Fascistización Cultural

El fascismo y la cultura fueron dos elementos muy unidos desde que a comienzos del siglo XX los primeros en abrazar y dar forma a esta ideología romántica fueron artistas procedentes de las vanguardias y sobretodo del futurismo, siendo sus máximos representantes los poetas Gabrielle D’Annuzio y Filippo Tommaso Marinetti. Como desde su propio origen, el régimen fue una especie de revolución cultural que se alargó desde 1922 hasta 1945, extendiendo su influencia al arte y la propaganda que se convirtieron en una herramienta de difusión clave y estratégica para la Italia Fascista.

Benito Mussolini haciendo el saludo romano fascista sobre un cartel

Cuando Benito Mussolini se alzó en el poder en 1922 tras la Marcha sobre Roma de los Camisas Negras, una gran cantidad de artistas abrazó la denominada “Revolución Fascista” como por ejemplo los poetas Gabrielle D’Annuzio y Filippo Tommaso Marinetti, el escultor Ferruchio Vecchi, el novelista Mario Carli o el periodista Giuseppe Botai, entre muchos otros intelectuales que durante la Primera Guerra Mundial habían servido en las tropas de choque de los “Arditi”. El proyecto entusiasmó a la mayor parte de vanguardistas y futuristas que vieron como el nuevo régimen rompía radicalmente con los cánones más tradicionales del pasado e innovaba apostando por la aventura, el reto, la ciencia, la tecnología, el motor o la velocidad temeraria, una serie de perfiles muy ligados a la idea fascista de la búsqueda de un “Hombre Nuevo”.

La clase de cultura que la Italia Fascista adoptó para su nuevo régimen fue como era de esperarse el modelo de las vanguardias y el futurismo, aunque sin renunciar a un pasado glorioso de épocas anteriores como el Imperio Romano, el Renacimiento o el Resurgimiento del siglo XIX. Así fue como la primera iniciativa promovida por el fascismo fue la Convención de Bolonia en 1925 que estuvo presidida por el ensayista Franco Ciarlantini; así como también la inauguración en la misma ciudad de la Universidad Fascista dirigida por el filósofo Giovanni Gentile, quién tras exponer el día 21 el Manifiesto de los Intelectuales del Fascismo, consiguió convertirlo en una especie de dogma para muchos intelectuales y lograr hasta 250 adhesiones.

El 1 de Mayo de 1925 fue redactado el Contramanifiesto por el filósofo, crítico y literato Benedetto Croce que proponía una neutralidad filosófica separada del binomio cultura-política consistente en que los intelectuales debían tener la única obligación de ocuparse de sus investigaciones, de elaborar creaciones artísticas y de encontrar una esfera espiritual, pero a la vez separar el arte, la literatura y sobretodo la ciencia de la política, una propuesta que acabó siendo acogida por un buen puñado de personalidades del mundo académico y cultural italiano. A pesar de todo la mayoría de artistas quedaron tan cautivados por el carácter revolucionario y vanguardista del régimen en todo lo referente al ámbito cultural, que terminaron uniéndose en Junio de 1925 al Instituto Nacional Fascista de la Cultura fundado por Giovanni Gentile.

Benito Mussolini posando ante la estatua de Julio César.

Al cerrar filas casi toda la intelectualidad con el fascismo de Benito Mussolini también lo hicieron las universidades con un juramento obligatorio tanto de alumnos como de profesores. Así fue como en el ámbito universitario se abrió la Facultad de las Ciencias Políticas orientada al corporativismo del régimen para la gestión de empresas y sus trabajadores, pero igualmente la Facultad de Jurisprudencia de Pisa dirigida por el futurista Giuseppe Bottai en la ciudad de Pisa y poco después la Escuela de Perfeccionamiento en Ciencias Corporativas, todas encargadas de profundizar en la cultura fascista y estando patrocinadas por la revista Archivio di Studi Corporativiti.

Los libros y artículos de papel en la Italia Fascista fueron el principal medio de propaganda cultural para la búsqueda del “Hombre Nuevo”, como por ejemplo la revista Educazione Fascista y posteriormente otras similares como Giornalle critico della filosofia italiana, Nuovi studi di diritto o Economia e Politica dirigidas por numerosos escritores de prestigio, entre ellos Ugo Spirito y Arnaldo Volpicelli. Curiosamente también hubo otros trabajos con espacios de autores que no estaban ligados directamente al fascismo, pero que no dudaban en exponer sus propias opiniones como fue el caso de las publicaciones Critica Fascista y Primato. No obstante si hubo un estudio de nivel que popularizó el régimen fue la monumental Enciclopedia Italiana de 35 volúmenes financiada por el Partido Nacional Fascista y editada por el Instituto Giovanni Treccani.

Universidad Fascista de Roma.

Con Benito Mussolini ya muy bien consolidado en el poder en 1929, se fundó la Academia de Italia como una institución nacional que aglutinó a numerosos intelectuales y estuvo presidida por el ingeniero Gugliemo Marconi. Ese mismo papel jugó la Escuela Moderna y Contemporánea, así como posteriormente la publicación L’Italia in Cammino que acercaron la cultura de la época al tan buscado “Resurgimiento” o “Risorgimento”, precisamente la ideología de la Unificación Italiana que establecía un vínculo de conexión entre el Rey Víctor Manuel III y la Casa Real Saboya con la milenaria entre la Roma Imperial. Ante todo este tipo de iniciativas y esfuerzos por parte del régimen acerca de fascistizar todo ámbito cultural, sin duda alguna la Italia Fascista acabó por convertirse en la que muchos denominaron nueva “Roma Fascista”.

 

Bibliografía:

-Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo, “Fascismo y Cultura”, Susaeta, (2003), p.88-90
-Xavier Valls Torner, El culto al Duce, Revista Historia y Vida Nº528 (2012), p.72-79