Fascistización cultural en Italia

 

Cuando el Partido Nacional Fascista (PNF) de Benito Mussolini ascendió al poder en 1922, pretendió renovar todos los ámbitos de la vida tanto en la cultura y como en el arte. Para esa finalidad llevó a cabo una intensa política con la intención de fascistizar la cultura existente y crear órganos, instituciones y aparatos culturales de los que florecieran futuros intelectuales.

La primera institución fascista fue la Convención de Bolonia fundada en 1925 por Franco Ciarlantini con la intención de promover la cultura italiana. En la misma Bolonia se abrió también la Universidad Fascista dirigida por el propio Giovanni Gentile, en la cual se expuso el Manifiesto de los Intelectuales del Fascismo el 21 de Abril de 1925, dogma adoptado por numerosos intelectuales que llegó a tener hasta 250 adhesiones.

Sociedad italiana de la Era Fascista en un acto público muy nacionalista. En la imagen pueden verse Camisas Negras, Balillas y miembros del ejército, así como banderas de Italia y Fascios. Recreación histórica del fascismo.

El 1 de Mayo de 1925, el filósofo, crítico y literato Benedetto Croce, redactó el Contramanifiesto que fue acogido por la mayoría de intelectuales en el mundo académico y cultural italiano. El Contramanifiesto proponía una neutralidad filosófica separada del binomio cultura-política, es decir, que los intelectuales debían tener la única obligación de ocuparse de sus investigaciones, de elaborar creaciones artísticas y de encontrar una esfera espiritual. Pero el arte, la literatura y sobretodo la ciencia debían ir separados de la política.

Al llegar Junio de 1925 se creó el Instituto Nacional Fascista de Cultura dirigido por el filósofo Giovanni Gentile con el objetivo de controlar y defender los ideales fascistas. Para ello siguió un programa de fascistización en la cultura y la sociedad. Se creó a nivel nacional la revista Educazione Fascista para ayudar más fácilmente a propagar entre los lectores la ideología cultural fascista italiana. A partir de entonces empezaron a surgir otras revistas y obras que tuvieron considerable importancia en la fascistización cultural, siendo las más importantes Giornalle critico della filosofia italiana, Nuovi studi di diritto o también Economia e Politica de los escritores Ugo Spirito y Arnaldo Volpicelli, entre otros. Hubo también publicaciones con espacios de autores no ligados directamente al fascismo pero que exponían sus propias opiniones, por ejemplo Critica fascista y Primato. Pero sin duda la obra que más eco causó en la sociedad fue la monumental Enciclopedia Italaina editada por el Instituto Giovanni Treccani.

Benito Mussolini haciendo el saludo romano fascista en un cartel tricolor.

Nada fácil fue la búsqueda del consenso entre los intelectuales y los instrumentos culturales adecuados del fascismo. Hasta la aparición de la Academia de Italia en 1929 como una alta institución nacional presidida por Gugliemo Marconi, los intelectuales estuvieron bastante divididos. La Escuela Moderna y Contémporanea ayudó bastante a fascistizar el país, mientras que las publicaciones L’Italia in Cammino acercaron a la cultura al tan buscado “Risorgimento”. Precisamente la nueva ideología “Risorgimento” defendió desde la historiografía el vínculo existente entre el Rey Víctor Manuel III y la Casa Real Saboya con la conexión milenaria entre la Roma Imperial y la Roma Fascista.

Una vez que la cultura estuvo fascistizada se pudo llegar a implantar en todo el país la nueva ideología del recién fundado Imperio Italiano. A partir de entonces la cultura tuvo que competir en ocho frentes distintos: la sociedad, la ciudad, el arte, el deporte, la universidad, los medios de comunicación, la raza y la juventud.

 

Bibliografía:

Francesca Tacchi, Atlas Ilustrado del Fascismo. “Fascismo y Cultura”, Susaeta, (2003), p.88-90
Xavier Valls Torner, El culto al Duce, Revista Historia y Vida Nº528 (2012), p.72-79