El “Terror Estalinista” de 1945 a 1953

Al terminar la Segunda Guerra Mundial en 1945, muchos dentro de la Unión Soviética pensaron que el clima represivo se moderaría tras la victoria contra las potencias del Eje. Sin embargo y lejos de mostrar la más mínima tibieza, Iósif Stalin no sólo continuaría represaliando al pueblo ruso, sino que también extendería su terror a las nuevas naciones ocupadas por el Ejército Rojo.

Hambre en Ucrania

Al igual que había sucedido en el Holodomor de los años 1932 y 1934 en que más de 5 millones de personas murieron en Ucrania y las regiones al sur de Rusia, al finalizar la Segunda Guerra Mundial tendría lugar un episodio muy similar que sería conocido como la Hambruna de 1945. En esta ocasión se trató de una escasez total de alimentos en los distritos de Tambov, Kursk, Voronezh, Orel y Rostov, esquilmados totalmente de comida para alimentar a los batallones del Ejército Rojo destacados en Europa Oriental, que dejaría un saldo de 500.000 ucranianos muertos de inanición hasta que la tragedia concluyó en 1946.

Lo ocurrido con la Hambruna de 1945 y 1946, desató una serie de guerrillas en los bosques de Ucrania que llevaron a cabo movimientos secesionistas como la Organización de los Nacionalistas Ucranianos (OUN) y del Ejército Ucraniano Insurgente (UPA), a los que se unieron numerosos campesinos hambrientos y propietarios “kulaks”. No obstante y pese a causar numerosos problemas tanto al Ejército Rojo como la Policía Estatal Soviética (NKVD), los núcleos partisanos serían aniquilados con el paso del tiempo con la deportación de 53.000 guerrilleros capturados y 140.000 civiles procedentes de las provincias de Volhynia y la Galitzia.

Ocupación de Polonia

Justo al término de la Segunda Guerra Mundial, las potencias occidentales abandonaron completamente a Polonia que pasó a quedar bajo la órbita de la Unión Soviética. A partir de entonces, el Partido Comunista Polaco que se había hecho con el poder al frente del Gobierno de Varsovia, comenzó a perseguir de manera atroz a cualquier disidente del antiguo Estado Polaco siguiendo las directrices del Kremlin.

La Resistencia Polaca (Armia Krajowa) que había luchado contra la ocupación del Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial, fue declarada ilegal y sus miembros perseguidos, por lo que desde entonces sus combatientes pasaron a conformar una guerrilla que peleó contra los batallones del NKVD y también contra los 50.000 colaboracionistas polacos que se agruparon en 30.000 efectivos del Cuerpo de Seguridad Interior (KBW) y 20.000 del Ministerio de Seguridad Pública (MBP). La represión que se desató a continuación fue terrible porque 8.700 partisanos de la Resistencia Polaca, junto a 32.800 políticos conservadores, 60.000 militantes del Partido Campesino Polaco (PSL) y 4.500 obreros de ideología antibolchevique, fueron enviados a prisión, a veces compartiendo celda con soldados del Ejército Alemán o las Waffen-SS, que incluso se mezclaban con víctimas judías del Holocausto a las que también se había encerrado por ser contrarias al comunismo. Ni siquiera se perdonó la vida a Witold Pilecki, uno de los polacos que había organizado una red de resistencia en el campo de extermino de Auschwitz, porque al entregarse a las tropas soviéticas fue asesinado de un tiro en la nuca por un soldado del NKVD.

“Operación Primavera” en el Báltico

Bajo el nombre de “Operación Primavera”, el 22 de Mayo de 1948 tropas del Ejército Rojo y la NKVD se presentaron en numerosas ciudades y barriadas de Lituania para detener a miles de personas y conducirlas a pie o a bordo de camiones hasta las estaciones ferroviarias más próximas. Al día siguiente, el 23 de Mayo, un total de 32 convoyes de tren salieron del país con 36.932 pasajeros entre hombres, mujeres y niños durante un inhumano viaje en tren que duró de cuatro a cinco semanas (y que costó la vida a muchos dentro de los insalubres vagones, sobretodo a los más pequeños). Una vez en su destino, los lituanos desembarcaron en los gulags de Siberia Oriental y también en el campo de concentración de Igara, donde trabajaron como esclavos en la tala forestal y vivieron apiñados en casas de madera sin ventanas y con techos por los que se filtraba agua (lo que obligó a muchos a colocar musgo sobre sus cuerpos para aliviar el frío por la noche que descendía a unas temperaturas por debajo de los -40ºC grados). Al cabo de unas semanas, otros 30.000 compatriotas fueron enviados a Siberia y 50.000 más a las colonias de reasentamiento en Kazhakstán, lo equivalió a que en cada una de las 309 comunidades de Lituania, un total 50 a 60 personas desapareciesen, sin ni siquiera contar los 21.259 lituanos que directamente fueron ejecutados por el Ejército Rojo.

A finales del año 1948, la “Operación Primavera” se extendió a Letonia y Estonia con la detención de todos los militantes de fuerzas nacionalistas y propietarios “kulaks”. Al poco tiempo, entre Enero y Mayo de 1949, comenzaron las deportaciones a los gulags de Siberia, entre los que hubo 27.084 menores de dieciséis años, 1.758 niños de menos de diez años, 2.850 ancianos y 146 inválidos. Respecto a la cristianismo de Estonia, los religiosos fueron perseguidos con saña porque resultaron quemadas 45 iglesias y 6 sacerdotes fueron fusilados, mientras que a otros 2.500 eclesiásticos se los esclavizó para trabajar como mano de obra en los canales del Mar Blanco.

Represión en Europa Central y Balcanes

La victoria del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial implicó que Europa Oriental y los Balcanes quedasen bajo la órbita de la Unión Soviética. Ante esta nueva situación, las tropas soviéticas apenas tardaron en apoyar los diversos movimientos de carácter marxista locales para imponer sistemas comunistas en Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Yugoslavia, Albania y Alemania Oriental.

Inicialmente las primeras víctimas en Europa Oriental y los Balcanes se registraron en Hungría con la ejecución de 50.000 personas y la deportación a gulags de 860.000 (de las que posteriormente 400.000 morirían en cautividad). A esta tragedia siguió la muerte 25.000 independentistas en Eslovaquia tras la reunificación con Chequia en Checoslovaquia, aunque igualmente en esta última hubo 200.000 encarcelados checos que fueron enviados a 422 campos distintos como Ostrava o las minas de uranio de Zhashymov. Al mismo tiempo en Bulgaria se produjeron 100.000 ejecuciones y 110.000 deportaciones, entre cuyos prisioneros 12.000 fueron trabajadores forzosos en el recinto penitenciario de Bogdanov Dol, el centro minero de Pernik, en las minas de uranio de Bujovo, en los diques de Béléné y en el campo de Kutsian (este último para presos anarquistas). Respecto a Rumanía, se contabilizaron centenares del miles de esclavos en las obras del Canal del Río Danubio-Mar Negro que albergaban un gran sistema concentracionario en Poarta Alba, Cernavoda, Medjidia, Valea Neagra, Basarabi, Periprava, Chilia Veche, Stoenesti, Tataru o Pitesti. También en Alemania Oriental tuvieron lugar 122.000 arrestos y 756 ejecuciones; en Yugoslavia decenas de miles de detenidos, de los que 32.000 prisioneros fueron abandonados en la Isla de Goli Otok sobre el Mar Adriático; mientras que en Albania unos 20.000 ciudadanos fueron asesinados.

Isla de Goli Otok que actuó como un campo de castigo en Yugoslavia bajo el régimen del Mariscal Josip Tito.

Los movimientos de izquierda de Europa Central fueron uno de los objetivos prioritarios de Iósif Stalin para consolidar sobre medio continente el poder de la Unión Soviética. Por ejemplo en Alemania Oriental, el Partido Comunista Alemán (KPD) ilegalizó al Partido Social Democráta Alemán (SPD), encarcelando a 5.000 de sus miembros y asesinando a otros 400. Lo mismo ocurrió en Rumanía porque 200 militantes del Partido Nacional Campesino fueron privados de libertad en la Cárcel de Sighet y otros 52 fusilados, entre ellos su fundador Juliu Maniu; mientras que en Bulgaria se procedió a la ejecución de 24 afiliados al Partido Agrario. No obstante, las purgas también alcanzaron a los propios marxistas como sucedió con algunos líderes del Partido Comunista Rumano, entre ellos su antiguo secretario Stegan Forris al que mataron con una barra de hierro y a su madre que ahogaron en un río (después de ir a preguntar por su hijo); así como a otras personalidades destacadas como Traicho Kostov, antiguo jefe del Partido Comunista Búlgaro; o 60 disidentes del Partido Comunista Húngaro, incluyendo a Laszlo Rajk (ex-oficial de los voluntarios magiares de las Brigadas Internacionales durante la Guerra Civil Española).

A pesar de que Iósif Stalin nunca pretendió erradicar la religión, sí que intentó purgar las jerarquías eclesiásticas para colocar a religiosos de probada lealtad comunista que predicasen en favor de la Unión Soviética (e incluso informasen de los deslices de los fieles como hicieron muchos “servidores de Dios” violando el secreto de confesión). Así fue como se cerraron iglesias y edificios de culto con la consiguiente detención de sacerdotes católicos, ortodoxos, protestantes y calvinistas en Hungría y Checoslovaquia, siendo en esta última 3.300 cristianos enviados a campos de concentración; sin contar con que en ocasiones se asesinó directamente a curas como ocurrió en Yugoslavia con la ejecución de 560 y la deportación a campos de trabajo de 750.000 creyentes. Respecto a Rumanía, se ilegalizó la Iglesia Católica en favor de la Iglesia Ortodoxa (más leal a Moscú), clausurándose un total de 2.498 centros y arrestándose a 6.400 personas, entre estos 1.400 curas y 5.000 fieles, de los que 200 fallecerían en cautividad. Sin embargo lo peor tuvo lugar en Albania que se declaró “estado ateo” y que prohibió las religiones islámica y cristiana, destruyendo 2.496 edificios (2.169 mezquitas y 327 iglesias) y matando a los dos arzobispos Gaspar Thaci y Vincent Prendushi, y al imán Mustafá Pipa.

Década de 1950

A partir de la década de 1950, la represión puesta en marcha por la Unión Soviética entró en una nueva fase tanto en Rusia como Europa Oriental. Por ejemplo 57.680 inmigrantes procedentes de Grecia, Turquía y Armenia que vivían en las costas del Mar Negro tanta en Ucrania y el Cáucaso, fueron arrestados masivamente y deportados a los gulags de Kazakhistán y Altai. Al mismo tiempo en Moldavia, también un total de 120.000 ciudadanos moldavos de habla rumana, fueron enviados detenidos en grandes redadas y enviados a campos de concentración en Siberia.

Nuevamente en 1950, el litoral del Mar Báltico volvió a ser foco del “terror estalinista” porque 200.000 personas entre 120.000 lituanos, 50.000 letones y 30.000 estonios fueron deportados a los gulags; lo mismo que en 1953 cuando por tercera vez 75.000 ciudadanos de los Países Bálticos volvieron a ser llevados a Siberia y otros 44.000 conducidos a campos especiales o prisiones estatales ubicadas en Estonia, Letonia y Lituania. Incluso en Polonia se repitieron las redadas porque se registraron 75.500 deportaciones, entre estas 49.500 procedentes de las zonas rurales.

Oficialmente a inicios de 1953 se produjeron los últimos crímenes del “terror estalinista”. Se trató del arresto y deportación de 11.685 mingrelinos de Transcaucasia, 4.707 iranís de Georgia, 4.365 testigos de Jehová, 4.431 nacionalistas de Bielorrúsia, 2.795 basmachíes de Tayikistán, 2.500 testigos de Jehová de Polonia, 1.445 independientistas de Ucrania, 1.415 “kulaks” de Rusia, 995 miembros de la secta Verdaderos Cristianos y 591 vagabundos de diversos lugares de la URSS.

Cuando Iósif Stalin falleció el 5 de Marzo de 1953, los gulags albergaban a 5.500.000 prisioneros en Rusia, Siberia y Kazhakistán. Afortunadamente en cuanto el Presidente Nikita Jruschov se alzó con el poder en el Kremlin e inició la “Desestalinización”, entre 1954 y 1956 los campos de concentración fueron desmantelados y los presos políticos liberados, al mismo tiempo en que el país entraba en un proceso de moderación que concluiría en 1991 con la caída de la propia Unión Soviética.

 

Bibliografía:

Stéphane Courtois, El Libro Negro del Comunismo, “Capítulo 13. Apogeo y crisis del gulag”, Ediciones B (2010), p.-309-321
Joaquín Bochaca, Los Crímenes de los buenos, “La Liberación de Europa”, Ediciones Ediciones Siegheil (2009), p.377-382