Anexión de Bukovina, Besaravia, Transilvania y Dobrudja

 

Rumanía territorialmante se encontraba en una situación muy difícil al empezar la Segunda Guerra Mundial si no sabía escoger bien sus alianzas. Como era de esperar debido a la incompetencia de sus gobernantes y en especial del Rey Carol II, las consecuencias fueron nefastas para la nación cuando de repente se vió agredida desde todas sus fronteras por la Unión Soviñetica, Hungría y Bulgaria.

Preludio

Victoriosa había salido Rumanía en la Primera Guerra Mundial dentro del bando de los Aliados. A costa de Hungría había obtenido Transilvania habitada por minorías nacionales y a costa de Bulgaria lo mismo había sucedido con Dobrudja. También Rumanía venció en la Guerra Civil Rusa triunfando sobre la Rusia Bolchevique que le había tenido que ceder Besaravia y Bukovina. Con todas estas ganancias el país duplicó geográficamente su tamaño al doble, apróximadamente 150.000 kilómetros cuadrados..

Durante la época de entreguerras Rumanía consolidó su posición en los dominios gracias al apoyo de Gran Bretaña y Francia, vencedores al igual que Bucarest en la Gran Guerra. No obstante a nivel interno Rumanía no era fuerte debido al descontento social por la casta gobernante y en especial con el Rey Carol II, que dirigía el país de manera absolutista. El movimiento fascista de la Guardia de Hierro liderado por Corneliu Zelea Codreanu era el grupo más poderoso que luchaba para derribar a la monarquía y acabar con la corrupción.

Cuando en 1937 la Guardia de Hierra estuvo a punto de ganar las elecciones, el Rey Carol II temiendo perder su Corona, organizó un golpe de Estado que apoyaron París y Londres. Codreanu fue asesinado junto a otros miembros de la Guardia de Hierro que fueron perseguidos masivamente por todo el país y ejecutados en fosas comunas. Carol II disolvió también el Parlamento e ilegalizó al resto de partidos políticos, erigiéndose como fuerza política única su propio partido, el Frente del Renacimiento Nacional.

En los dos años siguientes el Rey Carol II junto a su influyente esposa Magda Lupescu, dirigieron el país con maneras autoritarias. La supervivencia de su absolutismo se debía en parte gracias al reconocimiento de Gran Bretaña y Francia. Esta alineación política de Londres y París se basaba en que ambos países estaban interesados en que la Guardia de Hierro permaneciese fuera del poder a causa de su política exterior favorable a Alemania e Italia, sus máximos competidores en Europa. No obstante, a pesar de las diferencias, Alemania llegó a tener contratos con Bucarest que aseguraban al Tercer Reich comprar 1.500.000 toneladas de petróleo anual, cereales y madera.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial el futuro de Rumanía pasó instantáneamente a depender de un hilo. Carol II sabía que si no elegía al bando vencedor en sus relaciones diplomáticas de amistad, su país sería duramente por el contrario. A partir de esta línea de actuación una vez más se demostró la incompetencia del Rey al apoyar públicamente a Gran Bretaña y Francia, dos potencias lejanas al otro lado del continente que no podían socorrerle; mientras que optó por enemistarse con Alemania, que por aquel entonces era aliada de la Unión Soviética, Hungría y Bulgaria, tres país que rodeaban a Rumanía en sus fronteras. Nadie en Bucarest se dignó a mirar un mapa de su propio país para ver el suicidio que estaban cometiendo. La única esperanza de Carol era que los Aliados venciesen, de lo contrario su país estaría condenado a la catástrofe.

Error de Rumanía

Hasta ese momento un buen puñado de miembros de la Guardia de Hierro, por aquel entonces liderada por Horia Sima, se encontraban en la clandestinidad, ocultos en los Cárpatos o bien exiliados en Alemania e Italia. Desde la persecución iniciada por el monarca habían decidido permanecer escondidos hasta encontrar el momento oportuno para actuar. Ese instante víno repentinamente con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939. En secreto unos legionarios junto al embajador rumano simpatizante Mihail Stirdza se reunieron en Septiembre de 1939 en Copenhague, Dinamarca, con representantes de la Gestapo alemana y fascistas italianos. El motivo de la entrevista era una operación para matar al Rey, misión que dirigiría el Escuadrón de la Muerte liderado por Miti Dumitrescu con los estudiantes Cezar Popescu, Traian Popescu, Ion Moldoveanu, Ion Ionescu e Ion Vasiliu.

Sin nadie esperarlo en Rumanía, el día 21 de Septiembre se produjo el atentado. Contra todo pronóstico el Rey Carol II sobrevivió, aunque perdió la vida el Ministro del Interior y Defensa, Armand Calinescu, viejo enemigo de la Guardia de Hierro. Como represalia la monarquía no tuvo límites en emplear la máxima violencia. Cientos de los legionarios presos fueron en las cárceles fusilados masivamente y colgados de las farolas por las calles por Bucarest. Uno de los hechos más sorprendentes fue que las autoridades obligaron a niños, estudiantes y colegiales a desfilar frente a los cadáveres de los legionarios ahorcados.

El atentado no derribó a la monarquía de Carol II, sin embargo la Guardia de Hierro pudo habérselo ahorrado, pues serían los siguientes acontecimientos internacionales los que propiciarían su caída. Inesperadamente Francia fue conquistada por Alemania en 1940 y Gran Bretaña derrotada en los campos de batalla. Carol II había elegido mal a sus amigos y de repente se encontraba con que estaba rodeado de enemigos buscando una explicación por su apoyo a los vencidos.

Anexión de Besaravia y Bukovina

Iósif Stalin, líder la Unión Soviética, en regla con el Pacto de No Agresión Germano-Soviético que estipulaba en una cláusula recuperar los territorios a costa de Rumanía, exigió el 26 de Junio de 1940 a Carol II que devolviese a Rusia las provincias de Bukovina y Besaravia. Atemorizado por los sucesos el monarca acudió a Adolf Hitler para impedirlo, curiosamente con quién se había puesto en contra anteriormente. En un acto de cinismo habló maravillas del Führer y del nacionalsocialismo, pero Hitler no se las creyó y obligó al Rey a obedecer a Stalin cediéndole los territorios reclamados. A toda prisa se hubo de abandonar las dos regiones mientras largas columnas de civiles se desplazaban arrastrando sus pertenencias. Victoriosas las tropas soviéticas del Ejército Rojo entraron en Bukovina y Besaravia, territorios que anexionaron como la República Socialista Soviética de Moldavia. Todos los rumanos étnicos que no tuvieron tiempo de escapar fueron arrestados y deportados a miles a los gulags de Siberia donde la mayoría encontró la muerte.

El Ejército Rojo de la Unión Soviética avanzando con tanques ocupa Bukovina.

Tras el desastre de Bukovina y Besaravia el Rey Carol II se vió en la necesidad de entablar conversaciones con los alemanes para que le ayudasen y por eso mismo volvió a legalizar a la Guardia de Hierro de Horia Sima. El objetivo era que los legionarios, los cuales eran germanófilos e italianófilos, intercedieran por él para evitar más reclamaciones de sus vecinos. Incluso se llegó a nombrar Ministro de Exteriores a un miembro de la Guardia de Hierro, Mihail Manoilescu. No obstante, de nada servirían ahora estos gestos, pues Rumanía se había portado mal con Alemania y tanto Hungría como Bulgaria siempre la habían ayudado.

Anexión de Transilvania

Hungría en Agosto de 1940 informó también de sus intenciones para arrebatar Transilvania a los rumanos. Desesperado por los acontecimientos, Carol II suplicó por tercera vez ayuda a Berlín sin éxito. Los Acuerdos de Viena, ratificados por el Almirante Miklos Horthy de Hungría, junto a los Ministro de Asuntos Exteriores alemán e italiano, Joachim Von Ribbentropp y Galeazzo Ciano respectivamente, estipularon que Rumanía debía ceder a las peticiones húngaras.

Sobre Transilvania cundió un pánico general en cuanto supieron que iban a venir los húngaros, especialmente en la capital de Cluj. Todos los servicios públicos dejaron de funcionar, los funcionarios quemaron miles de documentos, se cortaron los telégrafos, las oficinas de correo desmontaron sus equipamientos y los establecimientos como tiendas y bares cerraron sus puertas por miedo a los saqueos. El 30 de Agosto de 1940 Hungría invadió y se anexionó Transilvania, un total de 180.000 kilómetros cuadrados.

Desfile triunfal del Ejército Húngaro con infantería y tanques sobre Cluj, capital de Transilvania. El Tratado del Trianon tras la Primera Guerra Mundial acaba de ser anulado para Hungría.

Toda esta catástrofe territorial víno acompañada de un descontento general de la población con Carol II. Por ejemplo los impuestos que recaudaba el monarca eran abismales, de hecho en cada panecillo había un sello de aviación para hacer creer a los consumidores que el dinero iba a financiar las fuerzas aéreas, no obstante su destino real eran cuentas bancarias en el extranjero en donde se iban acumulando las riquezas del Rey. La economía tampoco iba bien, lo mismo que los millones de desplazados de los territorios anexionados que no tenían sitio en donde alojarse.

Caída de Carol II

Inesperadamente el 3 de Septiembre de 1940, miles de personas en Bucarest y otras partes del país, junto a cientos de legionarios de la Guardia de Hierro, se echaron a las calles pidiendo la dimisión del monarca que los había conducido a la catástrofe nacional. El Rey y la Reina, aterrorizados por los manifestantes que rodeaban el Palacio Real, se escondieron junto a su perro Urdereanu tras una persiana hasta que llegó el Ejército para repeler la protesta.

Con urgencia Carol II convocó a un general que él mismo había metido en la cárcel en el pasado por opiniones enfrentadas, Ion Antonescu, con el fin de que recobrase la dignidad del país. Lo que nunca se imaginó es que tras reunirse con el militar, Antonescu le obligó a abdicar o él mismo daría un golpe de Estado. Muerto de miedo, Carol II dimitió como Rey, al igual que el Primer Ministro Ion Gigurtu. Al menos Antonescu le otorgó hasta el 4 de Septiembre, es decir, 24 horas de tiempo, para recoger las pertenencias, entre ellas cuadros del pintor El Greco, y exiliarse junto a su mujer a Reino Unido.

Anexión de Dobrudja

Oficialmente el 6 de Septiembre de 1940 se constituyó el Estado Nacional-Legionario, teniendo como Conducator a Ion Antonescu en el poder y como segundo a Horia Sima de la Guardia de Hierro. La monarquía siguió vigente, siendo elegido Rey Mihail I, aunque con una función meramente simbólica de unidad nacional.

Bulgaria al frente del Zar Boris III fue la última nación en reclamar a Rumanía el territorio próximo al Mar Negro de Dobrudja, algo que hizo en una situación idónea al prácticamente estar el país sin control. Sin previo aviso el 7 de Septiembre de 1940 las tropas búlgaras cruzaron la frontera con Rumanía. Bulgaria se anexionó Dobrudja, incluído un edificio muy importante para los rumanos como era el Palacio Balcic.

Soldados búlgaros en un tanque posan sonrientes en una carretera de Dobrudja.

Terminado el reparto territorial rumano entre la Unión Soviética, Hungría y Bulgaria, Berlín prometió por fin a Bucarest que no le serían arrebatados más territorios. A cambio de esa protección Rumanía se hubo de adherir al Eje y declarar la guerra a los Aliados, algo que sin duda fue vital para el posterior desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

Olivia Manning, Así fue la Segunda Guerra Mundial Volumen 14, “El Golpe de Estado en Rumanía, Noguer (1972), p.313-317
Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano. “Corneliu Codreanu y la Legión de San Miguel Arcángel”, García Hispán Editor (1997), p.32-58
Jaques Pirenne, Historia Universal, “Rumanía, desmembrada en provecho de Hungría y Bulgaria”, Éxito (1961), p.288-289