Batalla del Castillo de Itter

La Batalla de Castillo de Itter fue uno de los sucesos más curiosos de la Segunda Guerra Mundial durante las etapas finales del conflicto en Europa cuando los Aliados se disponían a invadir Austria. La razón fue el intento de liberar a unos prisioneros franceses recluidos en una fortificación de la Edad Media que condujo a un accidental enfrentamiento librado por una extraña coalición de soldados del Ejército Estadounidense, regulares del Ejército Alemán y miembros de la Resistencia Austríaca contra tropas veteranas de las Waffen-SS.

En sus orígenes el Castillo de Itter fueron unos simples torreones construidos en el siglo IX, justo a la entrada del Valle de Brixental, situados a unos 700 metros por encima del nivel del mar sobre el Tirol y a los pies del Monte Hohe Salve de 2.000 metros de altura. La fortificación pasó a formar parte del Obispado de Ratisbona en 902, siendo remodelado posteriormente por el Sacro Imperio Romano-Germánico y en 1363 por el Imperio Habsburgo. A pesar de que fue saqueado por campesinos durante el Alzamiento Tirolés de 1515, las autoridades lo reconstruyeron en 1532, para quemarse en el patio de armas a la última bruja tirolesa en el año 1590. Curiosamente también fue propiedad de Napoleón Bonaparte tras la victoria de Francia en la Batalla de Austerlitz, así como más tarde por el Rey Maximiliano I de Baviera y por la compositora Sophie Menter, quién prestó sus salones para organizar conciertos con Richard Wagner. A partir del siglo XX el enclave fue utilizado como hotel para esquiadores y como galería de arte, estando entre sus inquilinos el Primer Ministro francés Édouard Daladier que se alojó en 1932 (más tarde sería prisionero en ese mismo lugar). El último propietario antes de los problemas fue el vicegobernador local Franz Grüner, pero cuando el Tercer Reich se anexionó Austria y empezó la Segunda Guerra Mundial, el oficial Oswald Pohl, director de la Oficina Económica y Administrativa Central de las SS, confiscó el recinto el 7 de Febrero de 1943 con la finalidad de emplearlo como centro de internamiento para prisioneros famosos de alta distinción.

Castillo de Itter.

Las obras de reacondicionamiento del Castillo de Itter las acometieron 22 trabajadores forzosos extraídos de los campos de concentración de Dachau y Flossenburg, entre los que había 8 austríacos, 7 rusos, 5 polacos, 5 alemanes, 1 checo y 1 yugoslavo. Aquellos obreros, carpinteros y fontaneros levantaron puestos de vigilancia en todo el recinto, incluyendo tres posiciones de madera con ametralladoras para dominar el patio frontal y el patio trasero, aunque por suerte para los guardias había barrancos en las caras norte, este y oeste, mientras que al sur se extendía un foso interno tras la muralla, lo que hacía realmente imposible cualquier fuga. También se trató de hacer habitable y cómodas las estancias, ya fuesen el gran salón, el torreón, las terrazas y las alcobas, situándose en la planta baja los alojamientos de la guarnición, en la planta primera las celdas numeradas de 1 a la 5 (con espacio para dos prisioneros), en la segunda de la 6 a la 9, en la tercera de la 10 a la 19, y en la cuarta las habitaciones de los mandos, sin obviar las dependencias anexas que incluían la iglesia, el garaje, los establos y la puerta abovedada principal, en cuya entrada se leía la famosa frase del poeta italiano Dante Alighieri en su obra La Divina Comedia de «Abandonad toda esperanza quienes entráis aquí».

A partir de 1944 el Castillo de Itter estuvo bajo la responsabilidad del Comando Especial SS-Itter bajo el mando del capitán Sebastian Wimmer y el subteniente Stefan Otto, quienes estaban al cargo de catorce guardias de las SS y seis perros alsacianos. Los catorce prisioneros de alto valor político a los que tenían que vigilar, todos procedentes de Francia, fueron los siguientes: el ex-Primer Ministro Édouard Daladier, el ex-Primer Ministro Paul Reynaud, el general Maurice Gamelin, el general Maxime Weygand, el tenista Jean Borotra que había liderado la Comisión General de Educación y Deportes de Vichy (se había vuelto gaullista), el fascista François de la Rocque del Partido Social Francés (de la facción anti-germana), el sindicalista León Jouhaux de la Confederación Nacional del Trabajo, el empresario y espía Michel Clemenceau, el oficial y propietario agrario Marcel Granger, Marie Agnès Caillau (hermana del general Charles De Gaulle), el ingeniero belga Alfred Cailliau (marido de Marie Agnès y cuñado de De Gaulle), Marie Renée Weygand (esposa de Weygand), Augusta Bruchlen (prometida de León Houhaux) y Christiane Mabire (secretaria de Reynaud). A estos inquilinos había que añadir algunas trabajadoras del hogar, todas prisioneras del campo de concentración de Dachau, además del electricista croata Zvonimir Cuckovic y el cocinero checo Andreas Krobot.

Prisioneros franceses del Castillo de Itter.

Cuando el VII Ejército Estadounidense emprendió la invasión de Austria a finales de Abril de 1945, un grupo de 27 soldados de las Waffen-SS en retirada se unieron a la guarnición del Castillo de Itter, entre ellos Wilhelm Eduard Weiter, el comandante del cercano campo de concentración de Dachau, quién se suicidió de un tiro en una de las estancias durante la noche del 1 al 2 de Mayo. A la mañana siguiente, el capitán Sebastian Wimmer convenció a los prisioneros para que firmasen una hoja, en cuyas líneas especificaron haber recibido buen trato de parte de sus captores, antes de que el mismo desertase y desapareciese por miedo a represalias de los vencedores.

Al poco de quedar abandonados a su suerte, los prisioneros especiales del Castillo de Itter se pusieron bajo el mando del capitán Kurt-Siegfred Schrader, un reservista de las Waffen-SS que en aquellos instantes se estaba recuperando de sus heridas en Itter y quién desde hacía tiempo renegaba de las ideas nacionalsocialistas. Al mismo tiempo en que todo esto ocurría un grupo de 1.400 soldados alemanes acamparon en el Valle de Brixental y más en concreto en la ciudad de Wörgl, ubicada a 6 kilómetros al oeste del recinto penitenciario. A pesar de que aquellas fuerzas eran una mezcla improvisada de tropas de montaña «gebirgsjäger», infantería de la Wehrmacht, unidades de artillería e incluso algunos veteranos de la 17ª División SS de Granaderos «Götz Von Berlichingen», el comandante al frente era el general Josef Gangl, un militar que en secreto acababa de unirse a la Resistencia Austríaca del Tirol, la cual liderada desde la sombra el empresario local Alois Mayr y era conocedor de la existencia de franceses en el Castillo de Itter.

Los Aliados no se enteraron de la identidad de los prisioneros del Castillo de Itter hasta ese mismo día 3 de Mayo, cuando el electricista croata Zvonimir Cuckovic se fugó a bordo de una bicicleta y tras esquivar varios puestos de control tanto de la División Panzer «Grossdeutschland» como de las Waffen-SS, alcanzó las líneas norteamericanas en Innsbrück, en donde entregó una carta de la prisionera francesa Christiane Mabire a un militar estadounidense de origen yugoslavo (como él). Lamentablemente en un principio no se tomaron muy en serio la información, por lo menos hasta que el mismo general Josef Gangl viajó en coche hasta la localidad de Kufstein para capitular ante un grupo de cuatro tanques Sherman e informar al comandante estadounidense Jack Lee acerca de la urgente necesidad de rescatar a los franceses del Castillo de Itter.

El 4 de Mayo el comandante John Kramers que se alojaba en el Ayuntamiento de Innsbrück al fin decidió organizar una columna de socorro con elementos del 824º Batallón Blindado y el 3º Batallón de Infantería con cuatro cazacarros M-10, tres jeeps con ametralladoras y dos camiones, uno cargado con tropas y otro vacío para los franceses. Sin embargo al poco de salir de la ciudad y alcanzar las inmediaciones de Rattenberg el grupo tuvo que cancelar la operación, pues una avanzadilla norteamericana acababa de sufrir una emboscada por parte de un centenar de soldados de las Waffen-SS, los cuales destruyeron con armas anticarro Panzerfaust a un tanque Sherman y dos semiorugas Half-Track M3.

General Josef Gangl del Ejército Alemán, miembro secreto de la Resistencia Austríaca.

Afortunadamente las fuerzas de Estados Unidos en Kufstein autorizaron al general Josef Gangl subir a bordo de su coche Kübelwagen, acompañado en este caso por el cabo Edward Stinky y el comandante Jack Lee, para conducir hasta la ciudad de Wörgl y reunirse con el oficial alemán Rupert Hagleitner, quién siguiendo las órdenes de su superior rindió la plaza a las 16:30 de la tarde. A continuación todos viajaron al Castillo de Itter, en donde fueron recibidos por unos agradecidos prisioneros franceses y por el capitán Kurt-Siegfred Schrader a cargo de la guarnición, quién pese a ser de las SS, aceptó colaborar con los norteamericanos y mantener a los galos bajo su custodia hasta que llegara una columna rescate.

De vuelta a Kufstein, el comandante Jack Lee encabezó una columna formada por seis tanques Sherman del 753º Batallón Blindado, catorce infantes estadounidenses de la Compañía E, diez soldados alemanes de la Wehrmacht a bordo de un camión Mercedes y un coche germano Kubelwägen que salió de la ciudad a las 7:00 de la mañana del 5 de Mayo. Desgraciadamente al poco de cruzar el Río Eno uno de los puentes se vino abajo y tres de los carros quedaron aislados en la otra orilla, por lo que el resto tuvieron que continuar con la marcha hasta el Viaducto Brixentaler Alle en el Villorio de Bruggberg, en donde también se vieron obligados a dejar otros dos blindados para proteger el enclave de posibles contraataques. Así fue como la expedición prosiguió su aventura hasta entrar en la ciudad de Itter y posteriormente ascender hasta el Castillo de Ittler, en cuyo patio el capitán Kurt-Siegfred Schrader se desilusionó al ver que eran tan pocos y ser consciente de que tarde o temprano se presentarían en la zona sus viejos compañeros de las SS.

La más que probable acometida de las Waffen-SS antes de que el grueso del VII Ejército Estadounidense llegase a Itter, no dejó más alternativa a la guarnición que defenderse, incluyendo a los germanos que acababan de recibir la noticia del suicidio de Adolf Hitler y no deseaban verse sometidos a las Waffen-SS. De este modo fue como mientras los prisioneros franceses y el personal del recinto se escondían en los sótanos, los 26 defensores se parapetaron en los muros y el torreón, entre los que había diez norteamericanos sumando al comandante Jack Lee, ocho infantes o carristas y el oficial Harry Basse al cargo del tanque Sherman, así como dieciséis alemanes que incluían al general Josef Gangl de la Resistencia Austríaca, el capitán Kurt-Siegfred Schrader de las SS y catorce soldados de la Wehrmacht.

Inesperadamente a las 4:00 horas de la madrugada del 5 de Mayo de 1945, algunas patrullas de las Waffen-SS que descendían de la montaña emprendieron un breve tiroteo contra los defensores apostados en el costado oriental del Castillo de Itter, en ocasiones con ráfagas cortas de ametralladoras MG-42. Como cabía esperar toda la guarnición se puso en alerta y tras un intercambio de disparos los atacantes se replegaron a las arboledas, pues su intención no era tomar el recinto, sino tan sólo tantear las defensas de cara a organizar un asalto mayor por la mañana. De hecho los únicos incidentes registrados en la escaramuza nocturna fue que una bala estuvo a punto de matar a ex-Primer Ministro francés Édouard Daladier y que uno de los soldados alemanes desertó por miedo a sufrir represalias de sus compañeros si tomaban la fortificación.

Tanque del comandante Jack Lee aproximándose al Castillo de Itter.

El evidente peligro al que se enfrentaba el Castillo de Itter obligó al comandante Jack Lee a ponerse en contacto por radio con la ciudad de Innsbrück y su comandante John Kramers para que de nuevo volviese a intentar mandar una columna de socorro, pero también en esta ocasión fue imposible porque al amanecer la expedición fue detenida primero por un bloqueo en la carretera hecho a base de troncos y piedras, luego por un puente volado y por último por un gigantesco cráter en el asfalto. Solamente dos modestos jeeps Willy sortearon los obstáculos, a bordo de los cuales viajaban el propio Krammers, el oficial francés libre Eric Luttem, un sargento norteamericano, el electricista croata Zvonimir Cuckovic (a modo de guía) y los periodistas Meyer Levin y Éric Schwab. De igual manera el general Josef Gangl telefoneó al Hotel Neue de Wörlg para solicitar refuerzos entre alemanes desafectos al régimen y miembros de la Resistencia Austríaca, por lo que en seguida un coche Kubelwagen se presentó en el recinto con el líder independentista local Alois Mayr, el partisano austríaco Hans Walt de 17 años y tres oficiales germanos, entre ellos Rupert Hagleitner.

Al amanecer apareció ante el Castillo de Itter un contingente de 150 efectivos de la 17ª División SS de Granaderos «Götz Von Berlichingen», los cuales desembarcaron desde camiones en la aldea de Itter y se posicionaron a unos 800 metros de la fortificación, emplazando cuatro piezas de artillería entre las que había un cañón Flak 88 de 88 milímetros, dos anticarros PaK 40 de 75 milímetros y un antiaéreo de 20 milímetros. Los defensores por ese entonces sumaban 36 hombres armados entre diecisiete alemanes (16 de la Wehrmacht y un Waffen-SS), diez norteamericanos, seis franceses (prisioneros a los que se entregó armas) y tres resistentes austríacos, equipados únicamente con un tanque Sherman.

En torno a las 10:00 horas de la mañana comenzó la Batalla del Castillo de Ittler cuando la pieza Flak 88 disparó un proyectil que impactó sobre la tercera planta y echó abajo la habitación vacía del general Maurice Gamelin, antes de que el resto de los soldados de la 17ª División SS de Granaderos «Götz Von Berlichingen» dispararan sus fusiles y ametralladoras MG-42 contra el recinto. Al poco de que los defensores respondieran al fuego, los cañones anticarro PaK 40 acertaron con dos proyectiles y destruyeron al tanque Sherman situado en la Casa del Guardia, el cual era conocido con el nombre de «Bessoten Jenny».

La cara norte del Castillo de Itter fue el objetivo de las tropas de las Waffen-SS durante un tímido avance cubierto por una salva del Flak 88, pero por el momento los veteranos combatientes fueron detenidos por el nutrido fuego de los soldados estadounidenses y alemanes de la Wehrmacht que no dejaron de apretar el gatillo desde aspilleras, ventanales y el torreón. Simultáneamente un grupo de germanos intentó efectuar una aproximación al muro almenado del patio delantero, aunque también resultaron ahuyentados por las armas cortas de los prisioneros franceses Maxime Weygnad, Maurice Gamelin, Jean Borotra, François de la Rocque, Paul Reynaud y Michel Clemenceau. Fue precisamente entre el grupo de galos supervisado por el general austríaco Josef Gangl, cuando éste último recibió la bala de un francotirador que atravesó su cabeza y acabó su vida (la víctima mortal de mayor rango de la batalla).

Soldados estadounidenses en la Batalla del Castillo de Itter.

Mientras tanto los dos jeeps Willy al frente del comandante John Kramers alcanzaron la localidad de Wörlg, en donde se unieron a diez partisanos de la Resistencia Austríaca y un puñado de soldados estadounidenses y tres tanques Sherman de la expedición del día anterior, quienes tras muchas peripecias lograron llegar a la ciudad casi al mismo tiempo que sus compañeros. Una vez reagrupados a tan sólo 6 kilómetros al oeste del Castillo de Itter, cuyo torreón podía verse a lo lejos echando humo, salió una poderosa columna formada por los dos coches de Kramers, los tres blindados al mando del jefe carrista Boche Buster y tres secciones de tropas a pie que incluían a la Compañía E del capitán Joe Will, la Compañía F del capitán Glen Goff y la Compañía G del capitán Carl Matney, encontrándose entre ellos reportero franco-canadiense René Lévesque (futuro Primer Ministro de Québec).

La marcha de la expedición del comandante John Kramers no fue sencilla porque al poco de recorrer un kilómetro y medio los norteamericanos tuvieron que detenerse a la altura de Söll-Leukental para eliminar a un grupo de francotiradores de las Waffen-SS y volar con el fogonazo de un tanque Sherman a un fortín de troncos que ocultaba dos ametralladoras MG-42. A medida que la columna de rescate se aproximaba lentamente al Castillo de Itter, el tenista francés y prisionero Jean Borotra saltó el muro de la fortificación y atravesó el bosque, esquivando a los soldados de las Waffen-SS, hasta que tras correr durante varios kilómetros campo a través, consiguió establecer contacto con una de las vanguardias estadounidenses encabezada por el oficial George Lynch, poco antes de que el resto de las fuerzas de Estados Unidos se apoderasen el pueblo de Itter.

El asalto al Castillo de Itter lo inició la unidad bajo el mando del oficial George Lynch y el teniente Clifford Reinhard, en donde acababa de integrarse el francés Jean Borotra y el canadienses René Lévesque, mediante un ataque desde la cara norte desde una distancia de 800 metros, el cual resultó ser un éxito porque tras franquear un torrente silenciaron a dos ametralladoras MG-42 y sus servidores, mataron a dos guardias de las SS y capturaron a otros dos. Simultáneamente a modo de distracción, los tres tanques Sherman ascendieron por la carretera hacia el recinto fortificado, logrando destruir con sus proyectiles a uno de los cañones anticarro PaK 40 y liquidar a su dotación. Ante este enemigo tan formidable los miembros de la 17ª División SS de Granaderos «Götz Von Berlichingen» no tuvieron más remedio que levantar al sitio y escapar hacia las montañas boscosas, por lo que una vez callaron las armas, los defensores norteamericanos, alemanes y franceses del Castillo de Itter abrieron las puertas del patio y recibieron con vítores y alegría a los Aliados.

Soldados alemanes y estadounidenses combatiendo juntos en la Batalla de Castillo de Itter.

Concluida la Batalla del Castillo de Ittler el resultado fue de cinco bajas para los defensores, incluyendo al general austríaco Josef Gangl que falleció, más cuatro heridos de ambas nacionalidades, además de resultar destruido un tanque Sherman (contando las expediciones externas las bajas fueron mayores tanto en hombres como en material, en el caso de este último el total sería de dos blindados Sherman y dos semiorugas Half-Track). Los soldados de las Waffen-SS por el contrario encajaron algo menos de un centenar de bajas, la inmensa mayoría prisioneros, sin obviar con que fue destruido un cañón anticarro ParK 40.

La liberación del Castillo de Itter siguió con el traslado de los prisioneros franceses a Innsbrück, en donde se reunieron con el general norteamericano Alexander Patch, antes de ser llevados a Alemania para subir a bordo del avión personal del general Charles De Gaulle en el Lago Constanza que a continuación los llevó de vuelta a Francia la jornada del 7 de Mayo. Atrás quedaron los soldados alemanes que habían combatido por su seguridad, los cuales fueron liberados por los Aliados durante los meses siguientes a modo de agradecimiento, incluyendo el capitán Kurt-Siegfred Schrader, mientras que el difunto general Josef Gangl fue considerado a título póstumo por Austria como uno de los máximos héroes de la Resistencia Austríaca. Así fue como terminó la aventura de los cautivos de Itter, quienes de forma accidental causaron un épico enfrentamiento entre las Waffen-SS y una alianza circunstancial de la Wehrmacht y el Ejército Estadounidense durante los últimos días de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Stephen Harding, La Última Batalla, cuando estadounidenses y alemanes combatieron juntos contra las Waffen-SS, Desperta Ferro (2025), p.5-202
-https://theunravel.com.au/the-battle-for-schloss-itter
-https://thechroniclesofhistory.com/2022/07/29/the-strange-battle-for-castle-itter-americans-germans-and-french-oh-my/
-https://en.wikipedia.org/wiki/Battleo_of_Itter