Los Medios de Comunicación

 

Al llegar al poder el fascismo en 1922 se creó la Oficina de Prensa para ejercer el control sobre la radio y la prensa italianas. De ello se encargó la Agencia de Alberto Di Stefani.

Predominantemente desde el inicio de la Era Fascista era mayoritario en los kioskos el diario el Il Popolo d’ Italia fundado por el propio Benito Mussolini. Hasta 1928 no empezaron a ganar peso otros periódicos gracias a la iniciativa del libro del registro de los periodistas, ideado para que la prensa aportase noticias útiles para la sociedad, presentase a un pueblo italiano unido, un mundo organizado y dejase de mostrar artículos de crónica negra. Ejemlos de ello fueron las publicaciones estatales Il Corriere della Sera y La Stampa.

Recorte del periódico Il Popolo d’Italia, fundado por el propio Benito Mussolini.

Cuando la Oficina de Prensa pasó a manos de Galeazzo Ciano durante la década de los años 30, se transformó en una subsecretaría de prensa y propaganda controlada cien por cien en manos del Estado. Los nuevos medios de comunicación de Ciano sufrieron una censura minuciosamente estudiada que incluyó la cinematografía, la música y el teatro. En 1937 se fundó el Minculop o Ministerio de Cultura Popular presidido por Dino Alfieri que estableció una normativa a la prensa denominada Comisión para el Saneamiento del Libro con la finalidad de ayudar económicamente a intelectuales con dificultades de dinero y prohibir todos los libros antiitalianos.

La radio se convirtió en un estupendo medio para las masas al que el fascismo supo sacar mucho partido para que todos los italianos se sientiesen parte de la nación. Las primeras emisiones radiófonicas en Italia se iniciaron por primera vez en 1924, aunque eran muy pobres, no fue hasta 1927 cuando la radio se transformó en un importante aparato del Estado que se dió a conocer rápidamente entre todos los italianos gracias al Ente Italiano de Audiciones Radiofónicas (EIAR). La posibilidad de seguir en directo desde casa los mítines y las concentraciones fascistas en masa permitió a la población rural acercarse espiritualmente a los ritos colectivos nacionales.

El Instituto Duce fue el primer edificio que se construyó en la Italia Fascista para la industria cinematográfica, el Cineguf. Luigi Freddi fue elegido futuro director para dirigir la Ciudad del Cine inspirada en el Hollywood de los Estados Unidos, aunque nunca este plan llegó a materializarse. Para promulgar la industria del cine el hijo del Duce, Vittorio Mussolini, fundó el Centro Experiemntal de Cinematografía que en 1937 se convirtió en unos estudios llamados Cinecittà. Victorio también editó la revista Cinema para aficionar a las masas a que acudiesen al cine. Las primeras películas de carácter fascista se produjeron después del décimo aniversario de la Marcha sobre Roma y de la Exposición de la Revolución Fascista, siendo las más famosas Vecchia Guardia de Alessandro Blasetti en 1935 y Escipión el Africano de Carmine Gallone en 1937 para exaltar el nuevo Imperio Italiano.

Propaganda de la cinematografía fascista italiana en un acto de cineastas.

Con el inicio de la guerra de Italia contra Etiopía la propaganda fascista sufrió una serie de variaciones, pues los boletines de prensa o radio pasaron a disposición del Gobierno para censurar todo aquello del conflicto que pudiese herir la sensibilidad de los italianos. El fascismo utilizó en los medios de comunicación una serie de eslóganes que difundió a todos los ciudadanos, el más famoso era “Mussolini ha sempre ragione (Mussolini siempre tiene razón)”, aunque surgieron otros como “si avanzo seguidme, si retrocedo matadme”, “muchos enemigos, muchos honores”, “el arado abre el surco, pero la espada lo defiende”, vivir peligrosamente” o “más vale comportarse un día como un león que cien como un cordero”.

 

Bibliografía:

Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo. “El Aparato de Control / Los Medios de Comunicación y el Régimen / El cine es el arma más poderosa / La Radio y el Instituto Duce / La mostra de cine de Venecia”, Susaeta, (2003), p.98/99/99-100/101/104
Xavier Valls Torner, El culto al Duce, Revista Historia y Vida Nº528 (2012), p.76-77