Flak 88 Cañón de 88 mm

Nombre: Flak 88
Nacionalidad: Alemania
Compañía: Krupp AG
Tipo: Cañón de asalto y antiaéreo
Longitud: 7′ 7 m
Altura: 2′ 4 m
Anchura: 2′ 19 m
Peso: 5′ 5 toneladas
Modo de tiro: Semiautomático
Alcance horizontal: 14.813 m
Alcance vertical: 9.900 m
Giro horizontal: 360º
Giro vertical: -3 a 85º
Dotación: 6 hombres
Armamento: Proyectil de 11 kg
Historia:

El Flak 88 fue el cañón más temido de la Segunda Guerra Mundial y una pieza de artillería clave en el desarrollo de la Guerra Relámpago o “Blitzkirieg”. Muy popular entre sus dotaciones por la rápida cadencia de fuego, fácil transporte, poder destructor y carácter multifuncional al complementarse como arma de bombardeo, anticarro y antiaéreo, este ingenio puesto en servicio por el Tercer Reich se acabaría convirtiendo uno de los mejores cañones del siglo XX.

A partir de un viejo cañón BAK de 37 milímetros de la Guerra Franco-Prusiana de 1870, la Compañía Krupp tomó la estructura de esta pieza a la que añadió un tubo del calibre de 88 milímetros. Así nació el “Fliegerabwehrkanone”, más conocido como Flak 88, que fue estrenado batiendo las trincheras del Frente Occidental durante la Primera Guerra Mundial de 1941 a 1918. Una vez finalizado este conflicto y después de que el Tratado de Versalles autorizase al Ejército de la República de Weimar (Reichswehr) poseer artillería propia, nuevamente la Compañía Krupp, junto a ingenieros de la Compañía Bófors de Suecia, retomaron los experimentos con el Flak 88 con la intención de convertirlo en un cañón antiaéreo y al mismo tiempo de apoyo a la infantería.

Cañón de 88 milímtros alemán con su dotación en una trinchera.

Las altas prestaciones del Flak 88 se resumieron en su poder devastador gracias al cañón de 88 milímetros, en su capacidad defensiva porque al tubo del arma iba acoplado un panel metálico de protección y en su eficacia móvil gracias a sus ruedas o gatos niveladores que fijaban las conteras al suelo. A estas magníficas características hubo que añadir un equipo de control de fuego muy sofisticado, un equilibrador para evitar la torsión, un compensador de retroceso, un recuperador automático, un sistema de giro de dos manivelas de mecanismo (una para la elevación vertical hasta los 85º y otra para el giro completo en horizontal de 360º) que contenían un indicador de ángulo de tiro con visor y una cadencia de disparo semiautomática de 15 proyectiles de 11 kilogramos por minuto que era semiautomática a través de un dispositivo de resorte que abría la cámara y expulsaba el casquillo mientras retrocedía el cañón y se insertaba otro proyectil (esto último le hacía mortífero porque a pesar de que habían sido pensado como un antiaéreo, le convertía en un formidable enemigo para los carros). Respecto a la dotación de seis hombres, las funciones de sus miembros se repartieron del siguiente modo: el oficial al mando de una batería compuesta por uno o más cañones; el suboficial que dirigía un sólo cañón y calculaba la distancia del objetivo con instrumentos de mira óptica o un telémetro; dos artilleros a cada lado que servían la munición facilitando con rapidez los proyectiles; el artillero disparador que se encargaba de colocar el proyectil en la recámara para cerrarla y luego disparar cuando recibía la orden; y por último el artillero que controlaba las manivelas de giro y elevación del arma mirando a través del visor de fuego.

Numerosos fueron los proyectiles que sirvieron al cañón Flak 88, aunque el estándar fue el Panzergranatpatrone 39-I de 22 kilogramos con cápsula balística de perforación, dos bandas de dirección y un propelente Gudol R.P. de 6’84 kilogramos. A éste le siguió el innovador Panzergranatpatrone 39/43 de 23’ 35 kilogramos de peso que podía ser disparado desde ánimas con el tubo recalentado, exactamente igual que el Sprenggranatpatrone 43. También surgieron otros modelos como el Panzergranatpatrone 40 de 7’30 kilogramos con un núcleo de tungsteno, el Sprenggranatpatrone L/4.7 de 19’30 kilogramos con dos bandas direccionales y espoleta de impacto y el Granatpatrone 39 H1 de 16 kilogramos con carga hueca, así como el poderoso Granatpatrone 39/43 de 16 kilogramos que podía atravesar 90 milímetros en blindajes con inclinación de 30º a 1.000 metros de distancia y a una velocidad de 600 metros por segundo.

La mayor parte de los cañónes de 88 milímetros fueron agrupados en baterías de cuatro piezas de artillería que eran transportados a través de remolques en camiones o bien a bordo de vehículos rodados y convoyes ferroviarios. Algunos otros fueron adaptados para acoplarse a un semioruga Hanomag, a trenes blindados de tipo Panzerzüge o bien a vehículos de asalto. No obstante, uno de los mayores logros industriales del Flak 88, fue cuando el cañón de 88 milímetros se introdujo a los tanques Panther, Tiger y King Tiger que tantos éxitos aportaron a las fuerzas del Eje durante la Segunda Guerra Mundial. A raíz de estas buenas cualidades técnicas y éxitos en el arte operacional, la Compañía Krupp fabricó un total de 21.310 unidades de Flak 88 en el siglo XX.

Baterías de Flak 88 en plena batalla nocturna.

Oficialmente el bautismo de fuego de los Flak 88 tuvo lugar en la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1918, donde todavía sus carencias técnicas solamente le permitieron una cadencia de fuego de tres disparos por minuto, lo que no supuso ningún cambio significativo en el Frente Occidental de Francia. Se tendría que esperar al inicio de la Guerra Civil Española en 1936, para que los 52 ejemplares de Flak 88 enviados a España, concretamente 36 como parte del Ejército Nacional y 16 de la Legión Cóndor, demostrasen su incuestionable superioridad en la Batalla de Guadalajara en 1937 y posteriormente en el resto de combates que se libraron sobre la Península Ibérica. Simultáneamente en la Segunda Guerra Sino-Japonesa que se estaba librando en China, el Ejército Nacional Revolucionario del Kuomintang compró veinte Flak 88 que fueron emplazados en una serie de castillos situados en el curso del Río Yang-Tse, desde cuyas azoteas causaron algunas bajas al Ejército Imperial Japonés durante la Batalla de Shangai en 1937.

Al comenzar la Segunda Guerra Mundial en Septiembre de 1939 con la invasión de Alemania a Polonia, los cañones Flak 88 se distinguieron barriendo de las llanuras al Ejército Polaco; exactamente igual que durante la campaña de Noruega tras derribar a un gran número de aviones enemigos sobre los fiordos; o en la Guerra Relámpago “Blitzkrieg” de 1940 sobre Holanda, Bélgica y Francia en que estas piezas de artillería contribuyeron a ganar la iniciativa sobre tierra. De igual manera, en la “Operación Barbarroja” de 1941 contra la Unión Soviética, los Flak 88 se impusieron con claridad sobre el Ejército Rojo porque a campo abierto causaron la destrucción de cientos de tanques T-34 y KV-1.

El Norte de África fue el gran escenario del Flak 88 al servicio del Afrika Korps porque el general Erwin Rommel comprendió el potencial de esta arma desarrollando una táctica consistente en levantar pantallas de arena que atrajesen al enemigo hasta una serie de emplazamientos de estas piezas de artillería ocultas en línea, con lo que a continuación se procedería a su total aniquilación. Eso mismo sucedió entre Sollum y el Paso de Halfaya durante la “Operación Battleaxe”, así como posteriormente en el resto de combates que tuvieron lugar sobre el Desierto del Sáhara en Libia y Egipto como por ejemplo la Batalla de Gazala y las Primera y Segunda Batallas de El-Alamein que se libraron en 1942. De hecho, un cañón Flak 88 camuflado en las costas de Tobruk, consiguió hundir al destructor británico HMS Sikh durante la “Operación Agreement”; mientras que en 1943, los tubos de 88 milímetros desplazados a Túnez causaron estragos en el Ejército Estadounidense que fue derrotado en la Batalla del Paso de Kasserine.

A mediados de 1943, miles de cañones Flak 88 comenzaron a servir en la defensa aérea de Alemania, tanto diurna como nocturna (en esta última equipados con focos reflectores), en donde derribaron centenares de bombarderos cuatrimotores anglo-estadounidenses B-17, B-24 Liberator, Lancaster, Halifax, etcétera. Al mismo tiempo, los Flak 88 actuaron como piezas de artillería costeras defendiendo las platas de Sicilia durante la “Operación Husky”, el litoral de Salerno durante la “Operación Avalanche” y sobretodo las costas de Francia durante el desembarco de Normandía, destacando en este último enfrentamiento por hundir numerosas barcazas en el sector de “Omaha Beach”. Precisamente en la campaña de los arbustos y setos normandos de los “bocages”, los Flak 88 ocultos entre la maleza sembraron miles de bajas a los Aliados, como por ejemplo hizo una batería de cuatro cañones de 88 milímetros que el 18 de Julio de 1944 destruyó en siete minutos a un total de dieciséis tanques británicos a las afueras del pueblo de Cagny.

Flak 88 o cañón de 88 milímetros con su dotación en algún lugar de Europa.

Otros usuarios del Flak 88 fueron esencialmente los países del Eje en Europa como Finlandia que dispuso de noventa unidades con las que defendió Carelia durante la Guerra de Continuación contra la URSS, Italia que contó con algunos piezas en la campaña del Norte de África o Hungría que compró unas cuantas para defender su capital durante la Batalla de Budapest. Incluso los Aliados también adquirieron el Flak 88 como por ejemplo Grecia que con veinticuatro ejemplares defendió el espacio aéreo del Epiro y la frontera con Albania dentro del marco de la Guerra Greco-Italiana.

A finales de 1944, los Flak 88 apoyaron la última ofensiva del Ejército Alemán durante la Batalla de las Ardenas, distinguiéndose por reducir a escombros los pueblos de Bastogne y Saint Vith, en cuyas calles provocaron bajas muy elevadas a los soldados del Ejército Estadounidense. A partir de 1945, las últimas unidades de Flak 88 defendieron el oeste de Alemania de la invasión desencadenada por los Aliados Occidentales en el Río Rin y el Ruhr; además de las calles de la capital, donde manejados por la Milicia Popular “Volkssturm” e incluso por niños de las Juventudes Hitlerianas, todavía destrozaron a decenas de tanques soviéticos durante la Batalla de Berlín hasta que se produjo la derrota total del Tercer Reich.

Terminada la Segunda Guerra Mundial en 1945, algunos países como Suecia, Yugoslavia y España (esta última construiría 200 unidades bajo licencia) continuaron operando con el Flak 88 hasta bien avanzada la Guerra Fría. De hecho, en una fecha tan tardía como finales del siglo XX, Serbia utilizó Flak 88 para bombardear objetivos en Croacia y Bosnia-Herzegovina dentro del contexto de las Guerras Yugoslavas de 1991 a 1995. A raíz de este prolongado servicio, sin duda alguna el Flak 88 se convirtió en una de las mejores piezas del arma de artillería de la Historia Militar.

 

Bibliografía:

-Marcel Socías, Cañón de 88 milímetros, Revista Historia y Vida Nº450 (2005), p.10-11
-Francisco Javier Ormeño Chicano, 8’5 cm Flak 18, Revista Serga Nº60 (2009), p.50-52