USS Indianapolis

Nombre: USS Indianapolis
Nacionalidad: Estados Unidos
Constructora: New York Shipbuilding
Tipo: Crucero Pesado
Clase: Portland
Eslora: 180’ 9 metros
Manga: 20’ 2 metros
Peso: 10.000 toneladas
Velocidad: 33 nudos
Blindaje: Cubierta de 146 mm y cintura de 57 mm
Planta Motriz: 8 motores White Foster y turbinas Parson de 4 hélices
Tripulación: 1.196 hombres
Botadura: 7 de Noviembre de 1931
Aviones: 2 hidroaviones Kingfisher
Armamento:
·6 cañones de 200 mm en torretas triples
·8 cañones antiaéreos de 130 mm
·8 cañones de 50 mm
Historia:

El USS Indianapolis fue uno de los buques más emblemáticos de la Segunda Guerra Mundial. Este crucero que tuvo el honor de trasladar a la bomba atómica “Little Boy” que caería sobre Hiroshima, fue hundido tan sólo unos días después en medio del Océano Pacífico, protagonizando desde entonces sus supervivientes una lucha por salvar la vida en medio del agua y evitar a los tiburones en un episodio que sería considerado como una de las tragedias más crueles de la Historia Naval.

Construcción:

El crucero USS Indianapolis, también apodado como “Indy”, comenzó a ser construido el 31 de Marzo de 1930 por la Compañía New York Shipbuilding. Se trató de un buque pesado de 180 metros de eslora y 20 metros de manga con capacidad para 1.196 tripulantes que desplazaba 10.000 toneladas a 33 nudos gracias a sus ocho motores White Foster y turbinas Parson de cuatro hélices, moviendo un blindaje que variaba de los 146 milímetros en cintura a los 57 milímetros en cubierta; además de contar con un armamento de seis cañones de 200 milímetros en tres torretas triples (dos a proa y una a popa), ocho piezas secundarias de 50 milímetros (cuatro a cada banda) y ocho ametralladoras antiaéreas de 30 milímetros, incluyendo dos hidroaviones Kingfisher impulsados por catapultas.

Vista del USS Indianapolis frente a la costa oeste de Estados Unidos.

Botado el 7 de Noviembre de 1931 durante una ceremonia a la que acudió la señora Lucy Taggart, hija del senador Thomas Taggart, el USS Indianapolis no estaría comisionado hasta el 15 de Noviembre de 1932. A partir de dicha fecha, el crucero entró en servicio como buque de adiestramiento en la Bahía de Guantánamo de Cuba, antes de iniciar una larga patrulla primero en el Canal de Panamá y a continuación en las costas de Chile. Posteriormente, el USS Indianapolis se haría famoso entre el resto de cruceros de la Flota Estadounidense (US Navy) por hacer de transporte en diversas ocasiones al Presidente Franklin Delano Roosevelt durante una serie de recorridos por América del Sur y el Mar del Caribe, llevándole por ejemplo en 1936 a Montevideo en Uruguay y luego a Río de Janeiro en Brasil.

Guerra del Pacífico:

Cuando se produjo el ataque de Japón a Pearl Harbor el 7 de Diciembre de 1941, el USS Indianapolis se encontraba haciendo maniobras en la Isla de Johnston, a 1.400 kilómetros de distancia de las Islas Hawaii. Inmediatamente fue enviado a Rabaul, donde el 20 de Febrero de 1942, fue atacado por la aviación japonesa sin sufrir un sólo impacto de las bombas arrojadas y derribando a uno de los aparatos nipones. A continuación el crucero se trasladó a las costas de Nueva Guinea para bombardear con sus baterías una serie de posiciones del Ejército Imperial Japonés en los puertos de Lae y Salamaua.

Al tener lugar la invasión del Imperio Japonés a Alaska tras el desembarco de tropas niponas cerca del Ártico, el USS Indianapolis acudió en defensa del suelo patrio a mediados de 1942. Entre sus acciones durante esta fase de la contienda estuvo el bombardeo a la Isla de Kiska sobre la que destruyó mediante sus cañones de grueso calibre a algunas embarcaciones japonesas menores que se encontraban repostando en el litoral, antes de desplazarse a la Isla de Attu y hundir en Enero de 1943 al carguero nipón Akagane Maru.

El crucero USS Indianapolis amarrado en un puerto de Estados Unidos.

A finales de 1943, el USS Indianapolis fue enviado a Pearl Harbor para que la tripulación disfrutase de una jornada de descanso en las Islas Hawaii. Una vez acabadas estas vacaciones, el crucero tomó parte en la Batalla de Tarawa bombardeando los atolones de coral de las Islas Gilbert, así como en la campaña de las Islas Marshall. Posteriormente, durante una incursión a las Islas Palau, el USS Indianapolis derribó a un avión nipón con sus piezas de artillería antiaéreas; exactamente igual que hizo abatiendo a otro en la Batalla del Mar de Filipinas; y distinguirse a continuación mediante una serie de cañoneos contra el litoral en la Batalla de Saipán, la Batalla de Tinian y la Batalla de Peleliu, e incluso en la Batalla de Iwo Jima en 1945.

La Batalla de Okinawa en las Islas Ryûkyû fue el siguiente destino del crucero USS Indianapolis cuando durante cinco días bombardeó las posiciones del Ejército Imperial Japonés atrincherado en la costa y derribó un avión, aunque sin duda su mejer jornada fue la del 24 de Marzo de 1945 por abatir a otros seis aparatos enemigos. Lamentablemente su suerte se terminó el 31 de Marzo después de que un bombardero nipón le arrojase una bomba con la que dañó la superestructura del buque y destrozó los tanques de combustible, matando a nueve marineros. A raíz de estas averías, el USS Indianapolis no tuvo más remedio que regresar a Estados Unidos y llevar a cabo reparaciones en la Isla de Mare en San Francisco, no sin antes serle concedidas once estrellas de guerra.

Última Misión:

El 16 de Julio de 1945, el USS Indianapolis zarpó de la Bahía de San Francisco rumbo hacia la inmensidad del Océano Pacífico. Curiosamente el capitán Charles Mc Vay III al mando del buque, había recibido órdenes de no abrir la carpeta con las instrucciones del viaje, la cual permanecía guardada en una caja fuerte de la cabina, hasta que el navío estuviese en alta mar. Una vez desenvolvió el sobre y leyó la ruta a seguir, descubrió que su misión consistía simplemente en llevar un “cargamento especial” a la Isla de Tinian durante un recorrido de 9.000 kilómetros. Sorprendentemente, nadie en el barco sabía cuál era el contenido de dicho “cargamento especial”, salvo el radiólogo James Nolan y el ingeniero Robert Furman. En realidad se trataba de la bomba atómica “Little Boy” con uranio enriquecido que estaba destinada a caer sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

El recorrido del USS Indianapolis con la bomba atómica “Little Boy” en sus bodegas, lo convirtió en el buque más peligroso para servir de todos los que había en aquellos instantes operando en la Guerra del Pacífico, e increíblemente la tripulación sin saber que cualquier tipo de ataque acabaría con la desintegración de su nave y probablemente de todas las que hubiese alrededor en un radio de diez kilómetros. Por fortuna la navegación transcurrió sin incidentes porque tras llevar 5.300 kilómetros superados en tres días, el 19 de Julio, el crucero repostó en Pearl Harbor, antes de proseguir la marcha durante una semana para finalmente alcanzar la Isla de Tinian el 26 de Julio, donde fue descargada la bomba atómica “Little Boy” junto al radiólogo James Nolan y el ingeniero Robert Furman.

Pintura sobre la última travesía del USS Indianapolis.

Alrededor de 48 horas el USS Indianapolis permaneció en las Islas Marianas, repostando concretamente en la Isla de Guam, hasta que el 28 de Julio de 1945 efectuó su último viaje en dirección a la Isla de Leyte en las Filipinas durante un bre recorrido de 2.100 kilómetros. No obstante y mientras el crucero comenzó a navegar en zigzag al caer la noche del 29 al 30 de Julio, el submarino japonés I-58 al mando del capitán Hashimoto Mochitsura (era uno de los seis sumergibles nipones disponibles que operaban en el Océano Pacífico), localizó al buque norteamericano gracias a un ruido de platos en las cocinas, tocando rápidamente zafarrancho de combate y disparando a las 00:05 horas dos torpedos. Totalmente sorprendidos los marineros estadounidenses, el USS Indianapolis sufrió una sacudida que tambaleó la nave y provocó una serie de detonaciones internas que incendiaron la superestructura y soltaron los cables, quemando vivos a muchos tripulantes y dejando atrapados en los compartimientos a otros tantos que sin remedio morirían ahogados. Bastaron solamente doce minutos, para que a las 00:17 horas, el crucero USS Indianapolis se hundiera, llevándose la vida de 200 marineros.

Supervivientes en el Infierno:

Justo después del hundimiento del crucero USS Indianapolis, más de 800 marineros permanecieron a la espera de ser rescatados, los más afortunados en botes, mientras que el resto sujetos a remos, redes o restos del buque, aunque otros con menos suerte aferrados a sus chalecos salvavidas o simplemente nadando sin nada. A esta situación hubo que añadir que un buen número de náufragos estaban heridos, la mayoría con huesos rotos o quemaduras, y que precisaban de atención médica inmediata. Como la tierra más cercana se hallaba a 500 kilómetros de distancia (y por tanto a dos horas de los aviones de rescate y a un día de barcos que pudieran socorrerles), reunieron todos los alimentos que quedaron a flote y aquellos objetos necesarios para la supervivencia en cajas o hinchables, a la espera de ser evacuados.

La primera noche del hundimiento ya supuso un calvario para los náufragos del USS Indianapolis porque tuvieron que soportar embestidas de olas de 5 metros de altura y una corriente que los arrastró a un mar deshabitado sobre la falla oceánica de 16.000 kilómetros cuadrados y sin tierra alrededor. Por si fuera poco, al amanecer del lunes 30, comenzaron los problemas respiratorios a causa del agua salada que los marineros tragaban por accidente y el intenso sol sobre las cabezas que produjo diversos casos de fotofobia. De hecho, una vez avanzado el día, la mayoría de los heridos habían muerto desangrados o enfermos; mientras algunos aviones sobrevolaban la zona sin percatarse de la presencia de los sus compatriotas que desesperados señalizaron con los brazos, efectuaron tiros de pistola, hicieron reflejos con espejos y dispararon bengalas. Desgraciadamente ningún aparato tenía datos sobre la presencia del USS Indianapolis en aquellas latitudes porque su misión había sido de alto secreto a la hora de transportar la bomba atómica, motivo por el cual su existencia había sido borrada de los datos de registro (para evitar a los espías japoneses) y por tanto absolutamente nadie estaba buscándolo.

Al atardecer del 31 de Julio de 1945, los marineros del USS Indianapolis divisaron algunas aletas sobre la superficie del agua, por lo que rápidamente se generó el pánico entre las náufragos al ver aparecer numerosos tiburones. Afortunadamente por el momento los animales centraron su atención en los cadáveres, aunque durante el festín la sangre vertida al agua fue tanta que pronto se tiñó de roja, lo que atrajo a otros cientos de escualos. Una vez los tiburones hubieron acabado de comerse a los muertos, al anochecer atacaron a los vivos, siendo las primeras víctimas los heridos (atraídos por la sangre de sus heridas abiertas) y aquellos marineros aislados por ser presas mucho más fáciles e indefensas. A pesar de que los marineros más fuertes se apelotonaron para hacer un bloque humano y ahuyentaron a muchos de los escualos con alaridos y golpes de remo, un total de 200 náufragos perecieron horriblemente devorados.

Tampoco el miércoles 1 de Agosto de 1945, la situación fue mejor para los náufragos porque el hambre, la sed, el frío y la hipotermia también se cobraron numerosas vidas. De hecho se desataron las alucinaciones y la paranoia entre los marineros que creyeron ver a sus compañeros como enemigos y en actos de locura iniciaron una serie de peleas mortales a puñetazos, a golpes de remo, a cuchilladas, e incluso unos se ahogaron a otros con las manos. Aquellos que se mantuvieron con la cabeza cuerda sobrevivieron a los más de 100 asesinatos, aunque al caer la tarde muchos serían pasto de los tiburones.

Pintura acerca del destructor USS Cecil Doyle y lanchas especiales recogiendo a los supervivientes del USS Indianapolis en el agua tras varios días de vagar por el inmenso Océano Pacífico. Curiosamente pueden verse aletas de tiburones entre los marineros flotando, que por suerte serán pronto rescatados.

Inesperadamente el jueves 2 de Agosto de 1945, un avión al mando del teniente Chuck Gwinn que estaba haciendo un reconocimiento para bombardear navíos japoneses sobre el Mar de Filipinas, descubrió una gran mancha de aceite en medio del agua. Pensando que se trataba de un submarino, descendió su aparato a ras del agua para descubrir a cientos de marineros, unos vivos y otros muertos, flotando sobre la superficie. Inmediatamente comunicó por radio lo que acababa de ver y en seguida despegó desde la Isla de Peleliu un hidroavión Catalina PBY dirigido por el teniente Adrian Marks que voló hacia la zona del siniestro, en donde amerizó al cabo de dos horas. Los marineros, exultantes de alegría, nadaron hacia el aparato para ser subidos a bordo o ser alojados encima de las mismas alas. Poco tiempo después, se presentó en el lugar el destructor USS Cecil Doyle al frente del capitán Graham Claytor y otras embarcaciones menores que fueron llegando más tarde, las cuales recogieron al resto de supervivientes, les atendieron médicamente y les repartieron comida y mantas. Hasta entonces, un total de 875 marineros del USS Indianapolis habían fallecido (200 en el barco y 600 a la deriva, entre estos 300 devorados por tiburones), habiéndose conseguido rescatar del agua a 321 náufragos.

El Recuerdo:

El hundimiento del USS Indianapolis fue una tragedia humana y naval que afectó a la opinión pública de Norteamérica por ser los altos mandos de la Flota Estadounidense los principales responsables del accidente a la hora de haber mantenido un estricto silencio y borrado de los registros la existencia del crucero con la finalidad de no poner en peligro del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, arrojada el 6 de Agosto de 1945 con la consiguiente muerte de 200.000 personas y la destrucción de la ciudad. Fue entonces cuando desde Washington se buscó a un “cabeza de turco” para desviar la negligencia y se culpó de lo sucedido al capitán del crucero, Charles McVay III, a quién acusaron de haber cometido la imprudencia de no haber navegado en zigzag la noche del siniestro. No obstante y contra todo lo esperado, durante el juicio que estuvo presidido por un tribunal manipulado, la fiscalía no pudo hacer nada para demostrar la culpabilidad de Charles McVay III porque en una de las sesiones se presentó el capitán Hashimoto Mochitsura, el único testigo de lo ocurrido tras haber estado al mando del submarino I-58, que habló en defensa del acusado y apuntó no entender como se podía procesar a alguien que había hecho tanto bien por salvar a sus hombres. Finalmente los jueces declararon a Charles McVay III inocente de los cargos, aunque desde entonces su nombre quedó manchado porque los periódicos iniciaron una auténtica campaña de desprestigio contra él y algunos familiares de las fallecidos le enviaron cartas amenazantes. A raíz de estos hechos y habiéndose convertido injustamente en un “culpable moral”, Charles McVay III cayó en una depresión que le llevó a suicidarse de un tiro en la cabeza en 1968, siendo de este modo la última víctima mortal del USS Indianapolis.

Sorprendentemente, durante el 49º Aniversario de Pearl Harbor, el 7 de Diciembre de 1981, la tripulación superviviente del USS Indianapolis realizó un último viaje a Washington, a los que también se unió su viejo enemigo, el capitán Hashimoto Mochitsura. La misión de todos ellos fue la de rehabilitar la figura del capitán Charles McVay III, iniciando un proceso legal que se alargaría casi dos décadas, hasta que finalmente en Octubre del año 200, el Congreso de los Estados Unidos restituyó su imagen y declaró un perdón oficial por la situación que condujo a su suicidio. Así fue como de forma increíble y a pesar de haber estado en bandos distintos, los marineros norteamericanos del USS Indianapolis y los submarinistas japoneses del I-58, esta vez siendo amigos, pudieron manifestar que juntos había ganado la última batalla “legal” de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Daniel Gomà, La tragedia del Indianapolis, Revista Historia y Vida Nº512 (2010), p.72-79
-Gordon Thomas, Enola Gay, Ediciones B (2005), p.359-368
-Jesús Hernández, El terrible destino del Indianapolis, Revista Muy Historia (2009), p.53