“Ciudades Nuevas” del Fascismo

La Italia Fascista aspiró a emular al Imperio Romano en muchos aspectos referentes a la estética, el arte, la arquitectura e incluso en las relaciones sociales como los saludos con el brazo al grito de Duce. La grandeza milenaria de esta civilización que se extendió sobre tres continentes en el pasado y dominó el “Mar Mediterráneo” en lo que se conoció “Marenostrum”, ansiaba ser restaurada por Benito Mussolini mediante una serie de construcciones y obras megalómanas que afectaron al urbanismo en lo que debía ser el futuro proyecto de las llamadas “Ciudades Nuevas”.

Ideal artístico  y futurista de lo que debía ser la “Ciudad Nueva” de la Italia Fascista.

Las “Ciudades Nuevas” o “Ciudades de Fundación” surgieron a partir de 1926 por iniciativa de la Obra Nacional de Combatientes con la finalidad de hacer un saneamiento integral de todas aquellas poblaciones rurales para transformarlas en ciudades agrarias mucho más modernas y con un aspecto similar a lo que debían haber sido en la Antigua Roma. Básicamente se trataba de edificar sobre un trazado urbano dividido en dos ejes octogonales, en cuyo centro se situaría la plaza central con el Ayuntamiento, a los que se añadiría en sus alrededores una serie de edificios públicos consistentes en la Casa del Fascio (visible por su elevada torre), la iglesia, la sede de las Asociaciones de Combatientes, la Casa de la Obra Nacional Balilla, la comisaría de los Carabineros, el cuartel de la Milicia Voluntaria para la Seguridad Nacional, la escuela elemental, el mercado, la oficina de correos, el hospital, la farmacia y otros departamentos según la profesión, además de extenderse el complejo metropolitano a una periferia cargada de aldeas rústicas, granjas y sistemas de cultivo.

Oficialmente la primera de las “Ciudades Nuevas” fue edificada en la Isla de Cerdeña en 1929, aunque la más importante no surgiría hasta 1935 con la construcción de Agro Pontino diseñada por el arquitecto romano Oriolo Fezzoroti en la provincia de Littoria. Al mismo tiempo fue levantada siguiendo unos cánones de planimetría medieval la ciudad de Sabaudia con más de 5.000 habitantes y dedicada tanto al Rey Víctor Manuel III como a la Dinastía de los Saboya. Acto seguido se erigió Pontinia con 4.000 ciudadanos, Aprilia en 1937 con capacidad para un censo de 9.000 (aunque sólo se pobló con 3.000) y finalmente Pomezia en 1939 con 12.000 italianos procedentes de las regiones de Romaña, Véneto y Friuli.

La nueva Roma de la Italia Fascista. Escultura de un caballo con la bandera italiana en la Exposición Universal de París, concretamente en el Pabellón Italiano.

Muchas de las “Ciudades Nuevas” se crearon para cumplir las líneas dictadas por el Estado Corporativista que promovía el Partido Nacional Fascista, ya que solían albergar a un exclusivo y selecto personal orientado a determinadas actividades productivas que contribuían al desarrollo nacional. Aquel fue el caso de la ciudad minera de Arsia en Istria que fue pensada para que se asentaran los mineros y sus familias, pero también Carbonia en Cerdeña para la obtención de carbón, o Santa Eufemia en Calabria para la plantación del azúcar y remolacha, así como Guidonia en Littoria que se levantó especificamente para el entrenamiento de pilotos al contar con importantes instalaciones, pistas y aeródromos para aviones y su personal.

Muchas de las ciudades antiguas de la Península Italiana sufrieron igualmente variaciones como la capital de Roma que fue decorada al estilo imperial romano con una hermosa monumentalidad y glorificación del pasado milenario, además de añadírsele en su trazado el Foro Mussolini y la Vía del Imperio. De hecho a la “Ciudad Eterna” y a otros enclaves de Italia también se les incluyeron los clásicos circos romanos de carreras, foros y templos de deidades, todo ello combinado con un estilo racionalista que les aportaba un lenguaje de cierta modernidad diseñado por el arquitecto Ignazio Gardella. Hubo incluso megalómanos proyectos inacabados como la E42 para la Exposición Universal de 1942 y una metrópoli dedicada al Emperador Octavio Augusto para los Juegos Olímpicos que contaba con edificios romanos, lagos, fuentes, casas medievales y modernos parkings de coche de exposición, aunque ninguno de ambos se llegó a concluir del todo por culpa del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo, “Las Ciudades Nuevas” / “La E42 y EUR”, Susaeta, (2003), p.87/103