Asedio de Leningrado

El Asedio de Leningrado fue la batalla más larga y angustiosa del Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial. Librada entre 1941 y 1944 sobre una de las ciudades principales de la Unión Soviética, el sitio se prolongó nada menos que 900 interminables días en los que las fuerzas del Eje fueron incapaces de acceder a la metrópoli, aunque a un coste altísimo porque más de 1 millón de personas perdieron la vida.

Leningrado

Cuando el Zar Pedro I el Grande era un niño soñador con el deseo de conocer qué había más allá de las fronteras de Rusia, se prometió a si mismo que dotaría a su amada nación de una ciudad tan grande y espectacular con la que poder emular a las de las demás potencias extranjeras en los confines del mundo que viajeros y marineros solían relatarle. Años más tarde, ya convertido en héroe tras derrotar al Reino de Suecia en 1700 durante la Gran Guerra del Norte, pudo hacer el sueño realidad porque sobre la fría zona de Ingria que acababa de arrebatar a los suecos, edificaría la metrópoli que tanto ansiaba con el nombre de San Petesburgo.

San Petesburgo fue levantada sobre unos bajos del Golfo de Finlandia que dominaba la entrada estratégica al Mar Báltico. Dividida en tres brazos por la desembocadura del Río Neva, canales, lagos y pantanos ramificaron la urbe y la cercaron de agua por todas partes, cuya superficie al congelarse en invierno ofrecía un hermoso parque helado por el que pasear o patinar. De la misma forma, jardines, puentes y viviendas aristocráticas configuraron el aspecto panorámico de la metrópoli, teniendo como calle principal la Avenida Nevsky Prospekt, así como impresionantes y altas construcciones como la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, la Catedral de San Isaac, el Palacio del Invierno o las hermosas flores del Jardín Botánico.

Históricamente San Petesburgo estuvo ligado a la tragedia porque ya durante las mismas obras de construcción en tiempos de Pedro I el Grande millares de esclavos perdieron la vida en los trabajos. Algo similar sucedió en el Domingo Sangriento de 1905 con miles de obreros tiroteados por la Guardia Cosaca o en el bloqueo naval que ejerció Alemania a la metrópoli durante la Primera Guerra Mundial, lo que propició el cambio de nombre de San Petesburgo a Petrogrado (por sonar demasiado germánico a ojos de la opinión pública). Sin embargo de todos los acontecimientos el más triste ocurrió durante la Revolución Bolchevique de 1917 con el asalto al Palacio del Invierno y el ascenso del poder a los Soviets, lo que supuso una persecución sin precedentes en el llamado “Terror Rojo”. De hecho sería durante la etapa comunista de Iósif Stalin cuando en 1924 la Unión Soviética rebautizó a la urbe con la denominación de Leningrado, en honor al difunto Vladimir Lenin.

Plan del Eje

Leningrado constituyó uno de los principales objetivos fijados durante la “Operación Barbarroja” en Junio de 1941 y una pieza clave de la Segunda Guerra Mundial para provocar el desmoronamiento de la Unión Soviética debido a que era un importante nudo de comunicaciones que enlazaba el norte del país con los puertos del Océano Glacial Ártico y por carretera con la misma capital de Moscú. Como era lógico, Adolf Hitler ordenó al Grupo de Ejércitos Norte elaborar un plan de conquista para la ciudad, cuyo principal problema iban a ser los 3.000.000 de ciudadanos a los que iba a ser menester alimentar.

El general Walter Warlimont del Ejército Alemán (Wehrmacht) destinado al norte de Rusia urdió un maléfico plan para evitar conquistar Leningrado al asalto consistente en asediar la ciudad y dejar morir de hambre a la población, proceso que según él llevaría dos meses como mínimo o hasta la llegada del invierno como máximo. De hecho esta macabra idea originalmente había sido estudiada científicamente por el profesor dietético Ernst Ziegelmeyer del Instituto de Nutrición de Munich, quién tras analizar el censo de habitantes y las raciones almacenadas por los rusos, concluyó que en muy poco tiempo los ciudadanos tendrían que sobrevivir con 250 gramos de pan, una cifra insuficiente para mantenerse en pie. De este modo, en caso de conseguir consolidarse un sitio compacto por tierra y un bloqueo del puerto desde el Mar Báltico, los alimentos se acabarían rápidamente y los defensores irían falleciendo por inanición sin tener los alemanes necesidad de luchar y sufrir bajas. Así dio su visto bueno a la operación Adolf Hitler cuando decretó que el Grupo de Ejército Norte atacase la ciudad desde al sur; al mismo tiempo en que desde el norte el Ejército Finlandés descendería por el Istmo de Carelia para completar el asedio y apoderarse de Leningrado que sería anexionada por Finlandia, tal y como pactaron las fuerzas del Eje.

Aproximadamente el Eje reunió a un total de 725.000 efectivos entre 500.000 alemanes, 200.000 finlandeses, 20.000 españoles y 89 italianos que formaban parte dle Grupo de Ejércitos Norte al mando del general Wilhelm Ritter Von Leeb. Básicamente se trataba del XVIII Ejército Alemán con los XXVI y XLII Cuerpos (cinco divisiones de infantería); el XVI Ejército Alemán con los I, II, X y L Cuerpos (doce divisiones de infantería y una blindada); y el IV Ejército Panzer con los XXXVIII, XLI y LVI Cuerpos (dos divisiones blindadas, dos motorizadas, una de granaderos y tres de infantería). Al mismo tiempo Finlandia estacionó la Fuerza de Defensa Finesa del mariscal Gustav Emil Von Mannerheim con los I, II y IV Cuerpos, además del Destacamento Naval K del capitán Paavo Talvela. Por último Italia envió a la XII Flotilla MAS del capitán Giuseppe Bianchini y la neutral España a los voluntarios de la División Azul al frente del general Emilio Estaban Infantes.

Fuerzas del Eje:
·Grupo de Ejércitos Norte Alemán
-XVIII Ejército Alemán = LII y XXVI Cuerpos
-XVI Ejército Alemán = I, II, X, XXVIII y L Cuerpos
-IV Ejército Panzer = XXXVIII, LI y LVI Cuerpos
-División Azul Española
·Ejército Finlandés
-Fuerza de Defensa Finesa = I, II y IV Cuerpos
-Destacamento Naval K
-XII Flotilla MAS Italiana

Plan de la URSS

Los habitantes de Leningrado ya habían conocido más o menos lo qué era estar en un conflicto bélico tras la Guerra Ruso-Finesa de 1939 a 1940, donde la cercanía del frente con Finlandia propició un racionamiento diario que la gente muy a menudo se saltó, mostrándose en ocasiones enfadada con las autoridades estalinistas. Al cabo de un año después de la Guerra de Invierno, nada más producirse la “Operación Barbarroja” el 22 de Junio de 1941, la Unión Soviética entró en guerra nuevamente con Finlandia y ahora también con Alemania, aunque en el caso de los germanos el frente se hallaba a 100 kilómetros, mientras que de los finlandeses a tan sólo 100 kilómetros, por lo que la mayoría pensó que por el momento la contienda se desarrollaría exclusivamente contra el Ejército Finlandés.

Aparentemente parecía presagiar un asedio a Leningrado porque la economía de la metrópoli continuó funcionando cotidianamente con actividades típicas como la pesca o las habituales jornadas laborales en las industrias de madera, papel, tipográficas, productos químicos, vidrios, jabón y curtidos. De hecho hasta el 27 de Junio, el general Markian Popov que había sido elegido jefe de la guarnición junto con el secretario político Andrei Zhdanov y el alcalde Pyotr Popkov, no decretaron la primera medida bélica consistente en la prohibición de guardar excedentes de comida y en cumplir un estricto toque de queda desde la medianoche hasta las 4:00 horas de la madrugada, limitando las jornadas en lugares de recreo, parques o restaurantes. Dos días más tarde, el 29 de Junio, se llamó a la movilización general de toda la población que obligatoriamente se vio forzada a trabajar en tareas de fortificación que alcanzaron los 635 kilómetros de alambradas, excavación de trincheras con barricadas de madera de 306 kilómetros, zanjas anticarro de 700 kilómetros, refugios antiaéreos, tendidos de dientes de dragón, forraje de edificios con sacos terreros o incluso a patrullar la zona como parte de la Defensa Civil compuesta por 14.000 voluntarios, una labor gracias a la cual se extendió una línea defensiva de 80 kilómetros de largo en torno al Río Luga (solamente quedaron excluidos del servicio las mujeres embarazadas, enfermos, y menores de 16 años o mayores de 50).

Aproximadamente la Unión Soviética reunió 930.000 tropas para el sitio de Leningrado. Según la unidad de cada agrupación, el despliegue fue el siguiente: el VII Ejército (dos divisiones de fusileros, una división de defensa, una brigada de marineros, tres brigadas motorizadas y un regimiento blindado), el VIII Ejército con los X y XI Cuerpos de Fusileros (ocho divisiones de fusileros), el XIV Ejército con el XLII Cuerpo de Fusileros (cuatro divisiones de fusileros y un regimiento motorizado), el XXIII Ejército con el XIX Cuerpo de Fusileros (cinco divisiones de fusileros y un regimiento de fusileros), el Grupo de Operaciones “Luga” con el XLI Cuerpo de Fusileros (tres divisiones de fusileros, una brigada blindada y un regimiento de fusileros) y el Grupo de Operaciones “Kingisepp” (una división blindada, dos divisiones de fusileros y dos divisiones de defensa).

Ejército Rojo:
Frente Norte
·VII Ejército
·VIII Ejército
-X Cuerpo de Fusileros
-XI Cuerpo de Fusileros
·XIV Ejército
-XLII Cuerpo de Fusileros
XXIII Ejército
-XIX Cuerpo de Fusileros
·Grupo de Operaciones Luga
-XLI Cuerpo de Fusileros
·Grupo de Operaciones Kingisepp

Año 1941

Oficialmente el cerco sobre Leningrado comenzó a cerrarse el 21 de Agosto de 1944 cuando las tropas del Ejército Alemán capturaron y cortaron la vía de ferrocarril hacia Chudovo que conectaba directamente con la capital de Moscú. Una semana más tarde, el 30 de Agosto, los alemanes se apoderaron del último nudo ferroviario de Mgu; mientras que al día siguiente, el 31, el Ejército Finlandés que descendía del Istmo de Carelia entre el Mar Báltico y el Lago Ladoga bloqueó la ciudad desde el norte tras conquistar los municipios de Kirjasalo y Beloostrov a tan sólo 20 kilómetros de distancia. Con este último movimiento, Leningrado quedó totalmente asediada e incomunicada del resto de la Unión Soviética.

El domingo 1 de Septiembre de 1941, los aviones de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) hicieron su primera aparición sobre Leningrado arrojando numerosas bombas. Entre los daños causados estuvo la destrucción de varios edificios, entre estos la Fábrica Saolin y la central eléctrica situada a un kilómetro del Lago Ladoga, además de perder la vida algunos civiles y resultar otros tantos heridos. Curiosamente, a este bombardeo siguió el lanzamiento de una serie de octavillas a los habitantes de la ciudad que decía: Hombres, mujeres y niños de Leningrado: Vuestra ciudad está completamente rodeada por los ejércitos alemanes. El Alto Mando no desea en modo alguno imponer sufrimientos a la población civil. Pero la rendición constituye la única alternativa a la aniquilación absoluta o al hambre. Convenced a vuestros dirigentes de que es preciso sacrificar el bolchevismo en aras de la paz. ¡Es mejor ser un súbdito sano de vuestros conquistadores indiscutibles que un bolchevique hambriento!

Aviones finlandeses sobre Leningrado.

Al día siguiente del raid de la Fuerza Aérea Alemana, el 2 de Septiembre de 1941, comenzó el largo racionamiento de la ciudad que debía durar cuatro años. Sin saber cuánto duraría el asedio, los expertos en nutrición y dietética racionaron lo único que tenían de la siguiente manera: azúcares para 60 días, grasas animales para 45 días, harina para 35 días, trigo para 35 días, carne sacrificada para 33 días y cereales para 30 días. Inicialmente se distribuyó semanalmente a la semana medio kilo de carne, medio kilo de cereales, tres cuartos de kilo de azúcar y 200 gramos de grasa por cabeza, mientras que a diario se repartieron 800 gramos de pan. Simultáneamente para evitar saqueos y robos, así como el surgimiento de un mercado negro, se creó la Sección Especial del Frente de Leningrado adscrita a la Policía Estatal Soviética (NKVD), la cual no dudó en ejecutar a quién escondiese comida, poseyera bonos falsos o traficara ilegalmente con alimentos. De igual manera restaurantes, cantinas y comedores sociales también tuvieron sus propias cartillas que limitaban las raciones, mientras que los trabajadores o militares disfrutaron de una cantidad algo mayor. No obstante y pesar de todas estas iniciativas, las autoridades no pudieron evitar que en la primera semana la gente comprase abusivamente aquellos alimentos que todavía no habían pasado por los comités de racionamiento y los almacenasen en las despensas de sus hogares.

De todos los avances del Grupo de Ejércitos Norte sobre Leningrado, el de mayor penetración se llevó a cabo el 8 de Septiembre de 1941 cuando los tanques Panzer se situaron a tan sólo 8 kilómetros de la ciudad. Sin embargo a partir de este punto, la resistencia enemiga fue decisiva porque los soviéticos recurrieron a la formación de voluntarios civiles sin uniforme, quienes careciendo de ningún tipo de conocimiento militar, fueron lanzados contra el enemigo junto a soldados profesionales sin posibilidad de vuelta atrás porque los batallones del NKVD cubrían la retirada amenazando a todo aquel que retrocediese. Gracias a esta táctica mediante la cual los rusos aparentaban ser más en número, no sólo paralizaron el avance alemán, sino que además lograron desarticular algún puesto militar del enemigo.

El mes de Septiembre de 1941 constituyó el de los grandes bombardeos de la Luftwaffe como como por ejemplo el del día 2 que incendió 150 viviendas, destruyó 3.000 toneladas de azúcar en una fábrica y 3.000 toneladas de harina en otra, además de pulverizar un almacén de productos en los que se echó a perder toda la comida. Esta nueva crisis en los víveres obligó al Ejército Rojo a abrir una ruta secreta de alimentos hacia la ciudad consistente en un tramo de costa de 25 kilómetros que enlazaba el Lago Ladoga con el muelle de Osinovets, el cual a su vez era abastecido a través de un corredor de agua en Novaya Ladoga desde donde se enviaban los suministros desde una serie de almacenes unidos por vía férrea a Tijvin. Así fue como el 12 de Septiembre las dos primeras gabarras navegaron hacia Osinovets llevando 800 toneladas de trigo a Leningrado que descargaron sin ser descubiertas, siendo el éxito celebrado por los habitantes de la metrópoli con bailes en las calles. Menos suerte tuvo el segundo cargamento porque de las 3.000 toneladas enviadas, 2.000 se perdieron porque bombarderos en picado Stuka hundieron a dos gabarras en medio del canal. A partir de entonces tanto los aviones germanos como los finlandeses, incluyendo su propia artillería posicionada en Schlüsselburg, hostigaron la ruta de Osinovets causando la pérdida de 450.000 toneladas en el Lago Ladoga, aproximadamente el 90% del cargamento, llegando a Leningrado solamente el 10% del cargamento enviado con poco menos de 45.000 toneladas, insuficientes para alimentar a la población.

Con el clima invernal de Octubre de 1941, a la falta de comida se unió el frío que rápidamente envolvió de hielo y nieve toda Leningrado, además de unas temperaturas que bajaron bruscamente a los -40ºC grados bajo cero. Esta situación que coincidió con el agotamiento del carbón y el petróleo, así como una ausencia de energía absoluta después de ser destruidos todos los generadores por los bombardeos, obligó a los habitantes a tener que recurrir a la madera de los muebles, a trastos inservibles o periódicos y libros que arrojaron a hogueras a modo de calefacción. Mientras tanto, un grupo de 800 voluntarios consiguieron talar algo de madera en los Bosques de Pargolovo y Vsevolozhsk, los únicos no ocupados por los alemanes; al mismo tiempo que unos buzos extrajeron 5.000 toneladas de carbón bajo el agua del puerto, concretamente de unos barcos ingleses procedentes de Cardiff que en el siglo XIX habían arrojado el mineral al fondo. También fue necesario reparar los daños urbanos y por eso algunos obreros trasladaron piedras desde la cercana Isla de Kretovski. Incluso la Fábrica Kirov, cuyos empleados eran en un 70% de mujeres, continuó produciendo algunos tanques y municiones que partían al frente del asedio, siendo por ello sus trabajadoras condecoradas con la Orden de la Bandera Roja y la Orden de Lenin. Respecto a las Juventudes del Partido Comunista del Komsomol, los jóvenes se organizaron en patrullas para atender a 1.000 enfermos y socorrer a otras 7.000 personas.

Imágenes de la terrible mortandad que sacudió a Leningrado. Izquierda: Muertos por inanición en medio de las calles son sepultados por la nieve. Derecha: Fallecidos a manos de los bombardeos de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe).

Durante el Aniversario de la Revolución Bolchevique de Octubre 1917, el 7 de Noviembre de 1941, la Luftwaffe bombardeó intensamente Leningrado. Sorprendentemente y a pesar del sufrimiento, la población no se amedrentó porque para elevar la morar se repartieron regalos del siguiente modo: los niños recibieron una porción de leche con una cucharada de harina de patata y los adultos tomates salados. Lamentablemente los bombardeos continuaron causando estragos como el corte del suministro de agua, lo que agrandó los incendios en la ciudad que ni siquiera los equipos de bomberos fueron capaces de apagar porque hasta ellos mismos se desplomaban por falta de calorías. Ante tal ausencia de comida se tuvo que reducir las raciones de los obreros y soldados a 600 gramos diarios, de otros empleados a 350 gramos y de las familias convencionales a 300 gramos. Desesperados, los habitantes tuvieron que obrar milagros para sobrevivir como por ejemplo convertir el azúcar quemado de una fábrica en un sirope calcinado que se podía mascar e ingerir sin riesgo como un caramelo. También científicos y químicos inventaron pan con un un 20% de harinas trituradas, un 10% de semillas oleosas y un 10% de celulosa, lo mismo que leche con semillas de soja o sopa de agua caliente de hojas de pino o cuero de zapato hervido. Incluso los buzos rescataron del Lago Ladoga algunas toneladas de trigo que se pudieron secar y recuperar para comer. Por suerte a mediados de Octubre, Leningrado recibió abastecimientos por aire gracias al cercano Aeródromo de Tijvin, desde donde los aviones soviéticos efectuaban un puente aéreo llevando 45 toneladas de víveres diarios. Desgraciadamente los alemanes descubrieron la estratagema rusa, por lo que el 9 de Noviembre conquistaron Tijvin y capturaron a todos los aviones aparcados sobre la pista, lo que acabó con cualquier esperanza de recibir vía aérea alimentos para Leningrado.

Al congelarse la ruta del Lago Ladoga por Osinovets a causa del invierno, la navegación de gabarras se hizo imposible para seguir abasteciendo Leningrado. Fue entonces cuando los expertos glaciólogos estudiaron el lago y afirmaron que la capa de hielo no sería transitable para los vehículos hasta mediados de Enero porque de momento el grosor era tan sólo de 10 centímetros. Lamentablemente si se esperaba hasta entonces, Leningrado fallecería de inanición, por lo que se hubo de enviar una expedición a buscar una ruta alternativa. El equipo elegido estuvo integrado por cinco personas, entre estas cuatro funcionarios comunistas y un glaciólogo acompañado de un caballo; cuyas raciones para dos días incluyeron un cuarto de kilo de pan, un filete de carne seca prensada y una tableta de chocolate, además de una alforja con hojas de árbol para el animal. El 18 de Noviembre de 1941, la expedición partió sobre el paraje congelado del Lago Ladoga con la misión de buscar un camino lo suficientemente compacto para alcanzar Lednevo a 30 kilómetros. Atados con cuerdas unos a otros para no perderse en medio de la ventisca, el glaciólogo se fue deteniendo cada varios cientos de metros para tomar muestras del hielo. Milagrosamente los miembros del equipo consiguieron alcanzar ilesos la localidad de Lednevo la tarde del día 20 tras 70 horas de largo viaje. Una vez puestos a salvo, los expedicionarios llegaron a la conclusión de que el riesgo de circular con vehículos era muy elevado, pero no si tomaban una ruta mucho más larga situada a 300 kilómetros en Zaborie. A sabiendas de esta información, los soviéticos enviaron 10 camiones hacia Leningrado, de los cuales dos se hundieron en el hielo junto a sus conductores, aunque 8 alcanzaron la ciudad llevando 33 toneladas de comida. A raíz de este resultado tan positivo y haciendo caso omiso del peligro, desde Moscú se ordenó que se construyera una carretera de hielo hasta Zaborie.

A mediados de Noviembre de 1941, los trabajos para la construcción de la ruta sobre el Lago Ladoga comenzaron bajo unas terribles condiciones invernales desde el punto de partida en Zaborie. En primer lugar se tuvieron que talar los bosques que obstaculizaban el camino con centenares de trabajadores, quienes con picos, sierras o palas, cortaban troncos día y noche recibiendo únicamente 37 gramos de pan, un nabo y una patata. A continuación miles de soldados y civiles con palas se dedicaron a despejar el agua congelada de nieve para hacer viable la circulación. Concluida la obra el 6 de Diciembre de 1941, la vía de suministros fue bautizada como “Carretera de Socorro” por el Ejército Rojo y “Carretera de la Vida” por los ciudadanos de Leningrado. Solamente en su primer trayecto un total de 350 camiones tardaron seis días en alcanzar su objetivo, tiempo excesivamente largo debido a las averías y a las 27 horas que tenían que permanecer parados por grietas en el hielo, aunque finalmente consiguieron avituallar a la ciudad con algunos alimentos.

Fuera de Leningrado los combates prosiguieron entre el Ejército Rojo y las diversas fuerzas germano-fineses del Eje. Aquel mismo mes de Noviembre de 1941, las tropas finlandesas cruzaron el Río Sestra e iniciaron una cruenta lucha de varios días sobre el Monte Munakukkula, donde se combatió con cuerpo a cuerpo a la bayoneta, hasta que después de numerosas cargas y cambiar la cima varias veces de manos, los finlandeses se hicieron con la cumbre tras sufrir numerosas pérdidas. Algo más de suerte tuvieron los soviéticos frente a los alemanes, pues el 9 de Diciembre de 1941 desencadenaron una ofensiva local sobre el Aeródromo de Tijvin que gracias al factor sorpresa consiguieron reconquistar tras causar a los defensores germanos 7.000 bajas entre muertos y heridos.

Piezas de artillería antiaérea soviéticas abren fuego contra los terribles bombarderos sobre Leningrado. Justo detrás de las baterías se vislumbra la Catedral de San Isaac iluminada por los destellos.

La “Carretera de la Vida” fue llevando 100 toneladas de suministros a Leningrado a lo largo del invierno de 1941 mediante tres viajes diarios de ida y vuelta con camiones, aunque también con perros y caballos estirando de trineos. Ni las voladuras de los únicos puentes transitables que echaron abajo los alemanes, ni los cuantiosos vehículos o animales que cayeron al hielo con la consiguiente muerte de sus conductores, amedrentaron a los soviéticos que eran premiados con medallas al valor tras sobrevivir a más de tres viajes u ovacionados por una población orgullosa, como por ejemplo los obreros de la Fábrica Stalin que colgaron carteles con los siguientes eslóganes: “La Patria y Leningrado no olvidarán jamás vuestros esfuerzos”. Gracias a esta labor la ruta de aprovisionamiento se amplió a nuevos puntos de partida como Osinovets, Kabora, Ladoga Novaya, Sysstroi, Kolchanovo y Koskovo; e incluso durante la Navidad entregaron un regalo a los habitantes consistente en 50 gramos más de pan por cada ciudadano sitiado.

Entre finales de 1941 y principios de 1942, Leningrado vivió el período más trágico de su existencia por sus famélicos y hambrientos habitantes comenzaron a morir de inanición por millares, aproximadamente entre 3.000 y 12.000 ciudadanos cada día. Con rapidez cientos de cadáveres se amontonaron en las calles, la mayoría personas que se habían desplomado caminando y la nieve poco a poco las había engullido; aunque otros muchos perecieron en sus propias casas, conviviendo con los cuerpos de sus familiares sin vida durante días enteros. Tal fue la mortandad que los cementerios y tumbas pronto quedaron saturadas, lo que obligó a las autoridades a arrojar los miles de muertos a fosas comunes. Mientras tanto, aquellos que se resignaban a morir comieron animales domésticos como caballos, perros, gatos e incluso ratas de las cloacas que salían hambrientas a las calles, llegándose a producir escandalosos casos de canibalismo entre los cuerpos que adornaban las avenidas o individuos que ingirieron las grasas de las maquinarias en las industrias. A pesar de todo se fabricaron ingeniosos inventos para llevarse algo a la boca como sopas hechas de encuadernación de libros, caldos de hojas secas, pasta de ramas jóvenes de árbol cocidas con turba o sal, pan de celulosa, harina de algodón, leche de algas, lácteos con intestino de gato mezclado con aceite de clavo e incluso se elaboraron 2.000 toneladas de salchichas cocinadas con cuerda de violines que mezclaban con simiente de lino y aceite de maquinaria industrial. Por si fuera poco en aquel contexto generalizado de congelación y desnutrición, también afloraron diversas enfermedades como problemas cardíacos o respiratorios, hidropesía, escorbuto, llagas en piel y vientres hinchados en niños. Aquel horror, fue tristemente retratado por el pintor Nikolai Kochergin en su obra Junto a la verja del Jardín de Verano, quién pese estar muy débil, tuvo fuerzas suficientes para levantar su pincel.

Año 1942

Al comenzar el 1 de Enero del Nuevo Año 1942, el Ejército Rojo que en el exterior del cerco de Leningrado poseía su base de operaciones en Tijvin, desencadenó un asalto hacia el cercano pueblo de Voibokalo, cuyas tropas arrebataron a los alemanes para apoderarse de su importante nudo ferroviario con el que se facilitó llevar suministros a la ciudad. Este revés forzó a las fuerzas germanas y finlandesas a incrementar los bombardeos aéreos sobre la “Carretera de la Vida” e incluso a efectuar ataques mediante esquiadores sobre la ruta de camiones, por lo menos hasta que los soviéticos enviaron a sus propios soldados con esquís para contrarrestarlos. Gracias a estas medidas pudieron llegar a Leningrado un total de 1.500 toneladas de víveres diarias, lo que aumentó las raciones por persona a 200 gramos de carne o pescado y 400 gramos de pan.

Alrededor de 10.000 personas cada día continuaron falleciendo por inanición en Leningrado a inicios de 1942, aunque no las suficientes según lo calculado por el Estado Mayor Alemán para exterminar de hambre a toda su población. A raíz de esta táctica fallida que fue matando más lento de lo previsto, los invasores decidieron acelerar el proceso mediante bombarderos masivos contra la ciudad, por lo que durante las jornadas próximas, bombarderos Heinkel He 111, Junkers Ju 88, aviones en picado Stuka y cazas Messerschmitt 109, descargaron todo tipo de artefactos y ametrallaron las avenidas a ras de suelo acabando con la vida de miles de personas; al mismo tiempo en que los poderosos cañones de 88 milímetros de largo alcance dispararon hasta 20.000 proyectiles sobre la metrópoli provocando la muerte a otros 2.000 civiles. Esta serie de bombardeos que nuevamente no socavaron la moral de los civiles, sí que dejaron un saldo alarmante en pérdidas materiales porque el 63% de las fábricas quedaron sin luz eléctrica, el 80% de los cristales de la ciudad se rompieron en pleno invierno y estructuras de edificios famosos sufrieron serios daños como las principales universidades, el Palacio del Invierno y el Jardín Botánico.

Esquiadores soviéticos se preparan para salir de Leningrado y buscar algo de comida. Sobre la fotografía los soldados pasan por debajo del Museo de la Ermita y sus gigantes de piedra.

Al venir la primavera de 1942 y producirse el deshielo del Lago Ladoga, las gabarras pudieron volver a transitar y las carreteras costeras quedaron libres de nieve para reanudar la circulación hacia Leningrado. Desde entonces toneladas de alimentos fluyeron hacia la ciudad, cuya población poco a poco volvió a recuperar su salud. Gracias a esta apertura al tráfico, 500.000 personas pudieron ser evacuadas a través del nudo ferroviario que enlazaba con Tijvin; aunque algo más de un millón permaneció en la metrópoli para trabajar intensamente en la construcción de defensas. Durante dichas labores, los ciudadanos se dedicaron a talar los bosques, demoler casas de troncos para aprovechar la madera, reparar los depósitos de agua, limpiar de cadáveres las calles, tender barricadas, cavar trincheras, extraer turba de los pantanos e incluso poner en funcionamiento el tranvía. De hecho, para evitar la falta de alimentos se cultivaron hasta 7.000 hectáreas de hortalizas, patatas y repollos en parques y jardines de la urbe o sus alrededores, recibiendo cada familia un manual de jardinería con instrucciones sobre botánica. Aproximadamente todos los habitantes entre los 15 y 60 años fueron movilizados para este tipo de tareas, alargándose la jornada de los obreros a dos horas, las amas de casa a seis y los administradores a ocho; todo ello a pesar de la debilidad calórica, a las enfermedades contraídas el pasado invierno y a los golpes de calor veraniegos que se cobraron también algunas vidas.

Nuevamente en el verano de 1942 la ruta acuática de Osinovets en el Lago Ladoga se convirtió en un objetivo clave del Eje para impedir el abastecimiento hacia Leningrado. Así fue como se organizó una considerable fuerza fluvial compuesta por el Destacamento Naval K Finés con la lancha torpedera Sisu; la XII Flotilla MAS Italiana con las lanchas cañoneras MAS 526, MAS 5527, MAS 528 y MAS 529; y la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine) con las lanchas dragaminas SF-11, SF-12, SF-21 y SF-26. Curiosamente las incursiones de estas embarcaciones del Eje, en especial las finlandesas, tuvieron sorprendentes éxitos como el hundimiento de algunas gabarras soviéticas y el bloqueo de los muelles Osinovets, a los cuales dejaron paralizados un tiempo por culpa de las minas submarinas. También los italianos se distinguieron especialmente porque la XII Flotilla MAS cañoneó y destruyó una estación de radio enemiga en el Islote de Sukho, lo que cortó la comunicación entre el Lago Ladoga y Leningrado; además de hundir las lanchas italianas a un cañonero soviético y una gabarra con víveres. No obstante y a pesar de estos logros, tantos los aviones rusos como los patrulleros fluviales de la Flota Roja, respondieron contundentemente interceptando y hundiendo las lanchas dragaminas alemanas SF-11, SF-12, SF-21 y SF-26. Ante este inesperado revés, el capitán finlandés Paavo Talvela ordenó cancelar las operaciones navales en el Lago Ladoga.

Sorprendentemente una de las acontecimientos más llamativos durante el asedio de Leningrado sucedió el 9 de Agosto de 1942 cuando los alemanes se lanzaron al asalto contra una posición soviética de la que inesperadamente se oyó sonar la melodía de una extraña música. Concretamente se trató de la Séptima Sinfonía compuesta por Dmitri Shostakóvich, que en aquellos momentos se puso a tocar la Orquesta de Radio Leningrado, cuyas notas amplificadas mediante altavoces escuchó toda la ciudad y también el enemigo en las trincheras de primera línea. Gracias a esta obra musical que resucitó la moral de los combatientes, los soviéticos rechazaron el asalto germano y salvaron a la ciudad de caer en manos del enemigo, lo que le valió a la composición ser rebautizada con el nombre de Sinfonía de Leningrado.

Bajo el nombre de “Operación Sintavin” el Ejército Alemán desencadenó en Agosto de 1942 una breve ofensiva sobre el área del Río Voljov con la intención de entrar de Leningrado. Aunque durante el asalto los alemanes alcanzaron los suburbios de la ciudad, donde combatieron entre las calles periféricas y sufrieron bajas a manos de los francotiradores, no pudieron progresar más al interior. Simultáneamente algo más al exterior, los soldados españoles de la División Azul también cosecharon ciertos éxitos como establecer una serie de cabezas de puente en el Río Neva y expulsar a las tropas soviéticas de sus orillas. Sin embargo y pese a estos triunfos de carácter local, en Septiembre de 1942 la ofensiva se detuvo repentinamente cuando Adolf Hitler ordenó su cancelación en vista de razones estratégicas ajenas al Frente Oriental.

Año 1943

Con la llegada del nuevo invierno de 1942 a 1943, los habitantes y combatientes del Ejército Rojo en Leningrado estaban mucho más preparados para aguantar las inclemencias del hambre y el clima. De hecho y a diferencia de los dos años anteriores, las bocas que alimentar eran muchas menos porque la mayoría habían muerto el invierno anterior o habían sido evacuadas durante el verano; algo que sumado a la gran cantidad de reservas alimenticias recogidas para los 750.000 ciudadanos presentes, estos iban a seguir sufriendo un estricto racionamiento pero con las suficientes calorías para vivir y resistir las embestidas del Ejército Alemán.

Cañon hispano con dotación de la División Azul Española perteneciente al 250º Regimiento de Artillería a las afueras de Leningrado.

El 12 de Enero de 1943 el Ejército Rojo lanzó su primera gran ofensiva destinada a liberar Leningrado bajo el nombre de “Operación Iskra”. Desencadenada entre el Río Voljov y las costas del Lago Ladoga, los soviéticos abrieron un corredor de 8 a 11 kilómetros de ancho y largo arrollando las primeras posiciones del Eje y avanzando hacia el interior. Gracias a este inesperado golpe, el Ejército Rojo pudo liberar el 18 de Enero el importante enclave de Schlüsselburg y capturar sobre la zona el primer tanque Tigre alemán de la Segunda Guerra Mundial. Menos suerte sin embargo tuvieron las tropas soviéticas contra el Ejército Finlandés en el Istmo de Carelia, en donde no pudieron progresar ni un sólo kilómetro y por tanto se vieron forzadas a retirarse con elevadas pérdidas. Respecto a la “Operación Iskra” en el sector de la División Azul, los españoles rechazaron al Ejército Rojo sobre los enclaves de Puskin, Kolpino y el Río Izhora, además de vencer a los rusos durante un combate cuerpo a cuerpo en los Altos de Sinvanino y Posselok, los cuales se retiraron con cientos de bajas a costa de encajar los hispanos 401 entre 124 muertos y 277 heridos.

Después de la “Operación Iskra” que terminó naufragando para el Ejército Rojo en casi todos los sectores por los que arremetió contra el Grupo de Ejércitos Norte y el Ejército Finlandés, apenas se produjeron cambios significativos a finales de 1943. La ciudad de Leningrado continuó sometida a sitio y a bombardeos por parte de la aviación germano-finesa que dejaron un saldo de 16.000 civiles muertos; aunque insuficientes para mantener el ritmo del asedio que a largo plazo se le fue haciendo cada vez más costoso al Eje tanto en recursos humanos como en términos económicos.

Año 1944

A comienzos de 1944, el Eje había fracasado totalmente en su plan de rendir Leningrado por hambre y además había malgastado infinidad de tropas y material bélico durante un asedio que no estaba sirviendo de nada. Pero por si aquello no fuese suficiente, a aquellas alturas de la contienda la situación militar de Alemania era de completa debacle en todos los sectores del Frente Oriental, una debilidad que sin duda aprovechó el Ejército Rojo para lanzar una contraofensiva desde el exterior del anillo y levantar el cerco a la ciudad.

Contraofensiva soviética sobre Leningrado en Enero de 1944.

Al amanecer del 14 de Enero de 1944, el Ejército Rojo desencadenó su última gran ofensiva hacia Leningrado mediante un potente bombardeo preliminar de artillería y aviación que cayó sobre las filas del Grupo de Ejércitos Norte. Completamente sorprendidos e inferiores en número, los alemanes fueron arrollados y su perímetro defensivo situado en la “Línea Pantara” rebasado por las oleadas de soldados y tanques T-34. Durante el fugaz e interrumpido avance, un lote de 85 cañones emplazados en el sitio fueron capturados por los rusos, los cuales a modo de venganza simbólica los usaron para abrir fuego contra las mismas tropas germanas en retirada. Finalmente y después de una semana de intensos combates, las fuerzas del Eje no tuvieron más remedio que troceder porque el 21 de Enero los soviéticos tomaron el enclave de Mgu que enlazaba su nudo ferroviario con Moscú; al mismo tiempo en que en el sector norte los rusos empujaban de manera definitiva a los soldados finlandeses del sur del Istmo de Carelia.

Oficialmente el 27 de Enero de 1944, las últimas tropas del Eje levantaron el asedio y pusieron fin al bloqueo sobre Leningrado. Hasta ese momento la ciudad había sufrido 872 días de sitio, aproximadamente unos tres años de duración, lo que constituyó el cerco más largo de la contienda que cronológicamente se abarcó la mitad de toda la Segunda Guerra Mundial.

Conclusión

Cuando Leningrado fue definitivamente liberada el 27 de Enero de 1944, el secretario del Partido Comunista Sociético (PUCS) de la ciudad, Andrei Zhdanov, anunció por radio el siguiente mensaje: En el curso de los combates del día de hoy se ha completado una misión histórica de importancia: la ciudad de Leningrado ha sido totalmente liberada del bloqueo del enemigo y del bombardeo de su artillería. Inmediatamente después de haber sido pronunciadas estas palabras, se decretaron 30 segundos de silencio; para acto seguido estallar la población en un júbilo espontáneo de alegría que los habitantes celebraron bailando en las calles, organizando por la noche un bonito espectáculo de fuegos artificiales y disparando 24 salvas de cañón en honor a los caídos.

La Unión Soviética sufrió 1.300.000 muertos (332.059 soldados y 1.000.000 de civiles).

El Eje sufrió 20.000 muertos (15.000 alemanes, 4.000 fineses y 1.000 españoles).

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, Leningrado recibió de manos de Iósif Stalin la Orden de Lenin por su valor; mientras que del Presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt, el Pergamino de Leningrado en representación del pueblo norteamericano que agradeció el sacrificio con las siguientes palabras: En nombre del pueblo de los Estados Unidos de América, presento este pergamino a la Ciudad de Leningrado como tributo a sus heroicos soldados y a sus leales hombres, mujeres y niños, que aislados del resto de su nación por el invasor y a pesar del continuo bombardeo y de los indescriptibles sufrimientos del frío, el hambre y la enfermedad, lograron defender con éxito su venerada ciudad a lo largo del período crítico del 8 de Septiembre de 1941 al 18 de Enero de 1943, simbolizando así el espíritu indomable de los pueblos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y de todas las naciones del mundo frente a las fuerzas de la agresión.

Junto con la Batalla de Stalingrado (1942-1943) que dejó más de 1.300.000 muertos, el Asedio de Leningrado (1941-1944) con más de 1 millón de fallecidos, fue la campaña más sangrienta del Frente Oriental. Solamente en esta ciudad en donde perdió la vida el 5% de los civiles de toda la Unión Soviética debido a su prolongamiento en el tiempo a lo largo de 900 días, convirtió a Leningrado en el asedio más duradero de la Segunda Guerra Mundial y en uno de los sucesos más trágicos de la Historia de Rusia.

 

Bibliografía:

-Alan Wykes, El Sitio de Leningrado, San Martin Historia del Siglo de la Violencia (1975), p.6-159
-Editores de S.A.R.P.E., Crónica Política y Militar de la Segunda Guerra Mundial. “Los 900 días de Leningrado”, S.A.R.P.E. (1978), p.1.402-1.420
-José Ángel Martos, Heroica Resistencia de Leningrado, Revista Muy Historia Nº76 (2016), p.12-17
-Carlos Caballero Jurado, Atlas ilustrado de la División Azul. “La Batalla del Ladoga”, Susaeta (2010), p.156-169
-R.G. Grant, 1.001 Batallas que cambiaron el curso de la Historia, “Leningrado”, Grijalbo, (2012), p.822
-http://en.wikipedia.org/wiki/Siege_of_Leningrad