio Dulio que salieron de la rada de Tarento con bandera blanca en los mástiles con la función de rendirse a los Aliados en el puerto de La Valetta de Malta.

La 1ª División Paracaidista de la Luftwaffe que se encontraba dentro de Tarento, emprendió la retirada en cuanto contempló aproximarse a la Flota Aliada siguiendo órdenes del general Richard Heidrich. Solamente un grupo muy reducido de germanos e italianos que no se habían enterado de la capitulación del Reino de Italia, se atrincheraron en el sector de Scanzano, por lo que fue necesario la intervención de un escuadrón de bombarderos B-26 Marauder que soltaron sus bombas sobre sus emplazamientos, propiciando la inmediata deserción de los latinos y la huida de los alemanes hacia la seguridad de la Cordillera de los Apeninos.

Pintura del hundimiento del minador británico HMS Abdiel al chocar con una mina marina italiana en aguas de Tarento durante la “Operación Slapstick”.

Hasta las 15:00 horas de la tarde el grueso de la Flota Aliada no entró en el puerto de Tarento después de que el destructor HMS Javelin retirase las minas acuáticas que bloqueaban la entrada a las instalaciones. Dos horas después, a las 17:00, los paracaidistas ingleses de la 1ª División Aerotransportada desembarcaron en los muelles y los diques militares haciendo prisioneros a miles de tropas italianas que se entregaron sin combatir, antes de que el general George Hopkinson aceptase la rendición al completo de la guarnición transalpina en el Hotel Albergo Europa.

Al día siguiente de la conquista de Tarento, el 10 de Septiembre, comenzaron a producirse los primeros incidentes en la ciudad, como por ejemplo sucedió cuando un paracaidista alemán rezagado que se había escondido para actuar como un francotirador, disparó y mató al general George Hopkinson que hasta entonces había liderado a la 1ª División Aerotransportada. Sin embargo mucho peor fue lo ocurrido en el Golfo de Tarento porque el minador HMS Abdiel colisionó con una mina italiana sumergida y quedó envuelto por una explosión con la que rápidamente se hundió, sufriendo la tripulación un total de 260 bajas entre 106 muertos y 154 heridos.

El asegurar las inmediaciones de Tarento todavía llevaría a cabo una jornada más porque aquel 10 de Septiembre los paracaidistas de la 1ª División Aerotransportada consiguieron tomar Massafra, pero se vieron ralentizados en Castellaneta a la hora de intentar enlazar con las fuerzas de la “Operación Baytown” en Calabria y la “Operación “Avalanche” en Salerno. Fortuitamente en el sector contrario de la vertiente oriental con el Mar Adriático, la “Operación Slaptisk” fue un éxito porque los británicos entraron en los puertos de Brindisi y Bari, precisamente donde se había refugiado el general Pietro Badoglio y el Rey Víctor Manuel III, con quienes pusieron en marcha la instauración de un gobierno provisional bautizado como la Italia Cobeligerante.

Contraofensiva del XIV Cuerpo Panzer

El 10 de Septiembre de 1943, el general Heinrich Vietinghoff lanzó a la ofensiva al XIV Cuerpo Panzer contra la VI Cuerpo Estadounidense. La protagonista de la arremetida fue la 16ª División de Panzer que en seguida sufrió los efectos de las baterías navales de la Flota Aliada que con sus grandes calibres destruyó e incluso volcó a un buen puñado de tanques alemanes. A este devastador fuego pronto se sumó la artillería anticarro emplazada en las playas y los tanques Sherman recién desembarcados que provocaron una verdadera masacre, pues un total de 65 carros germanos resultaron pulverizados, haciendo fracasar la operación del XIV Cuerpo Panzer.

En el sector del X Cuerpo Británico mientras tanto, la 46ª División de Infantería y los comandos del oficial Robert Laycock conquistaron finalmente la estratégica ciudad de Salerno después de cruentos combates contra los defensores germanos, además de enlazar con las fuerzas norteamericanas del Comando de “Rangers” que esperaban ser relevadas desde hacía veinticuatro horas en el Paso de Chiunzi. Sin embargo los ingleses no fueron capaces de ganar un sólo metro de terreno en el fuertemente defendido Aeródromo de Montecorvino, una dificultad similar que también se vivió en el lado del VI Cuerpo Estadounidense porque tras la explosión accidental de una cisterna costera y un depósito de gasolina, la mayor parte de sus columnas motorizadas quedaron inmovilizadas por culpa de la escasez de carburante.

Tropas norteamericanas en la cabeza de playa de Salerno.

Nuevamente al amanecer del 11 de Septiembre, el X Cuerpo Británico puso en marcha un tercer asalto contra el Aeródromo de Montecorvino que estuvo precedido de un contundente cañoneo naval por parte de los buques de la Flota Aliada. Después de causar graves daños a las posiciones alemanas con el fuego de los grandes calibres de acorazados, cruceros y destructores, los soldados ingleses despejaron una a una las colinas que rodeaban la instalación e irrumpieron sobre la pista y los hangares, peleando a muy corta distancia de los germanos. Así fue como tras una intensa batalla, los defensores finalmente se retiraron y los británicos declararon seguro el Aeródromo de Montecorvino.

La caída del Aeródromo de Montecorvino fue la única buena noticia para los Aliados aquel 11 Septiembre porque en el resto de sectores los reveses se multiplicaron. Por ejemplo el XIV Cuerpo Panzer volvió a lanzar un contraataque apoyado por piezas de artillería que en esta ocasión resultó ser un éxito porque después de sepultar los proyectiles las posiciones de los invasores a las afueras de Salerno, los soldados alemanes se infiltraron en la primera vanguardia de trincheras e hicieron nada menos que 1.500 prisioneros anglo-estadounidenses que fueron enviados como botín a Roma. Tampoco en el Mar Mediterráneo las cosas fueron mejor porque 120 aviones de la Luftwaffe bombardearon a la Flota Aliada y liberaron algunas bombas teledirigidas Fritz-X1 que impactaron y echaron a pique siete lanchas de desembarco y dañaron a otras; además de colisionar el destructor norteamericano USS Rowan con una mina submarina italiana que provocó su hundimiento en tan sólo 2 minutos, perdiendo la vida 202 marineros a bordo.

El 12 de Septiembre los triunfos del XIV Cuerpo Panzer fueron aumentando en todo el perímetro alrededor de Salerno. Por ejemplo los granaderos de la 29ª División Panzergrenadier expulsaron de sus atrincheramientos a los soldados del VI Cuerpo Estadounidense, forzándoles a retirarse hacia la localidad de Altavilla Silentina. Simultáneamente la 56ª División Británica también fue desalojada de la localidad de Battiplagia que volvió a manos germanas, a la vez que la 16ª División Panzer frenaba en seco el avance de la 45ª División de Infantería Estadounidense en el pueblo de Eboli. A estos reveses hubo que sumar que el Aeródromo de Montecorvino fue presa del fuego intenso de la artillería alemana que con cientos de proyectiles batió las instalaciones y lo dejó completamente inoperativo, viéndose forzados los británicos a levantar una pista provisional en el diminuto Aeródromo de Paestum (que no satisfacía las necesidades requeridas para operar a la aviación).

Soldados italianos de la 184ª División Paracaidista Nembo y alemanes de la 29ª División Panzergrenadier en medio de la ruta de Calabria a Salerno.

Al amanecer del 13 de Septiembre de 1943, el XIV Cuerpo Panzer volvió a arremeter contra el círculo defensivo exterior a Salerno con la 16ª División Panzer, la 29ª División Panzergrenadier y un batallón fascista italiano de la 184ª División Paracaidista “Nembo” que había decidido ser leal a Alemania tras su retirada de Calabria. Disfrutando de una barrera de fuego artillera previa, los germanos pasaron por encima de las líneas de la 56ª División de Infantería Británica y ocuparon Battiplagia, antes de tomar el pueblo de Eboli y destruir a un batallón norteamericano al completo durante la conquista de Altavilla Silentina; exactamente igual que hicieron los italianos arrebatando a los invasores la población de Persano. Incluso frente a la costa del Mar Mediterráneo los aviones de la Luftwaffe se distinguieron porque con sus bombas teleguiadas Fritz-X1 generaron daños de consideración al crucero inglés HMS Uganda y al norteamericano USS Philadelphia. A la caída de la tarde la situación se volvió crítica porque los alemanes avanzaban hacia las cabezas del Río Sele y el Río Calero, amenazando con aislar al VI Cuerpo Estadounidense del X Cuerpo Británico. De hecho y mientras se movilizaba en las playas a todo el personal militar, incluyendo chóferes y cocineros a los que se repartieron fusiles para resistir en una última línea defensiva en la orilla, el general Mark Clark que lideraba al VI Cuerpo Estadounidense habló con el almirante Andrew Cunningham de la Flota Aliada ante la posibilidad de tener que efectuar una evacuación como la de Dunkerque en 1940.

La única esperanza de los VI y X Cuerpos Estadounidense y Británico era que el grueso del VIII Ejército Británico del mariscal Bernard Montgomery que avanzaba desde las cabezas de Tarento y Calabria en el sur, enlazase con ellos antes de que se produjera su total destrucción en las playas de Salerno. Desgraciadamente las tropas anglo-canadienses que recientemente acababan de ocupar la ciudad de Castellaneta y el Aeródromo de Gioia del Colle, todavía se hallaban muy lejos de las fuerzas desembarcadas en la “Operación Avalanche”. Fue entonces cuando al general Mark Clark se le ocurrió recurrir a la 82ª División Aerotransportada que aguardaba en Sicilia, algo que a su líder, el general Matthew Ridway, le pareció una completa locura, aunque aún así aceptó el reto porque al anochecer del 13 de Septiembre sus paracaidistas partieron rumbo a Italia.

Salto de la 82ª División Aerotransportada

A la medianoche del 13 al 14 de Septiembre de 1943, un total de 1.300 paracaidistas norteamericanos de la 82ª División Aerotransportada que iban a bordo de transportes C-47 Dakota, saltaron en paracaídas sobre la Península Italiana cerca de la ciudad de Paestum. Una vez los soldados aterrizaron en tierra sin demasiadas dificultades lejos de las posiciones del XIV Cuerpo Panzer, en seguida el general Mark Clark envió un convoy compuesto por varias decenas de camiones con que los recogieron a las tropas y las llevaron hasta el perímetro defensivo del VI Cuerpo Estadounidense en Salerno.

En la mañana del 14 de Septiembre, la 26ª División Panzer reanudó su ofensiva contra la cabeza de playa de Salerno, aunque en esta ocasión los soldados de la 46ª División de Infantería Británica detuvieron a los germanos ofreciendo una fiera resistencia entre las colinas y las playas. Aprovechando que los alemanes estaban estancados, la 56ª División de Infantería pasó al contraataque desde el flanco y chocó con sus reservas en el pueblo de Battiplagia, donde por el momento aguantaron a costa de cancelar el asalto contra la costa. Mucha menos suerte tuvieron los germanos contra el sector de la 82ª División Aerotransportada, pues los paracaidistas se defendieron tenazmente de los blindados enemigos destruyendo con sus armas anticarro a un total de 30 tanques y poniendo al resto en retirada, algo que el general Richard McCreery elogió con la frase “Sin novedad en el frente”.

Lanzamiento nocturno de paracaidistas norteamericanos de la 82ª División Aerotransportada desde aviones de transporte C-47 Dakota sobre Salerno. Arte digital.

La jornada del 15 de Septiembre de 1943 un total de 523 aviones de la Fuerza Aérea Estadounidense (USAF) entre los que había bimotores B-25 Mitchell y cuatrimotores B-17 y B-24 Liberator, protagonizaron un mortífero bombardeo contra las posiciones del XIV Cuerpo Panzer que les provocó numerosas bajas y les obligó a esconder sus fuerzas por detrás de cortinas de humo, impidiendo de este modo cualquier tipo de contraofensiva. Simultáneamente tampoco la Luftwaffe se quedó atrás porque los bombarderos germanos aparecieron sobre el litoral del Mar Mediterráneo, hundiendo con bombas a los tres transportes estadounidenses LCT-19, LCT-215 y LCT-241. Gracias a estas acciones aéreas que distrajeron a los alemanes de su cometido principal, en las playas de Salerno los Aliados pudieron desembarcar la 7ª División Blindada Estadounidense y por la noche saltar otros 2.100 paracaidistas más de refuerzo de la 82ª División Aerotransportada.

El 16 de Septiembre por la mañana la Fuerza Aérea Estadounidense mantuvo agachadas las cabezas de los soldados alemanes mediante un bombardeo sobre el anillo sobre Salerno, momento que aprovecharon los norteamericanos para lanzar a otros 600 paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada por detrás del Río Sele. A raíz de aquellos últimos acontecimientos con los que se reforzó notablemente la cabeza de playa de los Aliados, el general Heinrich Vietinghoff comprendió que continuar desencadenando ataques era un suicidio porque tarde o temprano sus unidades se verían envueltas por el VIII Ejército Británico que subía procedente de Tarento y Calabria.

Finalmente el 17 de Septiembre, el fuego de las piezas de artillería del XIV Cuerpo Panzer cesó sobre las posiciones del VI Cuerpo Estadounidense en cuanto el general Heinrich Vietinghoff ordenó la retirada definitiva hacia Nápoles y la “Línea Gustav” que se estaba construyendo en la Cordillera de los Apeninos. Al día siguiente, el 18, los germanos también rompieron el contacto con el X Cuerpo Británico, cuyos soldados no tardaron en dominar las colinas adyacentes al Aeródromo de Montecorvino. A pesar de todo la Luftwaffe cubrió el repliegue bombardeando la Flota Aliada, ya que después de escapar intactos los últimos batallones germanos, un avión hundió al dragaminas inglés HMS No.2019 cerca de Cotrone.

Conclusión

El 20 de Septiembre de 1943 finalizó la Batalla de Salerno después de que el XIV Cuerpo Panzer escapase intacto a otro lado del Río Voturno. Algo más abajo, las columnas del VIII Ejército Británico, cuya 1ª División Paracaidista entró en la ciudad de Foggia el 27 tras un espectacular avance de 201 kilómetros, a últimos de mes enlazó con las fuerzas de VI Cuerpo Estadounidense y el X Cuerpo Británico en las costas del Mar Tirreno, poniendo fin a la campaña sobre el sur de Italia.

Los Aliados sufrieron 12.560 bajas entre 2.009 muertos, 7.050 heridos, 1.500 prisioneros y 2001 desaparecidos; además de encajar unas pérdidas navales de 9 buques entre 1 destructor, 1 dragaminas, 1 minador, 1 lancha torpedera, 4 transportes y 1 remolcador, sin contar las varias lanchas de desembarco que resultaron hundidas.

El Eje sufrió 3.500 bajas entre muertos y heridos, más la destrucción de 95 tanques.

Terminada las Batallas de Salerno, Tarento y Calabria, la campaña por la Península Italiana no había hecho nada más que comenzar porque el X Ejército Alemán se encontraba en plenas facultades al otro lado del Río Volturno y protegido sobre la seguridad de varios cinturones fortificados, como por ejemplo la “Lína Gustav”. En ese contexto vendrían las lluvias del otoño y posteriormente la nieve a los Apeninos, dejando completamente paralizado el avance de los Aliados y convirtiendo la famosa frase del Primer Ministro Winston Churchill acerca de “la blanda panza del cocodrilo” para referirse a Italia, en todo lo contrario porque los anglo-estadounidenses permanecerían estancados allí durante toda la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, “Los Aliados desembarcan en Salerno”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.115-1.168
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 2, El triunfo y la tragedia. “III La invasión de Italia”, Planeta Deagostini (1959), p.272-279
-http://www.panzertruppen.org/ww2/1943/salerno.html
-http://www.panzertruppen.org/ww2/1943/bota.html