Golpe de Estado del 23 de Agosto y Batallas de Rumanía y Transilvania

El Golpe de Estado del 23 de Agosto de 1944 perpetrado por el Rey Miguel I contra el “Conducator” Ion Antonescu, no sólo rompió la coalición entre Rumanía y el Tercer Reich, sino que además alineó al Gobierno de Bucarest junto a la Unión Soviética. A partir de ese instante las fuerzas del Ejército Alemán que estaban presentes en suelo de su viejo socio se vieron rodeadas por enemigos muy superiores del Ejército Rumano, lo mismo que el Ejército Húngaro en Transilvania, por aquel entonces bajo dominio de Hungría; desatándose a continuación una sangrienta campaña que junto con la ofensiva de Iasi-Chisinâu lanzada por el Ejército Rojo en Moldavia constituyó la mayor derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial.

Conspiración

Rumanía había sido el país más importante del Eje por detrás de las potencias del Pacto Tripartido conformado por Alemania, Italia y Japón. Desde el comienzo de la “Operación Barbarroja” en 1941, el Ejército Rumano se había anexionado Besarabia, Bukovina y Transnistria, destacando especialmente en la conquista de Crimea y el norte del Cáucaso en 1942. Tras la debacle de la Batalla de Stalingrado en 1943, las tropas rumanas continuaron siendo leales a la causa del Tercer Reich porque pelearon con bravura en el Río Dniéper y Sevastopol, hasta ser expulsadas nuevamente a sus fronteras de Moldavia en 1944.

A comienzos el año 1944 la situación de Rumanía era de extrema gravedad porque las provincias de Besarabia y Bukovina en los Cárpatos eran el último obstáculo natural que separaba el territorio patrio del Ejército Rojo. Ante esta amenaza de quedar bajo la órbita comunista, el Rey Miguel I inició una serie de contactos con los Aliados, enviando una misión diplomática a Egipto encabezada por el Príncipe Barbu Stirbey que se reunió en El Cairo con representantes de Estados Unidos y Gran Bretaña, aunque sin obtener nada a cambio porque los anglo-norteamericanos exigieron el visto de bueno de la Unión Soviética (tal y como el Presidente Franklin Delano Roosevelt y el Primer Ministro Winston Churchill habían pactado con Iósif Stalin durante la Conferencia de Teherán).

Rey Miguel I (izquierda) y “Conducator” Ion Antonescu (derecha) en una inspección al frente de Besarabia.

La Jefatura del Gobierno en Bucarest que ostentaba el “Conducator” Ion Antonescu bajo un régimen de tendencia filofascista, también abrió una serie de diálogos con los Aliados de forma paralela a la Corona. Por ejemplo en Suecia se reunieron diplomáticos rumanos y soviéticos de forma clandestina en Estocolmo, logrando los primeros de los segundos unas condiciones mucho más favorables para los intereses nacionales que se resumieron del siguiente modo: devolución de Besarabia y Bukovina, cese de una zona de tránsito para el Ejército Rojo en su avance hacia Hungría (respetándose la soberanía de Rumanía), pago de indemnizaciones económicas menos abultadas, ofrecimiento a las unidades del Ejército Alemán de abandonar pacíficamente el país en un plazo de tiempo de quince días, y posibilidad de que la nación permaneciese neutral o se uniera a los Aliados Occidentales en su lucha contra el Eje. A pesar de que las líneas del documento eran más positivas de lo esperado, la negativa de Estados Unidos y el Imperio Británico a supervisar el cumplimiento de los términos, no fue suficiente garantía de seguridad para el Gabinete de Ion Antonescu debido a que todo apuntaba que los occidentales iban a desentenderse si la URSS acababa absorbiendo su patria. Ante este temor real por lo acordado entre Moscú, Washington y Londres durante la Conferencia de Teherán, el Reino de Rumanía no tuvo más remedio que sostenerse en el Tercer Reich con la esperanza de que el Ejército Alemán (Wehrmacht) les ayudase a defender con sus divisiones acorazadas las fronteras de los Cárpatos.

A mediados de la primavera de 1944, el Ejército Rumano con soporte de las divisiones Panzer del Ejército Alemán, venció al Ejército Rojo durante las Primera y Segunda Batallas de Târgu Frumos, causando daños graves al Ejército Rojo e impidiendo la penetración del enemigo a través de Moldavia. A pesar de que el triunfo militar estabilizó las líneas del Frente Oriental en los Cárpatos, las conspiraciones parlamentarias y palaciegas tanto de Iuliu Maniu que lideraba el Partido Campesino, como de Constantin Brâtianu que encabezaba el Partido Nacional Liberal, así como del general Constantin Sânâtescu al frente del Comité Militar y del propio Rey Miguel I en representación de la Corona, ya habían urdido un plan para propinar en golpe de Estado y derrocar al “Conducator” Ion Antonescu.

El Partido Comunista Rumano fue uno de los elementos claves en la traición del Rey Miguel I, ya que aunque era una fuerza minoritaria y apenas contaba con el apoyo de la población, sí que mantenía unas relaciones privilegiadas de “vasallaje” con el Kremlin en Moscú, por lo que siguiendo directrices de la Internacional Comunista (Komintern), se asoció al Partido Socialista Rumano hasta conformar el Frente Patriótico Antihitleriano, al que muy pronto se unieron todos los partidos de derechas y conservadores que se unificaron en el Bloque Nacional Democrático (Blocul National Democratic) el 20 de Junio de 1944. Desgraciadamente y sin saberlo todos estos partidos, salvo por la excepción del Partido Comunista Rumano, Iósif Stalin tenía su propio plan secreto porque dentro del Ejército Rojo existía una unidad compuesta por comunistas rumanos, la 1ª División de Voluntarios “Tudor Vladimirescu”, cuyas tropas tenían órdenes de actuar como una fuerza de ocupación en Rumanía y en último término de disuasión para imponer un régimen de corte socialista y hacer caer la Corona.

El Estado Mayor Alemán (OKW) desde Berlín ya había comenzado a sospechar acerca de una posible traición por parte del Gobierno de Bucarest y del Rey Miguel I, aunque como la confianza en muchos miembros del Estado Mayor Rumano era todavía sólida, el Ejército Alemán continuó enviando ayuda a Rumanía como por ejemplo ocurrió cuando fueron trasladadas la 13ª División Panzer y la 10ª División Panzergrenadier a la “Línea Trajano” del frente en Moldavia, ambas puestas bajo el mando del general rumano Radu Korne. De hecho, las certezas germanas acerca de los movimientos del monarca con el envío de diplomáticos a Egipto y Suecia, hicieron que el propio Adolf Hitler, en una entrevista que mantuvo en Austria con Ion Antonescu el 6 de Agosto de 1944, le advirtiese con las siguientes palabras: “Conducator, no vaya a Palacio”.

La mañana del 20 de Agosto de 1944, el Ejército Rojo inició la ofensiva de Iasi-Chisinâu mediante un devastador bombardeo de la artillería y aviación que sepultó las posiciones del Eje mientras las tropas soviéticas cruzaban el Río Dniéster y el Río Prut, irrumpiendo en el interior de Moldavia. Al cabo de dos días, el 22, más de 1 millón de soldados soviéticos rompieron la línea de los Cárpatos con el embolsamiento del VI Ejército Alemán y el III Ejército Rumano, por lo que estando a punto de venirse abajo todo el Frente Oriental, el Rey Miguel I decidió adelantar su golpe de Estado para el 23 de Agosto (cuando previamente había sido fijado para el 26).

Golpe del 23 de Agosto

A las 16:00 horas de a tarde del 23 de Agosto de 1944, el Rey Miguel I convocó en el Palacio Real de Bucarest al “Conducator” Ion Antonescu, al Ministro de Exteriores Mihai Antonescu y al general Constantin Sânâtescu para discutir acerca de los últimos acontecimientos de la ofensiva de Iasi-Chisinâu. Según el Jefe del Gobierno expuso al monarca, la estrategia consistía en resistir sobre la línea fortificada entre los Cárpatos y el Río Danubio a la espera de obtener mejores condiciones de paz por parte de la Unión Soviética. Sin embargo Miguel I, impaciente por alcanzar un acuerdo con los Aliados, repentinamente cesó de sus cargos tanto a Ion Antonescu como a Mihai Antonescu, ordenó a la Guardia Real proceder a su arresto y a continuación los entregó a una célula del Partido Comunista Rumano que los ocultó en un piso de Bucarest (desde donde posteriormente serían enviados a la URSS).

En cuanto el Gabinete de Ion Antonescu fue disuelto, el Rey Miguel I puso al frente de la Jefatura del Gobierno al general Constantin Sânâtescu y organizó a toda prisa la creación de un “Gobierno de Construcción Nacional” con los partidos y conspiradores del Bloque Nacional Democrático. Consumado el golpe de Estado, el monarca anunció por radio a toda la nación que Rumanía salía de la contienda y que firmaba un Armisticio con los Aliados (algo falso porque no existía tal acuerdo); al mismo tiempo en que el nuevo jefe del Estado Mayor, el general Gheorghe Mihail, ordenaba a sus tropas el cese de las hostilidades contra la Unión Soviética.

Apenas sin tener noticias claras de lo que estaba ocurriendo, el diplomático Hans Stlezer, por aquel entonces el responsable de la embajada del Tercer Reich en Bucarest, convovó una reunión de urgencia a la que acudieron el embajador Manfred Von Killinger, el general Karl Spalcke en calidad de agregado militar, el general Erik Hansen del Ejército Alemán (Wehrmacht), el general Alfred Gerstenberg de la Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) y el almirante Werner Tillesen de la Marina de Guerra Alemana (Kriegsmarine). Según el resultado de aquella conferencia, se rechazó la propuesta del Rey Miguel I de abandonar Rumanía pacíficamente para evitar posibles hostilidades entre Berlín y Bucarest, creyendo los alemanes erróneamente que con la guarnición presente en el país, sería suficiente para reducir a los conspiradores, derrocar al monarca y liberar a Ion Antonescu, o en todo caso imponer un Gobierno-Pro-Germano.

Como represalia por la traición de Rumanía, aviones de la Fuerza Aérea Alemana bombardearon el centro de Bucarest a últimas horas del 23 de Agosto. Durante el raid que costó la vida a más de un centenar de personas y que destruyó por completo el Teatro Nacional, así como otros edificios civiles y generó daños en el Palacio Real, el Palacio Victoria y el Ateneo Rumano, precipitó la intervención de la Fuerza Aérea Rumana y de un caza Messerschmitt Bf 109 al mando del “as” Constantin Cantacuzino que derribó a tres bombarderos germanos Heinkel He 111. A raíz de esta precipitada acción ordenada por un colérico Adolf Hitler (desoyendo las recomendaciones de sus expertos), el Reino de Rumanía declaró la guerra a Alemania.

Teatro Nacional de Bucarest bombardeado por la Luftwaffe el 24 de Agosto de 1944.

Caída la noche del 23 de Agosto, los oficiales y soldados del Ejército Rumano que combatían sobre Moldavia en medio de la ofensiva de Iasi-Chisinâu, levantaron los brazos o mostraron banderas blancas cuando bajo su más absoluta perplejidad, fueron hechos prisioneros a punta de fusil y bayoneta por el Ejército Rojo. La razón de que las tropas soviéticas considerasen a los rumanos como “prisioneros de guerra” tras haberse producido el golpe de Estado, era que pese al anuncio del Rey Miguel I, no existía tal Armisticio y por tanto continuaba el “estado de guerra” entre la Unión Soviética y Rumanía (aunque esta última hubiese renunciado a la lucha). Ante esta chapuza de sublevación por parte del monarca y la forma traicionera en que convenció a sus hombres para entregarse a los rusos, más de 130.000 militares del Ejército Rumano fueron hechos cautivos en las primeras veinticuatro horas y deportados a los gulags de Siberia sin aplicárseles las leyes de la Convención de Ginebra.

La debacle general del Ejército Rumano en Moldavia, ya fuese por la captura de miles de tropas en manos del Ejército Rojo o porque directamente algunas unidades apuntaron contra sus anitguos compañeros germanos, tuvo sus efectos inmediatos para los VI y VIII Ejércitos Alemanes que resistían el empuje enemigo dentro del contexto de la ofensiva de Iasi-Chisinâu. Entre las primeras consecuencias estuvo que las columnas soviéticas rompieron el frente en todos los sectores controlados por los rumanos, rodeando a divisiones germanas y penetrando hacia el sur (por ejemplo la 14ª División de Infantería Rumana desapareció y desertó al completo, abriendo un boquete tremendo), con la consiguiente conquista de enclaves importantes como Galati e Izmail. A estos reveses hubo que añadir que las formaciones alemanas que emprendieron la retirada para no quedar cercadas, encima tuvieron que abrirse paso a tiros contra todas aquellas divisiones rumanas que acababan de cambiar de bando y por tanto les impedían el paso, lo que derivó en una huida caótica y a la desesperada por alcanzar la seguridad de la Transilvania Húngara.

Fuerzas Germano-Húngaras

El Grupo de Ejércitos Ucrania Sur, ya muy mermado por la ofensiva de Iasi-Chisinâu sobre Moldavia, poseía en Besarabia al VI Ejército Alemán del general Maximilian Fretter-Pico junto a las costas del Mar Negro, y en Bukovina al VIII Ejército del general Otto Wöhler muy próximo a la frontera con Transilvania. En el caso del VI Ejército su organigrama se distribuía en el VII Cuerpo del general Ernst-Eberhard Hell con las 106ª y 370ª Divisiones de Infantería, en el XXX Cuerpo del general Georg-Wilhelm Postel con las 15ª, 257ª y 302ª Divisiones de Infantería, en el LII Cuerpo del general Erich Buschenhagen con las 161ª, 294ª, 320ª y 384ª Divisiones de Infantería, en el XLIV Cuerpo del general Ludwig Müller con las 62ª, 258ª, 282ª y 385ª Divisiones de Infantería, y una reserva articulada en la 304ª Divisiones de Infantería; y en el VIII Ejército del general Otto Wöhler estructurado en el IV Cuerpo del general Friedrich Mieth con las 79ª y 376ª Divisiones de Infantería, y el LVII Cuerpo Panzer del general Friedrich Kirchner con la 4ª División de Montaña, y las 46ª y 79ª Divisiones de Infantería. A estas formaciones había que añadir las unidades germanas incorporadas al Ejército Rumano como el XVII Cuerpo del general Hans Kreysing con la 3ª División de Cazadores y la 8ª División Ligera; el XXIX Ejército del general Anton Von Mauchenheim con la 13ª División Panzer, la 10ª División Panzergrenadier y la 306ª División de Infantería; y una serie de fuerzas independientes entre las que se encontraban la 20ª División Panzer, la 97ª División Ligera y la 153ª División de Instrucción; además de refuerzos traídos posteriormente como la 23ª División Panzer, la 4ª División SS de Policía “Polizei”, la 7ª División SS de Montaña “Prinz Eugen”, la 8ª División SS de Caballería “Florian” Geyer” o grupos de comandos de la División de Élite “Brandenburgo”.

Batería de la 5ª División Antiárea de la Luftwaffe en las refinerías de Ploiesti.

La presencia de las Fuerzas Armadas Alemanas (Heer) en el corazón de Rumanía era muy escasa porque se reducía a 87.000 efectivos. Se trataba de 46.000 soldados y 45 baterías de artillería de la 5ª División Antiaérea de la Luftwaffe al mando del general Julius Kuderna que estaban destinadas a proteger los campos petrolíferos de Ploiesti y los Pasos de Predeal y Ciucas en los Cárpatos Meridionales; así como otros 50.000 guardias y marineros al frente del almirante Helmuth Brinkmann sobre el puerto de Constanza que se estructuraban en la 1ª Flotilla del Mar Negro, la 7ª Flotilla del Danubio, el 214th Batallón de Ingenieros, el 1st Batallón Disciplinario y el Destacamento Minador de Artillería. Respecto a la capital de Bucarest, existía una guarnición de 11.000 tropas lideradas por el general Alfred Gerstenberg, de las cuales sólo 3.000 poseían armas o entrenamiento, y 1.000 eran auxiliares femeninas o enfermeras.

Hungría que se había anexionado Transilvania a costa de Rumanía tras el Pacto del Arbitraje de Viena en 1940, no estaba dispuesta a dejar escapar su “espacio vital” y por eso el Ejército Húngaro reunió a más de la mitad de sus fuerzas armadas en los Cárpatos. Básicamente fueron el II Ejército del general Lajos Veress Von Dálnoki con la 2ª División Blindada, las 7ª y 9ª Divisiones de Reserva, la 25ª División de Infantería, y las 1ª y 2ª Brigadas de Montaña; más el III Ejército del mariscal Jozsef Heszlényi con la 1ª División Blindada, la 1ª División de Caballería, las 10ª y 20ª Divisiones de Infantería, y las 5ª, 6ª, 8ª y 23ª Divisiones de Reserva; más una serie de unidades autónomas entre las que se encontraban la 8ª División de Infantería, la 12ª División de Reserva y las 6ª y 7ª Brigadas de Montaña.

Otras formaciones del Eje fueron prestadas de otros miembros como Eslovaquia, de los colaboracionistas de la Rusia Blanca, de países neutrales como España o simpatizantes de la propia Rumanía. Entre estos estuvieron la 1ª Brigada Técnica Eslovaca, voluntarios del Ejército de Liberación Ruso, fascistas del Ejército Nacional Rumano adscritos a la Guardia de Hierro y combatientes de la 1ª Compañía SS de Montaña Española.

Aproximadamente el Eje desplegó a un total de 357.000 efectivos entre 210.000 húngaros, 137.000 alemanes, 4.000 eslovacos, 3.600 rusos blancos, 3.000 rumanos y 125 españoles.

Fuerzas Rumano-Soviéticas

El Ejército Rojo que avanzaba en plena ofensiva de Iasi-Chisinâu poseía 1.300.803 soldados 1.795 tanques, 15.895 cañones y 2.089 aviones. Se trataba del II Frente Ucraniano del general Rodion Malinovsky sobre Bukovina que encuadraba al VI Ejército Blindado Guardias del general Andre Kravchenko, los IV y VII Ejércitos de Guardias de los generales Iván Galanin y Mikhail Shumilov, los XXVII, XXXX, LII y LIII Ejércitos de los generales Sergei Trofimenko, Filipp Zhmachenko, Konstantin Koroteev e Iván Managarov, el XVIII Cuerpo Blindado del general Vasilii Polozkov y el Grupo de Caballería Mecanizada “Gorshkov” del general Sergei Gorshkov; y del III Frente Ucraniano del general Fyodor Tolbukhin sobre Besarabia que contaba con el V Ejército de Choque del general Nikolai Berzarin, los XXXVII, XLVI y LVII Ejércitos de los generales Mikhail Sharokin, Iván Schlemin y Nikolai Gagen, el IV Cuerpo Mecanizado de Guardias del general Vladimir Zhdanov, el VII Cuerpo Mecanizado del general Fedor Katlov y los VI y LXVI Cuerpos de los generales Grigorii Kotov y Dmitrii Kupriianov.

El Ejército Rumano que combatiría junto a la Unión Soviética con 465.659 efectivos y 1.646 aviones lo haría en los siguientes dos escenarios: sobre Moldavia para unirse a los II y III Frentes Soviéticos dentro de la ofensiva de Iasi-Chisinâu; y en el resto de Rumanía para expulsar al Ejército Alemán de Bucarest, Ploiesti y Constanza. En el caso del teatro de operaciones en Besarabia y Bukovina estaba el IV Ejército del general Ioan Racovita que incluía el I Cuerpo del general Gherge Radu con la 6ª División de Infantería, el V Cuerpo del general Constantin Niculescu con la 1ª División de Guardias, el VI Cuerpo del general Nicolae Tâtâranu con la 18ª División de Infantería y la 101ª Brigada de Montaña, el VII Cuerpo del general Hugo Schab con el 8º Regimiento de Granaderos, el 17º Regimiento de Infantería y las 103ª y 104ª Brigadas de Montaña, y la reserva comprendida por la 1ª División Blindada Rumana “Gran Rumanía”. En el caso de las provincias restantes del país, la 8ª División de Caballería custodió Bucarest, la 9ª División de Infantería se situó en Constanza, la 3ª División de Infantería en Pitesti, la 4ª División de Infantería en Giurgiu, la 15ª División de Infantería en Turnu Mâgurele, la 21ª División de Infantería en el Río Olt, la 8ª División de Infantería en Slatina, la 11ª División de Infantería en Vâlcea, la 7ª División de Infantería en Dunârea, la 14ª División de Infantería en Desa, la 2ª División de Infantería en Craiova, la 5ª División de Infantería en Drobeta Turnu Severin, la 4ª División de Infantería en Turgu Jiu, la 9ª División de Caballería en Lugoj, la 1ª División de Caballería en Timisoara, la 1ª División de Infantería en Arad y la 20ª División de Infantería en Turda.

Aproximadamente la Unión Soviética y Rumanía reunieron a 1.766.462 efectivos entre 1.300.803 soviéticos y 546.659 rumanos, superando en casi 10 a 1 a las fuerzas del Eje.

Batallas de Bucarest y Ploiesti

La mañana del 24 de Agosto de 1944, una columna de 5.000 efectivos del Ejército Alemán irrumpió al norte de Bucarest mientras piezas de artillería germanas emplazadas en los Barrios de Mâgurele y Progreso, bombardeaban el sur de la capital. A pesar de que la confianza de los germanos en la operación era total, las tropas rumanas emplazadas en los parques y barricadas entre los edificios de la ciudad, rechazaron el asalto enemigo con fusileros apostados detrás de las arboledas y las encrucijadas, o con fuego de ametralladoras y baterías de cañones o morteros.

Desarticulado el ataque del Ejército Alemán a Bucarest, una columna acorazada rumana con 50 tanques al mando del general Gheoghe Rozin que venía de Târgovitse, se abalanzó contra la carretera que unía la capital con la guarnición germana de Ploiesti, lo que interrumpió la línea de suministros con este enclave tras la toma de las localidades de Crevedia, Buftea y Mogosoaia. Como consecuencia de este último suceso, miles de tropas quedaron cercadas en Bucarest y centenares de aviones con personal de la Luftwaffe quedó atrapado en los Aeródromos de Otopeni, Pipera y Bâneasa.

Tanques JSU-122 del III Frente Ucraniano entrando en Rumanía.

Si malas eran las noticias acerca del fracaso en Bucarest aquel 24 de Agosto, peor lo fueron en el frente de Moldavia porque los XLVI y LVII Ejércitos Soviéticos que acababan de cerrar las últimas salidas de escape tras tomar los Puentes de Leuseni, Stâlinesti y Leova, facilitaron al VI Ejército Blindado Soviético que avanzaba sobre la comarca de Cimislia a través del Valle de Bârlad, embolsar por completo a los XXX, XLIV y LII Cuerpos Alemanes en Vutcani. Lo único positivo de aquella jornada fue que el LVII Cuerpo Panzer rechazó a las vanguardias rusas en Bacâu y el VII Cuerpo Mecanizado Soviético fue obligado retroceder sobre la carretera que iba hacia Brasov, además de conseguir las 370ª y 376ª Divisiones de Infantería librarse del cerco sobre el área del Río Prut, el XVII Cuerpo refugiarse en los Cárpatos Orientales y la 4ª División de Montaña, junto a elementos del II Ejército Húngaro, alcanzar la seguridad de Transilvania. Durante este proceso de huida destacó la cobertura ofrecida por los voluntarios hispanos de la 101ª Compañía SS de Montaña Española que entre las aldeas de Moldovenesc y Câmpulung permitió ocultarse a numerosas unidades germanas, antes de retroceder hacia los yacimientos mineros de Vatra Dornei, cayendo en los combates más de 50 soldados españoles.

No todo fueron malas noticias para el Ejército Alemán, ya que durante las primeras cuarenta y ocho horas del golpe del Estado perpetrado por el Rey Miguel I, las unidades del IV Ejército Rumano molestaron muy poco a las divisiones germanas en retirada gracias a que el Ejército Rojo no consideró a las tropas rumanas como aliadas y por tanto siguió haciendo miles de prisioneros, invocando el “estado de guerra” entre Rumanía y la URSS. De hecho ese 24 de Agosto, un total de 175.000 soldados rumanos fueron apresados los soviéticos, una cifra que ascendió a la enorme cantidad de 305.000 la jornada del 25, muchos de cuyos oficiales serían directamente fusilados por sus “nuevos socios”, más en concreto por la Policía Estatal Soviética del NKVD.

Columna del Ejército Rumano marchando hacia el sur del país tras conocerse la capitulación ante la URSS y el inicio de las hostilidades contra Alemania.

El 25 de Agosto, la línea del frente en Moldavia continuó hundiéndose porque el VI Ejército Blindado de Guardias Soviético ocupó Focsani, Adjud y Buzâu, al mismo tiempo en que el LII Ejército se apoderaba el Puente de Fâlciu. Algo más al este, junto a las costas del Mar Negro, el III Frente que hacía poco había entrado en Sârata, descendió velozmente hacia el sur hasta conquistar Tulcea y entrar en la comarca de Babadag, situándose a tan sólo 50 kilómetros de Constanza. A raíz de este último acontecimiento, al almirante Helmuth Brinkmann que lideraba la guarnición del puerto, ordenó a sus 50.000 hombres emprender la huida, 30.000 de los cuales lo harían hacia los Balcanes siguiendo el curso del Río Danubio y otros 20.000 que se dirigirían sobre la región de Mangalia para cruzar la frontera con Bulgaria.

Aquella jornada del 25 de Agosto, un total de 6.200 alemanes entre los que había 5.000 miembros de la Luftwaffe, 1.000 auxiliares femeninas y 200 civiles, finalmente se rindieron en Bucarest a la fuerza acorazada rumana del general Gheoghe Rozin. No mucho tiempo después, a las afueras de la capital, los soldados rumanos retomaron el control de los Aeródromos de Pipera y Bâneasa, dejando complementa aislado y rodeado al contingente germano del Aeródromo de Otopeni.

El 26 de Agosto, las tropas alemanas cercadas al noroeste de Ploiesti recibieron la ayuda de 400 paracaidistas “fallschirmjäger” al mando del general Reine Stahel procedentes de la División de Élite “Brandenburgo”, quienes tras un salto desde aviones Junkers Ju 52 muy pronto se unieron a los 6.000 soldados sitiados de la 5ª División Antiérea de la Luftwaffe en los bosques y las instalaciones petrolíferas. Lamentablemente al día siguiente, el 27, el VI Cuerpo Rumano que acababa de lanzar una ofensiva 20 kilómetros más al sur, interceptó y aniquiló a los 400 paracaidistas germanos, haciendo prisionero al general Reine Stahel que sería entregado a los soviéticos para morir en un gulag de Siberia en 1955.

Prisioneros del Ejército Alemán escoltados por soldados del Ejército Rumano pasan junto al Ateneo de Bucarest.

Bajo el nombre de “Operación Donau Elf”, el 26 de Agosto comenzó la evacuación del puerto fluvial de Brâila de un total de 8.000 civiles alemanes, 2.000 niños, 2.000 enfermeras y 1.900 heridos que subieron a bordo de 176 embarcaciones manejadas por 2.000 soldados, 1.600 marineros y 3.600 auxiliares rusos blancos que se equipaban con 200 cañones de medio y ligero calibre. Durante la travesía hacia el oeste por el Río Danubio, los germanos fueron víctimas de las piezas de artillería rumanas de la Fortaleza de Cernavoda que hundieron 11 barcos, entre estos un remolcador y dos buques taller, por lo que las tropas alemanas se vieron forzadas a asaltar la guarnición y reducirla a cenizas con ayuda de bombarderos en picado Stukas, causando unas 7.000 bajas a los rumanos a costa de 1.192 bajas propias entre 480 muertos y 712 heridos. Abierto el camino y después de perder al minador Nº194 que tras quedar rezagado fue capturado por el Ejército Rojo, las 164 embarcaciones supervivientes no fueron molestadas por la batería rumana de la Isla de Turtucaia (temiendo el mismo destino de la Fortaleza de Cernavoda) y continuaron su marcha hasta reaprovisionarse en el puerto de Russe junto a la frontera con Bulgaria, en donde obtuvieron comida, municiones y medicinas que les proporcionó el Ejército Búlgaro, además de desembarcar 1.000 personas (700 mujeres y 300 heridos) que tomaron un tren en dirección Alemania.

Simultáneamente al norte de Rumanía y Moldavia, el II Frente Ucraniano ocupó Târgu Frumos, Tàrgu Neamt, Piatra Neamt, el Paso de Ghimes y el Paso de Oituz, antes de irrumpir en Valaquia y tomar la ciudades de Râmnicu Sarat y Buzâu; justo al mismo tiempo en que el III Frente Ucraniano penetraba sobre Dobrogea y conquistaba Brâila y el puerto de Constanza, cerrando la última base del Eje en el Mar Negro. Ante este impresionante avance casi sin oposición, el 28 de Agosto de 1944 el Ejército Rojo entró en la capital de Bucarest, desfilando por las calles de la ciudad las tropas colaboracionistas de la 1ª División de Voluntarios “Tudor Vladimirescu” que fueron recibidas jubilosamente por simpatizantes del Partido Comunista Rumano.

Mientras se producía la caída de Bucarest, las 164 embarcaciones de la “Operación Donau Elf” continuaron su viaje sobre el Río Danubio, enfrentándose a la 15ª División de Infantería Rumana en Turnu Mâgurele que pudieron repeler tras destruir su única batería de artillería de 150 milímetros, aunque perdiendo durante el encuentro a los tres remolcadores Hainz, Kreutzenstein y Vietje, más dos pequeños transportes. A pesar de tales dificultades, a las 21:30 horas del 29 de Agosto, los barcos germanos superaron Calafat y el 30 atravesaron los emplazamientos de cañones rumanos en Gruia, no sin antes resultar hundidos el remolcador Mainz, el vapor Marisa y dos minadores.

Tanque T-34 soviético entrando en Bucarest.

El 30 de Agosto de 1944, soldados del Ejército Rojo y el Ejército Rumano atravesaron el Paso de Predeal y se apoderaron de los pozos petrolíferos de Ploesti, que desde ese instante suministrarían a la URSS un total de 2.300.000 toneladas de crudo durante el resto de la Segunda Guerra Mundial. Al día siguiente, el 31, la 5ª División Antiaérea de la Luftwaffe resultó completamente destruida después de una marcha de 30 kilómetros hacia Slânic, donde 3.000 tropas germanas perdieron la vida o fueron capturadas (sólo 2.000 efectivos consiguieron escapar de manera milagrosa a Brasov y desde allí refugiarse en la Transilvania Húngara).

Batallas de Rumanía y Transilvania

Justo al cumplirse cinco años del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el 1 de Septiembre de 1944, la “Operación Donau Elf” comenzó a naufragar porque las 215 embarcaciones de la Kriegsmarine (contando las 154 procedentes de Brâila y otras 61 que se les habían ido uniendo desde diversos puntos del Río Danubio) fueron bloqueadas cuando la 5ª División de Infantería en Drobeta Turno Severin bloqueó las Puertas del Hierro, lo que obligó a los germanos a dar media vuelta y desembarcar en la orilla opuesta de Prahovo en Serbia. Lamentablemente esta decisión de entrar en Yugoslavia resultó ser un error fatal porque en cuanto los refugiados tomaron un tren para dirigirse a Belgrado, el convoy fue atacado por partisanos comunistas yugoslavos que durante el enfrentamiento mataron a 30 soldados cerca de Zajecar, antes de detener la locomotora y asesinar cruelmente a 3.600 alemanes, a los que fusilaron y arrojaron a fosas comunes, contabilizándose entre las víctimas 1.600 militares heridos y 2.000 civiles, entre estos mujeres y niños.

El 2 de Septiembre de 1944, los XXX, XLIV y LII Cuerpos Alemanes que desde la traición de Rumanía habían quedado embolsados en Besarabia, finalmente se rindieron a las tropas del Ejército Rojo en Vutcani, lo que puso fin a las operaciones militares en Moldavia. Aquel mismo día, el Gobierno de Bucarest bajo el beneplácito del Rey Miguel I, declaró la guerra a Hungría, por lo que a partir de ese instante los combates se trasladarían tanto a la frontera con Transilvania como al corazón de la propia Rumanía.

Los tanques del VI Ejército Blindado de Guardias que avanzaban hacia el sur de Rumanía siguiendo el curso del Río Danubio a través de Rahovo, Rosi de Verdi y Stoenesti, entraron en Craiova el 4 de Septiembre; al mismo tiempo en que el XXVII Ejército que progresaba en Valaquia tras haber ocupado Brasov, se hacía con los Montes Fâgâras y cruzaba el Río Olt. En este último sector el IV Ejército Rumano intentó retomar el control Sfânthu Gheorghe el día 5, aunque un contraataque del II Ejército Húngaro permitió a las tropas magiares recuperar el terreno hasta el Río Mures y obligar a retroceder a los rumanos hasta Ludus. Sin embargo y pese a este último revés, el XXVII Ejército que se situaba al sur del país conquistó Sibiu y a la caída de la tarde la ciudad de Drobeta Turnu Severin, alcanzando por fin la tan ansiada frontera con Serbia.

Cazador de montaña rumano con una ametralladora en Transilvania.

Al norte de Rumanía, las cosas se complicaron para el IV Ejército Rumano porque el 6 de Septiembre de 1944 el II Ejército Húngaro lanzó una inesperada contraofensiva en dos alas: la del flanco occidental conformada por las 7ª y 8ª Divisiones de Reserva arrebató a los rumanos la importante ciudad de Turda y las aldeas de Ceanul Mare, Câiesti, Bâisoarao, Badeni, Ocha Mures y Silva; mientras que la del flanco central estructurada por la 9ª División de Reserva y las 6ª y 7ª Brigadas de Montaña, conquistó la ciudad de Ludus y los pueblos de Sarmâsel, Tâureni, Cipâu y Atintis. Al día siguiente de este certero contraataque, el 7, la 8ª División SS de Caballería Alemana “Florian Geyer” abrió una tercera ala en el flanco occidental que tomó Giulas, Somotelnit y Cucerdea; a la vez en que las tropas húngaras del flanco central se apoderaban de Sâlcud, Jârnáveni y Ozd. De hecho, al cabo de veinticuatro horas de estos triunfos, el 8 de Septiembre, los soldados húngaros de la 9ª División de Reserva renovaron sus esfuerzos y ocuparon las localidades de Silvas, Farâu y Herepea.

Hacia el 9 de Septiembre el IV Ejército Rumano no contraatacó contra el II Ejército Húngaro después de que el XVII Ejército Soviético, ubicado en su flanco derecho al norte de Brasov, pasara a la ofensiva con la 202ª División de Fusileros tomando la ciudad de Sfântu Gheorghe, lo que facilitó a las tropas rumanas hacerse el 10 con la metrópoli de Baraolt y los pueblos de Ileni, Vâlcele, Bodoc, Aita Mare, Aire Medie, Malnas y Bâtani. Algo más hacia el oeste, el 12 de Septiembre, la 78ª División de Fusileros Soviética que hacía poco había superado el cauce del Río Târnava Mare y ocupado la ciudad de Cristuru Secuiesc, abrió una brecha que fue aprovechada por el IV Ejército Rumano para hacerse a la carrera con la urbe de Odorhei y expulsar a los defensores germano-húngaros de Comânesti, Satu Nou, Jimbor, Tâureni, Mureni, Singeorgiu de Pâdure, Ghindari, Ungheni y Bîra, además de atravesar más al norte la 36ª División de Fusileros Soviética tanto las aguas del Río Tarnava Micâ como del Río Niraj.

Con la estabilización del frente en Transilvania y después de que Bulgaria abandonase su alianza con el Eje para formalizar un pacto con la Unión Soviética y declarar la guerra a Alemania, los 20.000 soldados germanos que se encontraban en el país tras haber sido evacuados desde Constanza, fueron hechos prisioneros por el Ejército Búlgaro, lo que derrumbó todo el frente al sur de Rumanía. Ante esta nueva traición, en este caso por parte del Gobierno de Sofia, el Tercer Reich no tuvo más remedio que apuntalar urgentemente sus defensas en Yugoslavia, planificando una ofensiva contra el oeste de Rumanía a la que se sumaron fuerzas del III Ejército Húngaro como la 1ª División Blindada, la 10ª División de Infantería y la 12ª División de Reserva, así como unidades del Grupo de Ejércitos F en los Balcanes como la 4ª División SS de Policía “Polizei”, la 7ª División SS de Montaña “Prinz Eugen”, comandos de la División “Bradenburgo” y milicianos del Ejército Nacional Rumano adscritos al movimiento fascista de la Guardia de Hierro.

El 13 de Septiembre de 1944 comenzó la ofensiva del Eje contra la frontera occidental de Rumanía, cruzando el Río Danubio la 4ª División SS de Policía “Polizei” y la 7ª División SS de Montaña “Prinz Eugen” hacia el Banato, y la División de Élite “Brandenburgo” y el Ejército Nacional Rumano hacia Oltenia. Apenas sin capacidad de reacción por la sorpresa inicial, los escasos defensores emprendieron la retirada mientras los policías de las SS ocupaban Jimbolia y Biled, y los comandos alemanes y los fascistas rumanos tomaban Oravita, Naida y Moldova Veche. Una vez establecida una base de 30 kilómetros sobre el distrito de Carnas Severin y más en concreto entre las localidades de Chichinda Mare y Varset con sede en Resita, la Guardia de Hierro que lideraba Horia Sima desde su exilio en Viena, nombró un “Gobierno Provisional Rumano” en contra del Rey Miguel I que fue puesto al frente de Pavel Onciu y Octavian Rosu.

Soviéticos al norte de Transilvania.

A las veinticuatro horas de la ofensiva al sur de Rumanía, el 14 de Septiembre, el IV Ejército Rumano y el XVII Ejército Soviético que todavía peleaban en la frontera sur de Transilvania, intentaron resolver el problema en torno a Turda, lanzando un ataque que acabó con la conquista de Ludus y con la apertura de dos brechas en el II Ejército Húngaro, las cuales fueron cerradas tras un contraataque de la 8ª División SS de Caballería “Florian Geyer” y tanques Zrínyi de la 2ª División Blindada Húngara. A la jornada siguiente, el 15, las tropas rumano-soviéticas reanudaron su asalto contra Turda para ser nuevamente repelidas por carros magiares y soldados húngaros de la 25ª División de Infantería.

Fracasadas las operaciones del IV Ejército Rumano en Turda, la ofensiva planificada por el III Ejército Húngaro fue desencadenada desde Transilvania contra todo el noroeste de Rumanía. Así fue como a mediados de Septiembre de 1944, la 1ª División Blindada Húngara en el sector más occidental conquistó Curtici, Peregeru Mare, Siria, Sagul y Vinga, forzando al repliegue de la 1ª División de Caballería Rumana hacia Pâulis; la 10ª División de Infantería Húngara en el sector central tomó Varsand, Zerind, Chisineu Cris, Grâniceri, Beliu, Ineu y Pâncota, expulsando a las 11ª y 20ª Divisiones de Infantería Rumanas hacia el eje entre Taut y Sebis; y la 12ª División de Reserva Húngara en el sector oriental ocupó Salonta, Tinca, Ceica, Holod, Vintere, Râbâgani, Soimi y Beius, rechazando a la 3ª División de Infantería Rumana que se refugió en Sudrigiu.

El 17 de Septiembre, las fuerzas del Eje en Oltenia continuaron presionando porque los comandos alemanes de la División de Élite “Brandenburgo” y las milicias fascistas del Ejército Nacional Rumano que seguían el curso del Río Danubio se apoderaron de Svinita y alcanzaron el puerto fluvial de Ostrova, situándose a muy pocos kilómetros del nudo de comunicaciones con Drobeta Turnu Severin. Simultáneamente más al norte, las tropas alemanas y los legionarios de la Guardia de Hierro se hicieron con Bozovici, forzando al VI Ejército Blindado de Guardias Soviético a evitar ese trayecto y discurrir hacia el norte para guarnecerse en Caransebes. Respecto a la línea del frente en el Banato, aquel día 17 los voluntarios germano-yugoslavos encuadrados en la 7ª División SS de Montaña “Prinz Eugen”, ocuparon la localidad Parta, mientras que los granaderos de la 4ª División SS de Policía “Polizei” entraron en Becherecul Mic la jornada del 18, lo que situó a los alemanes a las afueras de la ciudad de Timisoara, donde tras varios asaltos fueron repelidos por los defensores rumanos de la 9ª División de Caballería y la 14ª División de Infantería (el 13º Regimiento de Caballería Rumano fue casi destruido, contabilizándose entre sus decenas de bajas la muerte del coronel Ioan Enescu).

Las éxitos del Eje dejaron de producirse a partir del 19 de Agosto cuando tuvo lugar la Batalla de Pâulis, una localidad estratégica de Transilvania en donde chocaron la 1ª División Blindada Húngara y la 6ª División de Reserva contra elementos del IV Ejército Rumano. A pesar de que durante el asalto inicial los húngaros ocuparon las elevaciones de la Cota 471 perdiendo a 18 tanques y 3 vehículos blindados que fueron destruidos por cuatro cañones anticarro (los cuales también resultaron pulverizados), en cuanto persiguieron a los rumanos en retirada sobre una pradera rodeada de montañas, fueron emboscados por tropas ocultas en los pueblos de Cuvin y Ghioroc, así como por piezas de artillería soviéticas trasladadas a las colinas de alrededor. Así pues y como consecuencia de esta trampa, los húngaros huyeron de la zona cediendo el control de Pâulis a sus enemigos tras un saldo de 1.287 muertos y la destrucción de 23 de sus tanques, a costa de únicamente 377 muertos entre las filas rumanas.

Soldados húngaros durante la Batalla de Turda.

Transcurridas veinticuatro horas de la debacle en la Batalla de Pâulis, el 20 de Septiembre, las 215 embarcaciones de la Marina de Guerra Alemana que se encontraban bloqueadas en el Río Danubio dentro del marco de la “Operación Donau Elf”, fueron hundidas por sus propios marineros para evitar caer en manos del enemigo, aunque por suerte la inmensa mayoría de los tripulantes y refugiados desembarcaron en Prahovo, desde donde posteriormente fueron conducidos hacia el interior de Serbia y la capital de Belgrado. Algo más al norte de esta posición, la ofensiva sobre el Banato también remitió después de que el LIII Ejército Soviético prestase ayuda a los defensores rumanos de la 9ª División de Caballería y la 14ª División de Infantería que por fin expulsaron de los suburbios occidentales de Timisoara a los germanos de la 7ª División SS de Montaña “Prinz Eugen” y de la 4ª División SS de Policía “Polizei”.

El 21 de Septiembre de 1944, IV Ejército Rumano con base al suroeste de Transilvania desencadenó una ofensiva que rompió las débiles líneas del III Ejército Húngaro en el distrito de Crisana y ocupó la ciudad de Arad. Simultáneamente más al norte, los tanques del VI Ejército Blindado de Guardias Soviético y los soldados rumanos de la 1ª División de Voluntarios “Tudor Vladimirescu” entraron en Oradea, aunque a última hora de la tarde un contraataque de la 23ª División Panzer y aviones de la Fuerza Aérea Alemana que causaron grandes bajas desde al aire a los soviético-rumanos, permitió a los germanos reconquistar Oradea que de nuevo paso a depender de la órbita del Eje.

La Batalla de Turda que al sureste de Transilvania se estaba prolongando desde inicios de Septiembre con ventaja para el II Ejército Húngaro que mantenía el control de la ciudad, fue lugar de una repentina contraofensiva hacia el sur por 57 tanques de la 2ª División Blindada Húngara que acabó bastante mal porque el IV Ejército Rumano rechazó el asalto provocando unas 1.000 bajas a los magiares y haciéndoles perder varios carros. A partir de entonces la lucha en este sector se convertirá en una “guerra de posiciones” con trincheras entre los campos y montañas, donde ninguno de los dos bandos protagonizará avance alguno durante las semanas próximas.

A inicios de Octubre de 1944, la irrupción del Ejército Rojo en los Balcanes a través de Bulgaria y su avance por Albania y Macedonia hasta la frontera con Serbia, en cuyas inmediaciones enlazó con los partisanos del Ejército de Liberación Popular Yugoslavo del Mariscal Josip Tito, hicieron inviable continuar con las operaciones en el oeste de Rumanía ante la necesidad mucho más urgente de defender Belgrado. Así fue como la 7ª División SS de Montaña “Prinz Eugen” y de la 4ª División SS de Policía “Polizei” levantaron sus posiciones frente a Timisoara y abandonaron el Banato Rumano para volver a su base de partida en el corazón de los Balcanes. Al cabo de unos días, el 5 de Octubre, los comandos germanos de la División de Élite “Brandenburgo” y los milicianos fascistas del Ejército Nacional Rumano, así como algunos o familiares de los miembros de la Guardia de Hierro, dejaron atrás Oltenia y salieron de su patria en dirección a Belgrado, lo que permitió a las tropas realistas rumanas y a sus socios soviéticos recuperar las ciudades de Ostrova y Resita.

Soldados rumanos en Transilvania.

El 8 de Octubre de 1944, el IV Ejército Rumano y el XXVII Ejército Soviético lanzaron la ofensiva final contra Turda, logrando poner en retirada a las mermados defensores de la 25ª División de Infantería Húngara y ocupar la ciudad tras un saldo de 10.000 bajas magiares y miles de rumanos, incluyendo la destrucción de 80 tanques soviéticos. Durante los dos días siguientes, entre el 9 y el 10, toda la línea del frente del II Ejército Húngaro colapsó porque el IV Rumano, junto al XXVII Ejército Soviético en su ala izquierda y al VII Ejército de Guardias en su ala derecha, conquistaron las siguientes localidades: los rumanos se hicieron con Ceanul Mare, Vissoal, Band, Sâulia, Sârmâsel, Câmârasu, Apahida y Gâdâlin; mientras que los soviéticos con la ciudad de Târgu Mures y las poblaciones de Reghin, Deda y Lechinta. A las veinticuatro horas de estos éxitos, el 9 de Octubre, las tropas rumano-soviéticas entraron triunfales en la capital transilvana de Cluj-Napoca, siendo celebrado el acontecimiento por todo lo alto en Bucarest y otras ciudades de Rumanía. De hecho, según el periódico Libertatea Ardealului, el titular en referencia a los victoriosos rumanos y a la supuesta maldad de los húngaros expresó: La ciudad de Cluj hoy está y estará por siempre en nuestras manos. La victoria rumana en Cluj es el triunfo de la luz sobre la oscuridad, de la justicia contra la injusticia y de la democracia frente a la terrible dictadura.

Recuperada la capital de Cluj, la ofensiva del Ejército Rojo y el Ejército Rumano superó las elevaciones del Paso de Somes entre los Montes Meses y los Montes Fâget, progresando hacia el interior de Transilvania. A partir de entonces el avance sobre los caminos de montaña y los bosques sería fugaz porque las tropas rumano-soviéticas perseguirían en tres ejes a los soldados del II Ejército Húngaro del siguiente modo: el VII Ejército de Guardias Soviético en el flanco oriental se apoderó de Beclean, Sancuta Mare, baia Mare, Sighet y Seini; el IV Ejército Rumano en el sector central ocupó Bontida, Gherla, Feodora, Ponticeu, Rus, Surduc, Jibou, Cehu Silvaniei, Ulmenis y Sârmâsag; y el XXVII Ejército Soviético en el flanco occidental conquistó Zimbor, Zalâu, Silvanie y Simelu.

A mitad de Octubre de 1944, dio comienzo la ofensiva hacia Oradea tras el fracaso anterior del VI Ejército Blindado de Guardias y la 1ª División de Voluntarios Rumana “Tudor Vladimirescu”, a las cuales se hubo unir como refuerzo la 2ª División de Infantería Rumana que después de cruzar el Río Somesu Nic fue tomando casi en un “efecto dominó” las localidades de Huedin, Ciucea, Alesd y Tileagd. Una vez logrado estos objetivos, los soldados rumanos y soviéticos sortearon el cauce del Río Crisu Repade y tras vencer a los últimos defensores húngaros y alemanes, el 18 de Octubre entraron triunfales en la ciudad de Oradea.

Tanque húngaro del modelo Turan a las afueras de Arad.

La última ofensiva del IV Ejército Rumano sobre Transilvania se inició a finales de Octubre cuando el XXVII Ejército Soviético que avanzaba por su izquierda atravesó el Río Beretâu y junto a la 2ª División de Infantería Rumana ocupó las poblaciones de Maghita y Valea Iu Mihai. Una vez despejadas de enemigos estas posiciones, el IV Ejército Rumano empujó al II Ejército Húngaro tomando Bogdand, Andud, Sinmiclâus, Ghenci y Tiream, hasta chocar el 25 de Octubre contra las tropas magiares en la Batalla Carei, donde la 18ª División de Infantería Rumana rodeó a los húngaros desde el oeste por Marna Nouâ, Foeni y Urziceni, y la 21ª División de Infantería Rumana hizo lo propio desde el este por Fermâ, Moftin, Câmin y Berveni, lo que permitió a la 9ª División de Infantería Rumana en el centro superar las débiles trincheras enemigas entre Viile Carei y Câpleni, hasta conquistar finalmente la ciudad de Carei.

El 25 de Octubre de 1944, coincidiendo con la victoria en la Batalla de Carei, el VII Ejército de Guardias Soviético que progresaba al norte de Transilvania, expulsó a los soldados rezagados del II Ejército Húngaro hacia su patria más allá del Río Tisza, algo que fue aprovechado por la 1ª División de Caballería Rumana para galopar hacia el oeste y tomar localidad de Satu Mare. A los gritos de “¡Despierta Rumanía!” que expresaban los campesinos transilvanos después de contemplar emocionados como cabalgaban a sus jinetes, los soldados rumanos alcanzaron a la caída de la tarde la frontera con Hungría, poniendo fin a la reconquista de Transilvania.

Conclusión

A finales de Octubre de 1944, las fuerzas del Ejército Alemán fueron expulsadas completamente de Rumanía y las del Ejército Húngaro de Transilvania. Con este triunfo que simbólicamente implicó una venganza rumana hacia los germano-húngaros por el Tratado del Arbitraje de Viena de 1940, al mismo tiempo también significó una pérdida total de su soberanía nacional porque desde ese instante el país quedaría sometido a la órbita de la Unión Soviética.

Las bajas del Eje fueron de unos 80.000 efectivos (280.000 contando la ofensiva de Iasi-Chisinâu) entre los que hubo unos 61.000 alemanes entre muertos y prisioneros (incluyendo 14 generales, 1.421 oficiales y 4.088 suboficiales), y unos 19.000 húngaros entre muertos y heridos. A estas pérdidas hubo que añadir la destrucción de 100 tanques, la captura de 222 aviones (en aeródromos rumanos) y el hundimiento o apresamiento de 498 embarcaciones fluviales.

Las bajas del Reino de Rumanía y la Unión Soviética fueron de unos 160.000 efectivos entre los que hubo 140.727 rumanos sumando 58.330 muertos y 82.937 heridos, más 20.000 soviéticos entre muertos y heridos.

A pesar de que la traición del Rey Miguel I inicialmente aparentó ser ventajosa para Rumanía por impedir una debacle frente a los Aliados y recuperar la histórica provincia de Transilvania a costa de Hungría, en el resto de aspectos todas las consecuencias resultaron ser letales para el país. En primer lugar como el Golpe de Estado del 23 de Agosto había sido una chapuza y no había existido armisticio alguno con la Unión Soviética, un total de 305.000 soldados rumanos fueron hechos cautivos en condición de “prisioneros de guerra” por el Ejército Rojo y deportados a Siberia como esclavos (donde miles perecerían). Acto seguido las provincias de Besarabia y Bukovina fueron arrebatadas a la nación para ser incorporadas a las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Ucrania y Moldavia; mientras que el Parlamento de Bucarest y los partidos del Bloque Nacional Democrático fueron víctimas de una purga efectuada por los cada vez más influyentes militantes del Partido Comunista Rumano (curiosamente la mayoría de los conspiradores que habían sido proclives de alcanzar un acuerdo con los rusos acabaron asesinados o encarcelados por estos últimos). Exactamente igual ocurrió con el Ejército Rumano porque los soldados fueron usados como “carne de cañón” contra las tropas del Ejército Alemán y el Ejército Húngaro durante el resto de la Segunda Guerra Mundial, al mismo tiempo en que el generalato y la oficialidad fueron siendo víctimas de detenciones y ejecuciones (el Mariscal Ion Antonescu sería fusilado en la Prisión de Jilava en 1946). Gracias a esta sumisión política y militar del Reino de Rumanía al Kremlin de Moscú, en 1947 el Rey Miguel I fue obligado a exiliarse en el Reino Unido para instaurarse en su lugar un régimen comunista bajo el nombre de República Socialista de Rumanía que perduraría cuatro décadas hasta su caída en 1989.

Las consecuencias del Golpe del 23 de Agosto de 1944 y el cambio de bando de Rumanía, fue junto con la ofensiva de Iasi-Chisinâu que estuvo ligada a estos sucesos, la mayor debacle política, militar, económica y territorial de las potencias del Eje en la Segunda Guerra Mundial. A las bajas encajadas por el Ejército Alemán y el Ejército Húngaro, hubo que añadir que el número de sus enemigos aumentó a casi medio millón de hombres con el posicionamiento del Ejército Rumano del lado de los Aliados (fueron las cuartas fuerzas armadas por detrás del Ejército Soviético, el Ejército Estadounidense y el Ejército Británico, estando por delante del Ejército Francés). A esto también hubo que sumar el aspecto económico porque el Tercer Reich dejó de disponer de los campos petrolíferos de Ploiesti (a partir de entonces las reservas de crudo serían inexistentes para continuar la contienda); mientras que en el plano político naciones como Bulgaria, que hasta ese momento formaba parte de la coalición con Berlín, imitó los pasos de los rumanos y rompió relaciones con los germanos para coaligarse con la Unión Soviética. Finalmente a nivel territorial, la traición de Rumanía que arrastró también a la de Bulgaria, junto con la reconquista por parte del Ejército Rumano de la Transilvania Húngara, implicó el derrumbe de todo el Frente Oriental en el sureste de Europa, obligando a la retirada de las fuerzas del Eje de Grecia, Albania, Macedonia, Kosovo y Serbia, lo que aceleró considerablemente la derrota de Alemania y un cambio del rumbo en la Historia del siglo XX.

 

Bibliografía:

-Antonio García Palacios, Rumanía, 1944, El Martillo de Stalin golpea los Cárpatos, “Transilvania, Otoño de 1944”, HRM Ediciones (2018), p.113-126
-Editores de Meridiane, Armata Românâ în al Doilea Râzboi Mondial/ Romanian Army in World War II, “Trecerea Românie de partea Natiunilor Unite/Romania Ranging of the Side of United Nations”, Meridiane (1995), p.113-146
-Rafael Rodrigo, 1944 Operación “Donau Elf”, Revista Historia de la Guerra Nº3 (2017), p.23-26
-David Fraser, La Caída de los Dioses, “VII El visita Palacio”, la Esfera de los Libros (2005), p.258-262
-Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano, “Una traición previsible”, García Hispán Editor (1997), p.95-118
-Jaques Pirenne, Historia Universal, “Rumanía y Bulgaria piden el Armisticio”, Éxito (1961), p.397-398