Progromos judíos por nacionalistas de Lituania (1941)

 

Lituania tenía una de las comunidades judías más importantes a nivel cultural de Europa Oriental. Un total de 150.000 judíos vivían en Lituania, sólamente en Vilna, la capital, se concentraban casi la mitad con 60.000 de ellos. Como aquel porcentaje de la población era tan alto, se creó en el siglo XX un Ministerio de Asuntos Judíos, algo exclusivo en Europa. Aquella rica cultura judía que podía desarrollarse sin problema permitió la creación del Instituto de las Humanidades y Ciencias Sociales Judías, un teatro y bibliotecas en yiddish, así como innumerables publicaciones, libros y revistas. Aunque la vida hebrea era muy diferente a la de los lituanos, existía respeto entre unos y otros, incluso el movimiento fascista Lobo de Hierro no poseía un discurso antisemita, más bien antipolaco.

Una de los pocas manifestaciones antisemitas fue que en la Guerra entre Polonia y Lituania (1919-1920) al finalizar la Primera Guerra Mundial, los judíos habían vendido su país a los polacos, con lo cual en las zonas limítrofes entre ambos países sí existía cierto resentimiento hacia todo lo hebreo. Ese odio fue incrementándose en los años posteriores y especialmente con la anexión de Lituania a manos de la Unión Soviética en 1940. La ocupación soviética fue un infierno tanto para lituanos como para judíos, ya que muchas sinagogas fueron clausuradas y miles de hebreos fueron enviados a gulags y campos de concentración de Siberia. Mientras el Ejército Rojo organizaba las deportaciones de miles de lituanos, el Frente Activista Lituano que colabaroba con los alemanes en la clandestinidad echaba la culpa a los judíos de todo lo que sucedía. Aunque eso no era cierto, ya que los judíos sufrían igual la ocupación comunista, el antisemitismo se disparó inevitablemente. Cuando los alemanes invadieron Lituania y expulsaron al Ejército Rojo, el odio lituano hacia los judíos se desbordaría en sangrientos progromos.

Progrom de Kaunas

La Fortaleza de Kaunas había sido el lugar de ejecución de 260 activisas lituanos por parte del Ejército Rojo antes de retirarse. El Frente Activista Lituano denunció los hechos nada más ser liberada la ciudad por bandas lituanas y culpó a los judíos de lo sucedido.

El 25 de Junio de 1941, una multitud furiosa de civiles y paramilitares lituanos dirigidos por el comandante Algirdas Klimaitis se lanzaron a linchar a todos los judíos de la ciudad de Kaunas. Al grito de la gente de “¡Machacad a los judíos!”, miles de ellos fueron apaleados en las calles y heridos con machetes, cuchillos, palos y objetos punzantes. En la primera noche 1.500 habían muerto ya, pero la locura continuó a la mañana siguiente del día 26. A medida que iban muriendo una enorme montaña de cadáveres fue alzándose como si fuera un momumento. Cuando se hubo acabado la masacre, uno de los lituanos trepó por la montaña de muertos y en la cima se puso a tocar el himno nacional de Lituania con un acordeón.

Milicianos y civiles lituanos acuchillan con armas blancas a los judíos en plena calle durante el Progrom de Kaunas.

Otros judíos fueron encerrados en las prisiones VII y IX de la Fortaleza de Kaunas donde serían fusilados. Los nacionalistas lituanos mataron a un total de 3.800 judíos en la ciudad de Kaunas.

Progrom de Vilna

El Ejército Alemán (Wehmarcht) liberó la capital lituana de Vilna a principios de la “Operación Barbarroja”. Una vez la administración alemana fue organizada y se realizó una colaboración integrada con los lituanos comenzaron las matanzas de judíos que se prolongarían a lo largo del verano.

El 4 de Julio de 1941 las Milicias Lituanas y el Einsatzgruppe A de las SS fueron a todas aquellas viviendas en las que residían judíos. Únicamente seleccionaron a los varones, de momento se dejó en paz a mujeres y niños. Muchos murieron en sus propias casas, pero la mayoría fueron conducidos al Bosque de Ponar donde se les pegó un tiro en la nuca. En muy poco tiempo unos 5.000 hombres judíos habían sido asesinados.

Ventajas que podían sacar los hebreos con los lituanos era que si se les pagaba adecuadamente, dejaban en paz a los judíos a cambio de dinero. Cuando no eran sobornados robaban lo que podían a las víctimas. Un testigo dijo: “Para los alemanes 300 judíos significaban 300 enemigos de la Humanidad. Para los lituanos, significaban 300 pares de pantalones, 300 pares de botas”.

Las masacres en Vilna continuaron en los meses siguientes. Diariamente se mataban a 500 judíos. Una vez la mayoría fueron liquidados, las ganacias por sus bienes confiscados ascendieron a los 460.000 rublos en dinero soviético. Al terminar el verano 33.000 judíos de Vilna habían muerto.

 

Bibliografía:

Saul Friedländer, El Tercer Reich y los Judíos. Los años del Exterminio, Galaxia Gutenberg (2007), p.208-333
Lawrence Rees, Auschwitz, los nazis y la Solución Final, Planeta DeAgostini (2005), p.82