La Batalla de Montecassino fue una de las campañas más feroces que tuvo lugar sobre el teatro de operaciones en Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Librada por un conglomerado de tropas de Gran Bretaña, Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y las fuerzas libres de Francia y Polonia, entre otras nacionalidades del bando de los Aliados, el enfrentamiento contra unas pocas unidades del Ejército Alemán se saldó en un auténtico baño de sangre para los atacantes que vieron completamente interrumpido su avance sobre la «Línea Gustav» de la Península Italiana a lo largo de toda la mitad de 1944.
Plan del Eje
Después de la capitulación de Italia en Septiembre de 1943 y el desembarco de los Aliados en Salerno, Tarento y Calabria, las tropas del Ejército Alemán se habían ido retirando gradualmente hacia el norte, provocando bajas considerables a las fuerzas de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Commonwealth que tras ocupar la ciudad de Nápoles, resultaron totalmente frenadas en el Río Volturno, sufriendo las inclemencias de las lluvias en otoño y el rudo invierno de los Apeninos. Mientras aquel estancamiento tuvo lugar, el mariscal Albrecht Kesselring que lideraba a las Fuerzas Armadas Alemanas en la Península Italiana desde su Estado Mayor en Roma, ordenó refugiarse a sus unidades por detrás de la inexpugnable «Línea Gustav».
La «Línea Gustav» era una línea de 250 kilómetros que atravesaba el centro-sur de Italia por debajo de Roma partiendo de este a oeste desde el Mar Adriático hasta el Mar Tirreno, donde las fuerzas del Eje se fortificaron en cordilleras de elevados picos, ríos serpenteantes, cavidades rocosas, grietas en las montañas y vegetación mediterránea de pinos y matas. Articulada en cuatro segmentos, sus características fueron las siguientes: el principal era un área de entre 17 y 35 kilómetros sobre el Valle del Río Liri y el Río Garellano que vertía sus aguas sobre el Golfo de Gaeta, en cuyas inmediaciones se elevaban los Montes Aurunci y el Monte Castelforte de 940 metros; la siguiente se extendía sobre los Abruzzos entre el Río Milfa y la cuenca natural de Atina; la próxima un triángulo entre el Monte Cifalco junto a la costa adriática, el Castel di Sangro y el Macizo de Maiella; y el último un sector entre el Río Rápido y la ciudad de Cassino que conectaba la línea ferroviaria que atravesaba los Apeninos con la Carretera Estatal Nº6, en donde curiosamente los ingenieros germanos habían desviado el curso acuático y creado un pantano artificial para impedir el paso de tanques. De hecho en este último enclave, la metrópoli se hallaba coronada por Montecassino y rodeada de una serie de riscos como Rocca Janícula de 90 metros (conocida también como Colina del Castello por su castillo medieval en la cima), la Collina del Boia (Colina del Verdugo) y algo más atrás, a unos 7 kilómetros aproximadamente, el Monte Cairo de 1.669 metros y la Colina del Belvedere de 720 metros que conectaba el pueblo de Sant’ Elia con Belmonte.
La Abadía de Montecassino situada a 516 metros sobre la cumbre de Montecassino y por encima de la ciudad de Cassino a 120 kilómetros de Roma, fue fundada por San Benito sobre un viejo templo de Apolo en el año 529 d.C. Desde entonces su posición fue estratégica desde el punto de vista militar por dos motivos: en primer lugar solo se podía alcanzar la cima subiendo por una empinada pendiente de la cara sur debido a que la vertiente norte se desprendía en forma de barranco; y en segundo lugar era el único acceso que conectaba el centro con el sur de Italia. Ante estos antecedentes no fue extraño que en el año 581 el edificio fuera destruido por los longobardos, para ser reconstruido en el 717 y volver a ser derruido por los sarracenos en el 883; antes de renovarse por segunda vez en el siglo X, época conocida como la «Edad de Oro de Montecassino» por convertirse en un centro cultural de la Cristiandad en donde se tradujeron obras latinas tan fundamentales como las de Varrón, Cicerón, Horacio, Ovidio, Virgilio, Sénaca, etc. A pesar de que en 1343 un terremoto echó abajo el monasterio; en 1503 un contingente enviado por España se negó a saquearlo porque Fernandez Córdoba, conocido como «El Gran Capitán», dijo haber tenido una visión fantasmal de San Benito. Afortunadamente durante el Renacimiento la abadía volvió a vivir una época de esplendor por albergar las tumbas de San Benito y Santa Escolástica, además de obras artísticas importantes de artistas de renombre como Tintoretto, Ghirlandio o Brueghel, así como la Leda de Leonado Da Vinci, siendo el más destacado el precioso fresco de Luca Giordini que elaboró durante el Barroco.
El X Ejército Alemán bajo el mando del general Heinrich Vietinghoff se estacionó en los alrededores de Cassino a principios de 1944, aunque según lo pactado con el Papa Pío XII, los germanos no podían acercarse a menos de 350 metros de la Abadía de Montecassino por ser un territorio neutral perteneciente al Vaticano. Así fue como los 90.000 efectivos del XIV Cuerpo Panzer liderado por el general Fidolin Von Senger und Etterling (quién curiosamente era miembro de la Tercera Orden Benedictina, al igual que los monjes del monasterio) desplegó en el sector de Cassino a 26.000 hombres, quienes junto a todos los demás se desplegaron del siguiente modo según la unidad: la 1ª División Paracaidista del general Richard Heidrich se situó en la propia ladera inferior de Montecassino, mientras que en los alrededores de la ciudad y la cordillera anexa la 5ª División de Montaña del general Julius Ringel, la 15ª División Panzergrenadier del general Eberhardt Rodt, la 90ª División Ligera del general Carl-Hans Lungerhausen y la 94ª División de Infantería del general Bernhard Steinmetz. De igual forma la República Social Italiana al frente de Benito Mussolini prestó a 1.000 voluntarios italianos de la 119ª Legión de Camisas Negras y el 4º Batallón de la Guardia Nacional Republicana, mientras que Eslovaquia que también era miembro del Eje situó a 4.345 soldados de la 2ª Brigada Técnica Eslovaca dirigida por el general Rudolf Pilfousek.
Aproximadamente el Eje reunió a 90.000 soldados y 400 cañones.
X Ejército Alemán:
XVI Cuerpo Panzer
-1ª División Paracaidista «Fallschirmjäger»
-5ª División de Montaña
-15ª División Panzergrenadier
-90ª División Ligera
-94ª División de Infantería
-119ª Legión de Camisas Negras
-2ª Brigada Técnica Eslovaca
Plan Aliado
Los Aliados eligieron Montecassino como punto de ruptura para traspasar la «Línea Gustav» y emprender la marcha a Roma de manera simultánea con un desembarco en Anzio dentro del contexto de la «Operación Shingle» (aunque ambas campañas se desarrollarían de manera independiente). Al mando del general inglés Harold Alexander, las fuerzas escogidas para el ataque contra Cassino fueron el II Cuerpo Estadounidense del general Mark Clark con las 34ª, 36ª, 45ª, 85ª y 88ª Divisiones de Infantería, más la 1ª Fuerza de Servicios Especiales, y el X Cuerpo Británico del general Richard McCreery con las 5ª, 46ª y 56ª Divisiones de Infantería. Algo más al este operaría el Cuerpo Expedicionario Francés Libre del general Alphonse Juin con la 1ª División Motorizada Francesa Libre, la 3ª División de Infantería Argelina y las 2ª y 4ª Divisiones de Infantería Marroquí; mientras que en la reserva se irían incorporando progresivamente a la batalla el Cuerpo Neozelandés del general Bernard Freyberg con la 2ª División de Infantería, la 4ª División de Infantería India y el Batallón de Infantería Nepalí «Gurkha», así como el Cuerpo Polaco Libre del general Wladyslaw Anders con las 3ª y 5ª Divisiones de Infantería, el I Cuerpo Canadiense del general Eedson Louis Burn con las 1ª y 5ª Divisiones de Infantería, el XIII Cuerpo Británico del general Sidney Kirkman con las 6ª División Blindada, la 6ª División de Infantería, la 8ª División de Infantería India y la 1ª División de Infantería Sudafricana, y el Cuerpo de Liberación Italiano del general Umberto Utini con la Brigada Motorizada Cobeligerante, el 185º Batallón Paracaidista «Nembo» y el Batallón de Infantería de Marina «Bafile». A estas unidades hubo que añadir un contingente internacional de voluntarios jamás visto con 26 nacionalistas entre los que por ejemplo hubo europeos como yugoslavos, checos o chipriotas, asiáticos como ceilaneses, libaneses o palestinos, africanos como tunecinos, mauritanos, senegaleses, swazilis y basutos, así como minorías de otras partes como judíos de Oriente Medio o tribus maorís de Oceanía, incluso de gente de América como brasileños y los mestizos japoneses-estadounidenses del 442º Regimiento de Combare Americano-Japonés «Nisei».
Aproximadamente los Aliados reunieron 100.000 soldados, 1.625 cañones, 2.000 tanques y 3.000 aviones.
Ejército Aliado:
·II Cuerpo Estadounidense
-34ª División de Infantería Estadounidense
-36ª División de Infantería Estadounidense «Texas»
-45ª División de Infantería Estadounidense
-85ª División de Infantería Estadounidense
-88ª División de Infantería Estadounidense
-1ª Fuerza de Servicios Especiales
·X Cuerpo Británico
-5ª División de Infantería Británica
-46ª División de Infantería Británica
-56ª División de Infantería Británica
·Cuerpo Expedicionario Francés Libre
-1ª División Motorizada Francesa Libre
-2ª División de Infantería Marroquí
-3ª División de Infantería Argelina
-4ª División de Montaña Marroquí
·Cuerpo Neozelandés
-2ª División de Infantería Neozelandesa
-4ª División de Infantería India
-Batallón de Infantería Nepalí «Gurkha»
·II Cuerpo Polaco
-3ª División de Infantería Polaca
-5ª División de Infantería Polaca
·I Cuerpo Canadiense
-1ª División de Infantería Canadiense
-5ª División de Infantería Canadiense
·XIII Cuerpo Británico
-4ª División de Infantería Británica
-6ª División Blindada Británica
-78ª División de Infantería Británica
-8ª División de Infantería India
-1ª División de Infantería Sudafricana
·Cuerpo de Liberación Italiano
-Brigada Motorizada Italiana Cobeligerante
-185º Batallón Paracaidista «Nembo»
-Batallón de Infantería de Marina «Bafile»
1ª Batalla de Montecassino
La fría noche del 3 de Enero de 1944 se inició la aproximación al área de Montecassino y el sector más occidental de la «Línea Gustav» cuando el II Cuerpo Estadounidense se movió de sus posiciones en medio de una helada con temperaturas que descendían por debajo de los 0ºC. La 34ª División de Infantería encabezó el ataque contra el Cerro Chiaia, pero tras varios intentos de alcanzar la cumbre los defensores alemanes organizaron un contraataque sorpresa a través de un desfiladero a sus espaldas, en donde el día 4 forzaron a los norteamericanos a replegarse y capturaron a 69 hombres que fueron enviados como prisioneros a Alemania.
Bastante mejor les fueron las cosas a los veteranos de la 1ª Fuerza de Servicios Especiales porque tras duros combates coronaron la cima del Monte Majo la jornada del 5 de Enero, mientras que el 6 aseguraron con facilidad la Cota 1.109 y la Cota 1.270. Este éxito desordenó una parte del dispositivo enemigo en el área del Río Garellano, lo que permitió a la 34ª División de Infantería salir de su estancamiento inicial y conquistar el pueblo de San Vittore, sin obviar con que al día siguiente, el 7, los soldados pudieron desquitarse de su anterior fracaso y ocupar el Cerro Chiao, capturando en el proceso a 170 prisioneros germanos.
Simultáneamente el II Cuerpo Estadounidense emprendió un asalto contra el Monte Porchia después de un bombardeo preliminar con artillería, pero de nuevo los atacantes se vieron frenados por los alemanes y sufrieron una desproporcionada cantidad de pérdidas que se elevaron a 445 entre 66 muertos y 379 heridos. A esta cifra hubo que sumar 516 bajas extra causadas por el entorno natural y el frío extremo, la mayoría provocadas por pie de trinchera, congelaciones y una exposición continuada a la intemperie. A pesar de todo los norteamericanos lograron hacerse con Monte Porchia, mientras que el 9 de Enero elementos del X Cuerpo Británico se apoderaron a no mucha distancia de la Cota Cedro, algo que facilitó a los Aliados entrar en la localidad de Cervaro la jornada del 11.

Columna del Ejército Estadounidense con soldados y tanques avanza por la «Línea Gustav hacia Cassino».
A las 6:30 horas de la madrugada del 12 de Enero entró en escena el Cuerpo Expedicionario Francés cuando la 2ª División de Infantería Marroquí se apoderó de Monna Casale y la 3ª División de Infantería Argelina del único pico elevado sobre San Elia, lo que permitió a los franceses profundizar nada menos que 6’5 kilómetros hasta alcanzar el Monte Santa Croce la jornada del 15. Al día siguiente, el 16, dos regimientos de las 34ª y 36ª Divisiones de Infantería Estadounidenses asaltaron y tomaron las alturas de Monte Trocchio con el apoyo aéreo de 48 cazas P-40 Warhawk, forzando con ello a los alemanes a replegarse por encima de la orilla del Río Rápido.
En torno a las 21:00 horas de la noche del 18 de Enero el X Cuerpo Británico comenzó a cruzar los 1.800 metros de cauce de la desembocadura del Río Garellano, contando con el soporte desde el mar de dos cruceros y cinco destructores que machacaron las posiciones del Ejército Alemán. Lamentablemente para los atacantes los vehículos anfibios DUKW se equivocaron de sector y no pudieron descargar el material con los que abrir pasillos en los campos minados, los cuales poseían 24.000 artefactos enterrados, sin obviar con dos camiones y varios vehículos se perdieron tras pisar alguna de estas minas, mientras que uno de los puentes artificiales quedó destruido por culpa de la artillería a la altura de la Carretera Nacional Número 7. La peor parte se la llevó la 46ª División de Infantería Británica que desembarcó a 3 kilómetros del punto previsto, en donde sus tropas sufrieron una enorme cantidad de bajas, muchas por mutilaciones en los perímetros de alta densidad. A pesar de las dificultades y las lluvias torrenciales, los ingleses consiguieron desembarcar a diez batallones el día 19 e incluso apoderarse del pueblo de Mintauro, haciendo durante el proceso 287 prisioneros, por lo que para el 20 ya habían consolidado una cabeza en el Río Garellano que poseía entre 3 y 5 kilómetros de profundidad.
La Batalla del Río Rápido, cuyo lanzamiento se había previsto justo después del cruce del Río Garellano, comenzó el 20 de Enero con un potentísimo bombardeo preliminar de la artillería y 124 incursiones protagonizadas por 124 aviones entre 88 cazas P-40 Warhawk y 36 bombarderos Douglas A-20 Havoc sobre el Castillo de Sant’ Angelo y las inmediaciones de Cassino. Acto seguido los efectivos de la 36ª División de Infantería «Texas» recorrieron los entre 180 y 280 metros que separaban sus atrincheramientos de la orilla, donde embarcaron a bordo de 113 lanchas neumáticas y 119 lanchas de madera con las que navegaron sobre un peligroso cauce de entre 7’5 y 15 metros de anchura, entre 2’5 y 3’5 metros de profundidad, y unos bordes con acantilados de entre 1 y 2 metros (salvo el tramo de Sant’ Angelo que poseía una inaccesible pared vertical de 12 metros). Los cañones alemanes respondieron con eficacia porque a los primeros proyectiles acabaron con treinta hombres que esperaban en sus puntos de embarque, mientras que en el agua hundieron numerosas barcazas cargadas de combatientes, dañaron las pasarelas de pontones a medio construir por los ingenieros e hicieron que se perdiera el 25% del equipo de asalto. También el diluvio de plomo y acero derrumbó el único puente peatonal y alcanzó al campamento estadounidense en la retaguardia, matando a un puñado de oficiales en el puesto de mando; al mismo tiempo en que los únicos 100 soldados que desembarcaron en la cara contraria quedaron completamente rodeados y aislados ante los implacables tiradores de la 15ª División Panzergrenadier.

Granaderos alemanes con armas anticarro Panzerschrek pasan por delante de los restos de un tanque Sherman en los alrededores de Cassino.
Al día siguiente del asalto al Río Rápido, el 21 de Enero, un equipo de ingenieros del 141º Regimiento de Infantería consiguió ensamblar un puente artificial al norte de Sant’ Angelo e incluso depositar a dos batallones que avanzaron 900 metros hacia el interior; mientras que al sur de la misma posición el 143º Regimiento de Infantería descargó a un solitario batallón que tras progresar unos 500 metros quedó reducido a tan sólo 250 efectivos. Lamentablemente en el resto de sectores la situación era crítica porque los soldados habían perdido todas las radios y encima el único cable que los conectaba con la retaguardia fue cortado por el impacto de un proyectil. A estos desastres hubo que añadir que todas las pasarelas fueron destruidas o dañadas por la artillería, mientras que los camiones cargados con material para repararlas se desplomaron por zanjas.
Los últimos intentos de la 36ª División de Infantería «Texas» por superar el Río Rápido se desarrollaron tímidamente el 22 de Enero con la construcción de un nuevo puente por el que circularon algunos hombres del 143º Regimiento de Infantería, pero sin apenas progreso alguno porque retaguardia norteamericana se vio sometida a un bombardeo de 300 proyectiles artillería que destruyeron el puesto de mando divisionario. Ante la catástrofe que se avecinaba el general Mark Clark dio la orden de retirada de todos los supervivientes, quienes en plena huida fueron cazados por las ametralladoras en el agua mientras nadaban a la orilla opuesta o se agarraban a troncos empujados por la corriente. Lo peor sin embargo ocurrió cuando una pieza Flak 88 de 88 milímetros impactó en la última pasarela que se vino abajo, pereciendo numerosos zapadores del 141º Regimiento de Infantería.
El tercer fracaso a la hora de cruzar el Río Rápido condujo al general Mark Clark a ordenar que todo el II Cuerpo Estadounidense se replegase a la orilla meridional y se mantuviese a una distancia prudencial de la 15ª División Panzergrenadier. Hasta la fecha habían muerto en el intento por superar el cauce un total de 1.681 soldados norteamericanos, sin contar a los cientos de heridos y a los 875 prisioneros que fueron capturados por el X Ejército Alemán. Aquel resultado que supuso la destrucción virtual de la 36ª División de Infantería «Texas» y la apertura de un proceso judicial por incompetencia al general Mark Clark (del cual saldría absuelto en 1946), fue calificado por los veteranos como «un día peor que Pearl Harbor».
2ª Batalla de Montecassino
Coincidiendo con el desembarco de los Aliados en el Lazio durante la «Operación Shingle» que desembocaría en la Batalla de Anzio, el general Mark Clark optó por lanzar una segunda ofensiva en la «Línea Gustav» aprovechando que una parte de las fuerzas del Eje acudirían a defender las inmediaciones de Roma. A pesar de que esta situación jamás se produjo debido a que alemanes e italianos contendrían a los invasores en la cabeza de playa, los mandos occidentales insistieron en adelante con sus intentos por cruzar el Río Rápido y acceder al Valle del Liri para confluir sobre Cassino.
A las 3:45 horas de la madrugada del 25 de Enero de 1944, la 34ª División de Infantería Estadounidense puso en marcha la segunda ofensiva hacia Montecassino a través de la Carretera Estatal Nº7 y el Río Rápido, aunque desde el principio los norteamericanos encontraron dificultades por la existencia de un campo de minas tipo Teller, usualmente ocultas en cajas de madera bajo el suelo, las cuales eran imposibles de localizar mediante detectores, lo que obligó a los soldados a desenterrarlas hundiendo el filo de las bayonetas en la tierra para desactivarlas una a una. Una vez completado el lento trabajo por la mañana, algunos destacamentos construyeron un puente y cruzaron al otro lado del Río Rápido, donde en la orilla contraria los cañones germanos destruyeron 4 tanques Sherman. Simultáneamente el Cuerpo Expedicionario Francés Libre se movió algo más al sur con los carros de la 1ª División Motorizada Francesa Libre y las fuerzas coloniales de la 3ª División de Infantería Argelina y las 2ª y 4ª Divisiones de Infantería Marroquís, logrando los argelinos capturar 147 alemanes y conquistar el día 26 las posiciones elevadas tanto del Monte Belvedere como de Abate, aunque esta última fue recuperada la jornada del 27 por un contraataque de la 90ª División Panzergrandier.
El 28 de Enero los combatientes de la 34ª División de Infantería Estadounidense recibieron un importante apoyo en forma de un bombardeo con 1.000 proyectiles de 75 milímetros, lo que les permitió consolidar una cabeza de puente en la orilla septentrional del Río Grande y despejar de tropas germanas la Cota 56 y Cota 213, a las que siguieron el Cerro 56 y el Cerro 213 la jornada del 30, aunque a cambio perdiendo numerosos hombres y cuatro tanques Sherman. Al cabo de un día, el 31, los norteamericanos tomaron el pueblo de Cairo y las tropas coloniales argelinas y marroquís recuperaron una vez más la localidad de Abate. Cosechados ambos éxitos, el 1 de Febrero, los soldados de la 34ª División de Infantería Estadounidense tomaron Mass Manna y coronaron la cima del Monte Castellone, por lo que al caer la tarde, las vanguardias que se habían adelantado al grueso principal avistaron por primera vez la ciudad de Cassino y justo detrás las elevaciones de Montecassino.
La jornada del 2 de Febrero de 1944, las tropas de la 34ª División de Infantería Estadounidense que estaban escondidas entre la vegetación de Monte Castellone, emprendieron su asalto a Montecassino avanzando entre la Cota 593 y la Carretera Nacional Número 6. No obstante y como los riscos adyacentes estaban ocupados por soldados alemanes de la 1ª División Paracaidista, en cuanto los norteamericanos se internaron a través de un sector denominado «Cabeza de Serpiente», cuya cresta en forma de boomerang poseía 900 metros de largo, en seguida fueron tiroteados y sufrieron innumerables bajas que les obligaron a retirarse.
A las veinticuatro horas, el 3 de Febrero, por primera vez la 34ª División de Infantería Estadounidense se aproximó el extrarradio de la ciudad de Cassino y asaltó los edificios periféricos de dos plantas, algo de lo que se encargaron equipos de seis hombres, ya fuese arrojando granadas de mano por las puertas de entrada mientras sus compañeros disparaban granadas de rifle contra las ventanas superiores; o en todo caso abriendo boquetes en las paredes con bazookas (usualmente se derrumbaban al noveno proyectil). A pesar del esfuerzo y de que algunos soldados alcanzaron el casco urbano, al final tuvieron que abandonar todas las edificaciones y retirarse dejando atras numerosos muertos y la pérdida de uno de sus tanques Sherman.
Durante la noche del 5 al 6 de Febrero, la 34ª División de Infantería Estadounidense probó atacar el Monte Calvario por el norte y la Cota 349 por el sur con la finalidad de rodear Montecassino, aunque sin saber que en una posición más retrasada les esperaban parapetados los soldados de la 71ª División de Infantería. Como cabía esperar la carga frontal fracasó contra las alturas de la Cota 349, aunque tuvo éxito contra Monte Calvario a costa de graves pérdidas entre muertos y heridos. Desgraciadamente la alegría les duró poco porque al día siguiente, el 7 de Febrero, los paracaidistas alemanes protagonizaron un contraataque con el que de nuevo expulsaron a los maltrechos norteamericanos y retomaron el control del Monte Calvario. A raíz de este fracaso, entre el 8 y el 10 de Febrero las fuerzas estadounidenses comenzaron la evacuación de todas las crestas adyacentes a Cassino, una tarea que se completó la jornada del 11 para regresar al punto de partida. Hasta ese momento las bajas de los Aliados habían sido enormes porque ya contabilizaban un total de 14.375 hombres entre 10.230 estadounidenses y 4.145 británicos.
El 12 de Febrero de 1944, la 2ª División de Infantería Neozelandesa, la 4ª División de Infantería India y el 442º Regimiento de Combare Americano-Japonés «Nisei» acudieron en socorro de la 34ª División Estadounidense, cargando en esta ocasión todos juntos contra Montecassino bajo una lluvia torrencial que enfangó el campo de batalla y convirtió a los atacantes en blancos muy fáciles de los paracaidistas, quienes ocultos en mitad de la niebla, descargaron sus proyectiles de artillería y balas de ametralladoras en cuanto tuvieron a los atacantes a 300 metros de distancia. Los norteamericanos y los japoneses que estaban más adelantados sufrieron una auténtica carnicería, lo mismo que los indios y neozelandeses más atrás que no tuvieron más remedio que retirarse. A consecuencia de este nuevo fiasco que costó miles de bajas a los estadounidenses, la 34ª División de Infantería tuvo que ser sacada del frente, exactamente igual que los soldados nipones del 442º Regimiento de Combate Americano-Japonés «Nisei» que encajaron 173 muertos.
Al amanecer del 13 de Febrero, la 4ª División de Infantería India fue la encargada de sostener el peso principal de la nueva ofensiva contra Montecassino con algunos elementos de la 34ª División de Infantería Estadounidense. Al igual que en la jornada anterior les ocurrió a los soldados norteamericanos, los indios quedaron muy expuestos a la artillería emplazada en la montaña y encima ralentizados por culpa de los cráteres y los cadáveres de los estadounidenses pudriéndose en el suelo, por lo que en seguida fueron despedazados por las detonaciones y la metralla. Bastaron un par de horas para que las tropas indias se retiraran con 2.360 bajas entre muertos y heridos, así como los últimos 840 supervivientes de la 34ª División de Infantería que fue destruida en un 90%.
Los continuos fracasos ante Cassino condujeron a los Aliados a pensar que Montecassino era el bastión principal que articulaba todo el perímetro de la «Línea Gustav», a pesar de que la abadía y un círculo de 180 metros que rodeaba al edificio era territorio neutral propiedad del Vaticano. Esto contrastaba con la actitud de los mandos alemanes e incluso los representantes fascistas del Ministerio de Educación Nacional de la República de Saló, quienes habían prometido al Arzobispo Gregorio Diamare que la neutralidad sería respetada, algo que se tomaron muy en serio porque llegaron a desplegar a un puñado de gendarmes para que ningún soldado traspasara la demarcación fronteriza en la cumbre. Así fue como las tropas del Eje, fundamentalmente paracaidistas, se atrincheraron en las laderas anexas mientras el conjunto arquitectónico recibió algún que otro proyectil por error, como por ejemplo uno que mató a un civil, o el impacto de un avión de la Luftwaffe que tuvo un accidente en la escarpada y destruyó el funicular. Aquellos incidentes facilitaron que la Iglesia Católica ordenase la evacuación de parte de su personal, por ese entonces de setenta monjes y 1.000 civiles, por lo que tras un breve alto el fuego fueron sacados la mayoría y algunos de los tesoros artísticos, salvo por la excepción de 150 habitantes de la zona, cinco sacerdotes y cinco hermanos legos que prefirieron afrontar el destino.
Como las dudas asaltaron a los Aliados acerca de si bombardear la Abadía de Montecassino o no, los miembros del generalato intentaron recabar la máxima información posible para saber si los alemanes se encontraban dentro del complejo. Lamentablemente los datos para ordenar el ataque fueron muy confusos, pues tan sólo se redujeron al testimonio de un soldado norteamericano que manifestó haber visto la luz de unos prismáticos, o el de un civil italiano que detalló la presencia de 80 soldados germanos y 30 ametralladoras. Los generales Jacob Devers e Ira Eacker también volaron a unos 55 metros de la cumbre a bordo de una avioneta Piper Club, desde donde creyeron ver extraños movimientos, posiblemente de fuerzas hostiles. Sorprendente aquello fue suficiente para que el general británico Harold Alexander ordenase el bombardeo, en parte por verse muy presionado por el general Bernand Freyberg que tenía previsto avanzar con el II Cuerpo Neozelandés, por lo que sin más dilación autorizó el raid y puso en alerta a la Fuerza Aérea Estadounidense.
Justo unas horas de producirse el bombardeo de los Aliados a Montecassino, la aviación norteamericana arrojó una serie de folletos para la población alojada en el interior del monasterio que decía lo siguiente: Amigos Italianos. Hasta el día de hoy hemos hecho todo lo posible para evitar bombardear la abadía. Pero los alemanes se han aprovechado. Ahora que la batalla se ha acercado a vuestros sagrados muros tendremos que, a pesar de nuestro deseo, dirigir nuestras armas contra el monasterio. Abándonelo inmediatamente. Pónganse en un lugar seguro. Nuestra advertencia es urgente. Quinto Ejército.
Repentinamente a las 9:45 horas de la mañana del 15 de Febrero de 1944, un total de 229 aviones de la Fuerza Aérea Estadounidenses entre los que había 142 cuatrimotores B-17, 47 bombarderos medios B-25 Mitchell y 40 bimotores B-26 Marauder, aparecieron de improviso sobre Montecassino mientras los monjes rezaban a la Virgen María y entonaban el «et pro nobis Christum exora». Sin los religiosos esperárselo, el cuatrimotor B-17 más adelantado de la formación que curiosamente tenía una matrícula con la numeración 666 (la cifra del diablo), arrojó las primeras bombas sobre la montaña, seguido por el resto de los aparatos. Como era de imaginar el efecto de los artefactos fue devastador porque las fachadas de la Abadía de Montecassino se vinieron abajo, así como las paredes del patio interior, sin obviar con que perdieron la vida algunos monjes y 40 soldados de la 8ª División de Infantería India causaron baja por «fuego amigo», en este caso cuando un par de bombas cayeron por error unos 1.300 metros por detrás de las líneas propias. Una vez concluyó el raid a las 13:33 horas después de haber recibido el monasterio nada más que 600 toneladas de bombas, así como también 266 proyectiles de piezas de artillería pesada (de 240 y 155 milímetros), el edificio no era más que un montón de ruinas humeantes con la excepción de los muros exteriores, precisamente por donde vendría la ofensiva terrestre de los Aliados.
El acuerdo bilateral de Estados Unidos con el Vaticano acerca de que la aviación norteamericana respetaría la Abadía de Montecassino quedó completamente roto con el mortífero bombardeo del 15 de Febrero, algo que provocó una enérgica queja del Papa Pío XII. Mientras tanto el general Richard Heidrich que lideraba a la 1ª División Paracaidista Alemana, aprovechó el incumplimiento del pacto para denunciar que el Gobierno de Washington había violado la neutralidad vigente y que por tanto el Ejército Alemán, en calidad de perjudicado, procedía a traspasar la línea de 350 metros que prohibía a los germanos acercarse al monasterio. Así fue como al día siguiente, el 16 de de Febrero, justo después de haber recibido autorización de Adolf Hitler, los paracaidistas subieron a la cima y se atrincheraron entre las ruinas y escombros de la Abadía de Montecassino.
La ocupación de la 1ª División Paracaidista a la Abadía de Montecassino propició la salida de los monjes benedictinos, aunque antes de marcharse el abad Gregorio Diamare ofició una misa a la que acudieron todos los habitantes de Cassino para recibir la «extrema unción» en caso de producirse bajas civiles durante la posterior huida de la ciudad. Concluida la ceremonia, los religiosos evacuaron las reliquias y huesos de San Benito, San Desiderio y San Apolinar, así como 70.000 volúmenes históricos, 1.200 manuscritos medievales y las obras de Leonardo, Raffael, Tintoretto, Ghirlandio y Brueghel. Durante la marcha hacia el norte a través de la «Línea Gustav» los monjes encontraron tres niños heridos junto al cadáver de su madre, de los cuales dos perecerían y uno sobreviviría porque se lo llevaron consigo, mientras que el resto de civiles vivieron una auténtica calamidad en el trayecto, registrándose la muerte de una anciana a la que sus familiares abandonaron porque al carecer de piernas solo podía arrastrarse con una tabla de madera. Lamentablemente en cuanto los refugiados llegaron a Roma, el abad Gregorio Diamare fue detenido por las SS y obligado a hablar por la radio para que relatase la violación del acuerdo entre el Vaticano y Estados Unidos respecto a la Abadía de Montecassino, algo que generó críticas de los católicos en todo el mundo. Por suerte la intervención del Papa Pío XII, quién también denunció lo ocurrido desde los medios de comunicación, facilitó que finalmente los alemanes pusieran en libertad al abad Gregorio Diamare.
Coincidiendo con la coronación de la cumbre de Montecassino por parte de la 1ª División Paracaidista, el mismo 16 de Febrero el II Cuerpo Neozelandés con la 2ª División de Infantería Neozelandesa, la 4ª División de Infantería India y el Batallón de Infantería Nepalí «Gurkha» cargaron contra la montaña arremetiendo hacia el sector de la «Cabeza de Serpiente» bajo el apoyo de 100 cazabombarderos P-40 Warhawk y P-51 Mustang, pero todos fueron repelidos y acribillados con incontables bajas a manos de las ametralladoras MG-42. A la caída de la noche, se realizó un segundo intento protagonizado por 66 soldados anglo-indios (3 oficiales y 63 soldados) que a tan solo 40 metros de la Cota 593, hicieron tanto ruido que los alemanes les descubrieron y por tanto descargaron una lluvia de balas contra ellos. A este castigo se añadió que la artillería británica emplazada en la Cota 575 se equivocó y por error disparó proyectiles contra sus propios hombres en un polémico caso de «fuego amigo». Ni siquiera se pudo proceder a suministrar municiones a los supervivientes porque los dos camiones que llevaban las cajas fueron destruidos por el tiro de los cañones, exactamente igual que casi todos los mulos debido a que en los 48 kilómetros de recorrido hasta el frente un alto porcentaje se despeño por las pendientes de los Apeninos.
El viernes 17 de Febrero la 4ª División de Infantería India llevó a cabo un nuevo intento contra Montecassino que fracasó porque un total de 140 combatientes indios perdieron la vida, entre estos 10 oficiales y 130 soldados que se quedaron a unos 900 metros de distancia del monasterio. Tampoco la 2ª División de Infantería Neozelandesa tuvo suerte, pues pese a entrar sus hombres en la Estación de Cassino, un contraataque de los paracaidistas alemanes en las vías férreas les expulsó y obligó a regresar a sus líneas con numerosas bajas. La excelente puntería y letalidad de la artillería alemana durante este tipo de acciones tuvo su explicación en que desde el inicio de la batalla un total de 120 agentes de la República Social Italiana se movieron impunemente tras las líneas enemigas y a través señalizaciones muy precisas mostraron a los artilleros las posiciones o zonas de desplazamiento de los Aliados. Ante aquellos resultados tan catastróficos, el general Harold Alexander obtuvo el respaldo del Presidente de los Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, para bombardear los restos de la Abadía de Montecassino sin importar las quejas vertidas por el Vaticano y la Italia Cobeligerante.
3ª Batalla de Montecassino
Bajo el nombre de «Operación Dickens», el 24 de Febrero de 1944 comenzó la tercera ofensiva hacia Montecassino con la 2ª División de Infantería Neozelandesa, la 4ª División de Infantería India y la 78ª División de Infantería Británica. Básicamente la misión de dichas formaciones era neutralizar los principales puntos fuertes alemanes sobre la Colina del Castillo y la Colina del Verdugo, para después hacerse con la ciudad de Cassino y desde allí escalar el monte hacia la Abadía de Montecassino. Sin embargo justo cuando iba a comenzar el ataque, una inesperada lluvia torrencial de agua impidió cualquier tipo de movimiento, lo que sumado a los húmedos barrizales, a las bajas temperaturas y a la espesa niebla que cegó la visión a los pilotos de los aviones, obligó a los Aliados a suspender la «Operación Dickens».
Aproximadamente tres semanas se alargó el mal tiempo sobre la «Línea Gustav», provocando que centenares de soldados británicos, indios y neozelandeses enfermasen por culpa del frío o del hambre debido a lo difícil que era suministrarles comida a través del abrupto terreno montañoso, a veces con nieve en los tramos más elevados de los Apeninos. Contrariamente los alemanes disfrutaban de unas condiciones mucho mejores que sus oponentes, ya que las ruinas del monasterio les ofrecieron techo contra la lluvia y los sótanos un sitio donde cobijarse del frío. De hecho en ningún momento padecieron escasez de alimentos o municiones porque bajo la montaña existía un túnel que se comunicaba con una de las carreteras hacia Roma mediante la cual recibían todo el avituallamiento necesario. Curiosamente y aunque de vez en cuando esta ruta era bloqueada por los cazabombarderos norteamericanos P-47 Thunderbolt que la ametrallaban, las baterías de artillería germanas e italianas emplazadas en los montes derribaron a un gran número de aparatos. De hecho tampoco las emboscadas de los partisanos comunistas surtieron efecto, pues en seguida la ruta volvía a quedar abierta gracias a la labor de los fascistas italianos de la Guardia Nacional Republicana y de los soldados eslovacos de la 2ª Brigada Técnica que operaban algunos kilómetros por detrás de Montecassino.
El 15 de Marzo de 1944 comenzó la tercera ofensiva contra Montecassino con una retirada estratégica de los indios y neozelandeses a un perímetro de seguridad entre 900 y 1.300 metros por detrás de sus propias líneas, mientras desde el aire un total de 435 aviones entre los que había 262 cuatrimotores B-17 y B-24 Liberator, 75 bombarderos medios B-25 Mitchell y y 101 bimotores B-26 Marauder, arrojaron 2.000 bombas con un peso de 1.000 toneladas, de las que 700 toneladas cayeron en los alrededores y 300 toneladas en la ciudad de Cassino. El raid se prolongó entre las 9:30 y las 12:00 de la mañana con un resultado apocalíptico debido a que todo el trazado urbano fue completamente arrasado, e incluso algunos artefactos cayeron por error a 16 kilómetros de distancia y en la ciudad de Venafro, causando 142 bajas a los Aliados por «fuego amigo», entre estas 28 muertos (la mayoría neozelandeses, franceses, británicos y polacos) y 79 heridos, además de matar a 40 civiles italianos y herir a otro centenar. Acto seguido se desató un potentísimo bombardeo de artillería con 746 cañones y obuses que saturaron con 200.000 proyectiles de 2.500 toneladas de explosivo las ruinas de la Abadía de Montecassino y eliminaron algunas posiciones alemanas de lanzacohetes Nebelwerfer, aunque por equivocación un proyectil cayó en el puesto de mando del VIII Ejército Británico, destruyendo el remolque del general inglés Oliver Lesse.
Concluido el bombardeo preliminar del 15 de Marzo, la 2ª División de Infantería Neozelandesa y la 4ª División de Infantería India avanzaron con sus tropas bajo el apoyo de un fuego preliminar de 650 cañones, haciéndolo una columna de forma paralela al Río Grande y otra sobre la Carretera Estatal Nº6. No obstante las cosas salieron mal desde el principio porque los tanques que les escoltaban quedaron inmovilizados en los cráteres, obligando a los soldados a detener la marcha para abrir caminos sobre el terreno mediante palas y picos. De este modo perdieron el factor sorpresa porque tanto los indios como los neozelandeses fueron víctimas de la artillería emplazada en Montecassino y de las ametralladoras en tiro cruzado sobre la Colina del Castillo y Colina del Verdugo, a las que irónicamente apodaron «Scila y Caribdis» en honor a dos criaturas monstruosas que se tragaban a los barcos en un pasillo marítimo según las antiguas leyendas de la Mitología Griega.
La única progresión el 15 de Marzo la protagonizaron al caer la noche los guerreros del Batallón de Infantería Nepalí «Gurkha» que consiguieron entrar en los suburbios de Cassino y un grupo de hindús rajput de la 4ª División de Infantería India que conquistaron al asalto la Colina del Verdugo (aunque por error debido a que su objetivo era la Colina del Castillo). Sin embargo la equivocación de los indios fue beneficiosa porque desde esta nueva posición pudieron cortar la retaguardia a los alemanes con la Colina del Castillo, por lo que al día siguiente, el 16, las tropas indias y neozelandesas sitiaron la montaña y rechazaron todos los contraataques de los granaderos germanos. Consolidado el cerco, el 17 de Febrero los hindús rajputs se apoderaron finalmente de la Colina del Castillo, al mismo tiempo en que los neozelandeses se hicieron con la Cota 202 y la Estación de Cassino.
En el interior de Cassino la lucha se desarrolló con intensidad el 18 de Marzo mediante un ataque al Hotel Continental, donde un solitario soldado neozelandés que se aproximó a una ventana arrojó por el marco una granada que no explosionó y a continuación él mismo fue alcanzado por una ráfaga que lo mató. En cuanto sus compañeros lo vieron morir, las tropas de la 2ª División de Infantería Neozelandesa salieron de sus posiciones y cargaron con ira hacia el edificio para sufrir el mismo destino porque fueron acribillados por las balas, exactamente igual que les ocurrió a los indígenas del Batallón de Infantería Maorí y a los soldados ingleses de la 78ª División de Infantería Británica que se retiraron con numerosos fallecidos, incluyendo dos comandantes.
Aprovechándose de las bajas sufridas por la Commonwealth, el 19 de Marzo los defensores de la 1ª División Paracaidista Alemana protagonizaron un contraataque para intentar reconquistar la Colina del Castillo. El asalto estuvo precedido por un devastador fuego de la artillería emplazada en la Abadía de Montecassino que con sus proyectiles mató a numerosas tropas neozelandesas y destruyó a numerosos carros británicos, además de caer algunos de los carros por barrancos de 45 metros de altura. De nada sirvió el apoyo prestado por el Ejército Estadounidense en forma de una compañía blindada bajo el mando del teniente Hermann Crowder, ya que por diversas causas como las minas o el certero fuego de las piezas anticarro, los paracaidistas eliminaron a una decena de tanques Sherman. No obstante y a pesar de las dificultades los combatientes neozelandeses no se dieron por vencidos y rechazaron a los osados germanos, poniendo de ese modo fin a la tercera batalla por Cassino. Hasta entonces los Aliados habían sufrido 4.600 bajas, en concreto 3.000 indios y 1.600 neozelandeses, lo que obligó a los Aliados a retirar del frente a las ya prácticamente inexistentes 2ª División de Infantería Neozelandesa y 4ª División de Infantería India.
Desde el Reino Unido el Primer Ministro Winston Churchill se escandalizó por la situación en Montecassino debido a que la batalla se había convertido en un escenario estático en el que solo era posible lanzar cargas frontales al estilo de la Primera Guerra Mundial. De hecho mientras en el Frente Oriental el Ejército Rojo progresaba imparable por Ucrania, en Italia las tropas occidentales se desangraban sin ganar un simple palmo de terreno, algo que llevó al mandatario británico a escribir al general Harold Alexander el siguiente mensaje: «Querría que me explicase por qué motivo este paso por Cassino y por el monasterio, en un frente de tres o cuatro kilómetros, es el único punto en el que seguimos luchando. En ese remolino hemos gastado cinco o seis divisiones».
4ª Batalla de Montecassino
Al terminar el invierno y comenzar la primavera de 1944, los Aliados concentraron frente a Montecassino a una fuerza descomunal para emprender su cuarta ofensiva, en esta ocasión con trece divisiones que incluyeron a la 8ª División de Infantería India, las 1ª y 5ª Divisiones de Infantería Canadienses, la 78ª División de Infantería Británica, la 1ª División Motorizada Francesa Libre, las 2ª y 4ª Divisiones de Infantería Marroquís, la 3ª División de Infantería Argelinas, las 85ª y 86ª Divisiones de Infantería Estadounidenses, las 3ª y 5ª Divisiones de Infantería Polacas, el Batallón de Infantería Nepalí y la Brigada Motorizada Italiana Cobeligerante, permaneciendo en reserva 1ª División de Infantería Sudafricana. Al otro lado del frente, los analistas del Eje creyeron que solo se iban a tener que enfrentar a seis divisiones (siete menos de las reales), por lo que las cuatro divisiones germanas presentes no tomaron las respectivas medidas de seguridad mientras sus oponentes se reforzaban. De hecho los ingenieros trabajaron a destajo para construir rutas de abastecimiento por las que circulaban cientos de camiones, despejaron caminos transitados constantemente por mulas y hasta por un oso llamado «Wojtek» que traía municiones a los polacos, repararon los puentes demolidos sobre los ríos, y cuadriplicaron los emplazamientos de artillería en los riscos, siempre lejos de la vista de los observadores de la 1ª División Paracaidista Alemana.
Durante los meses de espera de Marzo y Abril de 1944, tuvieron lugar algunas acciones menores en los alrededores de la «Línea Gustav» como las protagonizadas por la Italia Cobeligerante que peleaba junto a los Aliados. Por ejemplo el 185º Batallón Paracaidista «Nembo» con ayuda de elementos del II Cuerpo Polaco, arrebató a los germanos el Monte Marrón y posteriormente irrumpió en el sector de Mainarde sobre el Valle del Volturno y el Valle de Mezzo, desalojando a alemanes de la Cota 1334. Posteriormente también el Batallón de Infantería de Marina «Bafile» se distinguió avanzando 2 kilómetros en el Valle de Ancina, fijando una posición de vanguardia en las líneas enemigas para las tropas de la Commonwealth que seguían a los italianos entre Valvori y Casina Rosa.
Mientras la ofensiva de los Aliados se gestaba sobre la «Línea Gustav», por el momento reinó una aparente tranquilidad sobre el área de Cassino. Durante este tiempo de espera de inicios de primavera de 1944, los bombardeos de la aviación anglo-norteamericana y la artillería no dejaron de machacar la montaña, perdiéndose durante una de las incursiones uno de los frescos más famosos del pintor italiano Luca Giordini. De hecho en la retaguardia las cosas no estuvieron más relajadas para los civiles, pues las tropas coloniales marroquís y argelinas del Cuerpo Expedicionario Francés Libre efectuaron pillajes en pueblos como Ciociaria, Ausonia y Esperina, donde violaron a cientos de mujeres italianas de todas las edades, lo que generó numerosas reyertas contra las autoridades locales, los oficiales occidentales y por supuesto contra los mandos de la Italia Cobeligerante.
La ofensiva de los Aliados comenzó a las 23:00 horas del 11 de Mayo de 1944, media hora antes de la salida de la luna, con un bombardeo preliminar devastador de 1.625 cañones que machacaron la ciudad de Cassino y la Abadía de Montecassino. Acto seguido, miles de tropas polacas, indias, neozelandesas, estadounidenses, británicas, canadienses, nepalís, marroquís, argelinas y francesas libres avanzaron cubiertas por el fuego de la artillería. Bataron poco menos de cuarenta minutos para que a las 23:40 los soldados de la 4ª División de Infantería Británica y la 8ª División de Infantería India cruzaran a bordo de lanchas el cauce del Río Rápido, al tiempo en que las fuerzas coloniales de las 2ª y 4ª Divisiones de Infantería Marroquís coronaban Montes Aurunci. Solamente las 85ª y 86ª Divisiones de Infantería Estadounidenses, constituidas en su mayor parte por combatientes novatos sin experiencia, apenas se movieron de sus posiciones; algo que contrastó justo en su flanco con las 3ª y 5ª División de Infantería Polacas que fueron las primeras en empezar a escalar la pendiente de Montecassino la medianoche del 11 al 12.
En la jornada del 12 de Mayo las tropas polacas conquistaron la Cota 593 y la Cresta del Fantasma; mientras que al día siguiente, el 13, los 12.000 soldados marroquís apodados «goumiers» se apoderaron del Monte Maio de 900 metros de altitud y Monte Petrella, en cuya cima ejecutaron a los defensores alemanes que se rindieron, a quienes descuartizaron y coleccionaron como trofeos sus cabezas, orejas, manos, lenguas, etcétera. Algo más al sur la 1ª División Motorizada Francesa Libre ocupó Sant’ Apollinare y desembocó en el Valle de Lin; a la vez en que la 8ª División de Infantería India aseguraba la carretera entre Cassino y Pignataro, atacando simultáneamente con los tabores de la 4ª División de Infantería Marroquí las colinas circundantes entre Aurunci y Fageto que cayeron en manos del Cuerpo Expedicionario Francés Libre.
A las veinticuatro horas del progreso de los Aliados, el 14 de Mayo, los musulmanes de la 4ª División de Infantería Marroquí conquistaron el pueblo de Ausonia y chocaron contra los fascistas italianos de la 119ª Legión de Camisas Negras en la localidad Esperia, donde tras una lucha sangrienta contra los latinos que se replegaron hacia el interior de la «Línea Gustav», las tropas coloniales se hicieron con el enclave. En el sector de las 3ª y 5ª Divisiones de Infantería Polacas, el día 15, los soldados eslavos entraron en la población de Colle Sant’ Angelo; antes de que a no mucha distancia del lugar, los veteranos de la 1ª División de Infantería Canadiense arrebatasen a los alemanes Pontecorvo y cortasen la Carretera Estatal Nº6.
El 16 de Mayo los últimos 100 defensores de la 1ª División Paracaidista Alemana que se atrincheraban en la Abadía de Montecassino acribillaron y rechazaron sobre la escarpada a miles de soldados polacos, canadienses, estadounidenses, británicos, marroquís, argelinos, indios, nepalís y franceses libres. A pesar de la impresionante victoria local de los paracaidistas que causaron incontables bajas a sus oponentes sobre la ladera, un hecho ajeno decidiría la Batalla de Montecassino porque unos kilómetros más al norte, las fuerzas de los Aliados que libraban la Batalla de Anzio rompieron el frente y se dirigieron en dirección a Roma, obligando a todas las divisiones alemanas más al sur a proceder a la retirada inmediata de la «Línea Gustav».
La evacuación de la 1ª División Paracaidista Alemana de Montecassino comenzó el 17 de Mayo coincidiendo con un asalto de los soldados de las 3ª y 5ª Divisiones de Infantería Polacas que se internaron por un terraplén cubierto de unas pocas arboledas, zarzas, brezos y barrancos. Como los germanos estaban distraídos preparando su fuga, no vieron venir a los polacos hasta que los tuvieron en la cima, por lo que se desató un tiroteo que por el momento frenó a los incursores, pero que facilitó al resto de las tropas polacas ocupar más abajo la ciudad de Cassino. Una vez anocheció, los últimos paracaidistas alemanes que iban acompañados por el general Richard Heidrich, aprovecharon la oscuridad de la madrugada del 18 para tirarse rodando por la ladera de la cara sur o utilizar las empinadas cuestas a modo de tobogán para acto seguido llegar a la carretera y escapar sin ser vistos hacia Roma.
Con el amanecer del 18 de Mayo, las tropas de la 3ª y 5ª Divisiones de Infantería Polacas escalaron la escarpada de Montecassino saltando de agujero en agujero y haciéndose señales entre ellas, para rápidamente avanzar en cruz y alcanzar la cumbre, donde el viento mediterráneo les refrescó sus rostros justo en el instante en que descubrieron que los alemanes se habían marchado de la montaña. Una vez entraron en las ruinas del monasterio, capturaron a los pocos heridos germanos que no habían podido ser evacuados, a los cuales en un gesto de humanidad atendieron y alimentaron. A continuación los soldados subieron a la fachada de la abadía e izaron los colores blanco y rojo de la bandera de Polonia, poniendo de este modo fin a la Batalla de Montecassino.
Epílogo
Cuando los Aliados conquistaron Montecassino el 18 de Mayo de 1944, se encontraron con un panorama desolador porque las bajas era astronómicas y el tiempo perdido precioso, ya que fueron virtualmente destruidas cuatro divisiones, en concreto las 34ª y 36ª Divisiones de Infantería Estadounidenses, la 2ª División de Infantería Neozelandesa y la 4ª División de Infantería India. Gracias a la férrea determinación de unos pocos paracaidistas y granaderos alemanes sobre la «Línea Gustav», se frenó el avance enemigo casi cuatro meses, lo que convirtió a este campaña en la más sangrienta librada por los invasores occidentales dentro de Italia en la Segunda Guerra Mundial.
Los Aliados sufrieron 55.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros.
El Eje sufrió 22.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros.

Abadía de Montecassino reconstruida después de la Segunda Guerra Mundial con el mismo aspecto de 1944.
Terminada la Batalla de Montecassino en la «Línea Gustav» y simultáneamente la Batalla de Anzio en la provincia del Lazio, los Aliados salieron de su estancamiento en el centro-sur de Italia y conquistaron la capital de Roma el 4 de Junio de 1944. Respecto a la Abadía de Montecassino, el abad Gregorio Diamare regresó al monasterio para devolver las obras de arte evacuadas e iniciar la reconstrucción, aunque no tendría tiempo de verlo reformado porque falleció el último año de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Afortunadamente el edificio de culto religioso volvió a estar habilitado en 1964, además de construirse numerosos cementerios a los caídos alemanes, británicos, polacos, estadounidenses, indios, neozelandeses, etcétera, incluyendo un monumento al oso «Wojtek», antes de que el 18 de Mayo de 1979 el Papa Juan Pablo II oficiara una misa por todas las víctimas de la que sin duda fue una de las campañas más feroces del teatro de operaciones del Mar Mediterráneo.
Bibliografía:
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-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «Tercer asalto en Cassino: Los alemanes contraatacan», S.A.R.P.E. (1978), p.1.520-1.529
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «Desesperada acometida aliada: Una carrera desde Cassino a Roma», S.A.R.P.E. (1978), p.1.530-1.544
-Martin Blumenson, Anzio y Cassino, La Campaña Italiana, Volumen 2, «Los Ataques a Cassino», HRM Ediciones (2025), p.113-138
-Winston Churchill, La II Guerra Mundial Volumen 2. El triunfo y la tragedia, Planeta Deagostini (1959), p.286-364
-http://en.wikipedia.org/wiki/Battle_of_Monte_Cassino
-http://www.artehistoria.jcyl.es/batallas/contextos/4865.htm
-http://www.artehistoria.jcyl.es/batallas/contextos/4868.htm
-http://www.artehistoria.jcyl.es/batallas/contextos/4870.htm
-http://www.artehistoria.jcyl.es/batallas/contextos/4871.htm
-http://www.artehistoria.jcyl.es/batallas/contextos/4872.htm
-http://www.dalvolturnoacassino.it/asp/doc.asp?where=Lettura&id=058










