Shoah en el Tercer Reich (Alemania, Austria y Protectorado de Bohemia-Moravia)

Los judíos de Alemania que desde la proclamación del Tercer Reich por Adolf Hitler en 1933 habían sido desprovistos de todos sus derechos como ciudadanos, todavía sufrirían un destino mucho peor durante la Segunda Guerra Mundial. Esta contienda que arrasaría Europa entre los años 1939 y 1945, estaría acompañada de un exterminio sistemático de todos los hebreos del Imperio Alemán, incluyendo Austria y Bohemia-Moravia, en lo que posteriormente sería bautizado como el Holocausto.

Aproximadamente vivían un total de 315.642 judíos en Alemania, Austria y el Protectorado de Bohemia-Moravia al comenzar la Segunda Guerra Mundial. A diferencia de lo sucedido en otros lugares, como el Gobierno General de Polonia, las condiciones de los germano-hebreos era mucho más cómoda, aunque siempre bajo la vigilancia de las SS al frente del Reichsführer Heinrich Himmler y de su segundo Reinhardt Heydrich, así como de los colaboracionistas hebreos de la Asociación del Reich de los Judíos en Alemania (Reichsvereinigung Juden in Deutschland).

Según las Leyes de Nuremberg que se implementaron al inicio de la Segunda Guerra Mundial a las ya existentes desde 1935, los judíos del Tercer Reich se vieron privados de numerosos derechos y sometidos a un estricto control del Estado Nacionalsocialista. Por ejemplo desde las 20:00 horas de las noche se les prohibía salir de sus casas (ante el riesgo de que violasen mujeres alemanas), los alimentos se les redujeron a los fines de semana con recortes en la carne y mantequilla (sin posibilidad de obtener arroz, jengibre o cacao y sus derivados), se les confiscaron radios y teléfonos que fueron entregados al Ejército Alemán e incluso el Ministerio de Educación y Ciencia obligó en las tesis doctorales a separar las bibliografías de los autores alemanes con las de las hebreos (sólo podían ser citados en caso de que tuvieran base científica). Mucho peor lo pasaron los 100.000 habitantes judíos de la ciudad de Munich porque se les separó del resto de la población en un campamento con barracones que ellos mismos tuvieron que sufragar de su dinero.

Judíos llevando cosida sobre la ropa la Estrella de David en Alemania.

La cuestión de los “mischlinge” o “mestizos” judeo-alemanes (en que uno de los dos progenitores fuese judío y el otro alemán), así como las judías que estaban casadas con un soldado del Ejército Alemán, fueron respetados y jamás se les deportó por miedo a que el conjunto de la población adquiriese una imagen negativa del Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores Alemanes (NSDAP). De hecho en el caso de los “mischlinge”, se les autorizó a prestar el servicio militar en las Fuerzas Armadas (Heer), lo que no les privó de verse sometidos a tareas más duras que sus compañeros u oficiales, aunque sorprendentemente se distinguieron como bravos soldados luchando en los diversos escenarios bélicos, donde fueron artífices de auténticas proezas en el campo de batalla, ascendieron y obtuvieron medallas. Algunos de ellos tuvieron incluso la suerte de trabajar como técnicos especialistas en la Base de Peenemünde para el diseño de los misiles V-1 y V-2. Fuera del ámbito castrense, también se permitió a estos “mischlinge” a estudiar en la universidad diversas materias como medicina, farmacia y odontología (solamente se les vedó la veterinaria); mientras que en el caso de familiares casados con “arios”, pudieron permanecer con sus seres queridos, pero siempre cumpliendo las penalizaciones que cualquier otro judío en la calle (como la prohibición de ocultarse en refugios antiaéreos).

Entre 1939 y 1940 apenas se produjeron cambios significativos en el antisemitismo del Tercer Reich, hasta que en 1941 entró en vigor una normativa en la que se obligaba a todos los judíos del Alemania, Austria y el Protectorado de Bohemia-Moravia a llevar la Estrella de David cosida en la parte izquierda del pecho con unas letras retorcidas en negro que rezaban “Jude”. Contra todo pronóstico, esta media despertó la solidaridad de muchos alemanes hacia los judíos, ya que al verles por la calle les saludaban con mayor amabilidad que nunca, les cedían el asiento en los tranvías y regalaban a los niños frutas en el metro. De la misma manera la Iglesia Católica y la Iglesia Protestante se arriesgaron a manifestar su animadversión por las leyes racistas, como le sucedió durante una misa el prior de la Catedral de Santa Eduvigis de Berlín que tras defender a los judíos fue denunciado por dos feligresas a la Gestapo y deportado al campo de concentración de Dachau donde perdió la vida. Algo similar les ocurrió a diez cristianos de la Iglesia de Confesión que organizaron una colecta solidaria para sus vecinos judíos hasta que fueron descubiertos y enviados a una prisión de las SS.

Muchas de las leyes antisemitas del Tercer Reich en algunas ocasiones rozaron lo absurdo porque el 11 de Septiembre de 1941 se confiscaron todos los instrumentos de las bandas de música conformadas por judíos en Alemania (curiosamente el último tema que tocaron fue una melodía de Giuseppe Verdi). Al cabo de siete días, el 18 de Septiembre, se prohibió a todos los hebreos subir a trenes, autobuses o embarcaciones públicas, salvo por la excepción de que el transporte estuviese vacío. Al mes siguiente, en Octubre, surgió una nueva normativa punitiva consistente en tres meses reclusión para todo aquel alemán que mostrase simpatía hacia un judío.

Oficialmente el 15 de Octubre de 1941 tuvo lugar la primera deportación de judíos alemanes hacia el Gueto de Lodz en Polonia. El viaje consistió en expulsarles de sus hogares con su equipaje para conducirles a pie o en camión a esperar en una estación, donde al cabo de unos días tomaban un tren (normalmente de la clase “Rusenzüge con capacidad para 700 pasajeros, pero que solían llenar con 1.000) que los trasladaba a guetos, campos de trabajo o lugares de ejecución en Europa Oriental. Alrededor de 5.000 hebreos alemanes de Munich fueron llevados a Lituania y fusilados en Kaunas, a otros 5.000 que procedían del campo de tránsito de Theresienstadt en Moravia se los realojó en Lodz, y a 2.000 de diversas partes de Alemania se los mató Wroclawek. Al mismo tiempo, 1.500 judíos, entre ellos 1.007 de Düsseldorf, fueron enviados a Letonia y puestos en cuarentena en la capital de Riga, hasta que todos fueron ejecutados sin excepción en la Masacre de Rumbula. Aquella prioridad por eliminar a los hebreos de Alemania obligó a vaciar el Gueto de Minsk asesinando a muchos judíos bielorrúsos, por lo que cuando llegaron los judíos alemanes, se encontraron junto a las chozas numerosas montañas de cadáveres en descomposición. Ante este oscuro panorama y a sabiendas de ciertos rumores acerca de su destino, un total de 243 hebreros optaron por suicidarse en Berlín y otros 87 en Viena.

Unos judíos de Alemania esperan en la estación bajo una intensa lluvia su deportación a Europa del Este.

Mientras las matanzas de judíos se perpetraban en Europa Oriental, en Alemania las leyes antisemitas se radicalizaron porque el 13 de Noviembre de 1941 se les confiscaron todas las bicicletas, aparatos eléctricos, máquinas de escribir, cámaras o prismáticos. Al día siguiente, el 14, también se les prohibió vender sus libros; incluso a finales de mes, todas las propiedades que aquellos que hubiesen huido a países neutrales fueron expropiadas por el Estado Nacionalsocialista. Al cabo de tres meses, el 17 de Diciembre, los líderes de la Iglesia Cristiana de Sajonia, Meckelenburg, Lübeck, Turingia, Nassau-Hesse, Anhalt y Schleswig-Holstein vedaron la entrada a todos los judíos cristianos; aunque lo más cruel ocurrió el 26 cuando se obligó a los hebreos a entregar todas las prendas de piel a pesar del intenso frío invernal. Ni siquiera se autorizó a los judíos utilizar carretas para enterrar a sus muertos debido a que fueron igualmente confiscadas por las autoridades del NSDAP.

A comienzos de 1942 el Tercer Reich multiplicó su antisemitismo porque se prohibió a todos los judíos hacer uso de las cabinas y teléfonos públicos en calles. A partir de entonces y durante los meses siguientes se derrogó la escolarización judía, se cerraron todas las escuelas y en las raciones se suprimieron ciertos alimentos como la carne, el pan blanco y la leche, sin obviar que tampoco podían fumar cigarrillos. Respecto a los animales domésticos que eran propiedad de judíos, la ley del 15 de Mayo de 1942 les impidió comprar nuevos y además en caso de que ya tuviesen mascotas, se vieron forzados a entregar a las autoridades todos sus perros, gatos, pájaros, etcétera.

Inesperadamente el 18 de Mayo de 1942, una célula judía llamada Grupo “Baum” que lideraba el judío Herbert Baum y que estaba conformada por doce militantes de ideología comunista entre los que había cinco hebreros, cuatro alemanes y tres mestizos; detonaron una bomba que afortunadamente no dejó heridos durante una exposición antibolchevique en el Museo Lutsgarten de Berlín. Al poco tiempo de este atentado, el Grupo “Baum” fue descubierto y sus doce integrantes ejecutados, aunque la represalia no terminó ahí porque 250 judíos de la capital fueorn fusilados al azar y otros 250 deportados al campo de concentración de Sachsenhausen (a los pocos días todos serían pasados por las armas sin haber supervivientes).

El 27 de Febrero de 1943 tuvo lugar la “Gran Redada de Berlín” cuando destacamentos de las SS y la Gendarmería Alemana irrumpieron en las casas y en las fábricas donde trabajaban judíos, a quienes deportaron en un número de 18.000 (7.000 de la capital y 10.948 de otros lugares de Alemania) en dirección a Europa Oriental. El único inconveniente fue qué hacer con los 2.000 cónyuges que eran maridos de mujeres alemanas, a los que de manera provisional encerraron en el Edificio 2-4 de la Calle Rosentrasse. Fue entonces cuando sucedió algo increíble después de que miles de mujeres alemanas se agolpasen contra el Cuartel de la Gestapo y a gritos se manifestasen exigiendo la puesta en libertad de sus esposos, haciéndolo delante de todos los berlineses que pasaban por la zona. Como la situación se fue volviendo cada vez más tensa y miles de ciudadanos se acercaban a curiosear, finalmente todos los hombres fueron liberados y devueltos a sus esposas alemanas.

Junto a la “Gran Redada de Berlín”, otras ciudades de Alemania sufrieron el vaciamiento progresivo de judíos a bordo de trenes que partían hacia Polonoa. Curiosamente algunas de estas locomotoras eran de origen ruso como el tren “Russenzug” que transportó a 1.000 judíos de Düsseldorf y a otros 125 en Baden hacia Izbica; o trenes de pasajeros como los que llevaron a los 145 hebreros de Krefeld, a los 100 de Mönchengladbach o a los 70 de Uppertal. Como era de preverse, la enorme cantidad de convoyes ferroviarios terminaron colapsando las vías en toda Europa, ya que los trenes militares o de carbón industrial bélicos tenían prioridad en los pasos y estaciones, por lo que al llegar los judíos a su destino muchos morían en el interior (a veces se encontraban treinta cadáveres por coche).

Bajo la denominación de 13ª Ordenanza de la Ley de Ciudadanía del Reich, las autoridades del Tercer Reich comenzaron a enriquecerse de las víctimas del Holocausto. Por ejemplo el Banco Alemán (Reichsbank) fundía el oro de artículos personales o dentaduras postizas en la Fábrica de Degussa para convertirlo en lingotes; mientras que entregaba las joyas, metales preciosos o monedas extranjeras al Ministerio de Finanzas para intercambiarlo por diamantes industriales que después invertían en la compra de armamento para el Ejército Alemán. También se recogieron 144.809 metros cúbicos de muebles que fueron entregados a los habitantes alemanes de Hamburgo, Colonia, Düsseldorf, Lübeck, Rostock, Münster, Karlsruhe, Oberhausen, Osnabrück, Bottrop y Recklinghausen, así como ropa, relojes, gafas, anillos, pendientes, pulseras, plumas, peluches y hasta aparatos ortopédicos. Sorprendentemente, sólo en Hamburgo un total de 27.227 toneladas de riquezas robadas a judíos fueron subastadas por las autoridades del NSDAP.

Deportación de judíos alemanes en la ciudad de Kerpen en el año 1943.

A medida que la Segunda Guerra Mundial se complicaba, los Aliados y las SS mantuvieron contactos secretos para intercambiar judíos de ciudadanía alemana por otros presos germanos en el extranjero. Las autoridades del campo de Bergen-Belsen fueron las encargadas del canjeo después de que se firmasen algunos pasaportes con destino a Latinoamérica. Desgraciadamente, de los 30.000 judíos puestos en cuarentena de Bergen-Belsen, la mayoría fueron asesinados y sólo unos pocos, la mayoría de ciudadanía británica o estadounidense, fueron liberados y enviados a América.

Con el inicio de la Solución Final, los judíos de Berlín, Hamburgo, Hannover, Leipzig, Düsseldorf, Colonia, Frankfurt, Stuttgart, Munich, Viena o Praga fueron deportados y gaseados en el campos de exterminio de Auschwitz, mientras que otros fueron realojados en los guetos de Varsovia, Vilna, Kaunas, Bialystock, Izbica, Traniki, Nisko o la Reserva de Lublin. Respecto a los hebreos alemanes de Breslau fueron encerrados en el Gueto de Lodz; mientras que los de Alsacia y Lorena enviados al campo concentración de Gurs que gestionaba la policía colaboracionista de la Francia de Vichy.

A finales de 1944 se cancelaron las deportaciones de Alemania al campo de exterminio de Auschwitz, por lo que la mayoría de judíos alemanes fueron desviados a los campos de concentración de Dachau, Buchenwald, Mathausen, Bergen-Belsen, Theresienstadt, Neuengamme, Ravensbrück, Sachsenhausen, Dora-Mittlebau, Flossenbürg, Arbeitsdorf, Niederhagen, Stutthof, Hinzert, Natzweiler, Ebensee, Gross Rosen, Lety y Hodonín. Gracias a esta decisión por parte de las SS, motivada en parte por la proximidad de las tropas de la Unión Soviética a las inmediaciones de este recinto, decenas de miles de hebreos evitaron ser gaseados porque tuvieron que permanecer en una Alemania completamente sitiada por los Aliados.

Cuando acabó la Segunda Guerra Mundial en 1945, un total de 260.000 judíos habían sido asesinados en el Tercer Reich durante el Holocausto. Según las estimaciones de estas víctimas se registraron 130.000 en Alemania (55%), 80.000 en el Protectorado de Bohemia-Moravia (89%) y 50.000 en Austria (62%).

 

Bibliografía:

-Saul Friedländer, El Tercer Reich y los Judíos. Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.36-860
-Ricardo Angoso, Del antisemitismo a la Solución Final, Shoah, Revista La Aventura de la Historia Nº77 (2005), p.26