Historia de Rumanía desde la Dacia a la I Guerra Mundial

Rumanía jugó un papel clave durante la Segunda Guerra Mundial desde el año 1940 hasta 1945. Durante este período en que la nación sería agredida por múltiples vecinos como Rusia, Hungría y Bulgaria, pero que también se convertiría en una agresora contra la Unión Soviética, luchó fundamentalmente del lado de las potencias del Eje sobre el teatro de operaciones del Frente Oriental, no sólo para contribuir a la “cruzada anticomunista” promovida por la Alemania Nacionalsocialista, sino por una eterna rivalidad contra los eslavos que venía de muy atrás en la Historia.

Dacia y Rumanía, del siglo I al XIX

Dacia, posteriormente Rumanía, constituía la zona del sureste de Europa más encajonada entre los Balcanes al suroeste y los Cárpatos al noroeste, que en su extremo más occidental colindaba con las aguas del Mar Negro. Habitada desde tiempos muy remotos por diferentes tribus como los dacios, fue colonizada por las legiones del Imperio Romano al mando del Emperador Trajano después de las Guerras Dacias desde el 86 al 106 d.C. Así fue como comenzó un período de romanización con la fundación de ciudades, el mestizaje cultural y la imposición del latín, hecho por el cual Roma bautizó a la región como “Romania”, también conocida como Rumanía.

Mapa de la Dacia en tiempos del Imperio Romano.

Con la caída del Imperio Romano, la Dacia se convirtió en el único territorio completamente latino de Europa después de la llegada de múltiples pueblos orientales como los godos en los siglos III y IV, los gépidos en el siglo V, los hunos en el siglo VI, los ávaros en el siglo VII, los eslavos en el siglo VIII, los búlgaros en los IX y X, los húngaros en el siglo XI, y los tártaros en el siglo XIII. Aunque los rumanos resistieron a todas las agresiones, incluyendo las de los eslavos que se asentaron como sus eternos vecinos al este, norte y sur de sus fronteras, con quienes mantuvieron rivalidades pero al menos compartieron la religión ortodoxa; no lograron del todo evitar que en sus límites occidentales los católicos húngaros se apropiasen de parte de Transilvania.

A partir del siglo XV el Imperio Otomano irrumpió en la antigua Dacia a la que sometió a vasallaje, aunque siempre como un territorio muy inestable porque en infinidad de ocasiones sus habitantes se rebelaron como por ejemplo hizo el famoso Príncipe Vlad Tepes “El Empalador” (más tarde caricaturizado como el “Conde Drácula”) o posteriormente entre 1593 y 1601 el Rey Miguel el Bravo que se alzó contra los turcos y los húngaros en Valaquia y el este de Transilvania. A pesar de todo los rumanos no lograrían librarse del yugo de los otomanos, e incluso en el siglo XVIII fueron víctimas de un tercer agresor cuando el Imperio Austríaco se apropio de la provincia suroccidental del Banato que desde ese instante quedó bajo la tutela de la Corona de los Habsburgo.

Hasta el siglo XVIII no comenzaron a surgir movimientos secesionistas en Dacia gracias a la influencia de los nacionalismos y la Ilustración, los cuales cobrarían especial relevancia desde el siglo XIX como sucedió con la fallida Insurrección Valaca de 1821 liderada por el jefe revolucionario Tudor Vladimirescu. De igual manera el Imperio Ruso que había ganado influencia en la región y deseaba expandirse desde su frontera limítrofe con Ucrania, se vio privado de sus aspiraciones primero con la Guerra de Crimea y luego con el movimiento independentista que lideró el Príncipe Alexandru Ioan Cuza en Valaquia y Moldavia. Así fue como tras la Guerra Ruso-Turca de 1877-1878 que terminó con la derrota del Imperio Otomano y la retirada del Ejército Turco de suelo moldavo y valaco, se firmó el Tratado de Berlín en el que participaron grandes potencias como Gran Bretaña, Francia, Alemania y Austria-Hungría, las cuales reconocieron la definitiva independencia del Rumanía.

Pintura de la Batalla de Grivita durante la Guerra por la Independencia de Rumanía contra el Imperio Otomano en el siglo XIX.

El Reino de Rumanía fue puesto al frente del Rey Carol I, un miembro de la Casa Hohenzollern-Sigmaringen emparentado con el Káiser Guillermo I de Alemania, mientras que su gabinete articulado en un sistema liberal que tenía su representación en el Gobierno de Bucarest. A nivel exterior la política rumana firmó alianzas defensivas con el Imperio Alemán y el Imperio Austro-Húngaro de cara a una posible agresión de Rusia, aunque entabló muy buenas relaciones con Gran Bretaña y sobretodo con Francia a la que veía como la otra “gran potencia latina europea”. Sin embargo su mayor logro fue ampliar sus fronteras territoriales a costa de Bulgaria después de la victoria militar del Ejército Rumano sobre el Ejército Búlgaro en la Segunda Guerra Balcánica de 1913 con la que el país pudo anexionarse la provincia meridional de Dobrudja.

Primera Guerra Mundial

Al estallar la Primera Guerra en 1914, el Reino de Rumanía se vio en una situación contradictoria porque su enemigo principal que era la Rusia Zarista mantenía una alianza con países amigos como Reino Unido y Francia, mientras que Alemania que también formaba parte de su bloque de amistad estaba coaligada con dos rivales suyos como lo eran Austria-Hungría, Bulgaria y Turquía. Como consecuencia de este complejo juego diplomático, a la muerte del Rey Carol I y la entronización del nuevo Rey Ferdinand I, el Gobierno de Bucarest se uniría a la Entente y declararía la guerra a los Imperios Centrales.

El 27 de Agosto de 1916 el Ejército Real Rumano lanzó su ofensiva sobre Transilvania, empujando en los primeros compases al Ejército Austro-Húngaro hasta que el avance se estancó cuando todos sus oponentes que rodeaban geográficamente el país lanzaron su propia contraofensiva sobre la mayor parte de las fronteras de Rumanía. Así fue como tropas alemanas, austríacas y húngaras les presionaron desde el norte y el oeste, mientras las tropas búlgaras y turcas lo hacían desde el sur, tomando enclaves como Turnu Rosu, Constanza, Cernavodâ, Turtucaia o el Paso de Vulcan, este último cruzado por un destacamento al mando del oficial Erwin Rommel (futuro líder del Afrika Korps en la Segunda Guerra Mundial), hasta que finalmente los invasores entraron en la capital de Bucarest e incluso se apoderaron de los pozos petrolíferos de Ploiesti.

El Ejército Rumano durante la Batalla de Mârâsesti en la Primera Guerra Mundial

La ocupación de los Imperios Centrales a Rumanía en 1917, obligó a las divisiones supervivientes del Ejército Real Rumano a replegarse a la provincia nororiental de Moldavia y el territorio de Besarabia dentro de Rusia, logrando frenar a duras penas a sus rivales en la Batalla de Mârâsesti, aunque pronto los rumanos también se vieron acosados desde la retaguardia tanto por el Ejército Rojo y como por el Ejército Blanco tras el repentino estallido de la Revolución Bolchevique y el inicio de la Guerra Civil Rusa. Ante esta crítica situación el 7 de Mayo de 1918 se firmó el Tratado de Bucarest mediante el cual el Reino de Rumanía tuvo que ceder Dobrudja a Bulgaria, el Banato de Temesvar a Hungría, Bukovina a Austria, pagar reparaciones económicas a Turquía y vender durante un período de treinta años su petróleo a Alemania, aunque como compensación se le entregó la provincia de Besarabia a costa del disuelto Imperio Ruso.

Milagrosamente al materializarse la derrota de los Imperios Centrales el 11 de Noviembre de 1918 y la victoria de los Aliados en la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Bucarest fue declarado nulo durante las Conferencias de Paz de París de 1919. Gracias a esta iniciativa por parte de los vencedores encabezados por Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos, el Reino de Rumanía recuperó todos los territorios perdidos e incluso los amplió con la anexión de Transilvania a costa de Hungría según el Tratado del Trianon, Dobrudja Meridional a costa de Bulgaria según el Tratado de Neully y Bukovina a costa de Austria según el Tratado de Neully, sin contar con que también incorporó la enorme provincia de Besarabia a costa de la Rusia Bolchevique tras su victoria sobre el Ejército Rojo en la Guerra Rumano-Soviética que concluyó en 1920.

El triunfo de Rumanía en la Primera Guerra Mundial y su acertada participación en la Guerra Civil Rusa permitió a la nación crecer el doble de su tamaño original y postular al Gobierno de Bucarest como uno más beneficiados territorialmente debido a su alianza con la Entente. Sin embargo la situación dentro del país y de sus ciudadanos distaba mucho de las épicas victorias militares alcanzadas, ya que vivía en una situación de extrema pobreza y precariedad, por lo que contra todo lo esperado surgiría uno de los movimientos fascistas más influyentes en los Cárpatos, la Guardia de Hierro, el cual desestabilizaría la región hasta enlazar nada menos que con la Segunda Guerra Mundial.

 

Bibliografía:

-Carlos Caballero Jurado, Ejército Nacional Rumano, “Rumanía en el escenario internacional europeo”, García Hispán Editor (1997), p.15-21
-http://en.wikipedia.org/wiki/Romanian_Campaign_(World_War_I)
-http://en.wikipedia.org/wiki/History_of_Romania