El Asedio de Leningrado fue la batalla más larga y angustiosa que se libró en el Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial, ya no sólo por su dilatada duración de 900 días, sino por la enorme cantidad de fallecidos que dejó entre los años 1941 y 1944. A pesar de aproximadamente un millón de personas perdieron la vida durante el sitio impuesto por el Ejército Alemán, las fuerzas del Eje serían incapaces de acceder al interior de la que sin duda era la ciudad más emblemática de toda Rusia.
Leningrado
Cuando el Zar Pedro I «el Grande» era un niño soñador con el deseo de conocer qué había más allá de las fronteras de Rusia, se prometió a si mismo que en el futuro dotaría a su amada nación de una ciudad tan grande y espectacular que competiría en belleza con las demás capitales del mundo. Curiosamente una vez derrotó al Reino de Suecia durante la Gran Guerra del Norte de 1700, pudo hacer su sueño realidad porque sobre la fría zona de Ingria que acababa de arrebatar al Imperio Sueco, edificaría la metrópoli que tanto ansiaba con el nombre de San Petesburgo.
San Petesburgo fue erigida sobre unos bajos del Golfo de Finlandia que dominaba la entrada estratégica al Mar Báltico, exactamente en tres brazos separados por lagos, pantanos y la desembocadura del Río Neva que ramificaron el trazado de la urbe y la cercaron de canales de agua por todas partes, algo que en invierno suponía una ventaja debido a que al congelarse la superficie el entorno ofrecía un hermoso parque helado por el que pasear o patinar. De la misma forma se levantaron una serie de jardines, puentes y viviendas aristocráticas que configuraron el aspecto panorámico de la metrópoli, teniendo como calle principal la Avenida Nevsky Prospekt, así como otras construcciones muy altas e impresionantes que incluyeron a la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, la Catedral de San Isaac, el Palacio del Invierno o las hermosas flores del Jardín Botánico.
Históricamente San Petesburgo estuvo ligado a la tragedia porque ya durante las mismas obras de construcción varios millares de esclavos perdieron la vida en los trabajos ordenados por el Zar Pedro I el Grande. Algo similar sucedió en el Domingo Sangriento de 1905 con el tiroteo de miles de manifestantes a manos de la Guardia Cosaca o en el bloqueo naval que ejerció Alemania a la metrópoli durante la Primera Guerra Mundial, lo que propició el cambio de nombre de San Petesburgo a Petrogrado (por sonar demasiado germánico a ojos de la opinión pública). Sin embargo de todos los acontecimientos el más importante ocurrió durante la Revolución Bolchevique de 1917 con el asalto al Palacio del Invierno y el ascenso al poder a los Soviets, lo que supuso una persecución sin precedentes en el llamado «Terror Rojo». De hecho sería precisamente durante la etapa comunista de Iósif Stalin cuando en el año 1924 la recién surgida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas rebautizó a la urbe con la denominación de Leningrado, en honor al difunto Vladimir Lenin.
Plan del Eje
Leningrado constituyó uno de los principales objetivos a tomar durante la «Operación Barbarroja» y una pieza clave para provocar el desmoronamiento tanto político como militar de la Unión Soviética. La razón era que la metrópoli se hallaba comunicada mediante una vía férrea con el norte del país y los puertos del Océano Glacial Ártico, pero también de manera directa a través de una carretera con la misma capital de Moscú. Como era lógico en la Directiva Nº21 elaborada por Adolf Hitler, el Grupo de Ejércitos Norte preparó un plan de conquista para la ciudad, cuyo principal problema no iban a ser las defensas, sino los molestos 3.000.000 de ciudadanos a los que se tendría que mantener y alimentar.
El general Walter Warlimont destinado al norte de Rusia urdió un maléfico plan para evitar conquistar Leningrado al asalto y en su lugar asediar la ciudad para dejar morir de hambre a la población, un proceso que según él llevaría dos meses como mínimo o hasta la llegada del invierno como máximo. La idea ya había sido estudiada en términos científicos por el profesor dietético Ernst Ziegelmeyer del Instituto de Nutrición de Munich, quién tras analizar el censo de habitantes y las raciones almacenadas por los rusos, concluyó que en muy poco tiempo los ciudadanos tendrían que sobrevivir con 250 gramos de pan, una cifra insuficiente para mantenerse en pie. A partir de estos datos, en caso de conseguir los invasores consolidar un sitio compacto por tierra y un bloqueo del puerto desde el Mar Báltico, los alimentos se acabarían rápidamente y los defensores irían falleciendo por inanición sin tener los atacantes necesidad de luchar y sufrir bajas. Así fue como finalmente Adolf Hitler dio su visto bueno al plan y ordenó al Grupo de Ejército Norte arremeter contra la ciudad desde el sur; al mismo tiempo en que desde el norte el Ejército Finlandés descendería por el Istmo de Carelia para completar el asedio y apoderarse de Leningrado que sería anexionada por Finlandia, tal y como acordaron las fuerzas del Eje.
Aproximadamente el Eje reunió a un total de 725.000 efectivos entre 500.000 alemanes, 200.000 finlandeses, 20.000 españoles y 89 italianos que formaban parte del Grupo de Ejércitos Norte al mando del general Wilhelm Ritter Von Leeb. Básicamente se trataba del XVI Ejército Alemán del general Ernst Buch que desplegaba al II Cuerpo con las 12ª, 32ª y 123ª Divisiones de Infantería, al X Cuerpo con la 3ª División SS Motorizada «Totenkopf» y las 30ª y 290ª Divisiones de Infantería, al XXXVIII Cuerpo con las 61ª, 126ª y 215ª Divisiones de Infantería; y a una reserva constituida por la 8ª División Panzer y la 18ª División Motorizada; así como el XVIII Cuerpo del general Georg Von Küchler que poseía al I Cuerpo con las 11ª, 21ª, 291ª y 254ª Divisiones de Infantería, al XXVI Cuerpo con 93ª, 212ª y 217ª Divisiones de Infantería, al XXVIII Cuerpo con las 1ª, 96ª, 223ª, 227ª y 269ª Divisiones de Infantería, al L Cuerpo con la 4ª División SS de Policía «Polizei» y las 58ª, 121ª y 122ª Divisiones de Infantería, y al XXXIX Cuerpo Motorizado con la 12ª División Panzer y la 20ª División Motorizada. Al mismo tiempo Finlandia estacionó en el Istmo de Carelia a la Fuerza de Defensa Finesa del mariscal Gustav Emil Von Mannerheim con los I, II y IV Cuerpos, además del Destacamento Naval K del capitán Paavo Talvela en el Lago Ladoga; mientras que Italia envió a la XII Flotilla MAS encabezada por el capitán Giuseppe Bianchini y la neutral España a los voluntarios de la 250ª División de Infantería Española, la «División Azul», al frente del general Agustín Muñoz Grandes.
Plan de la URSS
Los habitantes de Leningrado ya habían conocido más o menos lo qué era estar en un conflicto bélico tras la Guerra Ruso-Finesa de 1939 a 1940, donde la cercanía del frente con Finlandia propició un racionamiento diario que la gente muy a menudo se saltó, mostrándose en ocasiones enfadada con las autoridades estalinistas. Al cabo de un año de haber concluido la Guerra de Invierno, de repente se produjo la «Operación Barbarroja» el 22 de Junio de 1941 cuando la Unión Soviética entró nuevamente en guerra con Finlandia y al mismo tiempo con Alemania, aunque en el caso de los germanos el frente se hallaba a 1.000 kilómetros de distancia, mientras que de los finlandeses a tan sólo 100 kilómetros, por lo que la mayor parte de la ciudadanía pensó que por el momento la contienda se desarrollaría en exclusiva contra el Ejército Finlandés.
En un principio nada parecía presagiar un asedio a Leningrado porque la economía de la metrópoli continuó funcionando con actividades típicas como la pesca o jornadas laborales habituales en las diferentes industrias de madera, papel, tipográficas, productos químicos, vidrios, jabón y curtidos. De hecho hasta el 27 de Junio, el general Markian Popov que había sido elegido jefe de la guarnición junto al secretario político Andrei Zhdanov y al alcalde Pyotr Popkov, no decretaron la primera medida bélica consistente en la prohibición de guardar excedentes de comida y en cumplir un estricto toque de queda desde la medianoche hasta las 4:00 horas de la madrugada, limitando las jornadas en lugares de recreo, parques o restaurantes. Dos días más tarde, el 29 de Junio, se llamó a la movilización general de toda la población que obligatoriamente se vio forzada a trabajar en tareas de fortificación mediante las que se tendieron 635 kilómetros de alambradas, se excavaron 306 kilómetros de trincheras con barricadas de madera, se abrieron 700 kilómetros de zanjas anticarro, se ubicaron refugios antiaéreos, se plantaron dientes de dragón, se forraron edificios con sacos terreros e incluso se organizaron patrullas vecinales como parte de la Defensa Civil compuesta por 14.000 voluntarios, una labor gracias a la cual se extendió una línea defensiva de 80 kilómetros de largo en torno al Río Luga (solamente quedaron excluidos del servicio las mujeres embarazadas, enfermos, menores de 16 años o mayores de 50).
Aproximadamente la Unión Soviética reunió a 930.000 tropas para el sitio de Leningrado que según la agrupación se desplegaron en el Frente de Leningrado al mando del general Leonid Govorov y en el Frente del Voljov al mando del general Kiril Meretskov. El Frente de Leningrado situado en torno a la ciudad o zonas aledañas se componía por el VIII Ejército con la 1ª División del NKVD y las 10ª y 86ª Divisiones de Fusileros; el XXIII Ejército con las 123ª, 142ª y 291ª Divisiones de Fusileros; el LII Ejército con la 21ª División del NKVD y las 13ª y 189ª Divisiones de Fusileros; el LIV Ejército con la 21ª División Blindada, la 3ª División del NKVD y las 80ª, 115ª, 128ª, 198ª, 281ª, 285ª, 286ª, 294ª y 311ª Divisiones de Fusileros; el LV Ejército con las 11ª, 43ª, 56ª, 70ª, 72ª, 85ª 90ª, 125ª, 177ª y 268ª Divisiones de Fusileros; el Grupo Operativo Costero con la 48ª División de Fusileros; y una reserva formada por las 168ª y 265ª Divisiones de Fusileros. El Frente del Voljov por el contrario se estacionó en las áreas más alejadas de la metrópoli en torno al Río Voljov y la frontera de Finlandia mediante un despliegue consistente en el II Ejércitos de Choque con la 372ª División de Fusileros; el IV Ejército con la 4ª División de Guardias, las 27ª y 80ª Divisiones de Caballería, y las 44ª, 65ª, 92ª, 191ª, 310ª y 377ª Divisiones de Fusileros; el LII Ejército con la 25ª División de Caballería y las 46ª, 111ª, 225ª, 259ª, 267ª, 288ª y 305ª Divisiones de Fusileros; el LIX Ejército con las 366ª, 372ª, 374ª, 376ª, 378ª y 382ª Divisiones de Fusileros; y una reserva comprendida por la 87ª División de Caballería.
Año 1941
Oficialmente el cerco sobre Leningrado comenzó a cerrarse el 21 de Agosto de 1944 cuando las tropas del Ejército Alemán capturaron y cortaron la vía de ferrocarril hacia Chudovo que conectaba directamente con la capital de Moscú. Al cabo de una semana, el 30 de Agosto, los germanos se apoderaron del último nudo ferroviario de Mgu; mientras que al día siguiente, el 31, el Ejército Finlandés que descendía por el Istmo de Carelia entre el Mar Báltico y el Lago Ladoga bloqueó la ciudad desde el norte tras conquistar a tan sólo 20 kilómetros del extrarradio los municipios de Kirjasalo y Beloostrov. Aquellas dos maniobras terminaron por embolsar a 300.000 soldados soviéticos, el equivalente a 22 divisiones o cinco ejércitos, además de dejar a Leningrado completamente asediada e incomunicada del resto de la Unión Soviética.
El domingo 1 de Septiembre de 1941, los aviones de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) hicieron su primera aparición sobre Leningrado arrojando numerosas bombas que causaron la destrucción de varios edificios, entre estos la Fábrica Saolin y la central eléctrica situada a un kilómetro del Lago Ladoga, además de perder la vida algunos civiles y resultar otros tantos heridos. Curiosamente a este bombardeo siguió el lanzamiento de una serie de octavillas a los habitantes de la ciudad, cuyo mensaje impreso en el papel decía lo siguiente: Hombres, mujeres y niños de Leningrado: Vuestra ciudad está completamente rodeada por los ejércitos alemanes. El Alto Mando no desea en modo alguno imponer sufrimientos a la población civil. Pero la rendición constituye la única alternativa a la aniquilación absoluta o al hambre. Convenced a vuestros dirigentes de que es preciso sacrificar el bolchevismo en aras de la paz. ¡Es mejor ser un súbdito sano de vuestros conquistadores indiscutibles que un bolchevique hambriento!
Al día siguiente del raid de la Luftwaffe, el 2 de Septiembre de 1941, los expertos en nutrición y dietética de Leningrado racionaron los alimentos disponibles en unas cantidades bastante pobres que serían habituales en los siguientes cuatro años. Básicamente se recogieron azúcares para 60 días, grasas animales para 45 días, harina para 35 días, trigo para 35 días, carne sacrificada para 33 días y cereales para 30 días; aunque a diario también se repartió a cada familia el equivalente a 800 gramos de pan y semanalmente medio kilo de carne, medio kilo de cereales, tres cuartos de kilo de azúcar y 200 gramos de grasa por cabeza, aunque trabajadores de la industria y militares recibieron una cantidad mayor. Simultáneamente para evitar saqueos y robos, así como el más que evidente surgimiento de un mercado negro, se creó la Sección Especial del Frente de Leningrado adscrita al Comisariado de Asuntos Internos (NKVD), cuyos agentes no dudaron en ejecutar a quién escondiese comida, poseyera bonos falsos o traficara ilegalmente con artículos alimenticios. De igual manera restaurantes, cantinas y comedores sociales también estuvieron obligadas a emitir sus propias cartillas para limitar las raciones, lo que no evitó que durante la primera semana la gente comprase abusivamente aquellos alimentos que todavía no habían pasado por los comités de racionamiento y los almacenasen en las despensas de sus hogares.
De todos los avances del Grupo de Ejércitos Norte sobre Leningrado, el de mayor penetración se llevó a cabo el 8 de Septiembre de 1941 cuando los tanques Panzer se situaron a tan sólo 8 kilómetros de la ciudad. Sin embargo a partir de este punto, la resistencia enemiga fue cada vez más decidida porque los soviéticos recurrieron a la formación de voluntarios civiles sin uniformes, quienes careciendo de ningún tipo de conocimiento militar, fueron intercalados en compañías de soldados profesionales y lanzados hacia el enemigo, prácticamente sin posibilidad de regresar con vida debido a que los batallones del NKVD se encargaron de cubrir la retirada disparando contra todo aquel que retrocediese. Gracias a este tipo de iniciativas tan brutales y propias del estalinismo, los alemanes creyeron que se enfrentaban a un número mayor de oponentes, por lo que suspendieron muchos de sus asaltos e incluso perdieron más de un puesto de avanzada como consecuencia de los continuos contraataques casi suicidas de los rusos.
El mes de Septiembre de 1941 se caracterizó por los grandes bombardeos de la Luftwaffe cuando en la jornada del 8 un grupo de 27 bimotores Junkers Ju 88 soltaron 6.327 bombas que causaron 183 pequeños incendios, derrumbaron 150 viviendas, destruyeron 3.000 toneladas de azúcar en una fábrica y chamuscaron otras 3.000 toneladas de harina en un silo, además de pulverizar un almacén de productos en los que se echó a perder gran parte de la comida y alrededor de 1.000 toneladas de mantequilla. A raíz de esta nueva crisis de existencias el Ejército Rojo tuvo que abrir una ruta secreta de alimentos a través de un camino de 25 kilómetros de costa que enlazaba el Lago Ladoga con el muelle metropolitano de Osinovets, el cual a su vez se abastecía a través de un corredor de agua en Novaya Ladoga desde donde se enviaban suministros procedentes de una serie de almacenes unidos por vía férrea hacia Tijvin.
La ruta de Osinovets permitió a dos gabarras burlar el bloqueo el 12 de Septiembre y después de un viaje de 16 horas descargar 800 toneladas de trigo en Leningrado, un éxito que fue celebrado por la población con festejos y bailes por las calles de la ciudad. Mucha menos suerte tuvo un segundo cargamento de 3.000 toneladas de alimentos debido a que los bombarderos en picado Stukas interceptaron y hundieron con sus artefactos a dos de las gabarras con 2.000 toneladas en medio del canal. A partir de este éxito los aviones alemanes y finlandeses, así como las piezas de artillería emplazadas en Schlüsselburg, hostigaron la ruta de Osinovets y causaron la pérdida de un total 450.000 toneladas en el Lago Ladoga, aproximadamente el 90% de la carga y 24 de las 31 embarcaciones disponibles (el 77%), ya que a la metrópoli tan sólo llegó el 10% restante con poco menos de 45.000 toneladas (unas 22.000 por mes), una cifra a todas luces insuficientes para alimentar a la ciudadanía.
Mientras tanto el Grupo de Ejércitos Norte no dejó de presionar hacia Leningrado, como por ejemplo hizo la 1ª División Panzer del general Walther Krüger a la hora de resultar frenada a 12 kilómetros de la metrópoli gracias a una estrecha cabeza de puente que los rusos tendieron al suroeste entre Pulkovo y Oraniembaum. La misma fortuna corrió la 58ª División de Infantería porque al poco de apoderarse de Puhskin, sus soldados accedieron a los suburbios sudoccidentales y se situaron a tan sólo 60 metros de la Fábrica Kirov, en donde pese a caer prisioneros un millar de militares soviéticos, entonces los trabajadores armados y algunos infantes navales con apoyo de tanques KV-1 (recién salidos de las cadenas de montaje) hicieron retroceder a las fuerzas del Eje.
Otro de los problemas que encontró el Eje durante el sitio a Leningrado fue una segunda bolsa situada al oeste de la ciudad y de espaldas al Mar Báltico que recibió el nombre de «Cabeza de Oraniembum». Se trataba de un sector perimetral de 60 kilómetros de largo por 25 kilómetros de ancho, cuyo eje defensivo se articuló en el puerto de Bolshaya Ishora y el Fortín de Krasnaya Gorka, una fortaleza construida en tiempos del Zar Pedro I «el Grande», en donde algunas brigadas de infantería naval y varias divisiones de fusileros resistirían sin ceder un sólo palmo de terreno hasta muy avanzada la Segunda Guerra Mundial.
Los éxitos defensivos del Ejército Rojo en la cabeza de Oraniembaum y la Fábrica Kirov en seguida quedaron en un segundo plano por culpa de una contraofensiva rusa mal planificada y coordinada contra Siniavino que llevaron a cabo 70.000 efectivos, muchos compuestos por reclutas inexpertos de los batallones «Nevskaya» de la Milicia Popular bajo el mando del general Grigori Kulik. El resultado de estos ataques que concluyeron el 26 de Septiembre no sólo fracasaron estrepitosamente contra las sólidas líneas del XVI Ejército Alemán, sino que encima costaron 55.000 bajas a los soviéticos entre 22.000 muertos y 33.000 heridos o prisioneros, a costa de 13.648 bajas germanas entre 2.817 muertos, 10.382 heridos y 449 desaparecidos.
A partir de las dificultades surgidas en el otoño de 1941, el Alto Mando Alemán llegó a la conclusión de que sostenerse en Leningrado era contrario a sus intereses, por lo que en una directiva absolutamente criminal autorizó la aniquilación de la ciudad y su población con el siguiente texto: El Führer ha decidido borrar San Petesburgo de la faz de la Tierra. No tiene ningún interés en la futura existencia de este gran núcleo poblacional tras la derrota de la Unión Soviética. Finlandia ha mostrado también su desinterés en la futura existencia de esta metrópoli situada directamente junto a su nueva frontera. Proponemos un estrecho bloqueo de la urbe mediante fuego de artillería de todos los calibres y continuos bombardeos desde el aire.
Con la temprana llegada del clima invernal en Octubre de 1941, a la falta de comida se sumó el frío que rápidamente envolvió de hielo y nieve toda Leningrado, así como unas temperaturas que de repente descendieron con brusquedad a los -40ºC. Esta situación encima coincidió con el agotamiento de las últimas reservas de carbón y petróleo, sin obviar con una carencia absoluta de energía debido a que todos los generadores eléctricos fueron destruidos por los bombardeos, algo que obligó a los habitantes a tener que recurrir a la madera de sus muebles caseros, a trastos inservibles o periódicos y libros que arrojaron a hogueras a modo de calefacción. A pesar de estas dificultades, un grupo de 800 voluntarios consiguieron talar algo de madera en los Bosques de Pargolovo y Vsevolozhsk (los únicos no ocupados por los alemanes); mientras que un equipo de buzos extrajo 5.000 toneladas de carbón bajo el agua del puerto, concretamente de unos barcos ingleses procedentes de Cardiff que habían arrojado el mineral al fondo en el siglo XIX.
Mientras la población de Leningrado luchaba por no morir de inanición, muchos obreros se dedicaron a reparar los daños causados por los bombardeos mediante el traslado de piedras muy pesadas desde la cercana Isla de Kretovski; al mismo tiempo en que las Juventudes del «Komsomol» se organizaban en patrullas para atender a 1.000 enfermos y socorrer a otras 7.000 personas. Tampoco se rindieron los trabajadores de la Fábrica Kirov, cuyos empleados eran en un 70% mujeres, ya que continuaron produciendo municiones y algunos tanques que partían sin pintar en dirección a la línea del frente, una labor por la cual el personal femenino fue condecorado por el Kremlin con la Orden de la Bandera Roja y la Orden de Lenin.

Imágenes de la terrible mortandad que sacudió a Leningrado. Izquierda: Muertos por inanición en medio de las calles son sepultados por la nieve. Derecha: Fallecidos a manos de los bombardeos de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe).
Durante el 24º Aniversario de la Revolución Bolchevique el 7 de Noviembre de 1941, la Luftwaffe bombardeó intensamente Leningrado sin mucho éxito, pues la población civil no sólo no se amedrentó, sino que elevó su moral cuando las autoridades repartieron regalos que incluyeron tomates salados para los adultos y una porción de leche con una cucharada de harina de patata para los niños. Lamentablemente los raids posteriores continuaron causando estragos e incluso cortaron el suministro de agua con el consiguiente aumento de los incendios que ni siquiera los equipos de bomberos fueron capaces de apagar porque hasta ellos mismos se desplomaban por falta de calorías. Ante esta ausencia tan marcada de comida se tuvo que reducir las raciones de los obreros y soldados a 600 gramos diarios, de otros empleados a 350 gramos y de las familias convencionales a 300 gramos. Entre los milagros que los habitantes tuvieron que obrar para sobrevivir en dicho contexto estuvo convertir el azúcar quemado de una fábrica en un sirope calcinado que sin riesgo se podía mascar e ingerir como un caramelo; aunque también un equipo de científicos y químicos inventaron pan con un 20% de harinas trituradas, un 10% de semillas oleosas y un 10% de celulosa, lo mismo que leche con semillas de soja o sopa de agua caliente de hojas de pino o cuero de zapato hervido.
A mediados de Octubre la situación mejoró algo en Leningrado primero porque los equipos de buzos rescataron del Lago Ladoga algunas toneladas de trigo que se pudieron secar y recuperar para el consumo; mientras que por primera vez la ciudad recibió abastecimientos a través del cercano Aeródromo de Tijvin, próximo a un complejo minero de bauxita, desde donde los aviones soviéticos efectuaban un puente aéreo llevando a diario unas 45 toneladas de víveres (600 toneladas al cabo de un mes). Desgraciadamente los alemanes no tardaron en descubrir la base rusa, por lo que el 9 de Noviembre las puntas de la 12ª División Panzer conquistaron las instalaciones de Tijvin, destruyeron a 15 carros T-26 y capturaron a todos los aviones aparcados sobre la pista, así como un lote de 20.000 soldados, 96 tanques y 179 cañones, lo que acabó con cualquier esperanza de poder recibir alimentos mediante vía aérea desde el exterior.
Cuando se congeló la ruta del Lago Ladoga hacia Osinovets y ya no fue posible seguir navegando con gabarras para abastecer Leningrado, los expertos glaciólogos estudiaron la situación y llegaron a la conclusión de que la capa de hielo no sería transitable para vehículos hasta mediados de Enero de 1942, ya que por el momento el grosor era tan sólo de 10 centímetros. Como esperar tanto tiempo supondría la muerte por inanición de millares de ciudadanos, los soviéticos optaron por buscar un sendero alternativo enviando a un equipo de cinco exploradores, entre éstos cuatro funcionarios comunistas y un glaciólogo acompañado de un caballo, cuyas raciones para dos días incluyeron un cuarto de kilo de pan, un filete de carne seca prensada y una tableta de chocolate, además de una alforja con hojas de árbol para el animal. La expedición partió el 18 de Noviembre de 1941 sobre el paraje helado del Ladoga con la misión de buscar un camino lo suficientemente compacto para alcanzar Lednevo a 30 kilómetros de distancia, algo que hicieron atados con cuerdas unos a otros para no perderse en medio de la ventisca mientras el glaciólogo se iba deteniendo cada varios metros para tomar muestras del hielo. Asombrosamente los miembros del grupo consiguieron alcanzar ilesos la tarde del día 20 la localidad de Lednevo después de 70 horas de largo viaje, en donde tras descansar y recuperarse, los cinco emitieron un informe en el que afirmaban que el riesgo de circular con vehículos era muy elevado, salvo que en todo caso lo hicieran tomando una ruta mucho más larga que se situaba a 300 kilómetros sobre Zaborie. A sabiendas de esta información, las autoridades enviaron diez camiones hacia Leningrado, de los cuales dos se hundieron en el hielo junto a sus conductores y los otros ocho alcanzaron la ciudad con 33 toneladas de comida, por lo que a raíz de este resultado tan positivo y pese al peligro que suponía la aventura, el Kremlin autorizó la construcción de una carretera natural hasta Zaborie.
A mediados de Noviembre de 1941 los trabajos para la construcción de la ruta sobre el Lago Ladoga comenzaron desde Zaborie bajo unas terribles condiciones invernales propias del Ártico, ya que miles de soldados y civiles tuvieron que despejar de nieve el camino para hacer viable la circulación, al mismo tiempo en que centenares de obreros se dedicaron a talar los bosques que obstaculizaban el trayecto, los cuales trabajaron a destajo cortando troncos y raíces con picos, sierras o palas a cambio de recibir únicamente 37 gramos de pan, un nabo y una patata. Una vez concluida la obra a fecha de 6 de Diciembre, la vía de suministros fue bautizada como «Carretera de Socorro» por el Ejército Rojo y «Carretera de la Vida» por los ciudadanos de Leningrado, pues solamente en su primer viaje un total de 350 camiones tardaron seis días en alcanzar su objetivo (a causa de las averías y a que cada 27 horas tenían que permanecer parados por grietas en el hielo), aunque finalmente consiguieron avituallar a la ciudad con bastantes alimentos.
Fuera de Leningrado los combates prosiguieron entre el Ejército Rojo y las diversas fuerzas del Eje cuando las tropas finlandesas cruzaron el Río Sestra e iniciaron una cruenta lucha de varios días sobre el Monte Munakukkula, en donde se combatió cuerpo a cuerpo y a la bayoneta mientras la cima cambiaba varias veces de manos hasta que los finlandeses se hicieron con la cumbre a costa de haber sufrido cuantiosas pérdidas. Algo más de suerte tuvieron los soviéticos frente a los alemanes, pues el 9 de Diciembre de 1941 desencadenaron una ofensiva local sobre el Aeródromo de Tijvin, irrumpiendo en la pista y los hangares gracias al factor sorpresa, por lo que consiguieron reconquistar toda la instalación y expulsar a los germanos de 32 poblaciones. Aquella fue la primera gran derrota local de los alemanes a las afueras de la metrópoli, pues encajaron unas 6.000 bajas entre muertos y heridos, además de perder un valioso material consistente en 26 carros, 84 cañones, 142 morteros, 213 ametralladoras, 13.000 minas, 10.000 granadas, 18.000 proyectiles de artillería, 300.000 cartuchos de balas, 200 camiones y 400 bicicletas, aunque a cambio a los rusos les fueron destruidos un total de 70 tanques.

Piezas de artillería antiaérea soviéticas abren fuego contra los terribles bombarderos sobre Leningrado. Justo detrás de las baterías se vislumbra la Catedral de San Isaac iluminada por los destellos.
La «Carretera de la Vida» fue llevando 100 toneladas de suministros a Leningrado a lo largo del invierno de 1941 mediante tres viajes diarios de ida y vuelta con camiones, aunque también con perros y caballos estirando de trineos. A pesar de que los alemanes volaron los únicos puentes transitables e hicieron caer a numerosos vehículos y animales por debajo de la capa de hielo con la consiguiente muerte de sus conductores o auxiliares, estas pérdidas no amedrentaron a los soviéticos que solían ser premiados con medallas al valor tras sobrevivir a más de tres viajes u ovacionados por una población orgullosa, como por ejemplo hicieron los obreros de la Fábrica Stalin tras colgar carteles con los siguientes eslóganes: “La Patria y Leningrado no olvidarán jamás vuestros esfuerzos”. Gracias a esta labor sobrehumana la ruta de aprovisionamiento se amplió a nuevos puntos de partida como Osinovets, Kabora, Ladoga Novaya, Sysstroi, Kolchanovo y Koskovo; e incluso durante la Navidad entregaron un regalo a los habitantes de la urbe consistente en 50 gramos más de pan por cada ciudadano.
Entre finales de 1941 y principios de 1942 la ciudad de Leningrado vivió el período más triste de su Historia cuando sus famélicos y hambrientos habitantes comenzaron a morir de inanición por millares, aproximadamente entre 3.000 y 12.000 personas cada día. Ante esta enorme cantidad de fallecidos, cientos de cadáveres se amontonaron en las calles, la mayoría individuos que se desplomaban caminando y a los que poco a poco un manto de nieve iba engullendo; aunque otros muchos perecieron en sus propias casas, a veces conviviendo con los cuerpos de sus familiares sin vida durante días enteros. La mortandad fue de una magnitud tan desproporcionada que los cementerios y tumbas pronto quedaron saturadas de gente putrefacta, algo que obligó a las autoridades comunistas a arrojar a miles de muertos a fosas comunes para evitar la propagación de epidemias y por tanto agravar la tragedia.
Los ciudadanos de Leningrado que no se resignaron a morir intentaron sobrevivir a base de comer animales domésticos como caballos, perros, gatos e incluso ratas de las cloacas que salían hambrientas a las calles, llegándose a producir escandalosos casos de canibalismo entre los cuerpos que adornaban las avenidas, sin obviar con que algunos individuos que trabajaban en las fábricas optaron por ingerir las grasas de la maquinaria industrial. A pesar de estas dificultades se fabricaron ingeniosos inventos para llevarse algo a la boca como sopas hechas de encuadernación de libros, caldos de hojas secas, pasta de ramas jóvenes de árbol cocidas con turba o sal, pan de celulosa, harina de algodón, leche de algas, lácteos con intestino de gato mezclado con aceite de clavo e incluso se elaboraron 2.000 toneladas de salchichas cocinadas con cuerda de violines que mezclaban con simiente de lino y aceite de engranajes industriales. Lamentablemente nada de eso impidió que en medio de un contexto generalizado de congelación y desnutrición acabasen aflorando problemas cardíacos o respiratorios, hidropesía, escorbuto, llagas en piel y vientres hinchados en los niños. De hecho aquel horror indescriptible fue tristemente retratado por el pintor Nikolai Kochergin en su obra Junto a la verja del Jardín de Verano, quién pese a encontrarse en un estado muy débil, tuvo fuerzas suficientes para levantar su pincel.
Año 1942
El 1 de Enero de 1942, el mismo Día de Año Nuevo, el Ejército Rojo desencadenó desde su base de operaciones en Tijvin un asalto contra el cercano pueblo de Voibokalo, en donde tras librarse un sangriento enfrentamiento por ambas partes, los soldados soviéticos se lo arrebataron a los alemanes, incluyendo un nudo ferroviario con una línea directa por la que se empezaron a enviar suministros a Leningrado. Este inesperado revés obligó a las fuerzas germanas y finlandesas a incrementar sus bombardeos aéreos sobre la «Carretera de la Vida» e incluso a efectuar incursiones mediante patrullas de esquiadores sobre la ruta por la que circulaban los camiones, por lo menos hasta que los soviéticos enviaron a sus propios militares con esquís para contrarrestarlos. Gracias a estas medidas puestas en marcha por los sitiados, se pudieron llevar a la ciudad un total de 1.500 toneladas de víveres diarios, lo que aumentó las raciones por persona a 200 gramos de carne o pescado y también a 400 gramos de pan.
A inicios de 1942 unos 10.000 ciudadanos continuaron falleciendo cada día por inanición en Leningrado, aunque no las suficientes según los cálculos previstos por el Estado Mayor Alemán. A raíz de este fracaso que fue matando de una forma más lenta de lo imaginada, los invasores decidieron acelerar el proceso minando la moral de la población mediante salvajes bombarderos sobre la metrópoli que llevaron a cabo oleadas de bombarderos Heinkel He 111 y Junkers Ju 88, así como bombarderos en picado Stuka y cazas Messerschmitt Bf 109, los cuales descargaron todo tipo de artefactos y ametrallaron avenidas a ras de suelo; al mismo tiempo en que cañones de Flak 88 de 88 milímetros disparaban hasta 20.000 proyectiles sobre el trazado urbano, provocando la muerte de otros 2.000 civiles. Esta serie de raids tampoco socavaron la voluntad de vivir de los civiles, pero sí que dejaron un alarmante saldo en pérdidas materiales porque el 63% de las fábricas quedaron sin luz eléctrica, el 80% de los cristales se rompieron en pleno invierno y estructuras de edificios muy emblemáticos sufrieron serios daños como las principales universidades, el Palacio del Invierno y el Jardín Botánico.

Esquiadores soviéticos se preparan para salir de Leningrado y buscar algo de comida. Sobre la fotografía los soldados pasan por debajo del Museo de la Ermita y sus gigantes de piedra.
Con la llegada de la primavera de 1942 y el deshielo del Lago Ladoga, las gabarras pudieron volver a transitar y las carreteras costeras quedaron libres de nieve para poder reanudar la circulación hacia Leningrado. A partir entonces toneladas de alimentos fluyeron a la ciudad, cuya población poco a poco volvió a recuperar su salud, además de ser evacuadas unas 500.000 a través del nudo ferroviario que enlazaba con Tijvin. El millón de habitantes que permaneció en la urbe se dedicó a construir defensas, talar bosques, demoler casas de troncos para aprovechar la madera, reparar depósitos de agua, limpiar las calles de cadáveres, tender barricadas, cavar trincheras, extraer turba de los pantanos e incluso poner en funcionamiento el tranvía. De hecho se cultivaron hasta 7.000 hectáreas de hortalizas, patatas y repollos en parques y jardines de la metrópoli y sus alrededores, recibiendo cada familia un manual de jardinería con instrucciones sobre botánica. Al mismo tiempo todos los ciudadanos de entre los 15 y 60 años fueron movilizados para este tipo de tareas; mientras que la jornada de los obreros aumentó en dos horas, las amas de casa a seis y los administradores a ocho. Este incremento significativo del esfuerzo se hizo pese a la todavía presente debilidad calórica, a las enfermedades contraídas en el pasado invierno y a los golpes de calor veraniegos que se cobraron algunas vidas.
Nuevamente en el verano de 1942 la ruta acuática de Osinovets en el Lago Ladoga se convirtió en un objetivo fundamental para el Eje a la hora de impedir el abastecimiento de alimentos a Leningrado. De este modo fue como se organizó una fuerza fluvial compuesta por el Destacamento Naval K Finés con la lancha torpedera Sisu; la XII Flotilla MAS Italiana con las lanchas cañoneras MAS 526, MAS 5527, MAS 528 y MAS 529; y la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) con las lanchas dragaminas SF-11, SF-12, SF-21 y SF-26. Curiosamente las incursiones de estas embarcaciones del Eje, en especial las finlandesas, tuvieron sorprendentes éxitos como el hundimiento de algunas gabarras soviéticas y el bloqueo de los muelles Osinovets, los cuales quedaron paralizados durante varias semanas por culpa de las minas submarinas. También los italianos se distinguieron cuando la XII Flotilla MAS cañoneó y destruyó una estación de radio enemiga en el Islote de Sukho, lo que cortó la comunicación entre el Lago Ladoga y Leningrado; sin obviar con que los latinos hundieron a un cañonero soviético y a una gabarra cargada de víveres. No obstante y a pesar de tales logros, tantos los aviones rusos como los patrulleros fluviales de la Flota Roja, respondieron contundentemente interceptando y hundiendo las lanchas dragaminas alemanas SF-11, SF-12, SF-21 y SF-26, por lo que a raíz de estos inesperados reveses, el capitán finlandés Paavo Talvela ordenó cancelar las operaciones en el Lago Ladoga.
Entre los acontecimientos más significativos durante el asedio de Leningrado estuvo el del 9 de Agosto de 1942 cuando los alemanes se lanzaron al asalto contra una posición soviética de la que inesperadamente se escuchó una extraña música, la cual en seguida identificaron con la Séptima Sinfonía del director Dmitri Shostakóvich. En realidad se trató de la Orquesta de Radio Leningrado, cuyas notas amplificadas mediante altavoces se disfrutaron en toda la ciudad y también en las trincheras de primera línea del enemigo, algo que sin duda resucitó la moral de los soviéticos y les ayudó a frenar en seco el asalto germano, por lo que a partir de ese instante la composición fue rebautizada con el nombre de Sinfonía de Leningrado.
Bajo el código de «Operación Sintavin», el Ejército Alemán desencadenó en Agosto de 1942 una breve ofensiva sobre el área del Río Voljov con la intención de entrar de Leningrado y desahogar la asfixiada retaguardia del Grupo de Ejércitos Norte, al mismo tiempo en que otras unidades lideradas por el general Erich Von Manstein hacían lo propio en dirección a la metrópoli, en este caso dentro del marco de la «Operación Nordlich» que empezó el 21 de Septiembre. A pesar de que durante el asalto los alemanes alcanzaron los suburbios, en donde combatieron sobre las calles más periféricas y sufrieron cuantiosas pérdidas a manos de los francotiradores, al final fueron incapaces de progresar más hacia el interior de la metrópoli. Simultáneamente en el exterior, los soldados españoles de la División Azul también cosecharon ciertos éxitos a la hora de establecer una serie de cabezas de puente y expulsar a las tropas soviéticas de las orillas del Río Neva. No obstante salvo por este triunfo de carácter local, la arremetida se detuvo en Septiembre de 1942 cuando Adolf Hitler ordenó su cancelación al otorgar prioridad a otros escenarios del Frente Oriental, habiendo sido las bajas hasta entonces de 26.000 para el Eje y 114.000 para los soviéticos, incluyendo 12.000 prisioneros (el 55% del total de efectivos en ese momento).
Año 1943
Con la llegada del nuevo invierno de 1942 a 1943, los habitantes y combatientes del Ejército Rojo en Leningrado estaban mucho más preparados para aguantar las calamidades del hambre y las inclemencias climáticas a diferencia del fatídico año 1941. De hecho por aquel entonces las bocas a alimentar eran muchas menos debido a que un alto porcentaje de la población había muerto en el invierno anterior y cientos de miles de ciudadanos habían sido evacuados durante el verano. Aunque estos factores no evitarían que los sitiados continuasen sufriendo un estricto racionamiento, la gran cantidad de reservas alimenticias almacenadas para las más de 750.000 personas atrapadas en la metrópoli, al menos les permitirían tener las suficientes calorías para vivir e incluso para resistir las embestidas del Ejército Alemán.
El 12 de Enero de 1943 el Ejército Rojo lanzó su primera gran ofensiva destinada a liberar Leningrado bajo el nombre de «Operación Iskra», la cual desencadenó entre las orillas del Río Voljov y las costas del Lago Ladoga. Al principio los soviéticos abrieron un corredor de 8 kilómetros de ancho por 11 kilómetros de largo dentro del marco de la «Operación Spark», arrollando las primeras posiciones del Eje y avanzando hacia el interior para liberar la jornada del 18 la ciudad de Schlüsselburg, en donde curiosamente capturaron el primer tanque Tiger de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo menos suerte tuvieron las tropas rusas contra el Ejército Finlandés en el Istmo de Carelia, ya que no pudieron progresar ni un sólo kilómetro y encima se vieron forzadas a retirarse con elevadas pérdidas en sus filas. Tampoco las fuerzas soviéticas lograron progreso alguno contra los españoles de la División Azul, quienes las rechazaron sobre Puskin, Kolpino y el Río Izhora, además de vencerlas durante un combate cuerpo a cuerpo en los Altos de Sinvanino y Posselok, en cuyas cumbres sufrieron cientos de pérdidas a costa de encajar los hispanos un total de 401 bajas entre 124 muertos y 277 heridos.

Cañón hispano con dotación de la División Azul Española perteneciente al 250º Regimiento de Artillería a las afueras de Leningrado.
La «Operación Iskra» terminó en un naufragio absoluto para el Ejército Rojo sobre prácticamente todos los sectores, pues los rusos se dejaron unas 115.000 bajas entre 34.000 muertos y 81.000 heridos o desaparecidos, a costa de provocar al Grupo de Ejércitos Norte y al Ejército Finlandés unas 9.000 bajas entre 1.700 fallecidos y 7.300 heridos. A partir de entonces apenas se produjeron cambios significativos porque la ciudad de Leningrado continuó estando sometida al sitio y a las incursiones de la aviación germano-finesa que dejaron un saldo de 16.000 civiles fallecidos, así como a los bombardeos de artillería, incluyendo de cañones ferroviarios pesados como la Batería «Langer Bruno» que con sus dos tubos de 280 milímetros disparó 80 proyectiles con los que destruyó un depósito de suministros en Pis Kareva, pero también la Batería «Kurz Bruno» del mismo calibre que con 60 salvas causó daños en la Factoría Bolchevique de Tanques y en los Astilleros de Marti y Suobmek.
El 22 de Agosto de 1943, el Ejército Rojo volvió a realizar una nueva tentativa de ofensiva sobre toda la línea del frente de Leningrado que como de costumbre se estancó y concluyó en una masacre con 80.000 bajas, de las que 21.000 fueron muertos y 59.000 heridos, prisioneros o desaparecidos. Al cabo de tres semanas, el 15 de Septiembre, los alemanes pasaron a la contraofensiva con la «Operación Nordlich II», la cual infligió unas 70.000 bajas de todos los tipos a los rusos, pero estos la rechazaron y se mantuvieron firmes en sus posiciones, ya que a esas alturas cualquier intento por doblegar la voluntad de los defensores era inútil para las agotadas fuerzas del Eje.
Año 1944
A comienzos de 1944 el Eje había fracasado totalmente en su plan de rendir Leningrado por hambre y además había malgastado infinidad de tropas y material bélico durante un asedio que no estaba sirviendo para nada desde su mismo planteamiento en el año 1941. A esta complicada situación encima se añadía que Alemania estaba retrocediendo en todos los teatros del Frente Oriental, por lo que el Ejército Rojo no dudó en aprovecharse de esta debilidad y lanzar una contraofensiva desde el exterior del anillo para levantar de una vez por todas el cerco a la ciudad que había visto nacer la Revolución Bolchevique.
Bajo el nombre de «Operación Neva I» y «Operación Neva II», el Estado Mayor Soviético (STAVKA) planeó una contraofensiva para quebrar el anillo de Leningrado y empujar a las fuerzas del Eje hacia Estonia, reuniendo para ello a 677.000 efectivos y 2.211 aviones distribuidos sobre el Frente de Leningrado del general Leonid Govorov y el Frente del Voljov del general Kiril Meretskov que convergerían en pinza hasta unir sus vanguardias cerca del Lago Peipus o en todo caso el Río Neva. De todos estos enormes recursos el Frente de Leningrado concentró 417.000 hombres, 600 tanques, 6.000 piezas de artillería, 1.621 aviones y 62 cañones ferroviarios de los 61 a 406 milímetros, los cuales se repartían en el II Ejército de Choque del general Iván Fedyuninsky sobre Oraniembaum compuesto por el XLIII Cuerpo con las 48ª, 90ª y 98ª Divisiones de Fusileros, más el CXXXII Cuerpo con las 11ª, 131ª y 138ª Divisiones de Fusileros; en el XXIII Ejército del general Aleksandr Cherepanov junto al Istmo de Carelia articulado por las 10ª, 92ª y 142ª Divisiones de Fusileros; en el XLII Ejército del general Iván Nikolaev en la propia ciudad integrado por el XXX Cuerpo con las 45ª, 63ª y 64ª Divisiones de Guardias, el CIX Cuerpo con las 72ª, 109ª y 125ª Divisiones de Fusileros, y el CX Cuerpo con la 220ª Brigada Blindada y las 56ª, 85ª, 86ª y 189ª Divisiones de Fusileros; y en el LXVII Ejército del general Vladimir Sviridov por debajo del Lago Ladoga constituido por el CXVI Cuerpo con las 13ª, 46ª y 376ª Divisiones de Fusileros, y el CXVIII Cuerpo con las 124ª, 128ª, 268ª y 291ª Divisiones de Fusileros. Por el contrario el Frente del Voljov desplegó de norte a sur a 260.000 tropas y 590 aviones del VIII Ejército del general Filipp Stárikov que englobaba al CXIX Cuerpo con las 18ª, 286ª, 364ª y 374ª Divisiones de Fusileros; del LIV Ejército del general Sergei Roginsky que agrupaba al CXI Cuerpo con la 44ª División de Montaña y la 288ª División de Fusileros, y al CXV Cuerpo con las 80ª, 177ª, 198ª, 281ª y 285ª Divisiones de Fusileros; y del LIX Ejército del general Iván Korovnikov que estructuraba al VI Cuerpo con las 65ª, 239ª y 310ª Divisiones de Fusileros, al XIV Cuerpo con las 191ª, 225ª y 378ª Divisiones de Fusileros, y al CXII Cuerpo con la 2ª División de Artillería y las 2ª, 372ª y 377ª Divisiones de Fusileros.
Los altos mandos del Eje se imaginaron que tarde o temprano el Ejército Rojo intentaría levantar el cerco en torno a Leningrado, por lo que el general Georg Von Küchler, responsable del Grupo de Ejércitos Norte, diseñó un plan de retirada hacia Estonia codificado «Blau», pero haciéndolo en una serie de escalones perimetrales para minimizar las pérdidas y dejar muy debilitados a sus oponentes. Se trató de la «Línea Panther» que en tiempo récord construyó un personal conformado por 15.000 soldados, 7.500 prisioneros forzados y 24.000 civiles, el cual se articulaba en 276 kilómetros de fosos anticarro, 122 kilómetros de trincheras, 151 kilómetros de alambre de espino y 4.828 posiciones defensivas sobre los enclaves de Dno, Porkhov, Soltsy, Novo Sokolnivi, Mga, Krasny Bor, Chudovo y Novgorod, incluyendo parte del Río Narva y el Lago Peipus, sin obviar con que los ingenieros se encargaron de inundar amplias franjas de tierra tras abrir las esclusas del Canal de Duderhof.
El XVIII Ejército Alemán entre Leningrado y Oraniembum sería el encargado de retrasar lo máximo posible al Ejército Rojo con un total de 168.000 efectivos, 2.400 piezas de artillería, 140 tanques (incluyendo 52 Panther) y 433 aviones. Al mando del general Georg Lindemann, la distribución en arco de oeste a sureste se efectuó del siguiente modo: el III Cuerpo SS Panzer del general Felix Steiner con la 4ª División SS de Policía «Polizei», la 11ª División SS Panzer Escandinava «Nordland», las 9ª y 10ª Divisiones de la Luftwaffe, y la 4ª Brigada SS de Granaderos Holandesa «Nederland»; el L Cuerpo del general Wihelm Wegener con las 126ª, 170ª y 215ª Divisiones de Infantería; el LIV Cuerpo del general Otto Sponheimer con las 11ª, 24ª y 225ª Divisiones de Infantería; el XXVI Cuerpo del general Anton Grasser con la 61, 212ª, 227ª y 254ª Divisiones de Infantería; y el XXVIII Cuerpo del general Herbet Loch con la 28ª División de Cazadores, las 1ª, 11ª y 12ª Divisiones de la Luftwaffe, las 21ª, 96ª y 121ª Divisiones de Infantería, la 2ª Brigada SS de Granaderos Letona y la Legión Azul Española.
A las 8:55 horas de la mañana del viernes 14 de Enero de 1944 comenzó un devastador bombardeo de piezas de artillería, trenes blindados e incluso el destructor Oktyabraska Revolutsiya desde el Mar Báltico, así como de los 200 cañones costeros emplazados en la Base Naval de Kronstadt. Los 100.000 proyectiles caídos sacudieron las posiciones de las 9ª y 10ª Divisiones de la Luftwaffe sobre el perímetro de la «Cabeza de Oraniembaum» entre Peterhof y Lopuschinka, a través del cual penetraron las vanguardias mecanizadas rusas que con rapidez progresaron 4 kilómetros para liberar la aldea de Gostilitsy y la Fortaleza de Porozli. Gracias a aquel golpe sorpresa los rusos capturaron un lote de 265 cañones a los germanos, exactamente los mismos que habían batido Leningrado, por lo que a modo de venganza emplearon a 85 de estas bocas para abrir fuego contra las fuerzas que se retiraban hacia la «Línea Panther».
Simultáneamente el Frente del Voljov también emprendió su propia ofensiva en pinza sobre el extremo más oriental de Leningrado mediante un fuego preparatorio de la artillería que disparó unos 133.000 proyectiles sobre el Río Voljov y ataques de 15.000 partisanos a la retaguardia que volaron 300 puentes, hicieron descarrillar 133 trenes o vagones y boicotearon 58.000 tramos de vías, aunque por el contrario la aviación rusa apenas pudo actuar debido a que el techo de nubes se situó a entre 100 y 200 metros del suelo y la visibilidad se redujo a tan sólo un margen de 100 y 150 metros. A continuación una masa de 230 tanques T-34, T-70 y KV-1 arrollaron algunas de las posiciones germanas, mientras un batallón de esquiadores y tropas a bordo de aerodeslizadores atravesaban las aguas congeladas del Lago Ilmen.
Veinticuatro horas después, a las 7:10 horas del 15 de Enero de 1944, un nuevo bombardeo de artillería devastó las posiciones del Eje a las afueras de Leningrado con 2.300 cañones, morteros y lanzacohetes que arrojaron 220.000 proyectiles sobre un sector de 17 kilómetros. A continuación el XLII Ejército Soviético también pasó por encima de las posiciones del Eje, con ciertas dificultades y retrasos, mientras la aviación rusa reducía a cenizas las poblaciones de Krasnoie Selo, Diderhof y Pushkin. A pesar de que la 9ª División de la Luftwaffe aguantó los envites iniciales sobre Uritsk, Strelnja y Vastolo, finalmente perdió los tres y quedó virtualmente fuera de combate con 3.058 bajas entre 314 muertos, 1.196 heridos y 1.548 desaparecidos, estando entre las víctimas el general Ernst Martin (sería sustituido por el general Heinrich Geerkens que también moriría dos días después).
Mientras tanto en el sector del Río Voljov el LIX Ejército Soviético terminó de limpiar las últimas orillas del Lago Ilmen y arremetió contra la población de Nekhovo defendida por voluntarios de Letonia, en este caso los miembros de la 2ª Brigada SS de Granaderos Letona al mando del general Voldemars Veiss, quienes resistieron en un arco de 2 kilómetros durante unos días hasta que fueron expulsados de la localidad de Nekhokovo el 16 de Enero. Lo mismo le ocurrió en el Río Voljov al XXXVIII Cuerpo Alemán del general Kurt Herzog que no tuvo más remedio que emprender una improvisada retirada hacia la seguridad del Río Luga, así como a los soldados hispanos de la Legión Azul que abandonaron Kostovo, algo que permitió a las tropas soviéticos recuperar la histórica ciudad de Novgorod el 20 de Enero.
Gradualmente las fuerzas del Eje fueron retrocediendo ante el rodillo del Ejército Rojo, pues en el norte las fuerzas del Ejército Finlandés fueron empujadas hacia el interior del Istmo de Carelia, mientras más al sur las tropas soviéticas tomaron el enclave de Mgu el día 21, por ese entonces el nudo ferroviario que enlazaba con Moscú, así como la localidad de Pushki el 22. Menos suerte tuvo el II Ejército de Choque ante Kingisepp porque la 11ª División SS Panzer «Nordland» resistió la presión de los rusos durante cuatro jornadas hasta que finalmente se tuvo que retirar el 26 en dirección al Río Luga. De hecho la plana mayor de los escandinavos quedó cercada con toda la oficialidad y el general Fritz Von Scholz en Kirowa, pero por fortuna fue rescatada gracias a un intrépido contraataque protagonizada por una compañía del Regimiento SS de Grananderos Noruego «Norge».
La jornada del 26 de Enero resultó ser aciaga para el Eje cuando un destacamento de 13 carros Panther adscritos a la 11ª División SS Panzer «Norland» quedaron rodeados por 60 blindados rusos en el distrito de Gubianzy, resultando todos los tanques germanos destruidos a costa de tan sólo haber acabado con 13 blindados enemigos (un KV-1 y doce T-34). Algo más de suerte tuvo un grupo de circunstancia de esta misma división bautizado como «Kampfgruppe Wengler», cuyo nombre tomó en honor a su capitán Maximilian Wengler, pues acabó con 73 carros rusos en la aldea de Wolossovo, antes de verse obligado a replegarse de la ciudad el 27 de Enero, exactamente igual que hicieron los restos del III Cuerpo SS Panzer a la hora de evacuar el nudo de Krasnogvardeysk y las localidades de Tosno y Chudovo.
Durante los últimos días de Enero los germanos fueron abandonando el área de Gubianzy, pero a cambio de infligir cuantiosas bajas a sus oponentes, como por ejemplo sucedió cuando un contingente de la 4ª Brigada SS de Granaderos Holandesa «Niederland» conformado por tres piezas anticarro Pak de 75 milímetros y ocho semiorugas artillados Stummel SdKfz 251/9, repelieron un asalto de 350 soldados rusos y 56 tanques, logrando destruir nada menos que 45 blindados T-34 (doce a manos del oficial Gaspar Sporck) a costa de perderse tan sólo tres vehículos.
El 27 de Enero de 1944, las últimas tropas del Eje levantaron el cerco y pusieron fin al sitio de Leningrado que hasta la fecha había durado 872 días, más o menos el equivalente a tres años, lo que convertía a este asedio en el más largo de la Segunda Guerra Mundial (abarcando la mitad del conflicto). Al cabo de tres días, la jornada del 30, las vanguardias del II Ejército de Choque y el XLII Ejército Soviético enlazaron en la ciudad de Ropscha, liberando con ello a las últimas tropas rusas sitiadas que permanecían en la «Cabeza de Oraniembaum».
Hasta entonces las pérdidas de la contraofensiva lanzada por el Ejército Rojo sumaron 277.740 bajas entre 68.575 muertos (56.546 del Frente de Leningrado y 12.011 del Frente del Voljov) y 209.165 heridos (170.876 del Frente de Leningrado y 38.289 heridos del Frente del Voljov), así como un total de 260 aviones derribados en el aire. Contrariamente el XVI Ejército Alemán encajó unas 21.000 bajas entre 20.000 muertos o heridos y 1.000 prisioneros, además de serles a los germanos abatidos en el cielo un totsl de 206 aviones.
El 31 de Enero de 1944, justo un día después de haberse puesto fin al asedio de la «Cabeza de Oraniembaum», considerada el último tramo sitiado de Leningrado, el general Georg Von Küchler dimitió como comandante en jefe del Grupo de Ejércitos Norte cuando Adolf Hitler le prohibió retirarse hacia Estonia. El sustituto fue el mariscal Walter Model, considerado un maestro del arte defensivo, pero la situación por aquel entonces era tan delicada que el nuevo líder militar consiguió autorización del Führer para emprender el repliegue hacia la zona del Río Narva y el Lago Peipus, poniendo con ello punto y final a la larga batalla por Leningrado.
Conclusión
Cuando Leningrado fue definitivamente liberada a finales de Enero de 1944, el secretario Andrei Zhdanov que ostentaba el liderazgo local del Partido Comunista Soviético (PUCS), anunció por radio el siguiente mensaje: En el curso de los combates del día de hoy se ha completado una misión histórica de importancia: la ciudad de Leningrado ha sido totalmente liberada del bloqueo del enemigo y del bombardeo de su artillería. Nada más terminar de pronunciar estas palabras, a continuación se decretaron 30 segundos de silencio oficial, para acto seguido estallar la población en un júbilo espontáneo de alegría que los habitantes celebraron bailando en las calles, organizando un bonito espectáculo nocturno de fuegos artificiales y disparando 24 salvas de cañón en honor a los caídos.
La Unión Soviética sufrió 1.300.000 muertos (332.059 soldados y 1.000.000 de civiles).
El Eje sufrió 20.000 muertos (15.000 alemanes, 4.000 fineses y 1.000 españoles).
Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, la ciudad de Leningrado recibió como premio a su valor la Orden de Lenin de las manos del mismo Iósif Stalin; mientras que el Presidente Franklin Delano Roosevelt de Estados Unidos concedió a la metrópoli el Pergamino de Leningrado, además de agradecer su sacrificio con las siguientes palabras: En nombre del pueblo de los Estados Unidos de América, presento este pergamino a la Ciudad de Leningrado como tributo a sus heroicos soldados y a sus leales hombres, mujeres y niños, que aislados del resto de su nación por el invasor y a pesar del continuo bombardeo y de los indescriptibles sufrimientos del frío, el hambre y la enfermedad, lograron defender con éxito su venerada ciudad a lo largo del período crítico del 8 de Septiembre de 1941 al 18 de Enero de 1943, simbolizando así el espíritu indomable de los pueblos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y de todas las naciones del mundo frente a las fuerzas de la agresión.
El Sitio de Leningrado de 1941 a 1944 tuvo la particularidad de convertirse en la segunda campaña más sangrienta del Frente Oriental con alrededor de 1 millón de muertos, siendo tan sólo superada por la Batalla de Stalingrado de 1942 a 1943 con unos 1.300.000 fallecidos. De hecho en la ciudad báltica perdieron la vida el 5% de todos los civiles de la Unión Soviética, algo explicable debido a que se prolongó unos 900 días en lo que sin duda fue uno de los episodios más trágicos en la Historia de Rusia.
Bibliografía:
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-José Ángel Martos, Heroica Resistencia de Leningrado, Revista Muy Historia Nº76 (2016), p.12-17
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-http://en.wikipedia.org/wiki/Siege_of_Leningrad



