Represión de los “Ausslandeutsche” en Yugoslavia

Yugoslavia fue una de las naciones que más persecución aplicó a sus minorías étnicas en la fase final de la Segunda Guerra Mundial y en las primeras etapas de la Guerra Fría. Todas estas estas medidas que estuvieron impulsadas por el Mariscal Josip Broz Tito hacia croatas, eslovenos, montenegrinos, italianos, húngaros y otros colectivos, por supuesto también se extendió a los 500.000 “ausslandeutsche” a los que se acusó de colaboracionismo con el Tercer Reich.

Cuando se produjo la irrupción del Ejército Rojo en Yugoslavia en el otoño de 1944 y se liberó la capital de Belgrado, muchos de los alemanes étnicos que poblaban los Balcanes se encontraron sometidos al control de los partisanos yugoslavos. A partir de entonces los guerrilleros comunistas, con cierto apoyo de la vecindad local, llevaron a cabo una serie matanzas contra la minoría germana en Serbia, el Banato y Eslovenia, en donde fueron asesinadas más de 7.000 personas en linchamientos públicos o fusilamientos masivos. Ni siquiera se salvaron los que habían sido contrarios al nacionalsocialismo y habían ayudado a sus víctimas, como por ejemplo el sacerdote Adalbert Schmidt, que fue apaleado hasta la muerte por un grupo de soldados yugoslavos.

Oficialmente las leyes raciales contra los “ausslandeutsche” surgieron el 2 de Noviembre de 1944 después de que el Comité Antifascista de Liberación de Yugoslavia aprobase un documento en el que se privaba a los germanos de la nacionalidad, se les abolían los derechos civiles y se les confiscaban todas sus propiedades (incluyendo casas, herramientas de trabajo, muebles y prendas de ropa). Esta normativa que en principio sólo afectó a la comarca de Maribor por ser la zona con mayoría de población alemana en el país, pronto se hizo extensiva al resto de Yugoslavia y por supuesto a Eslovenia cuando el Frente Popular de Liberación Esloveno se apoderó de la región de Ljubliana, Carniola, Posavje y Styria.

El 29 de Abril de 1945, los “ausslandeutsche” de Yugoslavia fueron rebajados a la categoría de esclavos y declarados propiedad del Estado e incluso de particulares, quienes podían ser comprados o vendidos en mercados humanos, separándose a los niños de sus padres según la demanda de los comerciantes (algo que no se veía a ese nivel en Europa desde el Imperio Romano). Así fue como más de 200.000 personas convertidas en mano de obra, fueron obligadas a reconstruir decenas de aldeas y pueblos del país, además de ser 47.000 vendidas a la Unión Soviética que precisaba gente para trabajar en las minas del Donbass, sin contar con las decenas de miles que fueron enviadas a campos de trabajo esclavo por todos los Balcanes como los recintos de Sterntal, Teharje, Gakowa, Krusevlje, etcétera.

Otros miembros de la minoría “ausslandeutsche” tuvieron más suerte porque después de verse privados de su nacionalidad, fueron simplemente expulsados a otros países, a veces en un cruel viaje a pie sobre los Balcanes y otras en trenes con vagones de ganado. Se trató de 313.000 personas que resultaron desterradas al extranjero, entre las cuales 150.000 fueron a Alemania, 150.000 a Austria, 10.000 a Estados Unidos y 3.000 a Francia.

La represión de los “ausslandeutsche” en Yugoslavia dejó una cifra de 57.640 alemanes asesinados, entre los cuales 48.447 perecieron en campos de concentración o trabajos forzados, 7.199 en fusilamientos y 1.994 en su deportación hacia la Unión Soviética. Junto con estos, hubo que añadir las 360.000 personas que fueron echadas del país, unas al extranjero u otras vendidas como mano de obra esclava a la URSS, una cifra equivalente a cuatro quintos de la población germana total.

Al producirse la ruptura de Yugoslavia con la Unión Soviética en el contexto de la Guerra Fría, el Mariscal Josip Tito que pretendía normalizar la situación de su patria mediante una actitud de “no alineamiento” respecto al bloque capitalista y socialista, ordenó la suspensión de las deportaciones de la población alemana. Gracias a esta decisión, en 1950 un total de 82.000 “ausslandeutsche” pudieron permanecer en Yugoslavia y recuperar tanto su nacionalidad como los derechos civiles como ciudadanos yugoslavo-germanos, lo que afortunadamente impidió su completa desaparición como pueblo en los Balcanes.

 

Bibliografía:

-Joaquín Bochaca, Los Crímenes de los Buenos, “Los Ausslandeutsche”, Ediciones Sieghels (2009), p.348-350
-https://en.wikipedia.org/wiki/Flight_and_expulsion_of_Germans_(1944-1950)#Yugoslavia