Bombardeo de Tokyo

El bombardeo de Tokyo fue con diferencia el más devastador y sangriento de toda la Segunda Guerra Mundial cuando las «superfortalezas volantes» B-29 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos redujeron a escombros y cenizas la capital de Japón. El resultado de los mortíferos raids fue la muerte de más de 200.000 civiles japoneses y la destrucción total de la ciudad más grande de Asia, lo que sin duda convirtió a esta incursión en la más letal registrada hasta la fecha por la Historia.

Preludio

La capital de Tokyo, antiguamente conocida como Edo, ostentó durante la Segunda Guerra Mundial el récord de ser la ciudad más grande de Asia por delante de Shangai en China y la segunda del mundo por detrás de Nueva York en los Estados Unidos. La población por aquel entonces era de 6.700.000 tokyotas, muchos de los cuales se concentraban sobre un amplio núcleo urbano interior entre el Palacio Imperial y el Barrio de Ginza desde los distritos de Akihabara, Ueno, Ningyocho y Ryogoku hasta el Parque de Kinshi. El resto de la ciudadanía por el contrario residía en un gigantesco extrarradio de industrias, factorías, polígonos y astilleros, así como en inmensas extensiones de viviendas construidas a base madera y tela con tejados coarrugados que se prolongaban desde el norte del Río Sumida hasta la Bahía de Tokyo.

Oficialmente el primer bombardeo de Tokyo tuvo lugar el 18 de Abril de 1942 durante el «Raid Doolittle» cuando 10 bombarderos B-25 Mitchell despegados del portaaviones USS Hornet (de un total de 15 debido a que los otros 5 se dirigieron a Nagoya, Yokohama, Kobe y Yokosuka) se presentaron de improviso sobre la capital de Japón. El ataque sorpresa liderado por el coronel James Doolittle causó 300 bajas civiles entre 50 muertos y 250 heridos, así como la destrucción o daños en las instalaciones de la Acería Central y la Planta de Gas y Energía Eléctrica, en dos complejos industriales, seis fábricas (de productos químicos, locomotoras, de acero, cemento, ladrillos y manufacturas), además de resultar incendiado un depósito de gasolina y ser derribados dos cazas nipones de los modelos Zero y Kawasaki Ki-61 Hien. El coste para los norteamericanos fue la pérdida del escuadrón al completo porque todos los B-25 Mitchell se estrellaron en China, aunque al menos la incursión demostró la vulnerabilidad de nada menos que el propio corazón del Imperio Japonés.

Bombarderos B-29 de la Fuerza Aérea Estadounidense junto al Monte Fuji.

A medida que las fuerzas de Estados Unidos avanzaban por el Océano Pacífico y se aproximaban a Japón, en Enero de 1944 el Gobierno de Tokyo ordenó crear una serie de cortafuegos en la capital para evitar la propagación de incendios en caso de un raid, derribándose para la ocasión 214.000 viviendas de todos los tipos y realojándose a sus vecinos en otros puntos del país, lo que permitió separar el trazado urbano mediante espacios lineales de 40 metros de anchura. Lamentablemente y a pesar de que la ciudad ya había experimentado el Terremoto de 1923 que causó más víctimas por el fuego que por el seísmo en sí, las autoridades no hicieron nada por modernizar las bombas de agua o disponer de protocolos adecuados contra los cortocircuitos eléctricos o las fugas de gas, limitándose tan sólo en invertir en el Cuerpo de Bomberos compuesto por 8.000 efectivos y 287 estaciones.

Las defensas de Tokyo recayeron fundamentalmente en la 1ª División de Artillería Antiaérea que poseía 780 cañones antiaéreos, la mitad pesados de 125, 120 u 88 milímetros (este último derivado del alemán Flak 88) y la otra mitad medianos o ligeros de 75, 30 o 25 milímetros, además de disponer de numerosos focos reflectores y radares de onda con 300 kilómetros de alcance. La aviación se articuló en la 10ª División Aérea y el 53º Regimiento Aéreo Nocturno con base en el distrito de Kantô, siendo 300 los cazas disponibles del modelo Zero, Kawasaki Ki-61 Hien, Nakajima Ki-43 Hayabusha, Nakajima Ki-44 Shoki, Nakajima Ki-84 Hayate, Kawanishi N1K Shinden y Mitsubishi J2M Raiden, incluyendo los bimotores nocturnos Kawasaki Ki-45 Toryu y Nakajima J1N Gekko.

Estados Unidos concentró en las Islas Marianas a un total de 125 bombarderos B-29 que a lo largo de la contienda aumentarían a más de 800, los cuales quedaron integrados en la XXI Fuerza Aérea al mando del general Haywood Hansell, quién a su vez estaba sometido al general Curtiss Le May en calidad de comandante en jefe de la aviación en el Frente del Pacífico. Los enormes cuatrimotores de la Compañía Boeing contaron con un personal de tierra de 34.000 efectivos y numerosas pistas repartidas en el Aeródromo de Isley Field en Saipán, los de West Field y North Field en Tinian, y el de Northwest Field en Guam, desde cuyo asfalto muy pronto partirían oleadas de «superfortalezas volantes» con las miras puestas en Tokyo.

Bombardeos de Tokyo

Bajo el nombre de «Operación San Antonio», a las 6:15 horas del 24 de Noviembre de 1944 comenzó la primera misión contra Tokyo cuando un total de 111 bombarderos B-29 despegaron desde las Islas Marianas en dirección a Japón. El vuelo transcurrió sin incidentes hasta que a las 13:00 horas del mediodía accedieron al archipiélago e hicieron un giro de 90º en torno al Monte Fuji, para acto seguido alcanzar la capital a unos 10.000 metros de altitud y a las 13:39 horas soltar varias toneladas de bombas que cayeron sobre el Barrio de Musashino. Como durante el alineamiento los aparatos se encontraron una fuerte corriente de aire denominada «jet stream», la cual soplaba a 200 kilómetros por hora, unas 59 «superfortalezas volantes» se dispersaron para liberar su carga sobre instalaciones portuarias y núcleos urbanos sin apenas efecto, mientras que los restantes 48 lo hicieron cerca del objetivo, siendo muy pocos artefactos los que impactaron en las factorías de la Compañía Aeronáutica Nakajima, considerada esencial por producir el 30% de los motores de aviación del país. De hecho los daños en las fábricas fueron mínimos, pues continuaron a pleno rendimiento con su actividad, mientras que los norteamericanos perdieron dos B-29, uno a manos de la artillería antiaérea y otro por un colisión de cola con un caza japonés Kawasaki Ki-61 Hien.

Formación de B-29 lanzando bombas sobre Tokyo.

El segundo raid sobre Tokyo lanzado el 27 de Noviembre de 1944 tampoco tuvo éxito debido a que los 81 B-29 empleados únicamente dañaron unos pocos muelles, mientras que el tercer bombardeo del día 30 sí provocó graves incendios en una barriada de civiles, pero sin verse afectado ningún objetivo estratégico. Al año siguiente, el 27 de Enero de 1945, una formación de «superfortalezas volantes» atacó el centro comercial de la capital, pero la incursión terminó en fracaso porque los aviones fueron víctimas de unas mil pasadas de los cazas japoneses que sin apenas bajas propias derribaron nueve B-29.

Durante las semanas siguientes la ciudad de Tokyo recibiría otros cuatro raids, la mayoría contra la Compañía Nakajima del Barrio de Musashino, en cuyo distrito tan sólo cayeron el 10% de las bombas arrojadas, de las cuales únicamente el 2% infligió algún tipo de daño en las industrias, todo ello a costa de perderse quince B-29. El único bombardeo que sí fue letal fue el lanzado por 229 «superfortalezas volantes» el 25 de Febrero, ya que las 454 toneladas de bombas incendiarias hicieron blanco sobre un área urbana de 1’5 kilómetros cuadrados en torno al Río Sumida, chamuscando o causando desperfectos en 18.000 hogares. También la aviación embarcada protagonizó una incursión durante este período tras poner en el aire a 168 cazabombarderos Hellcat y Corsair procedentes de portaaviones anclados a 193 kilómetros de la costa, cuyos pilotos atacaron los aeródromos situados alrededor de Tokyo, en donde destruyeron tanto en tierra como en el aire a 40 cazas japoneses a costa de perderse 12 aparatos propios.

El general Curtiss Le May que se había hecho cargo de la Fuerza Aérea Estadounidense en las Islas Marianas, estaba tan descontento con los resultados obtenidos que optó por cambiar de estrategia y bombardear de noche a baja altura, más o menos a una distancia de entre 1.500 a 2.500 metros del suelo. A pesar de que los cálculos indicaban que las bajas serían altas, en torno al 70% de la fuerza atacante con 200 aviones perdidos y la muerte de 2.000 tripulantes (luego ni de cerca se cumplirían estos datos para suerte de los norteamericanos), se esperaba que con dicho sacrificio se consiguiese borrar a Tokyo de la faz de la Tierra y poner de rodillas al Imperio Japonés.

Bombas cayendo sobre muelles en Tokyo.

En torno a las 17:35 horas de la tarde del 9 de Marzo de 1945 tendría lugar el mayor bombardeo sobre una ciudad de la Segunda Guerra Mundial cuando 352 cuatrimotores B-29, el 84% de los disponibles en el Frente del Pacífico, fueron despegando en intervalos de 50 segundos desde las Islas Marianas, haciéndolo 161 de la 73ª Ala desde Tinian, 110 de la 313ª Ala desde Saipán y 54 de la 314ª Ala desde Guam. Las tres formaciones efectuaron un vuelo de siete horas, estando separadas por un techo de 1.500, 1.800 y 2.000 metros de altura de manera respectiva, mientras en sus bodegas albergaban entre todos los aparatos un total de 10.800 kilogramos de bombas que debían ser arrojadas sobre Tokyo.

A las 00:07 horas de la madrugada del 10 de Marzo de 1945 los 325 aviones B-29 empezaron a sobrevolar Tokyo, primero los procedentes de Guam, siete minutos después los de Saipán y diecinueve minitos más tarde los de Tinian. La sorpresa fue total porque la alarma sonó con siete minutos de retraso y la artillería antiaérea fuera escasa, como también los cazas nocturnos que efectuaron 40 ataques de escasa utilidad. Gracias a esta situación tan favorable, un total de 279 aparatos arrojaron sus bombas sobre las zonas indicadas, primero del tipo M47 con espoletas de impacto que cada 90 metros rompieron tejados y tabiques, y luego las incendiarias del tipo M69 que cada 50 metros fueron liberando su mortífera carga inflamable de fósforo blanco y napalm. Una vez el diluvio de acero se concentró sobre las viviendas de madera y talleres familiares en una de las zonas más superpobladas del mundo, las casas ardieron en un tiempo récord de 12 minutos y barrios enteros fueron pasto de las llamas, lo que provocó una tormenta de fuego denominada «feuersturm» que pulverizó edificios y calcinó o asfixió a decenas de millares de tokyotas. De hecho en algunos puntos las temperaturas alcanzaron los 980º grados de temperatura, por lo que ni tan siquiera las personas que se arrojaron al Río Sumida se salvaron debido a que se acabaron cociendo en el agua hirviendo.

El raid de Tokyo del 10 de Marzo de 1945 fue el más devastador en términos humanos de la Segunda Guerra Mundial porque mató a más de 110.000 civiles japoneses, dejó heridos a otros 40.000 y propició que un millón de personas quedaran sin hogar. Los daños materiales fueron astronómicos porque una quinta parte de la zona industrial de Tokyo fue volatilizada, exactamente el 81% de la superficie del objetivo primario seleccionado, así como unos 25 kilómetros cuadrados con la destrucción de 270.000 edificios, viviendas o talleres artesanales. Las bajas sufridas por los norteamericanos fueron de catorce B-29 derribados, la mayoría a manos de los cañones antiaéreos, de los cuales tan sólo las tripulaciones de cuatro aparatos sobrevivieron al caer al mar y ser rescatados por buques de la Flota Estadounidense.

Escuadrón de B-29 bombardeando Tokyo.

Con efecto inmediato al apocalíptico raid sobre Tokyo, unos 4’5 millones de refugiados abandonaron la ciudad ante el pavor de que nuevos bombardeos se cebaran sobre sus cabezas, aunque otros cientos de miles se quedaron a vivir en la más absoluta miseria, sobreviviendo a base del trueque y del mercado negro. De hecho el propio Emperador Hiro-Hito se paseó durante una hora sobre las ruinas de la capital, absolutamente consternado y anonadado, mientras más de 14.000 trabajadores realizaban intensas tareas de desescombro, recuperación de cadáveres y apertura de nuevos cortafuegos.

Nuevamente el 13 de Abril de 1945 una agrupación de 352 bombarderos B-29 lanzaron una incursión sobre Tokyo en la que arrojaron 2.000 toneladas de bombas incendiarias, seguida por otra similar el 15 que sumada a los raids anteriores implicó la desaparición de 50 kilómetros cuadrados de la superficie urbana. Al mes siguiente, la noche del 23 de Mayo, un escuadrón de 520 cuatrimotores volvió a sembrar la destrucción en la ciudad, como también otro de 464 «superfortalezas volantes» el día 25, aunque durante estos dos bombardeos los cazas nocturnos japoneses derribaron 43 aviones norteamericanos y dañaron otros 160.

Conclusión

Los últimos bombardeos sobre Tokyo tuvieron lugar entre la primavera y verano de 1945, siendo uno de estos el 20 de Julio cuando cayó una superbomba «Pumpkin» junto al recinto del Palacio Imperial, el mismo tipo con el que posteriormente se lanzaría el arma atómica «Fat Man» de Nagasaki. Al cabo de un mes, el 8 de Agosto, una formación de 60 aviones B-29 arrojaría sus artefactos sobre los arsenales de la capital y el último raid, el del 10, concluiría con 70 cuatrimotores arrasando un pequeño distrito industrial.

Vista de la ciudad arrasada de Tokyo en la Segunda Guerra Mundial.

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial el 2 de Septiembre de 1945, precisamente con unas gigantescas acrobacias aéreas de la aviación embarcada de Estados Unidos y Gran Bretaña sobre la Bahía de Tokyo, la que por aquel entonces era la segunda ciudad más grande de la Tierra se encontraba arrasada en un 39’9% de su superficie urbana. La reconstrucción de la capital comenzó desde el mismo instante en que concluyeron las hostilidades y los algo más de 4 millones de refugiados regresaron en los años próximos, por lo que en poco menos de una década los trabajos no sólo finalizaron en su totalidad, sino que para ya avanzada la segunda mitad del siglo XX la metrópoli se convertiría en la más grande del mundo.

Aproximadamente en la Segunda Guerra Mundial perdieron la vida unos 200.000 tokyotas durante los despiadados bombardeos entre 1944 y 1945; mientras que los norteamericanos registraron el derribo de 95 aviones, entre estos 83 cuatrimotores B-29 y una docena de cazas embarcados Hellcat y Corsair. Estas cifras convirtieron a la capital japonesa en la ciudad con más víctimas mortales de todo el conflicto, superando incluso a las bombas atómicas de Hiroshima o Nagasaki, algo que sin duda encumbró a la aviación como el arma más destructiva del siglo XX.

Bibliografía:

-Juan Vázquerz García, Venganza 1944-1945, La Campaña de Bombardeo Estratégico sobre Japón, «Cerca al Imperio: Las Marianas», Galland Books (2023), p.36-47
-Francis Crosby, Bombarderos. Guía Ilustrada de la A a la Z, «Boeing B-29 Superfortress», Tikal (2010), p.56-57
-R.G. Grant, 1.001 Batallas que cambiaron el curso de la Historia, «Tokio 9-10 de Marzo de 1945», Grijalbo, (2012), p.889