Anexión de Estonia, Letonia y Lituania

Cuando el 23 de Agosto de 1939 fue firmado el Pacto de No Agresión Germano-Soviético, también conocido como “Pacto Ribbentrop-Molotov”, ambas potencias pasaron a repartirse en esferas de influencia toda la Europa Oriental. Mientras que se reconoció la soberanía de Alemania sobre la parte occidental de Polonia; a la URSS le fueron asignadas la parte oriental de dicha nación, ciertos territorios fronterizos con Finlandia y Rumanía, y por supuesto los llamados “Países Bálticos” que los rusos se anexionarían entre finales de ese año y la mitad de 1940 con Estonia, Letonia y Lituania.

Al materializarse la doble invasión de Polonia que llevaron a cabo el Tercer Reich y la Unión Soviética, pronto los representantes de Berlín y Moscú comenzaron a reunirse en los despachos para el siguiente paso a dar sobre la Europa del Este. Después de un desfile militar del Ejército Alemán y el Ejército Rojo sobre la recién conquistada plaza polaca de Brest-Litovsk a la que asistieron el general Heinz Guderian y el general Semen Krivoshien, los dos bandos finalmente pactaron la frontera definitiva sobre el continente en el Río Bug, dando Adolf Hitler desde ese instante luz verde a Iósif Stalin para proceder a apropiarse de los “Países Bálticos”.

Los “Tres Países Bálticos” habían pertenecido al Imperio Ruso hasta su secesión tras la Revolución Bolchevique de 1917, cuando tuvieron que librar una serie de guerras contra la Rusia Soviética de las que salieron triunfales, obteniendo Lituania su independencia en 1919, mientras que las vecinas Letonia y Estonia en 1920. A esta humillación para el Kremlin hubo que añadir que en 1926 se estableció un régimen anticomunista en Lituania bajo el liderazgo del Presidente Anastasas Smetona y el movimiento patriótico de la Unión Nacional Lituana, pero también en 1934 en Estonia con el Presidente Kârlis Ulmanis y su brazo armado paramilitar de los “Guardianes” o “Aizsargi”, así como en 1938 en Estonia con el Presidente Konstantin Päts y su milicia nacionalista de la Unión de Combatientes “Vaps”.

A finales de Septiembre de 1939, los buques de la Flota Roja del Báltico comenzaron a bloquear los principales puertos de las tres repúblicas bálticas y los bombarderos de la Fuerza Aérea Soviética incluso violaron en vuelos de reconocimiento el espacio aéreo de la capital estonia de Tallin. Así fue como el 28 de ese mes, el Ministro de Asuntos Exteriores Vyacheslav Molotov envió una nota coercitiva bajo el disfraz de un supuesto Pacto de Asistencia Mutua Soviético-Estonio al Ministro de Asuntos Exteriores Karl Selter, por el cual se exigía el libre tránsito del Ejército Rojo por Estonia. Otro documento muy similar recibió el 5 de Octubre en Letonia el Ministro de Asuntos Exteriores Vilhelms Munters ser amenazada su patria por la presencia de dieciséis divisiones soviéticas en la frontera; lo mismo que el día 10 en Lituania el Ministro de Asuntos Exteriores Juozas Urbsys.

Tanques del VIII Ejército Soviético en la capital letona de Riga.

Firmados forzosamente los pactos con el Kremlin, un total de 25.000 soldados del VII Ejército Soviético movilizado en Leningrado invadieron Estonia bajo la pasividad del Ejército Estonio, antes de que los rusos se asentaran sobre el puerto de Paldiski en la Península de Pakri y se anexionaran un total de 1.500 diminutos islotes en el Mar Báltico, incluyendo algunos territorios insulares más grandes como la Isla de Hiiumaa y la Isla de Saaremaa. Simultáneamente 20.000 efectivos del VIII Ejército Soviético con base en Pskov conquistaron Lituania entrando en la capital de Kaunas; a la vez en que esta misma agrupación con 25.000 hombres hizo lo propio con Letonia, asentando sus fuerzas en las ciudades de Liepâja, Ventspils y Pitrags.

Sorprendentemente la ocupación del Ejército Rojo a los “Países Bálticos” no afectó a la política que siguió en manos de los regímenes autoritarios de las tres repúblicas sin instaurarse ningún tipo de sistema comunista. Sin embargo y como era de imaginar, Iósif Stalin simplemente había pospuesto dicho objetivo, ya que tras asegurarse que Francia había sido derrotada por Alemania en el continente y de que la Fuerza Expedicionaria Británica escapaba maltrecha al Reino Unido, urdió una trama consistente en asegurar la existencia una conspiración militar conjunta de estonios, letones y lituanos según unos artículos sacados fuera de contexto de la Revista Báltica o Revue Baltique. Así fue como el 14 de Junio de 1940 la Unión Soviética envió un ultimátum a Lituania y al día siguiente, el 15, tanto a Letonia como a Estonia.

El 15 de Junio de 1940 el Ejército Rojo invadió el resto de Lituania y desarmó sin pegar un sólo tiro a todas las unidades del Ejército Lituano. Al mismo tiempo en que esto sucedía, la Flota Roja del Báltico bloqueó el Golfo de Finlandia y el Golfo de Riga con 145 navíos entre un crucero, siete destructores, diecisiete submarinos y 120 embarcaciones de transporte, además de poner en el aire 219 aviones, uno de los cuales derribó por error a un trimotor civil finlandés Junkers Ju 52 llamado “Kaleva” en el que murieron tres diplomáticos estadounidenses, incluyendo el secretario de relaciones exteriores Henry William Atheyl. Como consecuencia de este incidente el Gobierno de los Estados Unidos condenaría a la Unión Soviética y a modo de represalia reconocería como gabinetes legítimos a los gobiernos exiliados de los “Países Bálticos”.

Tropas del Ejército Rojo entrando en la capital estonia de Tallin.

Veinticuatro horas después de la conquista total de Lituania, el 16 de Junio el Ejército Rojo invadió Letonia encontrando escasa resistencia en la localidad de Maslenki, donde tras una serie de choques perdieron la vida 37 letones entre 10 guardias y 27 civiles, antes de que los soviéticos entrasen triunfales en la capital de Riga. Algo más complicado fue invadir Estonia porque pese a ocupar toda la nación con rapidez, en la Calle Raua de la capital de Tallin un grupo de milicianos y soldados estonios se parapetaron en los edificios y dispararon contra los rusos, desatándose una intensa batalla callejera que se prolongó cinco días, a veces interviniendo coches blindados y equipos de ingenieros. Finalmente después de dos muertos en el campo estonio, concretamente los combatientes Aleksei Männikus y Johannes Mandre, los defensores se rindieron al Ejército Rojo que encajó diez fallecidos y el doble de heridos en sus filas, declarando desde instante sometida toda la ciudad de Tallin y por ende Estonia.

Finalizada la anexión de los “Países Bálticos” el Kremlin fundó las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Estonia, Letonia y Lituania que existirían desde 1940 hasta 1941, con la excepción de los años que estuvieron sometidas al Tercer Reich, y posteriormente desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 hasta la caída del comunismo en 1991. Lamentablemente durante cuatro décadas las “repúblicas bálticas” perdieron su soberanía y cientos de miles de sus ciudadanos fueron ejecutados o sufrieron deportación a los gulags de Siberia, algo que sin duda abrió una brecha muy difícil de subsanar entre estonios, letones y lituanos con la vecina Rusia.

 

Bibliografía:

-Antonio García Palacios, Cruces en la Nieve. La Resistencia Alemana y Letona en Curlandia 1944-45, “Banderas Rojas”, HRM Ediciones (2020), p.43-48
-https://en.wikipedia.org/wiki/Soviet_occupation_of_the_Baltic_states_(1940)