Persecución de los fino-carelianos

Las tensiones fronterizas entre Finlandia y la Unión Soviética fueron la consecuencia de una lucha interétnica que se prolongó durante la primera mitad del siglo XX. La razón de esta rivalidad fue el disputado territorio de Carelia que durante la Era Estalinista y también durante la Segunda Guerra Mundial, sería víctima de una serie de redadas contra la minoría fino-careliana que acabaría deportada a los gulags de Siberia.

Finlandia había entrado a formar parte de Rusia desde las Guerras Napoleónicas a principios del siglo XIX, hasta que proclamó su independencia con motivo de la disolución del Imperio Ruso y la Revolución Bolchevique de 1917. Lamentablemente lo que siguió a continuación fue un sangriento conflicto conocido como la Guerra Civil Finlandesa que enfrentó a la Guardia Blanca y la Guardia Roja, que precisamente se saldó con la derrota de esta última y por tanto de la Rusia Soviética. Ante este inesperado revés, no fue extraño que en las demarcaciones fronterizas de la Península Escandinava, más en concreto sobre Carelia, Ingria y Aunus, se desatase una lucha entre la etnia fino-carealiana y los eslavos que concluyó en una división del territorio entre Moscú y Heilsinki en 1922.

Al alcanzar Iósif Stalin el poder como mandatario de la Unión Soviética en 1924, siempre tuvo la idea de vengarse de los finlandeses como modo de resarcirse de la humillante derrota bolchevique sufrida en la Guerra Civil Finlandesa de 1918. Así fue como en 1936, el Kremlin elaboró una falsa acusación consistente en que Carelia era un foco de “agentes capitalistas”, por lo que la Policía Estatal Soviética (NKVD) arrestó a los primeros 10.000 fino-carealianos que fueron deportados a los gulags de Siberia Occidental. A este contingente se unieron otras 15.000 familias al cabo de unas semanas, entre las que se encontraban padres, madres, hijos y ancianos, que tuvieron el mismo destino en campos de concentración después de ser catalogados como “elementos sospechosos”.

La “Fiebre de Carelia” fue otro intento de la Unión Soviética por capturar finlandeses residentes en el exterior tanto de Europa como de América. De tal cometido se encargó la Internacional Comunista (Komintern) que tras ejercer una excelente labor de propaganda hizo creer a muchos inmigrantes que si venían a trabajar a Carelia encontrarían un empleo digno, vivienda y sueldos altos (incluso el Estado Soviético se ofreció a pagar el viaje). Sorprendentemente más de 17.000 ciudadanos, entre los que había 12.000 procedentes de la misma Finlandia y 5.000 de Estados captados a través de la Asociación Americana de Trabajadores Finlandeses, se creyeron la promesa y subieron en barcos en dirección a la URSS. Sin embargo y contra todo lo esperado, en cuanto los pasajeros descendieron a la tierra del “paraíso socialista”, inmediatamente las autoridades les arrebataron los pasaportes, les confiscaron todas sus pertenencias materiales y finalmente les arrestaron. Acto seguido, soldados armados del NKVD les escoltaron a Carelia, donde fueron convertidos en esclavos y sometidos a unas condiciones mucho peores que en sus países de origen, ya que la zona no era más que bosques vírgenes y extensos páramos helados de los que era imposible escapar.

Dos niños finlandeses asesinados por los partisanos soviéticos en la localidad de Seitajärvi en Laponia durante el Julio de 1942.

La Guerra de Invierno entre Finlandia y la Unión Soviética que se libró de 1939 a 1940, concluyó con la firma del Tratado de Moscú y la anexión de parte de Carelia en un territorio que fue bautizado como la República Socialista Soviética Fino-Careliana. La fundación de este “micro-estado” significó la expulsión inhumana en pleno invierno de 422.000 personas de origen finés hacia la Península de Escandinavia, mientras que otros 20.000 con menos suerte fueron deportados a los gulags de Siberia.

Al estallar la Guerra de Continuación en 1941 dentro de la propia Segunda Guerra Mundial, el territorio de Carelia volvió a ser ocupado por el Ejército Finlandés, no sin que antes se estableciesen en la región una serie de guerrillas al servicio del Ejército Rojo. Ante esta lucha interétnica en la que se produjeron pillajes, quemas de aldeas, violaciones de mujeres y ejecuciones sumarias, un total de 250 civiles finlandeses, muchos de ellos mujeres y niños, fueron asesinados por los partisanos soviéticos en pueblos como Inari Laanila, Kuusamo y Lokka en Carelia, o en la localidad de Seitajärvi en Laponia.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial en 1945, un total de 1.500 soldados finlandeses capturados por el Ejército Rojo perderían la vida en los gulags de Gryazivets, Cherepovets y Vologda. Respecto al resto de combatientes o civiles presos en campos de concentración, tendrían que esperar hasta la muerte de Iósif Stalin para ser puestos en libertad en 1953.

 

Bibliografía:

-Stéphane Courtois, El Libro Negro del Comunismo, “Antifascistas y revolucionarios extranjeros víctimas del terror en la URSS”, Ediciones B (2010), p.409-410
-http://www.soviet-empire.com/ussr/viewtopic.php?t=40816