Batalla de Guadalcanal

La Batalla de Guadalcanal librada entre Agosto de 1942 y Febrero de 1943 fue sin duda la campaña más larga y decisiva del Frente del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Este enfrentamiento que tuvo lugar al sur de las Islas Salomón implicó a la mayor parte de las fuerzas militares tanto de Estados Unidos como de Japón, los cuales se enfrentaron en una sucesión de choques muy sangrientos y feroces como Savo, Punta Tenaru, Cresta Edson, Matanikau o las Islas Santa Cruz, durante lo que curiosamente constituyó la mayor batalla terrestre, aérea y naval de toda la Historia.

Preludio

Japón se había erigido como la primera potencia mundial en Asia y el Océano Pacífico desde que había eliminado por completo a Flota de Estados Unidos tras el devastador ataque a Pearl Harbor el 7 Diciembre de 1941. A partir de esta fecha y hasta mediados de 1942, los japoneses ampliaron sus dominios hacia las Filipinas, Malasia, Singapur, Birmania, Nueva Guinea, Borneo, las Indias Orientales Holandesas, Hong Kong, Wake, Guam, las Islas Gilbert, las Islas Salomón, Rabaul, Nueva Bretaña, el oeste de las Islas Aleutianas, los bordes con la India y las Islas Andamán y Nicobar, infligiendo durante el proceso colosales derrotas militares al bando de los Aliados. A esta vasta expansión territorial se sumó el hecho de que el Imperio del Sol Naciente ya poseía bajo su poder o mediante el control político las Islas Kuriles, Sajalín Sur, Formosa, Manchuria, la Mongolia Interior y más de un tercio de China tras la Segunda Guerra Sino-Japonesa que había estallado en 1937, además de mantener una alianza regional con Thailandia; sin obviar con que los nipones eran dueños del medio acuático tras haber echado a pique a los acorazados británicos HMS Repulse y HMS Prince of Wales en la Batalla del Golfo de Siam, hundido portaaviones inglés HMS Hermes y dos cruceros pesados en la Batalla Naval de Ceilán, aniquilado a la Marina Real Holandesa en las Batallas del Mar del Java y destruido al portaaviones estadounidense USS Lexington en la Batalla del Mar de Coral.

La Batalla de Midway librada el 4 de Junio de 1942 modificó el panorama de la Guerra del Pacífico porque tras ser hundidos los cuatro portaaviones japoneses Kaga, Akagi, Sôryû e Hiryû, a costa de ser echado a pique únicamente el portaaviones estadounidense USS Yorktown, el expansionismo del Imperio del Sol Naciente se vio frenado y la situación del conflicto entró en una fase de empate técnico. Sin embargo y pese a su reciente victoria en el Pacífico Central, por el momento Estados Unidos fue incapaz de pasar a la ofensiva, ya no sólo porque a nivel naval continuaba siendo inferior a Japón, sino porque la situación en Europa y el Norte de África era crítica tanto para la Unión Soviética como para Gran Bretaña en su particular guerra contra Alemania e Italia. La razón fundamental fueron los incontestables triunfos del Ejército Alemán al suroeste de Rusia y el Cáucaso durante la «Operación Azul»; así como el avance del Afrika Korps liderado por el mariscal Erwin Rommel sobre Libia y Egipto, especialmente tras la destrucción de parte del Ejército Británico en Tobruk durante la Batalla de Gazala. Estos reveses del bando de los Aliados que cada día hacían más posible el «Plan Orient» diseñado por las fuerzas del Eje para confluir sobre Oriente Medio y la India, condujo al Gobierno de Washington a tomar la decisión de hacer algo inesperado y distraer al Imperio Japonés golpeándole en uno de sus puntos más alejados, en concreto sobre la tenaza con la que estaba tratando de ahogar a Australia a través de Guadalcanal.

Guadalcanal o «Isatabu» era un enclave insular al sureste de las Islas Salomón que poseía unas medidas de 148 kilómetros de largo por 45 kilómetros de ancho y que se situaba a medio camino entre el Pacífico Sur y a unos 2.000 kilómetros de Australia. Después de ser descubierta por el explorador Álvaro de Mendaña, el dominio fue incorporado por España en 1568 y rebautizado con el nombre de Guadalcanal en honor a un pueblo de la provincia de Sevilla. Una vez el Imperio Español entró en declive sobre el Oceanía, el Gobierno de Madrid decidió vendérsela a Alemania en 1885, pero el Segundo Reich la revendió al Reino Unido en el año 1900 como parte del Protectorado Británico de las Salomón.

Al ser invadida la Isla de Guadalcanal por Japón a mediados de 1942, la pequeña guarnición australiana al mando del comandante Eric Feldt decidió no ofrecer resistencia y regresar en barco a Australia. El único occidental que permaneció en el enclave fue un comerciante australiano llamado Martin Clemens, quién no sólo se dedicó a ganarse la vida intercambiando productos con los indígenas, sino que para evitar ser capturado por los japoneses se dedicó a vivir en soledad dentro de la jungla en compañía de una simple radio. Después de permanecer varios meses escondido, un buen día descubrió que las tropas imperiales estaban talando árboles e instalando almacenes en la costa norte para la construcción de un aeródromo, por lo que a través de su emisora transmitió la información al Gobierno de Sidney, algo que no solamente hizo saltar las alarmas en Australia, sino también en el mismo Estados Unidos

Plan de Estados Unidos

Originalmente la idea de invadir Guadalcanal fue del Presidente Franklin Delano Roosevelt, quién pese su palabra dada al Primer Ministro Winston Churchill y al Reino Unido acerca de la estrategia de «Europe First» o «Europa Primero», en la que se priorizaba derrotar a Alemania antes que a Japón, a mediados de 1942 el mandatario norteamericano se echó atrás para en su lugar ordenar que el peso de las operaciones recayese en una ofensiva sobre el Imperio Japonés en Oceanía. Gracias a ese cambio de opinión, favorecido en parte por las presiones del general Douglas MacArthur que lideraba a las tropas norteamericanas en Australia, la primera gran operación militar de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial sería contra las Islas Salomón.

Las razones que Estados Unidos esgrimió al resto del bando de los Aliados para invadir Guadalcanal fueron las siguientes: 1) La isla constituía el punto de máxima expansión del Imperio Japonés; 2) el lugar comprendía una especie de «portaaviones natural» que los nipones podían utilizar para invadir Australia; y 3) sobre el enclave se hallaba el Aeródromo de Punta Lunga desde donde la aviación japonesa bombardeaba el territorio australiano y amenazaba las rutas marítimas, obligando a los convoyes a desviarse por Nueva Zelanda. Aparte de estos tres motivos, también existía la posibilidad de que en caso de efectuar los norteamericanos un desembarco, la Marina Imperial Japonesa se presentaría en la zona y por tanto la Flota Estadounidense tendría la oportunidad de librar una batalla decisiva por la hegemonía naval, algo de lo que eran partidarios los dos máximos almirantes Ernest King y Chester Nimitz, así como el vicealmirante Robert Ghomle al cargo del Pacífico Sur.

Flota Estadounidense rumbo a Guadalcanal con transportes y un crucero en Agosto de 1942.

Bajo el nombre de «Operación Watchtower» o «Torre de Vigilancia», la invasión de Guadalcanal y otros enclaves insulares adyacentes como Tulagi, Gavutu, Tanambogo y Florida, fue fijada para el 7 de Agosto de 1942 con más de 75 navíos de todos los tipos entre portaaviones, cruceros, destructores, dragaminas, submarinos y transportes de la Flota Estadounidense (US Navy), así como en bastante menor medida de la Marina Real Australiana (Royal Australian Navy) y de la Marina Real Neozelandesa (Royal New Zeland Navy). Esta enorme escuadra zarpó el 26 de Julio de 1942 desde diversos puntos de Australia, Nueva Zelanda, Samoa, Nueva Caledonia, Nuevas Hébridas y las Islas Fiji, estando a la cabeza el portaaviones USS Saratoga al mando del vicealmirante Frank Fletcher y unas fuerzas anfibias lideradas por el vicealmirante Richmond Turner.

A bordo de la Flota Aliada viajaba la 1ª División de Marines del general Alexander Vandegrift con 16.000 hombres encargados de invadir Guadalcanal de la siguiente manera: 11.000 desembarcarían entre las costas de Punta Koli y Punta Lunga, 3.000 sobre los islotes cercanos de Tulagi, Gavutu y Tanambogo, y otros 2.000 más quedarían en reserva a la espera de acontecimientos. Una vez que las tropas norteamericanas hubiesen consolidado una firme cabeza en el territorio, entonces desembarcarían los restantes efectivos de la unidad, así como la 2ª División de Marines y posteriormente tanto la 25ª División de Infantería como la División de Infantería «Americal». También desde dentro de la isla los estadounidenses contarían con ayuda local como fue el caso de los guerrilleros de la Fuerza de Defensa del Protectorado de las Salomón Británicas, del Comando Fijiano y de la Fuerza Expedicionaria Neozelandesa; pero también de los agentes indígenas de las Fuerzas de Policía de las Salomón y de los partisanos de la Guerrilla Salomoniesa compuesta por nativos de raza negra equipados con machetes.

Aproximadamente el Ejército Estadounidense desplegó a un total de 60.000 efectivos entre 40.000 soldados y 20.000 marines.

Aliados:
·1ª División de Marines
-1º Regimiento de Marines
-5º Regimiento de Marines
-7º Regimiento de Marines
-11º Regimiento de Marines
-1st Batallón Blindado
-1st Batallón Especial de Armas
-1st Batallón de Tractores Anfibios
-1st Batallón Paracaidista
-1st Batallón de Asalto
-1st Batallón de Ingenieros
-1st Batallón de Ingenieros de Vuelo
·2ª División de Marines
-2º Regimiento de Marines
-6º Regimiento de Marines
-8º Regimiento de Marines
-10º Regimiento de Marines
-2nd Batallón Especial de Armas
-2nd Batallón de Tractores Anfibios
-2nd Batallón de Asalto
-3rd Batallón de Defensa
-9th Batallón de Defensa
·25ª División de Infantería
-27º Regimiento de Infantería
-35º Regimiento de Infantería
-161º Regimiento de Infantería
-8th Batallón de Artillería de Campaña
-64th Batallón de Artillería de Campaña
-69th Batallón de Artillería de Campaña
-90th Batallón de Artillería de Campaña
-65th Batallón de Ingenieros de Combate
·División de Infantería «Americal»
-132º Regimiento de Infantería
-164º Regimiento de Infantería
-182º Regimiento de Infantería
-221st Batallón de Artillería de Campaña
-245th Batallón de Artillería de Campaña
-246th Batallón de Artillería de Campaña
-247th Batallón de Artillería de Campaña
-57th Batallón de Ingenieros de Combate
·Independiente
-147º Regimiento de Infantería
-214º Regimiento de Artillería de Campaña
-244º Regimiento de Artillería de Campaña
-97th Batallón de Artillería de Campaña
·Cactus Air Force
-67th Escuadrón de Caza
·Resistencia de Salomón
-Fuerza de Defensa del Protectorado de las Salomón Británicas
-Fuerza de Policía de las Islas Salomón
-Fuerza Expedicionaria Neozelandesa
-Comando Fijiano
-Guerrilla Salomoniesa

Plan de Japón

«Guadarukunaru», tal y como Japón había rebautizado a Guadalcanal tras su conquista en el año 1942, fue ocupada por nada menos que 36.200 tropas japonesas y 2.800 trabajadores movilizados desde Corea y Taiwán. Básicamente se trató de elementos del XVII Ejército Japonés bajo el mando del general Harukichi Hyakutake, el cual cubría todo el sector del Pacífico Sur entre Nueva Guinea y las Islas Salomón, incluyendo a la guarnición de 886 soldados nipones que defendían las Islas de Tulagi, Gavutu, Tanambogo y Florida.

Mapas de la situación japonesa. Izquierda: Campañas más importantes del Pacífico hasta Guadalcanal. Derecha: Lugares de desembarco aliado y plan de contraataque japonés de la flota del almirante Gunichi Mikawa.

La defensa principal de Guadalcanal recayó en la 2ª División de Infantería al mando del mariscal Terauchi Hisaichi, una unidad muy veterana que se había batido en China y la campaña de Manchuria durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa. A este contingente le seguía en importancia la 38ª División de Infantería encabezada por el general Yoshimitsu Abe, pero también de manera autónoma la 35ª Brigada de Infantería, el 28º Regimiento de Infantería y los infantes de marina de las 3ª y 5ª Fuerzas Especiales Navales de Desembarco «Kure» y «Yokosuka».

Aproximadamente el Imperio Japonés desplegó un total de 39.900 efectivos entre 37.100 japoneses, 1.800 coreanos y 1.000 taiwaneses.

XVII Ejército Japonés:
·2ª División de Infantería
-14º Regimiento de Infantería
-16º Regimiento de Infantería
-29º Regimiento de Infantería
-2º Regimiento de Artillería
-2th Batallón de Ingenieros
-1ª Compañía Independiente Blindada
·38ª División de Infantería
-228º Regimiento de Infantería
-229º Regimiento de Infantería
-230º Regimiento de Infantería
-38º Regimiento de Tiro de Montaña
-38º Batallón de Ingenieros
·35ª Brigada de Infantería
-124º Regimiento de Infantería
-4º Regimiento de Infantería
-Destacamento «Ichiki»
-Cuerpo Central
-Batallón «Kuma»
-10th Batallón de Artillería de Montaña
-20th Batallón de Artillería de Montaña
·28º Regimiento de Infantería
-11ª Unidad de Construcción
-12ª Unidad de Construcción
·3ª Fuerza Especial de Desembarco «Kure»
·5ª Fuerza Especial Naval de Desembarco «Yokosuka»

Desembarco de Guadalcanal

A las 6:19 horas del amanecer del 7 de Agosto de 1942, la Flota Estadounidense echó anclas ante Guadalcanal, iniciando entonces los cruceros y destructores un bombardeo naval de la sobre la isla, al que en seguida se unieron los aviones embarcados de los tres portaaviones USS Saratoga, USS Enterprise y USS Wasp. Los soldados japoneses fueron despertados de manera abrupta de sus camas a causa del tronido de los explosiones; exactamente igual que el informador australiano Martin Clemens, quién emocionado escaló un risco para ver que sucedía y comprobar como los Aliados habían recibido sus mensaje.

El desembarco sobre Guadalcanal se produjo a las 9:10 horas de la mañana cuando 11.000 tropas de la 1ª División de Marines fueron depositadas sobre la playa situada entre Punta Koli y Punta Lunga. A pesar de que los estadounidenses no encontraron ningún tipo de oposición ni en la orilla ni en los palmerales, las barcazas y otras naves de mayor tonelaje fueron atacadas por bombarderos en picado Aichi Val y cazas Zero que hundieron al carguero USS George Elliot y causaron daños graves en el destructor USS Mugford, murieron a bordo de este último 22 miembros de la tripulación. Afortunadamente para los norteamericanos la oportuna llegada de cazas Wildcat evitó males mayores, ya que se desató un intenso combate aéreo sobre sus cabezas que acabó con el derribo de 36 aparatos nipones a costa de 19 propios.

Una barcaza norteamericana en aguas de Guadalcanal escoltada por aviones Wildcat en el cielo. Imagen del film La Delgada Línea Roja.

A media jornada de aquel 7 de Agosto, la 1ª División de Marines alcanzó las afueras del Aeródromo de Punta Lunga, en donde los soldados de la guarnición al mando del capitán Kanae Monzen impidieron a los estadounidenses continuar, ya que durante el resto del día los mantuvieron inmóviles sobre los bosques de palmeras mientras disparaban fuego graneado sobre sus cabezas. Esta breve oposición facilitó a los defensores evacuar la base durante la noche, saboteando primero las instalaciones y luego llevándose consigo hacia la jungla una enorme cantidad de municiones, comida, equipo, vehículos e incluso trece de sus muertos. Una vez abandonado el enclave, a las 16:00 horas del 8 de Agosto los norteamericanos terminaron de cubrir los 910 metros desde su punto de partida en la playa y conquistar el Aeródromo de Punta Lunga, por ese entonces reducido a cenizas y completamente inoperativo.

Simultáneamente a la invasión Guadalcanal también se atacaron los enclaves insulares adyacentes mediante un contingente de 3.000 infantes de la 1ª División de Marines, quienes en una primera oleada desembarcaron en las Islas Gavutu y Tanambongo, y en una segunda sobre las Islas de Tulagi y Florida. A pesar de que los 886 soldados japoneses de las cuatro guarniciones se defendieron de manera desesperada, al final todos fueron aniquilados y sus posiciones ocupadas, cayendo Tulagi la jornada del 8, y Gavutu, Tanambogo y Florida la del 9, a un coste de 322 bajas estadounidenses (122 muertos y 200 heridos) y el derribo de 21 aviones embarcados.

Batalla de la Isla de Savo

En cuanto en el Estado Mayor Imperial de Tokyo se conoció la noticia acerca de la invasión a Guadalcanal, los mandos de la Marina Imperial Japonesa decretaron el envío inmediato de refuerzos y una escuadra naval para atacar los convoyes de suministro estadounidenses a sabiendas de que estaban sufriendo escasez de carburante. Así fue como de la base de Kavieng en Nueva Irlanda zarpó una pequeña flota de ocho cruceros, entre estos el pesado Chôkai y los ligeros Yubari, Tenryu, Yunagi, Aoba, Futaka, Kako y Kinugasa, los cuales quedaron bajo el mando del vicealmirante Gunichi Mikawa, a quién curiosamente muchos de sus compañeros calificaron de «temerario» sin saber que estaba a punto de protagonizar el combate nocturno más famoso de la Segunda Guerra Mundial.

Las unidades navales de los Aliados frente a Guadalcanal por ese entonces sumaban dieciséis navíos entre ocho cruceros (cinco estadounidenses y tres australianos) y ocho destructores al mando conjunto de dos contraalmirantes, el norteamericano Richmond Turner y el australiano Victor Crutchley. La escuadra se dividía en el Grupo Sureste entre Punta Luhga y la Isla de Savo con los dos cruceros australianos HMAS Australia y HMAS Canberra, el estadounidense USS Chicago y los destructores USS Bagley y USS Patterson; el Grupo Noreste alrededor de Tulagi con los cruceros USS Astoria, USS Quincy y USS Vincennes, más los destructores USS Helm y USS Wilson; el Grupo Este cubriendo Florida con el crucero australiano HMAS Hobart, el crucero norteamericano USS San Juan y los destructores USS Ellet y USS Selfridge; y el Grupo Norte sin ruta fija con los destructores USS Blue y USS Ralph Talbot equipados con radares avanzados. A pesar de la manifiesta superioridad, los Aliados bajaron en exceso la guardia e incluso hicieron caso omiso de los avistamientos transmitidos horas antes por el submarino estadounidense USS S-38 y también por dos hidroaviones australianos del modelo Hudson.

Caída la medianoche del 8 al 9 de Agosto 1942, la Marina Imperial Japonesa se presentó ante la Isla de Guadalcanal amparada por la oscuridad y guiada por radares que permitió a las naves esquivar al destructor estadounidense USS Jarvis, el cual pasó de largo sin percatarse de su presencia ni advertir al resto de la Flota Aliada. A pesar de que a los pocos minutos el crucero Chôkai fue avistado por los destructores USS Blue y USS Patterson navegando entre Punta Lunga y la Isla de Savo, ya era demasiado tarde para reaccionar porque para cuando los altavoces norteamericanos vociferaron «¡Alerta, alerta, extraños barcos entrando en puerto», el vicealmirante Gunichi Mikawa transmitió la siguiente orden «¡Ataquen a cada barco!. La sorpresa como cabía esperar fue total primero porque los Aliados habían previsto una batalla diurna y no esperaban un ataque de noche, segundo porque los tripulantes australiano-estadounidenses estaban exhaustos después de dos días de bombardeos navales sobre Guadalcanal, y tercero porque las tripulaciones japonesas eran veteranas en combate nocturno y se encontraban en plena forma antes de la incursión.

A la 1:45 de la noche del 9 de Agosto de 1942, los dos cruceros japoneses Chôkai y Furutaka abrieron fuego contra el crucero australiano HMAS Canberra justo cuando el almirante Victor Crutchley se encontraba en una reunión con sus oficiales y por tanto la mayor parte de los mandos del buque no se hallaban en sus puestos. A las primeras salvas que impactaron en el navío australiano, le siguieron los fogonazos de los cruceros Aoba y Kako que mataron a varios oficiales en una sala, destruyeron la caldera, dejaron al navío sin gobierno y lo escoraron hacia la derecha. Inmediatamente el crucero estadounidense USS Chicago y el destructor USS Patterson acudieron en ayuda del HMAS Canberra con un desastroso resultado porque el primero fue impactado por un torpedo del crucero Kako que le rompió la batería de dirección y acabó con la vida de dos marineros, mientras que el segundo fue dañado gravemente por los cañones del crucero Tenryu que eliminaron a diez de sus tripulantes. Ante la imposibilidad de socorrer al crucero australiano, la tripulación abandonó el buque para acto seguido ser torpedeado por los destructores norteamericanos USS Ellet y USS Selfridge, los cuales provocaron su hundimiento para impedir que fuera capturado por los japoneses, pereciendo a bordo del HMAS Canberra un total de 84 marineros australianos.

Crucero estadounidense USS Quincy iluminado por los barcos japoneses y siendo blanco de un nutrido fuego enemigo que acabará por hundirle.

En torno a la 1:50 horas de la noche, los ocho cruceros japoneses con el Chôkai en vanguardia variaron el rumbo al norte de la Isla de Salvo para toparse de frente con los cruceros norteamericanos USS Astoria y USS Vincennes. Estos dos barcos apenas tuvieron tiempo de reaccionar porque únicamente lanzaron un par de salvas que rompieron parcialmente la torreta del Chôkai y provocaron un agujero de escasa importancia en el crucero Kinugasa. La respuesta sin embargo fue devastadora cuando a las 2:15 los imperiales centraron el tiro sobre el crucero USS Astoria que tras recibir numerosos impactos se volcó y se hundió llevándose la vida de 246 marineros, aunque por suerte 202 heridos serían rescatados del agua. Acto seguido los japoneses dirigieron la mira de sus piezas hacia el crucero USS Vincennes, el cual recibió un monumental castigo con 85 impactos que a las 2:50 horas provocó su hundimiento y causó la muerte a 349 tripulantes.

Otra de las víctimas de la Flota Aliada fue el crucero USS Quincy que resultó machacado en un fuego cruzado por los cruceros japoneses Aoba, Furutaka y Tenryu, llegando este último a lanzarle un torpedo que impactó bajo su línea de flotación y lo dejó completamente inmóvil. A pesar de todo la nave se defendió e incluso acertó con un proyectil en el crucero pesado Chôkai, generando una explosión sobre una sala situada a tan sólo 10 metros del puesto de mando del vicealmirante Gunichi Mikawa, quién asombrosamente salió ileso de la detonación a diferencia de 36 marineros que sí perdieron la vida. Lamentablemente ya nada podía salvar de su triste final al USS Quincy a el crucero Aoba le acabó rematando con un torpedo que causó su hundimiento con la consiguiente muerte de 370 tripulantes.

Bastaron tan sólo 33 minutos para que cuatro cruceros fueran echados a pique por la escuadra del vicealmirante Gunichi Mikawa, quién a las 3:00 de la madrugada ordenó dar media vuelta y regresar a sus bases en Rabaul y Kavieng. Esta decisión sin embargo acabaría siendo muy polémica porque de haber permanecido en Guadalcanal, los japoneses podrían haber aniquilado al resto de las fuerzas navales de la Flota Aliada y por tanto haber forzado a la rendición de toda la 1ª División de Marines, perdiendo con ello el Imperio Japonés de una oportunidad única que nunca más se volvería a dar en la Guerra del Pacífico.

El repliegue de la Marina Imperial Japonesa de la Isla de Savo se efectuó sin incidentes gracias a que los Aliados apenas disponía de aviones en la zona, exactamente todo lo contrario de los japoneses que a las 13:00 horas del 9 de Agosto localizaron al destructor USS Jarvis con un escuadrón procedente de Rabaul. A continuación una formación de 31 torpederos Nakajima B5N descendieron contra la nave y soltaron sus bombas, hundiendo al destructor en cuestión de minutos sin registrarse supervivientes, pues perecieron los 233 miembros de la tripulación.

La primera incursión naval a Guadalcanal conocida como la Batalla de la Isla de Savo dejó como resultado el hundimiento de 5 navíos para los Aliados, entre estos cuatro cruceros pesados que fueron el australiano HMAS Canberra y los tres estadounidenses USS Astoria, USS Vincennes y USS Quincy, así como el destructor norteamericano USS Jarvis, sin obviar con que perdieron la vida 1.478 oficiales y marineros entre 1.394 estadounidenses y 84 australianos. Contrariamente el Imperio Japonés tan sólo sufrió 29 bajas entre 24 muertos y 5 heridos, además de daños leves en alguno de los cruceros, lo que convirtió a esta acción en una de las más increíbles hazañas de la Marina Imperial Japonesa.

La Batalla de la Isla de Savo fue una de las mayores derrotas navales de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, ya no sólo por los cuatro valiosos cruceros perdidos, sino por el trauma de los supervivientes que llegaron a bautizar las aguas donde había ocurrido el desastre como el «Estrecho del Fondo Chatarra» o «Ironbottom Sound». El revés fue tan grave que incluso el Alto Mando Naval de Washington abrió una investigación para aclarar lo sucedido y buscar responsables, algo que se tradujo en numerosas destituciones e incluso en el suicidio del capitán Howard Bode que había liderado el crucero USS Chicago.

Batalla de Punta Lunga

La derrota de los Aliados en la Batalla de la Isla de Savo dejó en una situación de extrema vulnerabilidad a la 1ª División de Marines porque cuando la Flota Estadounidense se retiró de la isla para refugiarse en Australia, todos los soldados desembarcados quedaron completamente abandonados dentro la propia Guadalcanal. A raíz de este aislamiento que dejó a los marines sin protección ni combustible para sus vehículos, la única posibilidad de supervivencia era apresurarse a terminar los trabajos de reconstrucción para dejar operativo el aeródromo de Punta Lunga y por tanto poder recibir cuanto antes provisiones de comida, por aquel entonces racionadas para 5 días (aunque las aumentaron a 14 gracias a las que arrebataron a los japoneses en la base).

Al día siguiente de la Batalla de la Isla de Savo, el 10 de Agosto de 1942, el submarino estadounidense USS S-44 que había sido enviado para inspeccionar la isla y comprobar el estado de los marines sitiados, de repente se dio bruces a medio camino entre Guadalcanal y Ravaul con un el crucero ligero japonés Kato que navegaba a unos 129 kilómetros de su base en Kavieng. El capitán John Raymond Moore no dudó un instante y disparó tres torpedos a entre 800 y 600 metros de distancia que impactaron en el crucero nipón y lo hundieron, causando la muerte a 68 marineros, aunque por suerte los restantes 649 fueron rescatados por los cruceros Aoba, Furutaka y Kinugasa.

Cazas Wildcat aparacados en el Aerodromo Henderson junto a la selva.

Oficialmente el 12 de Agosto de 1942 los trabajos de reconstrucción de la base aérea en Guadalcanal finalizaron con éxito, siendo la pista rebautizada como «Aeródromo Henderson» en honor al piloto Lofton Henderson fallecido durante la Batalla de Midway. Lamentablemente para los norteamericanos, como por ese entonces todos los portaaviones se habían refugiado en Australia y otros dominios del Pacífico, ningún avión pudo llevarles suministros, por lo que debieron continuar sufriendo todo tipo de calamidades, una epidemia de disentería que infectó a uno de cada cinco marines e incluso una escasez crónica de comida que obligó a muchos a adentrarse en la jungla para sobrevivir a base de cocoteros.

La desesperación de los sitiados de la 1ª División de Marines llegó a tal extremo que se tuvo que organizar una operación a gran escala de búsqueda de alimentos en la selva que protagonizarían dos columnas del 5º Regimiento de Marines. Las tropas participantes de la primera columna cruzaron el Río Matanikau, desalojaron una posición japonesa en la orilla contraria y ocuparon la cercana aldea de Matanikau; lo que permitió a los marines de la segundo columna que navegaban en botes a remo asaltar el pueblo de Kokumbuna y arrebatar algunas provisiones al enemigo a un bajo coste de 4 estadounidenses muertos y en torno a 65 soldados nipones.

El breve ataque sobre el Río Matanikau y Kokumbuna, conocido como la Batalla de Punta Lunga, consiguió su propósito de rapiñar suministros vitales a los japoneses que fueron llevados al Aeródromo Henderson, lo que facilitaría a los sitiados sobrevivir unas cuantas jornadas más. Al cabo de una semana, el 20 de Agosto, la situación mejoró de manera notable porque los primeros aviones de refuerzo aterrizaron en la pista, en concreto 31 aparatos sumando a 19 cazas Wildcat y 12 bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas, a partir de los cuales se conformó una pequeña escuadrilla bautizada con el nombre de Fuerza Aérea del Cactus (Cactus Air Force o CAF).

Batalla de Tenaru

Al poco de quedar operativo el Aeródromo Henderson, el Imperio Japonés traró de neutralizarlo con todos los medios disponibles a su alcance, utilizando para ello a un grupo de infiltración que fue bautizado como Destacamento «Ichiki» en honor a su comandante, el coronel Kiyonao Ichiki. El contingente no tardó en desembarcar cerca de Punta Lunga, en donde venció a los escasos estadounidenses sobre la playa, los cuales se retiraron con seis bajas en sus filas (tres muertos y tres heridos) a costa de haber matado durante el tiroteo a cinco japoneses. La acción sin embargo sirvió para advertir de lo que estaba sucediendo a los demás marines alojados en la base, quienes en seguida organizaron una expedición compuesta por 3.000 hombres pertenecientes al 1º Regimiento de Marines, al 1º Batallón de Armas Especiales dotado con dos cañones de 37 milímetros y al 11º Regimiento de Artillería con piezas de entre los 75 y 105 milímetros. Contrariamente los 917 soldados del Destacamento «Ichiki», a sabiendas de que habían sido descubiertos, tuvieron que atrincherarse en un perímetro defensivo comprendido por un lago natural de agua salada separado a través de un brazo de arena de mar de 5 a 7 metros de ancho y de 30 metros de largo protegido por la excelente barrera natural que ofrecía el Río Tenaru.

A la 1:30 horas de la madrugada del 21 de Agosto de 1942 un grupo de 100 soldados japoneses del Destacamento «Ichiki» quisieron adelantarse a sus oponentes y cargaron a través del brazo de arena de mar hacia las posiciones enemigas al otro lado del Río Tenaru. Como cabía esperar las ametralladoras, los morteros y los dos cañones de 37 milímetros del 1º Batallón de Armas Especiales causaron bajas muy grandes a los japoneses, pese a que éstos últimos alcanzaron la orilla opuesta y entablaron un combate cuerpo a cuerpo contra los norteamericanos, a los cuales expulsaron gracias a su mejor adiestramiento con la bayoneta. Sin embargo como los estadounidenses contaban con numerosas reservas y los nipones se encontraban exhaustos y faltos de munición, fueron desalojados durante un contraataque e incluso cuando volvieron a intentar recuperar el enclave lanzando a 200 hombres sobre las 2:30 de la noche, volvieron a fracasar porque víctimas del cansancio y desmoralizados se retiraron de nuevo hacia la costa.

Soldados japoneses en retirada dejando atrás montones de cadáveres sobre Tenaru.

Al amanecer de aquel 21 de Agosto el Destacamento «Ichiki» inició un bombardeo con morteros sobre las posiciones del 1º Regimiento de Marines mientras el 11º Regimiento de Artillería Estadounidense respondía a su vez desde la retaguardia efectuando salvas con los cañones de 75 milímetros. Después de un par de horas de producirse un reñido duelo artillero, a las 5:00, los japoneses llevaron a cabo un tercer asalto confiando en la cobertura de sus morteros, pero cosechando otra vez un absoluto fracaso porque los atacantes quedaron atrapados en un fuego cruzado de ametralladoras y fusilería, combinado por una lluvia de proyectiles, lo que obligó a los escasos supervivientes a resguardarse de nuevo en el extremo del brazo de arena de mar.

En torno a media mañana el Destacamento «Ichiki» había sido reducido a un número insignificante de hombres, por lo que a continuación el 1º Batallón del 1º Regimiento de Marines no dudó en poner en marcha un contraataque en pinza del siguiente modo: la primera columna bloqueó la salida oriental del lago natural y la segunda columna la salida sur. Gracias a esta maniobra que dejó envueltos a los nipones, los aviones del Aeródromo Henderson y una fuerza de cinco tanques Stuart M3 se encargaron de barrer a los restantes supervivientes hasta que a la caída la tarde la totalidad del Destacamento «Ichiki» dejó de existir.

La Batalla de Tenaru constituyó la primera victoria más o menos relevante de la 1ª División de Marines durante la Batalla de Guadalcanal porque destruyó al Destacamento «Ichiki» con un total de 792 bajas entre 777 muertos y 15 prisioneros a costa de sufrir los estadounidenses tan sólo 44 fallecidos. Este combate también demostró a los marines lo complicada que iba a ser la campaña debido a que comprobaron en sus carnes la manera de luchar de los japoneses hasta la muerte, ya no sólo por las temidas cargas «Banzai» que les causaban un verdadero terror psicológico, sino porque se veían obligados a tomar decisiones muy difíciles como rematar a sus enemigos moribundos de un disparo para evitar que se inmolaran con una granada (algo que hicieron en ocasiones acabando con la vida de varios norteamericanos).

Batalla de las Salomón Orientales

El almirante Isoroku Yamamoto al mando de la Marina Imperial Japonesa y autor del ataque a Pearl Harbor en 1941, interpretó la reciente victoria en la Batalla de la Isla de Savo como un síntoma de la frágil debilidad naval de los Aliados en el Pacífico Sur. A raíz de esta errónea interpretación de la situación convocó a la Fuerza de Ataque Aeronaval, la famosa «Kido Butai», para asestar un supuesto golpe demoledor a la Flota Estadounidense anclada en torno a Guadalcanal durante un acontecimiento que se conocería como la Batalla de las Salomón Orientales.

Bajo nombre de “Operación Ka”, el almirante Isoroku Yamamoto reunió a un total de 59 navíos entre los que hubo 3 portaaviones, 2 acorazados, 16 cruceros, 30 destructores, 1 portahidroaviones, 3 transportes y 4 patrulleras, además de 171 aviones embarcados. La agrupación principal fue la «Kido Butai» del vicealmirante Chuichi Nagumo con los dos portaaviones Shôkaku y Zuikaku; los seis cruceros Atago, Maya, Takao, Myokô, Haguro y Yura; los diecisiete destructores Akebono, Ushio, Kuroshio, Oyashio, Hayashio, Minegumo, Natsugumo, Asagumo, Harusame, Samidare, Murasame, Kazagumo, Yugumo, Makigumo, Akigumo, Hatsukaze y Akizuke; y el portahidroaviones Chitose. Aparte había una agrupación secundaria constituida por la Fuerza de Ataque del almirante Nobutake Kondô y el contraalmirante Hiroaki Abe con el portaaviones Ryûjô; los dos acorazados Hiei y Kirishima; los diez cruceros Nagara, Kumano, Suzuya, Chikuma, Tone, Jintsû, Chôkai, Kinugasa, Aoba y Furutaka; los trece destructores Nowaki, Maikaze, Tanikaze, Amatsukaze, Tokitsukaze, Jintsu, Suzukaze, Kawakaze, Umikaze, Kagero, Isokaze, Mitsuki, Yayoi y Uzuki; los tres transportes Kinryu Maru, Boston Maru y Daifuku Maru; y las cuatro patrulleras Nº1, Nº2, Nº34 y Nº35.

El mismo día que finalizó la Batalla de Tenaru el 21 de Agosto de 1942, la Marina Imperial Japonesa zarpó desde la base naval de Truk en Micronesia y puso rumbo hacia las Islas Salomón. La atravesía se efectuó con varios raids de diversión sobre Guadalcanal que llevaron a cabo aviones nipones procedentes de Rabaul, aunque las incursiones no sólo no destruyeron a ningún aparato norteamericano, sino que encima durante la jornada del 22 el Aeródromo Henderson recibió como refuerzo un pequeño grupo de cinco cazas P-39 Aircobra. Lo peor sin embargo ocurrió al día siguiente, el 23, ya que la «Kido Butai» del vicealmirante Chuichi Nagumo fue localizada por un hidroavión de reconocimiento PYB Catalina que inmediatamente alertó de su posición a la Flota Estadounisense.

La Flota Estadounidense situada a 550 kilómetros al sureste de Guadalcanal estaba al mando del vicealmirante Frank Fletcher, quién recientemente había tenido que renunciar al portaaviones USS Wasp para que recargarse combustible en Australia, por lo que sus efectivos reales se redujeron a 28 navíos entre la Isla de San Cristóbal y Espíritu Santo, los suficientes para librar una batalla defensiva contra la Marina Imperial Japonesa. Se trató de los dos portaaviones USS Enterprise y USS Saratoga; el acorazado USS North Carolina; los siete cruceros USS Minneapolis, USS New Orleans, USS Portland, USS Atlanta, USS San Francisco, USS San Juan y USS Salt Lake City; y los dieciocho destructores USS Phelps, USS Farragut, USS Worden, USS MacDonough, USS Dale, USS Balch, USS Maur, USS Ellet, USS Benham, USS Grayson, USS Monssen, USS Farenholt, USS Aaron, USS Buchanan, USS Lang, USS Stack, USS Sterett y USS Selfridge.

Durante la noche del 23 al 24 de Agosto de 1942, el vicealmirante Chuichi Nagumo tomó la polémica decisión de dividir a la «Kido Butai» en dos escuadras, las cuales quedaron repartidas de la siguiente manera: una en reserva liderada por él mismo y otra de ataque al mando del vicealmirante Chuichi Hara que incluía en cabeza al portaaviones Ryûjô escoltado por el crucero pesado Tone y los dos destructores Amatsuzake y Tokitsukaze. Lamentablemente nada más amanecer, en torno a las 6:30 horas, varios hidroaviones estadounidenses PBY Catalina procedentes de la Isla de Ndeni descubrieron a una de las flotas, dando con el portaaviones Ryûjô sobre las 9:35 horas de la mañana. Como los nipones sabían que había sido detectados, quisieron adelantarse a sus enemigos y atacar la propia Guadalcanal, por lo que a las 12:20 horas despegaron del Ryûjô un total de 26 aparatos entre 15 cazas Zeros y 6 torpederos Nakajima B5N, a los que se sumaron 24 bombarderos Mitsubishi G3M desde Rabaul (aunque estos últimos tuvieron de dar media vuelta a causa de una tormenta). Curiosamente a las 13:40 horas también los norteamericanos imitaron la misma maniobra de los japoneses, pues el portaaviones USS Saratoga puso en el aire a 38 aparatos entre 30 bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas y 8 torpederos Devastator.

Dos asombrosas imágenes del ataque japonés sobre la incursión al portaaviones USS Enterprise. Izquierda: un avión nipón arde pasando por encima de la torre de mando. Derecha: una bomba hace impacto y estalla en la cubierta.

La primera en alcanzar su objetivo fue la aviación japonesa sobre el área de Guadalcanal a las 14:23 horas del mediodía cuando los japoneses soltaron sus bombas sobre el Aeródromo Henderson, dañando algunas de sus instalaciones y abriendo cráteres en la pista, pero sin impactar a ninguno de los cazas aparcados debido a que minutos antes fueron puestos en alerta y despegaron. Gracias a esta iniciativa los pilotos de la «Cactus Air Force» emboscaron a sus enemigos durante un combate muy favorable que se saldó con seis aviones derribados entre tres interceptores Zeros y tres torpederos Nakajima B5N a costa de la pérdida de cuatro cazas Wildcat.

Justo dos minutos después del ataque a Guadalcanal, a las 14:25 horas, un hidroavión de reconocimiento catapultado del crucero japonés Chikuma avistó a los portaaviones USS Enterprise y USS Saratoga, informando de su posición al vicealmirante Chuichi Nagumo poco antes de ser derribado por cazas enemigos. Acto seguido los dos portaaviones Shôkaku y Zuikaku hicieron despegar a 42 aparatos entre 15 interceptores Zeros y 27 bombarderos en picado Aichi Val, los cuales regresaron al cabo de unas horas con todo su arsenal cargado debido a que no fueron capaces de encontrar a la Flota Estadounidense. Algo más de suerte tuvo en cambio el portaaviones Ryûjô navegando próximo a la Isla de Santa Isabel, ya que no sólo volvió a detectar a la escuadra enemiga, sino que a las 16:00 horas de la tarde salió en su persecución tras poner en el aire a 36 aparatos entre nueve cazas Zeros y 27 bombarderos en picado Aichi Val.

En cuanto la aviación embarcada abandonó el portaaviones japonés Ryûjô a las 16:00 horas, los escuadrones procedentes del portaaviones estadounidense USS Saratoga atacaron la nave con ocho torpederos Devastator y 30 bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas, justo cuando en el instante en que sobre la pista se disponían a despegar los últimos siete cazas Zero. El resultado del ataque fue el impacto de un torpedo bajo la línea de flotación y la explosión de tres bombas sobre la cubierta, las salas de calderas y las máquinas de estribor, lo que desató en feroz incendio sobre la pista y una escora que concluyó con el barco volcándose y hundiéndose en medio de las aguas del Océano Pacífico, pereciendo a bordo 120 marineros japoneses, aunque por suerte 804 tripulantes fueron rescatados por el crucero Tone y los destructores Amatsuzake y Tokitsukaze.

Al mismo tiempo que se produjo el hundimiento del portaaviones Ryûjô, a las 16:20 horas de la tarde los 36 aparatos embarcados de esta misma nave dieron con el paradero del portaaviones USS Enterprise. Los primeros en atravesar la pantalla de fuego antiaéreo levantada por los destructores, cruceros y el acorazado USS North Carolina fueron los bombarderos en picado Aichi Val, de los cuales cinco resultaron abatidos, pero el resto soltaron sus bombas con éxito, logrando que una atravesara el ascensor de carga y explosionara en el interior de los compartimentos, en donde mató a 35 hombres e hirió a otros 70. La siguiente oleada a las 16:44 horas alcanzó al portaaviones con un segundo artefacto que detonó a 4’5 metros de cubierta acabando con la vida de otros 39 marineros como consecuencia del estallido de cuarenta proyectiles de 127 milímetros, así como un tercero a las 16:46 que abrió un agujero de tres metros de diámetro y bloqueó parcialmente el timón con 20º de caña a estribor. A pesar de todo el USS Enterprise se mantuvo a flote y recibió refuerzos de la «Cactus Air Force», sin obviar con que el acorazado USS North Carolina derribó con sus cañones a otros cuatro aparatos nipones. Gracias a esta formidable defensa la aviación embarcada del Ryûjô recibió un duro revés, pues 42 aviones imperiales fueron destruidos aquella jornada a costa de tan sólo perderse 22 estadounidenses (seis por casos de «fuego amigo»).

Inmediatamente al fracaso cosechado por la «Kido Butai» contra el USS Enterprise, los norteamericanos pasaron al contraataque con cinco torpederos Avenger que provocaron daños graves en el portahidroaviones Chitose. Al día siguiente, el 25 de Agosto a las 8:05 de la mañana, un escuadrón de 18 aparatos estadounidenses dañó levemente al crucero Jintsû y mató a veinticuatro de sus tripulantes; mientras que una segunda incursión protagonizada por 60 bombarderos en picado Dauntles SBD Douglas alcanzaron y hundieron al transporte Kinryu Maru, aunque por suerte todas las tropas a bordo fueron rescatadas por el destructor Yaoi y los patrulleros Nº1 y Nº2. Bastante menos fortuna tuvo el destructor Mitsuki tras ser atacado desde alta cota por cuatro bombarderos B-17 que hicieron blanco y lo hundieron, acabando con la vida de 41 marineros e hiriendo a otros 11, un acontecimiento que precipitó la derrota y condujo al almirante Isoroku Yamamoto a ordenar la retirada hacia la Micronesia.

La Batalla de las Salomón Orientales fue una clara victoria para la Flota Estadounidense que pudo resarcirse de la amarga derrota de la Batalla de la Isla de Savo e incluso equilibrar algo más la balanza dentro del contexto de la campaña naval de Guadalcanal. La razón fue que Japón sufrió el hundimiento de 3 navíos entre el portaaviones Ryûjô, el destructor Mitsuki y el transporte Minryu Maru, además de daños en el crucero Jintsû y en el portahidroaviones Chitose, sin obviar con que 75 aviones fueron derribados y 290 marineros o pilotos fallecieron; todo ello a costa de que Estados Unidos tan sólo encajara daños graves en el portaaviones USS Enterprise, le fueran abatidos 25 aviones y perdieran la vida 90 tripulantes o aviadores.

Convoyes del “Tokyo Express”

El “Tokyo Express” fue una ruta marítima de navegación abierta por Japón desde mediados de 1942 con la finalidad de enviar refuerzos en forma de tropas y material bélico desde sus posesiones en la Micronesia y Rabaul hasta la Isla de Guadalcanal. Esta importante arteria de comunicaciones que los norteamericanos apodaron como la «Ruta de las Ratas», se convirtió en un factor clave para el esfuerzo japonés en la Guerra del Pacífico y por tanto en un objetivo clave a neutralizar por Estados Unidos.

Oficialmente el primer viaje del «Tokyo Express» fue el traslado de 600 soldados pertenecientes a la 35ª Brigada de Infantería al mando del general Kiyotake Kawaguchi que fueron transportados a bordo de los cuatro destructores Asagiri, Amagiri, Yugiri y Shirakumo. Aunque en un principio la aproximación a las Islas Salomón se efectuó sin sobresaltos, de repente el 28 de Agosto de 1942 el convoy fue interceptado a 110 kilómetros de Guadalcanal por once bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas de la «Cactus Air Force» que atacaron a la escuadra y hundieron al destructor Asagiri, además de dañar al Shirakumo y al Yugiri con la consiguiente muerte de 156 tripulantes.

A causa del fracaso de la primera expedición del «Tokyo Express», la 35ª Brigada de Infantería tuvo que refugiarse en la cercana Isla de Santa Isabel y desde ahí zarpar el 1 Septiembre de 1942 a bordo de 61 barcazas escoltadas por los tres destructores Murakumo, Yudachi y Hatsuyuki. Al día siguiente, el 2, la «Cactus Air Force» volvió a interceptar el convoy, matando a 90 soldados japoneses y destruyendo algún cañón, aunque por suerte en este caso no lograron hundir ningún navío. Gracias a este éxito el 4 de Septiembre la 35ª Brigada de Infantería con más de 5.000 soldados y material pesado desembarcó en Guadalcanal sobre Punta Taivu mientras desde el mar los destructores japoneses lanzaban salvas contra las posiciones de la 1ª División de Marines.

Tropas japonesas siendo embarcadas en el «Tokyo Express».

El cañoneo de los destructores Murakumo, Yudachi y Hatsuyuki al Aeródromo Henderson terminó por alertar a los dos destructores estadounidenses USS Little y USS Gregory que en seguida se dieron de bruces con los japoneses cerca de Punta Taivu. A pesar de que los norteamericanos fueron los primeros en disparar, todos sus proyectiles fallaron porque los tres barcos nipones esquivaron las salvas, antes de que orientasen sus baterías hacia los norteamericanos, los cuales recibieron una mortífera lluvia de fuego que provocó el hundimiento de los destructores USS Little y USS Gregory, cuyas tripulaciones milagrosamente sobrevivieron tras escapar a nado hacia la propia costa de Guadalcanal.

La primera gran expedición de los japoneses del «Tokyo Express» fue un éxito porque consiguieron desembarcar a casi toda la 35ª Brigada de Infantería en Guadalcanal, además de salir airosos de la batalla naval porque a costa de perder al destructor Asagiri, hundieron a los dos destructores estadounidenses USS Gregory y USS Little. Lo peor sin embargo fue la llegada de 5.000 tropas de refresco a la isla, las cuales en seguida se unieron a los soldados ya presentes en la jungla y estrecharon mucho más el cerco en torno al Aeródromo Henderson.

Asalto a la Cresta Edson

El desembarco de la 35ª Brigada de Infantería en Guadalcanal por parte del «Tokyo Express» obligó al general Alexander Vandegrift a organizar la defensa del Aeródromo Henderson, agrupando para ello en sus puntos más vulnerables a los 11.000 efectivos de la 1ª División de Marines y a los recién llegados refuerzos del 1º Batallón Paracaidista y del 1º Batallón de Defensa. Los japoneses por el contrario partieron de Taivo el 5 de Septiembre con varios millares de hombres al mando del general Kiyotake Kawaguchi que incluían una vanguardia compuesta por el 124º Regimiento de Infantería del coronel Akinosuka Oka y por el el Batallón «Kuma» del oficial Takeshi Mizuno, así como una reserva de 3.000 soldados adscritos al Cuerpo Central y al Destacamto «Ichiki».

Casualmente el 7 de Septiembre de 1942 los vigilantes de la Fuerza de Defensa del Protectorado de las Salomón Británicas interceptaron a las tropas japonesas muy cerca del Aeródromo Henderson junto a la aldea de Tasimboko. Gracias a esta información los nortemaericanos decidieron adelantarse enviando a una patrulla de 501 marines al mando del general Merritt Edson que desembarcó a las 5:20 horas del 8 de Septiembre sobre la playa de Taivu bajo el apoyo de los aviones de la «Cactus Air Force» y de las baterías de los dos destructores USS McKean y USS Manley. La respuesta de los Aliados sorprendió tanto a los nipones que no tuvieron más remedio que replegarse acobardados y ceder el control de Tasimboko a los estadounidenses, quienes a cambio de encajar dos muertos en la refriega, eliminaron a 27 japoneses y les arrebataron una gran cantidad de municiones, comida, medicinas e incluso una radio.

Un soldado norteamericano observa las alturas de la Cresta Edson.

Ocupada la población de Tasimboko, los soldados de la 1ª División de Marines tuvieron la suerte de encontrar unos documentos de alto secreto que revelaban con exactitud todo el plan enemigo para apoderarse del Aeródromo Henderson mediante un ataque desde el Río Lunga. Después de estudiar con rigurosidad los mapas y descartar que aquello se tratase de una trampa, tanto el general Alexander Vandegrift como los oficiales Merritt Edson y Gerald Thoma desplazaron a 840 marines del 1º Batallón de Asalto al punto más vulnerable del Río Lunga, eligiéndose como posición defensiva la excelente barrera natural sobre la Cresta Edson, una cadena montañosa de varios riscos que incluía la Cota 80 de 24 metros, la Cota 123 de 37 metros y un último pico de 18 metros rodeado por una laguna de agua dulce.

A las 21:30 horas de la noche del 12 de Septiembre de 1942 comenzó la primera ofensiva japonesa contra la Cresta Edson mediante el avance de cuatro columnas a través de las arboledas que en todo momento contaron con la cobertura del fuego naval del crucero nipón Sendai y tres destructores que durante 20 minutos lanzaron bengalas para iluminar la zona y cañonear con sus proyectiles Punta Lunga. Una vez finalizado el bombardeo desde el mar, los japoneses accedieron a un terreno abierto castigado por los cráteres, lo que provocó cierta descoordinación y desorden entre las filas niponas. La primera oleada atacó el sector del lago y cayó sobre unos desprevenidos a los marines que lo abandonaron, aunque pese al éxito inicial, las otras oleadas asaltaron las posiciones enemigas de una forma tan caótica que fueron fácilmente rechazadas con numerosas bajas, especialmente la carga realizada por el 124º Regimiento de Infantería que tuvo que replegarse a las 5:50 horas de la noche en dirección la jungla. No obstante las cosas todavía empeoraron más al amanecer del 13, ya que la artillería de los marines y la «Cactus Air Force» machacaron intensamente a las columnas niponas, las cuales se vieron obligadas a aceptar la derrota y dar marcha atrás, no sin antes abandonar a decenas de mutilados, sin obviar con que encajaron un centenar de muertos (incluyendo dos oficiales) a costa de tan sólo 20 estadounidenses fallecidos.

En torno a media mañana del 13 de Septiembre, el general Merritt Edson ordenó reforzar las posiciones de los marines en Cresta Edson ante la certeza de que con toda probabilidad los nipones desencadenarían una segunda ofensiva en menos de 24 horas. Así fue como tras retirar a los muertos y heridos del campo de batalla, los norteamericanos desplegaron sobre la zona a varias unidades del 2º Regimiento de Marines y a una batería de cuatro obuses de 150 milímetros que se sumaron a los efectivos ya presentes del 1º Batallón Paracaidista y el 1º Batallón de Defensa. Gracias a estos soldados el número de efectivos aumentó a 830 hombres, quienes además excavaron nuevas trincheras y fortificaciones a 140 metros al sur de la Cota 130, a 1.600 metros de las orillas del Río Lunga y a 370 metros por delante del sector central de la Cresta Edson.

Caída la noche del 13 de Septiembre de 1942, a las 21:00 horas un total de siete destructores de la Marina Imperial Japonesa efectuaron un bombardeo preliminar sobre la Cresta Edson, antes de que tres horas más tarde, en la medianoche del 13 al 14 de Septiembre, más de 3.000 soldados protagonizaran un asalto frontal que llevaron a cabo de la siguiente manera: la 35ª Brigada de Infantería arremetió contra la misma montaña y el Batallón «Kuma» ejecutó una maniobra de distracción contra Punta Lunga. En un principio la primera oleada al mando del coronel Yukichi Kokusho ascendió sobre el sector central de la Cresta Edson y rebasó las posiciones norteamericanas, desalojando parcialmente a los marines de la Cota 123, capturando numerosos suministros con los que se autoabasteció e incluso pisando con una de sus patrullas los bordes de la pista del Aeródromo Henderson. No obstante mucha menos suerte tuvo la segunda oleada porque los 240 hombres que atacaron la Cota 80 resultaron detenidos por el fuego combinado de morteros y granadas, siendo a continuación flanqueados y aniquilados por un contraataque del 1º Batallón Paracaidista y del 1º Batallón de Defensa.

Refuerzos estadounidenses desembarcados desde barcazas sobre Guadalcanal.

Avanzada la madrugada del 14 de Septiembre el general Kiyotake Kawaguchi movilizó a todas sus reservas contra la Cota 123, en donde los japoneses se enzarzaron en un encarnizado combate cuerpo a cuerpo e incluso liberaron gas venenoso (algo ilegal y poco común en la Segunda Guerra Mundial que afectó a algunos estadounidenses debido a la ausencia de máscaras antigás). Mientras los marines resistían en la cima disparando sus fusiles y arrojando granadas, la artillería emplazada en el Aeródromo Henderson efectuó un intenso bombardeo con piezas de 75 y 105 milímetros que cayeron sobre las filas imperiales causando una gran matanza y dejando el paisaje repleto de cráteres y cadáveres. Sin embargo el momento culminante de la batalla vendría a las 4:00 de la madrugada cuando al poco que quedar rodeada toda la Cota 123, de repente un grupo de 100 soldados nipones se separó del grueso principal y atacó la vecina Cota 80, siendo todos los protagonistas de la acción acribillados por las ametralladoras desde la cumbre. A partir de este error los restantes soldados nipones quedaron estancados ante la Cota 123, por lo que al amanecer los aviones de la «Cactus Air Force» les bombardearon desde el aire y les infligieron incontables bajas, por lo que a las 13:05 del mediodía los atacantes aceptaron la derrota y abandonaron la Cresta Edson.

Las cosas tampoco le fueron mejor al Batallón «Kuma» porque durante su asalto de distracción sobre Punta Lunga el oficial Takeshi Mizuno perdió la vida, por ese entonces el militar de mayor graduación de la unidad, lo que dejó al contingente sin su mando más directo y por tanto sin órdenes claras acerca de cómo actuar sobre el terreno. A pesar de tales dificultades, los componentes de la columna fueron capaces de repeler un contraataque de seis tanques estadounidenses Stuart M3 mediante el fuego directo de cañones anticarro de 37 milímetros, los cuales destruyeron a cuatro de los blindados (tres incendiados y uno que volcó sobre el Río Tenaru muriendo la tripulación ahogada en su interior). Lamentablemente el éxito de los nipones tan sólo fue efímero porque en seguida entraron en acción abundantes refuerzos del 5º Regimiento de Marines que a las 16:00 horas obligaron al Batallón «Kuma» a emprender la huida de Punta Lunga.

Los soldados tanto de la 35ª Brigada de Infantería como del Batallón «Kuma» sufrieron también un infierno durante la retirada a través de la jungla y el margen oriental del Río Matanikau, ya que apenas disponían de comida o material de primeros auxilios, aunque por lo menos los ramajes de los árboles y los cocoteros les ocultaron de los aviones de la «Cactus Air Force». Afortunadamente los evadidos tan sólo encajaron 19 muertos durante la marcha a pie hasta su base de Kokumbona, e incluso en el proceso emboscaron a una patrulla de marines que salió en su persecución, acabando con la vida de 24 estadounidenses. Una vez la Batalla de Cresta Edson se consideró finalizada a fecha de 14 de Septiembre de 1942, el resultado del encuentro dejó unas 850 bajas entre las filas japonesas y la muerte de 104 norteamericanos.

Hundimiento del USS Wasp

Inmediatamente al anuncio de la victoria de la 1ª División de Marines en la Batalla la Cresta Edson, los mandos norteamericanos en la isla decidieron reforzar la posición en torno al Aeródromo Henderson, por lo que inmediatamente autorizaron la partida hacia Guadalcanal del 7º Regimiento de Marines. Los soldados de esta unidad viajarían a bordo de un convoy compuesto por varios transportes y destructores que contaron con la escolta de los dos portaaviones USS Hortnet y USS Wasp, así como del acorazado USS North Carolina.

A las 12:15 horas del 15 de Septiembre de 1942, un hidroavión japonés localizó a la escuadra estadounidense que transportaba al 7º Regimiento de Marines, por lo que transmitió el mensaje de su posición antes de ser derribado por las piezas antiaéreas del portaaviones USS Wasp. Como de manera justificada los norteamericanos se temieron un ataque aéreo, este misma nave puso en el aire a 34 aviones entre 26 bombarderos en picado Dauntles SBD Douglas y 8 cazas Wildcats, algo que de poco serviría porque el peligro real vendría por debajo del agua cuando a la altura de la Isla de San Cristóbal el convoy fue avistado por el submarino japonés I-19 al mando del capitán Takakazu Kinashi.

Aproximadamente a 500 metros de la Flota Estadounidense, exactamente a una distancia casi imposible de acertar, el submarino nipón I-19 disparó contra el convoy una salva de seis torpedos del Tipo 95, de los cuales tres hicieron blanco entre las 14:44 y 14:45 horas del mediodía. El primer artefacto impactó de costado por debajo de la línea de flotación del portaaviones USS Wasp, el segundo averió la banda del destructor USS O’Brien y el tercero detonó en el casco del acorazado USS North Carolina, al que provocó daños muy graves con la consiguiente muerte de seis marineros.

El portaaviones USS Wasp en llamas se hunde tras ser torpedeado por el submarino japonés I-19.

El portaaviones USS Wasp se llevó la peor parte del torpedeamiento del I-19, ya que el artefacto incendió los depósitos de gasolina y provocó una reacción en cadena que arrancó un tramo de la cubierta del navío, rompió el sistema de respostaje y derrumbó el hangar, donde los aviones aparcados se escurrieron debido a la inclinación del buque, aplastándose unos contra los otros y prendiendo el petróleo de sus motores. El fuego rápidamente se extendió a la central de comunicaciones y a los pañoles de munición que estallaron en mil pedazos, por lo que ante la imposibilidad de permanecer a flote, a la caída de la noche se decretó la evacuación de la nave y de 1.600 de sus tripulantes que fueron sacados en botes hasta que finalmente el USS Wasp se hundió a las 21.00 horas, muriendo a bordo de 193 marineros estadounidenses.

La acción del submarino I-19 fue una gran victoria para la Marina Imperial Japonesa porque sin encajar pérdidas propias hundió al portaaviones USS Wasp y provocó daños graves tanto en el acorazado USS North Carolina como en el destructor USS O’Brien que terminó por hundirse durante el viaje de regreso a las Islas Hawaii. Este acontecimiento volvió a equilibrar las fuerzas navales dentro del contexto de la Batalla de Guadalcanal, especialmente tras la pérdida del portaaviones Ryûjô en la Batalla de las Salomón Orientales. De hecho los marinos protagonistas de la hazaña fueron convertidos en héroes nacionales primero en Japón y luego en el resto de potencias del Eje, ya que el sumergible navegó con toda su tripulación hasta Alemania, en donde el capitán Takakazu Kinashi fue felicitado personalmente por Adolf Hitler, quién le condecoró con la Cruz de Hierro.

Primera Batalla del Río Matanikau

La presión impuesta sobre el Aeródromo Henderson y el fracaso de llevar suministros a los sitiados tras el hundimiento del portaaviones USS Wasp, obligó a los mandos de la 1ª División de Marines a buscar otras alternativas para abastecerse y mejorar su situación. La solución la encontró entonces el comandante Chesty Puller, quién propuso ampliar el perímetro defensivo unos pocos kilómetros hacia el interior de la jungla, en donde una vez consiguieran superar el Río Matanikau, tendrían acceso a árboles frutales y algunas zonas de cultivo. El plan correría al cargo del 1º Batallón de Asalto al frente del teniente Samuel Griffith con la misión de ocupar las alturas del Monte Austen, así como del 1º Batallón de Marines que desde otro sector atravesaría el cauce del río mediante un puente de madera al que bautizaron «One-Log». A pesar de que los marines calcularon que el enemigo tendría en la área a unos 400 efectivos, en realidad su número era de 4.000 soldados adscritos al 124º Regimiento de Infantería bajo el liderazgo del coronel Akinosuke Oka (de los que 1.900 custodiaban los alrededores del Monte Austen).

A primera hora de la mañana del 23 de Septiembre de 1942 comenzó la ofensiva sobre el Río Matanikau cuando 930 marines del 1º Batallón de Asalto alcanzaron la orilla y la desalojaron de patrullas enemigas. Al día siguiente, a las 17:00 horas de la tarde, estos mismos marines ascendieron sigilosamente la cima del Monte Austen y sorprendieron a 16 soldados japoneses a los cuales eliminaron, por lo que asegurada la cumbre a la caída de la noche, iniciaron el descenso sobre la ladera hasta alcanzar otra de las caras del Río Matanikau, en donde sostuvieron un nuevo enfrentamiento que se prolongó hasta el 25 de Septiembre con un saldo de 30 nipones muertos y 33 bajas entre los estadounidenses contando a 13 muertos y 25 heridos.

El 26 de Septiembre de 1942 otro grupo de soldados del 1º Batallón de Asalto llevaron a cabo su parte del plan intentando cruzar el Río Matanikau a través del sector del puente de madera de «One-Log» bajo el potente apoyo de los aviones de la «Cactus Air Force» y de las piezas de artillería de de 75 y 105 milímetros emplazadas en la Cresta Edson. No obstante y contra todo pronóstico los cien defensores japoneses barrieron a los norteamericanos con disparos de fusil y ametralladora, dejando clavados a los atacantes por detrás de un banco de arena y obligándoles a renunciar a la pasarela de «One Log». Ante este imprevisto la única solución fue buscar otro paso sin vigilar más al sur que en esta ocasión los estadounidenses del 1º Batallón de Marines consiguieron forzar a bordo de botes de remo, desembarcando entonces en el sector de Punta Cruz.

Río Matanikau. Un soldado estadounidense con una ametralladora vigila mientras sus compañeros cruzan el puente de madera.

Gracias a que el coronel japonés Akinosuke Oku interpretó correctamente la maniobra de flanqueo ejecutada por los marines sobre el Río Matanikau, el día 27 trasladó a parte de sus reservas a Punta Cruz, al mismo tiempo en que dejaba a las restantes taponando el puente de «One-Log». De hecho el comandante nipón tampoco dudó en solicitar el apoyo de los aviones de la Fuerza Aérea Imperial Japonesa que bombardearon intensamente el Aeródromo Henderson, en donde uno de los artefactos arrojados cortó las comunicaciones entre el 1º Batallón de Marines y el 1º Batallón de Asalto.

La última arremetida protagonizada por el 1º Batallón de Asalto contra el puente «One Log» terminó en un auténtico descalabro debido a que los norteamericanos fueron rechazados con numerosas bajas, entre las que se incluyeron la muerte del comandante Kenneth Bailey y heridas graves en el teniente Samuel Griffith. Algo más al sur el 1º Batallón de Marines corrió la misma suerte en Punta Cruz, pues pese a que una de sus patrullas liderada por el capitán Otho Rogers se infiltró 550 metros en torno a las inmediaciones de la Cota 84, en seguida sus soldados cayeron en una emboscada enemiga con fuego procedente de todas direcciones. La trampa organizada por los nipones concluyó con varios muertos, entre ellos el capitán Otho Rogers que perdió la vida a manos de un proyectil de mortero, además de quedar el resto de supervivientes atrapados en una de las caras del Río Matanikau. La desesperación de los estadounidenses fue tal que los hombres atrapados utilizaron su ropa interior blanca para tenderla sobre la hierba y escribir la palabra «H-E-L-P» («Ayuda»), algo que permitió a los bombarderos Dauntles SBD Douglas auxiliarles con algunas incursiones y avisar al destructor USS Monssen, el cual remontó el Río Matanikau y ahuyentó a los artilleros japoneses con sus baterías, facilitando con esta acción que todos los sitiados fueran evacuados a bordo de lanchas de la Guardia Costera Nacional.

La Primera Batalla del Río Matanikau constituyó la primera gran victoria terrestre de Japón desde el comienzo de la campaña de Guadalcanal, pues se consiguió frenar la ofensiva lanzada por la 1ª División de Marines a la que infligieron 32 muertos y la pérdida de 15 fusiles, a costa de perder la vida un total de 46 soldados nipones. El coronel Akinosuke Oku se sintió tan satisfecho por el triunfo que no dudó en transmitir por radio a Tokyo el siguiente mensaje: «Llegan las primeras noticias buenas desde Guadalcanal».

Segunda Batalla del Río Matanikau

El fracaso de Estados Unidos en la Primera Batalla del Río Matanikau no evitó que los mandos cesaran sus intentos por superar el cauce, ya que para Octubre de 1942 se planificó una nueva ofensiva a gran escala proyectada en dos alas de la siguiente manera: el 5º Regimiento de Marines atacaría sobre el puente de troncos de madera «One-Lod» y al poco tiempo el 7º Regimiento de Marines ejecutaría una maniobra en pinza sobre Punta Cruz. Los japoneses por el contrario sustituyeron al castigado 124º Regimiento de Infantería del coronel Akinosuke Oka por el 4º Regimiento de Infantería al mando del coronel Masao Maruyama que acababa de desembarcar como parte de 2ª División de Infantería enviada a través del «Tokyo Express».

La mañana del 7 de Octubre de 1942 comenzó la Segunda Batalla del Río Matanikau mediante un devastador bombardeo preliminar de la aviación y de las piezas de artillería de 75 milímetros emplazadas en el Aeródromo Henderson, lo que facilitó a las tropas del 5º Regimiento de Marines cruzar sin ningún problema el cauce de agua y asegurar el puente de «One-Lod». A la jornada siguiente, el día 8, el 7º Regimiento de Marines también desembarcó con éxito en Punta Cruz e incluso se adentró en el interior de la jungla, venciendo a un grupo de defensores durante un combate nocturno que se resolvió con 12 marines muertos y 59 japoneses fallecidos.

Tropas estadounidenses cruzando el Río Matanikau a través del agua.

Con la maniobra puesta en marcha por el 5º Regimiento de Marines al norte y por el 7º Regimiento de Marines al sur amenazó con dejar embolsado a la totalidad del 4º Regimiento de Infantería Japonés, el coronel Masao Maruyama ordenó la retirada el 9 de Octubre, no sin que antes numerosos nipones fueran acribillados durante la huida a manos de los tiradores norteamericanos apostados en la orilla opuesta. Así como aquella misma jornada los estadounidenses se hicieron los dueños del Río Matanikau a un bajo coste de 65 víctimas mortales y tras haber provocado a los japoneses la elevada cifra de 700 bajas.

Batalla del Cabo Esperanza

La reciente victoria de la 1ª División de Marines en el Río Matanikau obligó a los norteamericanos a afianzar las posiciones ganadas y recibir refuerzos cuando desde Nueva Caledonia se movilizaron a 2.837 efectivos pertenecientes a la División de Infantería «Americal». Los soldados zarparon de la colonia francesa el 8 de Octubre con una escuadra de escolta compuesta por 9 navíos entre los que estaban los cuatro cruceros USS San Francisco, USS Boise, USS Salt Lake City y USS Helena, y los cinco destructores USS Farenholt, el USS Duncan, el USS Buchaman, el USS McCalla y el USS Laffey.

Simultáneamente desde Rabaul zarpó por mera coincidencia un convoy japonés del «Tokyo Express» que llevaba a bordo 728 soldados, seis cañones (cuatro de 150 milímetros y dos de 75 milímetros) y una batería antiaérea bajo la escolta de 13 navíos de línea sumando a tres cruceros, ocho destructores y dos portahidroaviones. Según la función de cada grupo táctico la misión fue la siguiente: los dos portahidroviones Nisshin y Chitose al mando del vicealmirante Gunichi Mikawa trasladaría a las tropas hasta las playas de Guadalcanal; los tres cruceros Aoba, Kinugasa y Furutaka, en compañía de los dos destructores Fubuki y Hatsuyuki al frente del contraalmirante Arimoto Goto, protegerían al conjunto de la escuadra; y los seis destructores Asagumu, Natsugumo, Yamagumo, Shirayuki, Murakumo y Akizuki encabezados por el contraalmirante Takatsugu Jojima efectuarían un bombardeo de distracción sobre el Aeródromo Henderson.

Inesperadamente la misma noche del 11 al 12 de Octubre de 1942, tanto la escuadra japonesa como la Flota Estadounidense que transportaba refuerzos hacia Guadalcanal, de repente convergieron de manera simultánea y azarosa a la altura del Cabo Esperanza. Como casualmente los norteamericanos fueron los primeros en interceptar a sus oponentes, éstos llevaron la iniciativa y adoptaron una formación en «T» situando a los cuatro cruceros a un lado y los cinco destructores a otro que no tardaron en cerrar una trampa mortal sobre la flota del «Tokyo Express».

A a las 23:43 horas de la noche la Flota Estadounidense fue la primera en romper el fuego con 40 proyectiles que impactaron contra el crucero Aoba, destrozando dos de sus torretas de artillería y el sistema de comunicaciones, además de matar al contraalmirante Arimoto Goto. A pesar de que el Aoba consiguió evadirse aprovechando la oscuridad nocturna, a las 23:47 los cañones norteamericanos centraron su interés en el crucero Furutaka, encajándole en un 90 proyectiles que destruyeron su tubo lanzatorpedos y a continuación impactándole bajo la línea de flotación con un torpedo lanzado por el destructor USS Buchanan. Los daños fueron tan graves que paralizaron la sala de máquinas y le escoraron, por lo que poco a poco el Furutaka se hundió hasta desaparecer bajo el agua tras arrastrar consigo a 143 marineros, aunque por suerte 629 tripulantes fueron rescatados (514 recuperados por los japoneses y 115 capturados por los norteamericanos).

Crucero USS Boisse rumbo a la Batalla de Cabo Esperanza.

El siguiente objetivo de la Flota Estadounidense fue el destructor Fubuki al que también los cruceros y destructores rociaron con proyectiles hasta provocar su hundimiento con un centenar de fallecidos y 109 marineros prisioneros que fueron recogidos del agua por el dragaminas USS Trever. Sin embargo a los norteamericanos en esta ocasión el duelo no les salió gratis porque el destructor USS Farenholt recibió por error una salva de «fuego amigo» que le causó tres muertos y el crucero USS Boise fue acertado por un proyectil del crucero Kinugasa que le provocó una explosión en el pañol de municiones con la consiguiente muerte de 107 tripulantes. La peor parte no obstante se la llevó el destructor USS Duncan que sufrió daños muy graves en su estructura y no pudo evitar terminar siendo hundido, pereciendo a bordo 48 miembros de la marinería.

Las enormes dificultades sufridas por el «Tokyo Express» no impidieron que esa noche los seis destructores Asagumo, Natsugumo, Yamagumo, Shirayuki, Murakumo y Akizuki al mando del contraalmirante Takatsugu Jojima bombardeasen el Aeródromo Henderson e incluso desembarcaron algunas reservas de tropas en Guadalcanal. Lamentablemente aquella temeraria incursión fue un error porque al amanecer del 12 de Octubre un total de 23 aparatos de la «Cactus Air Force» entre once bombarderos en picado Dauntles SBD Douglas y doce cazas Wildcat, atacaron la formación enemiga y hundieron al destructor Natsugumo que se sumergió con trece muertos, además de posteriormente echar a pique al Murakumo que se perdió con otros 22 fallecidos, siendo rescatados los tripulantes del primero por el Asagumo y los del segundo por el Shirayuki.

El resultado de la Batalla del Cabo Esperanza fue una victoria para Estados Unidos, aunque no completa debido a que los norteamericanos no pudieron impedir que sus oponentes desembarcaran a sus refuerzos en Guadalcanal. Las cifras en pérdidas fueron para la Marina Imperial Japonesa de cuatro navíos hundidos sumando al crucero Furutaka y a los tres destructores Fubuki, Natsugumo y Murakumo, además de resultar dañados los dos cruceros Aoba y Kinugasa, y contabilizarse unas bajas de 565 marineros entre 454 muertos y 111 prisioneros; mientras que la Flota Estadounidense por otro lado encajó el hundimiento del destructor USS Duncan y daños en dos navíos que fueron el crucero USS Boise y el destructor USS Farenholt, así como perder la vida 163 tripulantes.

Batalla del Aeródromo Henderson

Los últimos refuerzos traídos a Guadalcanal por el «Tokyo Express» llevaron al general Masao Maruyama, comandante de la 2ª División de Infantería, a tomar la decisión de lanzar una ofensiva sobre el Aeródromo Henderson en la que emplearía a los 7.000 efectivos disponibles de la siguiente manera: el 29º Regimiento de Infantería del oficial Yumio Gasu avanzaría por la izquierda, el 230º Regimiento de Infantería (adscrito a la 38ª División de Infantería) del oficial Toshinari Shoji haría lo propio por la derecha y el 4º Regimiento de Infantería (adscrito a la 35ª Brigada de Infantería) del coronel Nomasu Nakaguma remontaría el Río Matanikau, sin obviar con que el 16º Regimiento de Infantería permanecería en reserva para asestar el golpe definitivo por el centro. Al mismo tiempo desde la costa la Marina Imperial Japonesa apoyaría la operacion con una escuadra de 9 navíos entre los que estuvieron los dos portaaviones Junyô y Hiyô, los dos acorazados Kongô y Haruna, los dos cruceros Sendai y Yura, y los tres destructores Akatsuki, Harusame y Yûdachi.

El Aeródromo Henderson se hallaba protegido por un total de 7.000 tropas estadounidenses de la 1ª División de Marines con los 1º, 5º y 7º Regimientos de Marines desplegados desde Punta Lunga hasta la Cresta Edson, así como junto a las orillas boscosas del Río Matanikau. A toda esta fuerza terrestre reunida en el interior se sumaba una pequeña escolta naval próxima al litoral que se componía de cuatro navíos entre los que estaban los dos dragaminas USS Zane y USS Trevor, el cañonero USS YP-284 y el remolcador USS Seminole.

Repentinamente la noche del 13 de Octubre de 1942 los dos acorazados japoneses Kongô y Haruna echaron anclas frente a las costas de Guadalcanal y abrieron fuego con sus grandes calibres sobre las instalaciones y posiciones defensivas del Aeródromo Henderson. El bombardeo se prolongó durante 1 hora y 23 minutos en los que cayeron 973 proyectiles de 355 milímetros que provocaron una auténtica devastación, ya que de los 90 aviones aparcados de la «Cactus Air Force» fueron destruidos un total de 48 aparatos, el equivalente a más del 50%, además de perder la vida 41 militares estadounidenses (35 marines y 6 pilotos).

Durante las dos jornadas próximas del 14 y 15 de Octubre la aviación japonesa procedente de Rabaul y de los portaaviones Junyô y Hiyô también machacó con intensidad el Aeródromo Henderson, lo que permitió a los soldados de la 2ª División de Infantería abrir un corredor a través de la jungla mediante la tala de árboles y el tendido de una vía logística que comenzó a ser transitada desde el día 16 bajo el apodo de «Carretera Murayama». Curiosamente los marines no se percataron de su existencia hasta el 18 cuando quince cañones nipones de 150 milímetros fueron emplazados sobre las montañas adyacentes a la base aérea e iniciaron un virulento bombardeo contra la instalación, causando numerosos daños materiales y bajas entre el personal. Gracias a aquel fuego de cobertura tan letal, algo más de 1.200 japoneses cruzaron el Río Matanikau el 19 de Octubre, una cifra que se multiplicó el 20 a nada menos que 7.000 efectivos concentrados a tan sólo 6 kilómetros del Aeródromo Henderson.

Aeródromo Henderson en una recreación de la película La Delgada Línea Roja. Al fondo tras el soldado hay un caza P-39 Air-Cobra y un Wildcat.

La ofensiva de la 2ª División de Infantería Japonesa empezó el 23 de Octubre con un raid preliminar que destruyó a un caza Wildcat sobre la pista del Aeródromo Henderson, antes de lanzarse contra la base una primera oleada compuesta por cientos de soldados y nueve tanques del 4º Regimiento de Infantería. El ataque se desarrolló en torno a la medianoche desde la orilla opuesta del Río Matanikau, pero resultó ser un fracaso debido a que los estadounidenses habían emplazado 50 cañones anticarro de 37 milímetros dentro de sus trincheras, los cuales dejaron ardiendo a los nueve carros japoneses y a continuación rechazaron al grueso de los infantes que tuvieron que retirarse con muchas bajas entre sus filas.

A la mañana siguiente de haber sido desarticulada la ofensiva de la 2ª División de Infantería Japonesa, a las 10:14 horas se presentó una escuadra compuesta por los dos cruceros ligeros Sendai y Yura, así como por los tres destructores Akatsuki, Harusame y Yudachi, los cuales bombardearon la costa próxima al Aeródromo Henderson, hundiendo al cañonero norteamericano USS YP-284 y al remolcador USS Seminole, este último con tan sólo una víctima mortal a bordo. Como cabía esperar las baterías costeras emplazadas en las playas respondieron a la flota enemiga y con un proyectil dañaron al destructor Akatsuki que se retiró con cuatro víctimas mortales entre su personal de marinería. Acto seguido la «Cactus Air Force» puso en el aire a 21 aviones entre nueve bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas y seis cazas (tres P-39 Air Cobra y tres Wildcat), además de seis bombarderos pesados B-17 procedentes de la Isla de Espíritu Santo, cuyos pilotos incendiaron y hundieron al crucero nipón Yura, afortunadamente sin fallecidos porque la tripulación tuvo tiempo de abandonar el barco y ser evacuada.

Nuevamente el 24 de Octubre se emprendió una segunda ofensiva desde la «Carretera Maruyama» que protagonizó el 16º Regimiento de Infantería Japonés sobre el sector central de Punta Lunga, aunque en medio de una gran confusión debido a que las fuertes lluvias monzónicas, el suelo embarrado y la niebla causaron retrasos y provocaron que más de una unidad se desviase del rumbo. Esta falta información hizo creer al general Masao Maruyama que sus tropas posiblemente ya debían encontrarse en el Aeródromo Henderson, por lo que envió un mensaje erróneo al resto de sus comandantes que decía lo siguiente: «Un poco después de las 23:00 horas el ala derecha ha capturado el aeropuerto». Aquel informe sin saberlo acabaría en desastre porque los hombres del 4º Regimiento de Infantería, pensando que los estadounidenses habían sido vencidos, penetraron 137 metros en territorio enemigo hasta quedar atrapados delante de una línea de alambradas batida por fuego cruzado de ametralladoras, morteros y cañones que les provocaron una auténtica carnicería. El combate se prolongó hasta la mañana del 25 de Octubre cuando los refuerzos de la 2ª División de Marines se presentaron en la zona y desequilibraron la situación en su favor, por lo que superados en número, los 4º y 16º Regimientos de Infantería se retiraron apresuradamente del Aeródromo Henderson.

Al cabo de dos días, a las 3:00 horas del 26 de Octubre de 1942, la 2ª División de Infantería Japonesa lanzó una última ofensiva a la desesperada sobre las posiciones enemigas en el Río Matanikau, en donde casi de forma milagrosa rompieron las líneas de la 1ª División de Marines y se aproximaron peligrosamente al Aeródromo Henderson. No obstante como por aquel entonces los estadounidenses podían trasladar grandes cantidades de refuerzos desde la retaguardia, la brecha fue taponado y el ataque nipón quedó desbatarado a un coste de 200 muertos entre los asaltantes y 46 bajas entre los norteamericanos (14 muertos y 32 heridos).

La Batalla del Aeródromo Henderson fue una de las victorias más decisivas de Estados Unidos en la campaña de Guadalcanal porque de una vez por todas los marines alejaron el peligro del Aeródromo Henderson y aniquilaron a casi un 35% de los efectivos de la 2ª División de Infantería Japonesa. De hecho las bajas niponas incluyeron 3.000 muertos o desaparecidos, 14 aviones derribados y el hundimiento del crucero Yura; mientras que las norteamericanas un total de 87 muertos, 51 aviones destruidos y dos navíos hundidos contando al cañonero USS YP-284 y al remolcador USS Seminole.

Batalla de las Islas Santa Cruz

A principios de Octubre de1942 la Batalla de Guadalcanal se encontraba en una situación de equilibro por ambas partes, pues aunque los Estados Unidos iban claramente ganando la campaña terrestre con unas bajas mínimas en comparación con las de sus oponentes, en el mar los japoneses habían infligido muchas más pérdidas en tonelaje a sus rivales, incluyendo un gran número de cruceros, destructores y el portaaviones pesado USS Wasp. A partir de este punto el desempate tan sólo podría decidirse en un gran duelo aeronaval que sin saberlo los dos bandos se libraría durante un encuentro conocido como la Batalla de las Islas Santa Cruz.

Curiosamente una de las causas que precipitaron la Batalla de las Islas Santa Cruz fue el mensaje erróneo que el general Masao Maruyama emitió al Estado Mayor Imperial durante la Batalla del Aeródromo Henderson con las siguientes palabras: «Un poco después de las 23:00 el ala derecha ha capturado el aeropuerto». Aquella información de dudosa ambigüedad, hizo creer equivocadamente al almirante Isoroku Yamamoto que Guadalcanal había caído en manos del Imperio Japonés, por lo que no dudó en movilizar a su escuadra aprovechando la supuesta neutralización de la isla para abalanzarse sobre la Flota Estadounidense en los alrededores de Espíritu Santo. Así fue como la Marina Imperial Japonesa salió a la mar cuando de repente recibió un nuevo comunicado en el que se advertía de que el primer mensaje era falso y que el objetivo continuaba estando bajo control de los norteamericanos. A pesar del riesgo y aquel brusco giro de la situación, Yamamoto deseaba tanto tener la oportunidad de vengar su anterior derrota en la Batalla de Midway que decidió apostárselo todo a una carta y de un modo bastante acertado prosiguió adelante con la operación.

La Flota Estadounidense que se hallaba por encima de las Islas Santa Cruz bajo el mando del almirante William Halsey, poseía un total de 23 navíos repartidos en la 16ª Fuerza Operativa (Task Force 16) del contraalmirante Thomas Kinkaid, mientras que algo más al noroeste junto a Guadalcanal se ubicaba la 17ª Fuerza Operativa (Task Force 17) del contraalmirante George Murray, además de disponerse de una reserva con barcos más ligeros de la 64ª Fuerza Operativa (Task Force 64) del contraalmirante Willis Lee. Los barcos disponibles por la escuadra incluían a los dos portaaviones USS Enterprise y USS Hornet; al acorazado USS South Dakota; a los seis cruceros USS Portland, USS San Juan, USS Northampton, USS Pensacola, USS San Diego y USS Juneau; y a los catorce destructores USS Porter, USS Mahan, USS Cushing, USS Preston, USS Smith, USS Maury, USS Conyngham, USS Shaw, USS Morris, USS Anderson, USS Hughes, USS Mustin, USS Russell y USS Barton; cubiertos por 63 aviones embarcados (63 cazas Wildcat, 47 bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas y 26 torpederos Avenger.

La Flota Combinada Japonesa del almirante Isoroku Yamamoto aproó hacia las Islas Santa Cruz con un total de 43 navíos repartidos en la Fuerza de Vanguardia del contraalmirante Hiroki Abe sobre una posición central, en el Cuerpo Principal del vicealmirante Chuichi Nagumo sobre el extremo oriental y en la Fuerza Avanzada del almirante Nobutake Kondo sobre el extremo occidental. Los efectivos nipones superaban por amplio margen a los estadounidenses al desplegar a los cuatro portaaviones Shôkaku, Zuikaku, Zuihô y Junyô; los seis acorzados Kongo, Haruna, Oyashio, Kagero, Hiei y Kirishima; los once cruceros Atago, Takao, Myoko, Maya, Isuzu, Kuroshio, Hayashio, Tone, Chikuma, Suzuya y Nagara; y los 22 destructores Makinami, Kawazake, Suzukaze, Naganami, Umikaze, Takanami, Kumano, Hatsukaze, Yukikaze, Maikaze, Hamakaze, Amatsukaze, Tokitsukaze, Arashi, Teruzuki, Makigumu, Akigumo, Urakaze, Kazagumo, Fugumo, Tanikaze e Isokaze; además de contar con la protección de 213 aviones embarcados entre 87 cazas Zeros, 68 cazabombarderos Aichi Val, 57 torpederos Nakajima B5N y un aparato de reconocimiento Yokosuka D4Y.

Durante la jornada del 25 de Octubre de 1942 un puñado de hidroaviones estadounidenses PBY Catalina y bombarderos B-17 despegaron desde sus bases en las Islas Salomón para tratar de localizar a la Marina Imperial Japonesa, algo que lograron esa misma mañana tras divisar a dos portaaviones de la Fuerza Avanzada y a varios cruceros de la Fuerza de Vanguardia a entre 660 y 700 kilómetros de la 16ª Fuerza Operativa. La respuesta del vicealmirante Thomas Kinkaid fue la de lanzar una oleada de aviones embarcados para atacar el objetivo, pero tras perderse el contacto visual con el enemigo y alargar muchos de los aviones su autonomía a 360 kilómetros (por encima de los 270 kilómetros permitidos), un total de ocho aeroplanos se quedaron sin gasolina y se estrellaron contra el mar, entre estos un caza Wildcat, tres torpederos Avenger y cuatro bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas.

Avión Zero japonés se lanza contra el portaaviones estadounidense USS Hornet (arte digital).

Al día siguiente, a las 00:22 horas de la madrugada del 26 de Octubre, un hidroavión norteamericano PBY Catalina descubrió al Cuerpo Principal del vicealmirante Chuichi Nagumo a 550 kilómetros de la 16ª Fuerza Operativa, una información que cotejaron a 6:17 una pareja de bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas a una distancia más reducida de 315 kilómetros tras avistar a la Fuerza de Vanguardia (aunque uno de estos aparatos resultaría derribado por las armas antiaéreas del crucero Tone). De igual manera también los japoneses habían enviado a sus aeroplanos de reconocimiento, incluyendo a siete hidroaviones catapultados por los cruceros Chikuma y Tone que a las 6:58 horas detectaron al grueso de la Flota Estadounidense a unos 330 kilómetros al sureste y navegando a una velocidad de 27 nudos.

La Marina Imperial Japonesa fue la primera en reaccionar porque a las 6:58 horas despegaron de los portaaviones Shôkaku, Zuikaku y Zuihô un total de 64 aparatos embarcados entre 21 cazas Zero, 21 bombarderos en picado Aichi Val y 22 torpederos Nakajima B5N. Al mismo tiempo la Flota Estadounidense puso en el aire a 74 aviones entre 23 cazas Wildcat, 27 bombarderos en picado Dautless SBD Douglas y 24 torpederos Avangers, aunque a diferencia de los nipones los portaaviones USS Enterprise y USS Hornet dividieron sus fuerzas en grupos de tres, por lo que irían llegando de manera gradual a la batalla y por tanto muy descoordinados.

A las 7:43 horas de la mañana del 26 de Octubre los aparatos de la Flota Estadounidense fueron los primeros en en atacar a la Marina Imperial Japonesa, cuando dos bombarderos en picado Dauntless SBD Douglas de la primera oleada sortearon el fuego antiaéreo y soltaron dos bombas sobre el portaaviones Zuihô, al que rompieron sus cables de frenado en la cubierta de popa. A pesar de que las averías fueron mínimas y la nave no corría ningún peligro, la pista quedó incapacitada para que aterrizasen aviones, por lo que el buque no tuvo más remedio que abandonar la formación del Cuerpo Principal y retirarse hacia las bases en Micronesia.

La segunda oleada norteamericana sobre la Flota Combinada Japonesa tuvo la mala suerte de ser descubierta a 130 kilómetros gracias al radar del portaaviones Shôkaku, por lo que 23 cazas Zero causaron estragos sobre el escuadrón incursor, derribando a un total de nueve aparatos, entre estos cuatro Dauntless SBD Douglas, tres Wildcat y dos Avanger, a costa de perderse cuatro interceptores nipones. Aquello sin embargo no evitó que cuatro bombas de 454 kilogramos agujereasen la pista del Shôkaku y acabaran con la vida de 60 tripulantes, aunque los operarios de control de daños pudieron extinguir los incendios y evitar daños mayores. Al mismo tiempo el crucero Chikuma encajó otros cinco artefactos que si bien no provocaron su hundimiento, le obligaron a retirarse de la batalla debido a que bordo fallecieron 190 marineros y otros 95 resultaron heridos. De igual manera los estadounidenses intentaron realizar un ataque sin éxito sobre los cruceros Tone y Suzuya, así como sobre el destructor Teruzuki que encajó siete fallecidos después de que la metralla de una bomba detonada en el mar liberase fragmentos sobre la cubierta.

A las 9:09 horas los aviones de la Marina Imperial Japonesa comenzaron su incursión sobre las 16ª y 17ª Fuerzas Operativas, siendo el objetivo prioritario el portaaviones USS Hornet que navegaba a 28 nudos cuando un bombardero en picado Aichi Val le acertó con una bomba de 242 kilogramos que penetró tres cubiertas y mató a 60 marineros. A continuación un segundo aparato del mismo modelo le abrió un boquete de 3’3 metros en la pista que arrebató la vida a otros 30 tripulantes; mientras que un tercer aeroplano le dañó la estructura del casco. Al poco tiempo dos torpederos Nakajima B5N que volaban a ras del agua le incrustaron dos torpedos en la banda de estribor que inundaron la sala de máquinas y seis calderas, haciendo que el buque perdiese la propulsión y quedase parado al garete con 9º de escora tras haber sufrido la muerte de 118 miembros de la tripulación.

Mientras la aviación japonesa se concentraba en el portaaviones USS Hornet, se produjo un intenso combate aéreo en el que se perdieron docenas de aparatos nipones y tan sólo seis cazas norteamericanos Wildcat. Lo peor sin embargo ocurrió cuando el piloto de un Avenger que acababa de ser derribado, liberó su torpedo justo antes de estrellarse contra el agua (según indicaba el protocolo de amerizaje), por lo que el artefacto estuvo navegando en círculos durante unos minutos hasta que a las 10:00 horas colisionó por error contra la línea de flotación de destructor estadounidenses USS Porter, cuyo impacto fue tan devastador que el buque se hundió con 15 tripulantes fallecidos a bordo durante un polémico caso de «fuego amigo».

La segunda oleada japonesa sobrevoló la Flota Estadounidense a las 10:15 horas, pero ahora el objetivo fue el portaaviones USS Enterprise que mientras navegaba a 27 nudos recibió tres bombas que le ocasionaron los siguientes efectos: la primera generó un incendio en el hangar, la segunda atravesó la cubierta sobre el ascensor de proa y la tercera deformó la banda de estribor, causando un total de 44 marineros muertos a costa de ser abatidos una docena de aviones enemigos. La tercera oleada procedente del portaaviones Junyô alcanzó la zona a las 11:20 de la mañana con mucha peor fortuna debido a que tan sólo lograron un blanco sobre el USS Enterprise, al que abrieron una brecha de agua que pudo ser controlada por los operarios, aunque eso no evitó que la nave tuviese que ser retirada de la batalla para evitar su hundimiento.

Otros objetivos que los japoneses atacaron durante aquella jornada del 26 de Octubre fue el acorazado USS South Dakota, al que un bombardero en picado Aichi Val descuajó el techo de una torreta blindada de 406 milímetros, así como al crucero ligero USS San Juan que ese día derribó nueve aviones enemigos a cambio de sufrir varias inundaciones y averías en la popa. También uno de los torpederos Nakajima B5N que acababa de ser alcanzado por un Wildcat, perdió el control y se estrelló sobre el destructor americano USS Smith, el cual tuvo que retirarse con daños muy graves y 57 de sus tripulantes fallecidos.

Ataque y hundimiento del portaaviones estadounidense USS Hornet. Aviones japoneses revolotean alrededor del buque donde hay disparos en el agua. Un Aichi Val se puede ver lanzarase en picado para soltar la bomba sobre la cubierta.

Nuevamente a las 13:45 horas apareció una cuarta oleada sobre la 17ª Fuerza Operativa que atacó al portaaviones USS Hornet mientras era remolcado por los cables del crucero USS Northampton. A pesar de que los aparatos nipones procedentes del portaaviones Zuikaku le alcanzaron con un torpedo que escoró la nave otros 20º y dos bombas que causaron nuevos incendios en la cubierta y el hangar, el raid fue completamente innecesario porque el buque ya estaba condenado de antemano. Sin embargo como todavía el barco tardaría en irse a pique, los destructores USS Mustin y USS Anderson trataron de hundirlo para evitar que cayera en manos enemigas, disparándole dieciséis torpedos y 430 proyectiles con sus cañones de 127 milímetros. Milagrosamente el moribundo portaaviones todavía siguió a flote, por lo que los norteamericanos lo abandonaron a la deriva y se marcharon hacia Australia, siendo finalmente los destructores japoneses Makigumo y Akigumo los que lo localizaron y lo hundieron a cañonazos a la 1:35 horas de la madrugada del 27 de Octubre de 1942.

La Batalla de las Islas Santa Cruz fue una de las mayores victorias navales de Japón en la Segunda Guerra Mundial y una de las peores derrotas marítimas encajadas durante el conflicto por Estados Unidos. A los norteamericanos les fueron hundidos dos navíos entre el portaaviones USS Hornet y el destructor USS Porter; además de contar con cuatro buques dañados entre el portaaviones USS Enterprise, el acorazado USS South Dakota, el crucero USS San Juan y el destructor USS Smith, sin obviar con que se contabilizaron el derribo de 84 aviones y 266 muertos entre marineros y pilotos. A los japoneses únicamente les fueron dañados tres navíos contando a los dos portaaviones Shôkaku y Zuihô, más el crucero Chikuma, siéndoles igualmente derribados 99 aviones y sufriendo 400 muertos.

El triunfo en la Batalla de las Islas Santa Cruz fue celebrado por todo lo alto en Japón, especialmente entre los altos mandos imperiales que lo interpretaron como una especie de venganza por la humillación sufrida en la Batalla de Midway. A pesar de que durante el encuentro se perdieron unas tripulaciones irremplazables para la aviación embarcada nipona, el hecho de haber resultado hundidos dos portaaviones norteamericanos, tanto el USS Hornet como semanas antes el USS Wasp, propició que la campaña de Guadalcanal se decantase de una manera incuestionable del bando del Imperio Japonés.

Bolsa del Matanikau

El desastre naval sufrido por Estados Unidos en la Batalla de las Islas Santa Cruz obligó a las tropas norteamericanas presentes en Guadalcanal a tener que pasar a la ofensiva y afianzar su posición en la isla a la espera de que la Flota Estadounidense se recuperase del mazazo que acababa de encajar contra la Marina Imperial Japonesa. Así fue como el general Alexander Vandergrift planificó limpiar de una vez por todas el sector del Río Matanikau, en donde los japoneses se atrincheraban malviviendo en la jungla y acompañados de todo tipo de inclemencias naturales como la humedad, las enfermedades o los mosquitos. A pesar de la supuesta sencillez de la operación, Vandergrift era consciente de que sus oponentes, a los que muchos calificaban de «super-hombres», eran capaces de resistir largo tiempo en condiciones muy adversas, por lo que en lugar de tratar de eliminarlos en puestos defensivos muy bien camuflados entre las palmeras y la vegetación, optó por bordearles e intentar flanquearles de costado con el fin último de bloquear su línea de suministros y a largo plazo matarlos de hambre.

Entre la 1:00 y las 6:00 de la madrugada del 1 de Noviembre de 1942, un destacamento de ingenieros norteamericano tendió tres puentes sobre el Río Matanikau, a través de los cuales alcanzaron la orilla contraria en torno a las 6:30 del amanecer bajo el apoyo de 36 piezas de artillería emplazadas en el Aeródromo Henderson y las baterías navales de los cruceros USS San Francisco, USS Helena y USS Sterrett, así como de un escuadrón de diez cuatrimotores B-17 que bombardearon amplias franjas de la jungla y obligaron a los japoneses a mantener la cabeza agachada. Gracias a este ataque sorpresa y a la nada desdeñable potencia de fuego, los marines atravesaron la selva sin dificultad por todos los sectores y embolsaron a docenas de enemigos, salvo por la excepción del perímetro fortificado de Punta Cruz de donde los estadounidenses se retiraron con 25 bajas entre 10 muertos y 15 heridos.

Soldado estadounidense despeja en búnker japonés bajo tierra y cubierto por la vegetación de la selva.

Al día siguiente de la operación puesta en marcha por la 1ª División de Marines, el 2 de Noviembre, el cerco definitivamente se cerró en lo que se conoció como la «Bolsa de Matanikau», quedando algo más de dos centenares de japoneses atrapados entre las montañas y las cavidades de coral situadas en las inmediaciones de Punta Cruz. Una vez incomunicados y faltos de munición, los norteamericanos decidieron no conceder ningún respiro a los nipones porque durante durante las 48 horas siguientes presionaron sobre el perímetro y e intentaron desalojarles con bayonetas, armas cortas e incluso cargas de demolición hasta aniquilar a la totalidad de los 239 sitiados, entre ellos 28 oficiales de carrera.

La liquidación de la «Bolsa del Matanikau» costó a los japoneses alrededor de 400 soldados fallecidos y la captura por parte del enemigo de un material consistente en 34 ametralladoras y 13 cañones, entre estos doce de 37 milímetros y uno de 70 milímetros. Los estadounidenses tan sólo encajaron 71 muertos, un precio asumible gracias a que con esta victoria la 1ª División de Marines pasó a controlar todo el área del Río Mataniaku a fecha de 3 de Noviembre de 1942, lo que permitiría a los norteamericanos pasar a la ofensiva sobre otros puntos de Guadalcanal mucho más alejados del punto de partida original en el Aeródromo Henderson.

Escaramuza de Punta Koli

La noche del 3 de Noviembre de 1942, exactamente la misma jornada en que fue liquidada la «Bolsa del Matanikau», varios buques del «Tokyo Express» desembarcaron nuevos refuerzos en Guadalcanal sobre el sector de Punta Koli. La idea de este contingente era integrarse en la 38ª División de Infantería estacionada sobre el área selvática de Kokumbana, pero el destacamento tuvo la mala suerte de ser descubierto por una patrulla de marines que inició un breve tiroteo poco antes de retirarse hacia la jungla e informar por radio a la División de Infantería «Americal», la cual a toda prisa movilizó a 3.500 efectivos del 164º Regimiento de Infantería.

Curiosamente antes de que la División de Infantería «Americal» pusiera en marcha su operación hacia Punta Koli, por una mera cuestión de azar la 38ª División de Infantería Japonesa lanzó una maniobra contra las posiciones norteamericanas entre Punta Lunga y el Río Matanikau, forzando a los estadounidenses a cancelar su ofensiva para rechazar el imprevisto ataque, algo que lograron gracias a que los aviones de la «Cactus Air Force» se precipitaron sobre el contingente enemigo al que infligieron un centenar de bajas entre muertos y heridos. Al día siguiente de haber sido neutralizado el movimiento japonés, el 4 de Noviembre, por fin el 164º Regimiento de Infantería emprendió el ataque tras una angustiosa marcha de 7 kilómetros junto al Río Nalibu que lo llevó a converger sobre su destino final en Punta Koli.

Columna de soldados norteamericanos avanza sobre Punta Koli guiados por un miembro de la guerrilla salomoniesa en primera fila.

La Punta Koli fue asaltada el 5 de Noviembre por la mañana con un apoyo naval de los cruceros USS San Francisco, USS Helena y USS Sterrett, el cual facilitó a los norteamericanos adentrarse unos 3.200 metros en territorio nipón, limpiando de enemigos el Río Nalimbiu el día 6 y el Río Metapona el 7. Como consecuencia de este avance en pinza los japoneses fueron embolsados en la localidad de Tetere la jornada del 8, en donde durante los cinco días próximos sufrieron intensos bombardeos de morteros, artillería pesada y aviones. A pesar de que la noche del 11 al 12 de Noviembre los sitiados solicitaron a su propia aviación una desesperada incursión nocturna contra los buques de la Flota Estadounidense, ningún barco fue alcanzado y encima doce de los aparatos resultaron derribados sobre el mar. Solamente el repentino y fortuito descubrimiento de una zona pantanosa próxima al perímetro asediado, permitió a la casi totalidad de los 3.000 efectivos nipones escapar disimuladamente a través de la jungla sin que las tropas norteamericanas se percatasen de la fuga.

Durante el transcurso de la escaramuza sobre Punta Koli, los Aliados emplearon una nueva táctica guerrillera que puso en práctica la «Patrulla Carlson» (un destacamento del 2º Batallón de Asalto al mando del capitán Evans Carlson que con anterioridad había luchado junto a los comunistas chinos durante la Segunda Guerra Sino-Japonesa) y la Fuerza de Policía de las Salomón al frente del sargento australiano Jacob Vouza. Básicamente se trató de introducir a grupos de infiltración durante varias semanas en la selva para hostigar a los japoneses y recabar información, a veces alcanzando puntos muy alejados como por ejemplo cuando cruzaron cursos de agua tan distantes como los Ríos Reko, Kena, Berande y Balasuna. De igual manera libraron varios choques en los que mataron a 200 soldados nipones a costa de tan sólo diez fallecidos propios, sin obviar con que ocuparon algunas aldeas salomoniesas como las de Tasimboko, Binu o Asamana.

La fuga masiva a través de Punta Koli de los más de 3.000 soldados de refuerzo traídos por el «Tokyo Express» evitó una catástrofe para los japoneses, pues al final tan sólo encajaron unas 600 bajas entre muertos, heridos o desaparecidos. Las tropas estadounidenses de la División de Infantería «Americal» por el contrario sufrieron 170 bajas entre 50 muertos y 120 heridos (sin incluir entre los fallecidos a dos marines de la «Patrulla Carlson» asesinados tras su captura en una antigua misión cristiana abandonada).

Primera Batalla Naval de Guadalcanal

A mediados de otoño de 1942 el Imperio Japonés continuaba manteniendo la supremacía naval el Pacífico Sur tras su victoria en la Batalla de las Islas Santa Cruz, pero pese a todo la línea de suministros del «Tokyo Express» continuaba estando bajo el acoso de las embarcaciones de menor tonelaje de la Flota Estadounidense, por lo que para eliminarlas de una vez por todas el almirante Isoroku Yamamoto movilizó en Rabaul a un total de 26 navíos, de los cuales 15 eran buques de guerra destinados a neutralizar con proyectiles de fragmentación el Aeródromo Henderson y 11 transportes cargados con 7.000 soldados que desembarcarían en Guadalcanal. Entre dichas naves se encontraban los dos acorazados Hiei y Kirishima, el crucero ligero Nagara, los once destructores Samidare, Murasame, Asagumo, Teruzuki, Amatsukaze, Yukikaze, Ikazuchi, Inazuma, Akatsuki, Harusame, Yudachi, Shigure, Shiratsuyu y Yugure, y el submarino I-27.

Frente a la Isla de Guadalcanal la Flota Estadounidense mantenía a una escuadra que los japoneses desconocían, la cual se hallaba anclada entre la Isla de Savo y el Cabo de Esperanza bajo el mando compartido de los contraalmirantes Daniel Callaghan y Norman Scott. Gracias a que la noche del 12 al 13 de Noviembre un avión de reconocimiento avistó a los barcos japoneses, en seguida se desplazaron hacia el sector un total de 13 navíos que incluyeron los cinco cruceros USS San Francisco, USS Portland, USS Helena, USS Juneau y USS Atlanta, y los ocho destructores (USS Cushing, USS Laffey, USS Sterett, USS O’Bannon, USS Aaron Ward, el USS Barton, USS Monssen y USS Fletcher.

La Marina Imperial Japonesa y la Flota Estadounidense se avistaron de manera simultánea a la 1:40 de la madrugada del 13 de Noviembre de 1942, por lo que rápidamente los japoneses adoptaron una formación de «T», mientras que los estadounidenses una larga línea desde la que concentraron el fuego exclusivamente contra el destructor Akatsuki, al cual impactaron y hundieron con 179 muertos a bordo. Al mismo tiempo los japoneses respondieron hundiendo al destructor norteamericano USS Cushing, causando la muerte de 70 de sus marineros; además de echar a pique poco después al crucero USS Atlanta que se sumergió llevándose la vida del contraalmirante Norman Scott, quién permaneció en la nave hasta asegurarse de que toda la tripulación la hubiese abandonado.

En torno a las 2:00 de la noche, los buques de ambos bandos se entremezclaron en un confuso combate cuando el acorazado japonés Hiei y el destructor USS Laffey se situaron a 6 metros de distancia el uno del otro, llegando la tripulación de los dos barcos a tirotearse con ametralladoras y armas cortas sobre sus respectivas cubiertas, en donde resultó levemente herido el contraalmirante Hiroki Abe. Sin embargo en cuanto el Hiei se separó del USS Laffey sin riesgo de colisión, el acorazado nipón cañoneó con proyectiles perforantes al crucero USS San Francisco, al cual dañó gravemente y mató tanto a su capitán Cassin Young como al contraalmirante Daniel Callaghan que se encontraba a bordo. Bastante menos suerte tuvo el destructor norteamericano USS Laffey después de que los destructores japoneses le impactasen con un torpedo que le partió la quilla en dos y le hundió con 96 muertos, algo parecido a lo que le sucedió al destructor japonés Yudachi que se fue al fondo con 19 fallecidos. De igual manera también resultó hundido el destructor USS Monssen con otros 136 muertos y el USS Barton con 164; además de quedar bastante dañados el crucero USS Portland y los dos destructores USS Sterett y USS Aaron Ward, así como el destructor nipón Amatsukaze.

Ataque de aviones Wildcat norteamericanos hacia el acorazado japonés Hiei durante la Primera Batalla Naval de Guadalcanal.

A las 2:26 horas de la noche, el contraalmirante Hiroki Abe cometió el error de decretar la retirada de las unidades de superficie de la Marina Imperial Japonesa y de los once transportes cargados de tropas, cuando precisamente estaba ganando la batalla e infligiendo una paliza a la Flota Estadounidense. Esta decisión se debió a una errónea interpretación de los acontecimientos por parte de los mandos nipones, ya que de haber continuado la lucha toda probabilidad hubiesen derrotado a sus oponentes, cerrado la campaña de Guadalcanal y cambiado el curso de la Guerra del Pacífico.

En cuanto la Marina Imperial Japonesa emprendió el viaje de vuelta a Rabaul, la «Cactus Air Force» con base en Guadalcanal puso en el aire a un escuadrón de aviones Dauntless SBD Douglas, Avenger y cuatrimotores B-17 que sobrevolaron la escuadra enemiga y hundieron de varios impactos al acorazado japonés Hiei que se hundió con 188 marineros a bordo (la acción constituyó el primer hundimiento de un acorazado nipón en la Segunda Guerra Mundial). Lamentablemente para los norteamericanos, los japoneses en seguida se vengaron cuando el submarino I-27 torpedeó y partió en dos mitades al crucero estadounidense USS Juneau que se hundió en un tiempo récord de 20 segundos sin registrarse ningún superviviente a bordo tras fallecer los 687 miembros de la tripulación. Entre las víctimas mortales estuvieron los cinco hermanos Sullivan de nombre George, Francis, Joseph, Madison y Albert, un episodio que sin duda supuso una tragedia para sus padres y un escándalo para la prensa nacional, lo que condujo al Gobierno de Washington a aprobar un estatuto legal mediante el cual se prohibía a todas aquellas familias numerosas que la totalidad de sus hijos fuesen movilizados para la guerra.

La Primera Batalla Naval de Guadalcanal estuvo a punto de ser el enfrentamiento definitivo que hubiese decantado la campaña en favor de Japón, pero la inesperada reacción y retirada de la escuadra nipona permitió a la Flota Estadounidense mantener la iniciativa estratégica al sur de las Islas Salomón. El resultado del encuentro costó a los norteamericanos el hundimiento de seis navíos, entre estos los dos cruceros USS Atlanta y USS Juneau, más los cuatro destructores USS Cucshing, USS Monssen, USS Laffey y USS Barton, así como 1.000 muertos y cuatro buques dañados que incluyeron los dos cruceros USS San Francisco y USS Portland, y los dos destructores USS Sterett y USS Aaron Ward. Contrariamente los japoneses sufrieron el hundimiento de tres navíos entre el acorazado Hiei y los dos destructores Akatsuki y Yudachi, sin obviar los daños encajados por el destructor Amatsukaze y 300 marineros fallecidos.

Segunda Batalla Naval de Guadalcanal

La inexcusable retirada de la Marina Imperial Japonesa de la Primera Batalla de Guadalcanal, justo cuando había estado a punto de obtener una victoria decisiva, condujo al almirante Isoroku Yamamoto a enmendar el error cometido por el contraalmirante Hiroke Abe, por lo que ordenó acabar con el trabajo y dar media vuelta a la escuadra, ahora bajo el mando del almirante Nobutake Kondo, a quién además prestó un contingente menor recién zarpado de Rabaul y Micronesia al frente del vicealmirante Gunichi Mikawa. Los japoneses en esta ocasión reunieron a un total de 30 navíos entre el acorazado Kirishima, los diez cruceros Atago, Takao, Nagara, Sendai, Chôkai, Kinugasa, Maya, Suzuya, Isuzu y Tenryu, los ocho destructores Hatsuyuki, Asagumo, Teruzuki, Shirayuki, Inazuma, Samidare, Shikinami, Uranami y Ayanami, y once transportes cargados de 11.000 soldados.

Contrariamente la Flota Estadounidense al mando del almirante William Halsey dispuso de muchos menos efectivos con un total de 7 navíos entre los que estaba el portaaviones USS Enterprise, los dos acorazados USS South Dakota y USS Washington, y los cuatro destructores USS Walke, USS Preston, USS Benham y USS Gwin. A pesar de que en el caso del USS Enterprise el portaaviones todavía no estaba reparado de los daños encajados durante la Batalla de las Islas Santa Cruz, los planificadores norteamericanos decidieron arriesgar el buque al ser el único de su clase disponible en el Océano Pacífico, algo que llevó a sus marineros a jactarse de la situación colgando un cártel en el casco cuyo lema rezaba: «Enterprise contra Japón».

Repentinamente en la noche del 13 al 14 de Noviembre de 1942, los cruceros japoneses Suzuya y Maya abrieron fuego contra el Aeródromo Henderson de Guadalcanal, causando grandes desperfectos en las instalaciones y destruyendo en tierra 18 aviones aparcados, entre estos 17 cazas Hellcat y un cazabombardero Dauntless SBD Douglas. Una vez concluido el cañoneo contra la isla, al amanecer los nipones se marcharon del lugar pensando que no serían molestados por la «Cactus Air Force» cuando de repente en la mañana del día 15 se dieron de bruces con la aviación embarcada del portaaviones USS Enterprise. La primera víctima de la incursión fue el crucero Kinugasa que volteó tras el impacto de varias bombas y se hundió pereciendo 511 marineros, además de resultar levemente dañado el crucero Maya. De igual manera los atacantes echaron a pique a siete de los once transportes, a bordo de los cuales murieron 450 soldados imperiales, además de perderse 20 cañones y 44.855 toneladas de suministros del convoy, sin obviar con que en el aire derribaron trece aviones a costa de perderse siete norteamericanos.

Cañonazos en plena noche que iluminan la escena de una de las torretas triples del acorazado USS Washington durante la Segunda Batalla Naval de Guadalcanal.

Al caer la noche del 14 del Noviembre, en torno a las 23:00 horas, la escuadra del almirante Nobutake Kondo y la escuadra del almirante William Halsey chocaron sobre el perímetro marítimo situado entre Guadalcanal y la Isla de Savo cuando el crucero Sendai y los destructores Shikinami, Uranami y Ayanami se dieron de bruces con los dos acorazados USS South Dakota y USS Washington. Después de un intercambio con varios fogonazos, el crucero nipón Nagara batió un auténtico récord a la hora de hundir tres destructores enemigos, entre los que estaban el USS Walke que desapareció bajo el agua con 76 muertos, el USS Preston con 116 muertos y el USS Benham sin registrarse víctimas mortales, además de provocar algunos daños en el USS Gwin.

Desde las 0:00 horas del 15 de Noviembre, el duelo se focalizó entre los grandes navíos al poco de que el acorazado USS South Dakota quedase inoperativo tras encajar varios impactos que le causaron 39 muertos y 58 heridos; el cual únicamente pudo salvarse gracias a la intervención del USS Washington que le cubrió con sus andanadas de grandes proyectiles, acertando mortalmente en la superestructura del acorazado Kirishima y del destructor Ayanami que a bordo contabilizó 27 fallecidos a causa de la metralla. Ante esta situación de inferioridad en blindaje y potencia de fuego, el almirante Nobutake Kondo ordenó la retirada de la escuadra nipona que se replegó hacia Rabaul, no sin antes verse obligados a abandonar al acorazado Kirishima y al destructor Ayanami, los cuales tenían tantas averías, que fueron hundidos con torpedos por los propios nipones para evitar que cayesen en manos del enemigo.

Paralelamente a las 4:00 horas de la madrugada del 15 de Noviembre, los cuatro transportes supervivientes del convoy nipón tuvieron más suerte porque consiguieron amarrar en la Isla de Guadalcanal junto a la Bahía de Tassafaronga, desembarcando en la playa a 3.000 soldados japoneses y cuantioso material bélico que reforzaron a la guarnición oculta en la selva. Lamentablemente al poco de concluir la operación anfibia, en torno a las 5:55 horas, un avión de reconocimiento avistó la pequeña escuadra, por lo que en seguida las piezas de artillería emplazadas por los marines en la costa dispararon varios cañonazos hasta hundir a los cuatro transportes, cuyos restos humeantes quedaron embarrancados en la orilla.

El resultado de la Segunda Batalla de Guadalcanal fue un completo desastre para Japón debido a que por primera vez la Flota Estadounidense se impuso de manera clara durante un combate nocturno a sus oponentes desde que había empezado la Guerra del Pacífico. Entre las bajas encajadas por los japoneses se contabilizaron 14 navíos hundidos entre el acorazado Kirishima, el crucero Kinugasa, el destructor Ayanami y 11 transportes de tropas, así como daños en el crucero Maya, 700 muertos (450 soldados y 249 marineros) y unas pérdidas materiales de 13 aviones, 20 cañones y 44.855 toneladas de pertrechos. Por el contrario los norteamericanos sufrieron el hundimiento de 3 destructores, en concreto los USS Walke, USS Preston y USS Benham, además de daños en el acorazado USS South Dakota y en el destructor USS Gwin, 242 marineros fallecidos y 25 aviones derribados; un coste a todas luces justificable porque gracias a esta victoria los estadounidenses obtuvieron el dominio del mar dentro del contexto de la campaña de Guadalcanal.

Guerrilla en la Jungla

A lo largo de toda la Batalla de Guadalcanal los soldados norteamericanos tuvieron que mantener una guerra muy particular contra la misma naturaleza, pues siempre estuvieron rodeados de una selva hostil constituida por abundantes arboleadas, palmerales, ramajes y una vegetación muy tupida, todo ello acompañado de un calor insoportable, marismas pantanosas, caudalosos ríos, espesos barrizales, elevadas crestas y abruptos barrancos. A este entorno hubo que sumar enfermedades como la malaria, disentería, tifus, tiña y fiebres podredumbre; así como animales muy peligrosos que incluían mosquitos, arañas o larvas, así como serpientes venenosas, lagartos y cocodrilos, e incluso monos que desde los cocoteros robaban las raciones de la tropa.

Soldados norteamericanos marchando dificultosamente por la jungla de Guadalcanal.

La psicología jugó un importante papel entre los miembros del Cuerpo de Marines destacado en Guadalcanal, ya que solían asociar a los soldados japoneses como una especie de «superhombres» acostumbrados a malvivir en la selva y al mismo tiempo capaces de sobrevivir con un puñado de arroz al día; mientras que los norteamericanos consumían más suministros de los necesarios o contraían enfermedades gastrointestinales comiendo extrañas frutas de los árboles. El hecho de adentrarse en la selva tampoco resultaba agradable porque los nipones se camuflaban muy bien mimetizándose con los ramajes de las plantas, además de que en ocasiones elaboraban temibles trampas diseñadas con minas, hoyos, pinchos y claros barridos por ametralladoras. A estos peligros había que añadir los continuos bombardeos con aviones, cañones y buques sobre los campamentos estadounidenses que contribuían a generar un clima de pánico permanente, lo que a medio y largo plazo se tradujo en una caída de la moral y en problemas de salud mental que muchos veteranos arrastrarían de por vida.

A diferencia de las tropas del Cuerpo de Marines, hubo otros combatientes del bando de los Aliados que destacaron notablemente durante la guerra en la jungla como por ejemplo Patrulla «Carlson» del 2º Batallón de Asalto de Marines, la Fuerza de Defensa del Protectorado de las Salomón Británicas, la Fuerza de Policía de las Islas Salomón y la guerrilla salomoniesa de los nativos. De hecho en una ocasión un grupo mixto compuesto por norteamericanos, australianos, neozelandeses, tonganos, fidjianos y salomoniesos se internaron durante varias semanas en la selva para organizar una letal contraguerrilla a los japoneses, viviendo exactamente en las mismas condiciones higiénicas y alimenticias que ellos. Gracias a estos merodeadores la mayor parte de los riscos montañosos del centro insular pudieron ser limpiados de patrullas enemigas y neutralizados algunos de los cañones que disparaban contra el Aeródromo Henderson.

La acción más significativa de la Patrulla «Carlson» se registró el 30 de Noviembre de 1942 cuando un total de 75 soldados japoneses fueron desalojados de unas cuevas naturales, además de resultar dos cañones dinamitados y destruidos (uno de 77 milímetros y otro de 37 milímetros). Una vez completado el trabajo de estos infiltrados a finales de año, el resultado fue de 18 comandos fallecidos entre 16 estadounidenses, 2 tonganos y 1 salomonieso (este último el sargento Jacob Vouza); 17 heridos entre 15 estadounidenses y 2 salomoniesos; y 225 enfermos (125 por malaria, 71 por tiña y 29 por disentería).

Batalla de Tassafaronga

La grave derrota japonesa en la Segunda Batalla Naval de Guadalcanal condujo al «Tokyo Express» a renunciar a los cargueros y avituallar a las tropas en la isla mediante el empleo de submarinos que solían desembarcar de 20 a 30 toneladas de alimentos y vituallas en la Bahía de Tassafaronga, una cifra a todas luces insuficiente para sostener el esfuerzo bélico. Ante este urgente necesidad de modificar el rumbo de los acontecimientos, el contraalmirante Raizô Tanaka tomó la decisión de arriesgarse enviando un convoy procedente de las Islas Shortland que contó con una escolta consistente en ocho navíos, en concreto los dos cruceros Naganami y Takanami, más los seis destructores Kuroshio, Oyashio, Kagero, Suzukaze, Kawazae y Makinami.

Al mismo tiempo en que la escuadra del contraalmirante Raizô Tanaka se aproximaba a Guadalcanal, de la Isla de Espíritu Santo zarpó la 67ª Fuerza Operativa (Task Force 67) al mando del contraalmirante Carleton Wright con un total de 11 navíos entre los cinco cruceros USS Minneapolis, USS New Orleans, USS Pensacola, USS Northampton y USS Honolulú, y los seis destructores USS Fletcher, USS Drayton, USS Maury, USS Perkins, USS Lamson y USS Ladner. A pesar de que este contingente desconocía la misión de sus oponentes, por mera casualidad estableció contacto con ellos a través del radar en torno las 23:14 horas de la noche del 29 de Noviembre de 1942, por lo que en seguida aproó hacia los nipones cuando atravesaban el canal situado entre la Isla de Savo y el Cabo Esperanza.

Daños al crucero USS Minneapolis en la Batalla de Tassafaronga.

La Batalla de Tassafaronga comenzó a las 23:20 horas al poco de que los cruceros norteamericanos emitiesen varias salvas y disparasen torpedos contra el destructor japonés Takanami, al cual echaron a pique con 197 muertos a bordo. No obstante y salvo por este revés, el contraalmirante Raizô Tanaka puso en práctica una nueva táctica consistente en lanzar un racimo de 44 torpedos sobre un punto concentrado de la escuadra enemiga, alcanzando y prendiendo fuego a los pañoles de munición del crucero USS New Orleans que se hundió con 183 marineros fallecidos. De la misma forma terminaron siendo gravemente dañados los dos cruceros USS Minneapolis y USS Northampton, además de resultar incendiado el crucero USS Pensacola que también acabó por hundirse con 125 tripulantes muertos.

Al amanecer del 30 de Noviembre, de manera inexplicable el contraalmirante Raizô Tanaka ordenó dar media vuelta a la escuadra y regresar hacia las Islas Shortland pese a tan sólo haber perdido al destructor Takanami y encajado 197 fallecidos. La derrota nortamericana por otro lado costó la pérdida de dos cruceros, el USS New Orleans y USS Pensacola, además de contabilizarse 395 estadounidenses muertos y daños graves en los cruceros USS Minneapolis y USS Northampton.

Asalto a «Gifu»

«Gifu» constituía la línea más fortificada que Japón poseía en Guadalcanal a través de una serie de búnkers, plataformas de artillería, pozos de tirados camuflados y una red comunicativa de trincheras que se extendían por detrás del Aeródromo Henderson, la espesura de la jungla y una cadena colinas y riscos que incluían el Monte Austen, la Cota «Caballo Galopante» y la Cota «Caballo de Mar». Los defensores de este perímetro sumaban 20.000 soldados japoneses, quienes pese a estar sufriendo unos 50 muertos diarios a manos de los bombardeos y otras causas, continuaban siendo un rival formidable para el Cuerpo de Marines.

Desde hacía tiempo la posición de «Gifu» se había convertido en un objetivo prioritario para los estadounidenses, ya que desde sus emplazamientos la artillería bombardeaba el Aeródromo Henderson, sin obviar con muy a menudo algunas patrullas de infiltración realizaban incursiones sobre la base aérea. Eso mismo fue lo que ocurrió la noche del 12 de Diciembre cuando un pequeño grupo de infiltración nipón entró en el Aeródromo Henderson y destruyó con explosivos un avión aparcado y un camión. Al cabo de tres días, en la madrugada del 15 de Diciembre, otra patrulla volvió a colarse dentro de la instalación y voló sobre la pista a un caza P-39 Air-Cobra. Esta molesta situación obligó a los estadounidenses a planificar la neutralización y conquista de «Gifu», empleando para ello a una gigantesca fuerza de 50.078 soldados repartidos entre la 2ª División de Marines, la División de Infantería «Americal» y la 25ª División de Infantería.

Tropas estadounidenses estancadas sobre Gifu en un espacio natural de la ladera del Monte Austen. Imagen del film La Delgada Línea Roja.

El Monte Austen fue el primer objetivo seleccionado por la División de Infantería «Americal» cuando el 19 de Diciembre de 1942 los soldados avanzaron bajo el apoyo de un intenso bombardeo de artillería y aviones de la «Cactus Air Force», los cuales no evitaron que los atacantes fueran rechazados con grandes pérdidas a causa del fuego de ametralladora y fusilería de los japoneses. Como los norteamericanos fueron incapaces de proseguir, tuvieron que cavar trincheras en las faldas del Monte Austen y permanecer ocultos durante muchas semanas sufriendo todo tipo de calamidades y ataques esporádicos por parte de los nipones. De hecho para el 1 de Enero de 1943 las bajas de los estadounidenses ascendían a 313 entre 53 muertos, 129 heridos y 131 enfermos, por lo que tuvieron que solicitar algunos refuerzos, incluyendo a los combatientes de la Fuerza Expedicionaria Neozelandesa y comandos procedentes de las Islas Fiji. A pesar de todo las cosas no mejoraron hasta el 3 de Enero con la captura de la vecina Cota 27, aunque a partir de esa fecha los asaltantes tuvieron paralizar las operaciones debido a que las bajas en este caso fueron de 282 entre 115 muertos y 272 heridos o enfermos, a costa de otras 500 bajas japonesas entre muertos y heridos.

La Cordillera «Caballo Galopante» defendida por 600 tropas japonesas sobre la Cota 50, Cota 51, Cota 52, Cota 53 y Cota 57 fue el siguiente objetivo a neutralizar por parte del 27º Regimiento de Infantería adscrito de la 25ª División de Infantería. A las 5:50 horas del 10 de Enero de 1943, los norteamericanos emprendieron el asalto sobre la cadena montañosa con gran éxito porque a las 6:35 ocuparon sin resistencia la Cota 51, a las 11:40 la Cota 57 y a las 16:25 la Cota 52, matando en el proceso a 30 defensores nipones y destruyendo 6 armas automáticas. Sin embargo menos suerte tuvieron el 11 de Enero cuando ascendieron la Cota 53 sobre una pendiente cuesta arriba y a pecho descubierto, ya que en seguida fueron visibles entre las hierbas, por lo que fueron acribillados por ametralladoras y morteros hasta emprender la retirada y dejar sobre el terreno a un centenar de compañeros sin vida.

El fracaso de la 25ª División de Infantería ante la Cota 53 obligó a los norteamericanos a atrincherarse durante la noche mientras sufrían los disparos de los francotiradores y las detonaciones de los denominados «morteros de rodilla». Al día siguiente del revés, 12 de Enero, cinco solitarios soldados al mando del capitán Charles Davis se arrastraron sin ser vistos entre la vegetación hasta subir la Cota 53, donde a tan sólo 9’1 metros de la cumbre dos centinelas japoneses les descubrieron y arrojaron un par de granadas que milagrosamente no detonaron. Acto seguido los incursores lanzaron otras ocho granadas que sí explosionaron y mataron a varios enemigos, para a continuación salir de sus escondites y con fusiles y pistolas en mano comenzar a disparar uno a uno a los nipones hasta masacrarlos a todos. Gracias a esta maniobra de distracción el resto de tropas norteamericanas pudieron conquistar y limpiar de enemigos la Cota 53 y por tanto «Caballo Galopante», una acción que hasta entonces había costado las vidas de 100 estadounidenses y 170 japoneses.

Recopilación de imágenes de la película La Delgada Línea Roja en la que se muestra los fieros asaltos contra el Monte Austen. Precisamente en las dos de arriba se produce el avance contra el Monte Austen a través de la maleza. En la tercera los disparos de mortero japoneses merman las filas estadounidense. Por último en la de abajo unos soldados japoneses disparan contra un americano.

La fase más fácil de la Batalla de Gifu fue el ataque a la Cota «Caballo de Mar» cuando el 15 de Enero la 25ª División de Infantería ocupó la cumbre y aniquiló al 124º Regimiento de Infantería Japonés que sufrió 575 bajas entre 558 muertos y 17 prisioneros. Simultáneamente la 2ª División de Marines desde la costa y la División de Infantería «Americal» desde el Monte Austen, efectuaron una ofensiva envolvente el 17 de Enero, al mismo tiempo en que 47 cañones bombardeaban el sector central de «Gifu» para mantener distraídos a los defensores. A pesar de que durante el avance los estadounidenses encajaron 60 muertos, el día 20 cerraron la bolsa con cientos de japoneses atrapados en su interior. De nada sirvió un intento de ruptura que costó la muerte a 11 nipones porque poco a poco el cerco se fue estrechando gracias a la llegada de tanques Stuart M3 escoltados por grupos de entre 16 y 18 soldados que se encargaron de despejar las posiciones, agujeros y trincheras del enemigo.

A las 2:30 horas de la noche del 23 de Enero de 1943, un centenar de japoneses lanzaron una carga suicida «Banzai» empleando bayonetas, sables y katanas para acabar siendo completamente aniquilados por los soldados norteamericanos, quienes al amanecer conquistaron el Monte Austen y la aldea de Kokumbona, poniendo fin con la toma de ambos objetivos a la Batalla de Gifu. Hasta ese instante la operación había dejado un total de 2.700 nipones muertos a costa de 1.000 bajas estadounidenses entre 250 fallecidos y 750 heridos, por lo que ante esta debacle tan sólo era cuestión de tiempo que Guadalcanal acabara cayendo en manos de los Aliados.

Batalla de Isla Rennell

La victoria de Estados Unidos en la Batalla de Gifu, no evitó que se volviese urgente relevar cuando antes al vapuleado 2º Regimiento de Marines que hasta ese instante había sufrido unas bajas difíciles de soportar durante la lucha en Guadalcanal. A raíz de esta necesidad zarpó de la Isla de Espíritu Santo la 18ª Fuerza Operativa (Task Force 18) del contraalmirante Robert Giffen con un total de 14 navíos entre los que estaba el portaaviones USS Enterprise, los tres cruceros pesados USS Wichita, USS Chicago y USS Louisville, los tres cruceros ligeros USS Montpelier, USS Cleveland y USS Columbia, y 8 destructores.

A la altura de Isla Renell, los japoneses interceptaron a la 18ª Fuerza Operativa el 29 de Enero de 1943, por lo que en seguida enviaron a un escuadrón de 32 aviones armados con torpedos, en concreto dieciséis bombarderos Mitsubishi G4M al mando del teniente Tomo Nakamura y dieciséis bombarderos Mitsubishi G3M al frente del teniente Joji Hagai. La acción sorprendentemente fue un fracaso porque los incursores no acertaron a ningún buque y perdieron tres bimotores, incluyendo el del teniente Joji Hagai que falleció en acto de servicio. Sin embargo las cosas cambiaron durante un segundo raid protagonizado por once Mitsubishi G4M, de los cuales nueve serían derribados, ya que en esta ocasión sí consiguieron impactar con un torpedo en el crucero norteamericano USS Chicago que se hundió con 62 fallecidos a bordo, además de dañar gravemente al destructor USS La Vallette que encajó 23 muertos.

Crucero norteamericano USS Chicago hundiéndose de popa tras al ataque aéreo japonés durante la Batalla de Islas Rennell.

La Batalla de Isla Renell dejó un saldo negativo para la Flota Estadounidense tras el hundimiento del crucero USS Chicago, daños en el destructor USS La Vallette y 85 marineros fallecidos; a costa de ser derribados doce aviones japoneses y perder la vida 60 pilotos. A pesar de que con el raid no se evitó que el convoy alcanzase la isla y relevase al exhausto 2º Regimiento de Marines, aquella incursión sobre la 18ª Fuerza Operativa constituyó la última victoria táctica del Imperio del Sol Naciente durante la campaña de Guadalcanal.

Evacuación de Guadalcanal (Operación Ke)

A finales de Enero de 1943 el Consejo Supremo de la Guerra en Tokyo tomó la decisión de evacuar a los 14.000 efectivos desplegados todavía en Guadalcanal, una orden que fue ratificada por nada menos que el mismo Emperador Hiro-Hito. Así fue como el almirante Isoroku Yamamoto diseñó la «Operación Ke» consistente en enviar un gran número de submarinos y destructores para que sacasen a la mayor parte de las tropas entre los sectores de Kamimbo y Cabo Esperanza. La misión gozaría de la cobertura de la Marina Imperial Japonesa en el Pacífico Sur que reunió para la ocasión a un total de 28 buques entre los que estaban los tres portaaviones Zuikaku, Junyô y Zuihô, los dos acorazados Kongô y Haruna, los diez cruceros Chokai, Kumano, Sendai, Atago, Takao, Myoko, Haguro, Jintsu, Agano y Nagano, y varios destructores; así como una fuerza aérea de 436 aviones entre aparatos embarcados y aeroplanos procedentes de Rabaul.

Como la Flota Estadounidense al mando del almirante William Halsey ya había previsto una más que probable operación de evacuación por parte de Japón, dividió a sus fuerzas navales y aéreas alrededor de las Islas Salomón para interceptar cualquier convoy enemigo que se dirigiese a Guadalcanal. De este modo fue como los norteamericanos concentraron a un total de 69 navíos entre los que estuvieron los dos portaaviones USS Enterprise y USS Saratoga, los cuatro acorazados USS Maryland, USS Colorado, USS New México y USS Mississippi, trece cruceros y quince destructores; además 539 aviones entre aparatos embarcados o adscritos a la «Cactus Air Force».

Algunas jornadas antes del inicio de la «Operación Ke», los japoneses realizaron una serie de incursiones aéreas y navales contra Guadalcanal y las bases aliadas sobre las Islas Salomón, tal y como hicieron durante un bombardeo contra la Isla Espíritu Santo que causó algunos daños en las instalaciones; o durante un ataque con aviones y fuego de destructores contra el Aérodromo Henderson que concluyó con similares resultados y el derribo de cuatro cazas Zero. Bastante más suerte tuvieron durante un raid sobre los campamentos del Río Matanikau, en donde los nipones mataron a varios marines y abatieron siete cazas norteamericanos, entre estos cuatro P-40 Warhawk, dos P-38 Lightining y un Wildcat, a costa de perderse seis interceptores Zero. Al mismo tiempo en que tenían lugar estos bombardeos, el submarino japonés I-1 trató de llevar suministros a las fuerzas sitiadas en la isla, pero entonces fue interceptado por las dos corbetas neozelandesas HMNSZ Moa y HMNSZ Kiwi, las cuales le hundieron a cañonazos junto a la playa de Kamimbo, muriendo a bordo 27 marineros y sobreviviendo 63 restantes tras nadar a la costa, aunque dos de ellos fueron ametrallados por el personal de marinería neozelandés en un evidente crimen de guerra (uno falleció y el otro fue capturado).

Cadenas humanas de soldados japoneses huyendo hacia los barcos e intentando ser rescatados con desesperación durante la «Operación Ke».

El 31 de Enero de 1943 zarpó de las Islas Shortland una escuadra de 21 destructores japoneses al mando del vicealmirante Gunichi Mikawa con la pretensión de evacuar a la totalidad de las tropas atrapadas en Guadalcanal. La tarea no fue sencilla porque ese mismo día el convoy fue atacado bombarderos estadounidenses B-17, los cuales no sólo erraron con todas sus bombas en el objetivo, sino que encima cuatro de los cuatrimotores fueron derribados. Este suceso obligó a solicitar el apoyo aéreo de 29 aviones entre 23 cazas Nakajima Ki-43 y seis bombarderos Kawasaki Ki-48, los cuales el 1 de Febrero dañaron el Aeródromo Henderson a costa de perderse un aparato. Acto seguido la «Cactus Air Force» respondió con 92 aviones de diferentes tipos que dañaron al destructor Makinami a cambio de ser derribados cuatro aeroplanos propios; lo que a su vez propició una respuesta de la aviación japonesa con 53 aparatos entre trece bombarderos en picado Aichi Val y 40 cazas Zero. De hecho este último escuadrón se enzarzó en un combate contra los estadounidenses, a los que derribaron tres cazas Wildcat, pero perdiendo ocho aviones entre tres Zero y cinco Aichi Val; aunque por suerte consiguieron averiar al destructor USS Nicholas y hundir al destructor USS De Haven que desapareció bajo el agua con las vidas de 167 marineros.

A las 22:45 horas de la noche del 2 de Febrero de 1943 los veintiún destructores japoneses echaron el ancla frente a la playa de Kamimbo, en donde por ese entonces se agolpaban miles de soldados a la espera de ser rescatados. A pesar de que los norteamericanos intentaron evitar la fuga enviando a tres lanchas torpederas, todas resultaron hundidas con las siguientes víctimas: en la USS PT-111 murieron dos estadounidenses, en la USS PT-37 falleció uno y en la USS PT-123 perecieron otros cuatro. Una vez neutralizada la amenaza, los destructores pararon sus máquinas y los soldados subieron a los barcos a través de rampas, cuerdas o remando en botes para a continuación dar la vuelta y emprender la navegación. El único incidente fue cuando el destructor Makigumo colisionó con una mina submarina y se hundió, pero por suerte toda la tripulación nadó hasta la costa y fue transferida a otro buque, por lo que a las 00:00 horas del 2 de Febrero se completó la misión se completó con éxito tras la evacuación de 4.935 soldados, entre ellos el famoso periodista Gen Nishino (a quién se le prohibió escribir acerca de la batalla).

La segunda oleada de rescate a Guadalcanal la protagonizaron veinte destructores al mando del vicealmirante Shintaro Hashimoto, los cuales el 5 de Febrero recibieron una incursión de la 74 aviones de la «Cactus Air Force» que dañaron al destructor Maizake, pero que fracasaron en su cometido porque cayeron en una emboscada de la aviación nipona que derribó once aparatos norteamericanos a costa de perderse uno japonés. Gracias a este revés por parte de los estadounidenses, la escuadra amarró sobre el triángulo comprendido entre el Río Segilao, Cabo Esperanza y Kamimbo, de cuyas playas sacaron a otros 3.921 soldados la noche del 6 de Febrero.

Al anochecer del 7 de Febrero de 1943, una flotilla de destructores se presentó ante Guadalcanal para recibir un repentino raid enemigo que se resolvió con el derribo de dos aviones (uno norteamericano y otro nipón) y daños leves en el destructor Isokaze. Aquello sin embargo no fue suficiente para impedir que el resto de los barcos echaran el ancla entre el Cabo Esperanza y Kamimbo, en donde vieron un lamentable espectáculo de soldados japoneses demacrados, hambrientos y con la ropa hecha jirones, quienes hacían cola medio sumergidos en el agua con tal de escapar de aquel infierno. Afortunadamente los destructores consiguieron hacer hueco para todos ellos y a las 3:00 horas de la madrugada del 8 de Febrero, la pesadilla terminó para los últimos 1.972 supervivientes nipones que fueron evacuados de vuelta a Japón.

Gracias a la exitosa «Operación Ke», la Marina Imperial Japonesa evacuó a un total de 10.828 soldados de Guadalcanal, a costa de perder dos navíos sumando al destructor Makigumo y al submarino I-1, además de resultar derribados 56 aviones y dañados los tres destructores Makinami, Maizake e Isozake. A los estadounidenses por su parte les fueron hundidos cuatro navíos, entre estos el destructor USS De Haven y las tres lanchas torpederas USS P-37, USS PT-111 y USS PT-123, sin obviar con que les fueron derribados 53 aviones y dañado el destructor USS Nicholas.

Conclusión

Oficialmente a las 10:00 horas de la mañana del 8 de Febrero de 1943, los soldados japoneses evacuados durante la «Operación Ke» desembarcaron sanos y salvos en la Isla de Bougainville, concluyendo de este modo la Batalla de Guadalcanal que había durado nada menos que seis meses y dos días de ininterrumpidos combates. Así lo comunicó el general Alexander Patch al almirante William Halsey cuando al poco de ver las posiciones enemigas vacías le transmitió el siguiente mensaje: «Total y absoluta derrota de las fuerzas japonesas en Guadalcanal».

Los Aliados sufrieron 20.000 bajas entre 12.100 muertos (12.000 estadounidenses, 84 australianos y 2 tonganos) y 7.789 heridos, además de perder 31 navíos (2 portaaviones, 9 cruceros, 14 destructores, 1 cañonero, 3 lanchas torpederas, 1 remolcador y 1 carguero), resultar dañados 21 buques (1 portaaviones, 3 acorazados, 7 cruceros y 10 destructores) y ser derribados 615 aviones.

Japón sufrió 32.000 bajas entre 31.000 muertos y 1.000 prisioneros, además de perder 29 buques (1 portaaviones, 2 acorazados, 4 cruceros, 9 destructores, 1 submarino y 12 transportes), ser dañados 10 buques (2 portaaviones, 4 cruceros y 6 destructores) y ser derribados 683 aviones.

Transportes navales japoneses yacen semihundidos en el agua tras concluir la batalla. Así quedó la exótica Guadalcanal una vez terminada la Segunda Guerra Mundial.

En términos generales la Batalla de Guadalcanal constituyó el mayor enfrentamiento por tierra, mar y aire de la Historia Militar, tanto por el número de efectivos en hombres, barcos y aviones, como también por el número de pérdidas debido a que ambos bandos sumaron 43.000 muertos y 59 buques hundidos. La mayor parte de las bajas humanas fueron para Japón, mientras que las bajas materiales fueron mayores para Estados Unidos, como fue el caso de los dos portaaviones echados a pique, en concreto el USS Enterprise y USS Wasp, a costa de perder los nipones al Ryûjô. Sin embargo esto no fue suficiente para imponerse a la superioridad industrial de Norteamérica, como tampoco el hecho de que la expansión del Imperio del Sol quedase completamente interrumpida en el Pacífico Sur, lo que alejó el peligro de Australia y permitió a los Aliados disponer de una base desde la que dar el salto a las Islas Salomón y Nueva Guinea. Así lo dejó reflejado el almirante William Halsey cuando describió la nueva situación con las siguientes palabras: «Antes de Guadalcanal el enemigo avanzaba a según su antojo; después de Guadalcanal se repliega según el nuestro».

A nivel global de la Segunda Guerra Mundial, la Batalla de Guadalcanal fue decisiva porque tan sólo cinco días antes de la caída de la isla, el 2 de Febrero de 1943, el Ejército Alemán había sido contundentemente derrotado en la Unión Soviética durante la Batalla de Stalingrado; mientras que en el Norte de África las fuerzas ítalo-germanas quedaron cercadas en Túnez, en donde capitularían en Mayo de 1943. Esta serie de catástrofes casi simultáneas en el Frente Oriental, el Frente de África y el Frente del Pacífico, implicaron que en pocas semanas el Eje pasara de estar ganando la contienda a perderla, lo que sin duda convirtió a lo sucedido en el Pacífico Sur entre 1942 y 1943 en una de las campañas más importantes del siglo XX.

 

Bibliografía:

-Joseph Mueller, Guadalcanal 1942, Osprey Publishing (1992), p.6-88
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial, «El infierno de Guadalcanal duró seis meses», S.A.R.P.E. (1978), p.854-872
-Pablo Guerrero, La Batalla de las Islas Santa Cruz 1942, «Batalla de Santa Cruz», HRM Ediciones (2024), p.119-144
-David Solar, La Batalla de Guadalcanal. Infierno en el Pacífico, Revista La Aventura de la Historia Nº170 (2012), p.16-23
-Derrick Wright, Pacific Victory, «On the Offensive», Sutton (2005) 25-28
-R.G. Grant, 1.001 Batallas que cambiaron el curso de la Historia, «Santa Cruz», Grijalbo, (2012), p.849
-http://en.wikipedia.org/wiki/Guadalcanal_Campaign