Desembarco en Salerno, Tarento y Calabria

Los desembarcos al sur de la Península Italiana marcaron un antes y un después en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial al sur de Europa y en general sobre el teatro bélico del Mar Mediterráneo. La «Operación Baytown» sobre Calabria, la «Operación Slaptisk» sobre Tarento y la «Operación Avalanche» sobre Salerno aceleraron la capitulación del Reino de Italia y al mismo tiempo propiciaron la intervención militar del Tercer Reich, una serie de acontecimientos que implicaron la apertura de un nuevo escenario bélico para los Aliados en el denominado Frente Italiano.

Plan Aliado

Al celebrarse en 1943 la Conferencia de Casablanca celebrada en Marruecos por parte del Presidente Franklin Delano Roosevelt de Estados Unidos y el Primer Ministro Winston Churchill del Reino Unido, los dos mandatarios acordaron abrir el «segundo frente» reclamado por Iósif Stalin para aliviar la presión que las potencias del Eje ejercían sobre la Unión Soviética. Aunque el líder norteamericano era partidario de invadir Francia, el premier británico prefería hacerlo en Italia alegando los dos siguientes motivos: en primer lugar los italianos estaban desmoralizados y deseosos de terminar la guerra tras el derrocamiento de Benito Mussolini y la disolución del régimen fascista después del golpe de Estado perpetrado por el Rey Víctor Manuel III y el mariscal Pietro Badoglio; y en segundo lugar desde la Península Italiana los occidentales podrían coordinarse con los partisanos en Yugoslavia, por ese entonces con unidades de tamaño división, con las que se podía contar de cara futuros desembarcos en los Balcanes.

La posibilidad de que Italia saliera de la contienda era muy atractivo para los Aliados, ya no sólo por la eventual capitulación de docenas de divisiones en la península, sino porque privaría al Eje de otras veintinueve en los Balcanes y cinco más en Francia. Esto sin duda ayudaría a la posterior planificación del Día-D para reabrir el Frente Occidental, aunque siempre que se efectuase una rápida ocupación del territorio italiano y se entrase en Roma lo antes posible. Según lo hablado nuevamente entre Roosevelt y Churchill durante la Conferencia en Washington de Mayo de 1943, la «Operación Trident», el objetivo primario sería el puerto de Nápoles por su gran capacidad de carga y modernas instalaciones. El único problema era que no se podía desembarcar directamente en sus muelles, ni tampoco en la ciudad de Gaeta más al norte debido a las poderosas fortificaciones de cemento en las playas y a que la aviación de caza anglo-estadounidense no contaba con radio de acción desde Sicilia. Esto redujo las posibilidades a otras opciones bastante alejadas de la capital que incluyeron Tarento y Calabria en el extremo sur de la bota, así como Salerno más arriba que al menos tan sólo se protegía con modestas trincheras y cuyas aguas carecían de bajíos.

Concluida la conquista de la Isla de Sicilia a finales de Agosto de 1943 durante la conocida como «Operación Husky», los Gobiernos de Washington y Londres, entendiendo lo cercana que estaban las costas de Italia a través del Estrecho de Messsina, finalmente se decantaron por invadir la Península Italiana. Así fue como en Argelia el Primer Ministro Winston Churchill convocó al general Sir Alan Brooke que coordinaba las fuerzas anglo-estadounidenses en el Mar Mediterráneo, al general Dwith Eisenhower que liderada la Fuerza Expedicionaria Aliada, al mariscal Harold Alexander responsable del Próximo Oriente, al general Arthur Tedder de la Fuerza Aérea Real Británica (Royal Air Force o RAF) y al almirante Andrew Cunningham de la Flota Real Británica del Mediterráneo (Royal Mediterranean Fleet), quienes acordaron llevar a cabo la agresión de la bota italiana en tres fases escalonadas denominadas «Baytown» para Calabria, «Avalanche» para Salerno y «Slaptisk» para Tarento.

Según el cometido de los Aliados dependiendo de la operación, las unidades implicadas y la fecha para su inicio, las tres operaciones previstas para la invasión del sur de Italia se efectuarían de la siguiente manera:
-1) Operación Baytown: Estaba prevista para el 3 de Septiembre de 1943, exactamente seis días antes de las otras dos, siendo su misión la de desembarcar en Calabria y asegurar la ruta marítima a través del Estrecho de Messina con Sicilia. El VIII Ejército Británico del mariscal Bernard Montgomery sería el encargado de la invasión con el XIII Cuerpo Británico del general Miles Dempsey que poseía la 1ª División de Infantería Canadiense del general Guy Simonds, la 5ª División de Infantería del general Gerard Bucknall y la 231ª Brigada Blindada del general Roy Urquhart.
-2) Operación Avalanche: Se trataba del grueso principal que desembarcaría en Salerno la jornada del 9 de Septiembre de 1943 con vistas a apoderarse del Aeródromo de Montecorvino y recorrer los 75 kilómetros que separaban esta cabeza de Nápoles. La fuerza principal era el V Ejército Estadounidense del general Mark Clark repartido en el X Cuerpo Británico del general Richard McCreery con la 46ª División de Infantería del general John Hawkesworth, la 56ª División de Infantería del general Douglas Graham y la 7ª División Blindada del general George Erskine, las cuales progresarían hacia el interior para tomar el nudo de Battipaglia y un puente situado 21 kilómetros a dentro sobre el Río Sele; así como en el VI Cuerpo Estadounidense del general Ernest Dawley con la 3ª División de Infantería del general Lucien Truscott, la 34ª División de Infantería del general Charles Ryder, la 36ª División de Infantería «Texas» del general Fred Walker, la 45ª División de Infantería del general Troy Houston Middleton y el Batallón de Rangers del teniente coronel William Darby que asegurarían la llanura sureste, apoyadas por un salto de la 82ª División Aerotransportada del general Matthew Ridway entre Capua y el Río Volturno.
-3) Operación Slaptisk: Constituía el último un desembarco en el Golfo de Tarento que se produciría a los pocos minutos de la «Operación Avalanche» en Salerno, pero en el extremo sur de la Penínsua Italiana. Los protagonistas de la acción serían las fuerzas del 12º Escuadrón de Cruceros Británico del vicealmirante Arthrur Power que desde Sicilia transportarían vía marítima a la 1ª División Aerotransportada del general George Hopkinson para enlazar con el XIII Cuerpo Británico de la «Operación Baytown», el cual supuestamente tendría que estar ascendiendo desde Calabria.

Ejército Aliado:
VIII Ejército Británico
·XIII Cuerpo Británico
-1ª División de Infantería Canadiense
-5ª División de Infantería Británica
-231ª Brigada Blindada Británica
V Ejército Estadounidense
·X Cuerpo Británico
-46ª División de Infantería Británica
-56ª División de Infantería Británica
-7ª División Blindada Británica
·VI Cuerpo Estadounidense Estadounidense
-3ª División de Infantería Estadounidense
-34ª División de Infantería Estadounidense
-36ª División de Infantería Estadounidense»Texas»
-45ª División de Infantería Estadounidense
-82ª División Aerotransportada Estadounidense
-Batallón Estadounidense de Rangers
·12º Escuadrón de Cruceros Británico
-1ª División Aerotransportada Británica

Aproximadamente los Aliados reunieron 189.000 soldados (119.000 británicos y 70.000 estadounidenses), 20.000 vehículos, 3.127 aviones y 309 navíos entre los que había 7 portaaviones, 4 acorazados, 3 cruceros, 65 destructores, 20 cargueros y 210 transportes (120 del tipo LST y 90 del tipo LCT).

Plan del Eje

Desde el derrocamiento de Benito Mussolini a manos del Rey Víctor Manuel III, era obvio que el Gobierno Provisional del mariscal Pietro Badoglio había entrado en negociaciones secretas para capitular ante los Aliados. Adolf Hitler que ya había imaginado una traición de este calibre, decidió adelantarse a los acontecimientos trasladando a grandes concentraciones de tropas a Italia bajo el pretexto de que veían a ayudar al país transalpino en su lucha contra los invasores occidentales; para mientras tanto ir afianzando posiciones y fortificando las costas al sur de la Península Italiana de cara al inevitable enfrentamiento con Estados Unidos y el Imperio Británico.

El Grupo de Ejércitos C del mariscal Albert Kesselring era el encargado de defender el sur de Italia mediante un total de 75.000 soldados, de los cuales 45.000 estaban atrincherados por detrás de las playas de Salerno y 30.000 de Tarento sobre colinas, búnkers, blocaos, trincheras, nidos de ametralladora y emplazamientos de artillería ocupados por el X Ejército Alemán del general Heinrich Vietinghoff que incluía al LXXVI Cuerpo Panzer del general Traugott Herr con la 1ª División Paracaidista del general Richard Heidrich, la 26ª División Panzer del general Smilo Freiherr Von Lüttwitz y la 29ª División Panzergrenadier del general Walter Fries, más al XIV Cuerpo Panzer del general Hermann Balck con la División Panzer «Hermann Goering» del general Paul Conrath, la 15ª División Panzergrenadier del general Eberhard Rodt y la 16ª División Panzer del general Rudolf Sieckenius. A estas unidades había que añadir sobre Calabria a las 25.000 tropas desplegadas por el XXXI Cuerpo Italiano del general Camillo Mercalli con la 104ª División de Infantería «Mantua» del general Guido Bologna, la 211ª División de Costa del general Francesco La Ferla y el 185º Regimiento Paracaidista «Nembo» del coronel Angelo Massimino.

Caza Macchi MC.202 Folgore en Calabria durante la «Operación Baytown».

La playa de Salerno era de una de las menos defendidas de Italia en comparación con las de Nápoles o el Golfo de Gaeta, ya que a lo largo de los 30 kilómetros de costa el Ejército Italiano tan sólo había levantado una concertina de alambre en espiral y construido diecisiete búnkers, tres casamatas, ocho barricadas, 150 nidos de ametralladoras y 42 emplazamientos de artillería (tres para cañones pesados y 39 para ligeros). A estas escasas defensas hubo que añadir que el blando lecho marino poseía una pendiente favorable que permitía la fácil aproximación de cualquier embarcación hasta la misma orilla, siendo el único obstáculo más o menos ventajoso para los germanos la Desembocadura del Río Sele que dividía el litoral en dos sectores y por tanto mantendría incomunicados a los Aliados.

A lo largo y ancho de los otros sectores tanto en el Golfo de Tarento como en el Estrecho de Messina, las fuerzas del Eje también fortificaron los puntos más vulnerables, en especial mediante campos barridos por baterías de costa, aunque algunas resultaron voladas por los raids de la aviación anglo-estadounidense. De la misma manera tendieron un sistema de minado a conciencia, en ocasiones muy eficaz que impidió a la Flota Aliada aproximarse a la costa en los días previos, tal y como demostró el destructor italiano Vivaldi cuando al mando del intrépido capitán Francesco Camicia hundió con artefactos marinos frente a Calabria al submarino británico HMS Parthian, al mercante SS Selling y a la lancha LCT-154.

Grupo de Ejércitos C:
X Ejército Alemán
·LXXVI Cuerpo Panzer Alemán
-1ª División Paracaidista
-26ª División Panzer
-29ª División Panzergrenadier
·XIV Cuerpo Panzer Alemán
-División Hermann Goering
-15ª División Panzergrenadier
-16ª División Panzer
XXXI Cuerpo Italiano
-104ª División de Infantería «Mantua»
-211ª División de Costa
-185º Regimiento Paracaidista «Nembo»

Aproximadamente el Eje reunió a un total de 100.000 soldados entre 75.000 alemanes y 25.000 italianos, así como 722 aviones.

Desembarco en Calabria

A las 4:30 horas del 3 de Septiembre de 1943, coincidiendo con el cuarto aniversario de la entrada del Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial, una escuadra de cuatro acorazados y varios destructores de la Marina Real Británica que sumaban 120 tubos de los 381 a los 100 milímetros, comenzaron a bombardear la punta sudoccidental de la Península Italiana en los alrededores de Regio Calabria, a los que muy pronto se unieron salvas de cohetería y aparatos de ataque a tierra de la aviación anglo-norteamericana. Simultáneamente 630 piezas de artillería de largo alcance emplazadas al noreste de Sicilia, de las que 200 eran de mediano o gran calibre, incluyendo cuatro grupos pesados de 155 milímetros y cuatro batallones de cañones del Ejército Estadounidense, descargaron otro diluvio de fuego contra el litoral opuesto que implicó la caída de nada menos que 29.000 proyectiles y 40.000 kilogramos de explosivo.

Crucero pesado norteamericano USS Philadelfia escoltado por un destructor se moviliza en el Mar Mediterráneo para atacar la Península Itálica.

Mientras los soldados del Ejército Italiano buscaban refugio en los atrincheramientos circundantes a Calabria, una flotilla de 22 grandes transportes del modelo LST y 270 lanchas cargadas con infantes anglo-canadienses, atravesaron los escasos 3 kilómetros de agua que separaban el Estrecho de Messina bajo al escolta de tres cruceros, seis destructores, dos monitores y tres cañoneras, perdiéndose únicamente durante el trayecto la barcaza LCI-107 tras encallar en unas rocas y hundirse. Acto seguido las tropas desembarcaron sobre las playas de San Giovanni, Melito, Catona, Pentimele, Calamizzi y Gallico, en donde tras una breve oposición de la 211ª División de Costa, todos los defensores latinos optaron por rendirse y entregar sin pegar un sólo tiro el puerto de Calabria. Solamente hubo una resistencia más o menos aceptable en la Bahía de Bagnara, en cuyas inmediaciones los italianos provocaron a los ingleses 22 bajas entre 5 muertos y 17 heridos, antes de capitular también a las fuerzas de la Commonwealth.

La actitud tan cobarde del XXXI Cuerpo Italiano, obligó a la 26ª División Panzer y la 29ª División Panzergrenadier que estaba desplegadas al sur de Italia, a replegarse hacia el sector de Salerno mientras se dedicaban a destruir con explosivos y dinamita el mayor número de instalaciones posibles, nudos ferroviarios y puentes, además de colocar cientos de obstáculos y plantar minas para retrasar el avance del enemigo. Los latinos por el contrario se mostraron muy poco motivados, pues salvo por algunas acciones de retardo y escaramuzas protagonizadas por la 104ª División de Infantería «Mantua», la 5ª División de Infantería Británica progresó en paralelo a la costa del Mar Tirreno y la 1ª División de Infantería Canadiense hacia el litoral del Mar Jónico, aunque siempre lentamente por culpa las impracticables carreteras, los bloqueos hechos por los ítalo-germanos a mitad del camino y la retirada tanto de obstáculos como de desescombro.

Coincidiendo con la «Operación Baytown» en Calabria, la tarde del 3 de Septiembre la Flota Aliada zarpó de los muelles de Trípoli en Libia con el X Cuerpo Británico, del dique de Orán en Argelia con el VI Cuerpo Estadounidense y de los puertos de Alejandría en Egipto y de La Valetta en Malta con el 12º Escuadrón de Cruceros. A los dos días de la travesía sobre el Mar Mediterráneo, el 5 de Septiembre, algunas embarcaciones rápidas se adelantaron al grueso principal y desembarcaron en Calabria a la 160º Compañía de Construcción Ferroviaria, cuyos ingenieros contribuyeron a despejar los rocas y pasos de montaña entre Palmi y Reggio como paso previo a la «Operación Slapstick» sobre el Golfo de Tarento.

Entre los días 5 y 7 de Septiembre una columna de 5.000 hombres de la 1ª División de Infantería Canadiense se vio en problemas cuando alcanzó el Macizo de Aspromonte, ya que fue emboscada desde riscos y bosques por 400 defensores italianos del 185º Regimiento Paracaidista «Nembo» bajo el mando del capitán Conti Barbaro. La mayoría de estos soldados latinos de entre 19 y 20 años, fueron capaces de infligir cuantiosas bajas a los fusileros del Regimiento de Nueva Escocia, aunque poco a poco se fueron replegando sobre el terreno y cendiendo el control de Bagaldi, San Lorenzo, Platí y Santa Cristina para finalmente atrincherarse en el Altiplano de Zillastro.

Tropas británicas desembarcando en Calabria durante la «Operación Baytown».

La jornada del 7 de Septiembre de 1943, unidades de apoyo de la Flota Aliada fueron avistadas por 180 aviones de la Fuerza Aérea Alemana que bombardearon el puerto de Bizerta en Túnez con escasos resultados porque las bombas solo generaron daños en algunas de las instalaciones. Sin embargo y pese a la fallida incursión en el Norte de África, el plan había sido descubierto por el Eje, ya que al anochecer fue interceptada el grueso de la escuadra enemiga cerca de Vibo Valencia al sur de Italia, donde un avión alemán atacó a los barcos soltando un torpedo que impactó y hundió a la lancha torpedera británica HMS MTB Nº.77.

A primeras horas del 8 de Septiembre comenzó la Batalla del Altiplano de Zillastro en el sector de la 1ª División de Infantería Canadiense cuando las fuerzas del Regimiento de Nueva Escocia se lanzaron al asalto contra el batallón latino del 185º Regimiento Paracaidista «Nembo». Contra todo pronóstico los italianos resistieron en la cumbre e infligieron cuantiosas pérdidas a sus rivales, hasta que se les agotaron las municiones y granadas de mano, por lo que entonces cargaron cuesta abajo para emprenderla a culatazos de fusil contra los sorprendidos voluntarios de Canadá. A pesar de que la mayor parte de los paracaidistas consiguió escapar a través de la Sierra de San Bruno en dirección hacia Salerno, se contabilizaron un total de 75 bajas italianas entre seis muertos, doce heridos y 57 prisioneros, mientras que los canadienses encajaron varias docenas, incluyendo la muerte de dos oficiales.

En la tarde del 8 de Septiembre, la Flota Aliada echó el ancla frente al Golfo de Nápoles, justo cuando el mariscal Pietro Badoglio, siguiendo instrucciones del Rey Víctor Manuel III, anunció por radio a las 19:45 horas la capitulación de Italia y la existencia del Armisticio de Cassibile recién firmado con los Aliados. Inmediatamente a la difusión de la noticia, los soldados y tripulaciones embarcadas a bordo de la escuadra estallaron en gritos de jolgorio y alegría, celebrándolo por todo lo alto con tragos de sus cantimploras y hasta brindando con whisky. Aunque los oficiales intentaron poner orden desde megafonía, tardaron bastante en explicar a sus hombres que la guerra no había acabado, pues los alemanes dominaban la costa y tendrían que enfrentarse a ellos, algo que hizo decaer de golpe la moral con efectos devastadores para su psicología de cara al inminente comienzo de la «Operación Avalanche».

Desembarco en Salerno

A las 2:00 horas de la madrugada del 9 de Septiembre, un conglomerado de lanchas de desembarco LST o LCVP y transportes anfibios DUKW en formación de V, iniciaron la travesía de entre 5 y 7 kilómetros sobre el Golfo de Salerno. Lamentablemente antes ni tan siquiera de acercarse al litoral, un avión de reconocimiento de la Fuerza Aérea Alemana avistó a las embarcaciones cargadas de tropas, por lo que inmediatamente informó a las guarniciones en la costa que dispararon sus baterías navales y piezas de artillería descargando una gran cantidad de proyectiles y granadas de diversos calibres. Acto seguido los cruceros y destructores respondieron al fuego, iluminando totalmente la noche con tiros y bengalas, algo que dejó desprotegidas a las barcazas porque algunas fueron alcanzadas y hundidas.

Después de una hora de intercambio de disparos entre la Flota Aliada y la guarnición de Salerno que acabó con la destrucción de seis baterías italianas (abandonadas por los artilleros latinos esa noche), a las 3:10 un grupo de norteamericanos adscritos al Comando de «Rangers» liderado por el oficial William Barby, desembarcaron en la Playa de Mariori para asegurar con facilidad la única carretera en las inmediaciones, en donde tras eliminar a dos vehículos ligeros alemanes, ascendieron hasta la entrada del Paso de Chiunzi. Al cabo de veinte minutos, a las 3:30 horas, un segundo grupo de comandos británicos al mando del oficial Robert Laycock fueron depositados en una playa cercana, aunque en esta ocasión no tuvieron tan suerte como los estadounidenses porque recibieron un bombardeo de morteros y tiros de fusilería que les dejaron completamente inmóviles en el sector de Viteri Sul Mare.

Oficialmente a las 4:00 de la madrugada comenzó la «Operación Avalanche» cuando las barcazas se deslizaron sobre la orilla y bajaron sus rampas sobre las playas de Salerno, desembarcando primero a las tropas de la 46ª División de Infantería y posteriormente al resto del X Cuerpo Británico. A pesar de que en el litoral apenas hubo resistencia por parte de los alemanes porque los invasores se apoderaron de las vertientes norte y sur, en cuanto avanzaron unos metros hacia el interior bajo el apoyo de las baterías de la Flota Aliada, las fuerza inglesas fueron inmediatamente castigadas y frenadas en seco por la guarnición germana atrincherada en el cercano Aeródromo de Montecorvino.

Simultáneamente se procedió al desembarco en Salerno del VI Cuerpo Estadounidense, siendo la 36ª División de Infantería «Texas» la primera unidad procedente de Norteamérica en pisar la Península Italiana. Lamentablemente a los pocos minutos de poner el pie en la arena, una bengala iluminó el entorno justo en el instante en que las barcazas estaban descargando material, por lo que inmediatamente cayó sobre los invasores una lluvia de cohetes y proyectiles de artillería. Durante el infierno desatado, decenas de lanchas de desembarco ardieron con hombres en su interior y otras se hundieron en el agua, mientras docenas de soldados fueron despedazados en la orilla por las detonaciones o acribillados por las ametralladoras de las colinas circundantes, en especial las instaladas en el Monte Soprano.

Contingente de tropas estadounidenses con sus fusiles al hombro desembarca en Salerno en la primera mañana de la «Operacón Avalancha».

Los soldados del VI Cuerpo Estadounidense sufrieron una verdadera matanza a costa de tan sólo arañar 500 metros en la «Playa Azul», 350 metros en la «Playa Amarilla» y menos de 70 metros en la «Playa Roja» y la «Playa Verde». El caos fue de tal magnitud que se produjeron numerosos accidentes, como varias colisiones de barcazas y DUKW que provocaron la caída de armamento al agua, incluyendo un mortero de 60 milímetros y un tanque Sherman que se hundieron; al mismo tiempo en que cuantioso material era destrozando sobre la orilla, como ocurrió con la mayor parte de las radios, tres excavadoras y un obús de 105 milímetros. De hecho los alemanes se confiaron tanto que efectuaron un contraataque cuesta abajo mediante cinco carros Panzer IV que arroyaron a un batallón entero, aunque al final se replegaron tras perder dos blindados a manos de los infantes norteamericanos que se defendieron enterrándose en zanjas y dejando que les pasaran por encima. Algo similar sucedió con otros dos contragolpes, uno protagonizado por dieciséis Panzer IV y otro por trece, pero también fracasaron porque los estadounidenses volaron siete carros con bazookas, uno por el recién condecorado cabo Royce Davis.

El enfrentamiento más violento se desarrolló en las ruinas de Paestum, una colonia griega del siglo VI a.C con templos de columnas dóricas que enlazaban con un complejo arquitectónico etrusco de 5.000 metros de superficie en bloques de piedra y algunos tramos de 15 metros de alto, así como por una torre de medieval que los alemanes emplearon como puesto de observación. Después de recibir un letal fuego de ametralladoras desde los restos arqueológicos, las tropas del 2º Batallón del 142º Regimiento de Infantería al mando del coronel John Forysthe, las cuales acababan de tomar el Cerro 140, lograron despejar de germanos el enclave y empujarles más allá del Arroyo de La Cosa.

A partir del estancamiento en las playas de Salerno, la Fuerza Aérea Alemana aprovechó las favorables circunstancias para atacar desde el aire a la Flota Aliada con cazabombarderos bimotores Messerschmitt Bf 110 y bombarderos en picado Stuka, así como también algunos cazas italianos Macchi MC.205 Veltro que permanecieron fieles al Eje gracias a la iniciativa de su comandante fascista, el teniente coronel Tito Falconi. A pesar de que los portaaviones hicieron despegar a sus cazas embarcados para proteger a los buques que se dirigían a la costa, algunas barcazas fueron ametralladas a ras del agua y echadas a pique; además de resultar hundidos con bombas otros dos navíos, en concreto la barcaza británica LCT-579 y el remolcador norteamericano USS Nauset con 18 marineros muertos.

Con la mañana ya avanzada el 9 de Septiembre, las bajas de las tropas estadounidenses se fueron multiplicando sobre Salerno, especialmente en torno al sector del Río Sele, llegando a sumar las 500 entre muertos y heridos a cambio de tan sólo haber capturado 40 prisioneros germanos. Sin embargo la situación mejoró bastante con la entrada en acción de los cazabombarderos P-51 Mustang, ya que gracias a su elevada velocidad y a la precisión de los impactos, destruyeron un gran número de puestos defensivos alemanes. A raíz de esta ayuda desde el aire, los soldados atrapados en la orilla pudieron flanquear una de las colinas del Río Sele y alcanzar la vía de ferrocarril próxima al Río Solofrone, lo que abrió una brecha en el dispositivo germano con la cual el VI Cuerpo Estadounidense avanzó hacia el interior de la provincia de Catania.

Desembarco en Tarento

Al amanecer del 9 de Septiembre de 1943, los navíos de la Flota Real Británica del Mediterráneo entraron en el Golfo de Tarento. A bordo de las barcazas escoltadas por destructores y dragaminas iban los soldados de la 1ª División Aerotransportada, cuyos hombres se encontraban algo desmotivados con sus mandos por no haberlos escogido para saltar desde aviones y en su lugar embarcarlos a bordo de buques. La travesía transcurrió sin incidentes porque los dos acorazados ingleses HMS King George V y HMS Howe, más los cinco cruceros HMS Aurora, HMS Dido, HMS Penélope, HMS Sirius y el norteamericano USS Boise, intimidaron a los dos acorazados italianos Andrea Caio Dulio que salieron de la rada de Tarento con bandera blanca en los mástiles con la función de rendirse a los Aliados en el puerto de La Valetta de Malta.

La 1ª División Paracaidista de la Luftwaffe que se encontraba dentro de Tarento, emprendió la retirada en cuanto contempló aproximarse a la Flota Aliada siguiendo órdenes del general Richard Heidrich. Solamente un grupo muy reducido de germanos e italianos que no se habían enterado de la capitulación del Reino de Italia, se atrincheraron en el sector de Scanzano, por lo que fue necesario la intervención de un escuadrón de bombarderos B-26 Marauder que soltaron sus bombas sobre sus emplazamientos, propiciando la inmediata deserción de los latinos y la huida de los alemanes hacia la seguridad de la Cordillera de los Apeninos.

Pintura del hundimiento del minador británico HMS Abdiel al chocar con una mina marina italiana en aguas de Tarento durante la «Operación Slapstick».

Hasta las 15:00 horas de la tarde el grueso de la Flota Aliada no entró en el puerto de Tarento después de que el destructor HMS Javelin retirase las minas acuáticas que bloqueaban la entrada a las instalaciones. Dos horas después, a las 17:00, los paracaidistas ingleses de la 1ª División Aerotransportada desembarcaron en los muelles y los diques militares haciendo prisioneros a miles de tropas italianas que se entregaron sin combatir, antes de que el general George Hopkinson aceptase la rendición al completo de la guarnición transalpina en el Hotel Albergo Europa.

Al día siguiente de la conquista de Tarento, el 10 de Septiembre, comenzaron a producirse los primeros incidentes en la ciudad, como por ejemplo sucedió cuando un paracaidista alemán rezagado que se había escondido para actuar como un francotirador, disparó y mató al general George Hopkinson que hasta entonces había liderado a la 1ª División Aerotransportada. Sin embargo mucho peor fue lo ocurrido en el Golfo de Tarento porque el minador HMS Abdiel colisionó con una mina italiana sumergida y quedó envuelto por una explosión con la que rápidamente se hundió, sufriendo la tripulación un total de 260 bajas entre 106 muertos y 154 heridos.

El asegurar las inmediaciones de Tarento todavía llevaría a cabo una jornada más porque aquel 10 de Septiembre los paracaidistas de la 1ª División Aerotransportada consiguieron tomar Massafra, pero se vieron ralentizados en Castellaneta a la hora de intentar enlazar con las fuerzas de la «Operación Baytown» en Calabria y la «Operación «Avalanche» en Salerno. Fortuitamente en el sector contrario de la vertiente oriental con el Mar Adriático, la «Operación Slaptisk» fue un éxito porque los británicos entraron en los puertos de Brindisi y Bari, precisamente donde se había refugiado el general Pietro Badoglio y el Rey Víctor Manuel III, con quienes pusieron en marcha la instauración de un gobierno provisional bautizado como la Italia Cobeligerante o Reino del Sur.

Contraofensiva del XIV Cuerpo Panzer

El 10 de Septiembre de 1943, el general Heinrich Vietinghoff lanzó a la ofensiva al XIV Cuerpo Panzer contra la VI Cuerpo Estadounidense. La protagonista de la arremetida fue la 16ª División de Panzer que en seguida sufrió los efectos de las baterías navales de la Flota Aliada que con sus grandes calibres destruyó e incluso volcó a un buen puñado de tanques alemanes. A este devastador fuego pronto se sumó la artillería anticarro emplazada en las playas y los tanques Sherman recién desembarcados que provocaron una verdadera masacre, pues numerosos carros germanos resultaron pulverizados, haciendo fracasar la operación del XIV Cuerpo Panzer.

En el sector del X Cuerpo Británico mientras tanto, la 46ª División de Infantería y los comandos del oficial Robert Laycock conquistaron finalmente la estratégica ciudad de Salerno después de cruentos combates contra los defensores germanos, además de enlazar con las fuerzas norteamericanas del Comando de «Rangers» que esperaban ser relevadas desde hacía veinticuatro horas en el Paso de Chiunzi. Sin embargo los ingleses no fueron capaces de ganar un sólo metro de terreno en el fuertemente defendido Aeródromo de Montecorvino, una dificultad similar que también se vivió en el lado del VI Cuerpo Estadounidense porque tras la explosión accidental de una cisterna costera y un depósito de gasolina, la mayor parte de sus columnas motorizadas quedaron inmovilizadas por culpa de la escasez de carburante.

Tropas norteamericanas en la cabeza de playa de Salerno.

Nuevamente al amanecer del 11 de Septiembre, el X Cuerpo Británico puso en marcha un tercer asalto contra el Aeródromo de Montecorvino que estuvo precedido de un contundente cañoneo naval por parte de los buques de la Flota Aliada. Después de causar graves daños a las posiciones alemanas con el fuego de los grandes calibres de acorazados, cruceros y destructores, los soldados ingleses despejaron una a una las colinas que rodeaban la instalación e irrumpieron sobre la pista y los hangares, peleando a muy corta distancia de los germanos. Así fue como tras una intensa batalla, los defensores finalmente se retiraron y los británicos declararon seguro el Aeródromo de Montecorvino.

La caída del Aeródromo de Montecorvino fue la única buena noticia para los Aliados aquel 11 Septiembre porque en el resto de sectores los reveses se multiplicaron, especialmente sobre el área de 18 kilómetros entre Vietri y Battipaglia. Allí el XIV Cuerpo Panzer volvió a lanzar un contraataque apoyado por piezas de artillería que en esta ocasión resultó ser letal porque al poco de sepultar los proyectiles las posiciones de los invasores a las afueras de Salerno, los soldados alemanes se infiltraron en la primera vanguardia de trincheras e hicieron nada menos que 1.500 prisioneros anglo-estadounidenses que fueron enviados como botín a Roma. Tampoco en el Mar Mediterráneo las cosas fueron mejor porque 120 aviones de la Luftwaffe bombardearon a la Flota Aliada y liberaron algunas bombas teledirigidas Fritz-X1 que impactaron y echaron a pique siete lanchas de desembarco, dañaron una cañonera holandesa y dejaron fuera de combate al crucero USS Savannah; además de colisionar el destructor norteamericano USS Rowan con una mina submarina italiana que provocó su hundimiento en tan sólo 2 minutos, perdiendo la vida 202 marineros a bordo.

El 12 de Septiembre los triunfos del XIV Cuerpo Panzer fueron aumentando en todo el perímetro alrededor de Salerno. Por ejemplo los granaderos de la 29ª División Panzergrenadier expulsaron de sus atrincheramientos a los soldados del VI Cuerpo Estadounidense, forzándoles a retirarse hacia la localidad de Altavilla Silentina con numerosos muertos, incluyendo el coronel John Forysthe. Simultáneamente la 56ª División Británica también fue desalojada de la localidad de Battiplagia que volvió a manos germanas, a la vez que la 16ª División Panzer frenaba en seco el avance de la 45ª División de Infantería Estadounidense en el pueblo de Éboli. A estos reveses hubo que sumar que el Aeródromo de Montecorvino fue presa del fuego intenso de la artillería alemana que con cientos de proyectiles batió las instalaciones y lo dejó completamente inoperativo, viéndose forzados los británicos a levantar una pista provisional en el diminuto Aeródromo de Paestum (que no satisfacía las necesidades requeridas para operar a la aviación).

Otro de los focos de intensidad de la Batalla de Salerno fue la Fábrica de Tabaco en el punto de unión del Ejército Estadounidense y el Ejército Británico, un complejo de cinco edificios tabacaleros justo en medio de los caminos hacia Battipaglia, Éboli y Ponte Sele que los norteamericanos tomaron tras una serie de asaltos y contraataques bastante costosos, uno protagonizado por ocho tanques germanos que sin éxito trataron de desalojarlos. Sin embargo los estadounidenses permanecerían poco en aquellos edificios debido a que a primera hora del 13 de Septiembre un grupo de 21 carros Panzer IV arremetieron contra ellos, quince por la derecha y seis por la izquierda bajo el apoyo de cañones remolcados, por lo que a 150 metros de los defensores éstos entraron en pánico y cedieron, permitiendo al Eje reconquistar por segunda vez la Fábrica de Tabaco.

Soldados italianos del 5º Regimiento Paracaidista Nembo y alemanes de la 29ª División Panzergrenadier en medio de la ruta de Calabria a Salerno.

Al amanecer del 13 de Septiembre de 1943, el XIV Cuerpo Panzer volvió a arremeter contra el círculo defensivo exterior a Salerno con la 16ª División Panzer, la 29ª División Panzergrenadier y un batallón fascista italiano de la 184ª División Paracaidista «Nembo», el cual había decidido mantenerse leal a Alemania tras su retirada de Calabria por iniciativa de su capitán Edoardo Sala. Gracias a que los germanos disfrutaron de una barrera de fuego artillera previa, en seguida pasaron por encima de las líneas de la 56ª División de Infantería Británica y ocuparon Battiplagia, antes de tomar el pueblo de Éboli y destruir a un batallón norteamericano al completo durante la conquista de Altavilla Silentina; exactamente igual que hicieron los italianos arrebatando a los invasores la población de Persano. El resultado de aquella ofensiva que condujo a las fuerzas del Eje hasta la orilla norte del Río Calore costó a los Aliados más de 500 bajas, la mayoría cautivos, mientras que tan sólo 334 lograron escapar sumando a nueve oficiales y 325 infantes. Tampoco ante las costas del Mar Mediterráneo las cosas fueron menor porque los aviones de la Luftwaffe se distinguieron con sus bombas teleguiadas Fritz-X1 a la hora de generar daños de consideración al crucero inglés HMS Uganda y al norteamericano USS Philadelphia.

Caída la tarde de aquel aciago 13 de Septiembre, la situación se volvió crítica porque los alemanes avanzaban hacia las cabezas del Río Sele y el Río Calero, amenazando con aislar al VI Cuerpo Estadounidense del X Cuerpo Británico. De hecho y mientras se movilizaba en las playas a todo el personal militar, incluyendo chóferes, oficinistas y cocineros a los que se repartieron fusiles para resistir en una última línea defensiva apodada «agarre», el general Mark Clark que lideraba al VI Cuerpo Estadounidense habló con el almirante Andrew Cunningham de la Flota Aliada ante la posibilidad de tener que efectuar una evacuación como la de Dunkerque en 1940, a la cual bautizaron como «Operación Sealion» y «Operación Seatrain» (para norteamericanos y británicos respectivamente).

La única esperanza de los VI y X Cuerpos Estadounidense y Británico era que el grueso del VIII Ejército Británico del mariscal Bernard Montgomery que avanzaba desde las cabezas de Tarento y Calabria en el sur, enlazase con ellos antes de que se produjera su total destrucción en las playas de Salerno. Desgraciadamente las tropas anglo-canadienses que recientemente acababan de ocupar la ciudad de Castellaneta y el Aeródromo de Gioia del Colle, todavía se hallaban muy lejos de las fuerzas desembarcadas en la «Operación Avalanche». Fue entonces cuando al general Mark Clark se le ocurrió recurrir a la 82ª División Aerotransportada que aguardaba en Sicilia, algo que a su líder, el general Matthew Ridway, le pareció una completa locura, aunque aún así aceptó el reto porque al anochecer del 13 de Septiembre sus paracaidistas partieron rumbo a Italia.

Salto de la 82ª División Aerotransportada

A la medianoche del 13 al 14 de Septiembre de 1943, un total de 1.300 paracaidistas norteamericanos de la 82ª División Aerotransportada que iban a bordo de 90 transportes C-47 Dakota, saltaron en paracaídas sobre la Península Italiana cerca de la ciudad de Paestum, haciéndolo a 243 metros del suelo sobre una llanura de un kilómetro de largo por 730 metros de ancho, en donde la mayoría cayeron correctamente, aunque algunos lo hicieron por error a entre 12 y 15 kilómetros de distancia con un saldo de tan sólo 73 heridos. Una vez los soldados aterrizaron en tierra sin demasiadas dificultades lejos de las posiciones del XIV Cuerpo Panzer, en seguida el general Mark Clark envió un convoy compuesto por varias decenas de camiones con que los recogieron a las tropas y las llevaron hasta el perímetro defensivo del VI Cuerpo Estadounidense en Salerno.

En la mañana del 14 de Septiembre, la 26ª División Panzer reanudó su ofensiva contra la cabeza de playa de Salerno, aunque en esta ocasión los soldados de la 46ª División de Infantería Británica detuvieron a los germanos ofreciendo una fiera resistencia entre las colinas y las playas. Aprovechando que los alemanes estaban estancados, la 56ª División de Infantería pasó al contraataque desde el flanco y chocó con sus reservas en el pueblo de Battiplagia, donde por el momento aguantaron a costa de cancelar el asalto contra la costa. Mucha menos suerte tuvieron los germanos contra el sector de la 82ª División Aerotransportada, pues los paracaidistas se defendieron tenazmente de los blindados de la 16ª División Panzer y la 29ª División Panzergrenadier, ya que descargaron un diluvio de fuego al que se sumaron cien proyectiles pesados de los buques de la Flota Aliada y bombas de 523 aviones entre los que hubo 187 del modelo B-25 Mitchell, 166 B-26 Marauder y 170 B-17. Gracias a este decisivo apoyo los estadounidenses lograron destruir a un total de 30 tanques, la mayoría con armas anticarro, además de poner al resto en retirada, algo que el general Richard McCreery elogió con la frase «Sin novedad en el frente».

Lanzamiento nocturno de paracaidistas norteamericanos de la 82ª División Aerotransportada desde aviones de transporte C-47 Dakota sobre Salerno. Arte digital.

La jornada del 15 de Septiembre de 1943 un total de 523 aviones de la Fuerza Aérea Estadounidense (USAF) entre los que había bimotores B-25 Mitchell y cuatrimotores B-17 y B-24 Liberator, protagonizaron un mortífero bombardeo contra las posiciones del XIV Cuerpo Panzer que les provocó numerosas bajas y les obligó a esconder sus fuerzas por detrás de cortinas de humo, impidiendo de este modo cualquier tipo de contraofensiva. Simultáneamente tampoco la Luftwaffe se quedó atrás porque los bombarderos germanos aparecieron sobre el litoral del Mar Mediterráneo, hundiendo con bombas a los tres transportes estadounidenses LCT-19, LCT-215 y LCT-241. Gracias a estas acciones aéreas que distrajeron a los alemanes de su cometido principal, en las playas de Salerno los Aliados pudieron desembarcar la 7ª División Blindada Estadounidense y por la noche saltar otros 2.100 paracaidistas más de refuerzo de la 82ª División Aerotransportada.

La jornada del 15 de Septiembre de 1943 un total de 523 aviones de la Fuerza Aérea Estadounidense (USAF) entre los que había bimotores B-25 Mitchell y cuatrimotores B-17 y B-24 Liberator, protagonizaron un mortífero bombardeo contra las posiciones del XIV Cuerpo Panzer que les provocó numerosas bajas y les obligó a esconder sus fuerzas por detrás de cortinas de humo, impidiendo de este modo cualquier tipo de contraofensiva. Simultáneamente tampoco la Luftwaffe se quedó atrás porque los bombarderos germanos aparecieron sobre el litoral del Mar Mediterráneo, hundiendo con bombas al carguero SS Bushrod Washington y a los tres transportes estadounidenses LCT-19, LCT-215 y LCT-241. Gracias a estas acciones aéreas que distrajeron a los alemanes de su cometido principal, en las playas de Salerno los Aliados pudieron desembarcar la 7ª División Blindada Estadounidense y por la noche llevar a 125 aparatos desde los que saltaron otros 2.100 paracaidistas de refuerzo para la 82ª División Aerotransportada.

El 16 de Septiembre por la mañana la Fuerza Aérea Estadounidense mantuvo agachadas las cabezas de los soldados alemanes mediante un bombardeo sobre el anillo sobre Salerno, momento que aprovecharon los norteamericanos para lanzar a otros 600 paracaidistas de la 82ª División Aerotransportada por detrás del Río Sele, los cuales saltaron desde 40 aviones a 610 metros del suelo cerca de Avellino, pero cayeron excesivamente dispersos a entre 6 y 40 kilómetros de distancia, por lo que 200 fueron capturados, se perdió todo el material de morteros o bazookas e incluso fue hecho prisionero el coronel Doyle Yardley. A raíz de aquellos últimos acontecimientos con los que se reforzó notablemente la cabeza de playa de los Aliados, el general Heinrich Vietinghoff comprendió que continuar desencadenando ataques era un suicidio porque tarde o temprano sus unidades se verían envueltas por el VIII Ejército Británico que subía procedente de Tarento y Calabria, más aún en cuanto tuvo constancia de que las fuerzas del Bernard Montgomery alcanzaron las barricadas de Lagonegro a 80 kilómetros de Paestum.

Finalmente el 17 de Septiembre, el fuego de las piezas de artillería del XIV Cuerpo Panzer cesó sobre las posiciones del VI Cuerpo Estadounidense en cuanto el general Heinrich Vietinghoff ordenó la retirada definitiva hacia Nápoles y la «Línea Gustav» que se estaba construyendo en la Cordillera de los Apeninos. Al día siguiente, el 18, los germanos también rompieron el contacto con el X Cuerpo Británico, cuyos soldados no tardaron en dominar las colinas adyacentes al Aeródromo de Montecorvino; al mismo tiempo en que los anglo-estadounidenses recuperaban Altavilla Silentina tras un bombardeo previo de 350 proyectiles navales, además de Persano, la Fábrica de Tabaco, Battipablia y Éboli. A pesar de todo la Luftwaffe cubrió el repliegue bombardeando la Flota Aliada, ya que después de escapar intactos los últimos batallones germanos, un avión hundió al dragaminas inglés HMS No.2019 cerca de Cotrone.

Conclusión

El 20 de Septiembre de 1943 finalizó la Batalla de Salerno después de que el XIV Cuerpo Panzer escapase intacto hacia la ciudad de Nápoles y se estableciese sobre la denominada «Línea Bernhard», no sin antes echar abajo 25 puentes para impedirles su uso a los Aliados. Algo más abajo las columnas del VIII Ejército Británico aseguraron Potenza esa misma jornada, mientras que tras desalojar a los 8.000 defensores alemanes de la 1ª División Paracaidista hacia una nueva línea entre Vichiaturo y Termoli, los ingleses entraron victoriosos en la ciudad de Foggia el 27. Hasta entonces el progreso de los efectivos implicados en la «Operación Baytown» había sido de 201 kilómetros para cuando finalmente a finales de mes las fuerzas enlazaron con las vanguardias del VI Cuerpo Estadounidense y el X Cuerpo Británico a orillas del Mar Tirreno, poniendo con ello fin a la campaña sobre el sur de Italia.

Los Aliados sufrieron 12.560 bajas entre 2.009 muertos, 7.050 heridos, 1.500 prisioneros y 2001 desaparecidos; además de encajar unas pérdidas navales de 10 buques entre 1 destructor, 1 dragaminas, 1 minador, 1 lancha torpedera, 1 carguero, 4 transportes y 1 remolcador, sin contar las varias lanchas de desembarco que resultaron hundidas.

El Eje sufrió 3.500 bajas entre muertos y heridos, más la destrucción de 95 tanques.

Terminada las Batallas de Salerno, Tarento y Calabria, la campaña por la Península Italiana no había hecho nada más que comenzar porque el X Ejército Alemán se encontraba en plenas facultades al otro lado del Río Volturno y protegido sobre la seguridad de varios cinturones fortificados, como por ejemplo la «Lína Gustav». En ese contexto vendrían las lluvias del otoño y posteriormente la nieve a los Apeninos, dejando completamente paralizado el avance de los Aliados y convirtiendo la famosa frase del Primer Ministro Winston Churchill acerca de «la blanda panza del cocodrilo» para referirse a Italia, en todo lo contrario porque los anglo-estadounidenses permanecerían estancados allí durante toda la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Martin Blumenson, De Salerno al Sangro, La Campaña Italiana, Volumen 1, «Salerno», HRM Ediciones (2025), p.115-241
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «Los Aliados desembarcan en Salerno», S.A.R.P.E. (1978), p.1.115-1.168
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 2, El triunfo y la tragedia. «III La invasión de Italia», Planeta Deagostini (1959), p.272-279
-Nino Arena, RSI Forze Armate della Repubblica Sociale, la Guerra in Italia 1943, «Operazione Baytown, lo Sbarco Inglese in Calabria», Ermmanno Albertelli Editore (2000), p.69-70
-http://www.panzertruppen.org/ww2/1943/salerno.html
-http://www.panzertruppen.org/ww2/1943/bota.html
-https://it.wikipedia.org/wiki/Battaglia_dello_Zillastro
-https://elgrancapitan.org/foro/viewtopic.php?t=27198