Theresienstadt

“Terezín” en idioma checo, aunque más conocido como “Theresienstadt” en lengua alemana, fue el campo de concentración más famoso del Protectorado de Bohemia-Moravia durante la Segunda Guerra Mundial. Ubicado en la Chequia ocupada por el Tercer Reich, su función fue la de hacer de “campo modelo” ante los observadores internacionales de la Cruz Roja para desviar la atención del Holocausto.

Inauguración

Theresienstadt había sido una localidad militar al norte de Bohemia situada a 55 kilómetros de Praga que a inicios de la Segunda Guerra Mundial estuvo habitada por numerosos civiles checos, una guarnición de 7.000 soldados del Ejército Alemán (Wehrmacht) y funcionarios del Cuartel General de la Gestapo localizado en Terezín. La idea de acondicionar este complejo en forma de un centro penitenciario fue del propio Reichsführer de las SS, Heinrich Himmler, quién pensando en su posición estratégica al estar situado en el corazón de Europa y con un nudo ferroviario entre Checoslovaquia y Austria, sus vías de tren podrían utilizarse como un medio de trayecto más rápido hacia los campos de exterminio de Auschwitz y Treblinka en Polonia. Ante esta posibilidad, Theresienstadt se convirtió en el primer campo de tránsito por ofrecer una ruta práctica y rápida con la que acelerar el tráfico de judíos hacia su aniquilación dentro de la Solución Final.

A comienzos de Enero de 1942, el campo de concentración de Theresienstadt fue inaugurado y sus primeros 10.000 judíos, 3.000 de ellos menores de edad, albergados por detrás de sus alambradas. Al frente de este recinto estuvieron guardias de las SS al mando del comandante Siegfried Seidl, mientras que los reclusos gozaron de un autogobierno propio dirigido por el Consejo Judío de Theresienstadt que lideró el sionista Jakob Edelstein e incluso contó con una fuerza de seguridad propia articulada en la Policía Judía.

Aspecto amable del campo de Theresienstadt.

A diferencia de otros campos, Theresienstadt fue lo más parecido a un gueto porque poseyó un trazado semiurbano como si fuese una pequeña ciudad con calles numeradas para los prisioneros, así como una serie de instalaciones consistentes en cafetería, cine, banco, piscina, jardines, sala de lectura, estudio de pintura y algunos lugares de ocio, además de un Departamento de Bienes Juvenil dirigido por Egon Redlich y un Departamento de Deportes y Educación Física liderado por Fredy Hirsch. Respecto a la alimentación fue siempre mejor que en otros centros penitenciarios y el trato de los guardias de las SS mucho más amable que en el resto de recintos de Europa.

La libertad imperante en Theresienstadt permitió los judíos, especialmente los más jóvenes, vigorosos e intelectuales, dominasen muchos aspectos de la vida social y controlaran la manera de pensar de los demás presos, a veces radicalizándoles. Por ejemplo un gran número de reclusos desarrolló una actitud sionista muy radical en referencia a la cuestión con Palestina y también hasta en cierto punto militarista (posiblemente por influencia del propio nacionalsocialismo), ya que muchos de sus supervivientes se convertirían en futuros combatientes durante la Guerra Árabe-Israelí de 1948.

Como la Cruz Roja Internacional constantemente enviaba observadores extranjeros a inspeccionar Theresienstadt, los judíos de este campo siempre estuvieron muy bien tratados para no despertar las sospechas de la opinión pública de lo que estaba siendo realmente el Holocausto. De hecho y para despistar a los periodistas, los alemanes rodaron dos películas propagandísticas en el recinto para mostrar al mundo lo bien que vivía la comunidad judía bajo el Tercer Reich, algo que sorprendentemente convenció a la prensa porque los titulares afirmaron que “Hitler había regalado una ciudad a los judíos”.

Campo de Tránsito

A partir de Junio de 1942, el centro de Theresienstadt comenzó a realizar sus funciones como “campo de tránsito” hacia los otros campos de exterminio tras la llegada de otras partes de Europa de un total de 24 transportes ferroviarios. Así fue como la población del campo fue creciendo lentamente durante todo el verano hasta alcanzar las 58.000 personas, lo que obligó a las autoridades de Theresienstadt a ir vaciando progresivamente el recinto a finales de 1942 con una redada masiva en la que fueron deportadas unas 18.000 personas hacia el campo de exterminio de Treblinka.

De todos los prisioneros con que contó Treblinka, los judíos alemanes fueron los peor tratados por el resto de prisioneros, ya que el simple hecho de verlos hablar el idioma alemán (la misma lengua de los guardias), les convirtió en culpable a ojos de otros hebreos y en ocasiones en objeto de agresiones físicas. Curiosamente entre los reos estuvo Trude Herzl-Neumann, hija del fundador del sionismo en el siglo XIX, Theodor Herzl, quién tras ingresar enferma en el campo, falleció en el hospital y recibió un funeral con todos los honores que celebraron sus compatriotas (aunque los alemanes para no convertirla en una mártir lanzaron sus cenizas al cercano Río Eger). Lamentablemente esta mujer no fue la única víctima mortal en Theresienstad porque a mediados de 1943 un total de 3.900 reclusos perecieron víctimas de las epidemias.

Deportados llegan a Theresienstadt baja la supervisión de oficales de las SS.

A finales de 1943, la llegada a Theresienstad de 3.000 nuevos judíos implicó una serie de cambios en la dirección porque el comandante Siegfried Seidl fue trasladado al campo de concentración de Bergen-Belsen, para ser a continuación sustituido por el comandante Karl Rahm. Simultáneamente el Consejo Judío de Theresienstad fue purgado tras el cese de Jakob Edelstein en favor de un mando compartido entre el rabino Benjamin Murmelstein y Paul Eppstein; mientras que la Policía Judía fue puesta al frente de un comisario mucho más competente, en concreto Karl Löwenstein que había sido ex-oficial del Ejército Austro-Húngaro durante la Primera Guerra Mundial.

Entre últimos de 1943 e inicios de 1944, un total de 284 judíos daneses ingresaron en Theresienstadt, aunque tuvieron la suerte de gozar de un trato especial debido a las quejas y protestas emitidas desde el Gobierno de Dinamarca, por lo que sólo uno de cada cuatro perdió la vida, el equivalente al 5% de los internos de nacionalidad danesa. Menos suerte sin embargo tuvieron los 5.000 judíos de Holanda y los 300 de Luxemburgo que fallecieron dentro del recinto o fueron deportados a otros campos de exterminio. Respecto a los reclusos de otras procedencias, numerados en 141.184 personas, por el momento fueron respetados debido a la cada vez mayor presencia de observadores de la Cruz Roja.

Junto al campo de Theresienstad fue construido el “Subcampo BIIb”, en cuyo interior se permitía vivir a los judíos como si fuesen libres porque paseaban tranquilamente por las calles como en cualquier ciudad europea, vestían sus ropas civiles y sombrero, y los niños acudían a clase dentro de un orfanato catalogado como Bloque 31 que gestionaba el profesor Fredy Hirsch y en donde los pequeños jugaban, cantaban en coro y escuchaban cuentos. También solían celebrarse bailes y conciertos dirigidos por el director musical Raphael Schächter, quién ante un nutrido público interpretó obras famosas como Dies Irae y Libera me. Evidentemente todo aquel montaje respondió a la visita de un delegado de la Cruz Roja llamado Maurice Rossel, que tras ser engañado por las autoridades, únicamente pudo decir maravillas de los campos alemanes a la opinión pública internacional, e incluso envió una serie de postales a los guías de las SS del recinto, rememorando los buenos recuerdos que había vivido con ellos en sus “vacaciones” de Theresienstadt.

Otra de las falsedades contadas de Theresienstadt fue el rodaje de una película que filmó el director de cine holandés Kurt Gerron a la que tituló Theresienstadt: un Documental sobre la Zona de Asentamiento Judío, en la cual se mostraba a unos judíos completamente felices que vivían con todo tipo de lujos. A pesar de que los internos del campo definieron a este film con el título irónico de El Führer regala una ciudad a los judíos (Der Führer Schkent den Juden eine Stadt), el caso fue que la película se hizo muy popular en toda Europa y también en los países neutrales, haciendo creer en la “benevolencia” hacia los judíos por parte del Tercer Reich.

Hacia la segunda mitad de 1944, Theresienstadt contenía 29.481 judíos con los nuevos 11.077 prisioneros procedentes de Eslovaquia. Sin embargo durante aquella última parte del año varios miles fueron deportados a Auschwitz y el Consejo Judío disuelto tras la ejecución de sus líderes Jakob Edelstein y Paul Eppstein. También los niños del orfanato del Bloque 31 resultaron deportados y eliminados, lo que forzó a su profesor Fredy Hirsch al suicidio tras sentirse culpable por lo ocurrido; mientras que el director de cine judío Kurt Gerron, a pesar de que anteriormente había trabajado para las SS, fue inesperadamente asesinado. Ante esta brutal represión que tuvo lugar en tan breve período de tiempo, la población judía de Theresienstadt se redujo a sólo 18.000 internos.

Niños judíos juegan felices en uno de los parques de Theresienstadt.

A últimos de 1944, los funcionarios de las SS de Theresienstadt mantuvieron una serie de contactos secretos con la Unión de Rabinos Ortodoxos Estadounidenses, con la que a cambio del pago de grandes sumas de dinero, varias familias hebreas fueron liberadas y enviadas a países neutrales de Europa. Lo mismo hicieron con el Primer Ministro Jean-Marie Musy de Suiza, quién acogió a 1.200 judíos del campo que fueron puestos a salvo en la República Helvética. Sin embargo y pese que la negociación era lo más sensato ahora que los alemanes estaban perdiendo la contienda, en cuanto Adolf Hitler se enteró de la noticia tras leer accidentalmente un periódico suizo, montó en cólera y prohibió tajantemente más operaciones de este tipo a las SS.

Campo de Cruz Roja

Cuando en Abril de 1945 estaba a punto de producirse la debacle del Tercer Reich, el campo de Theresienstadt continuó funcionando como centro penitenciario e incluso recibió la visita de una última comisión de la Cruz Roja que dio el visto bueno a las instalaciones de las SS. No obstante, aquello no se asemejaba en nada la realidad, ya que muchos de los soldados alemanes que custodiaban el recinto lo abandonaron llevándose consigo a 3.000 judíos, la mayoría de los cuales fallecería en marchas forzadas a través de las carreteras de Chequia y Alemania.

Jamás Theresienstadt fue liberado por las fuerzas militares de los Aliados porque el 1 de Mayo de 1945, las autoridades de las SS transfirieron las competencias y la administración del recinto a la Cruz Roja. Gracias a esta decisión, al presentarse las tropas del Ejército Rojo de la Unión Soviética el 8 de Mayo, se prohibió el acceso a los soldados rusos, quienes por suerte no pudieron realizar detenciones o asesinatos como ya habían hecho en otros campos que anteriormente habían liberado en Europa Oriental.

Terminada la Segunda Guerra Mundial y después de diez días de gobierno de la Cruz Roja, el campo de Theresienstadt fue entregado a las autoridades de Checoslovaquia que desde entonces lo rebautizaron como Terezín y lo utilizaron para encerrar a los alemanes étnicos “volksdeutsche” de los Sudetes. Al frente del comandante Stanislav Franc, la vida de los reclusos germanos fue un infierno porque muchos fallecieron por enfermedades, malnutrición o simplemente asesinados por los guardias checos, sin obviar con que numerosas mujeres alemanas fueron violadas. Solamente el cese del anterior director por el comandante Otakar Kálal, cambió la situación de los internos porque se redujeron los abusos y durante los años siguientes irían siendo liberados y expulsados hacia Alemania, para quedar completamente vacío de presos el 29 de Febrero de 1948.

Hasta la clausura de Theresienstadt, un total de 33.000 judíos perdieron la vida y sólo 16.832 sobrevivieron al Holocausto. No obstante y pese a que estas cifras fueron escasas en comparación a otros recintos de Europa, este centro en el corazón de Checoslovaquia actuó como “campo de tránsito” de cientos de miles de personas hacia su exterminio en los campos de Auschwitz, Treblinka…

 

Bibliografía:

-Saul Friedländer, El Tercer Reich y los judíos (1939-1945) Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.419-797
-Lawrence Rees, Auschwitz, los nazis y la Solución Final, Planeta DeAgostini (2005), p.371-372
-Editores de WW2GP Magazine, Campo de Concentración de Theresienstadt, Revista WW2GP Magazine Nº4 (2014), p.3-4