Bombardeo de Ploiesti

Los pozos petrolíferos de Ploiesti en Rumanía se convirtieron durante la Segunda Guerra Mundial en uno de los principales puntos estratégicos de las potencias del Eje sobre Europa, ya que la gasolina que brotaba de sus refinerías era la que otorgaba movilidad a las fuerzas motorizadas del Tercer Reich. A raíz de la importancia de estos campos de «oro negro», la aviación de los Estados Unidos intentó neutralizarlos mediante la «Operación Tidal Wave» el 1 de Agosto de 1943, la cual acabaría en un completo desastre para los norteamericanos que sucumbieron ante los cañones y pilotos de las Fuerzas Armadas Rumanas en un episodio que pasaría a ser conocido como «Domingo Negro».

Operación Tidal Wave

Ploiesti era una ciudad de 100.000 habitantes en la provincia de Valaquia, situada a unos 56 kilómetros al norte de Bucarest y enclavada junto a las orillas del Río Dâmbu, exactamente en las estribaciones al sur de los Cárpatos que eran conocidas con el nombre de Alpes Transilvanos. La región petrolífera contaba con una veintena de campos de extracción ubicados sobre un área muy extensa de 100 kilómetros de longitud por 16 kilómetros de anchura que se prolongaban a pozos tan distantes como los de Câmpina y Brazi. El perímetro contaba con infinidad de torres de destilación, unidades de craqueo térmico, catalizadores, parques de almacenamiento, estaciones de bombeo, talleres de maquinaria, laboratorios, estancias de tratamiento y una red de oleoductos con cuatro grandes tuberías que desembocaban en el puerto de Giurgiu; siendo las principales empresas tanto nacionales como internacionales las Compañías Astra Românâ, Steua Românâ, Columbia-Aquila, Standard Oil, Concordia Vega, Xenia, Redeventa, Românâ-Americana, Dacia Românâ y Unirea Speranta.

Refinería y torres de craqueo del complejo petrolífero de Ploiesti en Rumanía.

Rumanía se convirtió en un objetivo estratégico de primer orden durante la Segunda Guerra Mundial por ser el quinto país productor de petróleo del mundo por detrás de Estados Unidos, la Unión Soviética, Venezuela e Irak, ya que de los pozos de Ploiesti dependían las fuerzas militares del Eje en toda Europa, pues tan sólo para el Ejército Alemán suponían la mitad del combustible destinado a sus tanques y vehículos (la otra mitad provenía de sus plantas sintéticas), además de que los germanos extraían del complejo varios derivados de lubricantes y una gasolina de alto octanaje que resultaba esencial para mantener en el aire a la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe). Como el enclave era un lugar tan sensible para la supervivencia del Tercer Reich, al celebrarse los Arbitrajes de Viena en 1940, durante los cuales se cedió una parte de Transilvania a Hungría, Adolf Hiler garantizó al Conducator Ion Antonescu que salvaguardaría el resto de la soberanía rumana y se encargaría de dotar de armamento a la nación, aunque a cambio de que la extracción de crudo dependiese a partes iguales del Estado Rumano y de un conglomerado empresarial germano llamado Kontinentale Öl.

Con Ploiesti en manos parciales del Tercer Reich a partir de 1941, la defensa del complejo recayó en el general del aire bávaro Alfred Gerstenberg, quién teniendo como agregado al general rumano Gheorghe Jienescu, dispuso de 250 cañones concentrados en torno a las refinerías sobre el denominado «Caldero» (el tercer lugar de Europa con más densidad de artillería antiaérea de la Segunda Guerra Mundial por detrás de Berlín y el Ruhr), la mayoría distribuidos en unidades de 12 a 18 piezas a las que se clasificaba con la designación de «Gran Batería» o «Grossen Batterien». A esto había que añadir 2.137 generadores de niebla artificial que liberaban una nube de humo químico compuesta por una mezcla de ácido sulfónico, la cual no sólo anulaba la visibilidad del recinto a los pilotos, sino que además les provocaba irritación en ojos y vías respiratorias. De igual manera la activación de los sistemas de alerta temprana podía llevarse a cabo con una antelación de 40 a 60 minutos, pues gracias a una serie de radares sobre la costa del Mar Adriático en Dubrovnik, Durazzo y Zara que se comunicaban con el centro de mando en Bucarest, la Fuerza Aérea Alemana y la Fuerza Aérea Real Rumana disponían de tiempo suficiente para poner en el aire a sus escuadrones de cazas Messerschmitt Bf 109, Focke Wulf Fw 190 e IAR 80.

Cazas rumanos IAR 80 en Rumanía.

Bajo el nombre de «Operación Tidal Wave», los Aliados diseñaron una misión para bombardear los campos petrolíferos de Rumanía, basándose en la idea de que si los dejaban ardiendo, la movilidad del Ejército Alemán se vería anulada o directamente comprometida en todos los escenarios bélicos de Europa. La campaña estuvo al mando del general Lewis Bereton al cargo de la IX Fuerza Aérea Estadounidense basada en el Norte de África, aunque la planificación recayó en el coronel Jacob Smart, mientras que los aeródromos y centros logísticos se situaron a las afueras de Bengasi en Libia. Las unidades elegidas fueron los 93º, 98º, 376º y 389º Escuadrones de Bombardeo equipados con 178 cuatrimotores B-24 Liberator y un personal compuesto por 1.763 aviadores, mecánicos o auxiliares de la base. Curiosamente estos pilotos y tripulaciones se adiestraron bombardeando una maqueta a escala real de Ploiesti que fue construida en mitad del Desierto del Sáhara, aunque durante los ejercicios la arena y el polvo provocaron averías en 300 motores que ocasionaron ciertos retrasos.

Los buenos resultados de la IX Fuerza Aérea Estadounidense a la hora de realizar las prácticas en el Norte de África, insuflaron en los Aliados un preocupante optimismo y exceso de confianza, pues cometieron una serie de errores muy graves que acabaron comprometiendo la «Operación Tidal Wave». El primero fue que anularon los vuelos de reconocimiento para no levantar las sospechas de los rumanos, por lo que la información relativa a las recientes defensas estaba desactualizada; el segundo, que los mapas del complejo databan de la década de 1930 o de planos proporcionados por el oficial británico Lesley Forster, quién había trabajado hasta 1940 para la Compañía Astra Românâ; el tercero que infravaloraron al personal rumano, al que calificaron de tener la «moral baja»; y el cuarto que añadieron depósitos extra a sus cuatrimotores con 11.134 litros de combustible, lo que convertía a los B-24 Liberator en aviones altamente inflamables.

El «Domingo Negro»

Al amanecer del domingo 1 de Agosto de 1943 un total de 178 bombarderos B-24 Liberator despegaron de Bengasi en Libia, aunque durante su vuelo sobre el Mar Mediterráneo ya se registraron algunos incidentes porque once aparatos sufrieron averías técnicas y tuvieron que regresar al Norte de África. Lo peor sin embargo ocurrió en el Mar Jónico, pues el cuatrimotor encargado de hacer de navegador y guía al resto de escuadrones, el «Wongo Wongo» del teniente Brian Flavelle, tuvo un fallo mecánico y se estrelló junto a la Isla de Corfú al sur de Grecia, pereciendo toda la tripulación y haciendo que otro avión, en este caso el del teniente Guy Iovine, se saliera de la formación para buscar supervivientes sin éxito.

Al poco de atravesar Albania y aproximarse a la frontera con Yugoslavia, los 165 aviones que se hallaban dirigidos por navegantes menos expertos que el fallecido veterano Brian Flavelle, no supieron reaccionar ante una masa de nubes que cubrían los 2.700 metros de altitud de los Montes Pindo, por lo que los escuadrones que iban delante aumentaron su cota respecto a los que volaban detrás, haciendo que se creara una separación de veinte minutos entre unos y otros. Este factor sería determinante para el resultado de la «Operación Tidal Wave» porque en lugar de atacar de forma simultánea el objetivo, lo harían en dos oleadas muy separadas la una de la otra, dejando de este modo demasiada expuesta a la formación que venía más retrasada.

Bombarderos B-24 Liberator sobre Bengasi en Libia, los mismos que intervendrían en la «Operación Tifal Wave».

La entrada en Rumanía de los 165 B-24 Liberator se efectuó sin incidentes después de sobrevolar las aguas del Río Danubio, pero entonces el coronel Keith Compton que encabezaba el primer grupo con un cuatrimotor llamado «Teggie Ann», en cuyo interior también viajaba el general Uzal Ent, cometió un grave error a la altura de Târgovitse. La razón fue que confundió esta última ciudad con Floresti, donde tenía que efectuar el giro en dirección Ploiesti, ya que según los mapas de referencia debía orientarse siguiendo una línea férrea visible entre un río y un monasterio ortodoxo sobre una colina (el problema era que Târgovitse también contaba con estos elementos vistos desde el aire). Así fue como 70 de los aviones torcieron por la ruta equivocada, pese a las ignoradas advertencias del capitán Harold Wicklund, quién le avisó de que estaban llevando un rumbo erróneo. Lamentablemente cuando el avión dirigido por el teniente coronel Addison Baker se percató del fallo en la orientación, los aparatos corrigieron la trayectoria con un viraje de 90º hacia el norte, aunque para entonces ya era demasiado tarde porque estaban en el espacio aéreo de la capital de Bucarest, contemplando los edificios a lo lejos y volando justo por encima del Aeropuerto de Otopeni. A partir de ese instante se activó el sistema de alerta nacional en todo el país, por lo que los artilleros corrieron a sus piezas de artillería y los pilotos despegaron con sus cazas Messerschmitt Bf 109 e IAR 80.

El error del coronel Keith Compton que pasaría a ser conocido como «Giro Equivocado de Târgovitse», permitió al sistema defensivo del Eje no sólo estar preparado para repeler la incursión, sino que además facilitó el trabajo a rumanos y alemanes gracias a que los norteamericanos acababan de fragmentarse en tres escuadrones más pequeños a los que podían destruir por separado. De hecho la mitad de los aparatos del primer grupo tuvieron que arrojar sus bombas sobre objetivos de circunstancia cerca de Bucarest que no tuvieron ningún efecto, mientras que los 32 restantes se dirigieron correctamente a Ploiesti, aunque sobre la zona que se encontraba más batida por los cañones antiaéreos del Ejército Rumano y la Luftwaffe.

Pintura acerca de algunos B-24 Liberator alcanzados sobre las refinerías de Ploiesti.

La incursión sobre Ploiesti fue un infierno porque en cuanto a las 11:15 horas de la mañana los B-24 Liberator se acercaron al perímetro volando a baja altura, a veces a 15 metros del suelo, los cañones antiaéreos rumanos de 20 y 37 milímetros los machacaron, como también algunas piezas de 88 milímetros con personal alemán que tuvieron que programar los proyectiles para que liberasen metralla casi a ras del suelo. El primer avión en ser alcanzando por un Flak 88 fue el «Hell’s Wench» del teniente coronel Addison Baker, el cual cayó al suelo sin registrarse supervivientes justo después de soltar sus bombas sobre las instalaciones de la Compañía Columbia-Aquila. También muchos otros fueron acribillados por las armas en tierra o echados abajo por las oleadas de cazas germano-rumanos Messerschmitt Bf 109 e IAR 80, lo que no impidió que liberasen su carga sobre las refinerías de la Compañía Astra Românâ.

Otro de los problemas que se encontraron los B-24 Liberator fue el excelente sistema defensivo que incluía la mala visibilidad a causa de los generadores de niebla artificial, aunque de igual modo los cientos de globos cautivos con marañas de cables tensados de acero, algunos con cargas explosivas de contacto. Esto obligaba a los cuatrimotores a esquivar dichos obstáculos, pero también las altas chimeneas y torres de destilación de 60 metros que convertían Ploiesti en auténtico laberinto, por lo que varios aparatos quedaron enganchados o se partieron las alas, como le ocurrió al pilotado por el oficial Samuel Neeley.

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Al llegar las oleadas de B-24 «Liberator» que venían con veinte minutos de retraso respecto al grupo que había efectuado el «Giro Equivocado de Târgovitse», se encontraron con un panorama desolador porque Ploiesti apenas se veía a causa de los incendios y las columnas de humo que se elevaban más de 150 metros. A pesar de todo los pilotos se adentraron en lo que bautizaron como «Túnel de Fuego», ya que al volar tan bajo el aire caliente desprendió la pintura de los aparatos y quemó el vello de los brazos de las tripulaciones, sin obviar con que desde el suelo recibían disparos de cañones antiaéreos e incluso de soldados rumanos subidos a las azoteas de los edificios. La dura prueba apenas sirvió de nada porque los daños infligidos a las plantas de la Compañía Steaua Românâ no resultaron significativas y encima las bajas en cuatrimotores fueron elevadas, especialmente cuando los enjambres de cazas no dejaron de acosar a los norteamericanos cayendo desde el cielo.

La batalla por Ploiesti se trasladó a la vía férrea que conectaba con Floriste, pues los alemanes instalaron un tren blindado con cañones antiaéreos al que bautizaron «Die Raupe» o «La Oruga», el cual derribó alguno de los aparatos hasta que las ametralladoras del morro de un cuatrimotor dejaron a la locomotora temporalmente fuera de combate. También destacó el incidente de un B-24 apodado «José Carioca», pues tras caer ardiendo después de ser acertado por la ráfaga de un caza rumano IAR 80 pilotado por el subteniente Carol Anastasescu, el bombardero se estrelló contra los muros de la Prisión Femenina de Ploiesti, muriendo en el derrumbamiento 50 mujeres cautivas (y todos los tripulantes norteamericanos).

Cuatrimotores B-24 Liberator adentrándose en las refinerías ardiendo de Ploiesti.

Oficialmente a las 12:15 horas acabó el bombardeo sobre Ploiesti cuando el último avión apodado «Rey Vagabundo» soltó sus bombas y se dirigió junto al resto de la formación hasta la frontera con Bulgaria, en donde la Fuerza Aérea Real Búlgara entró en acción mediante un ataque con catorce cazas Messerschmitt Bf 109 y biplanos Avia 534. El resultado de la emboscada fue de tres cuatrimotores estadounidenses abatidos sin registrarse ninguna pérdida entre los defensores, siendo uno de los autores de un derribo el oficial Stoyan Stoyanov, quién tuvo el récord de ser el mayor «as» de caza búlgaro en la Segunda Guerra Mundial.

La última fase de la misión transcurrió al poco de que los B-24 Liberator salieran de Grecia, pues un enjambre de cazas alemanes Messerschmitt Bf 109 les emboscó sobre el Mar Egeo y derribó a cinco de los cuatrimotores, además de forzar a un sexto a desviarse del rumbo hacia la neutral Turquía, donde al poco de aterrizar fue apresado y su tripulación internada por el Ejército Turco. Los restantes continuaron su viaje sobre el Mar Mediterráneo después de un viaje de 3.862 kilómetros hasta que finalmente aterrizaron a las afueras de Bengasi, haciéndolo un total de 88 (de la fuerza original de 178).

Cuadro de B-24 Liberator causando incendios en una refinería de Ploiesti.

El resultado de la «Operación Tidal Wave» fue un completo desastre para Estados Unidos que encajó la pérdida de 53 bombarderos B-24 Liberator y daños graves en otros 55, además de causar baja 446 aviadores en un acontecimiento que sería recordado como «Domingo Negro». El Eje por el contrario encajó el derribo de siete cazas, sumando cinco alemanes y dos rumanos, sin obviar con que fallecieron 101 civiles y 238 encajaron heridas, mientras que los daños a las instalaciones de Ploiesti fueron leves porque en menos de un mes funcionaban a pleno rendimiento e incluso mejoraron la producción en Septiembre. De hecho el triunfo defensivo fue obra de Rumanía y no del Tercer Reich, pues de los 53 cuatrimotores que perdieron los norteamericanos, 35 fueron abatidos por los rumanos (20 a manos de los cazas y 15 a manos de cañones antiaéreos), 13 por los alemanes, 3 por búlgaros, uno accidentado y otro internado por Turquía.

Raids de Ploiesti 1944

El fracaso de la «Operación Tidal Wave» obligó a los Aliados a cancelar nuevas misiones sobre Rumanía en el año 1943 debido a los largos y peligrosos trayectos que los B-24 Liberator debían efectuar desde sus bases en el Norte de África. Las cosas sin embargo cambiaron en la primavera de 1944 cuando los anglo-estadounidenses consolidaron sus conquistas al sur de Italia y activaron sobre los distritos de Bari, Foggia y Termoli a la XV Fuerza Aérea bajo el mando primero del general James Doolittle y luego del general Nathan Twining. La presencia de esta agrupación permitía a los cuatrimotores gozar de la escolta de cazas y volar sobre una ruta mucho más corta hacia Ploiesti, usualmente con las 5º, 49º, 55º y 304º Alas de Bombarderos que partían de los Aeródromos de Giulia, Stornara, Torretto, Castellucio, Celone, Lucera, Amendola, Sterparone, Tortorella, Pantanella, Spinazzola y Venosa.

Oficialmente el primer raid efectuado desde las bases aéreas de Italia sobre Ploiesti tuvo lugar el 5 de Abril de 1944 con una formación de 230 cuatrimotores B-24 Liberator que a diferencia de la «Operación Tidal Wave» volaron a una alta cota de entre 6.000 y 8.000 metros del suelo. Los bombarderos sufrieron cuantiosas bajas a manos de los cañones Flak de 88 milímetros y el poder de fragmentación de los proyectiles con espoletas programadas, así como de los cazas germano-rumanos Messerschmitt Bf 109 e IAR 80, aunque las bombas consiguieron dañar los patios de clasificación ferroviaria y una estación de craqueo de la Compañía Standard Oil.

Cañón antiaéreo del Ejército Rumano en Ploiesti.

Como el segundo raid a Ploiesti apenas volvió a tener efecto sobre la producción de petróleo que seguía alimentando a la máquina de guerra del Eje, en parte porque los artefactos cayeron demasiado dispersos sin alcanzar ninguna instalación crítica, los mandos norteamericanos decidieron probar con un ataque quirúrgico reconvirtiendo a cazas P-38 Lightning en bombarderos en picado, a los que se adosó bombas de 450 kilogramos y turboalimentadores con el doble de gasolina. La incursión se materializó el 10 de Junio de 1944 con una oleada de 94 P-38 Lightning (38 reconfigurados con artefactos bajo el fuselaje y 56 ejerciendo labores de escolta), los cuales dañaron la refinería de la Compañía Românâ-Americana, pero sufrieron una colosal debacle tras ser emboscados por cazas rumanos IAR 80 que derribaron a nada menos que 23 aparatos estadounidenses (el 30% de la plantilla inicial).

La táctica definitiva que otorgaría el éxito a la XV Fuerza Aérea no fue un bombardero único y devastador sobre los campos petrolíferos de Ploiesti, sino una ofensiva sostenida entre finales de primavera y el verano de 1944 que se transformó en varios raids semanales, llegándose a registrar sobre Rumanía hasta más de 600 bombarderos pesados B-17 Flying Fortress y B-24 Liberator. Estos ataques continuados desbordaron la capacidad de reparación de las instalaciones dañadas e interrumpieron gran parte del flujo de «oro negro» hacia el Frente Oriental, pues se efectuaron 7.000 salidas en las que se arrojaron 14.000 toneladas de bombas, las cuales hicieron decaer la producción de crudo de las 400.000 toneladas a tan sólo 140.000 toneladas, el equivalente al 62%.

Raid a alta cota de los B-24 Liberator sobre Ploiesti en 1944.

Otra de las innovaciones de la XV Fuerza Aérea fue anular la reacción del enemigo gracias a la llegada de los excelentes interceptores P-51 Mustang, cuyos pilotos adoptaron la táctica de «búsqueda y destrucción» consistente en adelantarse a los escuadrones de bombarderos B-24 Liberator para atraer a los cazas IAR 80 y Messerschmitt Bf 109, a los que retaban lejos de la formación atacante, e incluso a veces se los sorprendía en tierra como sucedió con la destrucción de numerosos aparatos aparcados en las pistas de los Aeródromos de Mizil y Zilistea. También se clasificaron algunos bimotores P-38 Lightning como «Master Bomber», los cuales sobrevolaban las refinerías para detectar alguna apertura en los generadores de niebla artificial y entonces reportar la información a los cuatrimotores; sin obviar con que otros aviones se dedicaron a efectuar contramedidas electrónicas «Chaff» con papeles de aluminio para confundir a los radares instalados en los Cárpatos y los Balcanes.

Los raids finales contra Ploiesti tuvieron lugar los días 10 y 17 de Agosto de 1944, aunque el último fue el día 19, exactamente veinticuatro horas antes de que el 20, la Unión Soviética iniciase la invasión de Rumanía durante la ofensiva de Iasi-Chisinâu. Al cabo de tres jornadas, el 23 de Agosto, el Rey Miguel I propinó un golpe de Estado en Bucarest que acabó con la caída del Conducator Ion Antonescu y el cambio de bando del país hacia los Aliados, por lo que tras una serie de combates contra los germanos en Ploiesti, el 26 los soldados rumanos expulsaron al personal de la Luftwaffe y permitieron la entrada al complejo de las tropas del Ejército Rojo.

Instalaciones de la Compañía de la Steua Românâ ardiendo tras un raid en Ploiesti.

El bombardeo prolongado sobre Ploiesti demostró a Estados Unidos que una ofensiva sostenida en el tiempo fue la decisión más acertada porque para cuando los soldados del Ejército Soviético tomaron las instalaciones en Agosto de 1944 se encontraron con que las refinerías operaban a tan sólo el 10% de su capacidad original. Lamentablemente para los norteamericanos el precio a pagar fue altísimo debido a que perdieron 309 aviones (286 bombarderos y 23 cazabombarderos) y 3.000 aviadores resultaron muertos o capturados (2.829 de cuatrimotores).

La destrucción de los campos petrolíferos de Ploiesti y la posterior captura de las refinerías chamuscadas por parte del Ejército Soviético, dejaron al Tercer Reich sin su preciado «oro negro» y anularon su capacidad logística para llevar a cabo ofensivas de gran calado contra los Aliados durante el resto de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de todo la brillante defensa planteada por rumanos y alemanes demostró ser letal debido a que infligieron enormes pérdidas en aviones y vidas a los norteamericanos, en especial durante la «Operación Tidal Wave» que sería recordada como la jornada en que la aviación de Rumanía derrotó a la de Estados Unidos.

 

Bibliografía:

-Rafael Rodrigo, Ploiesti 1943-44, el Oro Negro del Tercer Reich, HRM Ediciones (2026), p.7-110
-Donald Miller, Los Amos del Aire, la Historia de los Aviadores que golpearon el Corazón de la Alemania Nazi, «Las Campañas del Infierno», Desperta Ferro Ediciones (2024), p.241-247
-Editores Meridiane, Armata Românâ în al Doilea Râzboi Mondial, «Actiunile Militare Desfasurate pe Territoriul National», Editores Meridiane (1995), p.93-97
-R.G. Grant, 1.001 Batallas que cambiaron el Curso de la Historia, «Ploiesti, 1 de Agosto de 1943», Grijalbo (2012), p.857