Batalla de Tarawa

A finales de 1943 los Estados Unidos emprendieron su ofensiva sobre el Pacífico Central que años más tarde debía acabar en la invasión del propio Japón. Las Islas Gilbert fueron el primer obstáculo de la larga cadena sobre aquel vasto teatro de operaciones, donde contra todo lo imaginado el Cuerpo de Marines experimentaría una auténtica pesadilla en su bautismo de fuego contra una diminuta guarnición del Ejército Imperial Japonés, sufriendo una carnicería sobre un entorno tropical de coral que sería conocida como la Batalla de Tarawa.

Plan de Estados Unidos

La celebración en Marruecos de la Conferencia de Casablanca a principios de 1943 a la que acudieron el Presidente Franklin Delano Roosevelt de Estados Unidos y el Primer Ministro Winston Churchill del Reino Unido, se abordó entre otros temas de carácter estratégico pasar a la ofensiva contra Japón en el Océano Pacífico. El plan para este teatro de operaciones se subdividió en dos frentes simultáneos que debían concluir en último término con la conquista de Japón, repartiéndose las tareas del siguiente modo: un contingente al mando del general Douglas MacArthur subiría desde el Pacífico Sur por las Islas Salomón, Nueva Guinea y las Filipinas; y otro contingente al mando del almirante Chester Nimitz avanzaría sobre el Pacífico Central sobre la Micronesia y las Islas Marianas. Precisamente en el caso de esta última expedición el primer objetivo iban a ser las Islas Gilbert y más exactamente el Atolón de Tarawa.

Atolón de Tarawa. Este exótico y apacible lugar tropical del Pacífico se convirtió en una sangrienta batalla durante la Segunda Guerra Mundial (fotografía del siglo XX).

El Atolón de Tarawa era una formación de coral perteneciente a las Islas Gilbert en medio del Pacífico Central, cuyos veinticuatro islotes cubiertos de fina arena y palmeras se alineaban unos junto a los otros con el aspecto de un compás abierto de 90º, desde su extremo más meridional en la Isla de Betio hasta el más septentrional en la Isla de Na’a, los cuales rodeaban una laguna cristalina de medio kilómetro de profundidad. Aunque el archipiélago era un dominio colonial del Imperio Británico, durante la Segunda Guerra Mundial fue conquistado por el Imperio Japonés en 1942 que convirtió al entorno en una base avanzada desde la que aislar a Estados Unidos del oeste de Oceanía. Como la posición de este lugar era estratégica por abrir las puertas de los Aliados a la Micronesia, en seguida el almirante Chester Nimitz que lideraba la Comandancia de la Flota del Pacífico (CINCPAC) decidió invadirlo poniendo en marcha la “Operación Galvanic”.

Almirante Chester Nimitz con oficiales discutiendo la “Operación Galvanic”.

Bajo el nombre de “Operación Galvanic”, la 2ª División de Marines al mando del general Julian Smith sería la encargada de invadir el Atolón de Tarawa con un organigrama que incluía el 1º Regimiento de Marines del general Thomas Eugene, el 2º Regimiento de Marines del coronel David Shoup, el 6º Regimiento de Marines del coronel Maurice Holmes, el 8º Regimiento de Marines del coronel Elmer Hall, así como una serie de entidades autónomas entre las que estaban el 2º Batallón Blindado del coronel Alexander Swenceski, el 2º Batallón de Tractores Anfibios del general Henry Drewes y el 165º Regimiento de Infantería del comandante Ralph Smith, los cuales serían depositados en tierra por el V Cuerpo Anfibio del general Holland Smith. Aunque todo el archipiélago sería ocupado, incluyendo las Islas de Makin, Bairiki, Apanama y Na’a, el principal objetivo fue la Isla de Betio en donde desembarcarían cuatro oleadas simultáneas del siguiente modo: una en la cara occidental bautizada “Playa Green” que sería responsabilidad del coronel Kenneth McLeod y otras tres en la cara septentrional denominadas “Playa Red 1”, “Playa Red 2” y “Playa Red 3” que encabezarían respectivamente los coroneles John Schoetel, Herbert Amey y Henry Crowe. Respecto al transporte de dicho contingente, la Flota Estadounidense (US Navy) dirigida por el almirante Raymond Spruance agrupó a la 52ª Fuerza Operativa del contraalmirante Arthur William Radford con seis portaaviones, cuatro acorazados, doce destructores, un submarino, un dragaminas y cinco transportes; más la 53ª Fuerza Operativa del contraalmirante Harry Hill con cuatro portaaviones, tres acorazados, cinco cruceros, dieciocho destructores y diecisiete transportes.

Aproximadamente los Estados Unidos reunieron un total de 35.000 efectivos sumando 18.600 soldados o marines y 16.400 marineros o personal logístico, así como 76 navíos entre 10 portaaviones, 7 acorazados, 5 cruceros (2 pesados y 3 ligeros), 30 destructores, 1 submarino, 1 dragaminas y 22 transportes.

Fuerzas Armadas Estadounidenses:
·2ª División de Marines:
-2º Regimiento de Marines
-6º Regimiento de Marines
-8º Regimiento de Marines
-10º Regimiento de Marines
2º Batallón Blindado
2º Batallón de Tractores Anfibios
165º Regimiento de Infantería
·Flota Estadounidense:
-10 Portaaviones: USS Enterprise, USS Wood, USS Liscomb Bay, USS Belleau, USS Cowpens, USS Monterey, USS Essex, USS Bunker Hill, USS Mississippi y USS Independance.
-7 Acorazados: USS Indiana, USS North Carolina, USS Pennsylvania, USS New Mexico, USS Tennesse, USS Colorado y USS Maryland.
-2 Cruceros Pesados: USS Indianapolis y USS Portland.
-3 Cruceros Ligeros: USS Mobile, USS Santa Fe y USS Birmingham.
-30 Destructores: USS Heermann, USS Hazelwood, USS Bailey, USS Fraizer, USS Bancroft, USS Gansevoort, USS Meade, USS Anderson, USS Russell, USS Ringgold, USS Dashiel, USS Schroeder, USS Cotten, USS Cowell, USS Sigsbee, USS Farragut, USS Aylwin, USS Monaghan, USS Mustin, USS Kimberly, USS Burns, USS Dewey, SS Hull, USS Gridley, USS Maury, USS Maury, USS Hughes, USS Morril, USS Hoel y USS Franks.
-1 Submarino: USS Nautilis.
-1 Dragaminas: USS Revenge.
-22 Transportes: USS Zeilin, USS Harry Lee, USS Wiliam Biddle, USS Arthur Middleton, SS Heywood, USS Thuban, USS Monrovia, USS Doyen, USS Sheridan, USS Virgo, USS La Salle, USS Ashland, USS Harris, USS Franklin Bell, USS Ormsby, USS Feland, USS Bellatrix, USS Leonard Wood, USS Calvert, USS Pierce, USS Alcyone y USS Neville.

Plan de Japón

La fácil ocupación de Japón a las Islas Gilbert al inicio de la Guerra del Pacífico propició que el lugar pasara a considerarse como un escenario secundario debido a que como la Marina Imperial Japonesa dominaba los mares, por el momento la Flota Estadounidense no tendría capacidad para amenazar aquel dominio tan alejado en el Pacífico Central. Sin embargo cuando la contienda comenzó a complicarse tras la derrota en la Batalla de Midway y el estancamiento en la Batalla de Guadalcanal, los aviación enemiga efectuó algunos bombardeos sobre el archipiélago y en Agosto de 1942 un grupo de comandos desembarcó en la Isla de Makin, matando a 60 guardias japoneses y destruyendo varias instalaciones a costa de perder la vida 19 norteamericanos. A raíz de aquel incidente, los mandos del Imperio Japonés decidieron convertir al Atolón de Tarawa en una fortaleza insular inexpugnable y más especialmente a la Isla de Betio que poseía un aeródromo para la Fuerza Aérea Imperial Japonesa.

La guarnición del Atolón de Tarawa al mando del contraalmirante Keiji Shibakasi estaba compuesta por 1.122 soldados del 3ª Fuerza Especial de Defensa, 1.497 infantes navales de la 7ª Fuerza Especial de Desembarco, 970 marineros coreanos del Destacamento de Construcción Naval y 1.247 zapadores de origen coreano adscritos a la 11ª Unidad de Construcción. Sin contar el personal del submarino I-175 que patrullaba las Islas Gilbert, alrededor de 800 hombres defendían las Islas de Makin, Bairiki, Apanama y Na’a; mientras que los 4.000 restantes estaban en la Isla de Betio, esta última protegida a conciencia con más de 500 búnkers, casamatas o fortines precedidos alambradas y un muro de troncos de madera junto a la orilla, el cual se erigía frente a las playas de desembarco barridas del siguiente modo: la “Playa Red 1” contaba con un cañón de 140 milímetros, dos de 80 milímetros, dos obuses y una ametralladora; la “Playa Red 2” con tres ametralladoras; la “Playa Red 3” con cuatro cañones de 80 milímetros, dos de 70 milímetros y siete ametralladoras; y la “Playa Green” con una pieza pesada costera de 200 milímetros, otra de 140 milímetros y cuatro cañones de 80 milímetros. Ante este perímetro inexpugnable, no fue extraño que el contraalmirante Keiji Shibakasi manifestase: “Tarawa no puede ser conquistada ni por un millón de hombres, ni en cien años”.

Aproximadamente el Imperio Japonés reunió a 4.836 soldados o marineros entre 2.616 coreanos y 2.220 japoneses, 50 piezas de artillería, 7 tanques y 1 submarino.

Batalla de Tarawa

En la oscuridad de la medianoche del 20 de Noviembre de 1943, los portaaviones y acorazados de la Flota Estadounidense echaron el ancla frente al Atolón de Tarawa, para luego situarse justo detrás el grueso de cruceros, destructores y transportes de las 52ª y 53ª Fuerzas Operativas. Hecho el despliegue naval, a las 3:00, los soldados del Cuerpo de Marines comenzaron a descender por las redes de sus naves y a embarcar en las lanchas de desembarco, en cuyo interior depositaron un material que nunca excedió los 200 kilogramos de peso. Al cabo de dos horas, a las 5:00, con la mayor parte de los hombres a bordo de sus barcazas, un hidroavión Kingfisher que despegó de la catapulta del acorazado USS Maryland sobrevoló el archipiélago para retirarse de inmediato después de recibir proyectiles de ocho cañones antiaéreos emplazados en la Isla de Betio.

Cazas Hellcat en uno de los portaaviones de la Flota Estadounidense durante la Batalla de Tarawa.

Al amanecer del 20 de Noviembre, los acorazados, cruceros y destructores de las 52ª y 53ª Fuerzas Operativas iniciaron el bombardeo naval a través de los grandes y medios calibres de sus torretas, al tiempo en que las baterías de costa respondían con fuego de contrabatería contra los buques de la Flota Estadounidense. Aunque algunos refugios y búnkers resultaron sepultados en medio de las detonaciones, los soldados japoneses apenas se vieron afectados porque se ocultaron en atrincheramientos y galerías bajo la arena, mientras que una de las piezas niponas que apuntaba contra el mar pulverizó con un proyectil la torreta del acorazado USS Mississippi matando a 44 marineros.

A las 5:40 horas se procedió a los ataques aéreos de la aviación embarcada procedente de los tres portaaviones USS Essex, USS Bunker Hill y USS Independence que con cazas Hellcat, cazabombarderos Avenger y bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas intentaron castigar sin éxito la Isla de Betio, pues el bombardeo naval previo obstaculizó las transmisiones, viéndose obligados los pilotos a lanzar sus bombas a ojo, exactamente igual que la segunda oleada de aviones que apenas tuvieron línea de visión por culpa de salvas disparadas por cuatro acorazados y tres cruceros. De hecho para lo único que sirvieron las ineficaces incursiones desde el aire fue para que los ingenieros navales “seabees” abriesen sin ser molestados una brecha en el arrecife de coral, por donde rápidamente accedieron las barcazas a la laguna para encaminarse en dirección a la Isla de Betio.

Pintura del desembarco en la Isla de Betio con los soldados estadounidenses avanzando con el agua a mitad del cuerpo y paralelos al muro de madera que se adentraba medio kilómetro en el mar.

La “Hora-H” en la Isla de Betio tuvo lugar a las 9:00 horas cuando 42 barcazas del V Cuerpo Anfibio que navegaban hacia la “Playa Red 1” comenzaron a recibir los disparos de la artillería japonesa que hicieron varios impactos sobre las embarcaciones e incluso sus depósitos de combustible, dejando ardiendo a varias lanchas que saltaron por los aires con sus hombres. Mucho peor fue lo ocurrido a 450 metros de distancia de la orilla, pues el coral sumergido y las barreras de acero bajo la superficie impidieron navegar a las barcazas, por lo que las tropas hubieron de saltar por la borda e introducirse en el agua que les llegaba a la altura pecho. Desde entonces los marines tuvieron que recorrer muy lentamente casi medio kilómetro (con el fusil en alto para no mojarse) mientras las olas se teñían de cadáveres y de sangre, sobretodo a partir de 90 metros cuando fueron segados por las ametralladoras y los fusiles de los tiradores. Solamente una embarcación consiguió embarrancar en la “Playa Red 1” a las 9:10, descendiendo un grupo de tres marines liderados por el teniente William Hawkins que arrojaron granadas contra el emplazamiento de una ametralladora, silenciado la automática y a su dotación, lo que permitió a otros soldados alcanzar la arena.

La “Playa Red 3” fue la siguiente en ser asaltada a las 9:14 tras la “Playa Red 1”, aunque nada más aproximarse al litoral una de las barcazas colisionó con una mina submarina y se hundió, por lo que el resto de embarcaciones tuvieron que soltar a los marines a 90 metros de la orilla, los cuales se abrieron paso hasta la arena sufriendo bajas y matando a unos pocos defensores japoneses hasta que consolidaron una pequeña cabeza. Casi simultáneamente el V Cuerpo Anfibio se dirigió a la “Playa Red 2” con problemas en la navegación debido a que los timoneles se desviaron del rumbo por daños en los sistemas de comunicación como consecuencia de las salvas del acorazado USS Maryland, con lo cual la primera oleada conformada por dos unidades quedaron muy divididas la una de la otra al ser depositado en el extremo derecho la Compañía F y en el extremo izquierdo la Compañía E.

Soldados del Cuerpo de Marines se defienden en unos sacos terreros mientras uno arroja una granada durante la Batalla de Tarawa.

Durante el resto de la mañana del 20 de Noviembre los soldados de la 2ª División de Marines vivieron un verdadero infierno porque se encontraban estancados en la arena e incluso medio sumergidos en la orilla mientras las balas silbaban sobre sus cabezas y los proyectiles de morteros y piezas de artillería despedazaban a decenas de hombres, incluyendo al coronel Herbert Amey que dejó sin mando al 2º Batallón de Marines. Como las comunicaciones por radio se interrumpieron y era imposible advertir a los buques, los capitanes no tuvieron más remedio que enviar mensajeros que corrían de una punta a otra de las playas para coordinar las acciones, quienes casi nunca llegaban a sus destinatarios porque eran eliminados por los francotiradores. Solamente a las 10.18 horas pudieron establecer contacto con el vicealmirante Raymond Spruance a bordo del crucero pesado USS Indianapolis para pedir traer a las reservas, las cuales fueron desembarcadas por el V Cuerpo Anfibio en las playas y en la única pasarela de madera disponible a las 11:30.

Simultáneamente al desembarco en la Isla de Betio, el 20 de Noviembre se procedió a invadir la Isla de Makin al norte de las Islas Gilbert mediante un bombardeao preliminar de la 52ª Fuerza Operativa con los tres acorazados USS Indiana, USS North Carolina y USS Pennsylvania, seis destructores y los aparatos embarcados de los seis portaaviones USS Enterprise, USS Wood, USS Liscomb Bay, USS Belleau, USS Cowpens y USS Monterey. Concluida la barrera de fuego de la escuadra, un contingente de 800 soldados del 165º Regimiento de Infantería tomaron tierra en aquel dominio insular, avanzando en dos alas que rápidamente conquistaron la aldea de Ukiakong y alcanzaron un perímetro fortificado al que denominaron “Chong’s Whart”, donde los norteamericanos fueron detenidos por las descargas de morteros y ametralladoras, viéndose forzados a cavar trincheras y esperar que la situación mejorase. No obstante y pese a este imprevisto en la Isla de Makin, mucha más suerte tuvieron los estadounidenses en la vecina Isla de Apanama porque 78 marines transportados por el submarino USS Nautilis desembarcaron y mataron a los únicos tres defensores nipones, apoderándose sin sufrir una sóla baja del enclave, por aquel entonces primero en ser ocupado del Atolón de Tarawa.

A las 14:30 de la tarde de aquel 20 de Noviembre, el 6º Regimiento de Marines recibió órdenes de los mandos del Cuerpo de Marines de desplazarse al extremo más occidental de la Isla de Betio, la “Playa Green”, para despejar sus orillas antes de que llegasen las reservas prometidas del 2º Batallón Blindado. Así fue como tres compañías de fusileros, un pelotón de ametralladoras y algunos destacamentos de conductores, artilleros e ingenieros, se abrieron paso bajo el fuego enemigo hasta tomar posiciones en la zona indicada y rechazar varios contraataques con armas cortas, lo que facilitó el desembarco de siete tanques Sherman que muy pronto reforzaron la “Playa Roja 3”.

Tropas del Cuerpo de Marines desembarcando en la Isla de Makin.

Caída la tarde en aquel sangriento comienzo de la “Operación Galvanic”, los soldados de la 2ª División de Marinas solamente se habían establecido en las orillas de la “Playa Roja 1”, la “Playa Roja 2”, la “Playa Roja 3” y la “Playa Verde”, pero no habían ganado un sólo metro del interior de la Isla de Betio. El único logro significativo en la jornada fue eliminar al principal líder defensor de la guarnición, ya que los destructores USS Ringgold y USS Dashiel se aproximaron a la costa y dispararon varias andanadas con las que echaron abajo un búnker de campaña, sepultando y matando a nada menos que el contraalmirante Keiji Shibakasi.

Veinticuatro horas después de la “Operación Galvanic”, a las 6:15 horas de la madrugada del 21 de Noviembre, un grupo de barcazas cargadas de suministros intentaron sortear los arrecifes de coral bajo la protección del acorazado USS Maryland, aunque poco antes de alcanzar la orilla las embarcaciones fueron víctimas de los tiros de la artillería japonesa durante dos horas en las que se perdió el 50% del cargamento entre comida, bebida y otras vituallas, hasta que a las 8:00 las lanchas continuaron la marcha para descargar con éxito el resto del material con armamento, municiones, jeeps y bulldozers. Gracias a todos estos refuerzos y a los continuos bombardeos de la aviación embarcada, los marines pudieron avanzar por primera vez hacia el interior y situarse al norte del aeródromo, estableciendo una cabeza triangular sobre la Isla de Betio.

Miembros del Cuerpo de Marines hacinados en la playa de la Isla de Betio.

A las 10:00 horas de la mañana, los soldados del 6º Regimiento de Marines al frente del comandante Michael Ryan salieron de la “Playa Green” con dos tanques Sherman que fueron volando uno a uno los emplazamientos de ametralladoras y morteros hasta conquistar el enclave Punta Temakin, en donde destruyeron unos pocos cañones que los japoneses habían capturado a Rusia en la Guerra Ruso-Japonesa de 1905. Con esta última posición en manos de los norteamericanos, la 2ª División de Marines amplió su cabeza a un perímetro en forma de herradura que partía del aeródromo, seguía por la “Playa Red 1”, la “Playa Red 2”, la “Playa Red 3” y la “Playa Green”, y finalizaba en la Punta Temakin, en cuyas orillas fueron afluyendo más refuerzos en medio de un colapso del tráfico que se prolongó desde las 16:00 a las 19:00 horas de la tarde, como por ejemplo el 1º Batallón de Marines que fue traído casi al anochecer por el transporte USS Feland.

Como las cosas se complicaban para la guarnición del Imperio Japonés en la Isla de Betio, muchos soldados nipones comenzaron a cruzar a nado el canal de agua con la cerca Isla de Bairiki. Inmediatamente los buques de la 52ª Fuerza Operativa que patrullaban los arrecifes del Atolón de Tarawa, se percataron de varios individuos nadando de un islote al otro, por lo que rápidamente se movilizó al 2º Batallón del 6º Regimiento de Marines que desembarcó en el lugar matando con rapidez a los pocos japoneses presentes hasta que al caer la noche declararon conquistada en su totalidad la Isla de Bairiki.

Cadáveres norteamericanos y japoneses en la playa de la Isla de Betia.

Entre las 8:00 y las 11:00 de la mañana del 22 de Noviembre, el 6º Regimiento de Marines con base Punta Temaki lanzó una ofensiva hacia el centro de la Isla de Betio que durante las tres horas siguientes resultó ser un éxito porque se eliminaron numerosas posiciones de ametralladoras y cañones, en parte por la ayuda prestada por varios tanques ligeros Stuart M3. A mitad de la jornada, aquel mismo contingente irrumpió en el aeródromo en esta ocasión con el apoyo de tanques Sherman, destruyendo los carros durante el primer asalto uno de los búnkers y un nido con automáticas. Desde entonces el progreso quedó completamente frenado, ya que antes de acabar la jornada los hombres del 6º Regimiento de Marines únicamente consiguieron tomar parcialmente la punta de despegue del aeródromo.

Mientras tanto en la Isla de Makin, los soldados del 165º Regimiento de Infantería que se encontraban atrincherados sobre el dispositivo de “Chong’s Whart” desde el 20 de Noviembre, finalmente consiguieron salir de sus posiciones el día 22. El asalto se desarrolló favorablemente porque la mayoría de los defensores japoneses, ocultos entre la maleza y los palmerales, ya habían sido aniquilados por los bombardeos previos de los buques y la aviación embarcada, por lo que después de muchas penurias y una mala coordinación entre las tropas y la escuadra, se completó la ocupación de la Isla de Makin.

En la Isla de Betio la resistencia se fue apagando desde las 3:00 de la madrugada del 23 de Noviembre, motivo por el cual los japoneses lanzaron una carga suicida “Banzai” sobre el aeródromo empleando bayonetas, cuchillos, katanas y granadas. Como los marines fueron cogidos por sorpresa, numerosos estadounidenses fueron arrollados en la arremetida inicial hasta que al cabo de unos minutos se lanzaron bengalas que iluminaron el lugar y los dos destructores USS Schoeder y USS Sigsbee dispararon sus cañones despedazando a los atacantes. Gracias a los fogonazos procedentes de la laguna, la carga “Banzai” fue desarticulada perdiendo al vida 320 soldados japoneses, además de encajar los norteamericanos 173 bajas entre 45 muertos y 128 heridos.

Carga del Cuerpo de Marines contra el aeródromo de la Isla de Betio.

Al amanecer del 23 de Noviembre, la situación en la Isla de Betio era desoladora porque miles de cuerpos estaban tendidos sobre la arena o entre los troncos de las palmeras ardiendo, sin contar los que flotaban en la orilla, desprendiendo un hedor dulzón que hizo irrespirable la atmósfera del campo de batalla. En medio de este ambiente infernal, los soldados del Cuerpo de Marines se lanzaron al asalto contra el corazón insular, forzando a la retirada de los últimos defensores japoneses hacia las playas vacías y conquistando de una vez por todas el aeródromo. Como represalia al saberse de la caída de la instalación, la Fuerza Aérea Imperial Japonesa basada en la Micronesia lanzó una serie de raids contra el Atolón de Tarawa, aunque la incursión fue desastre porque los interceptores Hellcat de los portaaviones derribaron un total de 17 aviones nipones, entre estos varios cazas Zero.

El asalto final para eliminar los últimos reductos de la Isla de Betio tuvo lugar a mitad del 23 de Noviembre partiendo los batallones de la 2ª División de Marines desde “Playa Roja 1”, la “Playa Roja 2” y la “Playa Green” con el apoyo de nueve tanques entre dos Sherman y siete Stuart M3. Con rapidez los norteamericanos avanzaron hacia la parte oriental del dominio insular que estaba en poder de los defensores, quienes organizaron una fanática resistencia casi suicida, llevándose por delante a unas cuantas tropas estadounidenses, hasta que después de muchas dificultades, los atacantes emplearon los lanzallamas y rociaron de fuego todos los escondrijos, matando en un par de horas a los últimos 470 soldados nipones.

Portaaviones USS Liscomb Bay explota tras ser alcanzado por un torpedo de un submarino japonés I-175.

Con la caída de la Isla de Betio y la conquista de prácticamente todo el Atolón de Tarawa, la jornada del 24 de Noviembre los norteamericanos creyeron haber obtenido la victoria y bajaron la guardia sin percatarse de que en la laguna de coral accedió sumergido el submarino japonés I-175. Al mando del capitán Tabata Sunao, el sumergible disparó tres torpedos contra una de las concentraciones de barcos que impactaron bajo la línea de flotación del portaaviones USS Liscomb Bay, haciendo detonar primero el compartimento de municiones y luego incendiando los depósitos de gasolina, por lo que rápidamente la nave ardió de manera incontrolable y estalló en mil pedazos con trozos de cascotes que cayeron sobre la cubierta del acorazado USS New Mexico. Bastaron tan sólo 23 minutos para que el portaaviones USS Liscomb Bay se hundiera con la consiguiente muerte de 644 tripulantes a bordo.

Conclusión

La mañana del 25 de Noviembre de 1943 comenzó la última fase de la Batalla de Tarawa que se desarrollaría sin bajas cuando el submarino norteamericano USS Nautilis emergió en el extremo más septentrional del archipiélago y bombardeó con su pequeño cañón de proa la pequeña Isla de Na’a. Al cabo de unos minutos, un grupo de soldados del Cuerpo de Marines desembarcaron en el lugar y sin encontrar ningún tipo de oposición se apoderaron del terreno después de encontrar los cadáveres de 25 militares japoneses, dándose desde ese instante por concluida la Batalla de Tarawa.

Tanque Sherman semihundido antes de llegar a la playa junto al coral.

El Eje sufrió un total de 4.836 bajas entre 4.690 muertos (2.487 coreanos y 2.203 japoneses) y 46 prisioneros (17 japoneses y 129 coreanos), así como la destrucción de 7 tanques, 50 cañones y el derribo de 17 aviones.

Estados Unidos sufrió de 3.769 bajas entre 1.667 muertos y 2.101 heridos, además de ser hundido el portaaviones USS Liscomb Bay.

La Batalla de Tarawa marcó el inicio de la contraofensiva de Estados Unidos sobre el Pacífico Central para comenzar poco a poco a ganar terreno y acortar el viaje hasta el objetivo final que no era otro que Japón. No obstante y pese a la victoria en las Islas Gilbert, el precio fue altísimo porque con 1.667 fallecidos sobre un diminuto trozo de coral en medio de la nada, el escándalo fue tremendo, no sólo entre los mandos de la Flota Estadounidense y en los despachos del almirante Chester Nimitz, sino también en el Estado Mayor de Washington y en la Casa Blanca. De hecho en el Atolón de Tarawa perdieron la vida 6.357 seres humanos contando a los combatientes de ambos bandos, algo que dejaría entrever el tipo de escenario que los norteamericanos se encontrarían a lo largo de todo el Frente del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Derrick Wright, Pacific Victory, “Tarawa”, Sutton (2005), p.30-60
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, “De Tarawa a Eniwetok, el avance en el Pacífico”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.437-1.442
-http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Tarawa