El embolsamiento del Grupo de Ejércitos Norte desde la retirada continua y gradual de las potencias del Eje primero con la «Operación Bagration» sobre Bielorrusia y luego con la ofensiva sobre Riga en el verano de 1944, dejaron a numerosas divisiones alemanas y colaboracionistas letonas aisladas sobre la Península de Curlandia, una estrecha franja de tierra sobre Letonia que se encontraba de espaldas a las aguas del Mar Báltico. Contra todo lo imaginado por el Ejército Rojo, las fuerzas sitiadas resistirían heroicamente sobre esta área desde Octubre de 1944 hasta Mayo de 1945, capitulando únicamente cuando supieron que la Segunda Guerra Mundial había terminado con la victoria de los Aliados.
Plan del Eje
La Península de Curlandia o «Kurzeme» se situaba al oeste de Letonia con una extensión de 27.285 kilómetros cuadrados desde su unión con el continente en el Golfo de Riga hasta el extremo más occidental con el Mar Báltico, este último litoral a tan sólo 25 kilómetros de la Isla de Saaremaa que se encontraba separada por el Estrecho de Irbe. Cubierto el entorno por bosques de robles, abedules y piceas, así como por numerosos lagos, pantanos, marismas y dunas arenosas, sin contar las múltiples colinas como el Monte Gaizinkalns de 312 metros de altura, el lugar sin duda convertía a la región en una formidable barrera natural de cara a defenderse del Ejército Rojo.
Después de la «Operación Bagration» que provocó la casi total destrucción del Grupo de Ejércitos Centro en el verano de 1944, éste último terminó perdiendo el contacto con el Grupo de Ejércitos Norte durante la ofensiva de Riga sobre Letonia que culminó en la separación de ambas formaciones el 7 de Octubre. Así fue como se creó la «Bolsa de Curlandia», denominada de ese modo por situarse en la Península de Curlandia, en cuyo interior quedaron atrapadas medio millón de tropas alemanas y letonas sobre un área de 15.000 kilómetros cuadrados, a las que se sumaron 400.000 civiles, entre estos 230.000 habitantes autóctonos y 150.000 refugiados. Aquel espacio húmero con docenas de lagos y más de cien cursos de agua diferentes, poseía una extensión terrestre de 250 kilómetros desde Tukums al este hasta el puerto de Liepâja al oeste, así como otros 300 kilómetros de costa junto al Mar Báltico que a partir de ese instante serían defendidos por las fuerzas del Eje.
El despliegue del Grupo de Ejércitos Norte al mando del general Ferdinand Schörner, posteriormente rebautizado como Grupo de Ejércitos «Curlandia» o «Kurlandgruppe», se efectuó desde el extremo oriental defendido por el XVI Ejército en torno a la «Línea Tukums», pasando por el centro sobre el nexo de unión con la frontera de Lituania que protegía el Grupo «Grasser» y hasta el punto más occidental en la costa del Mar Báltico que custodiaba el XVIII Ejército. El XVI Ejército del general Carl Hilpert poseía al II Cuerpo del general Wilhelm Hasse con la 227ª División de Infantería y la 563ª División Volksgrenadier; al VI Cuerpo SS Letón del general Walther Krüger con la 19ª División SS de Granaderos Letona «Lettische II» y las 93ª, 205ª, 215ª y 389ª Divisiones de Infantería, más la Policía Auxiliar Letona; al XLIII Cuerpo del general Kurt Versock con las 23ª, 83ª, 218ª Divisiones de Infantería, la 12ª División Aérea de la Luftwaffe y las 207ª y 390ª Divisiones de Seguridad; y al L Cuerpo del general Werner Richter con la 290ª División de Infantería y la 281ª División de Seguridad; más una reserva compuesta por la 31ª División Volksgrenadier, la 300ª División de Guardias Fronterizos Estonia «z.b.V.» y las 24ª, 87ª, 132ª y 263ª Divisiones de Infantería, más la Milicia Estonia «Omakaitse». El Grupo «Grasser» del general Anton Grasser adosaba al XXXVIII Cuerpo del general Kurt Herzog con las 32ª, 81ª, 121ª, 122ª y 329ª Divisiones de Infantería, la 21ª División de Artillería Antiaérea y las 52ª y 201ª Divisiones de Seguridad. El XVIII Ejército del general Ehrenfried Boege agrupaba al I Cuerpo con las 11ª y 126ª Divisiones de Infantería; al X Cuerpo con la 14ª División Panzer y la 30ª División de Infantería; y al XXXIX Cuerpo Panzer con las 4ª y 12ª Divisiones Panzer, y las 61ª y 225ª Divisiones de Infantería. A tales unidades hubo que añadir el soporte desde el Mar Báltico de la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) al mando del almirante August Thiele y desde el cielo de la I Flota Aérea del general Flieger Kurt Pflugbeil que contaba con los Aeródromos de Zabeln, Libau, Frauenburg y Schrunden, además de una reserva compuesta por la 11ª División SS de Granaderos «Nordland», la 4ª Brigada SS de Granaderos Holandesa «Nederland» y el 912º Batallón Autopropulsado.
Aproximadamente el Eje reunió a 400.000 efectivos entre 249.000 alemanes, 148.000 letones y 3.000 estonios, más un material de 507 tanques (72 Tiger, 47 Panther, 216 Stug, 19 Panzer III, 17 Panzer IV, 37 Hetzer, 28 Jagdpanzer, 61 Panzerjäger y 10 T-34), 100 baterías antiaéreas y 267 aviones (136 cazas, 80 bombarderos y 51 aparatos de reconocimiento).
Plan de la URSS
Al recuperar el Ejército Rojo la capital letona de Riga que había perdido en 1941, al Estado Mayor Soviético (STAVKA) se le abrieron dos posibilidades: la primera emplear a los I, II y III Frentes Bálticos para tomar el resto de Letonia y eliminar la «Bolsa de Curlandia»; o la segunda dejar una fuerza menor de bloqueo y utilizar al resto de divisiones en unirse a la invasión de Prusia Oriental y Polonia para alcanzar cuanto antes la frontera con Alemania y la capital de Berlín. Sorprendentemente Iósif Stalin se decantó por la primera opción creyendo que apropiarse de la Península de Curlandia sería una tarea fácil cuando en realidad se convertiría en una pesadilla que duraría hasta el mismo final de la Segunda Guerra Mundial.
Desde el oeste junto a la frontera con Lituania hasta la capital letona de Riga, el Ejército Rojo mantenía desplegado ante la «Bolsa de Curlandia» a los I, II y III Frentes Bálticos. El I Frente Báltico del mariscal Iván Bagramian aglutinaba al XXXIII Ejército del general Vyacheslav Tsvetaev con las 49ª, 64ª, 89ª, 95ª, 222ª, 323ª, 33ª, 362ª y 383ª Divisiones de Fusileros, más la 5ª División de Artillería y la 64ª División de Artillería Antiaérea; al XLIII Ejército del general Afanasii Beloborodov con las 145ª, 179ª, 204ª, 235ª, 306ª, 334ª y 357ª Divisiones de Fusileros, más las 89ª, 117ª y 159ª Brigadas Blindadas; al LI Ejército del general Iakov Kreizer con la 33ª División de Guardias, las 77ª, 91ª, 216ª, 263ª, 267ª, 279ª, 346ª, 347ª y 417ª Divisiones de Fusileros, la 26ª División de Artillería, las 2ª, 15ª y 18ª Divisiones de Artillería Antiaérea, la 32ª Brigada Blindada de Guardias, la 6ª Brigada de Artillería de Guardias, la 19ª Brigada de Morteros, la 105ª Brigadas de Obuses, las 15ª y 21ª Brigadas Anticarro y las 12ª y 63ª Brigadas de Ingenieros; al II Ejército de Guardias del general Profirii Chanchibadze con las 2ª, 3ª, 24ª, 32ª y 87ª Divisiones de Guardias; y al VI Ejército de Guardias del general Iván Chistiakov con las 9ª, 46ª, 51ª, 67ª, 71ª, 90ª, 166ª, 270ª Divisiones de Guardias, más las 29ª, 47ª y 51ª Divisiones de Fusileros. El II Frente Báltico del general Andrei Yeremenko agrupaba al XXII Ejército del general Gennadii Korotov con la 43ª División de Guardias, las 37ª, 219ª, 379ª y 391ª Divisiones de Fusileros, la 308ª División de Fusileros Letona, y la 118ª Brigada Blindada; y al III Ejército de Choque del general Nikolai Simoniak con la 21ª División de Guardias y las 28ª, 150ª, 171ª, 200ª y 207ª Divisiones de Fusileros. El III Frente Báltico del general Andrei Eremenko estructuraba al LI Ejército del general Pavel Belov con la 12ª División de Guardias y las 23ª, 55ª, 212ª, 397ª y 415ª Divisiones de Fusileros; y al II Ejército de Choque del general Iván Ferdiuninskii con la 64ª División de Guardias y la 201ª División Motorizada Letona.
Aproximadamente el Ejército Rojo reunió a unos 800.000 efectivos entre 750.000 soviéticos y 50.000 comunistas letones, más un material de 3.000 tanques y 4.700 aviones.
Asedio de Curlandia
El 16 de Octubre de 1944 comenzó la ofensiva del Ejército Rojo para perforar la «Bolsa de Curlandia» sobre un arco de 40 kilómetros entre Priekule y Pikeliai junto a la frontera con Lituania, siendo el objetivo de los invasores el estratégico puerto de Liepâja. El asalto lo protagonizaron el VI Ejército de Guardias y el LI Ejército Soviético con miles de tropas cargando bajo el bombardeo preliminar de los aviones de la Fuerza Aérea Soviética y un martilleo de centenares de cañones de todos los tipos, morteros, camiones artillados Katyusha y algunos lanzacohetes Nebelwerfer (capturados a los germanos).
La ofensiva por desalojar al Eje de Curlandia fue un completo fracaso porque el VI Ejército de Guardias y el LI Ejército Soviético solamente consiguieron arrebatar con muchas dificultades la ciudad de Mazêkai a los defensores de la 12ª División Panzer, ya que en seguida las bajas fueron tan elevadas que todas las formaciones rusas implicadas quedaron completamente detenidas por la rápida intervención de la 563ª División Volksgrenadier y las 4ª y 14ª Divisiones Panzer. Algo más al este, el II Frente Báltico se unió a la operación con el XXII Ejército que pese a abrir una brecha entre Auce y Saldus, en seguida fue frenado en seco sobre Dobele y Dzûkste por los aguerridos voluntarios de la 19ª División SS de Granaderos Letona, los cuales contuvieron casi en solitario entre las jornadas del 17 y el 19 a nada menos que trece divisiones enemigas. Simultáneamente a no mucha distancia, en la comarca vecina de Jûrmula, también el III Ejército de Choque fue paralizado antes las formidables defensas erigidas por la 281ª División de Seguridad y las 205ª, 227ª y 290ª Divisiones de Infantería.
En torno al 22 de Octubre la ofensiva del Ejército Rojo había sido desarticulado en todos los sectores, incluyendo en la Colina 39’1, la Colina 190’1 y la Colina del Caballo, en esta última a manos de los voluntarios noruegos y daneses de la 11ª División SS de Granaderos «Nordland». Como hasta la fecha los soviéticos había sufrido la destrucción de 164 tanques y el derribo de 80 aviones, el XVIII Ejército Alemán aprovechó la debilidad de su rival para pasar al contraataque, confiado el general Ehrenfried Boege en que las fuerzas del I Frente Báltico estarían muy desgastadas al sur de la «Bolsa de Curlandia». Así fue como la operación empezó el 24 de Octubre por parte del X Cuerpo del general Hermann Foertsch que incluyó de manera provisional a las 4ª y 14ª Divisiones Panzer, la 30ª División de Infantería y las 31ª y 563ª Divisiones Volksgrenadier, las cuales consiguieron éxitos parciales porque durante las 48 horas siguientes, expulsaron a los soviéticos sobre un área embarrizada de 3 kilómetros y les arrebataron la comarca de Vainode la jornada del 26.
Veinticuatro horas más tarde del fracaso de la ofensiva del Ejército Rojo, el 27 de Octubre comenzó una segunda ofensiva en la que intervinieron unas sesenta divisiones de los I, II y III Frente Bálticos que golpearon toda la demarcación de Curlandia y estuvieron precedidos por un bombardeo de 2.000 piezas de artillería y lanzacohetes Katysuha. Entre los encuentros más virulentos estuvo el protagonizado por el III Ejército de Choque en el sector oriental cuando expulsó a la 215ª División de Infantería de sus posiciones y la persiguió hasta que los rusos fueron detenidos primero por un entramado de fortificaciones en el Lago Lielauce y luego por un contraataque de la 121ª División de Infantería. También la 21ª División de Artillería Antiaérea adscrita a la Luftwaffe lo pasó bastante mal porque fue rodeada y embolsada en Auce, por lo menos hasta que la 12ª División Panzer y la 389ª División de Infantería organizaron un ataque desde el exterior y levantaron el cerco, liberando a los sitiados que pudieron volver al combate.
A no mucha distancia de Auce, el VI Ejército de Guardias pudo superar las trincheras de vanguardia que previamente habían sido barridas por la artillería, para acto seguido colarse por una brecha entre Vainode y Skuodas con cientos de carros T-34, KV-1 y Stalin IS-2 que sólo pudieron avanzar 8 kilómetros porque mientras rodaban sobre los caminos embarrados fueron emboscados desde los laterales de los bosques por granaderos equipados con armas anticarro Panzerfaust y artilleros con cañones PaK 38 camuflados entre la tupida vegetación, además de recibir un asalto frontal de 37 tanques Panther que volaron a decenas de blindados enemigos. Respecto al sector de Ozoli los rusos fueron frenados en secto por la 4ª Brigada SS de Granaderos Holandesa «Nederland»; mientras que no muy lejos un grupo de Panther dirigidos por el oficial Hermann Bix volaron a doce carros enemifos (seis Stalin IS-2 y seis T-34. Ni siquiera la Fuerza Aérea Soviética sobresalió ese día porque como la jornada era muy nubosa, un grupo de cazas germanos Focke Wulf Fw 190 a los mandos del oficial Dieter Hrabak cayeron desde las nubes contra una formación oponente derribando a cinco aparatos, aunque no impidieron que la aviación rusa causara graves desperfectos en Auce y sobretodo en las instalaciones portuarias de Liepâja.
La presión del Ejército Rojo prosiguió de manera intermitente el 28 de Octubre con la coronación de las alturas de la Colina 28’3 y la expulsión de un grupo de granaderos daneses hacia Purmsati, aunque los rusos fracasaron a la hora de asaltar la Colina 190’1 porque cuatro solitarios tanques Tiger pulverizaron a 14 Stalin IS-2. Fue justo en ese instante cuando la 4ª División Panzer que hasta ese momento había repelido con éxito a los invasores en Priekule, lanzó una ofensiva de carácter local con elementos de la 30ª División de Infantería, algunos tanques Panther y cuatro blindados pesados Tiger. A pesar de que la operación fracasó porque los alemanes avanzaron menos de 10 kilómetros para quedar frenados a no mucha distancia de la localidad de Asïte por las tropas de la 29ª División de Fusileros, al menos provocaron pérdidas muy elevadas a los rusos porque a costa de sufrir los germanos unas 300 bajas entre fallecidos y heridos, causaron unas cifras bastante mayores a sus oponentes y les destruyeron 40 tanques, entre estos un tercio del modelo Stalin IS-2.
Retomados los ataques del Ejército Rojo después del contragolpe de la 4ª División Panzer, esta unidad recibió el 29 de Octubre una embestida por parte del I Frente Báltico que por segunda vez resultó paralizado entre Priekule y Skuodas tras la llegada de refuerzos de la 14ª División Panzer, la 30ª División de Infantería y los voluntarios nórdicos de la 11ª División SS Panzer «Nordland», la mayoría procedentes de Holanda, Noruega y Dinamarca. Al cabo de dos días, el 31, se materializó un resultado similar en Priekule porque las 23ª, 212ª, 356ª y 415ª Divisiones de Fusileros sufrieron elevadas bajas a manos de los granaderos y carros mimetizados entre la masa forestal de la 14ª División Panzer al mando del general Oskar Munzel. Solamente en el perímetro central de Letonia los soviéticos lograron algunos progresos al ganar 6 kilómetros sobre el área defendida por el Grupo «Grasser», por lo menos hasta que el fango y los cañones de la 21ª División Artillería Antiaérea de la Luftwaffe, con ayuda de los soldados de las 83ª y 389ª Divisiones de Infantería, interrumpieron el avance del II Frente Báltico que recibió un duro castigo ante las impenetrables fortificaciones de la «Líne Brunhilde».
Las lluvias de otoño y el cenagal de barro que cubrió Curlandia condujo al Estado Mayor Soviético (STAVKA) a cancelar cualquier tipo de operación de gran calado a partir del 7 de Noviembre. Desde esa fecha en adelante sólo tuvieron lugar escaramuzas de baja intensidad, intercambios de fuego de artillería y bombardeos de la Fuerza Aérea Soviética sobre la retaguardia, como por ejemplo las incursiones de la aviación rusa sobre los muelles de Ventpils y el puerto de Liepâja. Precisamente en este última ciudad costera una mina submarina hundió del carguero alemán Schiffbeck de 2.150 toneladas, perdiéndose su valioso material que incluía armas de mano y cañones de todos los calibres, además de resultar hundidos otros siete mercantes durante el cerco, en este caso por culpa de la aviación, aunque a los rusos les serían derribados un centenar de aparatos a manos de los cazas de la Luftwaffe, cuyos pilotos perderían a su «as» Otto Kittel con un palmarés de 265 victorias.
Dos semanas más tarde, el 19 de Noviembre, el I Frente Báltico volvió a desarrollar una ofensiva aprovechando que el barro había desparecido después de congelarse la superficie del suelo. Sin embargo los rusos cometieron dos graves errores respecto a la orografía, pues a medida que avanzaba la mañana los rayos de sol fundieron el hielo y encima el bombardeo preliminar de artillería removió el fango, dejando completamente inmovilizados a los vehículos y tanques que hundieron neumáticos y cadenas en el lodo. Como consecuencia de esta parálisis justo cuando los soviéticos en algunos puntos ya habían conseguido presionar en el dispositivo germano-letón unos 10 kilómetros, de manera inesperada se encontraron en una situación muy expuesta a los contraataques como le ocurrió a la la 103ª División de Fusileros a las afueras de Krote o una columna al sur de Pelci. Durante una semana los invasores fueron rechazados con serias bajas y retrocediendo en varios puntos, salvo por determinadas excepciones como pasó el 26 de Noviembre después de que un grupo mecanizado emplazase una serie de baterías de artillería en una posición adelantada con las que batió la línea férrea entre Jelgava y Liepâja.
A finales de Noviembre y principios de Diciembre de 1944 la climatología interrumpió las operaciones del Ejército Rojo, aunque tampoco el Grupo de Ejércitos «Curlandia» lo pasó mejor porque entre sus filas se extendió una epidemia de disentería. Así fue como poco a poco el paisaje de Curlandia se fue cubriendo de blanco con la caída de las primeras nieves y las temperaturas descendieron a -15º grados, generando gran malestar entre las tropas de ambos bandos que permanecieron inmóviles en sus posiciones y luchando contra la orografía más que contra el enemigo, ya fuese achicando de agua sus trincheras anegadas o colocando parapetos para contener las toneladas de lodo que se filtraban. Lo que nunca cesaron fueron los bombardeos de la Fuerza Aérea Soviética a la retaguardia ni la débil respuesta de la Fuerza Aérea Alemana, destacando pilotos como la mujer Lidia Shulaikina que derribó un par de aparatos germanos o el famoso aviador armenio Nelson Stephanyan que cayó abatido por cazas alemanes Focker Wulf Fw 190 sobre Liepâja el 14.
El 21 de Diciembre de 1944 comenzó la nueva ofensiva del Ejéricto Rojo con un clásico bombardeo preliminar de 170.000 proyectiles de artillería seguido por una carga masiva de hombres y tanques sobre un arco de 30 kilómetros que primero golpearon en Saldus a la 563ª División Volksgrenadier y a las 132ª, 205ª, 218ª, 225ª y 339ª Divisiones de Infantería. Estas unidades cedieron algunas posiciones que permitieron a los rusos cortar la línea ferroviaria entre Saldus y Liepâja, mientras el III Ejército de Choque imitaba una maniobra similar contra el VI Cuerpo SS Letón, logrando por el momento los voluntarios letones rechazar las embestidas enemigas a las afueras de la aldea de Pampâli. Solamente la llegada en el último instante de los cazacarros del 912º Batallón Autopropulsado al mando del general Sepp Brandner impidieron un colapso del frente porque eliminaron a un total de 26 tanques soviéticos, todos del modelo T-34 y Stalin IS-2.
Al día siguiente, el 22 de Diciembre, el Ejército Rojo probó suerte atacando al VI Cuerpo SS Letón por segunda vez en Pampâli y Trenci con idéntico resultado porque encima en esta ocasión las tropas letonas contaron con la asistencia de 30 tanques alemanes entre 10 Tiger y 20 Panther enviados a toda prisa por la 4ª División Panzer. Una vez rechazado el ataque con la destrucción de un centenar de carros rusos, el 23 los soviéticos intentaron propiciar una especie de «guerra civil» entre letones enviando a los comunistas de la 201ª División Motorizada Letona y la 308ª División de Fusileros Letona que luchaban a favor de la Unión Soviética, lanzando a dichos hombres contra sus compatriotas de la 19ª División SS de Granaderos Letona. En un principio la operación tuvo éxito porque los letones pro-soviéticos expulsaron a los letones pro-alemanes del enclave de Lestene y les hicieron retroceder 3 kilómetros hasta Dzûkste, aunque a partir de este nuevo perímetro las fuerzas comunistas letonas fueron detenidas con la ayuda del resto de contingentes del VI Cuerpo SS Letón y unidades de la Policía Auxiliar Letona.
La Nochebuena del 24 de Diciembre apenas hubo movimientos en Curlandia, pues algunos soldados colgaron arbolitos navideños de sus trincheras, aunque otros con más iniciativa ase dedicaron a infiltrarse en la retaguardia enemiga, como hicieron un grupo de letones que emboscaron y capturaron a una columna de suministros soviética, en cuyos vehículos abandonados se dieron un festín consumiendo las Raciones K enviadas por Estados Unidos a través de la Ley de Préstamos y Arriendos. Las cosas sí cambiaron en la Navidad del 25 cuando el Ejército Rojo volvió a arremeter contra el VI Cuerpo SS Letón en Dzûkste, siendo otra vez el ataque un fracaso porque la 19ª División SS de Granaderos Letona fue reforzada con las 93ª y 227ª Divisiones de Infantería dos días después, el 27, impidiendo a los soviéticos ganar un sólo palmo de terreno. A la jornada siguiente, el 28, la 308ª División de Fusileros Letona también fue lanzada a la batalla de manera bastante acertada, pues arrebató 2 kilómetros de la línea del frente a la 93ª División de Infantería. Sin embargo al cabo de veinticuatro horas, el 29, la 19ª División SS de Granaderos Letona efectuó un contraataque con el que recuperó parte del territorio perdido e incluso infligió una tremenda derrota a sus compatriotas de la 308ª División de Fusileros Letona durante un asalto en Rumbâs la jornada del 31 de Enero, generando en esta última tal cantidad de desertores que los rusos tuvieron que retirarla de Curlandia. Sorprendentemente aquel no fue el único triunfo de la 19ª División SS de Granaderos Letona, pues el 5 de Enero de 1945 protagonizó un segundo contraataque desde el sureste de Dzûkste mediante el que reconquistó 3 kilómetros al Ejército Rojo, algo que sin duda la convirtió en una de las mejores unidades del Eje durante la campaña.
Entre los meses Enero y Febrero de 1945 la Marina de Guerra Alemana puso en marcha la «Operación Laura» con la que inició un proceso de evacuación de las fuerzas sitiadas en la Península de Curlandia. Aunque en un inicio se consiguió sacar a 23.250 soldados alemanes o letones, 4.520 caballos y 3.160 vehículos, así como a técnicos, especialistas, heridos y padres de familias numerosas, después de muchos esfuerzos los buques pudieron evacuar a mucha más tropas pertenecientes a otras formaciones, como por ejemplo a la casi totalidad de los integrantes de la 4ª División Panzer, la 11ª División SS de Granaderos «Nordland, la 31ª División Volksgrenadier y las 32ª, 93ª y 227ª Divisiones de Infantería.
Fracasada la ofensiva del Ejército Rojo a principios de 1945, hasta el 23 de Enero los I, II y III Frentes Bálticos no volvieron a llevar a cabo un segundo intento contra los sectores de Saldus y Dzûkste, repitiéndose una vez más los resultados anteriores porque las tropas alemanas y letonas, muy bien parapetadas entre los frondosos bosques con armas anticarro Panzerfaust y Panzerscshrek, contuvieron sin mayores dificultades a la primera oleada. Respecto al área de Priekule las unidades del VI Ejército de Guardias y el LI Ejército Soviético igualmente fueron detendidas por los cazacarros del 912º Batallón Autopropulsado el 25; como también les ocurrió a las columnas del II Frente Báltico en Skuodas tras ser frenada por la 14ª División Panzer y los escandinavos de la 11ª División SS Panzer «Nordland», en el caso de esta última logrando los daneses destruir a una decena de carros T-34. Una vez los mandos rusos se vieron obligados a cancelar la operación el 3 de Febrero tras la modesta captura de las poblaciones de Kaleti y Klein Kaleti, los soviéticos se retiraron con 40.000 bajas, 550 tanques destruidos o dañados y 180 aviones derribados.
En Febrero de 1945 el Grupo de Ejércitos «Curlandia» experimentó cambios importantes porque el general Ferdinand Schörner fue sustituido al mando de la agrupación por el general Lothar Rendulic, sin obviar con ese mismo mes el Tercer Reich reconoció la independencia de la República de Letonia, por ese entonces reducida a Curlandia, al frente del Consejo Central Letón del Presidente Rûdolfs Bangerskis, cuya capital provisional fue ubicada en Goldingen. Al mismo tiempo la gigantesca guarnición sitiada recibió como refuerzo a 2.500 voluntarios letones procedentes de Alemania que expresaron su deseo de contribuir a la defensa de su patria enrolándose en el VI Cuerpo SS Letón. De hecho durante el proceso de evacuación hacia el oeste de Europa, más de 4.500 civiles letones escaparon de su patria a través de la Organización Letona de Recursos Colectivos y Contactos que les proporcionó pequeñas embarcaciones a bordo de las cuales fueron puestos a salvo en la neutral Suecia.
Al amanecer del 20 de Febrero de 1945 el Ejército Rojo lanzó su mayor ofensiva contra Curlandia con un total de 21 divisiones que probarían separar a los XVI y XVIII Ejércitos del Eje, así como por un devastador bombardeo preliminar de 2.000 cañones, morteros y lanzacohetes que arrasaron las posiciones de los defensores entre Priekule y Dzûkste. En esta ocasión los invasores obtuvieron ganancias importantes porque con facilidad arrollaron a las unidades de vanguardia germano-letonas y embolsaron a la 126ª División de Infantería del general Kurt Hähling en la ciudad de Priekule, aunque milagrosamente al cabo de dos días, el 22, las unidades sitiadas rompieron el cerco y escaparon hacia el norte, cediendo el control de dicho enclave a las fuerzas del LI Ejército Soviético. Una semana más tarde, el 1 de Marzo, el III Frente Báltico rompió la «Línea Tukums» y después de un sangriento combate contra la 19ª División SS de Granaderos Letona y la 24ª División de Infantería que tuvieron que refugiarse en las orillas del Lago Zebrus, finalmente los soviéticos conquistaron la ciudad de Dzûkste. Completada la maniobra de 25 kilómetros a un altísimo coste de 70.000 bajas, 600 carros destruidos y 180 aviones abatidos, el Ejército Rojo se situó a tan sólo 20 kilómetros del puerto de Liepâja y a unos 18 kilómetros de la plaza de Tukums.
La última ofensiva del Ejército Rojo contra Curlandia tuvo lugar el 18 de Marzo de 1945 mediante la habitual preparación artillera y bombardeos de la aviación. El objetivo atacado fue el sur de Saldus que protegía el Grupo «Grasser», pero como de costumbre los soviéticos fueron rechazados con facilidad sobre un entorno boscoso y plagado de granjas por elementos ocultos de la 11ª División de Infantería y los posteriores contraataques de las 12ª y 14ª Divisiones Panzer. A raíz de este enésimo fracaso que costó 30.500 muertos y 130.000 heridos a los rusos, el mariscal Iván Bagramian que lideraba el I Frente Báltico y el general Andrei Yeremenko que comandaba el II Frente Báltico, los dos convocaron una reunión de urgencia para evaluar la situación, pues hasta la fecha las ganancias en la «Bolsa de Curlandia» eran mínimas a costa de unas bajas humanas y materiales desproporcionadas. Fue entonces cuando ambos decidieron bajo el visto bueno de Iósif Stalin, dejar de lanzar más ofensivas y establecer una fuerza de bloqueo menor para que el resto de unidades se concentraran en invadir Alemania. Así fue como el 4 de Marzo se disolvieron los I, II y III Frente Bálticos, permaneciendo como única agrupación sitiadora un total de cinco ejércitos soviéticos al mando del general Leonid Govorov, todos dependientes del Frente de Leningrado.
A partir de Abril de 1945 solamente se produjeron escaramuzas locales en la Península de Curlandia, así como devastadores bombarderos de la aviación soviética sobre determinados objetivos, principalmente contra el puerto de Liepâja. Una vez se suicidó Adolf Hitler en Berlín y provisionalmente fue nombrado Jefe del Estado el almirante Karl Doenitz, como éste último en seguida se puso a negociar con los Aliados la rendición del Tercer Reich, ya no tuvo ningún sentido mantener a sus tropas defendiendo la «Bolsa de Curlandia», por lo que entre el 3 y el 8 de Mayo consiguió evacuar a bordo de embarcaciones a 20.000 soldados alemanes desde los puertos de Liepâja y Ventspils que navegaron a través del Mar Báltico en dirección a la neutral Suecia, así como a otras 6.620 personas en 50 naves de pequeño tamaño pertenecientes a la 14ª Flotilla de Seguridad que viajaron hasta Alemania. Simultáneamente docenas de pilotos despegaron en sus cazas llevándose consigo a dos o tres compañeros apretados en la cabina; mientras que centenares de hombres abordaron 32 aviones de transporte Junkers Ju 52 que despegaron del Aeródromo de Grobina, aunque lamentablemente sólo tres aparatos consiguieron eludir a los cazas soviéticos en el aire porque los restantes veintinueve resultaron abatidos.
Oficialmente el 9 de Mayo de 1945, tan sólo veinticuatro horas después de haber entrado en vigor la capitulación del Tercer Reich con Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y la propia Unión Soviética en la jornada del 8, las fuerzas del Eje sitiadas en la «Bolsa de Curlandia» que previamente habían arrojado sus tanques, cañones y armas de mano a los pantanos y lagos (o se lo habían cedido a los guerrilleros anti-soviéticos de los Hermanos del Bosque Letones), se entregaron a las tropas del Ejército Rojo siguiendo las órdenes de su último comandante, el general Carl Hilpert. Se trató de un total de 203.000 cautivos del recién disuelto Grupo de Ejércitos «Curlandia» entre los que hubo 189.112 prisioneros alemanes y 20.000 letones, incluyendo 42 generales (41 germanos y 1 letón) y 8.100 oficiales, a quienes se capturó junto a un material cuantificado en 2.000 piezas de artillería, 400 blindados, 11.200 vehículos y 153 aviones.
Terminada la Batalla de la «Bolsa de Curlandia», las tropas del Ejército Soviético todavía tardaron un par de días en ocupar el «Kessel», por lo que unas horas antes de que los rusos tomaran el puerto de Liepâja en la jornada del 10 de Mayo de 1945, un convoy marítimo sacó a 3.870 refugiados y acto seguido una segunda flotilla de diecinueve lanchas torpederas a otros 2.000 compañeros. También un grupo de 300 combatientes letones encabezado por el general Walter Krüger trató de alcanzar Alemania a pie atravesando parajes naturales sin vigilar, pero la columna fue interceptada el 22 de Mayo y aniquilada sobre Sulpetriai en Lituania, justo a las puertas de Prusia Oriental. De igual manera hubo contingentes armados de soldados que combatieron a modo de guerrilleros hasta su capitulación definitiva en Julio, salvo por la excepción de un grupúsculo que tras recorrer la costa durante meses consiguió contratar un navío que les extrajo de Curlandia con éxito el 30 de Octubre de 1945, ya finalizada la Segunda Guerra Mundial.
Conclusión
Con la eliminación de la «Bolsa de Curlandia» al poco tiempo de terminar la Segunda Guerra Mundial en Europa, el antiguo Grupo de Ejércitos Norte desapareció para siempre después de nada menos que siete meses y medio de asedio desde Octubre de 1944 hasta Mayo de 1945. Aunque durante todo este tiempo los sitiados germano-letones cumplieron excelentemente bien para el cometido que se les asignó acerca de retener a enormes concentraciones del Ejército Rojo, muchos fueron los que criticaron el no haber intentando una ruptura para contribuir a la defensa de las fronteras orientales de Alemania, ya no sólo por la gran cantidad de hombres sitiados, sino también por el considerable material bélico atrapado en el interior que ayudó de manera muy decisiva a hacer inexpugnable aquella porción de Letonia sostenida por el Eje. Precisamente en este último aspecto y concretamente en lo referente a los tanques, el general Heinz Guderian, autor de la «Guerra Relámpago» o «Blitzkrieg, se quejó manifestando lo siguiente: «¡Hay más vehículos blindados en la pequeña península letona que en todo el Frente Occidental!».
El Ejército Rojo sufrió 400.000 bajas entre (61.468 muertos, 218.622 heridos, 4.000 prisioneros y 115.910 desaparecidos), además de encajar la pérdida material de 2.600 tanques, 2.593 piezas de artillería, 1.200 vehículos y 779 aviones.
El Eje sufrió 117.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos.
La campaña de la «Bolsa de Curlandia» independientemente de las críticas hacia el Grupo de Ejércitos Norte por decidirse a permanecer en Letonia y hacia el mismo Adolf Hitler por negarse a sacar a sus fuerzas de aquel país, fue sin duda una auténtica proeza de los defensores germano-letones que impidieron con absoluto éxito que el Ejército Rojo irrumpiese en su perímetro y encima infligiéndole más del doble de pérdidas tanto a nivel humano como material. Por ejemplo sólo en la primavera de 1945, los soviéticos mantuvieron distraídos sobre Curlandia a nueve ejércitos con 86 divisiones de fusileros y 85 brigadas blindadas o regimientos acorazados, algo que sin duda contribuyó a evitar que el comunismo se expandiera más rápido en otros puntos de Europa, convirtiendo aquel sacrificio en una de las mayores hazañas defensivas del siglo XX que sólo concluyó cuando sus protagonistas descubrieron que había terminado la Segunda Guerra Mundial.
Bibliografía:
-Antonio García Palacios, Cruces en la Nieve. La Resistencia Alemana y Letona en Curlandia 1944-45, «Librando una Batalla Perdida, el Dunkerque Alemán», HRM Ediciones (2020), p.139-167
-Juan Campos Ferreira, De Estonia a la rendición de Curlandia, el Final del Grupo de Ejércitos Norte Volumen 2, «1945, el Nuevo Grupo de Ejércitos Norte», HRM Ediciones (2025), p.319-402
-Carlos Caballero Jurado, David contra Goliat. Voluntarios Letones en la Campaña de Rusia 1941-45, «La Batalla de Curlandia», García Hispán Editor (1989), p.49-52
-https://en.wikipedia.org/wiki/Courland_Pocket



